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Cristina Soria David Tortosa El Sol de York En Un Entreacto Radio GetafeVoz La Pausa del Mediodía Laura Molpeceres Maggie Civantos Ruth Núñez Teatro La Strada Un Balcón Con Vistas

En Un Entreacto Radio – Programa 15

El pasado lunes día 21 de Abril tuvimos un En Un Entreacto Radio lleno de comedia.
Primero nos visitaron en el estudio de GetafeVOZ, Ruth Núñez y Alejandro Tous, dos rostros muy televisivos que vinieron a hablarnos de su recién estrenada función «La Pausa del Mediodía», un corrosivo texto de Neil LaBute que están representando en el Teatro La Strada. Con ellos charlamos, a parte de sobre su estreno, de cómo es eso de producir uno sus propios montajes en los tiempos que corren.
Tras esa charla, la gente de «Un Balcón Con Vistas» invadieron nuestros micrófonos con su locura. Un estupendo rato de conversación con Laura Molpeceres, autora y directora del montaje, junto a Cristina Soria, Maggie Civantos y, nuestro repetidor, David Tortosa, que forman parte del elenco y que vinieron a contarnos los detalles de su regreso a las tablas. Actualmente están en El Sol de York para hacernos pasar un rato lleno de carcajadas subidos a la montaña rusa que es su montaje.
Por supuesto que todos pasaron por el cuestionario de César López y dimos un repaso a la cartelera de la quincena, pero esos detalles os los reservamos para que podáis escucharlos vosotros mismos.
¡Bienvenidos a En Un Entreacto Radio!
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Bruno Ciordia Dennis Lumborg El Sol de York Mariano de Paco Un Buen Día

Un Buen Día

Título:
Un Buen Día

Autor:
Dennis Lumborg

Lugar:
El Sol de York

Elenco:
Bruno Ciordia

Escenografía:
Almudena López Villalba

Vestuario:
Gema Rabasco

Iluminación:
José Manuel Guerra

Espacio Sonoro:
Javier Almela

Dirección:
Mariano de Paco

Vivimos una época de mojigatería galopante, donde la doble moral campa a sus anchas y la opinión de todos trasciende en exceso; un arma peligrosa ya que corremos el riesgo de que la opinión más conservadora de un observador de nuestras vidas, acabe por ser tenida más en cuenta que la propia realidad, y eso es lo que “Un Buen Día” nos plantea.
Eddie nos habla de su familia con orgullo, mientras espera a que lleguen sus hijos, de los logros que ha conseguido a nivel personal, satisfecho con lo que ha construido, un hogar donde se apuesta por la claridad y la naturalidad para evitar que sus hijos crezcan bloqueados por los tabúes que la sociedad se empeña en imponer. Todo perfecto, ideal, hasta que la mirada de los demás convierten esa naturalidad en algo turbio y malsano… Esta es la premisa con la que parte “Un Buen Día”, exitoso texto escrito por Dennis Lumborg, que juega a mantenernos en la incertidumbre de si el protagonista es, o no, culpable de lo que se le acusa. Un texto que pone al espectador a prueba para que compruebe por si mismo si es de los que juzgan con ligereza o no.
Una buena propuesta pero que para mi gusto tiene un exceso de “buenrollismo” que más que acercarme a lo que cuenta, me distancia; todo es tan rematadamente simpático y dicharachero, que no encontré el enganche ni con Eddie ni con sus circunstancias. 
Hay un tufillo a “sitcom” yanqui que, para mi, juega a la contra, es como si de repente uno de los personajes masculinos de “Friends” fuera acusado de pederastia y no supiera asimilar el terrible problema que se le viene encima y siguiera soltando chistes y gracietas. 
Aunque es cierto que según va oscureciéndose el tono de la función, va adquiriendo peso e interés, creando dudas y planteando preguntas, incluso llega a incomodar; lo malo es que todo lo que va logrando acaba en nada al llegar a un desenlace que me resultó descafeinado y un tanto sin sustancia.
A pesar de lo que digo sobre la obra, Bruno Ciordia realiza un estupendo trabajo actoral, manteniendo durante la hora y media de monólogo, un personaje abrumado por los acontecimientos que reacciona como un niño asustado, regalándole un torrente de energía digna de ser apreciada, aunque como he dicho, el exceso de buenrrollimo me resulta forzado y me hizo no llegar a conectar con él. 
Si Mariano de Paco, director de la función, hubiera prescindido de todos esos amaneramientos y vocecillas de los personajes que entran y salen de la narración de Eddie, y no le viéramos bailotear como si no pasara nada en las transiciones, creo que la conexión hubiera funcionado mejor; las músicas y sus letras aportan el punto de acidez apropiado para percibir el tono que está queriéndose plantear y la labor del actor es suficiente como para conseguir introducirnos en los acontecimientos sin recurrir a la morisqueta facilona. De hecho, cuando los acontecimientos se enturbian, Bruno Ciordia adquiere una consistencia en escena más que notable, que apetece, provocando interés en lo que cuenta.
Un diez para esa escenografía cambiante, que se transforma ante nuestros ojos, como marco perfecto del angustioso viaje de pérdida de la inocencia por el que tiene que transitar este pobre padre de familia.
Quizá no haya sabido captar el ángulo desde el que se nos cuenta la historia y esto haya hecho perderme el atractivo de esta función que, planteando una situación muy dura desde una perspectiva algo blanda e inocentona, acaba por provocar un extenso debate tras la representación.
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Cena Con Amigos Donald Margulies El Sol de York Gloria López José Olmo May Pascual Orencio Ortega Teatro Veronese

