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Alfonso Lara Claudio Tolcachir Daniel Grao David Castillo Emilia Gloria Muñoz Malena Alterio Teatro Teatros del Canal

Emilia

Título:

Emilia

Autor:
Claudio Tolcachir

Lugar:
Teatros del Canal

Elenco:
Gloria Muñoz (Emilia)
Malena Alterio (Carolina)
Alfonso Lara (Walter)
Daniel Grao (Gabriel)
David Castillo (Leo)

Iluminación:
Juan Gómez Cornejo

Escenografía:
Elisa Sanz
Gonzalo Córdoba Estévez

Vestuario:
Elisa Sanz

Ayudante Dirección:
Mónica Zavala

Dirección:
Claudio Tolcachir

Si algo hizo que terminara por decirme a ver «Emilia» fue una tarde de comienzos de enero de este año en el café María Pandora, concretamente en los Cafés Teatrales que organiza Verónica Doynel. Era una de esas citas imprescindibles que, los que escarbamos en el teatrerío de manera mas obsesiva, no podemos perdernos. Allí estaba Claudio Tolcachir hablando, junto a Luis Luque y Raúl Tejón, sobre el teatro, sus carreras y todo aquello que surge cuando dejan que profesionales de este calibre se sientan cómodos. El caso es que después de escucharles hablar, no pude hacer otra cosa que comprar la entrada para poder ver esta función.
«Emilia», que está escrita y dirigida por Claudio Tolcachir, cuenta el casual reencuentro de Walter con Emilia, ella fue su niñera durante toda su infancia. La emoción de ese encuentro hace que Walter la invite a su casa para presentársela a la familia y mostrarle a Emilia la dicha de haber logrado poner en pie un hogar.
Una propuesta construida en la nebulosa de los recuerdos, donde sus habitantes danzan, entrando y saliendo de ellos con total impunidad a pesar de la crueldad que encierran. Donde Tolcachir nos ofrece un ramillete de personajes que son víctimas del amor y que lo sienten de diferentes maneras, donde todos intentan ser aceptados, buscando ese hueco en el que refugiarse; a veces con inocencia, otras con torpeza, buscando una segunda oportunidad, o incluso con la violencia que da la desesperación, pero donde todos buscan la aprobación y el consuelo de sentirse arropados.
Una historia sobre el deseo de amar y ser amado. Donde se habla de la imperfección del amor y de sus afiladas aristas, que laceran y hieren profundamente, cuando se le fuerza a ser y a estar.
Es una historia llena de pliegues, de recovecos que a veces tan solo se intuyen y que hacen de esa aparente normalidad algo perturbador.
Claudio Tolcachir cuenta una misma historia desde planos diferentes, girando entre la memoria y el presente, entrando y saliendo de instantes que van acelerándose para llegar a un punto al que nunca nos hubiera gustado llegar, a pesar de estar en él desde el mismo comienzo de la función. 
Generando sensaciones extrañas en el espectador, que contempla la propuesta sin saber muchas veces si lo que cuenta es algo que nos tiene que causar gracia o esconde algo terrible de lo que no deberíamos reírnos. Donde los personajes muestran la torpeza de quien no puede más, y ya no les sale fingir normalidad. Nos ofrece un mar de sombras que hay que jugar a detectar entre tanta luminosidad. 
La Emilia que nos regala Gloria Muñoz es una absoluta delicia, uno la rememora pasados los días tras la función y sigue sonriéndole con ternura, deseando consolar su desdicha. La sencillez y la calidez de su interpretación es tal, que uno reconoce a Emilia en su propia realidad. Una absoluta belleza de trabajo y un lujo poder contemplarlo.
El Walter de Alfonso Lara me hizo sentir inseguro cerca de él, sus expresiones, sus miedos e inseguridades me fueron transmitidos como algo terrible, una olla a presión de la que hay que alejarse. Es un animal encerrado dentro de una jaula de cordialidad que aterra mas que cualquier amenaza directa. Es un disfrute que te provoquen de esta manera.
Gran interpretación la de Malena Alterio con todos esos matices de los que llena a su Carolina; hay tanto que leer en sus silencios, en sus ausencias… ¡y es tan difícil de lograr! Me parece precioso trabajar desde esa sutileza y esa sensibilidad, terrible ese momento con los sándwiches.
David Castillo es todo un descubrimiento para mi, vi tal entrega en su trabajo que me apetece seguirle de cerca. Un bello retrato de la inocencia, arriesgado y muy bien resuelto.
Daniel Grao, nos trae a Gabriel, un ser que reside entre los recuerdos y el remordimiento, y que a la vez reclama su parcela de comprensión, que detona el desenlace y que, siendo el mas marginal de todos, acaba por aportar el punto de cordura a tanto frenesí de aparente felicidad. Transita por un registro diferente que resuelve con nota; en él me sucede como con Malena, destaco la sutileza de sus momentos fuera de foco, son imprescindibles para comprender dónde nos ha colocado Tolcachir.
Disfruté bailando entre la acción principal y todas esas pequeñas situaciones que ocurren fuera de foco y que tanto enriquecen el resultado. Tolcachir muestra tal gusto por el detalle y la sutileza, que no me importaría volver a ver la función para tan solo fijarme en eso que ocurre en los alrededores. Porque posa en los actores tal cantidad de vida que, estando fuera de foco, podemos obtener una lectura mas nítida, e incluso sincera, del sentir de sus personajes al no tener que estar obligados a «ser» lo que los demás les exigen que sean.
«Emilia» es una función de las que invitan a hablar largo y tendido sobre ella, de la que se pueden sacar tantas cosas, tantas lecturas, que apetecen. Y que pasados los días le encuentras aún mas matices y mas intensidad que la que uno capta en el primer instante.
Un auténtico placer poder, por fin, descubrir el teatro de Claudio Tolcachir.

