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Chema León Enrique Morente Federico García Lorca María Guerrero Marcial Álvarez Miguel Narros Silvia Marsó Teatro Yerma

Yerma

Título:
Yerma

Lugar:
Teatro María Guerrero

Autor:
Federico García Lorca

Elenco:
Silvia Marsó (Yerma)
Marcial Álvarez (Juan)
Chema León (Víctor/Máscara Macho)
Eva Marciel (María)
Roser Pujol (Dolores)
María Álvarez (Vieja Pagana)
Rocío Calvo (Cuñada 1)
Asunción Díaz Alcuaz (Cuñada 2)
Teresa Quintero (Lavandera 2 y 3/Mujer)
Mona Martínez (Lavandera 4/Muchacha 2)
Soleá Morente (Lavandera 5/Hembra)
Paloma Montero (Lavandera 6/Muchacha 1)
Emilio Gómez (Hombre 1)
Antonio Escribano (Hombre 2)

Escenografía:                                           Iluminación:                                     Vestuario:
Mónica Boromello                                 Juan Gómez-Cornejo                      Almudena Rodríguez

Coreografía:                                           Música:                                              Dirección:
Marta Gómez                                        Enrique Morente                             Miguel Narros

Han pasado meses desde que escuché que Miguel Narros iba a llevar a las tablas la «Yerma» de Lorca, así que permanecí alerta para no dejarlo pasar. 
Tenía muchas ganas y muchas esperanzas puestas en este montaje.
No voy a venir ahora a descubrir a nadie que tener la oportunidad de ver un texto de Federico García Lorca es algo especial y esencial. Su forma de bailar la realidad con la poesía y la tradición no tienen igual; la riqueza de sentimientos, la forma de plasmar la vida cotidiana, el costumbrismo de los seres que pueblan su imaginario, es algo que todos debemos sentir en la piel. Su forma de contar tiene una mezcla de esa inocencia de la época, con la tragedia y el desgarro del sentimiento en estado puro… pero también es verdad que es complejo saber llevarlo a buen puerto. Creo que es muy complejo saber trasladar ese desgarro y esa pasión sin caer en el exceso o en la ñoñería. 
Lamentándolo mucho, este montaje no consigue hacer justicia a la «Yerma» que Lorca quiso mostrarnos.
Hay un grave problema en el reparto y en la dirección. Hay una descompesación entre los protagonistas y los secundarios tan grande que es imposible salvarla de la quema. 
Pienso que Silvia Marsó, en su opción para interpretar a Yerma, peca de excesiva y forzada. En ningún momento creí en su alegría inicial y mucho menos en su dolor, tristeza y desesperación final; todo me pareció forzado y provocado para llegar a dar un resultado. La sensación que me queda es que su interpretación en absoluto salía de las entrañas, cuando pienso que Yerma es todo entrañas. 
La propuesta de Miguel Narros lleva a la actriz a una sobreactuación constante, con una energía tan excesivamente alta y artificial, que a los pocos minutos de función llega a exasperar… Supongo que al haber situado a Silvia Marsó tan arriba hace que Marcial Álvarez y Chema León queden grises en sus interpretaciones…
Punto y a parte son las intervenciones de los personajes secundarios que elevaban el nivel de interés de la obra. Creo que las escenas corales salvan este montaje del desastre y logran un tono costumbrista que al menos a mi no me defraudó. Dan una atmósfera mucho mas propicia para lo que estamos viendo que las escenas mas íntimas del personaje central. 
Todas las actrices están correctas y estoy convencido que hubieran brillado mas en otras circunstancias. Como sucede con Eva Marciel, María Álvarez y Roser Pujol, que en el momento que las dejan saben cómo hacer para ganar nuestra atención. 
Un apunte personal; una verdadera lástima no poder disfrutar  mas de Rocío Calvo, después de verla en Iván-Off creo que está totalmente desaprovechada en esta función.
La escenografía de Mónica Boromello, llena de simbología, nos promete paso a esas entrañas de Yerma de las que hablaba mas arriba. Los contrastes entre la fertilidad del agua y la aridez de la tierra está permanentemente presente y muy bien reflejados, sirviendo para el buen transcurrir de los cuadros, aunque confieso que la artificiosidad de las texturas empleadas para crear los elementos de la escenografía, no me llegaron a convencer… Le daban un aire de irrealidad que no se si era lo mas acertado para un texto tan terrenal; quizá la misma idea con unos materiales mas naturales hubieran funcionado mejor… Cuestión de gustos.
Si me quedo con algo de este montaje, a parte de las escenas corales ya mencionadas, sería con la música de Enrique Morente, sencillamente preciosa y llena de sentimiento y tradición. La verdad que me gustaría recuperarla para disfrutarla mas allá de esta función.
Un montaje fallido y aburrido que me hacen esperar con ganas el volver a ver este personaje sobre las tablas y sacarme este sabor amargo con el que me he quedado.

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Alberto Castrillo-Ferrer Alfil Boris Vian Cabaré de Caricia y Puntapié Carmen Barantes Jorge Usón Teatro

Cabaré de Caricia y Puntapié

Título:
Cabaré de Caricia y Puntapié

Lugar:
Teatro Alfil

Elenco:
Carmen Barrantes (Doris)
Jorge Usón (Boris)

Vestuario:
Marie-Laure Bénard

Coreógrafa:
Blanca Carvajal

Diseño Luces:
Carlos Samaniego   

Escenografía:
Manolo Pellicer

Autor canciones:               Arreglos musicales:                Traducción y direccíon:                      
Boris Vian                        Miguel Ángel Remiro          Alberto Castrillo-Ferrer

Es una sensación extraña esta de acudir a las salas sin saber muy bien a lo que te vas a enfrentar… Bueno, lo de «enfrentar» no suena del todo bien, creo que no se ajusta a la actitud que suelo llevar cuando acudo al teatro; casi mejor podría utilizar el término «compartir», le viene mucho mejor. El caso es que es muy interesante lo de dejarse llevar e ir desgranando lentamente el espectáculo, tratando de encontrarle el sabor que te están ofreciendo.
Si echáis un vistazo a las funciones que he ido viendo desde que comenzamos el año, la intensidad de (prácticamente) todas ellas es abrumadora, con lo que encontrar un remanso de risas y entretenimiento por el camino, es de agradecer.
Desconocía por completo la obra de Boris Vian, no sabía de su trayectoria ni de sus creaciones, y el pasado Jueves quedé encantado de que la compañía «El Gato Negro» me lo diera a conocer de esta manera. Acudí al Teatro Alfil sabiendo únicamente que el espectáculo había ganado el Max al Mejor Espectáculo Musical del 2010 y que tenía un tono cabaretero, pero por lo demás… nada de nada…
Confieso que al comienzo estaba un poco confundido, casi me sentía perdido, todo en la función iba por buen camino. Una presentación de personajes, un «tiento» para que se sepa el tipo de espectáculo que se nos ofrece y los primeros chistes… Como digo, todo en orden, pero a mi me daba la sensación, por la reacción del público, que algo se me estaba escapando… Creo que fue a causa del frenesí en el que se encontraba la sala ya antes de comenzar la función. Estoy encantado de ser invitado a los estrenos y poder ver casi en primicia los espectáculos, pero no considero que ese sea el público que de un punto de vista «real» a lo que se va a ver, parece que siempre peca de exceso, para bien o para mal, pero bueno, para eso ya estamos cada uno, para saber abstraernos y formarnos nuestra propia idea sin dejarnos llevar por la reacción del resto. Eso sí, viendo el entusiasmo de todo el mundo, uno se podía hacer una idea de que el espectáculo ya venía precedido de una buena cantidad de gente que lo apoya.
Una supuesta conferencia sirve como excusa para que Alberto Castrillo-Ferrer, director del espectáculo, nos ofrezca algo mas de una docena de personajes interpretados por tan solo dos actores. Jorge Usón y Carmen Barrantes. Personajes disparatados, caricaturescos, tiernos, inocentes, algo truculentos, casposos, violentos, pero sumamente atractivos. Un montaje lleno de un ritmo frenético y aparentemente desordenado, que está montado con muchísima inteligencia y buen gusto. Las canciones de Vian han sido traducidas y adaptadas al espectáculo por Miguel Ángel Remiro y el propio director, acercándonos al público de a pie la obra de este autor francés que retrató al ser humano con sus gracias y sus miserias, dentro de un caótico cabaret que te engulle desde el mismo comienzo.
«Cabaré de Caricia y Puntapié» está cargado de muchísimo humor y de muy mala leche; en muchos momentos me llegaron a recordar a esos espectáculos de marionetas donde los personajes entran y salen a un ritmo endiablado, que se golpean unos a otros, se insultan, se maltratan y, sin embargo, hacen las delicias de los niños, solo que ahora estos mismos personajes estrambóticos plantean situaciones adultas y mucho mas crudas, pero siguiendo con ese código que supongo, nuestro subconsciente identifica y hace que nos carcajeemos sin remedio y sin importarnos si es políticamente correcto o no… ¡incluso deseando que no lo sea!