Cena Con Amigos

 Título:

Cena Con Amigos
Autor:
Donald Margulies
Versión:
Daniel Veronese

Lugar:
El Sol de York
Elenco:
May Pascual
Gloria López
José Olmo
Orencio Ortega
Producción:
Gloria López Producciones

Director:
Daniel Veronese
No voy a negar que iba con cierto temor a ver esta «Cena Con Amigos» que Daniel Veronese nos traía a Madrid. La propuesta que hizo de “¿Quién Tema A Virginia Woolf?” me dejó un tanto desilusionado y eso me hacía ir con algo de reticencia, pero como sería muy injusto juzgarle por un solo trabajo, me presenté en El Sol de York dispuesto a dejarme llevar de nuevo por el genio de este director.
No pude estar mas acertado. Sinceramente, creo que este nuevo montaje ha hecho que me reconcilie y olvide los sinsabores del anterior. El ritmo, la fluidez con la que salen los diálogos de boca de los actores, los ambientes, la sencillez de la puesta en escena, han sido logrados y tejidos de una manera muy precisa que a mi, particularmente, me ha agradado encontrar.

Dos parejas de amigos, una de ellas, formada gracias a las correspondientes presentaciones de la otra, acaba de romper ¿Quién tiene la culpa de todo lo que ha sucedido? ¿Quien “forzó” la situación? ¿Quien rompió las reglas de la pareja? ¿Quien permanece expectante?
La vida en pareja no tiene un modelo a seguir, una plantilla con la que lograr un ideal; cada cual tiene su visión y es un error acabar queriendo imitar la felicidad de los demás.
Con esta premisa Daniel Veronese pone en escena a cuatro actores, sin apenas elementos que nos puedan distraer, para que entremos limpiamente dentro de esta rueda de confesiones y esperanzas rotas que, salpicada con naturalidad y unos, medidos y bien combinados, momentos tragicómicos, acaban por hacernos meditar e incluso abren una disfrutable discusión postfunción; lograda gracias a que el texto de Donald Margulies hace que nos sintamos identificados con alguno de los fragmentos de esas relaciones hechas añicos que han quedado sobre el escenario. 
Unos diálogos ágiles, ingeniosos, sencillos, templados y con los momentos bien escogidos, bien cincelados en los personajes que May Pascual, Gloria López, José Olmo y Orencio Ortega crean. 
Los cuatro intérpretes hacen que veamos cuatro seres humanos, sin ningún tipo de floritura añadida; tan solo comportamientos naturales con los que uno pueda  verse reflejado. 
Entre todos logran que esta “Cena con Amigos” no sea una historia de buenos y malos; mostrándonos que el terreno de las relaciones de pareja y la amistad es mucho mas complejo que limitarse a señalar con el dedo a un solo culpable y tan frágil como para romperse con un suspiro soltado a destiempo.
Una función recomendable que destila ese aroma tan propio de algunos directores de cine catalanes que nos traen las grandes historias que todos vivimos en nuestros pequeños círculos sociales y que puestas en escena me resultan incluso mas interesantes de contemplar.