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Agus Ruíz José Luis Alcobendas Julio César Mario Gas Paco Azorín Sergio Peris-Mencheta Shakespeare Teatro Teatro Bellas Artes Tristán Ulloa

Julio César

Título: 
Julio César

 
 

Autor:
William Shakespeare

Lugar:
Teatro Bellas Artes

Elenco:
Mario Gas (Julio César)
Sergio Peris-Mencheta (Marco Antonio)
Tristán Ulloa (Bruto)
José Luis Alcobendas (Casio)
Agus Ruíz (Casca)
Pau Cólera (Decio)
Carlos Martos (Metelo)
Pedro Chamizo (Octavio)

Versión:
Paco Azorín


Escenografía:           Iluminación:                    Audiovisual:
Paco Azorín            Pedro Yagüe                 Pedro Chamizo

Vestuario:                Sonido
Paloma Bomé        Orestes Gas 

Dirección:
Paco Azorín 

 
Andaba detrás de este “Julio César” desde hacía mucho tiempo, siguiendo su paso por diferentes teatros y con ganas de que recalara, por fin, en la capital. Un elenco como este y con una función de tal envergadura no podía dejarse pasar.

No hace falta que le cuente a nadie qué es lo que narra este texto de Shakespeare, tan solo contar que la versión que ha realizado Paco Azorín está ambientada en un tiempo indeterminado que, a juzgar por el vestuario de Paloma Bomé y la escenografía del propio Azorín, se pretende que sea lo mas cercana posible a nuestros días.
Un montaje con aires de grandiosidad, de líneas rectas, de una frialdad aséptica, y con claras referencias masculinas, no hay mas que ver el obelisco que preside la escena; nos desafía a presenciar una propuesta basada, tal como el propio director expresa en el programa de mano, en el actor y la poética de la palabra; centrándose en los pasajes claves de la función original, condensándola en un torrente de hora y media que vomita hechos, aunque quizá peque en la excesiva condensación de acontecimientos, convirtiéndolo casi en una enumeración de momentos.
Para mi gusto la función, a pesar de su clara intención de hacer que el espectador saboree los versos del autor, es plana en emociones; creo que la propuesta de Paco Azorín no llega a calar en el espectador. 
Hay algo en la cadencia con la que están tratadas las situaciones que hace que uno incluso llegue a desconectar de lo que está sucediendo en escena. El dramatismo queda apagado por una sucesión de escenas que a mi me dejaron con las ganas, y es una lástima porque creo que el trabajo de algunos intérpretes, no todos, no por elevar la voz o gritar uno transmite emociones más potentes, es bastante notable, pero no percibí armonía en el conjunto. Todos saben su partitura y manejan su instrumento con profesionalidad, pero no llegan a empastar para crear la sinfonía pretendida.
Me agradó encontrarme con un Bruto, interpretado por Tristán Ulloa, diferente. Uno va con una idea preconcebida y desde el mismo instante en el que irrumpe en escena, ya te das cuenta que no tiene nada que ver con lo que se espera, y es de agradecer poder encontrarse con una vuelta de tuerca en un personaje como este.
Lo mismo sucede con Sergio Péris-Mencheta, la contundencia con la que se presenta en escena su Marco Antonio hace que hasta el mismísimo Julio César se haga pequeño. Su actitud, su forma de decir el texto, hacen que uno pueda disfrutar de su interpretación a pesar de lo insípido del montaje.
Ambos sí lograron interesarme y deleitarme con sus trabajos, en ellos sí percibí esa poética de la que habla el director.
Y sería injusto no destacar la labor de José Luis Alcobendas y Agus Ruíz, que se entregan, en mi opinión, con energía, atractivo y solvencia a los personajes que les ha tocado en suerte.
Lástima que el acabado, tan bello estéticamente, quede desperdiciado en un montaje que, siempre bajo mi punto de vista, pueda ser olvidado nada más abandonar el teatro.

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Bárbara Lennie Breve Ejercicio Para Sobrevivir La Pensión de las Pulgas Lautaro Perotti Santi Marín Teatro

Breve Ejercicio Para Sobrevivir

Título:
Breve Ejercicio Para Sobrevivir

Autor:
Lautaro Perotti
(Basado en textos de Tenneesse Williams)

Lugar:
La Pensión de las Pulgas

Elenco:
Bárbara Lennie
Santi Marín

Producción:
Factoría Madre Constriktor

Director:
Lautaro Perotti

Llevo unos días que todo lo que estoy viendo en teatro está dejándome el alma hecha jirones, parece una exageración y una cursilería, pero es como he quedado tras dos días paseándome entre Porteras y Pulgas
El pasado lunes me acerqué a descubrir el interior de esta joya escondida entre las paredes de La Pensión de las Pulgas. «Breve Ejercicio Para Sobrevivir» con la que Lautaro Perotti mete su mano dentro de nuestro pecho, rozándonos el corazón y alojando una brizna de desconsuelo latiendo ahí dentro…
Ya véis, así empiezo la crónica…
Lautaro Perotti crea desde la mas absoluta sencillez una historia de necesidades, de dependencias, de vidas quebradas; que habla de sentimientos que se desbordan hacia el interior.
Uno asiste, creo que con mas pudor que nunca, a un instante de la vida de dos seres perdidos; tan rotos que ni si quiera sienten fuerzas suficientes para intentar recomponerse; que se aferran uno al otro en un intento desesperado por seguir sobreviviendo, arrastrándose a través de una vida que no les quiere en ella, porque eso es lo que uno siente, que la vida no les quiere y les vapulea intentando sacudírselos de encima.
Es desasosegante sentir tanta desesperación en sus palabras, esas que no llegan a salir con fluidez, que se quedan como anzuelos en la garganta, pero sobretodo duele ver la desesperación en sus silencios, en sus ojos.

