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Bárbara Lennie Cristobal Suárez Israel Elejalde José Luis Martínez Manuela Paso Miguel del Arco Miriam Montilla Misántropo Moliere Raúl Prieto Teatro Español

Misántropo


Título:
Misántropo
Autor:
Miguel del Arco 
(Versión libre del original de Moliere)

Lugar:
Teatro Español

Elenco:
Israel Elejalde (Alcestes)
Bárbara Lennie (Celimena)
José Luis Martínez (Clitandro)
Miriam Montilla (Elianta)
Manuela Paso (Arsinoe)
Raúl Prieto (Filinto)
Cristóbal Suárez (Orontes)

Producción:
Kamikaaze Producciones
Escenografía:                            Iluminación:                  Vestuario:
Eduardo Moreno                     Juanjo Llorens             Ana López

Sonido:                                     Música:                          Coreografía:
Sandra Vicente                       Arnau Vilà                     Carlota Ferrer

Dirección:
Miguel del Arco

Misántropo es la nueva propuesta que Kamikaze Producciones nos trae. Una versión del clásico de Moliere adaptada libremente por Miguel del Arco, que regresa con el mismo equipo artístico de “La Función Por Hacer”, ¿qué más motivos se necesitan para acudir en masa a ver esta función?
No voy a calificarla de perfecta, por puro egoísmo, porque eso sería admitir que ya no se puede llegar más arriba y me niego a pensar algo semejante; pero sí puedo decir que tras ver la función, la sensación de plenitud con las que uno sale, de satisfacción, de expectativas cumplidas y sobrepasadas, no permite menos que ponerse superlativo en los calificativos. Uno sale deslumbrado por la fascinación que produce ver un trabajo tan bien ejecutado y rematadamente cuidado. El gusto y el empeño de toda la compañía por ofrecer calidad rezuma en cada rincón del escenario.
Es sorprendente verse identificado en comportamientos y situaciones creadas hace cerca de 350 años por Moliere y que Miguel del Arco, cambiando la ubación y las situaciones, la función transcurre en el callejón trasero de una discoteca donde se celebra una fiesta con la crème de la créme de la sociedad, logre crear esta metáfora del estado en el que se encuentra la sociedad en la actualidad, tanto a nivel global como individual, demostrándonos que la vigencia de este maravilloso texto sigue latente.
Una puesta en escena brillante, con una iluminación con la que Juanjo Llorens vuelve a dejarnos boquiabiertos; combinada con la excelente escenografía de Eduardo Moreno y el sonido (¡qué sonido!) de Sandra Moreno, las músicas de Arnau Vilà que crean unos ambientes, unas atmósferas, simplemente magistrales. Esos momentos a cámara lenta, esas coreografías, los silencios, los cruces de miradas, son instantes de genialidad que conforman este montaje que, aunque sorprenda, es algo mucho más raro de ver de lo que cabría esperar.  
Miguel del Arco ha conseguido mantener esa humildad y ese espíritu de compañía que nos ofrecieron los Kamikazes cuando se lanzaron, haciendo honor a su nombre, representando en esos lugares donde falta espacio y sobra talento. Pero lo maravilloso de esto es que, ahora que han cambiado los espacios de 70 butacas por los de 700, les sigue sobrando talento y algo aún más importante, humildad y respeto por su trabajo.
Las interpretaciones, sobresalientes, tal como sucedió, son para aplaudirlas en pie.
Es fascinante ver trabajar a Israel Elejalde, la grandeza de sus intervenciones, en sus puntos de vista, en como nos acerca ese Alcestes. Creo sin ningún tipo de duda cuanto me propone y lo disfruto con placer.
A Barbara Lennie le sienta la escena como a nadie, da igual verla en las distancias cortas como en los grandes escenarios, simplemente está maravillosa, y me sentí seducido y traicionado como el que más con su Celimena. Es un placer ver cómo las líneas de diálogo de sus compañeros calan en ella y provocan lo que posteriormente nos muestra.
Raúl Prieto, tan acertado, tan cierto, tan «como la vida misma», está magnífico en su Filinto. La réplica perfecta de Alcestes, llevada con un gran gusto. Raúl es de esos actores que me hace sentir que me hipnotizan cuando anda en escena. 
Cristóbal Suárez, da un giro en su interpretación de 180º rompiendo con  lo que había visto de él y con este Orontes me vuelve a convencer. Corre riesgos, juega con ellos y lo supera sin problema.
Miriam Montilla y su Elianta, muestra una debilidad y una humanidad de la que carecen el resto de personajes y con la que es inevitable no acabar identificándose, nos va ganando de a sorbitos, y con sumo placer saboreamos.
Manuela Paso está soberbia en esa Arsinoe que nos produce tanto rechazo, pero que tan claramente identificamos (¿en nosotros?). Nos regala unos momentos grandiosos, llenos de hilaridad y de punzante realidad.
José Luis Martínez nos asoma a un personaje como Clitandro al que mejor no tener como enemigo y que dibuja con precisión.

