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Carmen Pardo Cuarteto Daniel Acebes Diagoras Producciones Garaje Lumiere Heiner Müller Susana Garrote Teatro

Cuarteto

Título:
Cuarteto

Lugar:
Garaje Lumiere

Autor:
Heiner Muller

Elenco:
Susana Garrote (Merteuil)
Daniel Acebes (Valmont)

Producción:
Diagoras Proyectos Artísticos

Dirección:
Carmen Pardo





No hace mucho fuí a ver «La Hermosa Fea» donde Daniel Acebes estaba en el reparto. Tras la función estuvimos charlando y me comentó que al día siguiente estrenaba un nuevo montaje, «Cuarteto» de Heiner Müller y me quedé con la copla. Hace poco tiempo Daniel comentó por las redes sociales que lo traía a Madrid, a la sala Garaje Lumiere, así que, decidido a no dejar pasar la ocasión, fui a verlo. La obra me gustó bastante, pero también es cierto que se me escaparon varios aspectos de la misma y Dani se ofreció a despejarme todas mis dudas… ya aproveché y me empapé bien de cómo surgió esta nueva propuesta de Diagoras Proyectos Artísticos.
Para el que no lo sepa, la función tiene como habitantes a dos de los personajes principales de «Las Amistades Peligrosas», habla de sus relaciones, de sus pasados, sus conquistas, sus derrotas y de sus ambiciones.
Daniel me comentaba que decidió hacer esta función porque el cuerpo le pedía arriesgar, salir un poco de la línea de teatro que estaba realizando y atreverse a dar un paso diferente, darse el gusto de poder apostar por otro tipo de propuesta después de 10 años como productora. Poder mantener los montajes que lleva actualmente y además tener este que tanto le apetecía afrontar como actor. Además de lo que les supone «abandonar» temporalmente los teatros convencionales para entrar y explorar el mundo de las salas mas pequeñas e intentar llegar a un público diferente al que suelen tener.
Hablando de porqué este texto y de cómo se lo había planteado, me decía que este texto siempre ha sido encarado desde una lectura completamente diferente a la que el autor ha pretendido, de hecho no hace muchos días en el muro de Diagoras Producciones se publicaba esto: 
«La primera impresión que uno tiene de «CUARTETO» es que se trata de una obra muy negra, muy desagradable, muy irreverente, muy revulsiva, pero al mismo tiempo Müller ha insistido, como Chejov, en que sus obras son cómicas. Él se quejaba de que los directores se las tomaban demasiado en serio en cuanto a la concepción. escénica.»

Y esto es precisamente lo que define qué movió a Daniel, junto a Carmen Pardo, directora de la función, y Susana Garrote, compañera de reparto, para montar esta obra. Han intentado acercarnos una visión de este montaje de una forma mas sencilla, intentando no caer en la «sesudez» e incluso arrancar al público alguna risa. Evidentemente, dentro de lo que el propio texto les ofrecía.

Ahora bien, os cuento lo que fue la obra para mi, que también es un poco de lo que se trata cuando escribo la crónica de una función.

Confieso que cometí un error grave. Uno, como espectador, no debería ir al teatro con una idea preconcebida de lo que va a ver porque lo que se hace a si mismo es condenarse a no disfrutar. 
Si uno no conoce el texto, como era el caso, lo mejor es ir con la mente abierta, dispuesto a que le cuenten y le lleven por donde la compañía quiera… Lo sé, así dicho, suena hasta bien, pero es complicado de hacer y creo que cuanto mas teatro se ve, mas difícil es llegar a este estado de «hoja en blanco» para el espectador… Y yo, que a veces soy un tanto «pedantillo» e intento ser el mas rápido de la platea en sacar lecturas de lo que veo, me puse la trampa a mi mismo, así que, viendo la coreografía del comienzo de la función, la fastidié. En vez de mirar y dejar que me explicaran, yo di ordenes a mi cabeza de que aquello era una cosa completamente diferente a lo que realmente era… ¿qué sucedió? que apenas atendí al primer monólogo de Susana Garrote, no es que no la escuchara, si no que me forzaba a entender lo que yo quería, no lo que ella me contaba… una verdadera lástima porque ella está realmente bien y no supe apreciar el esfuerzo que supone para una actriz comenzar con todas las pilas desde el minuto uno de función.
 Pero bueno, el error no duró demasiado y lograron su propósito. Enseguida dejé de resistirme e hicieron que me rindiera a su propuesta, de lo que me alegro profundamente porque resultó ser una función con algunos momentos que fueron realmente interesantes. El texto es intenso, cuenta TODO, y al actor le deja libres dos caminos, o escenificar todo lo que cuenta con la palabra, o jugar a «vestir» con movimientos lo que dicen los personajes. 
Creo que este montaje, el de Diagoras, acertó escogiendo la segunda opción, pues la crudeza de lo que cuenta en bastantes momentos, resultaría excesivamente soez si se representara tal cual narran los propios personajes… Es cierto que en otros montajes quizá sería igual de válido, pero aquí, con la propuesta que nos traen, lo vi innecesario y es un punto a su favor. Sería muy fácil vender un montaje del que todo el mundo hablara porque prácticamente «follan» en escena y estoy seguro que todos iríamos de cabeza, movidos por el morbo y la curiosidad, pero Carmen Pastor apuesta por acariciarnos con cierta sutileza y que veamos algo mas allá que la propia carne, a pesar del alto contenido sexual de la función…

Daniel me comentó que la puesta en escena es muy simplista precisamente por el mismo motivo que han utilizado la sutiliza en sus interpretaciones, para no aturullar al espectador con mensajes innecesarios. Y a pesar de tener un espacio diáfano, consiguen perfectamente transmitir el encierro en el que se encuentran. Hacen que nos sintamos atrapados con ellos, «obligados» a mirar como terminará todo, aún sabiendo que no será agradable para uno de ellos…

Tanto Daniel como Susana se nota que se lo pasan bien interpretando a estos personajes, lanzándose sin miedo a encarnar a estos dos «monstruos» de la seducción acabados, que lo único que les queda es atormentar al otro, e intentar disfrazar ese patetismo en el que han caído, con un juego de intercambio de roles perverso y descarnado. Yo me lo pasé realmente bien viendo como espectador sus juegos de seducción, la transformación en otros personajes y sus entradas y salidas en los roles. Divertido, intenso y muy curioso.

Tras el lapsus inicial, puedo decir que me lo pasé bien y me resultó un trabajo muy interesante. Eso sí, no hagáis como yo, dejaros llevar desde el primer momento e intentad disfrutar su propuesta.

Desde aquí doy las gracias a Daniel por prestarse a charlar conmigo, aclararme las dudas que tenía y poder intercambiar impresiones sobre la función y otros muchos aspectos. 
¡Qué bien que haya profesionales abiertos a entablar diálogo con el público!
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Ana Mayo Antonio Lafuente Carlo Goldoni Chema Rodríguez-Calderón Javier Lago José Gómez Julián Ortega Julio Hidalgo La Hostería de la Posta Teatro Teatro Fernán Gómez

La Hostería de la Posta

Título:
La Hostería de la Posta

Lugar:
Teatro Fernán Gómez

Autor:
Carlo Goldoni

Elenco:
Antonio Lafuente (Barón Talismani)
Javier Lago (El Conde Roberto de Ripalunga)
Julio Hidalgo (Teniente Malpresti)
Ana Mayo (La Condesa Beatrice)
Julián Ortega (El Marqués Leonardo de Fiorellini)
Chema Rodríguez-Calderón (Criado)
Diana Valencia Sampedro (Violín)

Vestuario:
Vicenta Rodríguez Duque

Espacio Escénico y Caracterización:
Sara Roma

Traducción:
Alejandro Alonso

Dirección:
José Gómez

A veces, cuando escribo las crónicas, me siento un poco como el Abuelo Cebolleta. Siempre tengo alguna anécdota o chascarrillo que tiene que ver con el montaje del que voy a hablar, pero bueno, es una manera como otra cualquiera de personalizar lo que escribo y dar a conocer un poco mas al autor de estas crónicas… Y sí, en el fondo es algo que disfruto.