El punto fuerte del espectáculo es el trabajo de los dos actores. Jorge Usón y Carmen Barrantes que son puro exceso y ternura. Realizan un tour de force que te deja exhausto tan solo de contemplarlo. Un trabajo enorme, lleno de personalidad y de ganas, tan bien calculado que hasta quedan perfectos dentro de este universo de cartón, pluma y bombillas que es su cabaret. Son tan divertidos y se ofrecen con tanta valentía que es imposible no querer quedarse mas tiempo con ellos.
Desde luego que lo recomiendo a todo aquel que quiera carcajadas a ritmo de bofetadas. Y porque ahora que han conseguido programar en Madrid, que a veces ni nos planteamos lo difícil que es esto, ¡merecen que vayamos a visitar su cabaret!
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Cuando fuimos dos David Tortosa Entrevistas Felipe Andrés Fernando J. López Quino Falero Teatro

Cuando Fuimos Dos – Entrevista a Felipe Andrés y David Tortosa.

El pasado viernes tuve el privilegio de asistir al estreno de «Cuando Fuimos Dos»de Fernando J. López en El Sol de York, y ayer Felipe Andrés y a David Tortosa, los dos actores que encarnan a Eloy y a César en esta versión dirigida por Quino Falero, se vinieron a tomar un café con En Un Entreacto y acompañarlo con una entretenidísima charla sobre la función y sus personajes, sobre la forma de trabajar, sobre el nuevo enfoque que se le ha dado al montaje y, además, poder intercambiar opiniones sobre los entresijos de la producción. La verdad que fue una de esas tardes que apetece que se alarguen.
No hizo falta casi ni preguntarles. Aquí os dejo la charla que tuvimos, se nota que están agusto y contentos con el resultado:

EN UN ENTREACTO: Para los que aún no conozcan “Cuando Fuímos Dos”, ¿Qué es lo que cuenta la obra?

FELIPE ANDRÉS: Es una historia de amor de dos pesonas, César y Eloy, que se aman profundamente, pero que tienen ciertas dificultades para que ese amor llegue a buen puerto. Los dos tienen muy claro que tienen sentimientos el uno hacia el otro, pero no pueden evitar tener celos, tener inseguridad, tener miedos… es una historia muy reconocible, que a cualquiera nos puede pasar, ¡que nos pasa! y que es muy fácil identificarte porque son sentimientos universales.
DAVID TORTOSA: Cualquier persona que tenga pareja o que la haya tenido en algún momento, reconoce cosas en la obra cosas vividas. Y es que se habla de cosas muy cotidianas en la pareja.

F.A.: Sí, la obra retrata momentos muy felices de la pareja, momentos donde hay una tranquilidad, una ternura, una emoción y luego momentos donde se ven los conflictos, donde se ven que son dos personas muy diferentes, que tienen sentimientos comunes, pero que son tan diferentes que chocan constantemente. Pero es lo bueno, que la gente se siente identificada… Unas veces con Eloy, otras con César… Es lo bueno que tiene esta obra, que retrata muy bien la vida de una pareja.
E.U.E.: A mi una de las cosas que me ha gustado de la función es que no se lleva todo a la comedia o no se lleva todo al dramón, si no que es realmente la vida de una pareja lo que se ve. Donde en algún momento hay algo cómico, relajado, mas tranquilo y hay otros momentos mas intensos, y yo creo que eso es lo que ayuda al espectador a identificarse con lo que quiere contar “Cuando Fuimos Dos”.

D.T.: Claro, porque la vida es así. La vida está llena de momentos buenos, o momentos en los que una risa se quiebra con un lloro. Lo bonito es que nosotros estamos haciendo  escenas donde los personajes sufren muchísimo, pero provoca la carcajada en el público y es porque el público se reconoce en lo que está viendo. Se sufre y se ríe cuando se ama. Cuando tú lo estás viviendo dentro, como lo hacen los personajes, a la gente no le resulta cómico, pero cuando la gente lo ve, pues sí. La cosa es tremenda, porque uno piensa “¿Pero cómo no se dan cuenta? ¡Como sigan por ese camino lo pueden estropear todo!” y es que es muy fácil ver los toros desde la barrera.


E.U.E.: “Cuando Fuimos Dos” ya tuvo otra etapa diferente en el 2012, ¿cómo surgió la idea de retomar el montaje? Cuando terminasteis con aquella etapa ¿Ya había idea de retomar?

F.A.: Bueno, aquella etapa sencillamente terminó, y desde mi productora “CriaCuervos” conseguí los derechos de la función y decidí hacer una producción como yo creía que se merecía el texto de Fernando J. López.

E.U.E.: ¿Cómo llegaron Quino Falero y David Tortosa al proyecto?

F.A.: Rocio Vidal y yo, que somos los productores, hablamos con Quino Falero, porque tenemos conocidos comunes que han trabajado con él y que me dijeron que Quino era maravilloso dirigiendo actores y porque además creo hizo con “El Manual de la Buena Esposa” una maravilla. Así que contacté con él; y al mismo tiempo que contacté con Quino, lo hice con David que es un actor que siempre me ha gustado y que pienso reúne las cualidades para el personaje de César. Daba la casualidad que termina el musical de “Mas de 100 Mentiras” y que Quino tenía cuatro semanas antes de irse a dirigir otro proyecto, nos juntamos estas cuatro semanas y así ha surgido todo.
Quino Falero, Fernando J. López, Rocio Vidal, David Tortosa y Felipe Andrés

E.U.E.: Han debido ser cuatro semanas de locura, de ir a por todas y sin descanso, ¿no?
D.T.: Tenía que ser así, cuando me lo plantearon, ya me comentaron que ya había fechas en El Sol de York, entonces sabíamos que iba a ser un mes de trabajo muy duro. Recuerdo que Felipe me decía: “Hombre, aún no acabas de terminar el musical, y no sé si te apetece meterte tan rápido en otro montaje…” pero reconozco que estas cosas me encantan, el ir empalmando historias… Ya estoy acabando una cosa y, de repente, ya estoy metiéndome en otra… ¡Me emociona muchísimo! y mas con un personaje tan diferente como César. Porque en cierta manera se puede parecer un poco a los personajes de “Mas de 100 Mentiras”, pero era otra historia; partiendo de la base que esto es texto y el otro montaje era musical, pero este es un trabajo con un texto tan bonito como “Cuando Fuimos Dos”, que a mi me gustó tanto cuando lo vi, lo disfruté tanto, que dije que sí sin pensarlo. Me puso tantas facilidades, que no pude negarme y ¡entré directamente a matar!
F.A.: Además que fue un trabajo extra para David por el tema de estudiarse el texto, porque yo por lo menos tenía el texto aprendido…

E.U.E.: Sí, pero tú has encarnado a Eloy en las dos versiones ¿cómo hace uno para dar un toque diferente a un personaje ya visitado?

F.A.: Quino me pidió que dejara a un lado el trabajo que había hecho y recuerdo que después de la primera lectura me dijo “Tú tienes el doble de trabajo que David, porque tienes que olvidar lo hecho y aprender lo nuevo” pero trabajarlo con Quino como director, que es muy concreto y muy preciso, ha hecho que vaya por un camino muy claro … Y luego el trabajo con David, ¡con el que se ha creado una relación de pareja en dos días!

D.T.: ¡Literalmente!
F.A.: A Quino le gusta trabajar haciendo ejercicios para crear equipo y generar comodidad y lo logramos en dos días.

D.T.: Hay muchos directores y mucha gente a la que le gusta trabajar haciendo mucho análisis de texto, mucho trabajo de mesa, y con un buen trabajo de mesa es cierto que salen cosas, y se avanza mucho, pero en este caso no hicimos apenas trabajo de mesa, vinimos con nuestro trabajo de casa, e hicimos un trabajo de fondo, a base de improvisaciones, donde había que hablar, jugar, explicar y así vimos el pasado de uno y de otro, de cómo se conocieron, con esas improvisaciones; y cómo nos teníamos que adaptar a lo que decía el otro, sin tirar nada para atrás. Si él decía que nos conocimos en “tal sitio”, yo asumía que nos conocimos donde él decía, y creamos la historia a base de juego. Fue maravilloso porque, al trabajar, yo visualizaba momentos que habíamos hablado. Y a la hora de la pelea, de discutir, a mi me servían mucho esas imágenes. Es una forma de trabajar maravillosa. Es la que yo utilizaría si en algún momento decidiera dirigir.

F.A.: Es que te sitúa en la situación de una manera inmediata. No es una cosa tan intelectual, es algo mas orgánico, que ha provocado que surja una química trabajando y una historia en muy poco tiempo. Recuerdo que hicimos un ejercicio en el que los personajes tenían que hacerse un regalo entre ellos, y resultó que, sin haberlo acordado, el regalo que teníamos el uno para el otro estaba muy relacionado.

D.T.: Recuerdo que en otro momento dije que a César le hubiera encantado que Eloy le hubiera llevado a Nueva York, y esto a Felipe se le quedó y en el ejercicio de los regalos, recuerdo que le llevé una cajita de música que cuando la abrías sonaba la melodía de “New York, New York”; y él me hizo una “gincana”, bueno de hecho hay una cosa que utilizamos en escena, que el público no lo sabe, pero en esa caja que utilizo al final, hay muchas cosas dentro, y entre esas cosas hay un puzzle, ese puzzle me lo hizo él y en la parte de atrás de las piezas me escribió una poesía muy bonita que me llevaba a un sobre, ese sobre me llevaba a otro donde había ¡dos billetes a Nueva York! ¡Fue increíble! Él me dio el regalo primero y se me quedó una cara… y le dije “Ahora te tengo que dar yo mi regalo… Lo vas a flipar” y cuando le di la cajita y comenzó a sonar “New York, New York”… ¡fue un momento mágico! Fue el momento en el que me di cuenta de lo grande que era esto, por la conexión que se había creado en tres días. Al comienzo me daba miedo que, o bien por él o bien por mi, no hubiera feeling, porque si no lo había… ¡Apaga y vámonos! Pero en ese momento me di cuenta que lo había y que Felipe es como yo. Yo soy muy Kamikaze y me lanzo sin censuras y si te toco, te toco, pero si me dices que trate de no hacerlo o pones limitaciones, lo respeto, pero ya se crea una barrera que impide que surjan cosas. En este caso eso no ha existido.