Una habitación patas arriba, revuelta y sucia, como sus propias vidas. Allí transcurre este fragmento de vida del que a penas si sabemos qué sucede antes y del que aterra pensar cómo va a continuar cuando se haga el oscuro.
Dos vidas manchadas de miedo; tanto, que a uno le impide expresarse sin tartamudear y a la otra la incapacita para atravesar los límites del salón donde se encuentra atrapada. Miedo a vivir la vida que les ha tocado y miedo a dejar de vivirla.

Los diálogos se tropiezan, son torpes, rápidos, violentos, como unas manos que aletean desesperadas por asirse a algún lugar que les haga sentir seguros por un instante, pero que resbalan y caen sin lograrlo.
Bárbara Lennie y Santi Marín dan vida a estos dos personajes que cada vez que los pienso, y ya han pasado un par de días desde que vi la función, me encogen algo por dentro.
Hay tanta verdad en lo que nos entrega Bárbara Lennie, que cuesta hablar sobre ello sin sentir que es insuficiente. Sus ojos, dicen incluso mas que el texto del que ha hecho la adaptación Lautaro Perotti. Y Santi Marín compone un personaje tan real, tan extrañamente cercano, que hace que pierdas la perspectiva como espectador.

Uno siente la necesidad de abrazarlos, de mecerlos tranquilizadoramente entre sus brazos, aún a sabiendas de que no hay un final feliz… la caída ya se ha iniciado y no hay punto de retorno para ellos dos; pero aún así sientes la necesidad de acompañarlos, apretándoles cálidamente la mano, para que se olviden de su miedo al menos hasta que todo haya acabado, ofreciéndoles algo de luz en su final. Sensación descorazonadora por nuestra posición como mudo espectador.

Una función que te desgarra algo por dentro, pero que nadie debería perderse.
Hay que ir verla, sentirla y sorprenderse días después con el mismo nudo en la garganta que cuando dejamos a estos dos seres en algún rincón perdido de La Pensión de las Pulgas.

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Ángel Burgos Esperanza Elipe José Luis Santos Juan Antonio Lumbreras Locos Por El Té Mª Luisa Merlo Oscar de la Fuente Quino Falero Rocío Calvo Teatro Teatro Alcázar

Locos Por El Té



Título:

Locos Por El Té
Autor:
Patrick Haudecouer
Danielle Navarro
Adaptación:
Julián Quintanilla
Lugar:
Teatro Alcázar (Cofidís)

Elenco:
Mª Luisa Merlo
Juan Antonio Lumbreras
José Luis Santos
Esperanza Elipe
Óscar de la Fuente
Ángel Burgos
Rocio Calvo

Escenografía y Vestuario:
Elisa Sanz

Iluminación:
Alfonso Ramos

Ayudante de Dirección:
Rocío Vidal

Director:
Quino Falero
Después de la intensidad con la que hemos comenzado el año teatral, me hacía falta un poco de “aire fresco”, así que nos acercamos por el Teatro Alcázar (Cofidis) para ver qué nos tenía preparado Quino Falero con este “Locos Por El Té” con el que acaba de comenzar su andadura.
Esta comedia de Patrick Haudecouer y Danielle Navarro que ha triunfado tras su reposición en los escenarios franceses, ganadora del Premio Moliere de comedia del año 2011, nos invita a pasar y presenciar los últimos ensayos de una compañía de teatro que anda continuamente al filo del desastre. 
Una diva de la escena y de la sobreactuación (Mª Luisa Merlo), un actor que no lo es y que con cada gesto genera un nuevo desastre (Juan Antonio Lumbreras), un secundario hiperactivo y muy «del método» (Óscar de la Fuente) , un veterano actor que no deja de sugerir “cambios” (José Luis Santos), una directora inglesa que no sabe dónde se ha metido (Esperanza Elipe), un técnico sin pelos en la lengua (Ángel Burgos) y una “sastra” con muy malos humos y limitados conocimientos sobre su profesión (Rocío Calvo), son los integrantes de este “Locos Por El Té”. 
Tal como dice Mª Luisa Merlo, esta función es un “Juguete cómico” donde se percibe lo bien que se lo pasan en escena todos los integrantes de la función y al que hay que ir sin más pretensiones que la de pasar un rato divertido. Desde el mismo comienzo la locura se desata y ya no hay momento de descanso, los personajes comienzan a poner en marcha este caótico carrusel, sacando toda una batería de tics y “manías actorales” llevadas al extremo (¿o no tan extremas?) que hacen que el patio de butacas esté totalmente entregado.
Confieso que el vodevil no se encuentra entre mis géneros favoritos, soy un poco “especialito” en cuanto al tipo de comedia y me cuesta entrar; quizá es por eso que la primera parte me pareció un tanto floja, es cierto que es cuando te entregan las claves para comprender la locura posterior, pero creo que le cuesta comenzar, me faltó algo de ritmo en el planteamiento y creo que hay ciertos momentos a las que aún hay que encontrarle el tono para que acabe de cuajar; ¡Ojo! Hay que tener en cuenta que aún están en las previas y las comedias van tomando cuerpo a base de representaciones. 
Todo esto no quita para que la viera divertido, apreciando el agotador trabajo de los actores, el de alguno de ellos es extenuante, como el de ese fantástico Juan Antonio Lumbreras o el alarde físico de Óscar de la Fuente (¡guau!), y el encaje de bolillos que Quino Falero realiza para sacar adelante la cantidad de gags que se suceden en escena.
Pero si hablamos de la segunda parte, la cosa cambia. El momento en el que se estrena la función que estos personajes preparan, está lleno de cabriolas, con un ritmo vertiginoso y plagado de instantes de una locura absurda y desquiciada, que me divirtieron y provocaron que soltara más de una carcajada. El caos parece que no tiene fin con ese arsenal de artillería pesada que acaban por soltar hasta el mismísimo último minuto.
Así que ya sabéis, si estáis buscando una función con la que divertiros sin mayor preocupación que la de soltar unas buenas carcajadas, esta puede ser vuestra opción.
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Alberto Puraenvidia Autostop Carlos Be Fran Arráez Juan Caballero Mentxu Romero Teatro Teatro Lara The Zombie Company