Cuando comencé a estudiar teatro como asignatura en el instituto; cosa que no estoy seguro que siga existiendo con estos cambios en la educación… No vaya a ser que los chicos nos vayan a salir «titiriteros»…; Una de las obras que nuestro profesor montó con nosotros fue «Arlequín, Servidor de Dos Patrones» de Carlo Goldoni, una obra con la que me divertí muchísimo y que además provocó que apareciera en mi uno de los rasgos físicos que a día de hoy mas me identifican, la perilla; ya que a mi me tocó en suerte representar el papel de Pantaleón, el personaje de mayor edad de la función.
A mi profesor no se le ocurrió otra idea que preguntarme si me crecía suficiente barba como para que me dejara crecer la perilla… con 17 años era la única manera de conseguir que pareciera mayor que el resto de mis compañeros de clase. Así que me la dejé, representé aquel papel y, desde entonces, pocas veces me ha visto nadie sin perilla o barba… Podría decirse que mi profesor y el señor Goldoni fueron los, por así decirlo, «creadores del sello de la casa».
No había vuelto a ver ninguna función de este autor, quizá porque no se ha cruzado en mi camino hasta este momento o porque en España no se representa con demasiada frecuencia; hasta el Jueves pasado, que tuvieron la gentileza de invitarme a ver el ensayo general de «La Hostería de la Posta», montaje que está dirigiendo José Gómez en el Teatro Fernán Gómez de Madrid.
La obra cuenta el inesperado encuentro de Beatrice con el que será su futuro marido, el marqués Leonardo, cuando viaja a Milán para casarse con él. Ella desconoce la identidad del hombre con el que la van a desposar; lo que el marqués aprovecha para hacerse pasar por un amigo de si mismo, intentando de esta manera descubrir si, cuando se conozcan «oficialmente», ella le aceptará o no como marido, provocando una serie de equívocos que no se desenredaran hasta el final de la función.
El montaje gira, en clave de comedia, en torno al personaje de Beatrice. Único papel femenino. Que rodeada de hombres, tiene claro que quien debe decidir sobre el futuro que la espera es ella misma, chocando con el muro del machismo que dominaba la época.
Ella, Beatrice, como representación de la mujer de aquella época, pelea con firmeza por los valores que debe tener una dama y desafía a personajes y público a intentar frenar su decisión de ser quien elija voluntariamente con quién desposarse. ¿Lo conseguirá?
Nos encontramos ante una función desprovista de cualquier tipo de artificio. José Gómez ha eliminado del montaje incluso las entradas y salidas de los personajes. Ellos están en todo momento en escena, separados del escenario por un haz de luz que hace de frontera entre la realidad y la ficción, con lo que el espectador puede contemplar ese momento mágico en el que el actor respira hondo antes de transformarse en el personaje y salir ante el público. Dejando que el peso de la función recaiga en la labor actoral, de la que destaco a Ana Mayo. Una actriz que domina la escena, que sabe mantener el ritmo, que respeta y disfruta los silencios, que nos cuenta tantas cosas tanto con el texto como con su presencia. Nos encantó ver como desgrana a esta Beatrice que sin duda dio mucho que hablar tras la función.
También disfruté mucho viendo la labor de Antonio Lafuente, Javier Lago y Julián Ortega, cada uno con su estilo, son ese tipo de actores que me hacen abrir mucho los ojos e intentar aprender todo lo que nos ofrecen con su trabajo porque creo que tienen mucho que aportar.
Con Julio Hidalgo confieso que tuve dudas al comienzo de la obra, no lograba encajar la propuesta de lenguaje tan diferente frente a la de sus compañeros. Un personaje grotesco, llevado al límite, que sin embargo acabé por comprar con los ojos cerrados.
Chema Rodríguez-Calderón, sin embargo, hace un buen trabajo, un divertido criado que casi podría ser un «sátiro», pero que creo que queda un tanto desdibujado; no por su trabajo, si no por la falta de peso de su personaje en la trama principal…
Pero como digo, creo que todos los actores hacen una labor excelente. Me hicieron reir con ganas y provocaron una mas que entretenida conversación tras la función, cosa que no suele suceder tan a menudo como gustaría.
En definitiva, es una pieza que recomiendo ver sin lugar a dudas.
Es un placer descubrir este tipo de montajes que, quizá por el desconocimiento general, pueden llegar a pasar desapercibidos y que, sin embargo, son una oportunidad de descubrir savia nueva en el panorama teatral de nuestro país. Tanto el elenco como el director van a dar mucho que hablar de aquí en adelante y si no me creéis, id a comprobarlo por vosotros mismos. Están hasta el próximo 11 de Noviembre.
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Garaje Lumiere Isla desierta Jota Linares Juan Caballero Maggie Civantos María Hervás Pablo Cabrera Paco Anaya Teatro

Entrevista a Jota Linares y Pablo Cabrera – ¿A quién te llevarías a una isla desierta? 2ª Temporada.

Antes del verano tuve la suerte de encontrarme con un montaje que me caló muy hondo. El texto era un claro ejemplo de la desesperanza, de la amistad, del despertar a una madurez desconocida… Y es que me pasó algo que no siempre me ocurre, esta obra me dolió por dentro, hubo algo que se me desgarró e hizo que se me abrieran recuerdos que aunque escuecen, me provocan, a estas alturas del partido, sonrisas.
Con estas sensaciones tan despiertas, no podía quedarme en mi butaca quieto, quería conocer mas de cerca a las personas que me había hecho sentir de esa manera aquella noche de verano… y con el pretexto de su vuelta a Garaje Lumiere una nueva temporada, les propuse conocernos y charlar, que me contaran qué hay en el interior de esa Isla.

Jota Linares, director y co-autor, y Pablo Cabrera, nueva incorporación a este proyecto, se prestaron a pasar un rato con En Un Entreacto y responder a cuanto quisiera preguntarles. Desde ya les doy las gracias por ser tan generosos conmigo y contarme cosas tan interesantes. Sé que el resto del equipo también estuvo dispuesto a regalarnos un ratito, pero la salud y el trabajo no lo permitieron… A Juan Caballero, María Hervás y Maggie Civantos también les doy las gracias por hacer un trabajo tan bonito.
Nos encontramos en una terraza de Avenida de América, aprovechando los últimos resquicios de buen tiempo de la capital y entre risas, hablando de la próxima función, entré a saco con mi curiosidad.

  EN UN ENTREACTO.- Es curioso porque normalmente las obras de teatro son las que generan adaptaciones cinematográficas, sin embargo tú has hecho el camino a la inversa ¿Cómo surgió la idea de llevar a teatro el corto del mismo título?

 JOTA.- Fue en el 2006, era un guión de cine que estuvo apunto de hacerse, pero que se cayó en el último momento; incluso teníamos cerrado el reparto de la peli… se quedó en tierra de nadie. Aunque del casting surgieron buenos amigos con los que he trabajado mas tarde, como son Marta Hazas y Sergio Mur que iban a ser los Marcos y Marta originales. Paco y yo, Paco Anaya  es el coguinista, le cogimos mucho cariño a los personajes, a las situaciones y nos daba mucha pena pensar que nunca se iba a hacer. Después trabajamos en otros cortos y los dos maduramos, siempre decimos que es una historia que ahora mismo no haríamos… Paco ha ido por otros derroteros, mas hacia la comedia y yo me estoy politizando un poco mas, no cine social, es mas un cine crítico, pero siempre nos ha dado mucha pena dejar «La Isla» ahí, además que todo el mundo nos decía que era un texto muy bonito, que porqué no lo hacíamos y fue entonces cuando decidimos hacerlo obra de teatro; vimos que tenía posibilidades. Era fácil de adaptar porque todo ocurría en una única localización. Una noche nos propusieron hacerlo para la sala grande de Microteatro y lo adaptamos rápidamente, pero por finalmente no se pudo hacer porque quitaron la sala grande. Y como el reparto ya estaba hecho, una de las actrices, Maggie Civantos, me dijo que era una pena que no se hiciera, que probáramos en Garaje Lumiere. Lo presentamos y enseguida nos llamaron porque les había gustado mucho el libreto y nos programaron para dos meses, Mayo y Junio y fue el propio teatro el que decidió que prorrogáramos…

Fotografía de José Sanz

 EN UN ENTREACTO.- Ha funcionado fenomenal, ¿no?