F.A.: Para creer que se ha creado una relación de pareja como esta, no se pueden tener prejuicios que te limiten porque si no, no es real. Estamos hablando de unas personas que se han amado durante años, que se han amado y que se aman profundamente, para darle la carne que necesita el espectáculo, porque si esta función no tiene carne, carne de emociones y, como dice David, de físico, no se entiende.
E.U.E.: Si no fuera así, no traspasaría como tiene que traspasar al espectador.
F.A.: Claro, no traspasa. Y he encontrado un compañero en David, para esta función, bestial; porque hay una conexión y un entendimiento total. Con él puedes estar tranquilo y centrarte en la historia con tan solo mirar a los ojos al compañero.

D.T.: Fíjate que a mi, cuando tenemos esos momentos tan intensos en escena, de violencia que el personaje levanta la mano pensando “Te estamparía la cara”, esos momentos tan físicos; momentos que en mi mismo no reconozco, porque no soy así, pero si es verdad que trabajando el personaje de César salen, me siento tranquilo sabiendo que quien está ahí es Felipe. Hay una escena que le digo “Cojonudo, Eloy, cojonudo…”, siempre se lo decía de boquilla y hubo un día que me acerqué a él haciéndole un gesto de levantarle la mano y se creó un momento realmente tenso y cuando terminamos de ensayar yo le dije “No sé lo que va a pasar ahí…” Me vino algo muy fuerte, pero que funcionó y ahí se quedó.

F.A.: Es que cuando sale un impulso orgánico del personaje, no puedes reprimirlo. Cuando es algo que está dentro de lo que está pasando, de una manera totalmente visceral… Hombre, él es profesional y sabe controlar y sé que no me va a dar un guantazo que me rompa la cara, pero todos esos impulsos son los que dan la magia y la credibilidad.
E.U.E.: Sentado en el patio de butacas, viendo la función, siempre tienes un momento de incertidumbre hasta que entras en el código que se te ofrece como espectador. Estás como en tensión hasta que entiendes el lenguaje que se está proponiendo y de repente viendo la naturalidad que dais en escena, provoca que el público se relaje y sienta la verdad que ofrecéis. No hay acciones que rechinen o que estén injustificadas y eso hace que todo fluya de una manera impresionante.

F.A.: Tanto Quino como director, como nosotros los actores, procuramos trabajar desde la mayor sinceridad y comodidad y desde la honestidad de estar contando algo que es muy personal, pero intentando convencer a los espectadores de cómo fue y porqué pasó lo que pasó. Eso es lo bonito, recibir los comentarios de la gente diciendo “Pero es que estáis tan creíbles…”
E.U.E.: Sí, es que en ningún momento sientes la incomodidad de ver algo forzado, es como que todo va por donde tiene que ir…
F.P.: Sale todo fluido. Esto no pasa siempre, pero es que en un montaje de 21 días de ensayos, que se consiga esto y que tanto el trabajo de Quino, como el nuestro, como las luces, la música, el vestuario… todo vaya con esa fluidez, es maravilloso. Recuerdo el primer día que hicimos un pase con música, fue un empujón hacia adelante impresionante.

D.T.: Nos situó en otro lugar. Fue brutal porque las músicas están tan bien metidas que la sensación que tuve ese primer día fue como que la producción subía un peldaño mas. Si uno ya tenía la sensación de que el trabajo estaba marchando, ese día, con la música y las luces ya salí pensando que este montaje adquiría otra dimensión. Y es que los elementos escénicos elevan muchísimo la calidad del espectáculo… ¡A pesar de que en cada función me cargue unas cuantas cajas de la escenografía! Jajajaja

F.A.: Jajajaja ¡David en cada función se pone mas violento! Jajajaja Pero es que ese comportamiento de David genera una energía tremenda.

D.T.: Eso salió un día ensayando, Quino me dijo “Me da la sensación de que tu rabia la puedes exteriorizar mas” y estaba tan cargado en ese momento, que cuando me dijo eso, cuando me dio la posibilidad de descargar mas esa rabia, no con mi compañero obviamente, pero si con otro elemento, ¡a mi me dio la vida! porque se convirtió en un momento de escape. Quino me decía “Yo no quiero que todo esté en escena tan ordenadito, ¡yo quiero que haya un caos! Es una mudanza y todo está lleno de cajas. Y qué mejor momento que ese para que el espacio se destroce”

F.A.: Eso es lo bueno de Quino, que ve el impulso natural del actor, y en este caso había un impulso en David que debía salir, ese impulso real de hacer algo Quino lo supo ver y como todo lo que monta, lo monta en favor del actor, vio esto y convirtió esa reacción natural del actor en algo artístico.
D.T.: ¡Y cómo queda eso! Porque ese momento es… se crea un silencio en la gente … No se oye ni un murmullo.
E.U.E.: Es que es un momento que impacta, el ver un momento de violencia tan evidente, porque en ningún momento está siendo tan evidente y que de pronto surja un golpe así…

F.A.: Y que además ese momento genera una atmósfera y una tensión… Es una montaña rusa porque a los segundos estamos casi desmoronados y fundiéndose en un abrazo…
D.T.: ¡Como la vida misma! Cuántas veces hemos discutido con nuestras parejas y hemos liado la “marimorena” y al momento por cualquier cosa te has abrazado y has acabado llorando… por eso creo que gusta tanto esta obra, porque te sientes muy identificado
E.U.E.: ¿Creéis que sea posible que el hecho de que se hable de una pareja gay genere una barrera con cierto público?

F.A.: Yo creo que no, la única barrera es la barrera mental que tenga la gente al planteárselo, pero no. Viene público de todo tipo y a todos les encanta la obra. En la obra no hay ninguna justificación para que sean gays. Son dos personas que se aman y ya está. Que sean chicos o chico – chica o dos chicas da igual. La historia llega a todo el mundo.
E.U.E.: Incluso los propios personajes se mofan un poco de los estereotipos gays, ¿no?
F.A.: ¡Claro! Mira, yo no he visto una obra escrita por ningún dramaturgo español que trate con total naturalidad y sin justificación alguna lo que es una historia de amor entre dos hombres. Porque o se hacen en plan coña usando los tópicos o se hacen desde lo tremendo, como dice el personaje de Eloy “Desde lo tremendo, desde los traumas…” No, aquí se trata desde la absoluta normalidad de una pareja de dos hombres; pero no, no es habitual ver una obra así…

E.U.E.: En este nuevo montaje, Fernando aparte de, evidentemente, ser el autor y firmar el texto ¿Ha tenido algo que ver?

F.A.: No, esta vez de hecho hemos respetado mas su texto que en su propio montaje. Quino insistió mucho en que el texto fuera tal cual, respetando la última versión, no la que está publicada, si no la última que escribió Fernando para la anterior producción. En la anterior versión había muchísimo texto añadido por nosotros; sin embargo ahora se respeta el texto tal cual, el ritmo… funciona mucho mas. Además yo le decía a Quino “Oye, y si aquí decimos…” y él siempre me decía “¡No! Lo que ha escrito Fernando, no añadas” Pero con respecto a la producción, no ha sido parte directa, pero nos ha brindado toda la colaboración del mundo. Ha tenido fe en nuestra producción y ha cedido todo con toda la generosidad del mundo. Confianza ciega, en nosotros, en David, en Quino…

D.A.: Además es maravilloso verle lo entusiasmado que está. Es increíble porque ¡nos hace mas publicidad que nosotros mismos! Cada día Fernando publica algo sobre nosotros, cuelga algo en internet…
F.A.: Creo que Fernando se merecía que su texto tuviera una producción como la de ahora. No quiero decir que la anterior fuera mala ni mucho menos, pero creo que se merecía algo como lo que se está haciendo ahora.

E.U.E.: ¿Cómo se lleva eso de actuar en tu propia producción?

F.A.: A veces se lleva muy bien porque tú tienes la capacidad de decidir sobre todo, por ejemplo puedo llamar a David y él generosamente decide. Yo digo que Rocio y yo hemos generado el proyecto, pero realmente es tanto nuestro como de David, como de Quino y de todo el que ha trabajado en él. Entonces es mucho trabajo y a veces es un poco agotador, porque llegas al ensayo cansado, estás estresado, no puedes dormir bien por las noches de tantas cosas que tienes en la cabeza, pero bueno, también puedes elegir muchísimas cosas y decidir cómo enfocar el proyecto, la promoción, con qué tipo de gente contar; esa es mi recompensa. Ahora, me lleva muchos días en los que no puedo dormir en condiciones, ¡qué voy a hacer! A veces también prefiero estar contratado. Pero bueno, está bien poder compaginar el estar contratado como estuve el año pasado en La Guindalera o en la compañía de Ainhoa Amestoy y otras poder trabajar con mi propia compañía y que me puedo permitir hacer los papeles que hago.

E.U.E.: Y tú, David, ¿qué tal sienta eso de ir encadenando personaje tras personaje y tan diferentes unos con otros?
D.T.: ¡Se lleva muy bien! No hay nada que mas me guste que no encasillarme.