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Antonio Zancada Carmen Barantes David Martín El Sol de York Funkin' Donuts Gema Zancada Guadalupe Lancho Lo Que Se del Amor musicales Teatro

Lo Que Sé Del Amor

Título:
Lo Que Sé Del Amor
Autor:
Antonio Zancada
Lugar:
El Sol de York
Elenco:
Antonio Zancada (M)
Gema Zancada (H)
David Martín (4)
Carmen Barrantes (Lula Dubois)
Guadalupe Lancho (Cher del Sagrado
                                  Corazón de Glenn Close)

Banda:
Germán Latorre (6) – Bajista
José Luis Fraga (5) – Batería
Juan Manuel Latorre (7) – Guitarra
Carlos Salas (8) – Teclados

Música:
Fraga, Latorre, Latorre, Martín, Salas & Zancada
Vestuario:                                     Escenografía:
Rosa Godiva                               José Sánchez Antonio
Producción:                                 Codirección:
Rafa Romero de Ávila              Alberto Sánchez Diezma & Rebeca Sánchez López

Dirección:
Antonio Zancada
El Sol de York es una sala que nació en el centro de Madrid para abrir sus puertas a todas aquellas propuestas que rompen con lo habitual y que aportan una visión renovada de lo que se cuece en el ambiente teatral, y desde aquí aplaudo su iniciativa por dar oportunidad de ver un tipo de teatro que en otros circuitos nos sería imposible de poder disfrutar, al menos desde un comienzo, porque ya ha habido montajes que gracias, en parte, a haber sido programados en esta sala han podido saltar a teatros de mayor aforo. Así que estamos ante un equipo de gente valiente que arriesga y nos trae propuestas de calidad, y que además merece que les prestemos mucha atención porque miman al espectador como pocos.
Uno de esos montajes que han recalado entre sus paredes es «Lo Que Sé Del Amor», musical de creción propia, escrito y dirigido por Antonio Zancada, con música en directo de mano de los Funkin’ Donuts, que nos cuenta a modo de cursillo de formación los diferentes tipos de amor que existen… si es que el amor en si mismo existe…
Nos reciben en un escenario circense donde compartiremos cerca de hora y media con toda esta troupe que forma parte de esta particular parada de «freaks» del amor; y es que al menos a mi me hicieron sentir dentro de esas ferias ambulantes que salen en las películas americanas en las que uno entra en una carpa con la promesa de poder ver «Lo Nunca Visto» y que, tratándose de este autor, así es.
Cuando uno se sumerge en el imaginario de Antonio Zancada tiene que estar preparado y dispuesto a encontrarse de todo y, por supuesto, nada de lo esperado.
Dentro de esa cabeza casi renacentista hay un mar repleto de mil especies diferentes de seres extraordinarios; júntese y sepárese la palabra «extra» al gusto porque de ambos tipos tiene y, en su caso, ambos se complementan.
Seres con incontinencia verbal, que quieren decir lo que piensan, pero que a veces no piensan lo que dicen y que esto mismo les hace libres y les hace poseedores de esa toque que hace que conectes con ellos.
Un montaje divertido, lleno de chispa, de golpes de humor que bailan entre lo facilón y lo sofisticado, mezclando el glamour ante los focos y las miserias del backstage. Con un buen ramillete de canciones pegadizas y pegajosas que mezclan estilos y que ayudan a la comprensión de las «lecciones» que cada uno de los personajes se encarga de impartirnos y que incluso te dejan con ganas de escuchar mas. 
Quizá con un comienzo mas acertado y desarrollado que su precipitado desenlace, pero con una historia que en definitiva hará pasar un gran rato de locura, risas y despreocupación, para los espectadores que se atrevan a penetrar en este cursillo desquiciado, heredero de aquel mítico «1000 clases de amor» que marcó lo que hoy es todo un estilo, el estilo Zancada.
Un elenco que nos trae a escena al propio Antonio Zancada junto a Guadalupe Lancho, Gema Zancada, David Martín y Carmen Barrantes, mas los cuatro músicos que son parte activa del espectáculo. Y que convierten el reducido espacio que es el escenario de El Sol de York en un enloquecido ir y venir de situaciones y personajes que no nos dan respiro.
Con el permiso de todos, no puedo resistir la tentación de destacar la labor de Carmen Barrantes, actriz que me tiene absolutamente ganado desde que la vi en «Cabaré de Caricia y Puntapié«, con esa vis cómica que le brota por todos lados. Es capaz de con un solo movimiento de ojos llenar todo un escenario. Uno la ve aparecer en escena y ya intuye que nos va a traer mas de lo que en principio nos vende y es que su Lula Dubois es un bombonazo que nos regala momentos absolutamente delirantes.
Otra cosa puede que no, pero que los actores que trabajan en este montaje se entregan de lleno al espectáculo, es innegable y es que no cualquiera sale airoso de un espectáculo que juega con unos personajes tan al límite y un humor tan corrosivo, absurdo y desvergonzado como el que Zancada nos ofrece.
Estoy convencido que este «recién nacido» que es «Lo Que Sé Del Amor» va a crecer fuerte y sano y va a traernos muy buenas noticias y grandísimos momentos. Tan solo ha dado unos tímidos pasos que en cuanto tome confianza serán firmes y contundentes.
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El Sol de York Júbilo Terminal Jesús Castejón José Pedro Carrión Teatro Valery Tellechea