JOTA.- Ha funcionado muy bien, tanto a nivel de espectadores como de crítica. No nos esperábamos esto… Y como funcionó tan bien, era triste dejarlo, aunque se fuera David (En la primera temporada el papel de Eze que ahora representa Pablo Cabrera, era interpretado por David Tortosa), aunque tuviéramos que buscar a otro prota, pero nos apetecía mucho. Hubo un momento que se plantearon muchas cosas sobre la mesa; la obra la había visto mucha gente y no sabíamos si iba a venir mas gente, si bajaría el número de espectadores… Lo del 21% de IVA nos preocupaba mucho… hay un momento que te planteas dos posibilidades, o que la gente no venga porque es caro y no ganemos nada o que la gente venga, pero que sea tan abusivo lo que tengamos que dar que sigamos sin ganar nada… pero al final nos decidimos porque era una cosa que nos apetecía, nos apetecía mucho a todos seguir y apareció Pablo…

EN UN ENTREACTO.- ¿Cómo apareció Pablo?

Fotografía de José Sanz

JOTA.- De la manera mas vieja, por casting.

PABLO.- Yo no pude ver “La Isla” en su momento, estaba con otro proyecto; y hablando con Juan (Caballero), le dije “Juan, no os he visto, ¿váis a volver?” y me dijo que sí y le pedí que me avisara porque tenía muchas ganas, había visto mucho trabajo de Jota, “3,2” me había gustado mucho…  Juan siempre me ha parecido un actor maravilloso, y tenía mucha ganas de verla… y mira, cosas de la vida, que estoy viéndola desde dentro. Cuando Jota publicó que estaba buscando un actor para sustituir a David, pensé “adelante” y allí me presenté, sin saber muy bien de qué iba la obra, pero con el equipo me bastaba. Así que me contestó, me hizo una prueba y aquí estoy… ¡Viendo la isla desde dentro y viviéndola!

JOTA.– Fue una cosa rara porque no era lo que buscaba… bueno, era, pero no era… Siempre lo hemos hablado Lydia y yo, Lydia es mi ayudante, lo que buscábamos era la ternura del personaje y viendo el “videobook” de Pablo vimos que nos la daba, dijimos “Sí, nos la inspira, pero es muy alto, no es rubio…» o castaño, que es algo que buscábamos para el personaje… es una tontería, pero habíamos pensado que tuviera los ojos verdes… pero hubo un momento que nos decidimos a probarlo… Lo que mas miedo nos daba era la altura porque en cine podemos falsearlo y en teatro no… Pero hizo la mejor prueba con diferencia y lo elegí. La prueba se la hizo yo solo, Lydia no estaba, pero en cuanto salí de la prueba la llamé y se lo dije…
 PABLO.– ¡Esa información yo no la tenía! Jajajaja
JOTA.–  Ha estado muy bien porque son de esas cosas que uno aprende, nosotros queríamos la esencia de Eze, un Eze que teníamos muy en la cabeza, y nos apareció uno que tiene la esencia, pero que a la vez lo ha cambiado bastante
Fotografía de José Sanz

EN UN ENTREACTO. A mi tu elección me llamó mucho la atención porque viendo a David Tortosa y a Pablo Cabrera en otros trabajos, no se me asemejaban en nada para interpretar un mismo personaje.

PABLO.– Yo no había visto la función, ni un DVD. No tenía una referencia de cual era el trabajo de David, tenía mi visión del personaje y es lo que les he ido enseñando y lo que les ha ido gustando y eso es lo maravilloso que tiene, porque otras veces te dan tu texto, un DVD y te dicen “tal día lo traes aprendido y hacemos un pase” y aquí no, aquí todos se han comprometido mucho, me han ayudado a incorporarme y de momento parece que está funcionando y es por eso que ha sido una sustitución/incorporación muy fácil para mi, a pesar de tener el listón tan alto como estaba.

EN UN ENTREACTO. Me da la sensación que esta incorporación, para el resto ha tenido que ser un poco retomar los ensayos desde el comienzo, ¿no?

JOTA.– Sí, lo que pasa que tanto María, como Maggie, como Juan, habían reposado los personajes estos dos meses y de repente han comenzado a dar cosas que antes no estaban dando. Los han hecho mas suyos y de esa manera ha sido partir un poco de cero para todos.

Fotografía de José Sanz

PABLO.– Pero como ellos tienen los personajes tan construidos y las escenas tan interiorizadas, en los ensayos solo tenían que darme un par de directrices y luego era seguir a María, a Maggie y a Juan. Y como ellos lo tenían todo tan claro, la escena subía sola. Teniendo un poco clara la escena, lo que pasaba, mirándoles a los ojos  a ellos y siguiéndoles, las escenas salían. Con ellos ha sido muy fácil.

EN UN ENTREACTO.-¿Ha habido alguna incorporación mas al montaje?
JOTA.– Hay cosillas, pero son cosas pequeñas, como la recuperación de la canción “Insurrección” de Manolo García que canta con Miguel Ríos. En el guión original tenía mucha importancia y hemos querido recuperarla, aquí no tiene el mismo peso, pero es un guiño a los compañeros del corto y a la gente que estuvo implicada al comienzo. Después hay pequeños detalles, que estaban ahí, pero que ahora han adquirido otra importancia u otras que han surgido que antes no nos habíamos planteado al hacer preguntas Pablo sobre su personaje  y que han hecho variar en algo al resto de personajes.
PABLO.- Pequeños matices.
Fotografía de José Sanz

JOTA.– Sí, pequeños matices. Yo creo que hay mas diferencia entre la primera función y la última de la primera temporada, que de la última a la primera de esta segunda.

PABLO.– Claro, eso algo lógico. Una obra es algo vivo, algo que evoluciona. Tanto Jota, como director, va descubriendo cosas y los que estamos dentro también vamos descubriendo cosas que durante los ensayos las has pasado por alto y que cuando ya estás mas seguro las vives mas. Te relajas y vas descubriendo cosas que antes no habías visto. Y eso es lo que lo hace tan bonito.
EN UN ENTREACTO.– ¿Qué diferencias ves tú, Jota, entre dirigir cine y teatro?
JOTA.- En este caso no mucha, pero porque esa era la novedad que nosotros queríamos incorporar a “La Isla” y era que fuera una película. Era el efecto que queríamos lograr con el público, trabajar con las luces y el espacio escénico. 
Por parte de Lydia y mía, la mayor diferencia era sobretodo la sensación de perder el control durante la obra, el no poder parar, bajar, cortar si algo está saliendo mal o querer matarlos si están haciendo lo que les sale de las narices, a pesar de haberles dicho que no… jajaja 
Para el tema de dirección lo que hice fue leer y quedar con gente de teatro que me indicara cuales eran los códigos teatrales, aunque como espectador ya los conocía. Pero hay momentos como el flashback que, aunque está hecho con luces y es todo teatral, está llevado de una manera muy cinematográfica…
EN UN ENTREACTO.- Yo que la he visto, puedo asegurar que entras totalmente en el código.
Fotografía de José Sanz

JOTA.– Sí, era básicamente hacer que el público tuviera la sensación de estar viendo una película. Quitando los cuatro monólogos que son mas teatrales, podría perfectamente hacerla en cine tal cual está… y es que su base es un guión de cine.

EN UN ENTREACTO. Pablo, tú que vienes de trabajar mucho teatro clásico, ¿cómo te sientes haciendo algo tan cercano y contemporáneo?
PABLO.- Yo siempre pienso que soy muy afortunado y que la vida me va llevando y tengo que dar gracias por muchas cosas… Creo que hace unos meses lo publiqué en Twitter, algo así como que me apetecía hacer un drama contemporáneo. En ese momento creo que estaba haciendo “El Perro del Hortelano”. Me encanta y es maravilloso hacer teatro clásico, pero ya he hecho “El Perro del Hortelano”, “La Hermosa Fea”, “Bodas de Sangre” que creo que es lo mas contemporáneo que he hecho… y de repente pienso que me apetece hacer algo así, como lo que estoy haciendo, y me vino caído del cielo. Para mi fue un”¡gracias!, me apatecía mucho un cambio de código«. 
También es cierto que me costó, el que de pronto me dijeran “Estás muy bien, pero estás muy teatral” y entonces mi cabeza hizo un cortocircuito y dijo “No entiendo nada… ¿Cuál es el problema? Estoy natural, pero estoy teatral… ¿cuál es el problema?” Fue un poco lo que me costó, creo…
Fotografía de José Sanz

JOTA.– Le rebajamos mucho, pero fue muy fácil. Le íbamos diciendo “Menos, menos, Pablo…” y cuando conseguíamos ese menos-menos, le decíamos “ahora nos lo creemos” y a partir de ahí trabajamos…