E.U.E.: ¡Y además en diferentes géneros!

D.T.: Fíjate que con los musicales, que fue algo que apareció de repente en mi vida y que unos me llevaron a otros… “Cómplices” me llevó al “Tick Tick Boom!” que apareció al poco y este me llevó a “Mas de 100 Mentiras”… Yo quería hacer musicales porque era una de mis ilusiones desde pequeñito y, cuando ya hice uno dije “Bueno, ya he hecho uno, ya está”, pero el trabajo llama al trabajo, pero también tenía ganas de meterme en algo de texto y por eso disfrute mucho “¿A quién te llevarías a una isla desierta?” porque estaba deseando meterme en un personaje así y que no tuviera que ponerme a cantar en algún momento y “Cuando Fuímos Dos” justo acababa con el musical de Sabina, después de 6 meses cantando todos los días y pasar a solo tener que hablar… Bueno “solo tener que hablar” es un decir porque ¡madre mía! la de cosas que se dicen aquí… ¡Casi es mejor ponerse a cantar! Jajajaja No, en serio, es maravilloso poder hacer tantas cosas y poder hacer tantos personajes diferentes. No he vivido eso de encasillarme en algo y espero no tener que hacerlo… y si me toca y me encasillo, pues maravilloso también ¡porque será trabajo!. Me encantó el reto de “Cuando Fuimos Dos” porque quizá yo me vea un poco como Eloy y, sin embargo, me ha tocado ser César y me encanta poder aceptar este reto.

E.U.E.: Ahora que dices el identificarte con uno de los personajes. Cuántas veces se habrá acercado la gente a deciros que se han identificado con uno o con otro, ¿no?
D.T.: Nosotros ya nos lo tomamos a risa, cuando se acerca alguien y me dice “Pues me identifico mas contigo” voy a Felipe y le digo “Ey, ¡que se identifican mas conmigo!” jajajaja

F.A.:  A mi hay veces que ya hasta me molesta porque no se refieren al personaje diciendo “Es que Eloy es muy pesado” No, vienen y me dicen “Es que eres muy pesado” jajajaja y yo les digo “¡Que yo no soy Eloy! Que yo no soy así” jajajaja Aunque si es cierto que tengo muchas cosas de Eloy y ¡por eso me sienta mal! Jajajaja

E.U.E.: ¿Qué es lo que mas cuesta de esta función?

F.A.: Creo que una de las cosas que mas cuestan de esta función son las transiciones.  El encajar momentos de euforia con la aparente tranquilidad para hablar en público. Son una de las cosas que mas nos costó. A mi, por ejemplo, en una escena en la que veníamos de un estado muy duro, de una discusión muy fuerte, me dice el director  “Tienes que templar los nervios en 20 segundos, porque tienes que hablar al público no con el odio de la escena anterior si no con la cotidianidad con la que te dirigiste antes al público” Es una de esas cosas que Quino insistió en que sintiéramos y disfrutáramos, su pauta siempre era “No aceleréis. No vayáis de un sitio a otro rápido, disfrutadlo”  Y es que mientras nosotros los disfrutamos, el espectador igualmente los disfruta con nosotros y hay que darle tiempo para que ellos también vayan transitando por esta montaña rusa. Para nosotros como actores, estas transiciones son un ejercicio precioso y es un regalo poder hacer tantos cambios en una función. El que la función no sea lineal, actoralmente, te exige que hagas verdaderos saltos mortales.
E.U.E.: ¿Qué diríais que tiene esta nueva versión de “Cuando Fuimos Dos” para que vayan a veros y para los que ya vieron el anterior montaje, repitan?

F.A.: A la gente que vio el montaje anterior decirles que si les gustó el texto que vuelvan porque es un montaje nuevo; que vengan a ver el texto de Fernando J. López, pero con una propuesta totalmente diferente, con una dirección diferentes, con unas elecciones de interpretación que no tienen nada que ver y que les va a enriquecer muchísimo el recuerdo de la anterior función. Y los que no la han visto que vengan porque se van a sentir identificados, se van a reir, se van a emocionar, se van a sentir metidos en una historia de una manera directa. Les va a tocar.

D.T.: Yo creo que vamos a llevar al público por la misma montaña rusa por la que transitamos nosotros. Que vengan a verla porque no solo somos dos, esta historia es de todos, de hecho ya nos han dicho en mas de una ocasión que la gente tiene ganas de volver,e incluso alguno me ha escrito y me ha dicho que se había marchado revuelto, que no conseguía descansar por estar toda la noche dándole vueltas a la historia. Es una obra de teatro que no acaba cuando te marchas, no es la típica función que consumes y te vas, aquí sales masticando cosas y genera debate.

Así que ya sabéis, si aún no habéis ido a ver esta función, no lo dudéis. Merece mucho la pena ver esta trabajo tan bien hecho y que llega tanto. Podréis hacerlo hasta el 2 de Marzo, los Jueves, Viernes y Sábados a las 22,30h en El Sol de York. (La última foto es un flyer que podéis descargaros e imprimir para que os salgan mas baratas las entradas, así no tenéis excusa para ir a ver la función)
Ya solo me queda darles las gracias por su tiempo y la inmensa amabilidad con la que se prestaron a charlar conmigo. Para mi, como amante al teatro, es un auténtico placer poder escuchar de primera mano todas las cosas que han compartido conmigo y conocer un poco mas de cerca a dos profesionales que espero podamos seguir disfrutando en la cartelera con trabajos tan interesantes como este. 
¡Gracias, Felipe! ¡Gracias, David! ¡Gracias de todo corazón!
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Beatriz Rico Juanjo Múgica Mejor Viuda Que Mal Casada Salomón Teatro Teatro Arenal

Mejor Viuda Que Mal Casada

Título:
Mejor viuda que mal casada

Lugar:
Teatro Arenal

Idea Original:
Juanjo Múgica

Autor:
Beatriz Rico y Salomón

Elenco:
Beatriz Rico (Patricia)

Coreografía:
José Villalba

Dirección Musical:
Paco Zarate

Dirección:
Juanjo Múgica

Uno siente la necesidad de despejar la mente de «Teatrófago» que tiene y relajarse con montajes menos sesudos o comprometidos y buscar el mero entretenimiento, que nunca está de mas. Tenía ganas de echarme unas risas y pasar un buen rato, y hace unas semanas acudí al Teatro Arenal, invitado por un amigo, para ver “Mejor Viuda que Mal Casada”, el espectáculo que está haciendo allí Beatriz Rico
Un espectáculo unipersonal en el que la actriz nos cuenta en primera persona la vida de Patricia que tras una infancia difícil como “patito feo” y rechazada por todos, se convierte en una auténtica “Viuda Negra”, que se tomará la justicia por su mano, motivo que le sirve como excusa para realizar un recorrido humorístico por los tópicos masculinos y reírse de las relaciones de pareja.
El texto está escrito conjuntamente por la propia Beatriz Rico y Salomón y dirigido por Juanjo Múgica. Según comenta la propia Beatriz en el espectáculo, parte del origen del show viene de todas las anécdotas que le han ido pasando a lo largo de su vida amorosa, convenientemente maquilladas para llevarlas al extremo de la exageración y no molestar a nadie y que Gabino Diego, amigo íntimo de la actriz, le animó a llevar a los escenarios.
Ya digo que simplemente me apetecía pasar un buen momento, pero la cosa no pintó como esperaba. Viendo el show tuve la sensación de estar contemplando lo que podría ser un bosquejo de lo que debería llegar a ser este espectáculo cómico; lo vi excesivamente verde para el tiempo que lleva siendo representado.
El texto me pareció que flojeaba bastante, se caía en la repetición cansina de algunas guiños que pretendían ser nexo de unión entre las idas y venidas de la historia y convertirse en cierto código de «colegueo» con el espectador, pero que no llegaba a funcionar. Los números musicales me parecieron poco elaborados, incluso me sobraron a pesar de que la idea era la de crear un espectáculo inspirado en el cabaret. Algunos chistes caían en lo burdo y en lo facilón, y esto quizá en otro actor con otro estilo de interpretación, puede resultar efectivo, pero en ella no encajaba; tal fue la cosa, que comenzó a crearse una atmósfera incómoda con el público, se veía que la actriz hacía lo imposible por conseguir arrancar alguna risa a los que allí estábamos y que ella misma se estaba angustiando al no ver resultado… y lo siento, pero cuando pasan estas cosas, me pongo en la piel del actor que está pasando por ese momento tan horroroso y sufro muchísimo. Pienso en los millones de cosas que se le están pasando por la cabeza, lo que debe ser rebuscar en los recursos que tiene en la recámara para salir lo antes posible de ese atolladero y, no puedo evitarlo (tampoco quiero), pero acabo por empatizar con el artista… Y sí, finalmente el público y la actriz nos relajamos y, aunque costó, nos dejamos llevar y nos entretuvimos. Aunque ese mal rato… pero bueno de eso uno también se nutre y se enriquece.

