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Liturgia De Un Asesinato

Título:
Liturgia de un Asesinata

Autor:
Verónica Fernández

Lugar:
Teatro Galileo

Elenco:
Marian Arahuetes
Mon Ceballos
Fael García
Rodrígo Sáenz de Heredia

Escenografía:
Mariona Julbe

Vestuario:
Mónica Teijeiro

Iluminación:
Daniel Checa

Sonido:
Mar Navarro

Dirección:
Antonio C. Guijosa


La semana pasada acudí a ver “Liturgia de un Asesinato” de Verónica Fernández al Teatro Galileo.
Un aparente suicidio, una familia bajo sospecha, que comparten heridas abiertas a pesar de sus diferencias ideológicas, y un policía demasiado involucrado, son las claves de esta historia dirigida por Antonio C. Guijosa que nos sitúa en un franquismo tardío, que se va desmoronando, pero donde los venenos del régimen aún colean peligrosos.

Una camada de cachorros que devoran a su progenitor y que, sin embargo, sienten el frío e interesado vacío de su ausencia; cachorros que entre ellos se lanzan dentelladas, pero donde el poder de la sangre se impone, haciéndose cruelmente palpable.
Un juego al engaño, como un «Cluedo» sobre las tablas, con un texto que nos plantea diferentes hipótesis que giran dependiendo del ángulo desde el que se mira; una exposición de  intereses que hacen posible cualquiera de ellas en el momento de ser planteadas.
Hoy en día es raro, a no ser en los teatro nacionales o más comerciales, los montajes con una escenografía que no sea minimalistas, incluso a veces inexistente, sin embargo en “Liturgia de un Asesinato” se presentan con una puesta en escena como esta, que incluso recuerda un set de rodaje. Una puesta en escena y una estética que me recordó al estilo de los Estudio 1. Todo tiene ese aire apagado, incluso algo rancio, donde casi se huele el polvo del tiempo y que, sin embargo, tan estupendamente le sienta a la propuesta. Casi como si mirásemos una foto descolorida.

Mon Ceballos, con su Manuel Requejo, es un fantástico «Poirot pre-transición», que gracias a esa turbiedad y conflicto moral al que se enfrenta, logra una acertada dimensión.
Me entusiasmaron las interpretaciones de Fael García y Rodrigo Sáenz de Heredia, creo que su manera de jugar el texto, la sobriedad con la que se enfrentan a estos dos extremos de una misma familia, es perfecta para esta propuesta, además de regalarnos, junto a Mon, el placer de escuchar esas fantásticas voces, con esas dicciones y ese gusto por dar importancia a cada una de las palabras de este texto. 
Quizá Marian Arahuetes se encuentra algo más forzada en su personaje, cuesta entrar en su propuesta, aunque finalmente acabes por comprarla. Los tres, Fael, Rodrigo y Marian, forman un triángulo fraternal que funciona, en sintonía y muy creíble.
Incluso es interesante ver lo que sucede con ellos, con los cuatro actores, cuando están en la penumbra de la acción, el trabajo interpretativo se mantiene y dan continuidad para cuando entran en foco.
Hay momentos intensos, inteligentes, a veces melodramáticos, que me entretuvieron y me interesaron, tanto en lo que a interpretación como en lo que cuenta, y cómo lo cuentan.
Quizá llegue un momento que todo suena un tanto reiterativo, pero lo remontan con ese final que explota tan cruel como inesperado.
No sé si es por el estilo con cierto aroma decadente de la dirección de Antonio C. Quiroga, esa forma de exponer la situación que me hace recordar como decía más arriba a esos Estudio 1 o porque ahora se opta por una velocidad de planteamiento que hace de esta forma de contar algo diferente, que hizo que acabara por disfrutarlo tanto. A veces solo hay que dejarse llevar y deleitarse con el viaje.

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Adeva Ambjorsen Andrés Lima Carmelo Gómez David Serrano Elling Javier Gutiérrez Monterio Smedia Studyonov Teatro Teatro Galileo

Elling

Título:
Elling

Lugar:
Teatro Galileo 

Versión:
David Serrano (Basado en la novela de Ingvar Ambjorsen)

Reparto:
Carmelo Gómez (Elling)
Javier Gutiérrez (Kjell)
Chema Adeva (Alfons/Frank)
Rebeca Montero (Reidun/Enfermera Gunn)
Mikhail Studyonov  (Pianista)