Autostop

Título:
Autostop

Autor:
Carlos Be
(Basado en un relato de Milan Kundera)

Lugar:
Teatro Lara

Elenco:
Mentxu Romero
Juan Caballero

Vestuario:
Reme Gómez

Escenografía:
Alberto Puraenvidia

Iluminación:
Jesús Antón

Producción y Ayudante de Dirección:
Sara Luesma

Dirección:
Fran Arráez

Me encanta asistir a los montajes de The Zombie Company y ver las reacciones de aquellos espectadores que desconocen el terreno en el que se adentran; las caras de estupefacción con la que salen son dignas de ver, y es que Carlos Be tiene el poder de hacer que todos nos sentimos un poco estupefactos cuando nos sumergimos en sus mundos. Asistir al estreno de uno de sus textos es como volver a perder la virginidad. Te sientes inseguro, excitado, esperando con ansiedad el momento; sientes que te invade una mezcla entre miedo y entusiasmo y, llegado el momento, te entregas con cierto temor sabiendo, por lo que te han contado, que puede doler, pero que lo acabarás por gozar… ¿Sentirse satisfecho al acabar? ¡Ahí ya cada uno con su experiencia! Yo cuento la mía.

Ayer asistimos al estreno de “Autostop”, nueva producción de esta compañía que no ha dejado de parir montajes, cada uno con su estilo y todos con el mismo, el de su autor, Carlos Be. En esta nueva función, basada en un relato de Milan Kundera, nos adentramos en un peligroso juego que, con un aparente tono inicial de inocente socarronería, nos presentan a una pareja que durante un viaje cargado de intenciones románticas se descubre a si misma…
Si quieres que tu pérdida de virginidad en “Autostop” sea única y genuina, te aconsejo que no sigas leyendo porque quizá pueda «spoilear» parte de la función.
Es curioso como uno se entrega con entusiasmo al juego que Carlos Be y Fran Arráez, director del montaje, nos proponen. Uno sabe que la aparente armonía e idealidad de los personajes se va a ver truncada en cualquier momento por alguna circunstancia que sacará a la superficie su verdadera naturaleza. Hurgar en la herida nunca trajo nada bueno… y si además jugamos con fuego, lejos de cauterizar esa herida, lo que haremos será ahondar en ella y acabar perdiéndonos dentro, como si fuera una caverna de tierras movedizas.
Partiendo de una colorida y preciosista premisa, nacida del vestuario de Reme Gómez y la escenografía creada por la brillante mano de Alberto Puraenvidia; reflejo de esa artificiosidad con la que estos personajes han decidido decorar toda su “mierda”; vamos desgarrando, a golpe de juguetonas cuchilladas, esas “vidas estupendas” en las que se encuentran atrapados estos dos seres, para despertar el dolor tan corrompido y repulsivo que se revuelve en su interior. Una “mierda” que es simple y llanamente la liberación de ellos mismos y sus verdaderos sentimientos.
Un trabajo por parte de Juan Caballero y Mentxu Romero muy arriesgado, no tanto por su desnudez física, si no por la emocional, por el paso de esa artificiosidad de la que hablaba antes, a la visceralidad de sus interpretaciones y, por supuesto, la absoluta entrega en respuesta a lo que Fran Arráez les propone.
No creo que cualquier actor se atreva a exponerse y dar tanto de la manera que ellos lo hacen. Pasar de la aparente insustancialidad de la comedieta inicial al desgarro final de una manera tan despojada de prejuicios, hacen que aplauda la valentía con la que se entregan. 
No es un montaje fácil y nada convencional, de hecho no creo que todo el mundo soporte mirar dentro de la habitación a la que nos invitan The Zombie Company, pero este es su estilo y es lo que defienden. A mi particularmente me gusta y me entrego cada vez con más curiosidad a sus propuestas, pero no sé si esta es la obra apropiada para dar el salto del Off al On. Confieso que me encanta ver montajes tan arriesgados en las tablas de un gran teatro y no en su hall o en su sala pequeña. Es como ver cumplida parte de una utopía que muchos compartimos.
Mi mayor temor es pensar que no encaje con el tipo de público que acostumbra a acercarse por el Teatro Lara, ojalá me equivoque. El tiempo lo dirá y espero que sea lo suficientemente justo con ellos.
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300 Pistolas Anna Hastings Álvaro Morte Carlos de Austria Esteban Jiménez Miguel Mihura Nave 73 Sara Gómez Teatro Tres Sombreros de Copa