Que nadie que de verdad se precie de gustarle el teatro se la pierda, y si lo hace, estará rechazando la ocasión de ver algo realmente grande, hecho con un gusto exquisito y con una honestidad que arrebata a cualquier alma teatrera, y que me atrevo a decir que será lo mejor de la temporada por goleada. 

¡Señoras y señores, hagan paso! ¡Misántropo llega a la ciudad!… 
Y aquí necesitaríamos, para dibujar la expectación generada, una fanfarria, guirnaldas por las calles, confeti volando y gritos y vítores por parte de los teatreros que ya acudimos al Teatro Español con el aplauso palpitando en nuestras manos. 
No sé qué pensaría Alcestes de nosotros ¿Somos una panda de aduladores o admiradores? Júzguenlo ustedes mismos cuando vayan y la vean.


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Abadía Aitor Tejada Cristobal Suárez Israel Elejalde Juanjo Llorens Kamikaze La Función Por Hacer Manuela Paso Miguel del Arco Miriam Montilla Raúl Prieto Sandra Vicente Teatro Teresa Hurtado

La Función Por Hacer

Título:
La Función Por Hacer

Lugar:
Teatro de La Abadía

Autor:
Aitor Tejada y Miguel del Arco,
adaptación de «Seis Personajes en
Busca de Autor» de Pirandello

Elenco:
Cristóbal Suárez (Actor)
Miriam Montilla (Actriz)
Israel Elejalde (Hermano Mayor)
Teresa Hurtado de Ory (Mujer)
Manuela Paso (Madre)
Raúl Prieto (Hermano Menor)

Iluminación:
Juanjo Llorens

Sonido:
Sandra Vicente

Producción:
Kamikaze Producciones

Dirección:
Miguel del Arco

Uno se pone hasta nervioso al saber que lo que está a punto de ver ha sido y es todo un hito en el panorama teatral actual, incluso que sea el germen de lo que después ha acabado por convertirse en un referente para la cultura de este país…