PABLO.– Mi personaje estaba muy claro, estaba muy bien escrito… No había problema de saber lo que a mi personaje le estaba pasando, todo venía hecho. Solo había que entrar en un código cinematográfico… yo he hecho muy poco cine, entonces era raro, yo pensaba “estoy en un escenario, ¿qué me estás hablando de cine…? No entiendo lo que me estás diciendo ¿cómo hago para lo que me estás pidiendo? Porque sé que tengo que proyectar la voz, se me tiene que oir, se me tiene que entender y tengo que dar algo que se me pueda ver desde la última butaca o grada, como es el caso” lo que mas me costó fue eso, pero después todo comenzó a fluir un poco mas y a disfrutarlo, y la verdad que da gusto, me apetecía mucho y para mi es un regalo el poder hacer esto. Ha sido un cambio que tenía tantas ganas que ahora lo que me queda es disfrutar de lo que nos queda.
EN UN ENTREACTO.-¡Claro! Ahora estáis programados hasta el 10 de Noviembre, todos los jueves, ¿no?
JOTA.- No, este es el último jueves y a partir de la semana que viene son todos los sábados. 
De momento hay que  ser cautos y ver como va reaccionando la gente, que somos conscientes de que la obra la ha visto mucha gente y además que la gente está dejando, por la situación actual, de asistir a estas cosas masivamente. Nuestra idea es continuar, pero hay que ir despacio porque no somos “El Rey León”…
PABLO.– Quizá esa es nuestra baza, que no somos “El Rey León”.  No todo el mundo puede pagar una entrada para verlo y de pronto nos ve y piensa, son 10€ que es un precio mas que razonable…¡Vamos!
Fotografía de José Sanz

EN UN ENTREACTO. Y contando con que habéis tenido tan buenas críticas, y la gente está acudiendo…

PABLO.– ¡Claro! Y cuando hay menos dinero, la gente se vuelve mas selectiva… y el boca a boca está funcionando muy bien… Definitivamente creo que es la baza que tenemos.
Y con esa determinación pasamos un rato charlando, con esperanzas de que el público reaccione y siga acudiendo a verles. Siempre con cautela, dejando que las cosas vayan por su cauce, siendo precavidos, pero sin perder el optimismo de saberse con un trabajo tan bonito entre manos.

Fotografía de José Sanz

Es cierto que la conversación duró mas y surgió el momento de preguntar a Jota y a Pablo por el tema de la subida de IVA. Dio para mucho y muy interesante, pero me vais a permitir que os haga una pequeña “jugarreta” y me lo reserve. Mis intenciones no son las de no publicarlo, si no todo lo contrario, quiero escribir algo especial con ello, con lo que ahora lo dejo guardado y en muy breve plazo de tiempo lo compartiré con todos.

Ahora solo quiero desearles el mayor de los éxitos y que el público siga saliendo tan emocionado de ver un trabajo tan bien hecho y con tanta honestidad.
De nuevo les doy las gracias por su tiempo y por querer compartir con “En Un Entreacto” un ratito de sus vidas para que todos podamos disfrutarlo.

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Alberto Puraenvidia Chejov Iván-Off José Martret La Casa de la Portera Teatro

Iván-Off

Título:
Iván-Off

Lugar:
La Casa de la Portera

Autor:
Antón Chejov

Elenco:
Raúl Tejón (Iván)
David González (Miguel)
Sabrina Praga (Ana)
Roberto Corrocher (Constan)
Javier Delgado «Tocho» (Mateo)
Maribel Luis (Silvia Leyva)
Rocio Calvo (Doña Bárbara)
Germén Torres (Carlos Leyva)
Cristina Alarcón (Sara Leyva)

Escenografía y Decoración:
Alberto Puraenvidia

Versión y Dirección:
José Martret

Siempre he sentido una admiración profunda por mi ciudad, por Madrid. Tiene ese poder de sorprenderme constantemente. Es una ciudad viva, que crece y que se reinventa. Cuando parece que va a caer en la mas plúmbea de las rutinas, va y se saca de la manga algo que la hace de nuevo atractiva. Eso mismo es lo que le pasa a su ambiente teatral. Cuando todo parece que está inventado y que incluso parece caer en el tedio mas absoluto ¡Zas! Aparece alguien que despierta a la ciudad de su sopor.
Así sucedió hace poco menos de un año con «La Casa de la Portera», un espacio creado por José Martret y Alberto Puraenvidia, que se sacaron de la manga esta nueva sala (aunque llamarla así es menospreciarla), donde poder poner en pie todas esas propuestas que no encontraban lugar en otros lugares de la ciudad.
Ubicada en la Calle Abades, 24 del madrileño barrio de Lavapiés, esta antigua portería se ha convertido en cuestión de unos meses en el epicentro de la cultura teatral de la capital. Todos quieren ver los espectáculos que se representan allí, todos quieren llevar sus propuestas… para que una veintena de personas por vez puedan verlas. Y es que tiene una energía que te cala por dentro. Está creado todo con un familiaridad que te desarma, te sientes bien, cómodo, cargado de positividad y con ganas de curiosear lo que tienen para ofrecerte.
En este caso la función que me llevó hasta allí fue con la que inauguraron, Iván-Off. Una adaptación del  «Ivanov» de Chejov, hecha por el propio José Martret, que también la dirige.
Una función estructurada en cuatro actos que se desarrolla en diferentes habitaciones de la casa. Nos cuenta la historia de Iván,  un hombre que no se soporta a si mismo y que su propio hastío le lleva a sentir desprecio por cuanto le rodea, por su esposa enferma y por todo aquel que comparte espacio con él. Un tipo que intenta encontrar una salida escapando por las noches, pero que es acosado por sus propios principios y por el médico de su esposa, un hombre que le taladra la conciencia, haciéndole ver las carencias que sufre y que provocan el mal a cuantos le rodean.
La historia nos presenta un microcosmos de personajes enredados entre si que se deben, se detestan, se atraen, se manipulan y se asquean. Un pequeño infierno creado por ellos mismos que paladean con gusto, que disfrutan y que a la vez sufren y del que son incapaces de apartarse.
Una historia realmente compleja de la que en momentos nos sentimos inmersos incluso los que asistimos como espectadores y es que la cercanía con los actores hace que invadamos su espacio vital, provocando que, por necesidad, en ciertos momentos nosotros seamos parte activa de la historia.
Solo puedo decir que me sentí absolutamente fascinado por cuanto vi. Las sensaciones que te recorren por dentro son tantas y tan variadas que, al comienzo sientes cierto pudor, estás tan cerca que temes que tus reacciones cambien en algo el transcurso de la historia, hasta que te das cuenta que eso es lo que se busca, que haya un intercambio de sensaciones, de sentimientos, de respiraciones, de miradas con los personajes para que la historia fluya. En cierto modo, nosotros somos la mano que da cuerda al engranaje de cuando acontece. Somos testigos mudos, pero ciertamente presentes y como tales adquirimos la responsabilidad de exteriorizar, aunque solo sea con la actitud con la que nos sentamos, todo lo que nos provoca la historia y sus habitantes.
Adoro ver trabajar a los actores tan de cerca. Debo tener muy agudizado el instinto de «voyeur» porque siento verdadero placer de poder tenerlos tan cerca y observar todo lo que hacen sin ningún tipo de vergüenza. Ver el mínimo temblor en sus manos, descubrir un brillo de una lágrima, sentir sus respiración, disfrutar del atractivo de una sonrisa o que me dirijan una mirada de absoluto desdén sin que realmente me miren a mi. En definitiva, percibir los sentimientos de esos personajes según brotan del actor. Me gusta gozar con la tensión que te hace estar alerta todo el tiempo porque no sabes si en cualquier momento al que van a dirigir la palabra es a ti, aunque sepas que no tienes líneas de diálogo dentro de la función y que la participación real del público no tiene cabida en este espectáculo. Es algo muy especial que es complicado de describir, pero que recomiendo que todo el mundo viva.
Los actores están inmensos, hacen de sus personajes seres palpables que, de tan pasados de vueltas que están a veces, se hacen aún mas normales. Mi admiración por todos y cada uno de ellos, hacen un trabajo que, individualmente, se puede admirar como si fueran pequeñas joyas y que en el conjunto se hacen enormes, se alimentan entre ellos, de nosotros, con nosotros, y a medida que avanza la función se hacen mas grandes y mas admirables hasta llegar a esa catarsis con casi todo el reparto y espectadores dentro de la misma sala. Confieso que me dieron ganas, no de ponerme en pie para aplaudirles, si no de levantarme y abrazarles uno a uno para demostrarles cuanto había disfrutado con todos ellos de esta función. 
Podría ponerme a hablar del trabajo de cada uno de ellos, dar nombres y extenderme hasta el infinito describiendo y analizando todo lo que me provocaron, cosa de la que me está costando horrores reprimirme, pero creo que es mas interesante que la gente acuda a verlos y juzgue por si mismos, sin que nadie les condicione, ni para bien ni para mal.
Uno sale impactado, satisfecho y quizá un poco apabullado con la experiencia, pero es que eso mismo es un auténtico placer. Al igual que es un placer haber podido descubrir por ti mismo otro secreto a voces guardado en esta ciudad y poder gritarlo ahora desde aquí para que nadie se lo pierda. Sé que La Casa de la Portera tiene mas experiencias guardadas para mi en sus habitaciones y pienso volver a explorarlas, pero ya se sabe que la primera vez nunca se olvida y que esta haya sido con «Iván-Off» la convierte en todo un enamoramiento. Gracias.
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Alicia Rubio Cuatro estaciones y un dia M.A. Cárcano Mª Inés González Sara Martín Sergio Mur Teatro Teatro Lara