Tres Sombreros de Copa

Título:

Tres Sombreros de Copa

Autor:
Miguel Mihura

Versión:
Álvaro Morte

Lugar:
Nave 73

Elenco:
Álvaro Morte
Sara Gómez
Esteban Jiménez
Anna Hastings
Carlos De Austria

Vestuario:                          Iluminación:              Escenografía:
Blanca Clemente             José Mora                 Blanca Clemente
                                                                             Álvaro Morte

Música:                             Coreógrafa:
José Villalobos                Fredeswinda Gijón

Dirección:
Álvaro Morte

Ir a ver Tres Sombreros de Copa despierta en mi un sin fin de aromas del pasado. 

Fue una de las primeras obras que me dieron a leer en el instituto, una de las primeras que ensayé y con la que aprendí a jugar en escena; también fue una de las primeras funciones que recuerdo haber visto en un teatro «Grande» con un fantástico Luis Merlo como Dionisio… 
En fin, que cuando se me puso delante la posibilidad de volver a recuperarla, no quise resistirme.
Siempre he pensado que algo de este texto de Mihura se me escapaba, supongo que la lectura de un jovenzuelo de 15 años quedaba un tanto limitada a lo que el gran Miguel Mihura escondía tras sus frases, y ver esta propuesta ha sido como si encendieran una luz que dejara a la vista todas las esquinas de una habitación que había estado hasta entonces en penumbra. 
Es difícil de explicar sin ver la función, pero el trabajo tan laborioso que han realizado para lograr la intención correcta a cada una de las intervenciones es tan magnífica, que aún me hace sonreir rememorar ciertos momentos del montaje que Alvaro Morte y el resto del equipo de 300 Pistolas ponen en escena. La propuesta que se traen entre manos es tan fresca y atractiva que no se puede pasar por alto.
Comienza la función y uno ya es consciente de que lo que va a presenciar no tiene nada que ver con la idea que podría llevarse preconcebida ante este texto. Ellos optan por jugársela a lo bestia, «Tirando pa’lante» y ¡vaya que sí!, la apuesta les sale redonda.
Jamás se me hubiera ocurrido pensar que Miguel Mihura pudiera convertirse en la esencia palpitante de los Hermanos Marx. Que todo aquello que ellos llevaban a cabo en sus películas, ese ritmo endiablado, lleno de dobles inteciones, de velocidades imposibles y malabarismo casi sobrehumanos, esos juegos con el absurdo tan efectivos, ¡y ese humor tan maravilloso! pudieran estar presentes dentro de un texto como este, y menos subido a un escenario, con la precisión con la que esta compañía lo lleva a cabo.

Solo puedo decir que gocé todos y cada uno de los minutos.
Cada vez que la función amenazaba con languidecer, remontaba con una nueva cabriola, un nuevo guiño o un truco que hacía que nuestras orejas de espectador se volvieran a erguir para no perder detalle de aquello que ocurre en los recovecos del mundo de 300 Pistolas.

Los actores son piezas de un engranaje que funciona con absoluta exactitud. Todo está calculado al milímetro y realizado con una gustosa limpieza. Las coreografías, los movimientos, la minuciosidad en los detalles, el acierto en los gestos mas insignificantes, hacen de este montaje un trabajo impecable.Uno los mira con embobamiento, hasta el punto casi de babear.
Esas interpretaciones de triple salto mortal, hacen que den ganas de aplaudir a cada cierre de cuadro. Siempre hay un «mas difícil todavía» que hace que cuando te quieres dar cuenta, te encuentras sentado en el filo de la grada provocado por el entusiasmo que nos genera cada nueva escena. Como si fuéramos niños pequeños.
Esteban Jiménez es en sí mismo un parque de atracciones, no hay personaje de los que cae en sus manos durante esta función, que no sea un regalo para el espectador, es el delirio personificado y siempre impecable.
Sara Gómez nos obsequia con el sabor agridulce de su Paula, que trae con tanta delicadeza. En ella podemos intuir la mirada triste del payaso, esa lágrima que nunca resbala porque no hay tiempo ni lugar donde dejarla. y a la vez tan divertida… la coordinación y el trabajo con sus compañeros es admirable. Hace de lo complicado un juego sencillo. Bellísima.
Anna Hastings es un soplo de aire que revuelve la escena cada vez que aparece tras el telón, juega con ganas y nosotros lo disfrutamos a manos llenas.
Carlos De Austria hace una cosa que a mi me parece muy complicada de lograr, y es llegar a dirigir la mirada del espectador para que este esté pendiente de sus puntos de vista en los momentos adecuados. Generoso cediendo el foco a sus compañeros, pero sabiendo lucirse en las escenas que le toca defender.