¿Soy un exagerado? No, no lo creo. 
«La Función por Hacer» es una de esas raras avis que de vez en cuando pare nuestro teatro. Ha cosechado un éxito arrollador en varios espacios de la capital, arrasó en los Premios Max del 2011 y después ha sobrevivido a una gira de dos años por los pueblos de un país que culturalmente agoniza… Incluso ha sido el aval para que posteriormente Kamikaze Producciones haya podido poner en pie montajes que de otra manera no hubieran llegado a nuestros escenarios de ninguna de las maneras. 
¡No me digáis que no estamos ante todo un Titán Escénico! Así que imaginaos mis expectativas donde estaban…
Juro que me cuesta mucho contenerme cuando hablo de algunos montajes porque me impactan tanto que me descontrolo y si ya de por si, en mis crónicas, me gusta hablar en positivo de las funciones que voy a ver, cuando de repente me golpean de la manera que me ha golpeado esta, tengo que hacer un ejercicio de autocontrol bastante grande para no perder los papeles. Veamos por donde voy y donde acabo…
Miguel del Arco y Aitor Tejada nos traen su propia versión de «Seis Personajes en Busca de Autor» de Pirandello, donde unos personajes que han sido abandonados a su suerte por su creador, buscan a alguien que los deje representar su historia y puedan ver cumplida la «misión» para la que fueron concebidos.
Es maravilloso ver como con un simple banco de madera, la siempre acertada iluminación de Juanjo Llorens o con la ambientación de Sandra Vicente y un espacio completamente desnudo se puede crear un montaje como este, donde tan solo se necesita el teatro en sí, como continente, para dar forma a esta historia donde la realidad abre sus puertas y se transforma para acoger a los personajes de una ficción que hacen que, tanto los actores como al espectador, nos planteemos cual es la verdadera realidad, si es la que uno piensa, la que uno presencia, la que le cuentan, la que siente, la que vive, la que vivió… Un juego escénico, cincelado a golpe de verdad por Miguel del Arco, donde vemos retazos de unas vidas que se nos presentan sin velos, con la necesidad del que busca ser escuchado. En ocasiones cómica y en ocasiones  perturbadora y terriblemente dolorosa, pero siempre fascinante.
Para mi el teatro de Del Arco tiene la virtud de hacer que uno se implique con lo que está viendo, que cale muy hondo y lo sienta de una manera especialmente personal. Envuelve todo con un halo de calidez que hace que lo veas como si estuviera hecho únicamente para el disfrute de uno mismo. Y eso es algo que ha sabido transmitir a todo su equipo y cuando ves la puesta en escena el resto del mundo desaparece, casi como si traspasáramos la membrana que separa la realidad de la ficción y te encontraras en medio de una historia hecha a medida.
Los actores, los seis, dan una lección de verdad que casi da pudor mirar, por la cercanía, tanto física como interpretativa. Uno los siente vibrar, siente como fluye su energía por el espacio, tanto si están en ese momento acaparando el foco como si están agazapados entre las butacas, siempre se les siente presentes, sientes la intensidad de sus almas, sientes que realmente están vivos. 
Uno querría tener varios pares de ojos mas para poder ver en todo momento a cada uno de ellos y gozar de todas sus reacciones y sus silencios, porque cuentan tanto o mas que sus propias palabras. Estén donde estén ves como la historia viaja a través de ellos y avanza por su interior.
Creo que precisamente aquí radica lo magnífico de este montaje, los actores forman un todo difícil de desglosar, sus personajes están tan complementados y alimentados por los demás que da pena intentar describirlo en una pocas palabras; daría casi para escribir una crónica con cada uno de ellos para poder hacerles justicia. 
Es fascinante ver trabajar a todos y cada uno de los miembros del elenco, Cristóbal Suárez, Miriam Montilla, Israel Elejalde, Teresa Hurtado de Ory, Manuela Paso y Raul Prieto, como transmiten el desgarro y la pasión por lo que nos cuentan. 
Y como después de dos años siguen manteniendo un grado de compromiso tan grande ante este proyecto que ya ha alcanzado el calificativo de mito entre los teatreros.
Ver «La Función por Hacer» es una absoluta delicia para todo aquel que se precie de amar el teatro. Me refiero a aquellos que lo vivimos como una parte esencial de nuestras vidas, los que cuando pensamos en ver un montaje determinado sentimos un cosquilleo por dentro que a veces incluso nos impide dormir bien, pero que sin embargo nos aporta un sentimiento de plenitud que para muchos es incomprensible.
Aquí vais a encontrar la esencia de lo que es el teatro, dejaos empapar por esta función y disfrutar de las sensaciones que os despierte porque es una auténtica belleza.
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Álamo Cayo Irene Escolar Miguel del Arco Ratones y Hombres Steinbeck Teatro Teatro Español

De Ratones y Hombres

Título:
De Ratones y Hombres

Lugar:
Teatro Español

Autor:
John Steinbeck

Versión:
Juan Caño Arecha y Miguel del Arco

Reparto:
Fernando Cayo (George)
Roberto Álamo (Lennie)
Antonio Canal (Candy)
Rafael Martín (Patrón)
Josean Bengoetxea (Sim)
Irene Escolar (Esposa de Curley)
Eduardo Velasco (Carlson)
Diego Toucedo (Curley)
Alberto Iglesias (Whit)
Emilio Buale (Crooks)

Dirección:
Miguel del Arco

Acudir a ver un montaje con tan altas espectativas es muy peligroso y me pone de alguna forma un tanto nervioso. Pienso que con tato halago acabará por dejarme un poco decepcionado, que no seré capaz de disfrutar del espectáculo porque estaré esperando en todo momento ese golpe que me dejará fascinado y el resto será simplemente un relleno ante el «momento«. Aunque poco a poco voy consiguiendo desprenderme  de todos esos pensamientos y sentarme en mi butaca  lo mas limpio posible.