Júbilo Terminal

Título:

Júbilo Terminal

Lugar:
El Sol de York

Autor:
Selección de textos realizada por
José Pedro Carrión y Valery Tellechea

Elenco:
José Pedro Carrión
Valery Tellechea

Música:
Mariano Díaz

Iluminacioón:
José Manuel Guerra

Vestuario:
Ana Garay

Dirección:
Jesús Castejón
José Pedro Carrión

Corren tiempos muy complicados, sé que últimamente lo repito en todas y cada una de mis crónicas, pero la situación cada vez es mas y mas insostenible y eso hace que proliferen los espectáculos en los que se denuncia la situación tan nefasta que nos ha tocado en suerte… ¿Suerte?  ¿Nuestra suerte? Lo que pasa es que casi siempre se nos ocurre señalar con el dedo al prójimo, pero ¿qué pasa con nosotros? ¿No tenemos parte de culpa? Todo no se va a pique por un solo mal y, hay veces, que el mal también reside dentro, pero nos cuesta reconocerlo. «Júbilo Terminal» dirigida por Jesús Castejón y creada e interpretada por José Pedro Carrión y Valery Tellechea, nos habla de esto.

Un actor atrapado en su propia nebulosa teatral; el desencanto de los años y de la anteposición del negocio sobre el arte; la tediosa tarea de tener que ser un faro para los que vienen detrás, cuando lo único que quieren es un escalón  que les permita saltar el muro en vez de rodearlo. 
Una actriz que necesita gritar su rabia, golpear con todas sus fuerzas, reclamando ser escuchada y cambiar las cosas para recuperar el espíritu original del Teatro, recuperarlo como altavoz hacia el mundo para que todo vuelva a tener sentido. 
Un teatro vacío, en todos los sentidos. 
La búsqueda de un escape ante la degeneración de una profesión que se devora a si misma.

