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FuenteOvejuna – Ensayo Desde la Violencia

Llego a las 18,30h a las puertas de Nave 73, una jovencísima sala que ha abierto sus puertas a penas hace unos meses. Miro su fachada y siento un escalofrío, primero por la curiosidad de saber qué me voy a encontrar tras sus puertas y porque no puedo evitar encontrar ciertas similitudes y recordar que el día anterior, a poca distancia de donde me encuentro, echó el telón definitivamente Garaje Lumiere, sala que ha hecho tanto por las compañías que intentan conseguir su hueco dentro del panorama teatral… 

Es una pena que conocer esta nueva sala no suponga la suma de una mas a las que ya pueblan la ciudad, y dar cobijo a esas propuestas que nos miran ansiosas por ser descubiertas… El sentimiento que me provoca es el de la necesidad de alimentarnos de estos sinsabores, reponernos, sacar pecho y golpear con las armas que tenemos, la creatividad y las ganas incansables de emprender nuevos caminos. Y si nos cierran puertas, abrir otras por las que seguir dejando entrar todo el Arte que palpita en Madrid. Y me siento bien porque este espíritu combativo me viene al pelo para descubrir la versión de «Fuente Ovejuna» que nos trae la Compañía Alma Viva Teatro, con César Barló al frente.
Traspaso las puertas de Nave 73 y, no sin cierta timidez, me adentro en la sala. Me siento casi como el que profana un lugar sagrado. Oigo al equipo trabajar, actores calentando la voz, alguien barriendo las tarimas. Por el pasillo de acceso se respira ese aroma tan peculiar y que tantos recuerdos me trae; mezcla de madera, polvo y pintura, que en absoluto es un olor desagradable, y es que a mi a lo que me huele es a escenario.
No puedo evitarlo, algo me bulle por dentro cuando penetro en una sala que se prepara para recibir a los espectadores; es una visión completamente diferente a la que uno está acostumbrado como público. Aún hay materiales tirados por el suelo, las gradas llenas de las pertenencias del equipo, focos por dirigir, gente yendo y viniendo concentrados en rematar todo para que esté listo antes de la apertura de puertas. 
Todo eso me hace sentir que estoy donde realmente quiero, en el epicentro de algo largamente deseado. Me hace sentir que ese es mi habitat real, donde yo me quedaría a vivir, donde se ve la trampa y el cartón, donde los personajes se quedan y aparecen los actores, las personas que pueblan esas salas mientras nosotros estamos comprando las entradas. Ese lugar donde uno puede quejarse, transmitir, contar, agitar conciencias, crear revoluciones, fabricar sueños… Porque ahí es donde se respira las verdaderas emociones que después mueven la «maquina de hacer teatro».
Sé que muchos pensaran que me estoy pasando tres pueblos, pero también sé que no soy el único que lo siente así, y si no, esperad que comience la función porque esos a los que miráis, piensan igual. ¡Qué le voy a hacer si tiendo a la dramatización! Entendedme, tengo el alma teatrera.
Uno de estos habitantes es, como decía mas arriba, César Barló, director de la compañia AlmaViva Teatro. Ya nos conocíamos de antes, de cuando hicieron ese maravilloso montaje del «Don Juan Tenorio» en el Campo de la Cebada. Y al igual que aquella vez, me permite traspasar la barrera y conocer de primera mano como se ha gestado el proyecto.
Me recibe en medio de toda esta marabunta de trabajo por rematar para darme la oportunidad de poder husmear como ultiman los retoques antes de su primera representación de «FuenteOvejuna – Ensayo Desde la Violencia» dentro del I Festival de Teatro Clásico que organizan el equipo de Nave 73. Aunque no es su primera representación como tal, porque vienen de reavivar corralas en Aranjuez, donde han tenido una fantástica acogida que les ha reportado una gran vivencia a nivel personal y profesional.

César me comenta que su primera idea era realizar una nueva visión sobre «La Celestina», pero en ese momento el espacio que le había inspirado no estaba disponible para el montaje, además de haber mas versiones rodando por los teatros, con lo que la idea quedó aparcada (Espero que no definitivamente porque lo que me contó sobre ese proyecto prometía mucho). Y como las cosas no suceden nunca porque sí, Daniel Ruiz le presentó la oportunidad de llevar a cabo en Aranjuez, una función recuperando el espacio de una auténtica corrala. A César aquel espacio le inspiró el deseo de querer crear una nueva versión de «FuenteOvejuna», y ya sabemos que un montaje al uso no es precisamente lo que identifica a AlmaViva, así que junto a Antonio Sansano se pusieron manos a la obra y decidieron mezclar el espacio original y el espíritu de comunidad de las corralas, con un texto adaptado al Siglo XXI; un texto en el que se ha contado con Lope de Vega como un miembro mas de la compañía, un miembro que ha aportado su obra como columna vertebral de la acción, al que se le han ido anexando otros textos mas actuales que lo han ido alimentando y lo han modificado hasta llegar a este «Ensayo Desde La Violencia», término el de «ensayo» aplicado en todos sus significados.

El montaje cuenta con cinco actores, Juan Carlos Arráez, Alberto Gómez, Iria Márquez, Luna Paredes y Sergio Torres, que encaran los personajes principales de la función, trabajando desde lo mas básico del ser humano, su respiración y su movimiento. Dejando de lado las poses y los amaneramientos para lograr un mayor acercamiento a la esencia de lo que el texto de Lope nos intenta transmitir.
Un trabajo extenuante, que transmite la agonía del que se siente al límite del desfallecimiento para, desde ahí, mostrar la lucha frente a la opresión de los personajes de Lope, que tantos puntos en común tienen con la situación que estamos viviendo actualmente.

Tener la ocasión de estar presente, hablar con ellos, conocer lo que supone para ellos este viaje, adentrarme un rato en su espacio e incluso ver cómo realizan el calentamiento previo a la función, es un regalo añadido. Ver como realizan un calentamiento que ya posee el espíritu de lo que minutos mas tarde podré presenciar. Donde los actores van entrando en sintonía con sus personajes, primero en grupo y poco a poco de manera mas individual, es casi como mirar el cuerpo desnudo de lo que en un momento vestirán en escena…
Es en ese momento cuando se recogen los bártulos, se colocan las gradas, se echa el último vistazo a que todo esté en su sitio y la energía de la sala se transforma. Es ahí cuando siento que es momento de recuperar mi posición como espectador, abandonar el lugar y guardar cola para ocupar mi asiento.

Lo que vi en la función fue un montaje descarnado, que al comienzo me tuvo un tanto desconcertado al intentar asimilar tanta información recibida desde todos los puntos de la escena. Donde unos actores se calzan, literalmente, unos personajes que intentan zarandearnos, abofetearnos la cara para hacernos reaccionar ante las situaciones que nos incomodan y nos revuelven las tripas.
El movimiento es la pieza clave dentro de este montaje que, mezclado con el verso, con los textos añadidos y las músicas, hacen que algo palpite con mas fuerza dentro de nosotros. Dando una dimensión renovada y absolutamente contemporánea a la idea que propone Lope de Vega en su enorme texto.

Hay tantas imágenes llenas de significado, tantos momentos desgarradoramente bellos, tanta provocación que no se si fue el sentimiento de rebelión, el asco ante lo visto o la tristeza de presenciar lo que parece inevitable, que salí sobrecogido ante la crudeza de la propuesta.
La entrega de los actores es brutal. En muchos momentos había en ellos mas de animal que de ser humano, supongo que el esfuerzo físico al que se someten provocaba esas reacciones tan primarias que, teniéndoles a un palmo escaso de distancia, asustaban por impredecibles.
Un texto orgánico, muy bien enlazado en sus rupturas, con unos silencios necesarios, tensos. Unas miradas directas a los ojos del espectador, llenas de reproche, de súplica agónica, hacen de esta propuesta algo necesario de ser visto y sentido.