«De Ratones y Hombres» escrita por John Steinbeck, primero como novela y tras el éxito de esta, adaptada por él mismo al teatro, cuenta  la historia de amistad de dos hombres que llegan en busca de trabajo a una granja de Estados Unidos en los años 20. Lennie un hombre con deficiencia mental y una fuerza desproporcionada; un alma inocente dentro del cuerpo de un gigante, y George, un pícaro que solo busca la paz de un hogar propio. Nos cuenta su llegada a la granja, precedida por una serie de problemas ocasionados por Lennie, por su fuerza descontrolada y su atracción hacia las cosas «suaves». 
En la granja se encuentran con una cuadrilla de trabajo, el patrón, el hijo de este, un ex-boxeador, y su esposa, la única mujer en kilómetros a la redonda. Llegan con el sueño dorado de poder ahorrar lo suficiente para poder comprar una granja donde rehacer sus vidas y encontrar la paz que hasta ahora les ha sido negada. Este sueño se hace mas palpable al entablar amistad con otro de los jornaleros, pero los celos desmedidos del hijo del patrón, las ganas de hablar y relacionarse de su esposa, complicarán la realización de dicho sueño.
Creo que estoy sufriendo algún tipo de enamoramiento con el teatro de Migueldel Arco. Ese cuidado que pone en cada puesta en escena, esos ambientes que te transportan, ese cariño con el que los actores cuidan el texto… es todo tan increíblemente agradable de ver… Y con agradable no quiero decir que sea cómodo, quiero decir que los gozo, aunque a veces sea desde el sufrimiento.
Elige unos textos que remueven por dentro, que te hacen seguir pensando en lo que has visto tras la función, que te hacen querer hablar sobre ello, que te transmiten ternura, una vuelta de tuerca distinta para contarnos las cosas; alegría, dolor, sufrimiento, miedo, soledad, amor… Miguel consigue hacerte sentir lo que los personajes sienten, con tanta sencillez que casi ni te das cuenta.
En su teatro hay cosas pequeñas que hacen de la función algo enorme. Toques en el alma que hace que tenga sentido lo que estás viendo.
“De Ratones y Hombres” es un ejemplo de lo que digo. Mezcla la dureza del sufrimiento de unos seres prácticamente condenados a la miseria con la dulzura de sus sueños, de sus anhelos… La relación que hay entre George y Lennie transmite tanto cariño, tanta sencillez, es tan humana, que desarma. En mas de un momento me descubrí sonriendo emocionado, sintiendo tanta ternura… Esos momentos ciertamente paternales que tiene George con su amigo aún me conmueven. Un gesto tan simple como el sacar un pañuelo y sonarle la nariz a su amigo como si de un niño pequeño se tratara… esa risa de Lennie cascabeleando como la de un bebé… Los momentos en el bosque o soñando con su proyecto de futuro. Hacen que incluso escribiendo esto, días después de la representación, sienta un peso emocionado en el pecho.
La obra nos habla de cosas sencillas. Cosas que a veces pasamos por alto, pero que son el motor de nuestro día a día. Todos tenemos sueños que cumplir, queremos compartirlos con alguien que nos escuche, que nos cuide, a quien cuidar. Alguien que nos recuerde, las veces que haga falta, cómo es ese sueño dorado que queremos alcanzar para poder retomar fuerzas para seguir luchando para conseguirlo, y dormirnos con una medio sonrisa creyendo ciegamente que un día será posible…
Hablo de Miguel del Arco, pero todo lo que él nos quiere transmitir no podría hacerse realidad si no fuera por un reparto tan bien elegido.
Fernando Cayo y Roberto Álamo están inmensos. Difícil tarea la de ambos. Fernando llevando a sus espaldas el ritmo de la gran mayoría de escenas, derrochando energía. Sabiendo hacer que el público sintamos lo que él siente, que comprendamos a su personaje y no le juzguemos. Aportando la dosis justa de picardía y ternura. Cuando un actor sigue vibrando en el momento de los saludos, como hace Fernando, deja patente que su trabajo sale desde lo mas hondo del alma.
Roberto me dejó literalmente con la boca abierta. Lennie es un tipo que podría llegar a asustar, su descontrol puede espantar y, sin embargo, es él quien es realmente vulnerable a la crueldad que le rodea. Roberto le regala un alma llena de verdad. Hace de Lennie un personaje desubicado, fuera del mundo al que pertenece. Un ser que tiene mucho que dar, pero incapaz de hacerlo sin causar daño. Todo un regalo para nosotros e imagino que para él.
A Irene Escolar es la segunda vez que la veo y la segunda vez que me deja pasmado con su forma de interpretar. Hace el texto suyo, lo maneja y lo amolda a ella hasta el punto de parecer que lo que dice sale de ella misma, que Steinbeck no tuvo nada que ver en ello. Aunque he de decir que hay momentos en los que quizá le da un toque “niñata” que a mi particularmente me parece que le resta credibilidad.
Y tanto la cuadrilla, formada por Antonio Canal, Josean Bengoetxea, Eduardo Velasco, Alberto Iglesias y Emilio Buale, como el patrón Rafael Martín y el hijo de este Diego Toucedo, forman un reparto muy conseguido, cada uno con su personalidad propia. Me gusta ver que no son personajes planos. Observar que tienen su forma de hacer, sus pequeñas acciones, que aunque no intervengan verbalmente en ese momento, explican historias. Dentro de su “rudeza”, hablo de la cuadrilla, todos tienen el toque de humanidad, de colegas, apropiado para generar ese ambiente de camaradería necesario. Al igual que la hostilidad que exudan tanto el Patrón, como su hijo Curley, devorado por los celos y ese complejo de inferioridad tan grande que quizá sea uno de los detonantes de ese final aplastante.
Tanto para la escenografía de Eduardo Moreno, la música de Arnau Viláy la iluminación de Juanjo Llorens, solo puedo decir elogios y aplaudir la idea. La función transcurre en el bosque y en la granja y las transiciones entre ellas están absolutamente integradas. Me entusiasma la idea de “industrializar” los cambios de escena, con ese ruido ensordecedor de maquinaria, los gritos, el humo, los contraluces… La energía de los actores, haciendo que no sea un tiempo muerto, si no que forme parte de la función, tanto como el propio texto. Tan impactantes como el vertiginoso y angustiante comienzo que ya hace agarrarte a la butaca.
Como digo, no sé que me ha dado esta función que me ha dejado un peso dentro del pecho que se activa cada vez que la recuerdo. Tiene la esencia de esos recuerdos de ciertos momentos pasados que permanecen y que aunque lo recuerdas con cariño, escuecen.
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Festival Mérida Miguel del Arco musicales Personales Portillo Shreck Teatro

