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Aitana Sánchez-Gijón Andrew Bovell Babel Jorge Bosch Marquina Pedro Casablanc Pilar Castro Tamzin Townsend Teatro

Babel

Título:
Babel

Lugar:
Teatro Marquina

Autor:
Andrew Bovell

Elenco:
Aitana Sánchez-Gijón
Pilar Castro
Pedro Casablanc
Jorge Bosch

Adaptación:
Pedro Costa

Escenografía:
Eduardo Moreno

Iluminación:
Felipe Ramos

Dirección:
Tamzin Townsend

La semana pasada hablaba de sentarse en la butaca y dejarse llevar por lo que se nos ofrece en escena, pero hay otras veces que lo que apetece también es entregarse a la dificultad de un texto que te exige estar atento a todo lo que acontece en escena, para poder hilar la historia y conseguir completar un puzzle de situaciones y personajes… Tanto una cosa como otra es estimulante para el espectador y ahí radica parte de la belleza del teatro, las mil y una maneras de contar las cosas.

En «Babel» de Andrew Bovell, se nos propone un juego complejo desde el que ir atando cabos, uniendo piezas, para poder encontrar la posible solución al problema que se nos plantea.
Como espectador me enfrentaba a este texto sin conocer nada de él, tan solo algunos comentarios que había oído sobre su complejidad, sin mas. Y la verdad, creo que ha sido mejor así, ir sin influencia alguna para dejarme calar por la historia y los personajes sin que nada interfiera, ni juicios ni prejuicios…
Los montajes de Tamzin Townsend que he ido viendo a lo largo de los años siempre me han dejado un buen sabor de boca, mas allá de que haya cosas que me convenzan mas que otras, pero el resultado final siempre ha sido positivo… Supongo que es por ello que sigue siendo un nombre constante dentro de la cartelera de nuestra capital. El caso es que el encaje de bolillos que ha hecho con esta función se supera a los anteriores trabajos.
Una escenografía en dos niveles, que se divide, se abre, o se pliega, según las necesidades de lo que cuenta la historia, que acompañada de una iluminación y unas proyecciones que transportan y crean ambientes, que juega con las sombras y nos lleva de la mano a cualquiera de los escenarios propuestos.
Es una puesta en escena muy complicada de llevar a cabo, que imagino la cantidad de ensayos y trabajo anterior al estreno que ha debido de llevar. Una propuesta así, para un actor, tiene que ser todo un reto, un caramelo que apetece disfrutar. Hay escenas muy impactantes a nivel sensorial; todo ese comienzo con los cuatro actores lanzándose el texto, usándolo a la vez, unas veces unos, otras veces los otros… Diciendo lo mismo, con propósitos similares, pero con finalidades totalmente diferentes, creo que es uno de los ejercicios mas difíciles que he visto en mucho tiempo. La concentración y sincronización que tienen los cuatro, sin dejar de lado que es algo hecho para que lo veamos y los disfrutemos los espectadores, creo que es de aplauso en pie.

Uno comienza la función confuso, viendo como todos los personajes se exponen a una misma situación desde diferentes ángulos, donde cada uno tiene  su teoría, su versión y de la que nunca llegas a estar seguro de que sea tal como te la cuentan porque precisamente falta «el otro lado de la versión»…
Todos hablan y ninguno escucha al otro, todos están mas preocupados de lo que les sucede a si mismos que de lo que el otro confiesa, por muy terrible que sea esta confesión. Todos viven encerrados en su burbuja en «su» verdad, pidiendo que los demás presten atención, pero sin dársela a los demás. Que beben de las palabras de los otros, tan solo para ahogarse en las suyas.

Aitana Sánchez-Gijón, Pilar Castro, Pedro Casablanc y Jorge Bosch tienen a su cargo un buen ramillete de personajes, llenos de desnudez, de soledad, de necesidades… y todos están resueltos de una manera brillante. Sinceramente, me pasé la función embobado, bebiendo de todos ellos, disfrutando de un buen ejercicio actoral que fluía con aparente sencillez y que, sin embargo, nos ofrecía una historia en la que se nos pide estar atentos al mínimo detalle porque todo tiene su «porqué» dentro de la función. No hay que pasar nada por alto porque seguramente sea un detalle de relevancia pasados unos minutos y eso implicación que se nos pide, es divertida de seguir.
Como digo, un espectáculo complejo, interesante, muy estimulante Donde los actores tienen grandes momentos de luz. Momentos compartidos, unas veces con unos, unas veces con otros, otras consigo mismos… monólogos, es lo mismo, los cuatro se superan a cada escena y te tienen enganchado a la historia.
No hay muchas obras que zarandeen y exijan tanto al espectador como esta lo hace y es apetecible prestarte a ello cuando está hecho como lo está este «Babel».
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Antonio de Cos Carlota Romero Garaje Lumiere Irene Herrarte Joaquín Navamuel Mario Retamar Pablo Rodríguez Seoane Teatro

Dos en la Ciudad

Título:
Dos en la ciudad

Lugar:
Garaje Lumiere

Autor:
Antonio de Cos

Elenco:
Mario Retamar
Carlota Romero
Joaquín Navamuel

Iluminación:
Pablo Rodríguez Seoane

Escenografía:
Irene Herrarte

Dirección:
Antonio de Cos


Una mirada furtiva. Un beso robado. Un guiño. Un amor de tres paradas de metro. Una discusión efímera. Un roce. Un destello de alegría. Una tristeza pasajera… Así es la vida en la ciudad, momentos aparentemente inconexos y que sin embargo nos llevan directos a nuestro destino. Y así son las historias que Antonio de Cos nos ofrece en estos días en la Sala Garaje Lumiere.
Antonio dirige un texto propio en el que, como él bien dice, se nos ofrece la oportunidad de asistir como “mirones” ante la vida de varios personajes. Vidas que transcurren anónimas, pendientes de si mismas y que, sin quererlo, acaban afectándonos. Vidas como las de “Preciosa” y “Perfecto”, que mientras sus destinos se balancean juntos en la esquina de Madison con la 42, la vida continúa en la ciudad de Nueva York…
En ocasiones a uno se le planta delante de las narices un montaje como este y se agradece. Un montaje cálido y amable, que provoca sonrisas, que te hace pensar, que te estimula y te descubre un juego divertido al que apetece jugar, que te hace sentir cómodo y donde descubres dentro de una aparente sencillez un texto divertidamente complejo; un texto que te sumerge en un pequeño caos de irrealidad, donde finalmente todo tiene su significado.
Una función poblada de personajes entrañables, algunos desquiciados, algunos quizá demasiado solos, otros bondadosos… Parecen sacados de una comedia americana de los 50, con una candidez rallando la inocencia casi infantil y que, sin embargo, poseen un sentido del humor absolutamente actual. Personajes que se mueven cómodamente en las situaciones mas “rocambolescas”, haciendo que parezca mas habituales de lo que en principio pueden resultar.
Antonio hace que en cuestión de minutos queramos a esos personajes, nos identifiquemos con ellos o al menos los comprendamos. En definitiva construye situaciones que apetecen y que queremos ver.
Es cierto que alguna de ellas me sobró y no empaticé (la historia del Papa, por ejemplo, creo que no está a la altura de las demás), pero el conjunto me pareció muy acertado y uniforme, haciendo que la hora de espectáculo volara y me dejara con un regusto muy agradable.
Me parecieron muy acertadas tanto la escenografía de Irene Herrarte como la iluminación de Pablo Rodríguez Seoane. Dibujan una atmósfera de realidad mágica, casi de cómic, que me encantó. Preciosas las transiciones a contraluz con la ciudad recortada al fondo, y esa mezcla de colores que aportan tanta calidez al conjunto.
Salí contento de descubrir a los tres actores que componen el reparto, Carlota Romero, Joaquín Navamuel y Mario Retamar; era la primera vez que los veía y creo que ofrecen un trabajo mas que interesante. Saltando de personaje a personaje y haciendo de cada uno de ellos un alma con vida propia. Divertidos, tiernos, reales. Un bonito trabajo que estoy contento de haber descubierto.
“Dos en la Ciudad” creo que es un montaje inteligente, divertido y muy dinámico que recomiendo a todo aquel que quiera sumergirse en un texto que juega con el absurdo y la cotidianidad.
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Blanca Portillo Calderón de la Barca CNTC David Lorente Joaquín Notario Juan Mayorga La Vida es Sueño Marta Poveda Personales Pimenta Segismundo Teatro Teatro Pavón