Casi me atrevería a decir que quisiera verla seis veces; una general para empaparme de lo que el conjunto provoca y una por cada uno de los actores, para dedicarles toda mi atención. Los cinco llenan de riqueza y significado hasta el último de sus segundos en escena.
Sergio Torres,  Iria Márquez, Juan Carlos Arráez, nos ofrecen unas interpretaciones tan comprometidas y cálidas que son un gusto de contemplar, es fascinante ver como los personajes cobrar vida en sus cuerpos, como son esas reacciones tan verdaderas, salidas desde lo mas hondo de sus tripas; pero lo que hacen tanto Luna Paredes como Alberto Gómez es cosa de otro mundo. La crueldad desmedida de ese animal enjaulado que es el comendador y la impotencia ante la violencia mostrada, hacen que algo se te quiebre por dentro al verlos.
Ver un trabajo así hace que uno quiera estar atento con los cinco sentidos ante sus futuros trabajos porque estoy seguro de que nos harán vivir grandes momentos.
Una compañía sin complejos, con ganas de contar las cosas a su manera, de aportar nuevas alternativas y de ofrecernos los textos del Siglo de Oro bien cerca de donde estemos y en los lugares mas insospechados. Estad atentos, que merece la pena.

Es un absoluto placer haber podido vivir esta experiencia con ellos, con César y con Elena, con Sergio, Iria, Juan Carlos, Luna, Alberto… ¡Mil gracias, es un placer sentir el cuidado y la generosidad con la que me habéis recibido!

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Alicia Fernández El Mal de la Liebre Isabel Alguacil Javier Hernando Herráez Joan Carles Suau Michael Carter Pedro Casas Sala Cuarta Pared Salvador Bosch Sergio Torres Teatro

El Mal de la Liebre (La Verdadera Historia del Sr.Smith)

Título:

El Mal de la Liebre
(La Verdadera Historia del Sr. Smith)

Lugar:
Sala Cuarta Pared

Autor:
Javier Hernando Herráez

Elenco:
Isabel Alguacil
Salvador Bosch
Michael Carter
Alicia Fernández
Joan Carles Suau
Sergio Torres

Iluminación:
Miguel Ruz

Escenografía:
María Iciz

Vestuario:
María Carvajal

Movimiento:
Michael Carter

Dirección:
Pedro Casas


Hay funciones que uno busca, las persigue por la cartelera, y otras funciones que son ellas mismas las que vienen a tocar a nuestra puerta, como ha sido el caso de «El Mal de la Liebre». Una función de la que no sabía nada y que días antes de su estreno vino a darse a conocer a través del perfil de Twitter que tiene este blog (@enunentreacto). Como siempre que suceden estas cosas, a parte de sentirme muy agradecido porque haya gente que demuestre interés en En Un Entreacto, me pongo a investigar por internet, a buscar información sobre la función y conocerla un poco mas, conocer lo que ofrece y los habitantes que la pueblan. En esta en concreto lo que vi me llamó la atención, por su originalidad, por lo diferente de su propuesta, y la verdad es que me apetecía encontrar una producción que me ofreciera, como espectador, la posibilidad de poder descubrir un tipo de teatro distinto del que he estado viendo en los últimos tiempos y el reto como blogger de poder transmitir las sensaciones que el espectáculo ha provocado en mi. Las fechas se me juntaban con otros compromisos, pero gracias a Programate y un poco de suerte, pude no perdérmela.
¿Qué es «El Mal de la Liebre»?
“El mal de la liebre no es que las liebres sean malas. No. El mal de la liebre es que las liebres no se dan cuentan que están corriendo demasiado. El mal de la liebre es que las liebres no se dan cuentan que han dejado atrás al galgo. El mal de la liebre es que las liebres no se dan cuenta que nunca hubo un galgo persiguiéndolas.” Así lo define la propia «Compañía del Señor Smith».
Un espectáculo escrito por Javier Hernando Herráez que, a través de esta fábula, nos habla de como los seres humanos vivimos atosigándonos a nosotros mismos, perdiéndonos en conseguir objetivos en la vida que acaban por asfixiarnos; autoexigiéndonos tanto que acabamos por perdernos en nuestros ensimismamientos y en nuestras preocupaciones, olvidándonos de lo que verdaderamente deberíamos valorar.
Nos habla de nuestros miedos y nuestros deseos, de la disyuntiva en la que vivimos constantemente, corriendo angustiados tras objetivos de los que nunca nos sentimos totalmente satisfechos. Tan cegados, que somos incapaces de darnos cuenta que ya hemos conseguido metas que perseguíamos y que jamás llegamos a disfrutar porque andamos obsesionados en nuevos objetivos asfixiantes, dejando los logros abandonados a su suerte.

Pedro Casas dirige un espectáculo que me fascinó y que aún me fascina cuando lo rememoro en mi cabeza. Lleno de una poética deliciosa, de una delicadeza que va conquistándote por dentro, que posee un humor juguetón y que a la vez es certera en su mensaje.
Un montaje que visualmente atrapa; en el que, sin grandes medios, uno puede ver actores volando como briznas de hierva, sentir la tristeza del abandono, rememorar con una sonrisa agridulce el paso del tiempo, querer y empatizar con todos y cada uno de sus personajes e incluso descubrir la sabiduría tras el paso de una tortuga.
Hasta la escenografía y el vestuario tienen gran peso en el transcurrir de la función, abriéndonos las puertas entre el aquí y ahora y el cuento del Sr. Smith.
Aunque en ocasiones el montaje es excesivamente complejo de seguir, y no estoy seguro si es porque exige demasiado al espectador o si, por el contrario, tan solo le pide que se deje llevar y se contagie de su vivacidad, el caso es que hay momentos en los que llega a extraviarnos en su lirismo.

Seis actores que transmiten una ternura y una poderosa energía positiva desde el mismo momento en el que accedes al patio de butacas. Que aunque los sientes cercanos y comunicativos con el público, nunca lo percibes de forma invasiva. Desde el comienzo hacen entender que lo que quieren es simplemente que les mires, que les prestes atención un instante de tu vida para que te cuenten y te dejes conquistar por un ratito, después se evaporarán siguiendo otra estela, pero en ese momento es a ti a quien quieren.
Isabel Alguacil, Salvador Bosch, Michael Carter (preciosa composición de movimiento y danza que ha creado para esta función)Alicia Fernández, Joan Carles Suau y Sergio Torres hacen un maravilloso ejercicio de interpretación, vistiéndose y desvistiéndose personajes, ofreciéndote la oportunidad de poder disfrutar tanto de su realidad como personas, como de la fantasía a la que juegan siendo actores. Que nos regalan momentos llenos de sensaciones que nos calan dentro por la sencillez que practican en su acercamiento.

Un fantástico viaje que quizá no sea apto para todo tipo de público, aunque si les apetece aparcar a un lado lo habitual y dejarse invadir por la poesía y la fábula, seguro descubren un lugar que es mas común de lo que en principio uno pueda pensar.
Desde luego que a mi el Sr. Smith y sus compañeros me conquistaron y aún me hacen reflexionar.
 