No se ha perdido ni un ápice de la magia y la candidez del original, todo lo contrario, se ha enriquecido de tal manera que creo que el trabajo que ha hecho Álvaro Morte con la adaptación y la dirección son de lo mejorcito que he visto en bastante tiempo. Al igual que su interpretación de Dionisio. Ofrece una visión tan renovada de este personaje, tan enriquecida, que es un placer haber disfrutado tanto descubriendo aspectos desconocidos, para mi, de este personaje.

Siempre valoramos los dramas, las tragedias y las funciones que te desgarran por dentro, pero Álvaro logra con esta comedia un trabajo absolutamente artesanal, rematado con un gusto exquisito
¡Lástima no haber llegado a ver lo que hicieron con El Perro del Hortelano!

Ya os podréis imaginar que os la recomiendo con ganas. Incluso creo que es una de esas funciones que aficionan a ver teatro a aquellos que se resisten. Atrapa desde el comienzo, hace que uno se divierta con ganas y que en ocasiones se emocione, está hecho todo con una ternura y una pasión tan grandes que traspasan y calan.
300 Pistolas son muy necesarios, son el teatro de Barraca resucitado y, eso, es una belleza.
¡Vayan a comprobarlo por sí mismos a Nave 73!

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David Aramburu Iñigo Guardamino Kubik Fabrik Laura Maure Mon Ceballos Montse Gabriel Teatro Vaciones en la Inopia

Vacaciones en la Inopia

Título:
Vacaciones en la Inopia
Autor:
Íñigo Guardamino
Lugar:
Kubik Fabrik
Elenco:
David Aramburu
Mon Ceballos
Montse Gabriel
Laura Maure
Iluminación:
Pedro Guerrero
Escenografía y Espacio Sonoro:
María José Pazos
Música:
Joan Cerveró
Producción:
La Caja Negra Teatro
Dirección:
Íñigo Guardamino

Fuí con muchísimas ganas a ver «Vacaciones en la Inopia» de Íñigo Guardamino a Kubik Fabrik, me habían llegado comentarios muy positivos sobre ella y no quería perdérmela. Es la segunda vez que la programan en la misma sala y no quería desperdiciar esta segunda oportunidad que se me estaba brindando para ver aquello que todo el mundo elogiaba.
Me senté en mi butaca y me dispuse a disfrutar de la experiencia, pero a medida que la función avanzaba, la sensación que me iba invadiendo era como cuando uno lee un libro del que necesita releer lo ya leído porque hay algo en sus páginas que se nos escapa… Solo que en teatro, esa segunda lectura es imposible de realizar, con lo que muchas de las situaciones planteadas se me perdieron entre referencias y simbolismos…
Es cierto que hay escenas que me gustaron y me parecieron brillantes, momentos hilarantes que me hicieron soltar carcajadas de puro surrealismo e incluso en otros me provocaron una incomidad abrumadora, pero la sensación con la que salí fue la de no haber llegado a captar con claridad la idea de lo que se me estaba queriendo contar.
Íñigo nos habla de los problemas que generan los nacionalismos, las divisiones, la religión; que lanza teorías sobre cómo el mundo occidental maneja los hilos y manipula la visión que tenemos sobre todo lo que acontece a nuestro alrededor, utilizando un humor muy ácido y negro que muchas veces juguetea con otro mucho mas tontorrón.
Un conglomerado de situaciones que giran en torno a un objeto divino que desemboca todo tipo de reacciones y de situaciones, que en muchas ocasiones, siendo honesto, me hicieron plantearme que estaba contemplando el techo de mis límites culturales porque me sentí perdido, incapaz de identificar referencias o cazar al vuelo las imágenes e ideas que el director lanza. No voy a mentir porque no tiene sentido, cuando uno no comprende lo que ve, también tiene que decirlo, no pasa nada. No todo está hecho para todo tipo de públicos.
Si he de destacar algunos momentos de esta función destaco la escena en el banco, donde el jugueteo lingüistico me pareció interesente de seguir y muy divertido, aunque el planteamiento del cuento de los elefantes se me escapó. La de los Israelíes en alta mar. La de la familia que reza por conseguir cada uno lo que mas desea, con las terribles consecuencias que esto acarrea. Y la que mas, por lo conmocionado que me dejó, la escena en la que la mendiga recibe lecciones de cómo pedir en el metro, que me resultó turbadora y muy incómoda de ver con esa carga de violencia tan brutal.
En cuanto a las interpretaciones, creo que los cuatro actores se entregan al juego que el director les propone. David Aranburu, Mon Ceballos, Montse Gabriel y Laura Maure realizan unas interpretaciones muy valientes y arriesgadas.
Una función que golpea fuerte y provoca muchas reacciones encontradas en muy poco tiempo, pero que no está hecha para cualquier tipo de paladar.
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Chema Coloma Doriam Sojo El Burdel A Escena Fátima Sayyad La Noche Al Revés Teatro Xavier Durringer

La Noche Al Revés

Título:

La Noche Al Revés

Autor:
Xavier Durringer

Lugar:
El Burdel A Escena

Elenco:
Chema Coloma
Fátima Sayyad

Vestuario y Maquillaje:
Antonio Mañas

Adaptación:
Fátima Sayyad

Dirección:
Chema Coloma

Siempre es una gran noticia que broten espacios en la ciudad, pequeñas cajas contenedoras de historias, donde uno ni se lo hubiera llegado a plantear. Este es el caso de El Burdel A Escena, espacio teatral creado por Doriam Sojo, actor, director y productor; donde se da cabida a creaciones y propuestas que se adaptan a un lugar como este, un burdel en la Calle Sombrerería que estuvo funcionando como tal hasta comienzos de este mismo año.
Doriam nos recibe abriéndonos las puertas a un lugar donde lo inesperado es el pan nuestro de cada día. Donde la intimidad y lo peculiar flotan en el ambiente.
Uno se sienta en la sala y mientras espera piensa que quizá le toque entregarse un poco mas de lo que se le pide a un espectador sentado en una butca. La cercanía a lo que allí ocurre es lo que tiene.
En esta ocasión la función con la que descubrimos este espacio es «La Noche Al Revés» de Xavier Durringer, texto que Fatima Sayyad ha traducido del francés para ponerlo en escena dirigido por su compañero de reparto Chema Coloma. Una pieza íntima, como ellos mismos la denominan.
La historia nos sitúa una noche cualquiera en el que una prostituta de Lavapiés lleva a su habitación al que debería ser el último cliente de la noche. Lo que ella no espera es que este cliente, aparentemente anodino, le haga vivir una noche en la que todo cambiará…
Una historia donde se respira desde el comienzo que las cosas no van como deberían. La actitud de los personajes, la tensión desde el mismo momento en el que irrumpen en escena, hace preveer que algo no está marchando como debería. La cercanía de los actores hace que uno pueda masticar la tensión, percibir las intenciones ocultas y el miedo en quien cree tener dominada la situación.
La normalidad del comienzo ya viene descascarillada y sin quererlo, solo con los compartamientos habituales, los fragmentos de esa falsa normalidad se van desprendiendo, dejando a la vista las dobles intenciones, las verdades contadas a medias y los propósitos ocultos. Dejándonos ver unas vidas rotas que buscan, quizá de una forma equivocada, lograr la felicidad o al menos un poco de consuelo ante el sufrimiento de sentirse solos.
Si bien es cierto que la cercanía ayuda a que los espectadores nos involucremos de una manera mas activa, adoptando nuestro papel de voyeur, también hace que queden expuestas ciertas imperfecciones. A mi, como espectador de este tipo de teatro me gusta meterme de cabeza en las historias y casi poder respirar encima de los actores; el problema es que desde tan cerca  uno puede detectar aristas pendientes de ser limadas y que impiden terminar de creerse lo allí expuesto.
Pienso que una propuesta teatral basada en una cercanía tan radical debe estar trabajada asumiendo los riesgos de la proximidad, pensando que cualquier atisbo de «fingimiento» puede dar al traste con todo y «La Noche Al Revés» tiene momentos que rompen la atmósfera conseguida al dejar al descubierto algunos límites pactados por los actores, dotándolo todo de una «amabilidad» que va en detrimento de la trama.
La química entre Fátima Sayyad y Chema Coloma es muy buena, logran cotas de intensidad y veracidad muy altas, pero en ciertos momentos me dio la sensación que el pudor les impedía asumir riesgos mayores. La propuesta me pedía algo mas de crudeza en sus intenciones y estoy convencido que, por lo que vi de ellos, podrían lograrlo sin esfuerzo. Sin embargo, cuando los personajes se abren uno al otro, resultan muy convincentes e interesantes de observar.
Destaco la evolución de Fátima a través de la función; como a la vez que su personaje se desprende de todos los complementos, nos muestra la herida tan profunda con la que ha tenido que aprender a vivir. Y de Chema me estusiasmó la forma en la que logra transmitir una inestabilidad tan real que, acabas por creer lo peligroso e impredecible de sus actos; a mi particularmente me hizo sentir muy incomodo.
Creo que, aunque le falte cierto riesgo para lograr que la experiencia sea completa, es una función interesante de ver.

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Carmen Mayordomo Claudio Sierra Intimidad Iván Ruiz Flores Nahia Láiz Rikar Gil Sala TU Teatro

Intimidad

Título:

Intimidad
Autor:
Iván Ruiz Flores
Lugar:
Sala TU
Elenco:
Carmen Mayordomo
Claudio Sierra
Nahia Láiz
Rikar Gil
Diseño Escénico:
Iván Ruiz Flores
Noelia Rosa
Producción:
Aniur Creativos Audiovisuales
Ayudante de Dirección:
Noelia Rosa
Dirección:
Iván Ruiz Flores