Con estas premisas parte «Júbilo Terminal». Una denuncia dicha a la cara, que lanza hacia el espectador personajes como Cyrano, Vanya, Hamlet, Ricardo III, Puck… como armas arrojadizas.

José Pedro Carrión dueño y señor de la escena, que tan pronto le vemos como un ser absolutamente derrotado, como le vemos corretear y saltar cual bufón que intenta hacernos reir con sus verdades y que hace que los cimientos de «El Sol de York» tiemblan con esa potentisíma voz con la que revive un buen ramillete de textos del teatro universal.
Valery Tellechea remueve conciencias, lanza luz y provoca un entusiasmo rebelde con el peso que otorga el convencimiento de quien ama esta profesión.
Y que posee momentos muy bellos, como ese fragmento del Cyrano que me emocionó profundamente.

Todo esto tiene algún «pero» y es que creo que es una obra hecha por y para la gente de teatro, que no sé si llegará a un público mas general.
Toda la primera parte de la función es un juego continúo de textos y personajes clásicos que, a parte de lo perfectamente ejecutados y el juego de descubrir su procedencia, creo que despista por su complejidad y no logra indicar hacia donde quiere llegar.
No es hasta el momento en el que Valery Tellechea aparece como la joven actriz, que uno comienza a vislumbrar la propuesta y es ahí, cuando el diálogo se establece de una manera mas clara, consiguiendo llamar nuestra atención.
En ese momento comienzan a decirse verdades como puños. Se arremete contra todo profesional que se precie, desde el mas nuevo e ilusionado actor que quiere llegar rápidamente a lo mas alto, a los grandes «Totems» de la interpretación que miran desde su posición acomodada como todo se desmorona, que no se molestan en mover un dedo desde esa posición privilegiada.
«Júbilo Terminal» apela a un «desperece» general para sacar adelante una profesión que padece de una enfermedad terrible, «ombliguismo galopante«. Su Talón de Aquiles.
La función camina por la fina línea entre la denuncia, absolutamente necesaria, y el panfletismo, y a veces patina excesivamente hacia lo segundo… Espero que al menos esto sirva para que tenga lugar el despertar interno de la profesión.

Es una función complicada de digerir y de asimilar por el nivel de conocimiento teatral que exige para poder caminar comodamente por su interior, pero que puede ser necesaria como grito desesperado que reclama con urgencia una unidad dentro del mundo del Teatro… pero una unidad real, no de «Photocall«.

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Diana Palazón El Sol de York Eva Ugarte Gorka Otxoa Irene Anula Los Miércoles No Existen Luis Callejo Peris Romano Teatro William Miller

Los Miércoles No Existen

Título:

Los Miércoles No Existen

Lugar:
El Sol de York

Autor:
Peris Romano

Elenco:
Gorka Otxoa    – Mónica Regueiro
Diana Palazón  – Dani Muriel
William Miller  – Javier Rey
Irene Anula      – Armando del Río
Eva Ugarte       – Bárbara Grandío
Luís Callejo      – Marta Solaz

Músicos:
Alberto MatesanzEsther Rodríguez

Dirección:
Peris Romano

Hace unos días tuve la oportunidad de regresar a la sala «El Sol de York», sala que ha irrumpido con fuerza en el panorama teatral de la capital, ofreciendo una programación de calidad y que está rompiendo moldes en cuanto a la forma de trabajar con las compañías que allí representan. Un equipo de gente que trabaja con ganas y muchísimo entusiasmo, que se preocupan por darse a conocer, por dar a conocer los montajes que ofrecen y que se esfuerzan por crear un público propio para la sala, manteniendo un contacto directo y muy caluroso con los espectadores. Toda una labor que merece ser correspondida por todos los que nos consideramos «teatreros».