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Celia de Molina Garaje Lumiere Javier Martínez Jorge Quesada Paco Anaya S.Paradise Teatro

S.Paradise

Título:
S.Paradise

Lugar:
Garaje Lumiere

Autor:
Paco Anaya

Elenco:
Javier Martínez (Kike)
Jorge Quesada (Lu)
Celia De Molina (Macarena)

Iluminación:
Chon López

Ayudante de Dirección:
Lydia Ruíz

Dirección:
Paco Anaya





Hace unas cuantas crónicas comentaba que de vez en cuando a uno le apetece sentarse y ver una función sin mas pretensiones que las de pasar un buen rato, disfrutando de un montaje que te cuente una historia que te divierta. No siempre me apetece acudir al teatro en busca de historias que me hagan reflexionar sobre temas profundos, hay veces que lo que se busca es poner una buena sonrisa como bálsamo para olvidarse de las preocupaciones del día a día y creo que «S.Paradise» cumple a la perfección con esto (Aunque con su toque, no creáis)

«S.Paradise» nos introduce en el interior de una sauna de ambiente gay donde se nos presenta a y a Kike, dos chicos que entran en la sauna por motivos aparentemente muy diferentes, pero que acaban compartiendo un instante de sus vidas. Mientras, conoceremos a Macarena, un fantasma que vaga por las salas de la sauna penando y «pagando» un precio muy caro por haber dado rienda suelta a sus instintos mas primarios y que nos lo contará con pelos y señales, literalmente…

Esta función escrita y dirigida por Paco Anaya se apoya en todos los tópicos que cualquiera puede tener en su mente sobre el ambiente, riéndose de ello y mostrándolo sin ningún tipo de pudor.
Un texto que tiene un estilo muy particular de contar las cosas, que ya hemos podido disfrutar en otras  obras coescritas junto a su amigo y colaborador Jota Linares. Nos hablan de frente y sin tapujos, llamando a las cosas por su nombre, creando situaciones y provocando emociones con las que todos nos podemos sentir identificados, mas allá de donde se desarrolle la acción y el tono de la obra.

Me parece una idea bastante valiente, en los tiempos tan mojigatos y rancios a los que estamos retrocediendo, el realizar un montaje donde se llama a cada cosa por su nombre y donde si hablamos de un lugar en el que lo que predominan son los encuentros sexuales, se nos muestren sin autocensuras y con todas las consecuencias. Y si «S.Paradise» es una comedia donde se habla de amor, sexo, «tíos buenos» y pollas, sea eso lo que veamos.
El situar a los personajes en una sauna tan solo es la excusa para hablar de las formas tan diferentes que tenemos unos y otros a la hora de encarar las relaciones. Cuando hay unos que simplemente piensan en un encuentro casual, echar un polvo sin mas, jugar con el cuerpo y disfrutarlo, otros se dejan embelesar y sienten la necesidad de engañarse y ver en ese flirteo, la posibilidad de encontrar el amor verdadero. Reflejos, ambos, de la soledad en la que muchas veces nos hayamos sumidos y de la que cada cual intenta salir a su manera. Todo ello roto muy acertadamente con los soliloquios de Macarena que marcan el tono divertido y ácido de la función.

Los tres actores realizan un buen trabajo de interpretación. Jorge Quesada y Javier Martínez resultan convincentes en sus roles y dan perfectamente con los estereotipos necesarios para que la historia sea creíble, aunque quizá el texto de su historia se les quede algo corto, dejando la balanza inclinada a favor del bombón que es Macarena, con el que tanto nos divierte y se divierte Celia de Molina y del que exprime todo el jugo con mucha gracia y enorme complicidad.

Una función divertida que nos plantea con mucho cachondeo los tópicos que siempre se han atribuido al ambiente gay mas «promiscuo» y que, como marca del autor, deja un regusto un tanto amargo para que la función no sea tachada de frivolidad, cosa que tampoco tendría porqué ser un calificativo negativo para esta obra.

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Ana Salas Bajarse al Moro Entrevistas Hector González Jose Luis Alonso de Santos La Kimera Teatro Lucía Espín Miguel Rascón Teatro

Bajarse Al Moro – Entrevista con La Kimera Teatro

Desde hace cosa de un mes La Kimera Teatro está poniendo en pie una nueva versión de «Bajarse Al Moro» de José Luis Alonso de Santos.

Una función fresca, divertida, que se ha sacudido de encima todos los prejuicios y con una enorme sonrisa nos  proponen un viaje a los 80 para que revivamos esta época junto a ellos y unos personajes de los que deberíamos recuperar ese espíritu de superación y esa chispa de inocencia que tanta falta nos está haciendo últimamente.
Los chicos de La Kimera Teatro han sacado un ratito para responder a las preguntas que desde En Un Entreacto les hemos hecho para que les conozcáis un poquito mejor y os animéis a ver las dos funciones que aún tienen en el Auditorio Marcelino Camacho de Madrid.

          En Un Entreacto.- ¿De dónde viene La Kimera Teatro?
     La Kimera Teatro.-  La Kimera Teatro viene de la necesidad y las  ganas de crear de cuatro jóvenes actores formados en  la escuela de Cristina Rota. Las ganas de hacer cosas y mostrar nuestro modo de contar historias son nuestro origen y es a lo único que podíamos agarrarnos al empezar. Sabemos de donde venimos y aún no sabemos donde llegaremos, pero cada vez que nos perdemos nos agarramos a eso, a la ilusión y a todo lo que nos empujó a empezar. 
      Los tiempos son difíciles, pero mientras haya obstáculos que salvar seguirá habiendo carrera en la que correr.
          EUE.- ¿Quiénes son los integrantes de esta compañía?
          KT.- La compañía como tal la conformamos Miguel Rascón, Lucía Espín, Hector González y Ana Salas. Somos el núcleo del que todo partió, pero siempre contamos con colaboradores y gente que va y viene. Gente profesional en la que creemos y confiamos al igual que ellos lo hacen en nosotros. Anteriormente pudimos trabajar con Luis F. Jimenez, un lujo, premio Max de la crítica, por ejemplo, y para este montaje contamos con la dirección de Samuel Señas, y las interpretaciones de Lucía Navarro y Laura Cabrera, tres grandes descubrimientos que han enriquecido a la compañía, así como Sergio Delgado en escenografía o Chules Piñango como asesora de puesta en escena entre muchos otros.
           EUE.- ¿Qué queréis aportar al panorama teatral?