Quiero pensar que no fue un día afortunado y que debido a que ella se encontraba constipada, no pudo estar al 100%, pero aún así, dejando el rendimiento de la actriz a un lado (todos somos humanos), creo que el espectáculo está forzado y desmadejado; se quieren conseguir resultados que no encuentran un lenguaje apropiado en los gags, ni una línea coherente por la que llevar el espectáculo a buen puerto.
Pero no voy a dejar esta crónica en algo tan aparentemente negativo. Hubo algo que me gustó mucho en Beatriz Rico y que si hubiera ido el espectáculo encaminado por ese lado, estoy convencido que hubiera funcionado mucho mejor. En un momento dado ella corta el espectáculo para hablarnos desde ella misma, desde la propia Beatriz, dejando los ticks, las gracietas y mostrar un lado mas humano que me llamó la atención y que, de alguna manera, me emocionó. Noté una sinceridad que me gustó mucho y que hizo que, desde ese momento, me sintiera atraído por lo que quería contar; de hecho cuando retomó la historia, me divertí y la cogí con mas ganas; lástima que fuera casi al final del espectáculo porque en ese momento se nota que es cuando da con la clave de lo que realmente le funciona en escena.
Es cierto que esto es únicamente mi apreciación, porque la gente con la que fui, si bien les pareció que el espectáculo aprobaba con un suficiente raspado, se divirtieron y pasaron un buen rato, que al fin y al cabo es de eso de lo que se trata.
Categorías
Dani Gara Danza DT Espacio Escénico Gustavo del Río Jonathan Fernández Juan Caballero Nicolas Gaude Pedro Martín Silenciados SUDHUM Teatro

Silenciados

Título:
Silenciados

Lugar:
DT Espacio Escénico

Autor:
Gustavo del Río

Elenco:
Juan Caballero (Prisionero 1895)
Pedro Martín (Octavio Acuña)
Dani Gara (Jesús Prieto)
Jonathan Fernández (Paulina)
Nicolás Gaude (Mateo Rodríguez)

Vestuario:
Reyes Eguilor

Diseño Iluminación:
Gustavo del Río y Daniel Ruíz

Dirección:
Gustavo del Río

Hablar de «Silenciados» como una función de teatro o calificarla como un espectáculo de danza es quedarse corto, es quedarse con un solo fragmento de lo enorme de su contenido. Creo que «Silenciados» es una expresión en si mismo, un grito, un toque de atención, una mirada, casi un ente que se mueve y respira de forma autónoma, sin atender a géneros, etiquetas o lenguajes. Es un espectáculo que nace para ser sentido, respirado, para que duela…
Uno entra en la sala y no sabe muy bien lo que se va a encontrar, conoce la temática, ha oído hablar, pero no se hace una idea clara de lo que estos 5 artistas están por ofrecer. Y es así como verdaderamente se vive «Silenciados».
Sin contar mucho, porque espero que siga teniendo mucha mas vida de la que ya ha tenido a lo largo de estos seis años de andadura; puedo decir que «Silenciados» nos habla de la represión que han vivido algunos seres humanos por el mero hecho de intentar vivir su sexualidad con la misma naturalidad con la que la vive cualquier persona. Un duro paseo por diferentes épocas y lugares donde siempre ha habido personas que por desgracia han sido víctimas del desconocimiento y del miedo.
Un montaje ideado por Gustavo del Río, para Sundhum Teatro, lleno de belleza, de plasticidad; donde se nota el compromiso de la compañía y las ganas de abrir una brecha por la que asomarse y descubrir como parece que nuestra naturaleza tiende a intentar destruir todo aquello que no comprende.
Este es de esos pocos montajes que yo recomendaría ser visto por todo el mundo al menos una vez; que todos acudieran a verlo y se dejaran salpicar por su sencillez, por esa simplicidad que hay en su puesta en escena pero que, sin embargo, golpea contundentemente y que muestra sin velos la violencia, la incomprensión y el sufrimiento de personas que lo único que quisieron (y quieren) en sus vidas es ser ellos mismos.
Cinco actores que arriesgan y se dejan, literalmente, la piel en escena. Es precioso ver como conectan y dan todo para enriquecer el trabajo del compañero que en ese momento tiene el protagonismo.
Se lanzan de cabeza hacia unos personajes y unas situaciones que requieren mucha valentía y honestidad para lograr verdadera credibilidad y que conecten como conectan con el espectador que, en el caso de la sala DT, se encuentran a muy poca distancia. Sentí el miedo, la impotencia, la incomprensión, el dolor, la amargura, de todos ellos como si fuera mía.
Confieso que me parece fascinante, y admirable, ver cómo hay actores que se entregan de esta manera. Se nota que creen en la propuesta y luchan por ella; pienso que de otra manera no sería posible sacar adelante algo como «Silenciados».
Hay momentos que me parecieron brillantes por su sinceridad, como esa crítica hacia ciertos sectores del propio colectivo gay, porque también hay mucho que criticar de puertas hacia dentro… o momentos llenos de poesía, como la coreografía y posterior caída de esa delicia que es Paulina, o la tortura del preso de Auschwitz con su momento de éxtasis/agonía, e incluso ácidos y arriesgados como el final de Jesús Prieto.
Creo que es un montaje que hace falta, que tiene que ser representado para concienciar, para aprender y conocer, que debe tener su vida dentro de festivales de temática LGTB porque su lenguaje se sale de esa «profundidad» y decadencia o frivolidad en la que se suele caer cuando se toca el tema de la homosexualidad y además, salir de ese «armario» que pueden suponer salas que se encuentran ubicadas en barrios gays. Es un montaje que a mi personalmente me gustaría que llegara a todo tipo de público, porque aunque parezca que no, es muy necesario.
Categorías
A.Domínguez C.Andrés Orellana C.Martos de la Vega Charo Amador David Alonso Efímero Teatro J.Aranguren La Indagación Lucía Barrado Lucía de la Fuente Mamen Camacho P.Aijón Teatro del Arte Weiss

La Indagación

Título:
La Indagación

Lugar:
Teatro del Arte

Autor:
Peter Weiss

Elenco:
Pedro Aijón
David Alonso
Carolina Andrés Orellana
Juanjo Aranguren
Lucía Barrado
Mamen Camacho
Lucía de la Fuente Gallego
Carlos Martos de la Vega
Alex Domínguez

Creación Sonora Original:           Vestuario:           Escenografía:            Iluminación:
Mariano García                          Sofia Nieto         Mónica Teijeiro       Miguel A. Camacho

Producción:                                Dramaturgia y dirección:
Efímero Teatro                          Charo Amador

El Jueves Efímero Teatro me dio la oportunidad de poder asistir al estreno de «La Indagación» de Peter Weiss en el Teatro del Arte. Una noche llena de primeras veces. Primera vez que asisto a Teatro del Arte, antiguo Teatro de Cámara que vuelve con nueva identidad y lavado de cara. Mi primer textro de Peter Weiss; y la primera vez que veo en escena a la gente de Efímero Teatro. 
Aunque parezca una bobada, estas cosas a mi me gusta tomármelas como pequeños regalos que me da este blog, es maravillosa la sensación de que se abran posibilidades de seguir descubriendo y extraer sentimientos y aprendizajes de esos descubrimientos.

«La Indagación» es una dramatización de los procesos judiciales que tuvieron lugar en Frankfurt entre los años 1963 y 1965 contra los oficiales Nazis y los responsables de los campos de Auschwitz; dividida en ocho cantos que exponen sin ningún tipo de edulcorante todas las experiencias vividas por todas aquellas víctimas que sobrevivieron a esa barbarie.

Este trabajo que nos propone Charo Amador, directora del montaje, toca diferentes lenguajes teatrales, los mezcla y los separa a su antojo, acercándonos un mosaico de personas del pasado para hablarnos de una forma descarnada, sin velos, sobre uno de los peores episodios de nuestra historia mas actual.
Los actores nos hablan desde el escenario, utilizan la voz para remarcar el dolor de las experiencias y para cuando la voz se ahoga, pero quedan muchas cosas mas que decir, utilizan el movimiento; dibujando con él lo que el texto de Weiss es incapaz de decir porque es imposible transformarlo en palabras.
Es un texto muy duro de representar. No hay a penas una dramatización, por así decirlo, de lo que se cuenta. Son testimonios dichos sin aspavientos, sin ademanes de ningún tipo. Y que sin embargo calan hondo. No sé si es por el hecho de saberlos reales o porque simplemente uno no puede creer que nadie haya podido experimentar algo así… pero el texto es una sucesión de visiones a cada cual mas dolorosa y angustiosa. Ahora mismo intento recordar algún momento en el que haya podido sentir tanta repulsión viendo una obra de teatro y no logro encontrarla; hubo momentos que casi me sentí enfermo de escuchar, daban ganas de taparse los oídos y dejar aquello, pero por otro lado era imposible no dejarse arrastrar y atender a todo lo que se cuenta, la curiosidad es infinita y a veces vergonzosamente sorprendente. Las gradas se llenaron de una tensión casi palpable, a penas si había sonido de respiraciones, y es que creo que casi todos estábamos sobrecogidos por la propuesta.
A todo esto lo enmarca un sonido, unas luces y una escenografía muy acordes con lo que se cuenta, aportando pinceladas que nos ayudan a rememorar y sentir la crudeza y el dolor vividos. La frialdad, la soledad, la injusticia, la muerte… son palpables con todo realismo.
El reparto me sorprendió muy gratamente, bastante equilibrado. En el momento que la función comenzó, mi primer pensamiento fue «¡Qué gusto de voces!», aplaudo una dicción tan buena y una  proyección tan cuidada y es que es un placer poder disfrutar de un texto con tanta claridad y tan bien trabajado. Además de la complejidad de sus extensos y sangrantes parlamentos. 
Mucha energía y compromiso, y algunas interpretaciones muy brillantes como las conseguidas por David Alonso y Carlos Martos de la Vega, que me sorprendieron con esa capacidad de transformación en escena y que confieso que consiguieron aterrorizarme con alguno de sus personajes o Mamen Camacho que consigue momentos desgarradores y de erizar el alma… No quiero que se piense que los demás hacen una labor «menor» en la función, todos ellos aportan una humanidad (para bien y para mal) a los personajes de Weiss que hacen que merezca la pena vivir la experiencia y poder disfrutar del conjunto. Cinco actores y cuatro actrices que se lanzan de cabeza, comprometidos con lo que hacen y que abordan un trabajo arriesgado, pero bien ejecutado. Dos hornadas de alumnos de la RESAD que ojalá no dejemos de ver en los escenarios porque creo que tienen mucho que ofrecernos.
Y llegado a este punto, voy a decir mis tres «peros», el primero es mas para la sala que para la función. Esa segunda fila a la misma altura que la primera, es muy incómoda para poder ver… Creo que deberían encontrarle una solución para futuros montajes, espectador incómodo es espectador que no atiende como se debería, y es una pena que la culpa de eso la tenga una butaca y no lo bien o mal ejecutado que esté el montaje.
El segundo «pero» es quizá la edad de algunos personajes y la de los actores, quizá juegue un poco en su contra para darle mas veracidad, aunque este es un «pero» dicho con la boca chica porque sus interpretaciones no tienen pega alguna.
Y el último es para el texto, que llegando al final cae un poco en la repetición de momentos, haciéndose algo largo.
Por lo demás, yo recomendaría con entusiasmo el ver esta obra y escuchar todo lo que en ella se dice y sobretodo como se dice. 
Un montaje muy duro, pero hecho con mucho gusto y con compromiso, donde se notan las ganas de hacer teatro y de encontrar nuevos lenguajes que mostrar a quien quiera ver.
Hay momentos en los que uno debe ser golpeado con la crudeza del ser humano y empaparse de la historia para intentar de la forma que sea, no caer de nuevo en los mismos errores.
Están poquitos días, no dejéis pasar la ocasión.
Categorías
Denise Despeyroux Fernanda Orazi La Realidad Teatro Teatro Fernán Gómez