La Vida es Sueño

Titulo:
La vida es sueño

Lugar:
Teatro Pavón

Autor:
Calderón de la Barca

Elenco:
Marta Poveda (Rosaura)
David Lorente (Clarín)
Blanca Portillo (Segismundo)
Fernando Sansegundo (Clotaldo)
Rafa Castejón (Astolfo)
Pepa Pedroche (Estrella)
Joaquín Notario (Basilio)
Pedro Almagro, Ángel Castilla, Óscar Zafra, 
Alberto Gómez, Anabel Maurin, Mónica Buiza, 
Damián Donado, Luis Romero
(Criados/Damas/Caballeros/Pueblo/Soldados)

Músicos:
Daniel Garay/Mauricio Loseto (Percusión)
Juan C. de Mulder/Manuel Minguillón (Guitarra Barroca)
Anna Margules/Daniel Bernaza (Flauta Pico)
Calia Álvarez/Ana Álvarez (Viola de gamba)

Coreografía:                             Iluminación:                          Vestuario:
Nuria Castejón                        Juan Gómez Cornejo          Alejandro Andújar/Carmen Mancebo

Escenografía:                                                                         Versión:
Alejandro Andújar/Esmeralda Díaz                                     Juan Mayorga

Dirección:
Helena Pimenta

Hoy vuelvo a escribiros con una de esas historias que me da por contaros de vez en cuando y que me dejan algo desnudo frente a los que paseáis por aquí. Y es que ir a ver «La Vida es Sueño» en el Teatro Pavón ata muchos hilos de mi pasado y quizá haga que finalice uno de esos ciclos vitales que todos tenemos perdidos por ahí…
Hace años, cuando aún era estudiante, me llevaron a ver a una sala de teatro que ya no se usa como tal, un montaje de «La Vida es Sueño» ¡Mi primer clásico! La verdad que no recuerdo si me enteré de todo o solo me quedé con la esencia de lo que me contaban (Supongo que esto segundo) El caso es que salí marcado. 
Tanto me gustó que aún hoy revivo en mi mente imágenes de ese montaje. Tanto me caló que pasados muchos años, cuando me dio por estudiar interpretación y me apunté a esa intentona de crear la Escuela de Teatro Clásico Ciudad de Getafe por parte de Zampanó Teatro, me pareció ver fantasmas… Las caras de aquel Segismundo y aquella Rosaura que flotaban en mi mente desde hacía años, ¡eran las caras de los que que iban a ser mis profesores! y es que, cosas del destino, Pepe Malla y Amaya Curieses fueron los actores que me abrieron aquellas puertas al mundo de los clásicos como espectador y los que me las iban a abrir como actor. 
Pasé tres maravillosos años de mi vida aprendiendo con ellos, alimentándome de sus enseñanzas, de su amor por los clásicos… y precisamente ese amor es el que hizo que se embarcaran en la loca aventura de comprar un teatro, restaurarlo y convertirlo en uno de los epicentros del teatro clásico en la capital. A estas alturas ya adivinaréis a qué teatro me estoy refiriendo… ¡El Teatro Pavón! A cuyas tablas me subí antes que cualquiera de las figuras que hoy lo pueblan, ya que en la fiesta de presentación; cuando aún no tenía butacas, ni estaba elegido el color de las paredes, y donde aún flotaba el polvo de los escombros y el abandono de años de olvido; mis compañeros y yo fuimos convocados para abrírselo de nuevo al mundo… ¡Qué nudo de emoción se me viene a la garganta de recordarlo!
Allí dejé a mis profesores, haciéndose una nueva vida mientras yo me fui a recorrer la mía. Aunque al poco tiempo, mi teléfono sonó, eran de nuevo ellos para ofrecerme entrar a formar parte de la primera plantilla de trabajadores cuando el Teatro Pavón abriera sus puertas para el gran público. ¡No pude resistirme! No tenía trabajo por aquel entonces y que me dejaran andorrear a mis anchas por las tripas del viejo-nuevo Pavón cobrando un sueldo, aunque fuera como acomodador, y pudiendo ver el teatro que me diera la gana, era lo mas maravilloso que me podía suceder en ese momento. Así que mi vida quedó cosida a los telones de este teatro y a las personas que lo poblaron durante todo aquella etapa… Gracias a vivir este momento, pude ver teatro desde todos los ángulos posibles, participando en el rito que significa trabajar y vivir la tensión de la representación diaria.
Pasado un tiempo la aventura se torció y la salida a un posible naufragio vino de la mano de la Compañía Nacional de Teatro Clásico, aunque eso significó que yo fuera a la calle… y ahí terminó para mi esa etapa en la que viví el teatro entre cajas y que tantas experiencias me regaló (algún día las contaré con mas detalle, que dan para mucho). 
Sinceramente, mi sueño siempre fue llegar a trabajar en el Pavón, pero encima del escenario, iluminado por aquellos focos, pero no pudo ser y la ilusión se rompió un poquito dentro de mi, así que puse el tiempo por medio y nunca mas volví a pisar ni a pasar frente al Pavón. Estar cerca me hacía doler el alma…
Hasta ahora. El momento en el que vi una especie de señal para reconciliarme con todo aquello y poder recordar con el cariño que se merece esas etapas mágicas que uno se encuentra a lo largo y ancho de su existencia. Era este, el ver «La Vida es Sueño» en el Pavón y cerrar ese círculo que estaba incompleto y poder sacar de dentro toda esta historia para contárosla con el mayor de los cariños y los ojos húmedos. Y es que me gusta pensar que nada ocurre porque sí…
Perdonad si no estáis encontrando la crónica que esperabais, pero tenía que hacerlo así para que percibierais la magia que viví la noche del Jueves pasado al encontrarme a las puertas del Pavón y enfrentarme a «La Vida es Sueño».
Iba sabiendo que todo en esta noche iba a ser pura magia y emoción. Ver una función que (casi) todo el mundo ha aplaudido, que ha vendido todas las localidades hasta el punto de encontrarte con gente a las puertas del teatro con carteles de «Busco entrada», con una Blanca Portillo consolidándose, no ya como actriz consumada, si no como leyenda y con esa historia personal que acarreaba yo a mis espaldas… era seguro que no me iba a ir indiferente a casa.
Estoy acostumbrado a ver montajes de teatro clásico hechos desde el minimalismo que conlleva no ser un teatro para «el gran público», pero ayer me encontré con un montaje descomunal. Sin un solo cambio de escenografía aparente, visitamos todos los escenarios que Calderón de la Barca nos dibuja en su historia. Qué gusto ver como con una iluminación tan exquisita y cuidada y esa escenografía de la que hablo, uno puede ser guiado con tanto gusto y sutileza allá donde el autor y la directora (Helena Pimenta) nos quieran transportar. Como muy bien dijo mi amigo Alfonso, era como ver pinturas en movimiento, y es el que el escenario se convierte en un lienzo donde nos van dibujando cuadro tras cuadro una historia que, aunque de todos es conocida, nos sorprende y nos sobrecoge.
Algo que me gustó, y que se que a otras personas no les convence, es que un clásico es una obra de teatro libre de ser montada como el director crea conveniente… Vamos, como cualquier otra obra que se precie, sea en verso o en prosa. 
Las cosas no tienen que hacerse siempre de la misma manera, tienen que evolucionar, crecer, retorcerse y estirarse para descubrir matices nuevos dentro de lo representado una y mil veces. El texto hay que experimentarlo, desgarrarlo y jugarlo como si fuera nuevo, para encontrar algo escondido que el espectador no haya visto antes y vuelva a deslumbrar como la primera vez. Y yo creo que la versión de Juan Mayorga y la visión aportada por Helena Pimenta hacen honor a esto. No vi ningún tipo de miedo ni de pudor y eso creo que es lo que ha hecho de este montaje todo un acontecimiento.
Sin dejar de lado el hecho de ver de nuevo a una Blanca Portillo inmensa. Juro que en ningún momento me planteé que a quien estaba viendo era a una mujer «haciendo de» hombre; yo lo que vi fue a una actriz interpretando magistralmente un personaje universal; sí, un hombre, pero es que lo que yo veía en escena era un hombre. Creo que consigue desprenderse de toda su femineidad para abrirse al espíritu de un sobrecogedor Segismundo que la posee casi de una manera que da miedo.
Por supuesto no es la única que me hizo gozar de esta función. Ahí está Marta Poveda con una Rosaura llena de valentía y de rabia, que es el contrapunto perfecto para dar la réplica a la Portillo, y para brillar por si misma en escena, creo que fue el descubrimiento de la noche. Una actriz que dibuja tanto matiz en escena. desde las tripas, que es difícil dejar de (ad)mirarla.