          KT.- Si algo aportamos es una visión joven y fresca aunque profesional; queremos ocupar el hueco que en otra época estaríamos ocupando. El cambio generacional en el gremio es algo que muchos otros llevan reclamando de hace tiempo, pero nosotros lo que buscamos es seguir creciendo en compañía de los más experimentados. No pretendemos suplantar ni apartar a nadie, sino todo lo contrario, enriquecernos todos en nuestro camino. Nos gustan los textos grandes de la historia y creemos que hoy aún están vivos. Nos encanta poder mostrar a gente de nuestra generación que aún se puede reinventar el siglo de oro español sin que pierda un ápice de su esencia, así como nos encanta ver emocionarse a nuestros padres presenciando como reproducimos en un discurso actual todo por lo que ellos luchaban cuando ni siquiera esperaban que nosotros llegáramos a la vida. Creemos en lo que hacemos, y en una época en lo que todo parecen ser trabas nosotros aportamos ganas de seguir hacia adelante con lo nuevo adquirido y lo viejo aprendido. 
    EUE.- El año pasado coqueteasteis con el teatro clásico y ahora os lanzáis con una comedia ochentera. ¿y este cambio? ¿dónde os sentís más cómodos?
     KT.- Podrían parecer dos temáticas opuestas, pero tan solo en lo más evidente lo es. Con “De Finea y Nise” nuestra particular versión de “La Dama Boba” de Lope de Vega fue toda una aventura que nos llevó por toda la península y con la que conseguimos pisar el Cafe de la Danse de París, nunca lo olvidaremos, pero sentíamos la necesidad de trabajar otros textos más cercanos al público. Las emociones han existido siempre, y los conflictos universales alrededor de temas como el amor, la supervivencia, o la amistad están presentes en todos los grandes clásicos, y nos fascina como Jose Luis Alonso de Santos fue capaz de trasladarlo de una manera tan natural a unos diálogos tan frescos que 30 años más tarde siguen de total actualidad. «Bajarse al Moro» ha sido un paso más en la carrera de La Kimera Teatro, y hoy por hoy nos sentimos muy cómodos con el trabajo realizado.
Ana Salas, Hector González y Miguel Rascón en «Bajarse al Moro». Foto Sergio García
          EUE.- ¿Qué os atrajo de “Bajarse al Moro” para volverla a poner sobre las tablas?
     KT.- El teatro debe ser una herramienta más allá del ocio, eso creemos nosotros. La cultura provoca inseguridad a quien la teme, y si alguien la teme es porque al fin y al cabo nos hace más libres a todos. 
     Bajarse al Moro habla de una generación y de los sueños y frustraciones de unos jóvenes que tenían nuestra misma edad hace casi 30 años. Nos parecía alucinante ver de una manera tan clara que todo eso que movía a la gente en esa época nos mueve hoy a nosotros mismos, y no había una manera mejor que, entre risas, poder llegar a  contarlo. Era un reto estimulante, y una aventura divertida. Bajarse al Moro es la obra que todo el mundo debería conocer en 2013 para ver que no estamos tan lejos de nuestra generación anterior y seguir tirando hacia adelante con sentido del humor y esperanza.
          EUE.- Habéis tenido que retocar el texto para adaptarlo a la compañía, ¿cómo creéis que juega este cambio en la función?
    KT.- La adaptación en el texto ha sido muy pequeña, pero necesaria para impregnarle lo que buscábamos. Siempre da miedo meterle mano a  las letras que con tanto cariño alguien colocó en un papel. Pero el mayor cambio reside en las transiciones y en la supresión de los personajes que menos presencia tenían. Cuestiones técnicas y dramáticas para nuestro montaje en casi todos los casos. Le hemos añadido protagonismo a algunas partes que pasaban más desapercibidas en la puesta en escena, pero la historia es la misma.
Miguel Rascón en «Bajarse al Moro». Foto de Sergio García
          EUE.- ¿Cómo está funcionando en pleno siglo XXI?
        KT.- Estamos muy contentos con las impresiones que nos llegan de quien ha visto nuestra función. No pensábamos recibir tantos abrazos de gente desconocida a las salida del teatro. La gente se emociona, ríe, y a veces baila. La gente empatiza con todos y cada uno de los personajes de la obra y se van a casa con la sensación de haber tenido una charla con un colega o haber vivido en primera persona esta historia.
       EUE.- La obra destila una inocencia que parece que ya no se respira en el ambiente, los ideales parece que han cambiado y la gente transmite un desencanto muy diferente al que transmite la obra ¿No creéis? ¿Cómo serían los personajes en estos momentos?
    KT.- Es inevitable desmoralizarse cuando no paran de decirte lo que no debes hacer constantemente. Estos personajes se mueven entre lo que quieren ser, lo que son, lo que les gustaría ser, y lo que nunca podrán ser. La diferencia más grande reside en que en aquella época se vivía en una especie de esperanza de que todo estaba cambiando, y hoy en día la esperanza va por otro lado, por el de “algo debería estar cambiando”. El mensaje de hace tres décadas nos encajaría muy bien hoy, pero para poder comprenderlo hay que ver la función, jeje.

         EUE.- ¿Pesa el tener como precedente tantos y tan grandísimos actores que interpretando a los personajes de esta función?
        KT.- Es una responsabilidad y las comparaciones a veces son odiosas, pero creo que hemos creado una visión nueva alejada de anteriores interpretaciones. No podíamos hacernos cargo de competir con nombres tan grandes como Verónica Forqué, Juan Echanove, Chus Lampreabe o Antonio Banderas entre tantísimos otros, así que decidimos coger la obra como si fuera la primera vez que oyéramos hablar de ella y darle vida de nuevo desde nuestras vivencias y características propias.
         EUE.- Finalizado este periplo en el Auditorio Marcelino Camacho, ¿qué futuro le aguarda a Bajarse al Moro?
  KT.- Aún no lo sabemos pero esperemos que sea bueno. Andalucía, Extremadura, Castilla y León o La Sala Margarita Xirgú en Alcalá de Henares, son próximas paradas. Pero aún no sabemos como llegaremos hasta allí. Estamos barajando pasar por latino américa, incluso tal vez Francia de nuevo, pero ahora mismo no sabemos nada.
          EUE.- Aún quedan dos funciones antes de acabar la temporada, ¿qué diríais a la gente para que no se la pierda?
    KT.- Simplemente que vengan si tienen ganas de reírse y de disfrutar de un viaje en nuestra particular máquina del tiempo a 1985. Tan solo hay que relajarse y dejarse llevar, todo está permitido en nuestra fiesta y hay una butaca para ellos. 

      La verdad que es un gusto leer lo que tienen que contarnos y la ilusión, las ganas y el tesón que destilan. Ellos son la nueva generación que ha llegado para quedarse en los teatros y desde aquí les damos la bienvenida con todas las ganas porque estamos seguros que nos harán vivir grandes momentos.
      Así que ya sabéis, si podéis, no dejéis de hacer este viaje con ellos, os aseguro que disfrutaréis de una bonita función que tocará la fibra de todos los que os dejéis conquistar por La Kimera Teatro y su «Bajarse al Moro».


      Tan solo quiero darles las gracias por haberse fijado en En Un Entreacto, haber confiado y dejarnos ser partícipes de un trocito de su ilusión, regalándonos un rato de su tiempo. Ahora habrá que permanecer atentos para seguirles la pista y ver en qué nueva aventura se embarcan y compartirla con todos nosotros.
      Una vez mas… ¡Viva el Teatro! 
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Aitana Sánchez-Gijón Asier Etxeandia Irene Escolar Jorge Calvo José Ollé La Chunga Mario Vargas Llosa Rulo Pardo Teatro Teatro Español Tomás Pozzi

La Chunga

Título:

La Chunga

Lugar:
Teatro Español

Autor:
Mario Vargas Llosa

Elenco:
Tomás Pozzi (El Mono)
Asier Etxeandía (Josefino)
Rulo Pardo (José)
Jorge Calvo (Lituma)
Aitana Sánchez-Gijón (La Chunga)
Irene Escolar (Meche)

Escenografía:
Sebastiá Brosa

Iluminación:
Lionel Spycher

Vestuario:
Miriam Comple

Dirección:
José Ollé

«La Chunga» es uno de esos espectáculos que despiertan mi curiosidad desde el comienzo, sin conocer nada del montaje; la unión del autor y el reparto era excusa mas que suficiente para lanzarme a la compra de entradas sin saber mas. Después, leyendo el argumento y viendo los vídeos promocionales que el Teatro Español ha ido colgando en las redes sociales las ganas se multiplicaron.
«La Chunga» nos sitúa en un pueblecito de Perú donde la vida transcurre perezosa y sin sobresaltos, hasta que una noche, Josefino, un parroquiano que frecuenta la taberna regentada por La Chunga, presenta su nueva novia ante sus amigos, Los Inconquistables. Todos, incluida la dueña de la taberna, quedan deslumbrados ante la belleza y la juventud de Meche.
La noche transcurre entre cervezas, apuestas y dados. En un momento de «calentón», Josefino, hace un trato con La Chunga y le propone poder pasar una noche a solas con Meche a cambio de que le preste dinero para poder seguir apostando; ella accede y se marchan a su habitación, pero a la mañana siguiente, cuando Josefino vuelve a por su novia, esta ya no está y nadie consigue arrancarle una palabra a La Chunga de lo sucedido. Esto provoca que cada uno de Los Inconquistables imagine, según su forma de interpretar las cosas, qué es lo que sucedió aquella noche entre las dos mujeres, sin sacar nada en claro.
El texto de Vargas Llosa nos embarca en un viaje a las mentes de cada uno de los personajes, jugando con lo que piensan que sucedió y lo que jamás sabrán. El autor entra en lo mas profundo de sus almas, dejando al descubierto los demonios que torturan su día a día exponiendo aquellos deseos y anhelos que jamás verán cumplidos. Un retrato de lo que nos sucede a los humanos cuando algo se nos escapa a nuestro entendimiento; todos intentamos encontrarle una lógica que nos satisfaga, que nos consuele el pensamiento, aunque nosotros mismos sepamos que dista mucho de la verdad.