La Realidad

Título:
La Realidad

Lugar:
Teatro Fernán Gómez

Autor:
Denise Despeyroux

Elenco:
Fernando Orazi

Realización de vídeo:
Bokeh Artes Audiovisuales

Dirección:
Denise Despeyroux







No sé por donde me llevará esta crónica, pero preveo que me voy a dejar llevar y voy a desvelar aspectos de la función que quizá, si no aún no la has visto, deberías saltarte. Que nadie se preocupe que los dejaré bien marcados para que nadie salga «spoileado» de esta crónica.
No hace mucho que descubrí a Fernanda Orazi  y mi anterior encuentro con ella, concretamente en «Los Ojos», me dejó un escozor en el alma que pocas veces he sentido, así que en cuanto me dijeron de ir a verla en «La Realidad» de Denise Despeyroux, ni lo dudé. Tenía que volver a ver a esta actriz que interpreta en carne viva…
El planteamiento de la obra ya es interesante de por si. Dos hermanas, Andrómeda y Luz, que se comunican vía videoconferencia, separadas por miles de kilómetros de distancia; buscan la forma de conseguir que Andrómeda suplante a Luz frente a su madre, tras su inminente fallecimiento. Nos habla de cómo una de ellas debe cargar con dos vidas, una ya llena de su «vida vivida», pero que debe quedar silenciada y otra que no es propia, pero debe vivirse como tal… y se nos plante una pregunta difícil de responder ¿Cómo asumir la ausencia de los seres a los que amas? Estén vivos o muertos, es lo mismo… 
Y todo ello, lógicamente, interpretado por una sola actriz.
Lo que nos propone Denise Despeyroux, que además de ser la autora la dirige, puede llevarse por muchos caminos, puede dispararse hacia mil y una situaciones, pero ella ha optado por el camino de la sencillez, de la honestidad; de buscar la cotidianidad de las hermanas y que se planteen las cosas con la máxima naturalidad posible. Ofreciendo lo que ellas denominan «Un acto de fe». 
Para mostrarnos un sacrificio como el que se plantea en la función, no es necesario desgarrarse las vestiduras y emplear un tono de tragedia, de hecho eso le hubiera restado veracidad a la propuesta. Creo que es mucho mas efectiva la cercanía con lo que se trata. Todo un acierto.
Una escenografía fácil para la actriz, fácil para el espectador, donde ella se pueda mover con tranquilidad y sin aditivos que puedan distraernos. Solo un pero, para la sala 2 del Fernán Gómez, tal y como está colocada la grada, creo que todo está demasiado próximo al espectador de la primera fila, haciendo complicada la visibilidad en las últimas filas. Las escenas en el sofá y en la silla son muy incómodas de ver desde atrás y es una pena porque rompen la poesía de lo creado por tener que andar esquivando cabezas para ver a la actriz.
El trabajo que realiza Fernanda Orazi vuelve a ser una lección de vida y de teatro. Esta actriz hace de su interpretación algo tan maravillosamente cercano que es imposible no caer en la fascinación. Notas que te toca, que te llega, que sus lágrimas, sus palabras, la forma de moverse, sus sonrisas… son en si mismas la esencia de lo que a todos nos mueve por dentro. Hay tanta verdad en lo que hace que, como he dicho mas arriba, escuece. Creo que nadie llora como Fernanda Orazi, hace que se te encoja el alma. Y genera en escena unas atmósferas tan íntimas que, a veces, da pudor mirar tanto sentimiento expuesto. 
Sin duda un trabajo muy cuidado, pulcro y honesto, sin nada que nos distraiga de lo que de verdad importa. 
Está todo calculado al milímetro, muy bien medido; consiguiendo que creamos en una conversación a tiempo real entre las dos hermanas. Con dos personalidades muy bien definidas, llenas de humanidad, de defectos y virtudes, que nos hacen «comprender» su postura ante la propuesta.
La historia despierta mil sensaciones mientras la estas viendo y da mucho que pensar tras verla.
-Cuidado si no has visto la función porque en el próximo párrafo hablo de momentos que quizá no quieres que te sean revelados antes de ver la función- 
Uno se va a casa pensando en la vida que debe llevar la hermana que está en la India, qué cosas le han debido ocurrir para sentir la necesidad de «morir» para sus seres queridos, romper con el amor de la familia, con los lazos sanguíneos y marcharse voluntariamente a una existencia en un «limbo» inventado y del que no se va a regresar. Vivir como un espectro atrapado en la tierra de los vivos, sabiendo de ellos, manteniendo una línea unilateral de comunicación, donde tú sabrás de ellos, pero ellos jamás volverán a saber nada de ti…¿Sacrificio? ¿Egoísmo? ¿Seríamos capaces de hacer algo así? ¿de inventarnos una existencia nueva con la que poder continuar nuestra vida, pero permanecer «muertos» para la gente que nos ama?
Y esa hermana que se queda, que en principio acepta que su identidad se diluya y permanezca la de su hermana que va a morir y que posteriormente se entera que todo son «revelaciones». ¿Sacrificada o cobarde ante el miedo a enfrentarse a su propia vida? ¿Es mas cómodo olvidarse de la vida de uno mismo y jugar a la realidad de otro?
Aliviada y feliz de saber que no va a perder a su hermana, vuelve a ser golpeada con una situación quizá peor, exigiéndole un sacrificio aún mas duro, tener que despedirse de su hermana sabiendo que no va a morir, pero que jamás podrá volver a hablar ni a saber nada de ella… 
¿Cómo se asume la ausencia de un ser querido? ¿Qué es mas duro? ¿Asumir el fallecimiento, algo inevitable por mucho que queramos que no lo sea, o la despedida definitiva aún sabiendo que pudimos encontrar un argumento que frenara la situación? En definitiva ambas cosas pueden ser lo mismo, la muerte es ausencia y la ausencia es en si una especie de muerte…
¿Cuánta crueldad puede contener el amor de los seres queridos? 
Podría extenderme líneas y mas líneas discurriendo yo solo sobre todas las sensaciones que me provoca la situación planteada…
-Vuelvo a la crónica para todos los lectores-

Unos personajes, que aunque solo esté Fernanda en escena, pueblan esta función. Llenos de la excentricidad que podemos poseer todos y cada uno de nosotros; llenos de esas cosas inconfesables de puertas a fuera, pero que sin embargo se comentan en casa. Bellos todos, por lo humano; dolorosos, por lo diferente; pero siempre llenos de la calidez dolorosa que aporta la familia.
Es una pequeña/gran función hecha desde el amor, en todas sus vertientes y con todas sus consecuencias, que, a mi por lo menos, me ha dicho muchas mas cosas de las que uno cree en un principio.
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Entrevistas musicales Personales Resumen anual Teatro