Esta vez la visita fue para ver «Los Miércoles No Existen», obra escrita y dirigida por Peris Romano, conocido director y guionista de cine y televisión, que se lanza a los escenarios para traernos una historia con un regusto generacional en la que nos cuenta la vida de seis personas que se entrecruzan a lo largo de cinco años para transformarlas en lo que ninguno esperaba.
Quizá la propuesta a primera vista suene algo comercial y de la sensación de «ya visto», pero enseguida uno se da cuenta que el poder de esta función radica precisamente en ese primera piel que Peris Romano nos muestra a modo de cebo; ya que nos atrae por esa supuesta sencillez, pero en el momento que uno ocupa su butaca y se apagan las luces, todo cambia y nos adentra en un juego de instantes claves que juguetean y estimulan la mente del espectador que se ve en la obligación de ir desmadejando, a golpe de carcajada, las situaciones que se le plantean.
Me gustó mucho el enfoque que se le da a todo para que la energía con el público esté siempre activa, desde el mismo comienzo en el que nos olvidamos de locuciones para pedir que apaguemos los móviles (Aunque aún hay personas que ni con esas se dan por aludidas…), hasta la idea de usar todo el espacio de la sala como escenario en el que transcurren las historias, habiendo ocasiones en las que tenemos a los actores a escasos centímetros. 
La función parte desde un punto concreto de la vida de estas personas, con lo que no se nos permite ni un momento de adaptación; la vida de estos personajes, como la de todos nosotros, lleva un ritmo concreto que hay que agarrar al vuelo y seguir la estela desde el comienzo para captar qué es lo que está sucediendo. Aunque a primera vista parezca complicado, no lo es y si alguien se pierde, ellos se encargan de dejárnoslo claro con una particular cronología de los hechos (No desvelo nada, ya sabéis que prefiero que aunque sean detalles mínimos, haya que descubrirlos «in situ»)
Disfruté mucho del espíritu que se desprende de la obra, de sus personajes, de ese aroma generacional con el que tanto me identifiqué; en sus comportamientos, en esas actitudes. Hay algo en «Los Miércoles No Existen» en lo que me encuentro muy reflejado. Puede que sea en ese aire de presunta inmadurez que llevamos impreso la gente de mi generación o la sensación de estar aún por encontrar nuestro hueco dentro de todo esto… También capté cierto aire de aquellas comedias españolas de los 90 en las que se presentaban a los personajes aferrados a la rebeldía de no querer ser parte de lo establecido y la urgencia de encontrar ese «algo» que nos hace especiales frente al mundo, e incluso el cachondeo y el surrealismo de ciertos intentos de comedia musical que, como ya he dicho, me hicieron pasarlo a lo grande porque, a pesar de ser un montaje hecho por profesionales ya consolidados, uno nota el espíritu de «colegueo» y eso nos lo hace aún mas cercano. A veces es bueno romper con la solemnidad para llegar al público, y esta función es la prueba de ello.
http://youtube.googleapis.com/v/TG–wZg12gg&source=uds
Aún no os he comentado que además hay dos repartos diferentes para poder ver la función y que la música es en directo, cosa que lo hace aún mas cercano si cabe. Yo vi el elenco integrado por Gorka Otxoa, Diana Palazón, William Miller, Irene Anula, Eva Ugarte y Luís Callejo y con Alberto Matesanz como músico/cantante de la función. 
Un reparto sólido y muy divertido que deja al terminar la función un regusto muy positivo. Un trabajo actoral complejo y muy bien resuelto por el tempo de comedia que lleva, por la forma de ponerse y quitarse los personajes, como esos mandiles que usan a veces en escena, y por la frescura que irradian; en momentos su actitud me recordaba al entusiasmo con el que uno se entregaba a las escenas que se preparaba cuando estudiaba en la escuela de interpretación y me encanta ver eso.
Mas allá de que pueda tomarse como una comedia ligera, que tampoco es nada negativo, uno va a poder ver una serie de personajes que poco a poco van  ganándote y que con su desamparo frente a la vida no puedes mas que regalarle tu simpatía.
Ahora lo que corresponde es ir a ver al otro reparto y tener una nueva visión de lo que ya hemos visto, que estoy seguro que merece la pena. En El Sol de York nos lo ponen fácil porque después de ver la función te dan un flyer con descuento para que puedas volver y te salga a mitad de precio.
¡No os la perdáis!
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