José Ollé dirige esta función en la que la realidad y la ficción se solapan, se entremezclan y se confunden, tal como les sucede a los personajes que pueblan esta historia. Los mete a todos en un microunirverso que es la taberna de La Chunga donde parece que se encuentran a salvo, ese refugio donde huele a agrio y a serrín, donde unos castigan a otros, pero donde todo se cura abriendo una nueva botella de cerveza y entonando una vez mas el himno que les une en su soledad.
Con una escenografía esquelética, creada por Sebastíá Brosa, que acompañada de la iluminación Lionel Spycher, llena el espacio de recovecos y rincones oscuros, de texturas ásperas y nada reconfortantes, que nos adentra en un universo de almas desesperadas que chillan su dolor disfrazado de sueños inconfesables y que se fusiona con las personalidades de cada uno de los personajes que pueblan la función.

Entrando en el tema de las interpretaciones, hay de todo, cosas que me entusiasmaron y otras que me dejaron frío.
Me agradó encontrarme con una Aitana Sánchez-Gijón absolutamente transformada, dejándose literalmente la piel en el escenario, y regalándonos una de esas actuaciones que marcan. Un maravilloso trabajo de fusión con el personaje, cuerpo y voz están al servicio de La Chunga, aunque en los momentos mas desgarradores juegue quizá algo en su contra, pero dejándome un regusto final que aún paladeo con ganas.
Admiro cuando un actor/actriz apuesta por si mismo y pone toda la carne en el asador para llegar a crear algo diferente a lo que hemos visto, como es el caso de Aitana y esta Chunga.

Asier Etxeandía vuelve a darnos una lección de como hacer parecer fácil lo difícil; la brutal personalidad  de su Josefino explota en nuestra cara y nos deslumbra con un personaje que nos asusta, pero que a la vez nos descubre a un ser prisionero de si mismo que, como todos, intenta salir a la superficie a tomar aire, pero al que su lado mas perverso le arrastra hacia el fondo… interesante descubrir la cantidad de matices que Asier dibuja para que no quede en mera fachada. Nuevo punto a favor del inmenso Asier.
Ambos actores tienen una escena en esta función que ya solo por vivirla merece la pena ir a ver «La Chunga», un momento en el que ni Asier ni Aitana están en escena, son Josefino y La Chunga, tan vivos que impresiona verlos; demostrando como ambos se entregan al servicio de sus personajes y dan una lección del control sobre la escena y sobre el espectador. Memorable.

Mención especial a Jorge Calvo por ese Lituma que te arrebata el corazón, que dibuja una pureza de sentimientos y una limpieza en su interpretación, que «su momento» es una delicia de experimentar. Qué bien que haya actores que te conquisten de esta manera y con esa sencillez, ¡quiero mas Jorge Calvo!.

Tomás Pozzi es pura energía, a veces da la sensación que vuela por el escenario. Es arrollador. Aunque al comienzo cuesta encajar con su personaje, de tan excesivos que resultan sus ademanes y formas, uno acaba por conocer al Mono y comprender. Tomás Pozzi sabe cómo hacer para que acabes por entrar en su código y conquistarte.

A Irene Escolar ya la he visto en tres montajes y siempre me ha convencido, me gusta su forma de afrontar los personajes, se nota que se entrega de lleno a lo que hace y me creo todo lo que nos propone, pero me apetece verla en otro registro y descubrir mas cosas de ella porque comienzo a tener cierta sensación de «ya visto» y es una lástima porque realmente es una actriz que me gusta. En esta función tiene un momento precioso junto con Aitana en el que la ruptura de los personajes es tal que llegue a sobrecoger de la emoción transmitida.

Con quien no llegué a encontrar un punto de conexión fue con Rulo Pardo y su José, quizá se me escapó el detalle que da la clave de su personaje, pero en todo momento lo vi fuera de sintonía con el resto de actores y poco convincente en su intervenciones. A excepción del momento en el que comenzamos el viaje a su «versión» donde creo que la sordidez de su realidad sale a flote y provoca muchas reacciones en el patio de butacas. Lástima porque ese hubiera sido el camino que hubiera hecho mas interesante a este personaje, siempre desde mi humilde opinión.

Lo que uno no puede negar viendo este montaje es que los actores afrontan la obra con coraje, entregándose al texto de Vargas Llosa con ganas y valentía y que, gracias a la labor de dirección de José Ollé, nos encontramos con un trabajo potente donde no se escatima en imágenes crudas y llenas de fuerza, que mezcladas con un toque de realismo mágico, nos hacen vivir con intensidad este cuento que nos traen a las tablas del Teatro Español y del que uno sale, aunque empañadas de puntos sobrantes, con la sensación de haber visto cosas muy grandes.

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Garaje Lumiere Gonzalo Grillo Ignacio Mateos Jota Linares Maggie Civantos María Hervás Mejor Dirección Novel Pablo Cabrera Paco Anaya Teatro

Mejor Dirección Novel

Título:

Mejor Dirección Novel

Lugar:
Garaje Lumiere

Autor:
Jota Linares
Paco Anaya

Reparto:
Pablo Cabrera (Iván)
Maggie Civantos (Leo)
Gonzalo Grillo (Esteban)
María Hervás (Eme)
Ignacio Mateos (Adrián)

Escenografía e Iluminación:
Chon López

Ayudante de Dirección:
Lydia Ruíz

Dirección:
Jota Linares

Mucho estaba tardando yo en acercarme por Garaje Lumiere a curiosear qué es lo nuevo que Jota Linares nos tenía preparado. Después del agridulce pero maravilloso sabor de boca que nos dejó a medio Madrid con «¿A Quién Te Llevarías A Una Isla Desierta?» y la placentera orgía de risas llenas de vísceras que nos regaló con su último corto «Ratas», no podía por menos que acudir a esta nueva cita.
Jota Linares junto a su inseparable amigo Paco Anaya han ideado un libreto que mezcla el cine, los amigos en la treintena y los secretos a voces. Un cocktail que se ha convertido en marca la casa.
En esta ocasión la función nos sitúa, literalmente, en la fiesta de la premiere de «Cuatro Septiembre al Año», la primera y exitosa película de Eme Betancourt, jovencísima directora que da con la clave para lograr que con su primera incursión en el cine, sea nominada nada menos que a 7 Goyas. Todo es perfecto hasta que sus cuatros «mejores» amigos se juntan y, entre copa de champán y copa de champán, descubren que tienen mucho mas que ver con la película de lo que ellos pensaban… y hubieran deseado.
Con este libreto Jota Linares y Paco Anaya demuestran la buena mano que tienen para dibujar personajes heridos, en constante conflicto interior y con ganas (y mucho miedo) a una segunda oportunidad. Personajes que a pesar de haber llegado a la treintena se sienten perdidos como adolescentes, insatisfechos en su posición y desconcertados ante la posibilidad de dar un paso equivocado. Me atrevería a decir que es casi un retrato generacional, pero sacándole de encima todo lo grandilocuente que pueda llevar ese término, tan solo es la invitación a echar un vistazo para que cada uno saque sus propias conclusiones.
Con unos diálogos certeros, que no dan puntada sin hilo; donde lo que aparentemente parece una nimiedad, algo ligero, e incluso con cierto tufillo a topicazo, acaba por abofetearnos y descubrirnos que viaja mucho mas adentro nuestro de lo que nos estamos creyendo. 
Una comedia con un poso amargo que deja que nos relajemos, comencemos a divertirnos y cuando ya nos tiene desprevenidos ¡Zas! Nos sacude haciéndonos ver que, lo que a nosotros nos está provocando la risa, es justamente lo que desgarra el alma de estos cinco personajes.
El conjunto es brillante, pero si agarramos el bisturí, diseccionamos ese «todo» y vamos viendo sus partes de manera individual, descubrimos unas escenas con un aroma absolutamente especial, donde los diálogos mas inverosímiles, a veces sucios, petardos, íntimos, otras inocentes o demoledores, pueden llevarnos a descubrir asombrosos matices escondidos en los personajes, asombrosos y posiblemente hasta un poco perturbadores, y es que estos diálogos están dichos en muchos momentos a la cara del espectador, arrojándonoslos a bocajarro, como si se nos exigieran una respuesta  (Habría que preguntarle a los actores lo que ven en nuestras caras en esos momentos porque debemos ser auténticos «poemas») Esta función tiene un grado de intimidad tan vívida que da hasta pudor.
El ritmo y la estructura cinematográfica es claramente un sello de su director, que apuesta por ilustrar la historia a golpe de secuencia, incluso la iluminación y la distribución de la escenografía hace del escenario un pequeño set de rodaje. Tan solo echo en falta algo de música que subraye ciertos momentos de la función, pero esto es apreciación mía, supongo que el que no esté es una razonada y justificada elección del director.
Me encanta el teatro de Jota porque hace reencontrarme con actores con los que disfruto mucho viéndolos trabajar. 
Actores como Pablo Cabrera que se lanza de cabeza a sus personajes y los llena de tanta que vida y tanta cercanía que, aún conociéndole en persona, consigue desconcertarme por la verdad que les entrega. Cada trabajo suyo es una demostración mas de lo grande que es, el dominio que tiene sobre la escena y lo lejos que puede llegar.
Maggie Civantos tiene una luz en su interpretación que enamora, hace del gesto mas pequeño un dibujo completo de la personalidad de su personaje. Una actriz que me fascina por su valentía y su forma de jugar en escena, que arriesga y que uno no puede dejar de mirar. Me gusta mucho su forma de trabajar y dar sentido a los diálogos.
María Hervás es la energía escénica personificada. No sé si ella llegará a leer esto o no, ni si le gustará, pero es mi Uma Thurman particular, tiene un magnetismo que le hace capaz de interpretar del mas barriobajero al mas glamuroso de los personajes. Regala a su «Eme» los aires de gran Diva en ciernes tan apropiados para conseguir dibujar esa soledad y confusión que necesita su personaje. 
Y los recién llegados al equipo, Gonzalo Grillo e Ignacio Mateos, dos descubrimientos mas que me quedo con todo el gusto del mundo. La energía que Gonzalo entrega en escena es muy potente e Ignacio   dice tantas cosas a través de sus ojos y desprende tanta sensibilidad que desarma.
Un elenco que funciona muy bien en el conjunto y que con su diversidad enriquecen la función. Tan solo un «pero» para alguno de ellos y es el cuidar la proyección de la voz, en los momentos mas íntimos se hace difícil escuchar con nitidez el texto y es una pena perderse ni una sola de las líneas.
Una función muy divertida, aparentemente ligera, pero con mucha «chicha» a la que hincar el diente. Con diálogos y situaciones deliciosas en su contundencia, que Paco Anaya y Jota Linares ponen en escena cuando otros muchos las cortarían ¡y a mi eso me encanta! y estoy convencido que a su reparto les pasa lo mismo porque eso se percibe desde las gradas del «Lumiere».
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Alberto Puraenvidia Carlos Be Carmen Mayordomo Elepé Fran Arráez Ivan Ugalde La Casa de la Portera musicales Sara Luesma Teatro The Zombie Company