David Lorente hace un precioso Clarín, con un mutis enternecedor, aunque quizá la apuesta de la directora hace que pierda algo de la ternura y la tristeza del momento… pero bueno, es una propuesta estética que funciona.

Un auténtico lujo escuchar y ver a Joaquín Notario y su Basilio, una lección de lo que es saber moverse en escena y decir un texto con tanto gusto y tanto cuidado, y además que suene como un trueno por el Pavón.
Cosa que a alguno  de sus compañeros se le hacía difícil, y es que está bien chillar en el momento apropiado, pero cuidando de que los versos no se pierdan ahogados dentro de ese grito. Quizá algunos personajes están, en momentos, excesivamente desquiciados.
Otros aspectos que aplaudo de este montaje son su música y las canciones en directo. Parece que Pimenta en sus últimos montajes está intentando introducir este detalle y que yo agradezco enormemente.
También las coreografías, tanto los movimientos en escena, que están cuidados al máximo, como las luchas. Todo funciona con una sincronía perfecta y escrupulósamente limpia. Es un auténtico placer ver algo tan cuidado y detallado, tan fácil de ver para los ojos del espectador y tan valorable en su complejidad.
Es un montaje tan bello, que recomiendo veáis sin dudarlo ni un momento.
Creo que este era ese momento propiciamente mágico que necesitaba para cerrar un círculo tan especial. Aunque ellos no lo supieran y, quizá nunca lleguen a saberlo, doy las gracias a esta compañía por hacer esta versión de «La Vida es Sueño» tan bonita y que pueda guardar con mucho gusto dentro de mi imaginario como el punto y seguido de mi amor por los clásicos y todos sus habitantes. Gracias.
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Antonio Zancada Gala García-Cuerva Gema Zancada Juan Manuel LaTorre Nani Rodríguez Sala Triángulo Teatro

Cuentos Surrealistas Para Mujeres Reales

Título:
Cuentos Surrealistas Para Mujeres Reales


Lugar:
Sala Triángulo

Autor:
Antonio Zancada

Elenco:
Gala García-Cuerva
Nani Rodríguez
Gema Zancada

Música:
Juan Manuel LaTorre

Estilismo:
Raquel Rodríguez

Iluminación:
Martín Egeido

Dirección:
Antonio Zancada


El viernes pasado asistí al reestreno de esta comedia escrita y dirigida por Antonio Zancada, que vuelve a la Sala Triángulo tras la buena acogida que tuvo hace unos meses.
«Cuentos Surrealistas Para Mujeres Reales» es un espectáculo montado a base de escenas independientes que tienen como nexo de unión a la mujer, así, en toda la extensión de la palabra, y las relaciones que mantienen entre ellas. Gala García-Cuerva, Nani Rodríguez y Gema Zancada, son las tres actrices encargadas de la difícil, y bien conseguida, tarea de encarnar a mas de una veintena de mujeres diferentes que viven situaciones cotidianas que poco a poco, sin que a te des cuenta hasta que lo tienes encima, se convierten en un absoluto delirio.
La función comienza con la creación de la mismísima Eva, pasando por diferentes mujeres, estados, situaciones y preocupaciones, hasta llegar a la vejez. Dando rienda suelta a todo un imaginario de momentos plagados de situaciones que todos reconocemos y que son llevados al extremo e incluso se pasan de él para saltar a otras dimensiones y convertir lo que estamos viendo en algo completamente inclasificable y con una trastienda que va mas allá de la propia «coña» o del mero divertimento.
Ir a ver un espectáculo escrito o dirigido por Antonio Zancada siempre es garantía de disfrutar de un montaje mordaz, ácido y con un toque de ternura, entre diálogos brillantes; de esos que te gustaría poder ir apuntando para tenerlos siempre presentes. A veces son pequeñas gamberradas juguetonas que te cosquillean cuando los escuchas y otras veces son puñaladas a la conciencia que te «noquean» porque no las ves venir.
Las escenas están muy bien hiladas y mezcladas, unas mas amables, otras mas cínicas, otras mas reivindicativas, pero casi todas muy acertadas. Incluso podría decir que me quedo con aquellas que dentro del «surrealismo» del espectáculo, van un poco mas allá, se mojan, y dejan un sentir agridulce en el espectador, como esas tres «Ritas» que dentro de su dulzura nos hielan por un momento la sonrisa y nos dan tanto que pensar o esas madres en la sala de espera e incluso esa ama de casa con esa relación tan «particular» con los electrodomésticos.
La música compuesta por Juan Manuel LaTorre nos transporta al mundo propuesto por el director y hace que el espectador se predisponga a entrar en el juego que se nos ofrece. Una música que tuvimos la suerte de disfrutar en directo en un momento del espectáculo, cuando Juan Manuel LaTorre acompañó a la guitarra a Gema Zancada en una de las dos canciones que la actriz interpreta en la obra.
Otro punto a destacar de la función es la escenografía, que a mi me sugería un «limbo» femenino, donde viven todos estos personajes y que les da pie a llevar a cabo todos estos cuentos surrealistas. Una casa de muñecas que sirve para crear todos los ambientes que se nos antojen y poder enredarlos y desenredarlos a nuestro antojo.
Si tengo que ponerle un pero al espectáculo, diría que son algunos finales de escena. Había ocasiones en las que se me quedaban algo descolgados, como si  la intensidad conseguida no se mantuviera  hasta el oscuro que marca el final de la escena. Noté como en algunos finales se desinflaba la atmósfera conseguida cuando las actrices salían de escena…era como si hubiera un tiempo muerto que juega a la contra del ritmo de la obra. Quizá fuera debido a los nervios del estreno.
Me gustó mucho el trabajo de las tres actrices.  Transmiten una gran sintonía entre ellas, ganas de divertirse y que nos divirtamos viéndolas. Tanto Nani, como Gala y Gema nos ofrecen una gran versatilidad interpretando a tantas mujeres y tan dispares, transformándose en apenas unos segundos. Tienen una vena «payasa» que me encanta y que me arrancó mas de una carcajada y tres miradas de las que traspasan, y una entrega que deja un sentir muy bonito en el espectador.
Tenía ganas de encontrar un espectáculo que me hiciera reir, que me divirtiera y que me despejara un poco de la intensidad emocional a la que me había entregado con otros montajes vistos recientemente, y creo que este me ha dado ese aire fresco que me necesitaba. Muy recomendable para disfrutar de un humor lleno de mensaje y de acidez.
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Balaguer El Brujo Teatro Teatro Federico García Lorca