Pero… ¿Qué está pasando?

La crisis… Pff, con esas dos palabras parece que la cosa está resuelta. Cuando no sabemos porqué la tendencia de todo es a la baja, la respuesta es la misma… La crisis… Y sí, será eso, no digo que no, pero no puede ser que todo lo dejemos ahí. No es posible que con decir esas dos palabras demos carpetazo a todo lo que nos rodea ¡porque es entonces cuando vienen los buitres y nos comen!

Desde hace varios meses, no hay día que no lea o vea noticias diciendo que algún ayuntamiento ha dejado sin pagar a alguna compañía (Ejemplar es la actitud de Miguel del Arco con esta situación o la denuncia de Blanca Portillo con la gestión del Festival de Mérida del 2011), que compañías de larga trayectoria deban abandonar porque son insolventes, que alguna productora haya dejado sin pagar a todos los trabajadores de alguna obra en cartel (Como es el caso reciente de Theatre Properties y los trabajadores de «Shreck, El Musical» por citar uno…) o que alguna sala esté en la cuerda floja porque le han retirado las ayudas (Como puede ser el caso de Ángel Gutiérrez y el Teatro de Cámara Chejov)…

¿Qué está pasando? ¿No hay alguien que sepa como canalizar todo esto y encontrarle una solución? Al menos sabemos que son los mismos trabajadores los que, aún a riesgo de una caza de brujas en la profesión, se están liando la manta a la cabeza y están revelándose, negándose a actuar si no cobran parte por adelantado, denunciando los «abusos» de los carroñeros que quieren sacar adelante proyectos que ya nacen muertos economicamente hablando o apelando a la solidaridad del espectador… Aunque me temo que no es suficiente, ya que el plantel político se ha dedicado a mirar hacia otro lado, limpiándose el hombro en el que los «titiriteros» intentan apoyarse para no perecer ahogados en la miseria.