Cuatro Estaciones y Un Día

Título:
Cuatro Estaciones y Un Día

Lugar:
Teatro Lara

Autor:
María Inés González
Miguel Ángel Cárcano

Elenco:
Sergio Mur (Manuel)
Alicia Rubio (Marta)
Sara Martín (Pilar)

Dirección:
Miguel Ángel Cárcano

Hay veces que las obras nos eligen a nosotros, en ocasiones se nos plantan ellas solas en la mano y no hay que dejarlas escapar… Me gusta pensar que hay un «porqué» para que esto sea así y acepto el desafío con alegría e intriga.
Sí, habéis adivinado que esto es lo que me ha sucedido con «Cuatro Estaciones y Un Día», un buen amigo no pudo ir a ver la función de ayer y tuvo la gentileza de pasarme las entradas… ¡Gracias!
Había leído sobre la obra y me llamaba la atención, pero como uno no da para ver toda la cartelera, pues estaba resignado a dejarla pasar y mira tú por donde…
La función nos sitúa en una habitación de hotel en la que a lo largo de un año tendrán lugar varios encuentros. En ella asistimos a las rupturas y reconciliaciones de Manuel con Marta, su novia, y con Pilar, su amante, ante su imposibilidad de elegir entre una de las dos.
Desde el comienzo el espectador siente simpatía por los personajes, gracias a que Miguel Ángel Cárcano no los juzga y nos presenta los tres puntos de vista como válidos. Tanto Manuel, como Marta o Pilar tienen su momento para argumentar su postura y hacer que el público entienda «su lado».
La función me resultó toda una sorpresa. Una trama mas compleja de lo que a simple vista uno pueda esperar, pero que los autores (María Inés González y, el director, Miguel A. Cárcano) nos la ofrecen con un gusto a comedia que es de agradecer, sin entrar en grandes explicaciones. Haciendo que la historia fluya sola, sin aleccionar ni forzar un punto de vista. Creando una trama que, de puro «rocambolesca», hasta puede ser posible porque… que tire la primera piedra quien no se haya sentido en algún momento un poco «Manuel», incluso sería divertido que existiera una nueva función que nos cuente lo que es la vida de los tres personajes tras finalizar estas cuatro primeras estaciones ¡Ahí lanzo un guante!
Los tres actores transmiten una tranquilidad en escena que hace que el espectador se sienta cómodo, que queramos escuchar todo lo que quieran contarnos. Hacen un trabajo sencillo, muy medido y que, sin embargo, ofrece una espontaneidad que me conquistó desde el principio.
Iba a decir que ellas me gustaron algo mas que él, pero no es cierto. Tanto Alicia Rubio, que desde su primera intervención me ganó, como Sara Martín, tienen en sus manos dos personajes afrontados de una manera mas naturalista, perfecto para dar el contrapunto a su compañero, pero a Sergio Mur le ha tocado componer un personaje mas arriesgado. Por el tipo de personalidad que tiene su «Manuel«, él tiene que lanzarse mas a la piscina, arriesgar y forzar un personaje del que todos vamos a estar pendientes a sus acciones y reacciones, resolviéndolo con mucho acierto. Los tres se complementan y se entienden a la perfección, y desde la butaca eso se agradece enormemente.
Como ya me ha pasado en mas de una ocasión, he llegado por los pelos a ver esta obra y todo lo que os he contado no sé si os va a servir mas que como mero entretenimiento para conocer otro de los montajes que han pasado por la cartelera de Madrid, porque si no me equivoco, creo que las funciones en el Teatro Lara finalizaron ayer mismo… Una pena porque de vez en cuando apetece dejar los dramatismos y las profundidades de lado y sentarte a ver algo que sea amable y sencillo, que te provoque la risa y que salgas con la sensación de haberte entretenido sin mas, con una historia llena de planteamientos que puedes debatir fuera de la sala, pero con simpatía.
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Aixalà Arquillué Benet Edward Albee Machi Pou Quien teme a Virginia Woolf Teatro Teatro La Latina Veronese

¿Quién Teme a Virginia Woolf?

Título:
¿Quién Teme a Virginia Woolf?

Lugar:
Teatro La Latina

Autor:
Edward Albee

Elenco:
Carmen Machi (Martha)
Pere Arquillué (George)
Mireia Aixalà (Honey)
Iván Benet (Nick)

Traducción:
José María Pou

Dirección:
Daniel Veronese

Hay textos que por circunstancias de la vida te tocan mas de cerca y es imposible resistirse cuando aparecen en cartel y ¿Quién Teme a Virginia Woolf? es uno de ellos. Hace muchos años tuve la osadía junto con una amiga de querer montar esta función escrita por Edward Albee, de una manera amateur, pero con la pretensión de mostrar al mundo que éramos los actores ideales para poder encarnar a Martha y a George… Uno con 20 años tiene estas cosas, y aunque finalmente el texto pudo con nosotros y nos abrió los ojos a base de golpes, tuvimos la suerte de encontrarnos con una maravilla de función que se ha quedado clavada dentro de nosotros. Un pulso para el actor y para el espectador como este no es fácil de olvidar.
Martha y George son un matrimonio desgastado que regresa a casa tras una fiesta organizada por el padre de Martha, rector de la universidad en la que trabaja George. Todo seguiría un patrón normal en sus vidas; un poco de discusión, unas copas para rematar la borrachera, una lucha dialéctica que después de varios «rounds» les enviaría, vacíos y asqueados, a dormir… Si no fuera porque han invitado a Nick, nuevo compañero de George, y su mujer Honey, a tomar «una última copa» junto a ellos; dos jóvenes que tienen la desdicha de ponerse justo entre dos seres carcomidos por el hastío y el odio. La velada se convertirá en una acumulación de ataques, de los que ninguno de los cuatro saldrá bien parado…
 Con este argumento uno ya sabe que va a asistir a una función nada cómoda, donde cualquier gesto de amabilidad se convertirá en un bofetón y donde cualquier reproche vendrá acompañado de un contraataque.
Una función que desde el primer minuto te deja sin respiración. Una sucesión de frases y réplicas retorcidas con una sola intención, destruir al otro a cualquier precio.
Con tal propósito, Martha y George, ven en sus invitados el arma arrojadiza apropiada para poder demostrar quien de los dos tiene el poder de someter al otro. Es cierto que en la función uno se ríe, además con ganas, con algunas de las ocurrencias de estos personajes, pero ni una sola palabra que sale por sus bocas está libre de llevar veneno y dolor.
Lástima que en algunos momentos se pierda el maravilloso texto. Las discusiones están montadas tan «picadas» que entre los personajes se atropellan y frases que merecen ser escuchadas por lo lacerante de su sentido, quedan pisoteadas entre si… Supongo que esto está hecho para lograr mayor realismo, ya que nadie respeta turnos cuando discute… pero esos momentos quedan algo «sucios», al igual que también eché en falta algunos silencios; algunas pausas que creo necesarias para darle mas peso a la situación, y a los personajes, y que la celeridad no impida aturullar al espectador. 
Supongo que va en gustos y la opción escogida por Daniel Veronese era la de darle mas agilidad al enfrentamiento.
No sé si he visto en un mismo año demasiadas veces sufrir a Carmen Machi, pero no he podido evitar encontrar similitudes entre la Helena de «Juicio a una Zorra«, la hija superada por esa madre opresora de «Agosto» y esta Martha. Con esto no quiero decir mas que lo que he dicho, la Machi es un bicho de escenario en toda regla y resuelve con nota cualquier papel que le cae en las manos, eso es así; pero también es cierto que viéndola tantas veces seguidas, uno vislumbra ciertos «códigos» en su interpretación. Pero hay tanto que aprender de ella, de la forma en que afronta cada personaje, que siempre es un placer verla en escena. En mi opinión, tiene la virtud de saber qué teclas tocar en cada espectador para que este se rinda a sus pies.
Pere Arquillué tiene un personaje tan rico, tan lleno de sentimientos, de cosas guardadas en su interior… ¡Qué placer poder afrontar este personaje! Es cierto que yo ya venía con una idea preconcebida de cómo «debía» ser George y no tenía nada que ver con lo que él nos ofrece, esto no es malo, pero creo que mi amigo César lo definió con acierto, se lleva el personaje hacia «lo ibérico» y esto no está mal, si no fuera porque el personaje es americano… Sin embargo Pere Arquillué le da una socarronería a George muy acertada. Es interesante que te rompan los esquemas y descubrir nuevas visiones sobre un mismo personaje, estés mas o menos de acuerdo en ello.
Iván Benet me sedujo nada mas entrar en escena, transmite una mezcla de inocencia y masculinidad que definen perfectamente al personaje, siguiendo el juego de sus dos anfitriones con ganas y reaccionando claramente a todo lo que acontece en escena.
Con Mireia Aixalà me surge cierto conflicto, tan pronto me daba la sensación de vagar sin sentido por la escena, como entraba en la trama dando puntos de vista mas que acertados. Es un personaje que dentro de su aparente jovialidad e infantilismo esconde un drama tan grande que incluso en ella se vislumbran los comienzos de lo que pudo llevar a Martha a la caída en picado en la que se ha convertido su vida.
Me agradó mucho, tanto en Iván Benet como en Mireia Aixalà ese punto de coherencia que ayuda al espectador a tomar contacto con la realidad en la demente situación en la que son sumergidos por sus anfitriones.
Un montaje interesante de ver y un placer reencontrarme con un texto del que me reafirmo en su grandeza, pero del que a la vez salí con la sensación de no haberlo «sufrido» tanto como me hubiera gustado.
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Disney el rey león Lope de Vega musicales Stage Teatro