El Tiempo es un Sueño




Título:
El Tiempo es un Sueño

Lugar:
Teatro Auditorio Fedrico García Lorca

Autor:
Rafael Álvarez «El Brujo»

Intérprete:
Asunción Balaguer

Dirección:
Rafael Álvarez «El Brujo»

Tras salir deslumbrado de ver a Asunción Balaguer en Follies, quedé con ganas de mas, de sentarme y dejarme deslumbrar por su ternura, por su saber hacer en un escenario y dejar que me contara lo que le diera la gana.
Hace no mucho me enteré que estrenaba un monólogo llamado “El Tiempo es Sueño”, escrito por Rafael Álvarez «El Brujo» y que él mismo la iba a dirigir… No pude evitar frotarme las manos, precisamente eso es lo que me apetecía de ella, ¡Asunción Balaguer en estado puro!
El monólogo se estrenó en el Teatro Español, por tiempo limitado; yo pensaba que se me iba a escapar, pues por fechas no llegaba nunca a encajarlo en la agenda, hasta que me enteré que una semana después de cerrar el telón en el Español, iba a tener la suerte de poder verla en casa, en Getafe, en ese teatro que tantos recuerdos me trae, el Teatro Federico García Lorca. Compré entusiasmado las entradas para no perdérmela ¿y la verdad?… Hubiera sido mejor así, haberme quedado sin entradas y conservar el recuerdo de ese gran momento que vivimos en Follies…
Hacía mucho tiempo que no veía en escena un texto tan aburrido. Un texto que pretendía contar un fragmento de la vida de una maravillosa actriz y que se convierte en una maraña de recuerdos insustanciales. De hecho cuando finalizó, la mitad del público se quedó esperando, pensando que era el descanso y eso sucede porque la línea que sigue es tan confusa que en ningún momento está claro hacia donde nos quiere llevar.
Actriz, escenografía y música totalmente desaprovechados…
Estoy convencido que la vida de Asunción Balaguer es mil veces mas interesante de lo que se nos plantea en este monólogo y que si la hubieran dejado libre del corsé del texto, ella misma hubiera contado con mucha mas pasión y belleza, el momento en el que Paco se cruzó en su vida, que a fin de cuentas es lo que nos viene a contar. Ese momento de su vida en el que encontró el amor, que la agarró y jamás la volvió a soltar. 
Si el texto se hubiera centrado en ese momento, solo en ese momento, sin intentar hacer juegos de palabras e idas y venidas sin mucho sentido, el espectáculo se hubiera llenado de sentir y de emociones que no se han encontrado o que al menos no han logrado calar en el espectador. Esta actriz tiene las suficientes tablas y carisma para embelesarnos, sin necesidad de dar ese aire de ensoñación a todo, esa poesía insustancial que ni la propia actriz es capaz de llevar a buen puerto.
Francamente quedé muy decepcionado y espero que en algún momento pueda volver a sentarme en un teatro y gozar de la esencia de esta gran actriz, haciendo algo que esté a su altura y la haga justicia. Es una pena perder la oportunidad de poder hacer algo realmente grande con esta inmensa mujer.
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Óscar Velado Corral de Comedias Fernanda Orazi Los Ojos Marianela Pensado Pablo Messiez Pérez Galdós Teatro Violeta Pérez

Los Ojos

Título:
Los Ojos

Lugar:
Corral de Comedias (Alcalá de Henares)

Autor:
Pablo Messiez

Elenco:
Fernanda Orazi (Natalia)
Marianela Pensado (Nela)
Óscar Velado (Pablo)
Violeta Pérez (Chabuca)

Dirección:
Pablo Messiez




Es una suerte y una alegría haber venido a ver «Los Ojos» sin saber muy bien qué es lo que me iba a encontrar. Y eso que me habían venido recomendaciones por muchísimos sitios… Recomendaciones que me despertaron la curiosidad, pero que a la vez siempre me hacen temer quedar defraudado. 
Así que tomé la decisión de saber lo menos posible, no informarme de nada y solo conocer algo de la línea argumental, ¿para qué mas si el resto lo iba a descubrir desde la butaca?
«Los Ojos» está inspirada en «Marianela» de Benito Pérez Galdós, y nos cuenta la historia de Pablo y Nela, él ciego de nacimiento y ella una muchacha Tucumana que vino a España obligada por su madre, Natalia, que seguía la estela de un amor equivocado, dejándolas atrapadas en tierra de nadie. Ellos viven su amor tranquilos hasta que un día aparece una oftalmóloga, Chabuca, que les ofrece la posibilidad de sanar a Pablo para que pueda ver, pero… ¿Esto traerá tanta felicidad como aparenta?
Pablo Messiez, autor y director, agarró las entrañas de la historia y la transformó en «Los Ojos», una función con un texto que entra en ti como una puñalada, que comienza con un ritmo descontrolado, que te desgarra la piel, penetra bien hondo y actúa desde las mismas tripas del alma. Haciéndote sentir el miedo, el desarraigo, la soledad, el desamparo, la inseguridad de sus personajes, pero que también te hace vivir la pasión del amor, ese amor incondicional e irracional de absoluta entrega; ese amor que nos azota y nosotros consentimos; un amor que a veces nos deshumaniza, nos desvela y nos vuelve egoístas y que nos provoca una aterradora inseguridad al no creernos merecedores de tanta dicha. Un temor obsesivo que a veces nos traiciona y nos hace dejar escapar ese amor como arena entre los dedos. Esa misma arena que azota, castiga, se pega a los personajes, que se llevan, que les retiene y les distancia al mismo tiempo.

