Si algo caracteriza a Diágoras Producciones y Daniel Acebes es que creen firmemente en lo que hacen y, sobretodo, cómo lo hacen, en la osadía –entiéndase como arrojo- para adentrarse en cuanto género y estilo se les ponga por delante: El humor más inclasificable de sus inicios con “Caminante Si No Hay Camino, Pa Qué Vas”, el Siglo de Oro de mano de Lope de Vega en “La Hermosa Fea”, montaje
que aún colea; apuestas arriesgadas y quizá incomprendidas como su versión de “Cuarteto” de Müller o su incursión en la comedia musical con la cambiante “El Secreto de las Mujeres”, de la que en breve podremos ver su Versión 3.0. Y ahora vienen a ofrecernos la esencia de cuanto hemos podido ver en la trayectoria de esta compañía en forma de soliloquio: «La Sombra del Tenorio» de José Luis Alonso de Santos.
«La Sombra Del Tenorio» nos presenta a un actor postrado en la habitación de un hospital donde, entre la lucidez de su enfermedad y la alucinación de ser cuidado por una monja llamada Sor Inés, rememora sus andanzas sobre las tablas interpretando a Ciutti, hecho que mezcla y confunde con sus recuerdos fuera de ellas, pero siempre condicionado por el rol que le marcó este personaje. Y su mayor anhelo, haber encarnado en algún momento a Don Juan. Su particular viaje a ninguna parte.
Un montaje que nos invita a viajar por una especie de limbo actoral, en una ensoñación o delirio que abre las puertas a los anhelos más descarnados de un moribundo, y que nos habla de esos sueños que nunca llegan a cumplirse… ¿nunca?
Daniel Acebes, rodeado de amigos como Juan Manuel Casero o Alejandra Saenz y de lugares comunes, esa escenografía que es un collage homenaje a los 10 años de vida de Diagoras Producciones, ha rascado el óxido que el paso de los años ha ido generando entre sus lineas a este texto de José Luis Alonso de Santos, lo ha «desembrujado», lo ha adaptado al Siglo XXI y ha afilado su humor, convirtiéndolo en un caramelito envenenado que, tras esa fachada bonachona, prepara una buena reprimenda al más puro estilo de esta compañía, sin pelos en la lengua; denunciando a golpe de gracieta todo aquello que desvirtúa, desprestigia y ensucia esta profesión y además hablarnos con cariño y reverencia de esos Cómicos que viven tras los grandes nombres de la escena y que el gran público, y los propios compañeros que han compartido escenario junto a ellos, suelen olvidar después de que el telón se cierra.
Lo vi el día del estreno y uno ya sabe lo tierno que está aún el retoño como para andar diciendo demasiado. Quizá aún le quede al montaje cierto tufillo a naftalina entre sus palabras, ciertas florituras, frases excesivamente redichas que rechinan o algunos mohines de comedieta innecesaria que le restan claridad. Aunque viendo el resultado final, y entregándonos a la propuesta, son aspectos que no le sientan del todo mal al ambiente apolillado del retrato.
Daniel Acebes logra momentos brillantes cuando deja que su personaje se envalentone y fluya con toda la emoción, atropellándose a si mismo con las palabras, con lo que se le viene a la cabeza y lo que se derrama por su boca; instantes en los que nos muestra la intimidad de un actor en el camerino, como si se tratara de un torero vistiéndose para salir al ruedo, o encarándose a esa última ovación tan añorada.
Creo que a «La Sombra del Tenorio» hay que mirarla con ese aprecio con el que se miran las muñecas de cartón o los cochecitos de chapa que aparentemente han quedado obsoletos, pero que aún irradian un encanto especial, y es que uno sale con una sonrisa bobalicona después de ver a este Ciutti intentando por última vez cumplir su sueño «Donjuanesco».
Título: La Sombra del Tenorio Autor: José Luis Alonso De Santos Lugar: Teatro Victoria Elenco: Daniel Acebes Vestuario: Daniel Maya Escenografía: Diágoras Producciones Iluminación: Juanjo Hernandez Bellot Asesora de Verso: Alejandra Saenz Dirección: Daniel Acebes (Con la colaboración de Juan Manuel Casero)