Da un pudor infinito transformar en palabras lo que provoca Intimidad en quienes lo presenciamos, hay que tomar aliento y decidirse a dar el paso porque si no, puede, que nunca lo hagamos.
Esta primera obra escrita por Iván Ruiz Flores, quien también la dirige, es un tajo en la yugular de la realidad. Un golpe seco que te nockea sin contemplaciones y te deja sin respiración.
Un espacio ínfimo, una quietud desesperante, unas miradas huidizas que duelen cuando se posan en nosotros, la voz de los personajes, esas voces que calan poco a poco en nuestro interior y convierten a los actores en primeros planos desasosegantes de una realidad desesperanzada. Hay momentos de la función que ahogan el alma, como si nos zambulléramos en un mar nocturno y, al estar sumergidos en él, no supiéramos hacia donde dirigirnos para encontrar la superficie en la que poder volver a respirar porque solo hay negrura.
Cuatro actores en escena, atentos a lo que dicen unos y otros, pero sin a penas interactuar entre ellos, solo leves gestos, miradas de soslayo, quizá un ligero estremecimiento. Cuatro monólogos ásperos en los que el espectador hunde su curiosidad aún a sabiendas de no encontrar nada amable en ellos. Cuatro vidas resquebrajadas y un solo nexo de unión, la Intimidad del título.
Hablan sobre esas pequeñas cosas que laceran nuestras vidas, esas pequeñas cosas que condicionan el resto de nuestras acciones y que hacen que tomemos determinaciones nunca imaginadas. Pero son cosas cotidianas, guardadas muy adentro, de las que a veces ni reparas en comentar por lo nimias que pueden resultar a los demás, pero que dentro de nosotros toman una importancia desmedida, tanto como para que nuestras vidas se conviertan en otra cosa.
Carmen Mayordomo, Claudio Sierra, Nahia Láiz y Rikar Gil son los cuatro actores que prestan su carne y su alma a esta experiencia que nos hizo salir mudos, turbados, e incluso avergonzados, de la sala. Cuatro actores que hacen algún tipo de conjuro sobre los que presenciamos esta función que deja clavado en la butaca al espectador una vez terminada la función y en estado de shock. Yo salí de la sala rápido, con ganas de que me diera el aire, de tomar una bocanada grande y volver a respirar con normalidad, y de paso agarrarme a mi vida de nuevo y apretarla fuerte para no dejarla escapar.
Una obra dura, áspera y dolorosamente real. No hay momento en ella que te deje tomar resuello para continuar. Una vez que comienza te sujeta por la nuca y te obliga a mirar, aún sabiendo que no quieres ver lo que te muestra, pero que te obliga para que seas consciente de que «eso» que ves, existe, y está presente en nuestro día a día. Aunque almas optimistas como la mía, que salen vapuleadas, aún encuentran un resquicio de esperanza en sus últimas palabras.
La recomiendo con muchas ganas, y a la vez con miedo, porque es hacer que otros miren a lo que a ti te costó tanto sostener la mirada.
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1095 Alicia Martín Miguel Ángel Calvo Pablo Paz Sala Triángulo Teatro Telón de Aquiles

1095


Título:
1095
Dramaturgia:
Alicia Martín, Miguel Ángel Calvo y
Pablo Paz.

Lugar:
Sala Triángulo

Elenco:
Alicia Martín
Miguel Ángel Calvo

Escenografía:
25M

Vestuario:
El Telón de Aquiles

Iluminación:
Pedro Pablo Melendo

Dirección:
Pablo Paz

¿Qué podemos hacer cuando los problemas nos ahogan y la situación no da para mas? ¿Nos metemos en un búnker y ponemos tiempo de por medio? A primera vista es una buena idea. Dicen que el tiempo lo cura todo… o no.
“1095” nos plantea esta posibilidad de poder cerrar la puerta a los problemas y ver qué sucede cuando volvamos a asomar la cabeza pasado un tiempo; lo malo es que cerremos y se nos queden dentro, con nosotros.
La Compañía Telón de Aquiles nos presenta su montaje “1095” donde una pareja, ahogada por la crisis, decide encerrarse en el búnker construido años atrás por uno de sus familiares, para dejar pasar tres años de por medio y volver a salir tras ese tiempo para ver cómo se ha “arreglado” la sociedad sin ellos.
El paro, la pareja, los desahucios, el sexo, el gobierno, la fertilidad, la política social, las albóndigas a la jardinera… son temas que salen a la luz en el momento en el que esta pareja pulsa el botón que los dejará sumergidos en el mas absoluto de los aislamientos, contando, como único enlace con el exterior, con una vieja radio que emite noticias en portugués, mostrándoles que, por mucho que uno de la espalda a la realidad, esta no deja de avanzar (o retroceder, según la circunstancia) sin importarle quien quiere bajarse de ella.
Lo que a priori parece una buena idea, no lo es tanto si pensamos que encerrarse durante tres años con la única compañía de tu pareja, puede hacer que aflore lo peor de nosotros. Que nuestra cabeza se convierta en una olla a presión sin válvula de escape y que al destaparse, deje salir lo peor de cada uno de nosotros, convirtiendo lo que normalmente son “refunfuños” o juramentos entre dientes olvidables al momento, en situaciones irreconciliables.
Una comedia surrealista dirigida por Pablo Paz, con una dramaturgia creada por el equipo del Telón de Aquiles a través de trabajos de improvisación, que tiene en su comienzo y sus primeros cuadros su mayor acierto, donde se destila mucha mala baba y un descaro con mucho potencial, lástima que hacia el final de la función pierda fuelle. 
La Sala Triángulo se transforma en un auténtico búnker claustrofóbico, con una escenografía muy trabajada y tan protagonista en la historia como los propios actores. Aunque algún fallo en el tema audiovisual pudo llevar a confusión al espectador a la hora de situarnos en el momento preciso en el que ocurre la historia, cosas del directo y la tecnología…
Los dos actores, Miguel Ángel Calvo y Alicia Martín, hacen un divertido trabajo que da mucho que pensar, con un tempo algo variable, pero con un resultado final bastante correcto. Los dos destilan una comicidad mordaz que nos regala grandes momentos; ademas que ese rozar la tragicomedia y el humor «chusco» me parece que dan un tono fantástico a la función.

Una divertida reflexión de la situación actual que nos está tocando vivir que, con tanta crisis y tanto sinsabor, nos está llevando a pensar en soluciones un tanto drásticas. 
Visión muy particular que me atrevería a decir que posee cierto aroma «Jarciel-Ponceliano» versión 2.0, en algunas de las situaciones que recrea.
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