El texto de Pablo Messiez es una auténtica delicia hecha teatro, alberga una poesía dolorosa y cercana que me conquistó desde el comienzo. Un texto que juega y se deleita con el lenguaje, con el sentido de las palabras, con su humor amargo como ese mate que los personajes nunca llegan a tomar. Supongo que oir los acentos argentinos, que no me esperaba, y que siento tan íntimamente cercanos, me agarraron del corazón y no pude por menos que rendirme; esos personajes llenos de inocencia dañada, quebradizos y a la vez curtidos por la sequedad de la vida. La candidez casi animal de Nela, el desquiciamiento de Natalia en busca de ese segundo en el que ser escuchada para vomitar su dolor; la calidez y claridad de Pablo y la desorientación de Chabuca. Todos ellos perdidos dentro de si mismos, de su propia oscuridad y que luchan por salir, ver la luz (unos literales y otros figurados) y tomar aire fresco, desembarazarse del polvo que los asfixia y que les impide seguir la búsqueda de su camino…
Un trabajo sobrecogedor el de Fernanda Orazi como Natalia, tan lleno de sentimiento y verdad, de dolor, de desesperación y con ese “qué sé yo” tan propio de los argentinos, que con media sonrisa te cuentan su miseria haciendo que tú también te sonrías o incluso sueltes una carcajada, pero haciendo que no olvides el dolor que transportan sus palabras.
Marianela Pensado realiza un trabajo tan difícil y especial, creando esa Nela tan llena de ese sentir sin límite, casi desbocado; llena de pureza y de miedo cegador. No puedo por menos que aplaudir esa composición de personaje tan sumamente arriesgado y tan bien resuelto.
El Pablo de Óscar Velado me conquistó en todos los sentidos, la calidez de su voz, de su forma de expresar, la sensatez ante tanta locura, la energía tan palpable que regala y ese acento que invita al sosiego. Un personaje muy bonito, maduro, delicado y muy bien trabajado.
Al personaje de Violeta Pérez, Chabuca, lo noté fuera del código creado por sus compañeros. Este cambio de energía no estaría mal para hacer ver que su personaje es el detonante hacia el desenlace, el que rompe la supuesta armonía, pero algo no me llegó a encajar del todo; quizá sea que Chabuca, a pesar de ser la puerta a la liberación y la ruptura, es el personaje mas desdibujado y menos justificado de toda la función y eso, en ocasiones, le hace rozar mas que fluir.

Una función llena de sentimiento, de simbologías, de un texto que saborear. De las que darían para hablar y hablar durante horas. De las que invitan a divagar e incluso, como seguro he hecho yo en esta crónica, sacar lecturas que lo mismo ni existen en la idea original del montaje, pero que resultan tan estimulantes que uno no puede evitar dejarse llevar.
«Los Ojos» me descubre un nuevo director/dramaturgo y un equipo de actores a los que seguir con atención porque hacen un trabajo con una sensibilidad muy particular, con la que conecto y que disfruto desde dentro.

 
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Algueró Antonio Gala Concha Velasco Jardiel Poncela José Zorrilla Juan Carlos Rubio Pou Sondheim Teatro Teatro La Latina Xavier Mestres

Yo lo que quiero es bailar

Título:
Yo lo que quiero es bailar

Lugar:
Teatro La Latina

Elenco:
Concha Velasco
Xavier Mestres (Piano y vocal)
Tomás Alcaide (Violín, teclado y vocal)
Roger Conesa (Saxo, batería y vocal)
Xavi Sánchez (Contrabajo y vocal)
Salvador Vidal (Voz en off)

Texto:
Juan Carlos Rubio

Dirección Musical y arreglos:
Xavier Mestres

Dirección y dramaturgia:
José María Pou



Cuando la semana pasada mis amigos Alfonso y José Antonio nos ofrecieron la posibilidad de ir a ver este espectáculo (¡Gracias, gracias y mil gracias!), que está ahora en el Teatro de La Latina, no dudamos ni un segundo. Hay que resarcirse de todo ese tiempo que no hemos estado ahí como espectadores y beber de ella todo lo que podamos. Y es que debo reconocer que a Concha Velasco la he descubierto para el teatro bien tarde. La he admirado y la he disfrutado mucho en cine y televisión, pero en teatro… No, no es que me enterará hace poco que hiciera teatro, no; sé desde bien pequeño que ha sido y es una dama de la escena;  pero la primera vez que la pude ver en directo sobre las tablas fue cuando nos deleitó con esa Madame Rosa de «La Vida por Delante» y la verdad… ¡cómo me arrepiento no haberla visto mas! 

¡Cuántas cosas ha regalado esta mujer al teatro! El imaginario popular esta lleno de momentos suyos sobre los escenarios y que muchos, sin haberlos visto, también los reconocemos; «Mamá quiero ser artista», «Carmen, Carmen», «Yo me bajo en la próxima ¿y usted?» «Hello Dolly»… por decir algunas de las mas populares…
En este espectáculo que nos trae ahora, Concha nos habla de su vida y su trayectoria artística, de cuando era una niña en Valladolid hasta llegar a hablarnos de las cosas que hace con su nieto… No se deja nada por el camino, aunque sea una sola frase, una nota musical, un gesto o un guiño, incluye todo el amplio abanico de personajes que ha interpretado y habla de todos aquellos artistas con los que ha trabajado.
Quizá fuera el momento de que Concha se diera el gusto de hacerse un espectáculo a medida y gozarse a si misma en escena, a modo de las grandes estrellas internacionales. Un espectáculo donde recoger la esencia del talento desplegado durante toda una vida, ¿y quién podía ideárselo mejor que el grandísimo José María Pou? Nadie como él para saber cómo poner a Concha Velasco sobre el escenario, con mayúsculas, pero cercana como un roce. Ella sola, sin aditivos, sin mas acompañamiento que una banda de cuatro magníficos músicos dirigidos por Xavier Mestres que, de vez en cuando, le dan la réplica y un texto de Juan Carlos Rubio muy bien construido, lleno de fragmentos de Antonio Gala, Jardiel Poncela, Zorrilla… y salpicado de canciones de Algueró o Sondheim… ¡Qué sorpresa y qué bonito oir ese «I´m still here» o ese «Nothing»! Y con permiso de Concha… ¡Espectacular ese número acapella de los chicos de la banda!
No a todo el mundo le queda bien un espectáculo donde se pasa de un número musical a lo Broadway a ponerse unas gafas de cerca y urgar en su bolso para contarnos qué hay en él o recitarnos unos versos deliciosos de Jardiel Poncela y poner a caldo al mismísimo Dalí… O demostarnos como sabe reirse de si misma con la sana intención de humanizarse ante nosotros. No a todo el mundo le queda bien, no.
Lo que mas me gusta de este espectáculo, sin duda, es la cercanía con el espectador. Ella se pone ahí, a hablar, a contar, a cantar todo lo que le ha ido sucediendo y nosotros desde el comienzo pensamos que somos únicos para ella y la escuchamos atentamente, compartiendo todo lo que nos dice, riendo con ella, muchas veces a carcajadas, y emocionándonos cuando notamos ese brillo asomar en sus ojos, sabiendo que nos está contando cosas que a la persona que hay tras la actriz tienen que escocer, pero que como todo buen artista, sabe disimular escondiéndolo detrás de una pirueta o un mohín cómplice. ¡Es hermoso! 
Y qué bien sabe llevarnos para que después de hablarnos de tú a tú, se ponga las lentejuelas y se marque un número brillante de «Conchas» por toda La Latina y que lo disfrutemos no ya como la actriz a la que estamos viendo, si no como casi nuestra «amiga» Concha.
Yo creo que es un espectáculo admirable, maravilloso y cercano que nos muestra esa mujer valiente que es Concha, que ha vivido mucho, muy al límite y que ahora nos lo cuenta de frente, admitiendo errores y aciertos y saboreando todos ellos con el gusto de quien ha sido consciente de lo vivido, sabiendo hacer de ello un espectáculo tan cuidado y con tanto gusto como este «Yo lo que quiero es bailar»
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Entrevista con Teresa Rivera – LA SOLE

