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Ana Feijoo Carmen Mayordomo El Umbral de Primavera Elena Tur Ivan Ugalde Jorge Moreno Manuel Domínguez Paco Gámez Si Los Ángeles Disparan

Si Los Ángeles Disparan

Título:
Si Los Ángeles Disparan

Autor:
Jorge Moreno

Lugar:
El Umbral de Primavera

Elenco:
Manuel Domínguez
Ana Feijoo
Paco Gámez
Elena Tur
Carmen Mayordomo (Voz en Off)

Música Original:
Rafael Domínguez

Escenografía:
Lola García

Iluminación:
Jesús Antón

Dirección:
Iván Ugalde

La visita teatral del pasado miércoles fue a un transformado Umbral de Primavera, sala que desaparece para convertirse en un lugar indeterminado de la España más profunda. Allí recibimos “Si Los Ángeles Disparan” texto de Jorge Moreno y dirección de Iván Ugalde, actor que se lanza por primera vez a la dirección con esta propuesta arriesgada, nada fácil de digerir. 
Una función que nos habla desde un lugar sin nombre, de una familia con apellido silenciado, donde la sed de justicia terrenal y divina se apodera de sus cuatro miembros, arrastrándoles a cometer una masacre, a sangre fría. Cuatro mentes enfermas, encerradas en sus propias normas, en sus miedos más profundos, unos miedos que hacen ver a los demás como una amenaza latente. Un juego de manipulación, de demencia descontrolada nada amable con terrible final.

Una función de texto complejo, difícil de escuchar, exasperante en ocasiones, áspera, salpicada con insanas gotas de humor, que nos vuelven a una crónica terrorífica de la España más negra. Un juego de manipulaciones que asquea y perturba gracias a la labor de sus cuatro actores, Manuel Domínguez, Ana Feijoo, Paco Gámez y Elena Tur,  que, unos con mejor resultado que otros, nos acercan a estas alimañas a las que quizá por nuestra mente “capitalina”, nos es difícil comprender.  Cuatro actores que viajan por los hechos, saltando en el tiempo, introduciéndonos como fantasmales presencias en su espiral de locura, usándonos como justificación para llevar a cabo su crimen. Aterra e incómoda sentir como clavan sus ojos en nosotros, haciéndonos conscientes de ser posibles víctimas de su justicia.
La puesta en escena, la ambientación que se nutre de la nave externa de este espacio teatral, esa iluminación terrosa, sanguinolenta, que juega entre amaneceres y atardeceres, e interiores titilantes a la luz de las velas, que transforman los rostros arrancándoles sombras feroces… Son el plato fuerte de este montaje. A destacar ese maravilloso espacio sonoro creado en directo por Rafael Domínguez y su guitarra.
El cerrojazo del portón del propio Umbral hace que uno sienta que no va a estar seguro ahí dentro, encerrado con esta familia que surge desde la más oscura profundidad. Cuatro depredadores ciegos de toda razón, lentos, peligrosamente asustadizos, que resultan aparentemente inofensivos hasta que su demente verborrea vomita pensamientos incontrolados y sus verdaderas intenciones… Trastornados, enfermos, rencorosos, peligrosamente miedosos ante la incomprensión. Son seres que ponen los pelos de punta porque sentimos su inminente violencia como algo real.
En ocasiones me dio la impresión de cierta desorientación a la hora de transmitir el fin por el cual se nos quiere contar esta historia, la función dibuja en exceso el momento que todos conocemos y se regodea en pasajes y chascarrillos que ganarían peso dramático siendo abreviados. Más interesante me parecieron los momentos previos a la masacre, tan terribles y fascinantes, con el juego de las hermanas manipulando las mentes débiles de los varones, engatusándolos y alentando la «hombría» de estos dos zánganos de débil razonar que encuentran entre tufos incestuosos, enfrentamientos de lindes, nanas lorquianas, rimas gruesas y canciones de Disney, las razones para llevar a cabo un crimen tan aterrador como real. 
Un trabajo de transformación dirigido por Iván Ugalde que ha apostado por un teatro de impacto, que pretende presentárnoslo como un puñado de tierra lanzado directamente a ojos y boca, y que junto a Teatro Hermético, se tira a la piscina con esta propuesta compleja, nada amable, que viene a remover el lodo y experimentar con un teatro que puede ser firma y primer paso de esta nueva compañía. Veamos qué caminos transita.

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Alicia Rodríguez Borja Roces El Umbral de Primavera Encrucijada o nihil novum sub sole Néstor Villazón Teatro

Encrucijada o nihil novum sub sole

Título:

Encrucijada o nihil novum sub sole
Autor:
Borja Roces
Poemas Néstor Villazón
Lugar:
El Umbral de Primavera
Elenco:
Borja Roces
Alicia Rodríguez
Vesturario:
BlueBirds
Iluminación y Sonido:
Juanan Morales, Alberto Morales, J.Bustos y Andrei
Dirección:
Borja Roces 
 
«Encrucijada o Nihl Novum Sub Sole» es un espectáculo que mezcla el teatro físico, los poemas, las reflexiones en voz alta junto con un aire de performance. Un montaje que habla de la desesperación, el dolor (interno y externo), lo molesto que puede ser en ocasiones el «Buenismo», la creación, la angustia, el llanto… Es en definitiva un baúl donde introducir la mano y sacar cualquiera de sus ingredientes para contemplarlo, para dejar que se despliegue ante nosotros y que lo catemos. Lo malo es que cuando ya tienes todos esos ingredientes fuera del baúl, uno no sabe muy bien qué hacer con ellos, los contempla cada uno por separado y pueden resultar más o menos interesantes, pero si uno intenta encontrar el nexo que les de el sentido, no lo encuentra.
Hay ciertos momentos de la función que se utiliza una premeditada profundidad que a mi, como espectador, me provocó ir distanciándome poco a poco hasta llegar a un punto de no retorno. Uno entra dispuesto a dejarse empapar por la propuesta que Borja Roces, creador del espectáculo, ha querido mostrar; el problema es que el menú es tan extenso y variopinto que no se llegan a encontrar los elementos que puedan generar un buen maridaje. Solo en las ocasiones en las que intensidad se toma con humor o afloja, y nos deja ver algún sentimiento no coreografiado, es cuando uno encuentra el remanso donde le gustaría quedarse. Remanso del que se empeñan en sacarnos para intentar impresionar a golpe de efecto. Al finalizar la función, con el guiño de sus actores, uno se queda pensando si ellos se lo han tomado tan en serio como nosotros o todo es una cabriola para lanzarnos una burla o un mero divertimento.
El momento en el que Alicia Rodríguez más me gustó, fue cuando brilla con su monólogo del llanto, columpiándose entre la sonrisa llena de lágrimas y la oscura congoja, consiguiendo que el público deje escapar risas que poco a poco van apagándose a golpe de sentimiento para acabar dejándola volver a fluir. El resto está bien ejecutado, pero no con el resplandor alcanzado en este momento.
Borja Roces se arriesga, se tira a la piscina y eso es muy valorable, pero para mi, cuando realmente se le aprecia el trabajo es cuando afloja y deja que veamos el brillo que lleva dentro. Hay una transformación en él cuando lo que nos cuenta abandona los altos vuelos y da paso a algo más terrenal, cuando deja que su cara y su cuerpo exprese el interior. Hay un encanto especial que llama poderosamente la atención. Hubiera preferido más dosis de eso que de esa pretendida poética que me perdió en retóricas que a mi no acabaron por convencerme.

No todo teatro es para todos los públicos y hay veces que uno no encaja con lo que le muestran, pero para ello hay que verlo y descubrirlo.
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