Dirección:
Andrés Lima

Hay veces que sin saber porqué, me resisto a ver ciertas funciones. Me las recomiendan, leo críticas y sé que seguramente me puedan gustar, pero… Unas veces es porque me da cierta pereza la obra y otras porque tengo que hacer criba para poder permitirme ver otras funciones; y es que esto de ser blogger no sale gratis, al menos para mi, yo paso por taquilla el 98% de las veces y eso hace que tenga que decir «No» a algunos montajes. Supongo que unas veces acertaré y otras me habré perdido momentos memorables sobre algún escenario, pero no tengo mas remedio que sea así; eso sí, si se me pone al paso la oportunidad de ver todo lo que me sea posible ¡Allá que voy!
«Elling» ha sido uno de estos casos. Vi que se estrenaba, quienes la protagonizaban, y me dieron muchas ganas de verla, pero… la cosa no surgía. Vi que prorrogaban, pero… Hasta que el hambre de teatro me pudo y me apresuré a ir al Teatro Galileo antes de que la retirasen de cartel.
No tenía muy claro lo que contaba la obra, desconocía el argumento, pero bueno, saber quienes son los protagonistas y el director dan cierta seguridad de que lo que vas a ver va a tener cierto nivel.
La función, dirigida por Andrés Lima, nos cuenta la «salida» al mundo de Elling (Carmelo Gómez) y Kjell (Javier Gutiérrez). Dos hombres que están encerrados en un psiquiátrico, a los que se les ofrece la posibilidad de compartir piso e integrarse en la sociedad. Cosa que no les será nada fácil…
No sé si es cosa de la crisis o es la tendencia del momento, pero me estoy encontrando con muchos montajes que optan por las escenografías sencillas, con pocos elementos, pero con múltiples utilidades. Algo que me agrada y que comparto. Además el director ha ideado un escenario rodeado de público por los cuatro costados, haciendo aún mas cercano lo que sucede en escena. 
A veces menos es mas, y en esta ocasión juega a favor de lo que los personajes nos quieren contar.
La función, dentro de la clave de comedia en la que es tratado el tema, hace pensar en lo complejo que es el mundo que nos hemos fabricado y la escasa cabida que permitimos en él a las personas «peculiares», como se autodenominan los protagonistas.
La labor actoral es impresionante. 
Me agradó mucho ver un Carmelo Gómez diferente al que llevo viendo desde hace años. Mucho menos contenido, mostrándose siempre «hacia afuera», dando una aparente sencillez a un personaje al que hace absolutamente entrañable. Nos muestra una ternura y a la vez una personalidad arrolladoras.
Javier Gutiérrez rompe con todo, totalmente desinhibido, con un trabajo gestual desbordante, que corre el riesgo de apabullar al espectador, pero con el que, sin embargo, todos acabamos enganchando. Creando su «idioma» particular de movimientos, gestos y expresiones.
Ambos dan una lección de lo que a nivel actoral es «lanzarse a la piscina». No cualquiera puede hacer lo que estos dos actores hacen, ni se atreven, que es arriesgarse y entregarse a dos personajes que al comienzo pueden parecerte incoherentes y pasados de vueltas. Cuando uno quiere darse cuenta, le tienen hipnotizado y sintiéndose atrapado por su saber hacer.
Por supuesto vienen acompañados de la labor de dos actores que están incuestionablemente a la altura de lo que los protagonistas nos ofrecen. Chema Adeva y Rebeca Montero. Los dos doblan personaje y es muy interesante ver cómo aportan una personalidad completamente diferente a cada uno de ellos, hasta el punto de creer al comienzo de la función que eran actores diferentes.
Mi conclusión al finalizar la obra fue que a veces adoptamos roles que no nos aportan nada; ni a nosotros ni a los que nos rodean. Nos empobrecemos y nos hacemos mas pequeños involuntariamente, porque perdemos la perspectiva del objetivo en nuestras vidas, que sencillamente es vivirla… No fluimos con naturalidad, nos olvidamos de respetar nuestras imperfecciones y las de los demás. Hacemos y actuamos como «suponemos» que los demás quieren que hagamos… Sin embargo los personajes, aunque llevados al extremo, nos enseñan unos principios que deberían ser básicos en el ser humano: la amistad, el amor, la honestidad, la curiosidad, el cariño, las superación, … las ganas de beberse la vida… Incluso el miedo.
Sinceramente, salí de la función con una sensación de alegría interna muy agradable, algo que va mas allá de lo que uno pueda llegar a comentar con sus acompañantes. Una punzada de esperanza por querer mejorar un poquito y dejarme llevar por la «locura» del día a día.
Os dejo, que me he puesto un tanto espesito… pero quien pueda conseguir alguna entrada antes de que este próximo domingo se marchen del Galileo, que no haga como hice yo hasta la semana pasada y que no se resista.

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