«Hay momentos que el blog me sorprende. En un entreacto cobra vida propia y se mueve casi de manera autónoma. Se cuela en la vida de personas a las que ni yo mismo conozco, se relaciona por si solo y, por alguna razón que se escapa a mi entendimiento, hace que la gente se quiera comunicar con él… ¡Es algo maravilloso y doy las gracias por ello!»


Estas palabras las publiqué no hace demasiado tiempo en mi muro personal de Facebook intentando agradecer a todos aquellos artistas que se han querido poner en contacto conmigo porque han visto algo en el blog que parece que encaja con su forma de trabajar y de sentir. ¡Era (y es) algo mágico! y sentía la necesidad de contarlo, pero sobretodo de agradecer que fuera así.
Entre estas personas que contactaron conmigo estaba Teresa Rivera queriendo presentarme su espectáculo «La Sole» y ya, por fin, este martes pasado pudimos conocernos en persona.
No soy periodista, ni mucho menos, espero que sepáis perdonar todas las torpezas que pueda cometer; pero realizando estos artículos y entrevistas busco algo que nadie mas me puede dar y es conocer la información de primera mano. La cercanía de una charla relajada con un café o una cerveza, hablando de su trabajo, de su cotidianidad, del teatro, de la vida y de todo aquello que surja. y, por supuesto, después poder contarlo aquí.
Como decía, hace unos días quedé en la Plaza de Lavapiés con Teresa Rivera, actriz cordobesa de larga trayectoria en montajes comprometidos con el sentir de la gente de a pie; que nos trae de nuevo esta semana a los escenarios de la capital su espectáculo «La Sole». Un monólogo que realmente no lo es tanto pues lo que tiene ella en escena es un diálogo abierto con su soledad a la que ella llama cariñosamente «La Sole».
Este espectáculo ya tiene bastante rodaje, no solo en las salas de la capital, si no en varios espacios escénicos de otras provincias ¡Y lo que le queda! No hay mas que ver los vídeos que Teresa cuelga en la página de Facebook de La Sole o en el blog que tiene del montaje lasolecontenta.blogspot.com.es donde se la ve pasear por el barrio en el que precisamente hemos quedado para tomarnos unas cervecitas y charlar, Lavapiés, y confraternizar con sus vecinos, para ver que la vida de La Sole es muy larga, ¡tanto como su bata de cola!

Teresa me comentaba que este espectáculo nació de la necesidad de sacar fuera la sensación de soledad y aprender a vivir con ella con total naturalidad. Todos tenemos la nuestra, pero la vemos como algo oscuro y que no nos gusta, y hay que sacudirse eso. Una frase que me dijo Teresa y que me gustó mucho es que «No hay que confundir soledad con ausencia», después del encuentro la he meditado mucho y posee muchas connotaciones interesantes de examinar con uno mismo.
Ella, junto a Valeria Alonso, con la que ya había trabajado anteriormente y que es quién la ha dirigido en este espectáculo, trabajaron desde su propia experiencia y a base de improvisaciones, de situaciones en las que tenemos que vernos las caras con nuestra propia soledad, y así fueron saliendo los textos. Siempre enfocados desde la simpatía hacia lo único que nos acompaña cuando nacemos y que está junto a nosotros cuando morimos.

Como ella bien dice, es preferible afrontar este tema desde el sentido del humor, es mas cercano, mas sano y de consumo mas fácil para el espectador. Sacarle todo tipo de aditivos oscuros y deprimentes, y tratarlo como lo que es, algo cercano e inevitable. Y sobretodo que apetezca conocer arrancándole todo dramatismo. Me decía que ella pretende acercar el sentir de la soledad a todos los que vayamos a verla, mostrarnos que no hay que tenerle miedo, que está ahí para quedarse y acompañarnos en nuestro vivir diario.

Y así, hablando de cómo es su forma de trabajar, le pregunté cómo se hace para sacar adelante un espectáculo como este, ahora que la cosa está tan complicada. Me dice que ella ha tenido la suerte de rodearse de gente que, por diferentes vías han ido queriendo implicarse con «La Sole», gente que le ha entregado muchísimo cariño y han enriquecido el espectáculo de mil maneras diferentes. Eso sí, Teresa ha decidido echarse a la espalda todos los asuntos de prensa y distribución, «No hay dinero para poder pagar a alguien», y de esta manera, sin dinero, no tiene garantías de que nadie se involucre en el proyecto como lo haría ella misma. «No puedo exigir a nadie que se implique al 100% si no cobra un duro», eso solo lo hace ella que lo ha visto nacer y ha salido de su labor junto a Valeria. Así que la que se ha metido de lleno en las redes sociales, en lo de los encuentros con los medios, el «carteleo» y demás maneras de promocionar el espectáculo, ha sido ella. Nadie le va a garantizar nada mejor que ella misma.
Una cosa que me llamó la atención fue la fusión de humores y le pregunté por ello; Teresa andaluza de pro y Valeria argentina afincada en España. Me comentaba que ha sido una mezcla muy interesante y enriquecedora, pues lo que no aportaba una, lo aportaba la otra y siempre encontraban un nexo de unión que ahora se refleja en el espectáculo. Cuando se pudieron a gestar a «La Sole», Teresa se encargaba de lo gestual y Valeria escribía sobre ello, dándole el toque textual. Cada una se encargaba de un terreno y después mostraba a la otra, dejando fluir todo lo que les sugería, sin interrupciones ni discusiones. Teniendo muy claro que el tiempo de creación y ensayo, era tiempo únicamente dedicado a esa labor y discutiendo qué funcionaba y qué no pasado ese momento. No querían contaminar con discusiones lo que pudiera aparecer por sorpresa.