Pero lo que me ha llamado mucho la atención y me ha entristecido hasta el punto de querer escribir y sacar mi rabia, es ver como han aprovechado para desprestigiar a todos los trabajadores que se dedican al mundo de la farándula; haciendo ver al resto de la población que son una panda de vagos que solo quieren vivir de fiesta, trabajar un par de horas que dura la función y aprovecharse de las ayudas del estado… ¡Qué pena!

Es cierto que viendo la televisión todo el mundo tiene la misma imagen; la de aquellos que viven de promoción, que viven rodeados de glamour y que ruedan una película al año y con eso ya tienen para poder alcanzar lo que la mayoría de nosotros no llegaremos ni a oler (Afotunados, ¡claro que sí!), pero esos son solo unos pocos… La realidad es bien distinta porque ¿Qué sucede con aquellos que se pasan la vida yendo de un lado a otro negociando un par de bolos mal pagados? ¿Con aquellos que tienen compañías que se chupan mil horas en la carretera?  ¿Los que llegan para montar el escenario en cualquier pueblo, ensayan rapidamente y de mala manera, con condiciones totalmente diferentes a las negociadas? ¿Los que hacen la función ilusionados de haber puesto todo su esfuerzo, tras buscar huecos casi incompatibles con sus «verdaderos» trabajos? ¿Los que viven del pequeño tanto por ciento que se llevan de lo recaudado en la taquilla? ¿Los que después de la función tienen que desmontar a toda prisa y lanzarse de nuevo a la carretera porque no hay dinero para pagar la noche en el pueblo donde actuaron? De esos nadie se acuerda, y esos son precisamente los que sufren los abusos de los que hablo. Los «curritos» de este mundillo. Los que tienen que mirar a la cara a los de los ayuntamientos mientras les dicen que no van a poder cobrar hasta pasado un tiempo… si es que cobran, porque tal y como está la cosa, la administración no puede permitirse ciertos «lujos»… Uff, ¡qué jodido es que te digan que el pan para ti y tu familia para ellos es un lujo! ¿no? Pues eso sucede y mas veces de las que nos imaginamos. Ahora alguno me dirá «Pues que se busquen un trabajo como todos los demás» ¿Por qué? ¿Acaso lo suyo no es trabajo? Es un trabajo como el de cualquiera de nosotros, solo que ellos han decidido que su trabajo y su esfuerzo vaya enfocado a algo que realmente quieren, pero eso no hace menos valorable su esfuerzo… Incluso puedo caer en la demagogia mas pura y decir que ellos han sido mas valientes que el resto, ya que los demás nos hemos «conformado» con lo que nos ha venido cayendo y, sin embargo, ellos han apostado por convertir su sueño en una realidad…

Pero no es eso lo que pretendo, lo que quiero expresar con este artículo es decir que TODOS estamos en el mismo saco y debemos unirnos contra el sistema que nos está asfixiando. Seamos administrativos, camareros, actores, abogados, fontaneros o técnicos de sonido, ¡es lo mismo! No debemos acabar viendo lo que ellos preteden que veamos, que consigan hacernos sentir desunidos, individuales, que nos enfrentemos unos a otros mientras nos muestran que nuestra miseria siempre es peor que la de el que está a nuestro lado y que debemos cargar contra él…

Debemos denunciar todas las injusticias, hacerlas visibles, que no queden impunes por miedo y que sigan permaneciendo en la sombra. Seguro que no somos los únicos que sufrimos esa situación, muchos viven en ese mismo estado de miedo y debemos implicarnos para hacerles ver que estamos unidos y que no pensamos comulgar con lo que nos impongan. Sean del color político del que sean, es lo mismo.