Elepé

Título:
Elepé

Lugar:
La Casa de la Portera

Autor:
Carlos Be

Elenco:
Sara Luesma (Dejota)
Fran Arráez (Toñi)
Carmen Mayordomo (Lucía)
Iván Ugalde (Ángel)

Escenografía:
Alberto Puraenvidia

Vestuario:
Antoni Delgado

Producción:
The Zombie Company
Tantarantana Teatre

Dirección Vocal:
Mirko Jumilla

Ayudante Dirección:
Sara Luesma

Dirección:
Carlos Be

Y de nuevo regreso al interior de La Casa de la Portera a sumergirme en una de esas historias que nos tienen preparado con su sabor particular. Mira que son diferentes unas de otras y, sin embargo, que todas estén enmarcadas dentro de este lugar, hacen que las sientas hermanadas en su estatus de compañeras de piso. Y es que a mi me transmiten eso, La Casa de la Portera es como esos pisos compartidos donde cada uno es de su padre y de su madre, pero donde la convivencia hace que haya cierta conexión entre todas ellas. Algo que no todas las salas con diferentes espectáculos pueden decir. Supongo que parte de la personalidad de este espacio radica aquí.
A Carlos Be le sigo desde el año pasado cuando en el Festival Fringe descubrí su «Muere Numancia, Muere» y me dejó cautivado con su forma de morder la escena; es cierto que aún me fustigo mentalmente por no haber ido a ver sus «Peceras» porque estoy convencido que es una de esas obras a las que yo le dedicaría una de mis mas extensas y apasionadas Crónicas Atmosféricas (¡gracias Teatroland por bautizarlas de manera tan acertada y bella!) En el Festival de la Alternativa de este año volví a reencontrarme con otro de sus mordiscos «696», breve pieza que se encuentra dentro de «Tres Segundos», montaje de radioteatro del que ya os hablé, dirigido por Jesús Ortega y donde el texto de Carlos Be brilla con luz propia. Para entonces ya sabía que tenía preparado este «Elepé» del que ahora os hablo, pero han tenido que pasar unos cuantos meses y llegar al momento de su ¿última? representación para que pudiera hablaros de ella. Cosas de andorrear entre teatros, que el tiempo no cunde para poder ver todo cuando uno desea…
«Elepé» es una vuelta a los años 80, donde una aspirante a actriz, Lucía, espera desesperada la llamada de Pedro Almodovar para que le haga un casting para su última película. Mientras espera, tiene que seguir poniendo copas en el Elepé, uno de esos lugares donde hay actuaciones en vivo con cierto regusto casposo, donde actúa su amiga Toñi, pero donde la vida se vive con toda la intensidad y las ganas con la que se vivían las cosas en aquella época. Allí mismo es donde conocen a Ángel, el portero del local y sobrino del propietario, quien hará que la vida de las amigas encuentre un camino que ni ellas mismas esperaban.
Hay que ver las narices que le echan esta gente de The Zombie Company para poner en escena todo tipo de géneros. Ahora se les ha puesto por el camino hacer un musical y salvan la situación con nota y todo. Tan solo tenían que seguir la fórmula de los famosos «Musicales Jukebox», tomárselo de la manera mas gamberra posible, echándole morro y gracia, para salir airosos del envite. Un buen puñado de canciones conocidas por todos, que como pequeñas joyas engastadas en la historia, nos pasean por una montaña rusa de sentimientos de lo mas kitsch, con momentos memorables como la canción de Mari Trini «Una Estrella en Mi Jardín». Todas ellas conducidas por Dejota, personaje silencioso, pero con su propia visión de la historia,  que se ajustan a la trama y logran que todo el público estemos tarareando y sonriendo como bobos, absolutamente entregados a la historia. Aunque creo que llegado el final la cosa pierda fuelle; creo que todo se alarga en exceso y eso hace que la emoción conseguida se pierda.
De todos modos, uno sale de la función fascinado con los personajes, con los actores, Carmen Mayordomo, Iván Ugalde y el absolutamente memorable Fran Arráez que nos regala un personaje de los que no se olvidan, tan tierno y amargo que uno desea tenerlo en su vida para cuidarlo y que nos cuide. Hacen un trabajo precioso. Se nota que entre los tres ya hay un código establecido y que se entienden a la perfección; tienen un dominio tan grande de lo que hacen que impresiona, por poner un ejemplo, en un momento dado hay una escena que dura lo justo para que una cafetera, puesta en el hornillo, termine de hacerse en el momento exacto en el que la situación lo requiere ¡Qué maravilla de tempo!… y qué regalo de personajes, con esas situaciones creadas por Carlos Be, esos diálogos tan llenos de esa chispa de decadencia que les hace ser tan terrenales dentro de su brillo.
Es curioso ver como, a la contra de lo que suele ser lo habitual, el autor hace que los personajes sean dueños de su propio destino, como si estuvieran dotados de una clarividencia que acota su existencia hasta donde ellos dictan. Algo que hace que quieras acompañarles hasta ese final del camino del que hablan, deseando profundamente que se hayan equivocado. Hay tal grado de inocencia en ellos, de ilusión truncada sin motivo, que no puedes por mas que desearles que les vaya bien y no sean una víctima mas del momento que les tocó vivir.