Otra de las cosas que a todos nos va a llamar la atención es la apariencia de La Sole, con su bata de cola larguísima. Teresa me dice que surgió espontáneamente, La Sole es el reflejo de lo que ella siempre quiso hacer y ser y no hizo ni fue, coplera y bailaora. Con lo que La Sole vive la copla, muchos textos están inspirados en letras del género, como un reflejo de sus sentimientos y pensamientos y su atuendo es esa bata de cola que pasea por Lavapiés con tanto orgullo. «La bata da una cercanía que ni te imaginas. Si ahora mismo estuviéramos aquí, tomándonos las cañas, tal como estamos, pero yo estuviera con la bata; verías que a todo el mundo se le ilumina la cara. Y es que la bata contagia una energía muy bonita». Al comienzo Teresa no sabía muy bien qué iba a hacer con la bata, pero sentía que para vestir su soledad, necesitaba de esta bata, y así apareció lo que ahora la identifica y le aporta una personalidad tan arrolladora. La bata fue haciéndose hueco dentro del montaje y le imprió carácter.
La verdad que es bonito ver que las ideas fluyen y se transforman dándonos la oportunidad de disfrutar de propuestas que en otros espacios no se pondrían en escena. Sin embargo, gracias a pequeños espacios, podemos llegar a otro tipo de teatro que nos alimenta diferentes rincones del alma.
Estas son las cosas por las que doy gracias al blog, por poder llegar a artistas con los que seguramente de otra forma no me hubiera llegado a tropezar. Poder saber de ellos, de su esfuerzo por tener su hueco y ver que su propuesta es tan válida como la que tenemos en los teatros principales de la ciudad.
Gracias a Teresa por contarme tantas y tantas cosas y prestarse a charlar con «En Un Entreacto» y aportar otra visión de este mundo tan maravilloso y tan complejo. Gracias por la calidez con la que me trató y la cercanía y sinceridad de sus palabras. ¡Mucha suerte con La Sole y con todo lo que vaya regalándote la vida!
«La Sole» nos espera a todos en DT Espacio Escénico desde el 15 de Noviembre al 8 de Diciembre, de Jueves a Sábado a las 20,30h.
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Ángel Galán Íñigo Rodríguez-Claro Daniel Teba En el cielo de mi boca José Padilla Nudo Teatro Teatro

En el cielo de mi boca

Título:
En el cielo de mi boca

Lugar:
Sala Nudo Teatro

Autor:
José Padilla

Elenco:
Daniel Teba

Música:
Ángel Galán

Iluminación y Escenografía:
David Pizarro

Vestuario:
Almudena R. Huertas

Dirección:
Iñigo Rodríguez-Claro 

Madrid se va llenando de espacios escénicos y me encanta ir descubriéndolos. Si os váis fijando en las fichas de las crónicas que voy escribiendo, veréis que pocas son las veces que se repiten las salas o espacios donde voy a ver las funciones, y es algo que me encanta. Es de agradecer que, a pesar de la crisis y las zancadillas a la cultura, haya tanto lugar, tanta propuesta y tan variada que poder echarse a los ojos. Su esfuerzo les cuesta, lo sé.
Esta vez la ocasión se me plantó en el barrio de Malasaña, en la Sala Nudo Teatro, a donde acudí a ver «En el cielo de mi boca» de José Padilla. Algo había oído hablar de la función, pero no fue hasta que Daniel Teba, que se ha echado a la espalda las labores de promoción del espectáculo, contactó conmigo para hablarme de la función y despertarme las ganas de ir a descubrirla. Y yo, que soy curioso porque sí, no me lo pensé dos veces y acudí a su llamada.
La función nos sitúa en una habitación de hotel, donde Wilhelm, cantante descubierto en un Talent-show, nos habla de su ascenso y caída hasta «los suburbios del infierno», como él mismo dice.
Wilhelm, entre nervios y alcohol, hace una confesión terrible a un periodista llamado para tal efecto, periodista que nunca veremos porque somos todos los que allí nos encontramos. Una confesión en primera persona y dicha directamente a los ojos.
Después de haber visto su trabajo en el «Enrique VIII» de Rakatá, tenía ganas de ver mas cosas de José Padilla y fui a ver «En el cielo de mi boca» con ganas de volver a disfrutar de su talento. Y no me equivoqué, me encontré con un texto que nos habla de cómo los sueños a veces se convierten en realidad… En la cruda realidad… 
De como nuestra ilusión, si cae en manos ajenas, puede llegar a convertirse también en algo ajeno, en una cosa extraña que nos da asco y que ya nunca volveremos a sentir nuestra. Pero también nos habla de como podemos llegar a reaccionar cuando nos sentimos enjaulados; cuando sentimos que lo que entregamos con la pureza del corazón es manipulado y pisoteado. Del ser que habita, aletargado, dentro de nosotros y que no sabemos que existe hasta que alguien le pisa la cola.
Daniel Teba hace un trabajo realmente bonito, desplegando todo un abanico de talento. Imprimiendo una energía y un peso a su personaje que en ocasiones hace que, cuando lanza su mirada hacia ti, atrapada entre la locura y la desesperación, te haga contener la respiración, sin saber cual va a ser su reacción. Nos muestra un animal, que como todo aquel que se encuentra enjaulado, es imprevisible.
Canta, calla, ríe, llora, baila, habla… y nos hace sentir su miedo, el miedo a saber que ya no hay marcha atrás, que ha sido la víctima de un juego que le ha llevado a hacer lo que jamás hubiera imaginado y del que estaría encantado poder rebobinar y olvidarse. Cosa imposible.
Solo un «pero», a veces la entonación del texto, la forma de decirlo, cae en cierta cadencia monótona que le quita algo de verdad. Por lo demás no puedo mas que aplaudir a Daniel, que nos regaló una gran función, hecha con profesionalidad y total entrega, a pesar de ser contados los espectadores que nos encontrábamos en la sala.
Tampoco quisiera dejar de mencionar la dirección del montaje por parte de Iñigo Rodríguez-Claro, que le ha impreso una plasticidad, con la ayuda de la escenografía y la iluminación de David Pizarro y la música de Ángel Galán, muy interesante de ver. Capaz de transmitir las sensaciones del personaje tan solo con un cambio de luces o escuchando los acordes que nos ayudan a ir y venir en los recuerdos de Wilhelm. Nos sitúan en infinidad de espacios en un escenario tan reducido como el de la sala Nudo Teatro. Nos muestra la angustia del personaje con la crudeza necesaria y la fealdad de todo lo que le rodea, descubriéndonos la suciedad que hay tras los brillos de los focos y los flashes como un pedazo de realidad mas.
La verdad es que me sentí muy contento de haberme sacudido la pereza de un miércoles lluvioso y acercarme a descubrir un trabajo tan bien hecho que, confío, tenga un largo camino por recorrer.
No os despistéis mucho que de momento solo estarán los miércoles de este mes y no deberíais dejarlo pasar.
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Cesar Belda Chemari Bello David Ordinas Evil Dead El Musical George Reinblatt Kinépolis musicales Pablo Puyol Sam Raimi Teatro

EVIL DEAD EL MUSICAL

Título:
Evil Dead El Musical

Lugar:
Kinépolis – Madrid

Autor:
George Reinblatt

Elenco:
Pablo Puyol/David Ordinas (Ash)
Sergio Arce/David Velardo (Scott)
Mariola Peña/Teresa Abarca (Linda)
Rebeca Medina/Carolina Morán (Shelly)
Esther Izquierdo/Elsa Álvaro (Cheryl)
Sara Pérez/Manuela Nieto (Annie)
Salvador Toscano/Fédor de Pablos (Ed)
Javier Navares/Fernando Samper (Jake)
Félix Ortiz (Fake Shemp)