El Rey León

Título:
El Rey León

Lugar:
Teatro Lope de Vega

Elenco:
Phindile Mkhize (Rafiki)
David Comrie (Mufasa)
Yelena Lafargue (Sarabi)
Esteban Oliver (Zazu)
Sergi Albert (Scar)
María Ayo (Shenzi)
Jorge Ahijado (Banzai)
Alejandro de los Santos (Ed)
David Ávila (Timón)
Albert Gracia (Pumbaa)
Carlos Rivera (Simba)
Geniris (Nala)

Música y Letra:
Elton John
Tim Rice 
Lebo M 
Mark Mancina
Jay Rifkin
Julie Taymor
Hans Zimmer

Libreto:
Iren Mecchi
Roger Allers

Adaptación:
Jordi Galcerán

Directora:
Julie Taymor


Director Musical:
James May

Directora Residente:
Moira Chapman

No sé qué es lo que me ha pasado, puede que el encontrarme ante la tarea de tener que hablar de un montaje tan monumental me estaba bloqueando y he reescrito la crónica varias veces… Pero bueno, he decidido que la sinceridad tiene que primar en todo lo que escribo, así que no le doy mas rodeos y paso a contaros que es lo que me ha parecido «El Rey León»

Os aseguro que el montaje es espectacular, Stage y Disney han tirado la casa por la ventana y se nota, solo que a la vez que la grandiosidad está haciendo ir en manadas (nunca mejor dicho) al público, también le da un tufillo de frialdad que hace que uno se distancie un poco de la primera emoción que provoca ir a ver este musical.

Es absolutamente increíble el despliegue. El momento en el que se escuchan las primeras líneas cantadas por Rafiki, gran interpretación de Phindile Mkhize, entonando «Circle of Life» es una explosión de sensaciones difíciles de explicar. Ese momento hace que te sientas como un niño, quieres devorar con los ojos todo lo que sucede a tu alrededor, dan ganas de ponerte de pie y aplaudir descontroladamente. Solo puedo decir, sin perder los papeles por el entusiasmo de este número, que es impresionante.

Después uno ya se relaja y contempla todo con mas calma, puedes disfrutar de los trajes mezcla entre tribal y animal que me fascinaron, cada uno con sus detalles que definen la personalidad del personaje que visten. Esos decorados sencillos, que no simples, que te llevan a mundos espectaculares en un abrir y cerrar de ojos. Los contrastes de colores, de ambientes, están muy logrados. La utilización de actores, muñecos, marionetas, guiñol, sombras… le dan un toque fuera de lo común en el que apetece entrar y dejarse conquistar.
Me gustaron mucho las canciones creadas expresamente para el montaje teatral, la mayoría son músicas étnicas que le dan una sobriedad y una belleza adicional a la historia que todos conocemos, y que en algunos momentos son las que alzan el montaje hacia «algo mas» de lo que todos esperamos.
Lástima que el actor infantil que interpreta a Simba se moviera en escena como un autómata, cumpliendo con los movimientos que le han marcado, pero sin transmitir ni una mínima emoción… Con esto consiguieron que la función se fuera desinflando poco a poco, haciéndome perder interés. Lo sé, es un niño, pero lleva el peso de parte de la función, además que su compañera, que debe tener su edad y que interpreta a Nala, es todo lo contrario, se desenvuelve con soltura e incluso aprueba con nota el momento en el que Rafiki, Sarabi (Yelena Lafargue) y ella cantan juntas transmitiendo un sentir que impresiona para alguien de su edad, muy bonito cuadro.
La verdad que salí del primer acto bastante molesto y desilusionado, el ritmo era lento, torpe. Me daba la sensación que algunos actores, y hablo de los adultos, estaban flojos, interpretando a medio gas… Esas hienas que «hacen» que gritan a Simba y no se molestan en elevar la voz… Son cosas que no se pueden consentir… Como espectador que paga cerca de 80€ quiero que me transporten, que me emocionen, que me pongan los pelos de punta y me dejen con la boca abierta, pero no pasa, al menos en el primer acto, donde ni la música llega a provocarme otra sensación que pensar «qué bonita» porque el volumen es bajo; ni si quiera en canciones como «Chow down» llega a hacerme vibrar en la butaca…

Salí al descanso decepcionado, salvando por supuesto la labor de Esteban Oliver como Zazú, que desde el comienzo me conquistó, Sergi Albert que le da a Scar una dimensión diferente y muy atractiva o David Comrie, que a pesar de tener que lidiar con el joven Simba, nos regala el momento mas emocionante de este acto que es la estampida y la posterior caída de Mufasa.
A la vuelta, en el segundo acto, admito que con «One by one» volví a interesarme y disfruté mucho mas con momentos como «Shadowland», Geniris como la Nala adulta me hizo emocionarme, aunque el momento mas destacable de todos es el de Carlos Rivera cantando «He lives in you» como Simba, precioso cuadro. La verdad que él está perfecto en el papel.
El toque cómico corre a cargo de Timón y Pumbaa, personajes que todos recibimos con alegría desde el primer momento, aunque confieso que ese acento andaluz no me terminó de convencer, no sé hasta que punto era necesario, al igual que esos momentos «localistas» buscando el aplauso fácil… ¿Tanta desconfianza tienen en que el libreto no funcione por si solo?
David Ávila está soberbio como Timón, aunque con tanta explosión de personalidad, creo que deja un poco en la sombra a su compañero Albert Gracia.

El tema de los muñecos me encantó, se mimetizan con sus actores de carne y hueso y hay momentos que no sabes si estás mirando a uno o a otro, creo que es un trabajo muy complicado y que lo hacen de maravilla, cuando tienes la oportunidad de verlos de cerca te das cuenta de la complejidad que conlleva manejarlos, realizar la coreografía y cantar, todo a la vez. Mi mas sincera admiración.

Es un buen espectáculo, pero no llegó a llenarme del todo y me apena, sinceramente, quizá las expectativas estaban muy altas y eso impidió disfrutar mas del show… Eso sí, recomiendo vivirlo al menos una vez.