Es triste ver como hemos acabado por caer en el absurdo de creer que lo que se ve en la foto es lo cierto, lo que prevalece; cuando todos sabemos que son mas las sombras que los brillos.. Hagamos un esfuerzo y dejemos que las ilusiones solo sean las que se producen en el escenario cuando veamos esas maravillosas obras de teatro que tanto esfuerzo tienen detrás, pero que después, bajándose de las tablas, la vida sea la real, por la que todos luchamos con un mismo fin, trabajar para vivir. Así de simple.

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Abadía Juicio a una Zorra Machi Miguel del Arco Teatro

Juicio A Una Zorra

Tras su paso por el Festival de Teatro de Mérida de este verano, llegó a la cartelera del Teatro de la Abadía «Juicio a una zorra«, un texto escrito y dirigido por Miguel del Arco para ser interpretado por Carmen Machi. Monólogo en el que La Bella Helena se defiende de la Historia en si, de todos aquellos personajes que la vilipendiaron y ultrajaron y que pasaron a la eternidad como auténticos héroes…Y creo que esto es todo lo que puedo decir de esta función manteniendo cierta sobriedad en mis palabras…

Quedé absolutamente prendado del texto. Enamorado de sus palabras, de su intensidad, de los giros que esconde; de sus subidas y bajadas. Un texto que tan pronto te acaricia y te cosquillea como te abofetea y te fuerza a escuchar todo lo agrio que cuenta. Porque dentro de Helena nos podemos identificar todos, en su injusticia y su sufrimiento, en esa ironía tan dolorida que destila y que baña con copas de vino… Una delicia, ¡lo mires por donde lo mires!
¿Y qué decir de Carmen Machi? ¿Qué puedes añadir cuando te das cuenta que has estado presenciando una lección de teatro y de humanidad tan grande?
No hay palabras para poder definir lo que presencié el 20 de Noviembre pasado en el Teatro de la Abadía. Tener el privilegio de ver como alguien, sin abrir la boca, atrapa al público y le mece de la manera en que lo hace Carmen Machi. 

Es increíble el poder que posee, el respeto que desprende tan solo con su presencia; y es que con tan solo una mirada, todos quedamos prendados de ella, queriendo que nos cuente, que nos haga cómplices de su historia. Si ella dice que es la mas bella, nosotros lo admitimos, si ella dice que es la mas zorra, nosotros la creemos, si ella se permite un guiño, nosotros se lo reímos, si ella quiere que lloremos, lloramos. Como digo, ella manda y nos lleva donde quiera y nosotros obedecemos felices.

¡Qué maravilloso resulta ver a Carmen Machi en escena! Sus gestos, sus maneras, su voz. Hace que uno quiera vivir por siempre encima de un escenario. Verla actuar es pensar que la genialidad es sencilla y que no vas a querer dejar de saborearla. Se desgarra por dentro para dárselo todo al público. No se reserva. Es pura energía controlada, dispuesta para ser lanzada hacía la grada. Y lo mejor de todo es que, cuando finaliza el monólogo, y Helena desaparece para dar paso a Carmen, la actriz… No vemos a Carmen, la actriz; vemos a Carmen, la persona. Con su actitud ves que ella misma está satisfecha de su trabajo, que lo disfruta y que, de alguna manera, no da crédito a que, la emoción acumulada en la sala, haya sido cosa suya… ¡No me digáis que eso no la hace grande! A mi forma de ver la convierte en toda una Dama de la Escena, como hay muy pocas… Os juro que cuando terminó la función lo único que tenía ganas era de saltar al escenario y abrazarla para mostrarle toda la emoción que me había hecho sentir durante la hora que dura el monólogo. Pasado ya un tiempo iba andando por la calle y aún sentía que en mi cuerpo, en mi garganta, en mis tripas, seguía vibrando esa sensación… La de saberme presente en un momento mágico y que permanecerá por mucho tiempo dentro, en lo mas profundo… Lo siento Helena, pero después de esto, tu deseo no se va a poder ver cumplido. No caerás en el olvido.

Poco mas puedo añadir. Sé que no he sido nada analítico, pero es que lo que vi el otro día fue algo mas allá de la piel y para eso, como dije mas arriba, no hay palabras.

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