Músicos:
Salva Suau – Batería
Miquel Porcel – Guitarra
Petko Mielchev – Teclado

Adaptación:
Félix Ortiz y Salvador Toscano

Dirección Musical:
César Belda

Dirección:
Chemari Bello

Hace cosa de un año, si no es mas, vi por internet unas fotos en las que salían carteles de los musicales mas famosos transformados en zombies… me hizo mucha gracia, pensaba que era la locura de alguien que le había dado por retocar esos carteles; al poco tiempo me enteré que esas fotos pertenecían a una campaña de publicidad para otro musical «Evil Dead», me pareció una campaña muy divertida e inteligente… Me llamó tanto la atención que comencé a investigar de qué iba ese musical, escuché la música, vi imágenes, vídeos… y desde ese momento no se me quitó la idea de que quería verlo ¡sin lugar a dudas! Así que cuando comencé a oir rumores de que se estaba por montar en nuestro país, mi «yo» mas friki no dejó de seguir los pasos que se iban dando, esperando noticias y con ganas de ver la puesta en escena.

Este musical dirigido por Chemari Bello César Belda, es otra vuelta de tuerca de aquella trilogía dirigida por Sam Raimi y estrenada a comienzos de los 80 que tenían por título «Posesión Infernal», «Terroríficamente Muertos» y «El Ejército de las Tinieblas». Aquí el autor de esta versión, George Reinblatt, nos ofrece una mezcla de las tres historias con un toque paródico covertido en un musical absolutamente loco y desmadrado que contiene unas canciones divertidísimas y muy pegajosas que, aún días después de haberlo visto, sigo tarareando. Gran trabajo de Félix Ortiz y Salvador Toscano con la adaptación.

Por casualidades que ocurren de vez en cuando, tuve la oportunidad de ver dos días seguidos la función y con mas suerte todavía, pude ver los dos elencos a excepción del papel de Shelly que en las dos funciones lo interpretaba una estupenda Rebeca Medina, con lo que pude hacer un análisis mas concienzudo de lo que nos van a ofrecer vayamos el día que vayamos.

Lo que uno se encuentra cuando va a ver esta función es un montaje de «Teatro Serie Z», algo absolutamente premeditado y, para mi, todo un acierto; dando toda la libertad del mundo para que se salgan de madre y puedan hacer vibrar a la platea.
La escenografía juega entre los paneles casi pintados a mano, como si fuera algo amateur, y la reconstrucción con todo lujo de detalles de la casa donde sucede la acción, llena de sorpresas.
Muy divertida y resolutiva la caracterización y los efectos especiales (como digo, propios de una serie Z cinematográfica)

¡Ojo! A lo largo de la crónica voy a hacer un momento de spoiler, pero tranquilos que lo avisaré para que os lo podáis saltar y no destripar detalles de la función a todos los que estáis aún por verla.

La propuesta es magnífica y, a mi como público, me apetece muchísimo encontrarme una obra tan pasada de vueltas como esta, pero creo que hay diferencias muy grandes entre algunos actores. Supongo que ha sido complicado poder ensayar entre todos y llegar al mismo código para que veamos, aunque diferente, la misma propuesta con cualquiera de ellos.
Hay actores que se lo toman con una energía y una «guasa» totalmente «cartoonesca», como si fueran auténticos dibujos animados. Opción mas que acertada y que funciona a las mil maravillas… pero hay otros que, teniendo el mismo rol, se quedan demasiado cortos y se pierden intentando llegar al propósito de la función, divertir al público con una actuación totalmente demencial. Noté en algún actor cierto miedo a caer en el ridículo por querer ir un poco mas allá… Imagino que con el paso de las funciones irán cogiendo mas confianza, mas peso y el montaje tomará mas cuerpo.
Lo mismo pasa en momentos con el ritmo de la obra, hay cambios demasiado lentos que hacen que afloje el ritmo alocado, cosa que creo afecta a la hora de mantener enganchado al público. Son problemas de dirección que espero se estén teniendo en cuenta y estén intentando subsanar, porque esta obra tiene mucha «chicha» y es una pena que se quede en un intento de llegar a ser lo que estoy mas que seguro, por los profesionales que en ella trabajan, pueden lograr sin problema alguno. ¡Tienen que dejar al público sin un solo momento para respirar durante las casi dos horas de función!

Pero igual que digo todo esto, también creo que hay trabajos realmente buenos y que están al nivel adecuado, con los que disfruté mucho.
Tanto Pablo Puyol como David Ordinas están divertidísimos y hacen un tour de force entregándose en cuerpo y alma a ese sufrido Ash, ofreciéndonos un grandísimo trabajo físico y vocal. Muy gratamente sorprendido con el humor y la autoparodia de Pablo y encantado de ver como David desata su vena mas gamberra. Dos auténticos payasos en el mejor sentido de la palabra.
Y si a ellos les sumamos a unos compañeros tan entregados y en sintonía como Sergio Arce, Mariola Peña, Rebeca Medina, Sara Pérez (su Annie es la partenaire ideal), Elsa Álvaro/Esther Izquierdo (Auténticas roba escenas con su Cheryl), Salvador Toscano o Javier Navares (genialmente interpretado su palurdo Jake), el nivel de locura que adquiere la función es brutal. Están todos ellos muy bien dibujados, llenos de detalles, de matices y de sentido del humor, que hacen que te entregues a lo que te ofrecen con ganas.

Esto es un musical, que no se nos olvide, y aquí si que no tengo nada que objetar. La banda dirigida por César Belda suena muy potente y todos los interpretes, sin excepción alguna, suenan muy bien. Y, salvando algunas dificultades propias del directo, creo que han logrado el objetivo, llenando de calidad vocal cada uno de los números.

– ¡ATENCIÓN SPOILER! (Si no has visto la función, sáltate este párrafo)-

Yo estuve en la Splatter Zone y creo que está poco aprovechada. ¡Confieso que la disfruté muchísimo! pero me quedé con hambre de mas…
He visto vídeos de otros montajes y se juega mas con la splatter de lo que se hace aquí. No digo que se haga igual, porque sé que en cada sitio cada director hace suyo el montaje, pero estaría muy bien que hubiera mas momentos de salpicaduras. Sorpresas a lo largo de la función que mantengan mas en tensión a los que se ofrecen a ser salpicados.
Durante la obra hay muchas mutilaciones, muertes y desmembramientos que bien merecen algún que otro chorro de sangre hacia el público y que serían muy bien recibidos. Lo digo como opinión personal, pues creo que ayudaría mucho a que el público se involucre mas aún en la función y la atmósfera de locura que rodea al montaje funcione con mayor potencia.
Son sugerencias y opiniones hechas con cariño y ganas de que la obra mejore en su propuesta.

– FIN DEL SPOILER- 

Como decía mas arriba, me lo pasé en grande reviviendo la sensación de diversión que teníamos con las pelis de miedo y gore tan cutres de los años 80. Está muy bien conseguido y estoy seguro que puliendo problemas con el ritmo y sacando la vena mas payasa de los actores que están mas tímidos, este puede ser uno de los montajes musicales mas divertidos del momento.

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