Elepé es el destello fugaz del recuerdo de una época que se marchó y que en el recuerdo permanece con un sabor agridulce. Una época que se merecía que alguien le pusiera una sonrisa, aunque fuera de medio lado, para hacerle honor ahora que la miramos desde la distancia.
Si vuelve a representarse, no dejéis de ir a verla, es todo un viaje en el tiempo merecedor de hacerse y disfrutarlo con ganas.

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Carolina Román En Construcción Nelson Dante Teatro Teatro del Arte Tristán Ulloa

En Construcción

Título:
En Construcción

Lugar:
Teatro del Arte

Autores:
Carolina Román
Nelson Dante

Elenco:
Nelson Dante (Pablo)
Carolina Román (Sole)

Escenografía:
Alexandra Alonso-Santócildes

Iluminación:
Eduardo Alonso Chacón

Sonido:
David Cubero

Música:
Julio de la Rosa

Dirección:
Tristán Ulloa

He dado mil vueltas a la forma en la que quería contaros mi opinión sobre “En Construcción”, que he borrado y reescrito la crónica un montón de veces. Pienso que es una función tan especial que se merece que las palabras reflejen, en la medida que me sea posible, la belleza de esta joya que todos deberíamos disfrutar en el Teatro del Arte. No sé si llegaré a conseguirlo, pero eso es un aliciente mas para que vayáis vosotros mismos a descubrirla.
Nelson Dante y Carolina Román han creado un texto y unas interpretaciones que nos hacen sentir una cercanía tan sincera, tan llena de lugares comunes, que uno no sabe si llorar, reír o hacer todo a la vez para poder liberar el nudo en la garganta que se forma desde el mismo momento que pasas a formar parte de la gran aventura de sus vidas, y es que es casi imposible no sentirse cómplice de Pablo y de Sole. Su historia son filamentos de alma que se enredan con nosotros, son experiencias que uno siente similares a las propias. Destilan una inocencia tan pura que es inevitable no amarles y desearles que la vida les sonría y les trate con cariño porque, al fin y al cabo, ellos tan solo desean ver cumplido el proyecto de futuro que emprenden al huir del famoso Corralito argentino, que mas allá de arruinarles, les regala la fuerza suficiente para lanzarse a descubrir qué les tiene preparado el destino. 
A veces los sinsabores y los palos mas amargos son la clave para salir a flote.
El desarraigo, el amor, el miedo, la ilusión, la complicidad brillan en el alma de estos dos personajes que deciden saltar al vacío apretándose fuerte de la mano y enfrentándose unidos a lo desconocido. Que se toman la vida sin grandes aspavientos; regalándonos una lección, mostrando sin pretenderlo, que la vida hay que bebérsela a sorbitos, tal como viene, pero luchando por aquello que nos ilumina el alma; intentando sacar de todo ello el motivo por el que seguir adelante. Un canto a la vida, al amor en todas sus versiones.
Nelson Dante y Carolina Román dibujan una realidad tan tangible que a veces nos sobrepasa, llegando tan hondo que nos hacen perder la noción de estar viendo un espectáculo teatral, prueba de ello fue el sonoro suspiro que se le escapó a uno de los espectadores en la función en la que estuve, cuando Soletoma la decisión clave de la función; me puso los pelos de punta pensar en lo embebido que estaba en la función ese espectador como para que su alma se expresara tan abierta e involuntariamente… es tal la pureza y la verdad que se vive durante la función que uno sabe que Sole y Pablo son dos personas, que no personajes, con los que seguramente nos vamos a cruzar en cualquier esquina de nuestras vidas, o incluso ¿quién nos dice que no seamos nosotros mismos? Porque como bien dicen ellos, esta es una historia de ida y vuelta…
Qué bello es este espectáculo que ha dirigido con una mano tan delicada Tristán Ulloa, crítico con la vida y con las situaciones que nos tocan vivir, pero con la medida justa como para que uno salga de ver la función pensado en lo necesaria que es y reafirmándose en lo poderoso y bello que es el teatro que a veces mas allá de hablarnos de fantasías nos habla de las ilusiones. Y eso, en estos momentos es tan terriblemente necesario…
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Abadía Aitor Tejada Cristobal Suárez Israel Elejalde Juanjo Llorens Kamikaze La Función Por Hacer Manuela Paso Miguel del Arco Miriam Montilla Raúl Prieto Sandra Vicente Teatro Teresa Hurtado

La Función Por Hacer

Título:
La Función Por Hacer

Lugar:
Teatro de La Abadía

Autor:
Aitor Tejada y Miguel del Arco,
adaptación de «Seis Personajes en
Busca de Autor» de Pirandello

Elenco:
Cristóbal Suárez (Actor)
Miriam Montilla (Actriz)
Israel Elejalde (Hermano Mayor)
Teresa Hurtado de Ory (Mujer)
Manuela Paso (Madre)
Raúl Prieto (Hermano Menor)

Iluminación:
Juanjo Llorens

Sonido:
Sandra Vicente

Producción:
Kamikaze Producciones

Dirección:
Miguel del Arco

Uno se pone hasta nervioso al saber que lo que está a punto de ver ha sido y es todo un hito en el panorama teatral actual, incluso que sea el germen de lo que después ha acabado por convertirse en un referente para la cultura de este país…

¿Soy un exagerado? No, no lo creo. 
«La Función por Hacer» es una de esas raras avis que de vez en cuando pare nuestro teatro. Ha cosechado un éxito arrollador en varios espacios de la capital, arrasó en los Premios Max del 2011 y después ha sobrevivido a una gira de dos años por los pueblos de un país que culturalmente agoniza… Incluso ha sido el aval para que posteriormente Kamikaze Producciones haya podido poner en pie montajes que de otra manera no hubieran llegado a nuestros escenarios de ninguna de las maneras. 
¡No me digáis que no estamos ante todo un Titán Escénico! Así que imaginaos mis expectativas donde estaban…
Juro que me cuesta mucho contenerme cuando hablo de algunos montajes porque me impactan tanto que me descontrolo y si ya de por si, en mis crónicas, me gusta hablar en positivo de las funciones que voy a ver, cuando de repente me golpean de la manera que me ha golpeado esta, tengo que hacer un ejercicio de autocontrol bastante grande para no perder los papeles. Veamos por donde voy y donde acabo…
Miguel del Arco y Aitor Tejada nos traen su propia versión de «Seis Personajes en Busca de Autor» de Pirandello, donde unos personajes que han sido abandonados a su suerte por su creador, buscan a alguien que los deje representar su historia y puedan ver cumplida la «misión» para la que fueron concebidos.
Es maravilloso ver como con un simple banco de madera, la siempre acertada iluminación de Juanjo Llorens o con la ambientación de Sandra Vicente y un espacio completamente desnudo se puede crear un montaje como este, donde tan solo se necesita el teatro en sí, como continente, para dar forma a esta historia donde la realidad abre sus puertas y se transforma para acoger a los personajes de una ficción que hacen que, tanto los actores como al espectador, nos planteemos cual es la verdadera realidad, si es la que uno piensa, la que uno presencia, la que le cuentan, la que siente, la que vive, la que vivió… Un juego escénico, cincelado a golpe de verdad por Miguel del Arco, donde vemos retazos de unas vidas que se nos presentan sin velos, con la necesidad del que busca ser escuchado. En ocasiones cómica y en ocasiones  perturbadora y terriblemente dolorosa, pero siempre fascinante.
Para mi el teatro de Del Arco tiene la virtud de hacer que uno se implique con lo que está viendo, que cale muy hondo y lo sienta de una manera especialmente personal. Envuelve todo con un halo de calidez que hace que lo veas como si estuviera hecho únicamente para el disfrute de uno mismo. Y eso es algo que ha sabido transmitir a todo su equipo y cuando ves la puesta en escena el resto del mundo desaparece, casi como si traspasáramos la membrana que separa la realidad de la ficción y te encontraras en medio de una historia hecha a medida.
Los actores, los seis, dan una lección de verdad que casi da pudor mirar, por la cercanía, tanto física como interpretativa. Uno los siente vibrar, siente como fluye su energía por el espacio, tanto si están en ese momento acaparando el foco como si están agazapados entre las butacas, siempre se les siente presentes, sientes la intensidad de sus almas, sientes que realmente están vivos. 
Uno querría tener varios pares de ojos mas para poder ver en todo momento a cada uno de ellos y gozar de todas sus reacciones y sus silencios, porque cuentan tanto o mas que sus propias palabras. Estén donde estén ves como la historia viaja a través de ellos y avanza por su interior.
Creo que precisamente aquí radica lo magnífico de este montaje, los actores forman un todo difícil de desglosar, sus personajes están tan complementados y alimentados por los demás que da pena intentar describirlo en una pocas palabras; daría casi para escribir una crónica con cada uno de ellos para poder hacerles justicia. 
Es fascinante ver trabajar a todos y cada uno de los miembros del elenco, Cristóbal Suárez, Miriam Montilla, Israel Elejalde, Teresa Hurtado de Ory, Manuela Paso y Raul Prieto, como transmiten el desgarro y la pasión por lo que nos cuentan. 
Y como después de dos años siguen manteniendo un grado de compromiso tan grande ante este proyecto que ya ha alcanzado el calificativo de mito entre los teatreros.
Ver «La Función por Hacer» es una absoluta delicia para todo aquel que se precie de amar el teatro. Me refiero a aquellos que lo vivimos como una parte esencial de nuestras vidas, los que cuando pensamos en ver un montaje determinado sentimos un cosquilleo por dentro que a veces incluso nos impide dormir bien, pero que sin embargo nos aporta un sentimiento de plenitud que para muchos es incomprensible.
Aquí vais a encontrar la esencia de lo que es el teatro, dejaos empapar por esta función y disfrutar de las sensaciones que os despierte porque es una auténtica belleza.
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Aitor Luna Ana Vayón Asier Etxeandia Delia Vime Eduardo Mayo José Luis Patiño José Luis Torrijo José Padilla La Casa de la Portera Rocío Calvo Sagrado Corazón 45 Teatro