El 2012 de En Un Entreacto

Mira que es complicado echar la vista atrás y elegir cuales han sido los momentos por los que recordar este 2012…
Me refiero a los momentos felices, porque el gobierno ya se ha encargado de que todos lo recordemos como el año en el que le dio la patada en en el culo a la cultura… pero bueno, de lo que se trata es de ponerle buen rollo al balance. Y digo que es difícil porque sé el cariño y las ganas con las que todos han intentado levantar el telón este año.
Así que, ¿porqué hacer una lista? Mejor repasamos los montajes que mas me han marcado positivamente hablando.
En este año hemos tenido el privilegio de poder vivir montajes que pasarán a ser recordados como legendarios, como «La Vida es Sueño» de Helena Pimenta con Blanca Portillo, «Agosto» de Gerardo Vera con Amparo Baró o «Follies» de Mario Gas con ese reparto irrepetible.
El año en el que por fin pude ver en teatro, ¡y de qué manera, señores! a Concha Velasco en «Yo lo que quiero es bailar» o a Verónica Forqué en «Shirley Valentine», dejándome unos recuerdos personales que jamás olvidaré. ¡Gracias!
Este también ha sido el año en el que disfruté de maravillas que fueron todo un descubrimiento como ese «Iván-Off» en La Casa de la Portera, que me atrevería a decir que es el mejor de los montajes del 2012 y podría enmarcar dentro de los montajes legendarios porque su eco resonará por siempre en la mente de los amantes del TEATRO, así, dicho en mayúsculas.
En el 2012 descubrí El Corral de Comedias de Alcalá de Henares, una caja de bombones hecha teatro, ahí vi otros dos montajes que me han dejado cicatrices de placer en mi alma teatrera «La Barraca del Zurdo» de Lavi e Bel y «Los Ojos» de Pablo Messiez. Dos obras que solo de recordarlas a uno se le humedecen los ojos y se le ponen los pelos de punta.
También he ido dejándome seducir por otras salas o festivales donde he podido descubrir otras propuestas y montajes, que aunque se programen en salas pequeñas, no tienen porque ponerse en un recuento diferente.
Ahí me he encontrado con piezas muy hermosas como «En el Cielo de mi boca» con Daniel Teba y escrita por José Padilla (Al que le debemos en parte la adaptación de ese maravilloso «Enrique VIII» de Fundación Siglo de Oro que también merece sitio de honor), «Primer Acto» de Juan Pablo Di Pace, un montaje tan personal y humilde que comenzó en un café teatro y ahora brilla en la Gran Vía madrileña. «Cuando Fuimos Dos» de Fernado J. López con Doriam Sojo y Felipe Andrés, que nos hablaba directamente a la cara y «normalizaba» algo que ya tenía que haberse normalizado hace mucho tiempo. La sorpresa de «Cuatro Estaciones y un Día» de Miguel Ángel Cárcano
La maravillosa Teresa Rivera y su «La Sole» que tanto dijo a En Un Entreacto. El terrorificamente divertido e inclasificable «Turno de Noche» de Paco Celdrán con Germán Torres y dirigido por J.L.Sixto y Sara Pérez. El tierno y divertido montaje de «Elling» de Andrés Lima con los deliciosos Carmelo Gómez y Javier Gutiérrez. O la incomprendida «Cuarteto» de Diágoras Producciones de la que estoy seguro sabremos mas en este 2013. En verano llegó a la capital el Festival Fringe donde Carlos Be nos golpeó con su incisiva «Muere Numancia, Muere». Y mas recientemente me regalé los sentidos con los «Cuentos Surrealistas para Mujeres Reales» de Antonio Zancada que tanto me gustó y me cautivó; al igual que ese texto tan interesante de descubrir de Antonio de Cos que es «Dos en la Ciudad».

Hay uno de ellos que aún no he mencionado y que lo hago con especial cariño que es «¿A Quién te Llevarías a una Isla Desierta?» de Jota Linares, quizá haya montajes con mas calidad o mejor libreto o interpretaciones mas impactantes, no digo que no, pero todo este equipo encabezado por los actores David Tortosa, Pablo Cabrera, Juan Caballero, Maggie Civantos y María Hervás, le han dado a este 2012 unos momentos inolvidables y a En Un Entreacto le han regalado un cariño y una visión del amor hacia la profesión que les hacen ser los «Niños de mis ojos» 


Antes he mencionado a «Enrique VIII» y «La Vida es Sueño», que para mi han sido los estandartes de lo que he visto de teatro clásico de este año, pero no puedo dejar de mencionar un dulce que degusté con tanto gusto, como fue «La Hostería de la Posta» ese Goldoni dirigido por José Gómez, maravillosa sorpresa. O el grandísimo y desinteresado montaje de «Don Juan Tenorio en La Cebada» dirigido por Cesar Barló del que espero su siguiente edición, sea donde sea. También gracias a un montaje clásico que me encantó descubrí el oculto «Festival de la Antigua Mina», ese montaje del que hablo es «La Hermosa Fea» de Lope de Vega de Diágoras Producciones, divertida propuesta que me reconcilió con el teatro clásico después de las decepciones del 2011.

En el apartado del teatro musical he tenido mis mas y mis menos, decepciones muy grandes, pero también placeres inmensos entre los que se encuentra esa «La Barraca del Zurdo» o la superlativa «Follies» que ya he mencionado. Y es que empezar el año riendo a carcajadas con «Concierto de una Orquesta de Verano» o poder viajar hasta Gran Canaria en Enero solo por darme el gusto de disfrutar de «Sonrisas y Lágrimas» es algo que no se hace muy a menudo. También ha habido divertimentos de calidad como «El Crimen de Lord Arthur Savile» de Egos Teatre, el reencuentro con «Tick, Tick… Boom!», recitales de lujo como «The Belle of Broadway» de Susan Egan
acabar por acceder a pasar un buen rato con «Más de 100 Mentiras», o colarme el agujero y salir encantado con «The Hole» o con gamberradas sanguinolentas como «Evil Dead – El Musical». Sin olvidarme la escapada que me di a Buenos Aires, donde pude darme el lujo de ver a Norma Aleandro en «Master Class», que viene en Octubre a España… cita imprescindible donde las haya. Y disfrutar de un montaje que no se yo si alguna vez veremos por estas tierras, pero que sería una pena que no sucediera, «Casi Normales», la versión en castellano de «Next To Normal».
No puedo finiquitar este recuento sin mencionar la divertidísima «El Manual de la Buena Esposa» o la irregular «¿Quién Teme a Virginia Woolf?», junto con  la valiente y controvertida «Babel» o la maravillosamente tierna «De Ratones y Hombres» de Miguel del Arco con unas interpretaciones soberbias tanto de Roberto Álamo como de Fernando Cayo.
Y el final de año ha sido de los que pocas veces se repiten, asistiendo a una lección de interpretación como  el de esa espléndida Vicky Peña en «El Diccionario».
También debo agradecer esos ratitos de conversaciones que me han regalado algunos profesionales del teatro como Pablo Muñoz-Chápuli, Juan Pablo Di Pace, Mercè Grané, César Barló y Elena López, Teresa Rivera, Daniel Acebes, Jota Linares y Pablo Cabrera, Olga Antúnez o David Ordinas o la entrevista que me hicieron a mi desde el programa de radio «El Secreter» que tanta ilusión me hizo. 

Han sido grandes momentos que quedan en el recuerdo y que he querido plasmar aquí, en «En Un Entreacto», para que se vea que el 2012, a pesar de la falta de ayudas por parte de los que gobiernan, ha sido un año lleno de creatividad, de grandes montajes y de, sobretodo, mucha ilusión y amor por el Teatro. Solo espero que en el año que entra, sigamos pudiendo disfrutar tanto y de tantas opciones, y que todos los que amamos la farándula nos volquemos en conseguir que siga yendo hacia adelante y con la cabeza bien alta.
¡Nos vemos en los TEATROS!
Categorías
Abadía El Diccionario Helio Pedregal José Carlos Plaza Lander Iglesias María Moliner Teatro Vicky Peña

El Diccionario

Título:
El Diccionario

Lugar:
Teatro de La Abadía

Autor:
Manuel Calzada Pérez

Elenco:
Vicky Peña (María Moliner)
Helio Pedregal (Doctor)
Lander Iglesias (Fernando)
José Pedro Carrión (Voz del juez)