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Alejandra Mayo Alejandro Saá Canal Elena González Enrique VIII Ernesto Arias Fernado Gil Jesús Fuente Jesús Teyssiere José Padilla Rodrigo Arribas Shakespeare Teatro Teatro Clásico

Enrique VIII

Título:
Enrique VIII

Lugar:
Teatros del Canal

Autor:
William Shakespeare

Versión:
José Padilla

Elenco:
Fernando Gil (Enrique VIII)
Elena González (Catalina de Aragón)
Jesús Fuente (Wolsey)
Alejandro Saá (Gardiner)
Daniel Moreno (Chambelán)
Rodrigo Arribas (Northfolk)
Jesús Teyssiere (Cranmer)
Bruno Ciordia (Suffolk)
Alejandra Mayo (Beatriz)
Oscar de la Fuente (Sands/Intendente)
Andrés Bernal (Sands/Intendente)
Julio Hidalgo (Buckingham/Campello)
Sara Moraleda (Ana Bolena)
Asier Tartás (Figurante 1)
Andrés Bernal/Diego Santos (Figurante 2)
Juan Manuel Artero (Organista)

Adjunto Dirección:
Rafael Díez Labín

Dirección:
Ernesto Arias


De un tiempo a esta parte tenía muy abandonado el teatro clásico, había cogido algo de miedo a ver un montaje en verso; no es que no me guste, todo lo contrario, pero es que los últimos montajes que había visto me habían dejado bastante frío y me negaba a seguir sintiendo eso cuando he disfrutado tanto del verso. Seguramente haya dejado pasar puestas en escena muy buenas, pero poco a poco estoy volviendo a hacer las paces con el género y en un mes ya he visto dos montajes que me están haciendo querer ver mas.
A través de twitter he seguido los pasos que ha ido dando este montaje de Enrique VIII que ahora se está representando en los Teatros del Canal, hasta llegar a las Olimpiadas Culturales de Londres 2012 y su puesta de largo en The Globe Theater. Me parece algo tan sumamente especial para cualquier persona que se dedique al teatro… Imaginaos, poder tener la oportunidad de representar una obra de Shakespeare en el mismo escenario donde se representó por primera vez y en las mismas condiciones en las que se representaban en aquella época. 
¡Qué cúmulo de sensaciones!
Así que, con estos antecedentes, cómo iba a dejar escapar la oportunidad de ver lo que Rakatá, a través de Fundación Siglo de Oro, nos trae. Y ya no solo por todo lo que os he contado, si no por la oportunidad de ver un texto nunca antes representado en España y que además ha sido sacado adelante gracias al «Crowfunding«, una nueva forma de financiar la producción de teatro, cine, danza a través de pequeños aportes de pymes, particulares y algunas empresas que creo, con los tiempos tan oscuros que se nos vienen y el escaso apoyo por parte de las instituciones hacia la cultura, seguramente estará mas que presente de ahora en adelante.
Ojalá que, como ha pasado con este Enrique VIII, lo que haga la adversidad sea agudizar el ingenio y que podamos disfrutar de producciones mucho mas arriesgadas y ricas, que no estén sujetas a las condiciones impuestas que muchas veces ahogan a la cultura.
La función nos sitúa en el momento en el que Enrique VIII estaba separándose de la que fue su esposa hasta ese momento, Catalina de Aragón, y su posterior matrimonio con Ana Bolena. Las injustas acusaciones y presiones a las que Catalina fue sometida y las intrigas, montajes y manipulaciones que había en la corte.

Un montaje sencillo, sin grandes decorados, con los elementos justos para sacar adelante la función. Por lo que he visto en los vídeos del Globe, creo que han intentando respetar lo máximo posible todos esos elementos tal cual estaban cuando representaron allí.
La compañia ha querido rodearse de público, dejando que unos pocos puedan permanecer sentados en gradas en los laterales del escenario, obteniendo una visión completamente diferente a la que se suele estar acostumbrado. Una perspectiva curiosa para el público, aunque en algunos momentos un tanto incómoda para seguir los movimientos de los actores en escena.

El simple hecho de que comiencen la función saludando al público para después vestirse encima al personaje, a mi, que soy espectador al que le gustan los pequeños detalles, ya me predispone a querer disfrutarlo. Esa sensación de ver una compañía que viene a contarnos algo al público, me hace respirar un ambiente distinto. Se que enseguida me meteré en la historia, pero ahora lo que cuenta es que para el actor estoy ahí, sintiendo que la presencia de ambos es importante para los dos, rompiendo la frialdad del primer momento.

La obra, dirigida por Ernesto Arias, tiene un ritmo muy ágil, respetando silencios, pausas, pero impregnándolo todo de una energía muy viva.
Los actores vibran a cada verso gracias a la adaptación de José Padilla. Reaccionan y respirar al servicio de la función. A mi me tuvieron atento en todo momento a cuanto acontecía en escena, creo que me pasé mas de la mitad de la dos horas que dura la función echado hacia adelante en mi butaca, procurando que no se me escapara nada. Disfruté muchísimo sintiendo que me llegaban todas y cada una de las palabras, de las intenciones, de las miradas. Es un placer ver un trabajo tan bien hecho y que atrape de esta manera.
Los actores están de sobresaliente, hay algún caso que quizá quede algo rezagado del resto, pero no empaña el conjunto. Se nota el oficio y la pasión por mostrar un trabajo hecho con cariño y respeto.
Hay grandes momentos que no puedo dejar de mencionar, como ese final de Jesús Fuente como Wolsey, que deja sin palabras; demostrando que cualquier personaje de Shakespeare, por muy retorcido que pueda llegar a ser, está hecho de carne y hueso, llenándolo de debilidad humana. O cualquiera de las intervenciones de Elena González como Catalina de Aragón, un bombón para cualquier actriz, en el que Elena se regodea y nos regala unos momentos impagables, de poner los pelos de punta. Una actriz cargada de energía que nos la suelta a bocajarro, dejándonos aturdidos con tanto sentimiento. Te indignas, peleas y sufres con ella, está inmensa. Alejandra Mayo, una lección de como permanecer en segundo plano dentro de la trama y sin embargo demostrar su valía haciendo que el público sonría y sufra cuando ella lo hace; me entusiasmó, al igual que Rodrigo Arribas, Jesús Teyssiere, Alejandro Saá o Fernando Gil, por poner algunos ejemplos. Con esto no quiero hacer de menos a nadie de la compañía porque, repito, disfruté muchísimo de sus interpretaciones que son toda una lección de cómo debería ser el teatro clásico.

Además que como regalo extra, cuando fuimos a ver la función resultó ser el día en el que la compañía tenía encuentro con el público, donde pudimos enterarnos de muchas mas detalles del montaje, de su forma de trabajar, de anécdotas…
Esto es algo que el espectador medio desconoce y que puede ser interesante para despertar la curiosidad y hacer que el público se sienta mas involucrado con el mundo del teatro. En estos encuentros uno trata de tú a tú con todo el equipo y el intercambio de impresiones es muy interesante y enriquecedor.

La verdad que no me importaría volver a verla, saborearla de nuevo ahora que la conozco y descubrir cosas nuevas que seguramente con el primer visionado uno se pierde.
Creo que es uno de los imprescindibles de esta temporada, quien vaya a verlo va a poder disfrutar de un gran montaje que, además, sorprenderá por lo actual de todo lo que cuenta.

Un gran reencuentro con el teatro clásico que me ha vuelto a hacer disfrutar y además a lo grande.


