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La Distancia

«La Distancia» es la primera producción de Bacantes Teatro, nombre que lleva tras de sí cuatro artistas con necesidades y ansias por plasmar en escena su propia mirada al teatro. Ellas son: Caterina Muñoz, Teresa Rivera, Luz Valdenebro y Estefanía de los Santos. Y para esta primera ocasión han querido contar con Pablo Messiez, quien se ha encargado de la dirección y de la dramaturgia, inspirándose en «Distancia de Rescate», libro firmado por Samanta Schweblin, origen de todo.

la-distancia-cartelAmanda agoniza en la sala de un hospital. De repente la urgencia -con voz de niño-adulto- apremia para poder llegar al origen de todo, lograr hallar el punto exacto donde todo desembocó en este último instante y saber dónde se encuentra su hija Nina.

Esa es la premisa desde la que arranca la función… Bueno, la verdad es que no sé si denominarla como tal, porque más que una función la experiencia que se vive desde la butaca del Teatro Galileo podría ser una agonía, una pesadilla, un instante alucinado de un estado febril… y, sin embargo, somos conscientes de que se habla de una realidad totalmente palpable. «La Distancia» es un peligroso secreto que se respira a cada bocanada de aire fresco. Un viaje a través de lugares confortables empapados de un realismo mágico envenenado. Un tránsito lleno de acciones desesperadas, de madres aterradas, de madres perdidas, desconcertadas, e hijos con almas errantes, en tránsito hacia la salvación. Víctimas y testigos consentidores en este intercambio de roles entre las luces y las sombras.

Es muy difícil que con la separación que otorga un patio de butacas se llegue a generar en el espectador la incomodidad y la angustia de ese instante que apremia, que nos importe tener que llegar a tiempo al lugar donde se nos quiere llevar; conseguir que nuestros cuerpos se retuerzan impacientes, deseosos por conocer, manteniendo viva la necesidad de querer mirar, de asombrarnos a cada nueva pincelada y que cada trazo que se nos ofrezca nos acelere el pulso. Y eso lo tiene «La Distancia».

Vi la crudeza y la aberración de un informativo, vi los grandes terrenos del noreste argentino, vi la épica del realismo mágico latino, vi a David Lynch, y además vi un sabor auténtico, ese pellizco del Messiez que sabe qué cuerdas tocar, el que con astucia sabe encontrar siempre el dónde y el cómo. Y todo esto se ve gracias a ese compendio de cuadros solapados, de puertas dimensionales que es la escenografía de Elisa Sanz o la fascinante iluminación de Paloma Parra y al alma y la carne de María Morales, Fernando Delgado, Luz Valdenebro y Estefanía de los Santos que logran ese estado casi paranormal de dejarse desaparecer para que Amanda, David, Carla, Nina o la Mujer de la Casa Verde nos introduzcan en esta espiral de pesadilla con una facilidad que emociona encontrar porque ellos cuatro son portadores de esa mágica, y tan difícil de hallar, paz que nos hace ser conscientes de que no hay necesidad de preocuparse por malos pespuntes en las actuaciones, o descubrir marcas de dobleces, porque no las hay, la continuidad entre el elenco y los personajes es fruto de un mismo tejido. distancia4

Pienso en «La Distancia», ahora que han pasado los días, y evoco el recuerdo del color verde que invade toda la escena, el verde del césped fresco, de la sensación de afabilidad, de la esperanza de una solución desesperada y al hacerlo, aún siento esa caricia cercenadora que abre la piel con el filo de la brizna de hierba, como una cuchilla, infectándolo todo… porque este también es el verde del veneno, de la ponzoña latente, que aguarda amenazante en cada rincón de esta función. La hermosura y la poesía hacen que el incauto relaje sus defensas, aumentando la distancia de rescate y sea contaminado por esta flor venenosa que es «La Distancia».

Título: La Distancia Dramaturgia y Dirección: Pablo Messiez Elenco: María Morales, Fernando Delgado, Luz Valdenebro, Estefanía de los Santos Ayte. Dirección: Teresa Rivera Escenografía y Vestuario: Elisa Sanz Iluminación: Paloma Parra Producción: Bacantes Teatro Lugar: Teatro Galileo

 

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La Piel

Mary quiere abrir un centro suicida, un lugar donde la gente acuda a morir de la manera que más le plazca, un espacio donde se respete la decisión de dejar de existir, sin juicios ni prejuicios. Esa es la premisa desde la que parte “La Piel”, la nueva propuesta teatral de Teresa Rivera y Valeria Alonso que tras “La Sole” se lanzan de cabeza para ofrecernos una nueva experiencia sensorial; lo califico así porque decir que lo que hacen ellas es teatro acotaría injustamente lo que nos ofr11110274_801964229879816_976844247780511827_necen. Apuestan por tener al espectador entregado, con las emociones a flor de piel (nunca mejor dicho) y conseguir que se una a este viaje que explora el tránsito hacia la muerte.

Sería fácil optar por lo tétrico y lo melodramático, por hacer de “La Piel” un discurso, incluso por todo lo contrario, por intentar arrojar una luminosidad artificial. Sin embargo, las emociones fluyen solas y adoptan una gama de intensidades que calan sin ser forzadas. En “La Piel”, hay humor, emoción, sencillez, nostalgia, amor y mucha acidez e ironía.

Me fascina el poder que tiene Teresa Rivera para transitar entre lo poético y lo macarra. Para transportarnos gracias a esa estupenda puesta en escena -A destacar la maravillosa iluminación de The Blue Stage Family y el vestuario  de Elisa Sanz que consigue mantener la esencia y la personalidad de esta artista- A todos aquellos lugares por los que ella quiera hacernos transitar. A mí con ella me pasa como cuando éramos pequeños, que jugabamos con cuatro palos dos trozos de plástico y una lata a creer que estabamos viajando en una nave espacial y con el solo hecho de querer, creíamos. Pues ella posee ese poder de convicción. Ella dice que estamos en un centro suicida y tú lo ves posible, ella te dice que es Tina Turner y tú ni lo dudas… Ella quiere y nosotros accedemos a regalarle nuestra imaginación y eso es porque percibimos esa generosidad desde el otro lado. Hace de su propuesta un lugar en el que nos apetece estar. Sale a escena y sabes que se va a entregar en cuerpo y alma a su propuesta, y esto que suena a topicazo no lo es en este caso, ojalá todos salieran con el arrojo con el que ella se lanza al escenario… y claro, ¡cómo no corresponder!

Foto Jean Pierre Ledos
Foto Jean Pierre Ledos

“La Piel” es una caricia y un pellizco. Es un beso, es sexo, una dentellada y un recuerdo. Esta función está cargada de una belleza y una dureza tan cercana e inevitable que es imposible no identificarse en este imaginario por el que Teresa nos pasea. Dentro de “La Piel” hay instantes que se te clavan muy adentro: Ella comiendo la manzana recordando a su padre mientras escucha las sevillanas, o el momento en el que muda la piel, dejando la bata de cola para transformarse en lo que siempre ha querido y que nosotros, más que verlo, lo percibimos. Momentos realmente potentes: Ese comienzo en plan dominatrix o el éxtasis final con ese “Proud Mary” que es un auténtico delirio.

Hay artistas que no se conforman con lo fácil, con lo efectivo. Hay artistas a los que les gusta regalar riesgo, ofrecer concepciones diferentes para desarrollar una idea y se agradece tanto…

Título: La Piel Dramaturgia/Dirección: Valeria Alonso Idea/Interpretación: Teresa Rivera Vestuario/Escenografía: Elisa Sanz Iluminación: The Blue Stage Family Lugar: Nave 73

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