Escenografía e Iluminación:
Francisco Leal

Música y espacio sonoro:
Mariano Díaz

Dirección:
José Carlos Plaza


Había que acabar este 2012 de intensa actividad teatral con buen sabor de boca. Con una pieza que dejara la puerta abierta a comenzar el 2013 con las mismas ganas y la misma pasión que se ha ido desprendiendo en el año que tan maltratada se ha encontrado la cultura. Casualidades del destino, creo que no podía haber sido mejor elegida la función.
Admito que soy de los que había oído hablar de la figura de María Moliner y su diccionario, pero nunca se había parado a pensar en quién era esta mujer y porqué tenía su propio diccionario. Al comienzo de saber que se iba a estrenar esta obra, pensé en qué podía haber de interesante en ver una función sobre una señora que había escrito un diccionario… ¡A veces los pensamientos precipitados son así de atrevidos! Ni se me había pasado por la cabeza pensar que lo que nos ofrecía Manuel Calzada Pérez, autor de «El Diccionario», era la historia de una luchadora; de una de esas personas que a veces surgen de la nada y que intentan convertir una utopía en realidad. La historia de una de esas personas anónimas que sienten que tienen algo que ofrecer al mundo y que, generosamente, se entregan a ello. Discutibles son las formas, no lo niego, pero eso pertenece a la elección individual de cada uno y ella eligió esta que se nos cuenta.
«El Diccionario» nos desvela quién fue esta mujer y todas las circunstancias que la rodearon. Qué la llevó a esta labor casi, como en un momento dice el personaje del Doctor, Quijotesca. Se nos descubre, no ya a la luchadora infatigable, si no a la persona que fue cruelmente castigada por el destino y la enfermedad a ir olvidando aquello a lo que dedicó su vida. Las palabras.
La obra nos muestra fragmentos de la vida de María Moliner, nos desgrana momentos claves que dan sentido a todo lo que ocurre y que nos llevan a un final ya anunciado desde el comienzo y que, supongo que por eso mismo, el espectador lo va viviendo de una manera tan cercana a la propia María. Pero con lo que yo me quedo de lo que nos muestra la función es con la figura de una lmujer infatigable, de vida sencilla y fina ironía, que mas allá de saber que su destino la tiene condenada de antemano, ella sigue al pie del cañón, intentando aferrarse a su vida, a una vida de lucha por aquello en lo que creyó.
Disfruté de un texto que aunque no es nada sencillo, demuestra un gusto por el lenguaje que en ocasiones me pareció divertido y juguetón, y en otras quizá se me escapó un poco de mi atención; en momentos me conmovía y en otras pecaba quizá de un tanto panfletario, aunque admito que eso mismo de lo que peca es lo que necesitamos en estos días, de ciertos golpecitos en el hombro del espectador acomodado; que nos haga ver que eso de lo que nos habla, que nos suena a pasado, sigue tan peligrosamente vigente como antaño.
Las escenas se suceden y te enganchan. Todo muy sabiamente dirigido por José Carlos Plaza, el cual da mucha importancia, y lo aplaudo con entusiasmo, a los gestos que complementan el texto, gestos cargados de mensajes y que dicen tanto en sus silencios… Algo que puede sonar un tanto paradójico dentro de un montaje dedicado precisamente a «las palabras», pero tan importante a la hora de ver teatro. Que se deje a los personajes respirar, vivir, desarrollarse en escena; dejando que el público los paladeemos para implicarnos en lo que nos ofrecen.
Una vez mas salí maravillado con el trabajo de Vicky Peña, tan lleno de verdad, de humanidad. Nos hace nuevamente un regalo dejándonos disfrutar de tanto y tan buen saber hacer. Llena de fascinación un personaje, que para los de pensamiento precipitado, como es un servidor, podría pasar desapercibido. Vicky Peña no sale de escena en ningún momento, salta del pasado al presente, de ahí al futuro, donde retorna al pasado y que en ninguno de sus momentos nos suelta la mano. Impresiona ver cómo plasma el sufrimiento callado de esta mujer, su transformación, los pequeños detalles que dan paso a su deterioro y ese final donde nos acaba arrastrando junto con ella a la nebulosa de su escalofriante enfermedad.
Como las actrices realmente generosas, se difumina y nos hace ver únicamente al personaje. Algo que así dicho parece de lo mas normal, que es lo que tiene que ser, pero que sin embargo no todos los que se suben al escenario lo logran.
En escena está acompañada por Helio Pedregal como el Doctor que trata la enfermedad de María Moliner y Lander Iglesias que da vida a Fernando, el abnegado marido, que complementan a la actriz. Según estoy escribiendo la crónica, iba a decantarme mas por uno de ellos, pero me vienen a la mente fragmentos de la función y ambos tienen momentos muy interesantes y emotivos, que me hacen no querer inclinar la balanza hacía ningún lado. Los tres actores bailan al mismo son, se entremezclan como fantasmas en el recuerdo de la protagonista, se cruzan, se lanzan el texto, lo saborean y lo tejen a los movimientos tan bien llevados por la escena.
En todo momento me sentí enganchado por todo lo que contaban, por cómo lo decían, disfrutando de la riqueza del texto, de los movimientos, de los gestos, de las sensaciones que se desprendían de lo que al comienzo pensaba que iba a ser un montaje discursivo y que, poco a poco, fui descubriendo como una pieza llena de fino humor, de humanidad y de historia. 
Nos muestra un fragmento de nuestra historia reciente bajo los ojos de una mujer que vivió de manera silenciosamente activa los cambios políticos del siglo XX y que nos habla del sufrimiento individual que nos toca vivir a cada uno de nosotros, de la crueldad del destino y como no tenemos mas remedio que someternos a él, eso sí, sin dejar de luchar por lo que mas ansiamos en esta vida, la libertad.

Atentos todos los que no habéis podido verla en La Abadía porque sale de gira en el 2013. Yo os recomiendo que no os la perdáis porque vais a poder disfrutar de una Vicky Peña en estado de gracia y un texto como mínimo interesante de descubrir.

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Manuel Iborra Shirley Valentine Teatro Teatro Maravillas Verónica Forqué Willy Russell

Shirley Valentine

Título:
Shirley Valentine

Lugar:
Teatro Maravillas

Autor:
Willy Russell
 
Elenco:
Verónica Forqué

Versión:
Nacho Artime

Escenografía:
Andrea D’Odorico

Dirección:
Manuel Iborra




Sé que a estas alturas del partido, escribir una crónica que analice “Shirley Valentine” no tiene mucho sentido; va a cumplir en breve dos años girando por los escenarios de toda España, llenando teatros allá donde ha ido, pero si que me apetece hablar de las sensaciones que me despertó mi primer encuentro teatral con Verónica Forqué y esta Shirley Valentine, y es que en cine y en televisión he visto y admirado a Verónica Forqué una y mil veces, pero en teatro todavía no había surgido el momento. Así que, después de unos cuantos intentos, por fin pude acudir al Teatro Maravillas a disfrutar de esta primera vez.
Una primera vez que siempre voy a recordar con un halo de magia y con sabor a sueño cumplido…
Quienes acudimos a ver la función nos convertimos por un momento en los confidentes de Shirley, un ama de casa de Liverpool que sueña con poderse escapar quince días con una amiga y viajar a Grecia, sueño que, aunque sencillo, es casi un imposible, ya que vive por y para su marido, hombre ausente que no permite que nada altere la rutina del día a día y que incluso hace plantearle a ella que quizá sea esa la mejor opción…
Shirley nos habla de su vida, de sus amigas, de sus hijos, de su visión de la vida que le rodea y que siempre desemboca en un único pensamiento, la forma en cómo podría decirle a su marido que se marcha unos días… ¿Finalmente lo hará?
La historia es un reflejo de las trabas que nos ponemos a nosotros mismos a la hora de enfrentarnos a lo que realmente queremos. A abandonar, aunque sea por un momento, todo lo que nos hace la vida mas cómoda, que nos tiene anestesiados, y luchar por alcanzar lo que nos hace felices, la esencia de lo que nos hace ser quienes realmente somos.

Todos somos conscientes que la historia de Shirley en realidad es agridulce e incluso destila cierto tono trágico; dejando entrever momentos de maltrato y de desamor. Pero Shirley, que aunque vive encerrada en su cocina y hablando con la pared, lo mira todo con positividad y consigue darle la vuelta a la tortilla, contándonos todo con una sonrisa, a veces divertida, a veces melancólica, a veces de extrañeza y otras de liberación, pero sin dejarla nunca de lado y haciéndonos ver que da igual tener 49 años como tener 100, que la vida tiene muchas cosas bellas y hay que encontrarlas y saborearlas. Toda una lección de vida.
Shirley Valentine dice cosas muy bonitas, pero mucho mas bonitas se vuelven cuando salen de la boca de Verónica Forqué, que es quien le regala carne y huesos al personaje. Nos obsequia con dos horas de monólogo lleno de energía, de luz, de risas y emociones que, a veces, ponen los pelos de punta. Nadie puede evitar sentirse identificado con todo lo que nos cuenta; ¡y qué forma de contarlo! Es casi como sentarse a esa mesa en la que ella prepara los huevos con patatas a su marido y compartir un vasito de ese vino blanco mientras desgrana poco a poco las cosas que le suceden y las ilusiones que le nacen.
Manuel Iborra hace una gran labor de dirección consiguiendo esos dos ambientes tan diferentes en los que la obra de Willy Russell nos sumerge y sacar las sensaciones que el texto lleva consigo.
Desde el comienzo empatizamos con todo lo que nos cuenta la protagonista, pero sobretodo esto no sería posible si Verónica Forqué no le hubiera impregnado con ese toque tan suyo que incluso me atrevo a decir que ha creado escuela en otras actrices que han dado sus primeros pasos junto a ella, me refiero a María Adánez, Toni Acosta y sobretodo la genialísima Silvia Abascal, todas ellas poseen esa luz tan especial que reside en La Forqué y que aquí brilla con todo su esplendor.
Verónica Forqué nos mira directamente a los ojos desde el escenario, se toma su tiempo, se recrea en los silencios, sabiendo que eso nos provoca muchas cosas por dentro, dejando que sus palabras hagan su efecto y retoma. Ha cotidianizado todas sus acciones tanto, que uno ya no sabe si las va integrando según suceden o ya estaba todo premeditadamente ensayado, y es que esa cocina es «su» cocina y lo demuestra consiguiendo que nos olvidemos que lo que estamos viendo está sobre un escenario, nos convierte en invitados dentro de su corazón, a los que nos abre su alma por un ratito.
La sencillez y la calidez que se desprende del texto junto con el saber hacer de la actriz hacen que nadie salga del teatro sin sentirse capaz de comerse el mundo o, al menos, el pedacito que a cada uno nos corresponde y nos merecemos.

Es difícil ir a ver Shirley Valentine y no salir con un chute de ganas de vivir, de querer luchar por ser quien de verdad uno es y conseguir vivirlo.

Salir de ver esta función es salir sintiéndote capaz y eso es algo muy grande. ¡Gracias Verónica!

 

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