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Cuando fuimos dos Doriam Sojo Felipe Andrés Fernando J. López Sala Triángulo Teatro

Cuando Fuimos Dos

Titulo:
Cuando Fuimos Dos

Lugar:
Sala Triángulo

Autor:
Fernando J. López

Elenco:
Doriam Sojo (César)
Felipe Andrés (Eloy)

Música:
Warko

Producción:
DoriamsOjOproduce

Dirección:
Fernando J. López



Hay veces que los montajes tienen algo que atrapa al público, o bien por lo excepcional de la historia o por todo lo contrario, por la cotidianidad de la situación que te plantea, haciendo que te sientas identificado con lo que te están contando; y creo que esto último es el arma con el que ha conquistado «Cuando Fuimos Dos» al público para que los sábados estén llenando la Sala Triángulo como lo están haciendo desde que se representó y sorprendió en el pasado Festival Visible de Madrid.
La historia, escrita por Fernando J. López, que también la dirige; nos cuenta la relación de una pareja, César y Eloy, que con la excusa de repartir sus pertenencias, se reúnen una última vez en la que fue su casa, pues aparentemente su historia ha llegado al final. Aunque lo que realmente buscan es ser escuchados y sacar de dentro todo lo que no han dicho hasta el momento y casi a modo de «juicio», nos toman al público como confidente de lo que les fue pasando y a través de «flashbacks«, nos ponen en situación de cómo surgió su historia de amor y el camino que tomó hasta llegar al día de hoy.
La función nos habla de la fina línea en la que vive cualquier relación de pareja, esa línea que se puede romper con ver un simple «Me gusta» de alguien inapropiado en el perfil de facebook del otro o como el sonido de un SMS a destiempo puede acabar por resquebrajar una relación que comenzaba a fraguarse.
Fernando J. López nos presenta dos personajes perfectamente identificables. César, un tipo que quiere vivir al día, totalmente desinhibido, que le gusta salir, y que en la vida no se preocupa de nada porque, como él mismo dice, todo lo expresa con el sexo, pero que sin embargo demanda una parcela de cariño que finge no querer. Y Eloy, que es la obsesión por el trabajo, por ser «algo mas en la vida», que tiene calculados sus pasos y que busca tener a alguien a su lado, pero que cuando lo logra, piensa que ya lo tiene todo conseguido dejando de luchar por mantenerlo vivo, sumiéndose en un peligroso ostracismo.
La función hace que en la oscuridad del patio de butacas cada uno haga examen de conciencia consigo mismo, pues todos tenemos un poco de César y un poco de Eloy y nos sentimos identificados con ellos. Y aunque la función contiene mucho humor, es un humor corrosivo que nos hace reir con mas nerviosismo del que podríamos reconocer públicamente. Y es que creo que la clave de su éxito está en la «normalidad» del asunto que trata.
Tanto Doriam Sojo como Felipe Andrés nos llevan a su terreno nada mas comenzar la función. Nos hablan a nosotros directamente, con lo que ya hacen que nos sintamos confidentes de su historia y desde ahí, ya comienzan a jugar, a llevar nuestros sentimientos hacia donde ellos quieren. Se complementan a la perfección. El trabajo de concentración que hacen es enorme. El montaje no es nada sencillo para el actor; los contínuos flashbacks les obligan a cambiar de actitud con solo «chascar» los dedos, pasan de un extremo al otro sin aparente dificultad. Nos muestran todos los estadios por los que pasa una relación sin ningún tipo de tapujo. Aunque si he de ponerles un pero, diría que eché en falta un poco mas de «cariño de pareja», me resultaban demasiado «colegas» y no tanto una pareja, quizá si hubiera algo tan sutil como una caricia, una mirada un poco mas tierna entre ellos… pero no la había y me transmitían demasiada frialdad en esos momentos en los que se supone que las tensiones daban paso al cariño. Pero al igual que digo esto, también destaco que, en los momentos de discusión transmitían una violencia muy incomoda de ver, la impotencia de César para rebatir los argumentos de Eloy tensan mucho la cuerda y eso se notaba en el público, también me gustó mucho como transmiten la desesperación por recuperar la estabilidad en la relación agarrándose al sexo o ese final que duele tanto.
Un montaje con un código muy sencillo, sin grandes aspavientos, pero muy bien resuelto. Que hace que el público se deje llevar y que a la salida genere tantas discusiones sobre lo que se ha visto. No dejéis de ir pensando que es una historia de amor gay; es una historia de amor, sin mas. La forma de ser tratada deja fuera cualquier género y es perfectamente aplicable a cualquier pareja.
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Orquesta de Señoritas

Título:
Orquesta de Señoritas

Lugar:
Teatro Amaya

Autor:
Jean Anouilh

Elenco:
Juan Ribó (Doña Hortensia)
Víctor Ullate Roche (Susana Delicias)
Francisco Rojas (El Pianista)
Emilio Gavira (Herme)
Juan Carlos Naya (Pamela)
Luis Peresagua (Patricia)
Zorión Eguileor (Leo)

Vestuario:
Alejandro Andujar

Adaptación, escenografía y dirección:
Juan Carlos Pérez de la Fuente

El pasado día 23 de Agosto acudí al Teatro Amaya para ver “Orquesta de Señoritas”de Jean Anouilhy confieso que aún no tengo muy claro si me gustó mas de lo que creo o todo lo contrario.

Desde que salí estoy dándole vueltas a lo que quiero contaros y me cuesta tomar partido por un lado mas positivo o por uno mas negativo, cuando pienso en un aspecto negativo, surge algo que me lo rebate, viendo algo positivo que tumba mis argumentos o viceversa… ¡Todo un dilema para mi! Y es que parte de la filosofía de este blog es no criticar por criticar, si no intentar comprender y saber valorar los espectáculos que veo desde un punto lo mas honesto posible, de ahí que comience a contaros esta crónica con tanta duda.
Sinceramente, no estaba en mi lista de “Obras que quiero ver”, pero sería de bobos si me limitara a ver solo lo que quiero ver. Tengo mucho que aprender y que descubrir, e intento estar abierto a cosas que nunca me propondría a mi mismo. Así que, aunque con ciertas reticencias, cuando me propusieron ir a ver este montaje no dije que no. Desconocía la obra y el autor, pero su director y reparto ya me despertaron las ganas de saber qué nos querían contar.
La función nos sitúa en la década de los años 40, en un local llamado “El Balcón de España y Portugal” donde, como ya dice el título, toca una orquesta de señoritas. Entre números musicales vamos conociendo la vida de sus integrantes, sus penas y alegrías, sus luces y sus sombras. Ofreciéndonos un claro ejemplo de las costumbres y la mentalidad de la época. Todo transcurre frente al público, sobre el escenario del local donde trabajan estas mujeres; porque aunque el reparto es completamente masculino, los roles son todos femeninos
Destaco el vestuario de Alejandro Andújar, un homenaje a Álvaro RetanaEl figurinista de las Estrellas”, muy cuidado y con gran importancia dentro la función.
Sin embargo la escenografía no llegué a entenderla del todo (he aquí uno de mis debates internos) me dio un aspecto en cierto modo “casposo”, desactualizado; como si se hubiera querido dar un aire de posguerra con una mirada demasiado ochentera… Sí, suena extraño, pero es lo que me sugería. Aunque por otro lado creo que esto hace que sea una labor de ambientación muy conseguida, ya que nos ubica ciertamente en una sala de fiestas “de segunda” donde el cartón piedra ha devorado cualquier atisbo de glamour, pero, por ejemplo, la idea de usar botellas recicladas en la escenografía no me convenció ¿por qué usarlas y darle tanta prensa? Es algo anacrónico, que bajo mi punto de vista, creo que no “casa” con el resto de la ambientación. Su motivo tendrá…
La verdad que me gustaría ver un montaje con el texto original y poder compararlo con la adaptación que ha hecho Juan Carlos Pérez de la Fuente. No sé cuanto hay en esta función del original y cuanto de adaptación, con lo que no puedo juzgar este aspecto. Lo que sí puedo decir es que quizá peque de «localista» y me entran dudas de si eso va a dejar mas público fuera del que pueda atraer. El tema de los espectáculos de «varieté» seguramente atraiga a un público de cierta edad, que lo haya vivido o lo sienta mas cercano, pero también puede jugar a la contra y «echar para atrás» a un público mas joven. Aunque he de confesar que creo haber descubierto un atracción hacia este género que desconocía y que pienso explorar.

De las interpretaciones no puedo decir nada malo, los personajes quizá pequen de ser demasiado planos, pero esto creo que entra mas en el terreno de la dirección.
Me gustó que utilizaran sus voces para crear los instrumentos de la orquesta en vez de instrumentos reales y resuelven correctamente los momentos musicales, aún no siendo la mayoría de ellos cantantes.
Si tengo que destacar a alguno de ellos, me quedo con Emilio Gavira, a este hombre le den lo que le den siempre lo saca adelante con una sencillez increíble.
Juan Ribó (me gustó su Hortensia), Víctor Ullate y Francisco Rojas, hacen un buen trío. Lástima que su historia tenga un final tan pasado por alto, es el detonante final y queda enturbiado por las prisas de sacar un nuevo traje y cantar una nueva canción.
Juan Carlos Naya, Luis Peresagua y Zorión Eguileor, están divertidamente inocentes, tal y como eran los personajes de la época, aunque personalmente quitaría la cojera de este último.

Es un montaje cómodo de ver e incluso puedes salir satisfecho con la obra, siempre y cuando te lo tomes como un homenaje a los espectáculos de la época y como un divertimento.

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