Sagrado Corazón 45

Titulo:

Sagrado Corazón 45

Lugar:
La Casa de la Portera

Autor:
José Padilla

Elenco:
Ana Vayón (Dorotea)
Rocío Calvo (Remedios)
José Luis Patiño (Jacobo)
José Luis Torrijo (Fidel Betanzos)
Aitor Luna (Alejandro Moyano)
Asier Etxeandía (Hector Reina)
Delia Vime (Lucía Barrios)

Creación Sonora:
Mariano García

Vestuario:
Almudena Rodríguez Huertas

Producción:
Factoría Madre Constriktor
Estudio Juan Codina

Dirección:
Eduardo Mayo
José Padilla


Uno entra en La Casa de la Portera y se transforma. Al traspasar el umbral da la sensación que cambia hasta el aire que uno respira, como si la rutina de nuestro día a día se quedara aparcada en la acera de la Calle Abades, dejándonos libres para poder empaparnos a conciencia de la atmósfera que allí reina.
Tiene una personalidad tan potente que uno siente que está sumergido en la experiencia que se está por vivir desde el mismo momento que retiramos las entradas.
No he podido acudir tantas veces como me hubiera gustado, pero las veces que he ido ha sido movido por una curiosidad casi incontrolable y confieso que he salido de allí transformado.
Dos han sido los motivos por los que he ido a ver «Sagrado Corazón 45». 
El primero es la admiración por el trabajo que realiza el dramaturgo José Padilla; ya han sido tres las funciones suyas que he podido ver y aún estoy por saber cómo definir su estilo (tampoco quiero); cada una ha tenido un aire totalmente diferente a la anterior y no saber qué es lo que me voy a encontrar cuando voy a ver algo suyo es lo que mas me gusta de él. Admiro su capacidad para sorprendernos con sus creaciones. De ese maravilloso «Enrique VIII» que ahora regresa a la capital, pasando por el monólogo «En el cielo de mi boca» a esta nueva experiencia que es «Sagrado Corazón 45», nada que ver unas piezas con otras y todas con un gran resultado.
El segundo motivo era el deseo de poder ver interpretar a Asier Etxeandía a un palmo de distancia, sentir ese torrente de energía actoral tan cerca no es algo que se pueda permitir uno todos los días y dejarlo pasar sería cuanto menos… «malfatal».

La función viaja por tres momentos clave dentro de nuestra historia; el comienzo de la transición española, la resaca de las Olimpiadas de Barcelona en el 92 y el momento de crisis actual. Tres momentos que albergaron y albergan cambios radicales llenos de temores e inseguridades, tanto a nivel global como a nivel individual, temores que nos transforman y nos hacen actuar de una manera que ni nosotros mismos esperamos, como si «algo» nos moviera involuntariamente a hacer cosas que no necesariamente deseamos.
No me gustaría desvelar mucho de las cosas que suceden en la dirección que da título a la obra porque eso sería estropear la sorpresa de vivir esta experiencia en primera persona. Eso sí, no se me ocurre un lugar mejor para ser representada que en «La Casa de la Portera», de hecho creo que es una pieza impensable fuera de estas paredes, la atmósfera conseguida es imposible de lograr en un teatro al uso. Así que creo que el día que finalicen las funciones, tan solo quedará el recuerdo impreso en sus habitaciones, como esas presencias o energías que nunca nos abandonan del todo…

Eduardo Mayo y José Padilla logran que los espectadores permanezcamos clavados en nuestros asientos durante todo el tiempo que dura la historia, manteniéndonos con la boca entreabierta y los ojos inquietos, esperando que tras las puertas de esta casa pueda suceder cualquier cosa. Encerrados en esas habitaciones se genera la misma intranquilidad colectiva que se crea cuando se cuentan historias de miedo, uno se vuelve susceptible ante cualquier agente externo que perturbe el instante, se siente vulnerable, inseguro ante lo desconocido, ante lo que se intuye detrás de las paredes y esa es la baza que tan inteligentemente juegan directores y actores en esta versión en vivo y en directo de lo que podría ser perfectamente un episodio de aquellas memorables «Historias para no dormir» (Hasta el cartel me lo recuerda). La ambientación de las épocas, los sonidos, el texto, los actores, todo está elegido con sumo cuidado para que uno trague el anzuelo sin problema y se entregue de lleno a la propuesta.
El reparto al completo hace un gran trabajo para llevarnos de la mano por este divertimento poseedor de un trasfondo mucho mas crítico del que en un principio se puede esperar, al que hace referencia el propio Eduardo Mayo en el programa de mano. Una lectura mas profunda sobre el peligro de quedar aislado en nuestra propio entorno frente al temor que el poder inyecta a la población ante los cambios que se generan en el exterior…
Desde ese comienzo tan perturbador protagonizado por una Ana Vayón impresionante, junto a mi admirada Rocio Calvo y José Luis Patiño, pasando por unos estupendos Aitor Luna y José Luis Torrijo hasta llegar a Delia Vime y Asier Etxeandía que cierran la historia con una serie de oscurisimos fuegos artificiales que no dan tregua hasta que llega el momento de los aplausos finales.

Disfruté como un niño pequeño dejándome llevar por esta historia que es como montar en «El Tren Fantasma», que no sabes si mirar con los ojos como platos o entornarlos y mirar por entre los dedos porque no sabes qué va a suceder al torcer en el siguiente recoveco y del que uno sale con una sonrisa enorme de excitación y satisfacción. Y si a eso le añades poder tener al alcance de la mano un reparto como este, no queda mucho mas que decir para recomendarlo sin dudar un instante.
«Sagrado Corazón 45» es como esos caramelos que tiene dentro «pica-pica», que uno saborea con ganas, incluso salivando en exceso y que siempre quiere que dure mas porque sabe a poco.

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