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En Un Entreacto Radio – Especial Teatro Lara

En Un Enteacto Radio vuelve una quincena más para traer la actualidad teatral a todos nuestros oyentes de Getafe Radio. En esta ocasión hemos querido salir a la calle y acercarnos a conocer de cerca la vida en el Teatro Lara. Uno de los teatros más emblemáticos de la ciudad de Madrid. Conoceremos a su equipo y charlaremos con algunas de las compañías que allí están representandos sus montajes: “Demasiado al Este es el Oeste”, “Rulos” o “SINGLES”

¡Bienvenidos a En Un Entreacto Radio!

GETAFERADIO · En Un Entreacto especial Teatro Lara
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Sole Sola

En «Sole Sola», texto escrito por Carlos Crespo, regresamos a la temática del postureo, las redes sociales y sus consecuencias -Curiosamente son temas recurrentes en las últimas crónicas que he publicado por aquí- En esta ocasión nos adentramos en el mundo de Sole, una Youtuber de éxito, con miles de seguidoras (y un seguidor) atentos a sus consejos de belleza. Lo que no saben sus seguidoras es que bajo esa imagen alegre y chispeante de su Vloggera favorita se esconde un alma dolida y resentida que está perdida entre envidias y sueños incumplidos, que pelea con uñas, dientes y cualquier tipo de artimañas por seguir a flote… Quizá sea el momento de aceptar su fracaso…

Así dicho parece que cuando vayamos a ver «Sole Sola» nos vamos a topar con un dramón, ¡nada más lejos de la realidad! Esta función dirigida por Natalia Mateo es una comedia que supura mala leche y acidez por sus cuatro costados. Una comedia que, aprovechando la bilis que domina a su protagonista, nos muestra el otro lado del espejo, o mejor dicho el otro lado de la pantalla, de lo que vemos en nuestras redes sociales; la realidad que se esconde tras esos estados de ánimo «buenrolleros» en Facebook, esos comentarios repletos de palabras amables y emoticonos sonrientes. «Sole Sola» retrata lo que sucede cuando la cámara se apaga tras frases llena de positivismo como con la que rubrica sus consejos nuestra protagonista: «Deditos arriba». Puro postureo, un juego al que todos nos entregamos.

Una comedia rabiosa, de dientes apretados y lágrimas que se desbordan involuntarias. Un «Me cago en la puta» gritado desde la frustración. «Sole Sola» está llena de actos desesperados, irreflexivos. Está cargada de todas esas cosas que cualquiera de nosotros haría cuando la ira nos domina, pero que jamás confesaríamos ante nadie. Nos muestra la bajeza a la que podemos llegar cuando vemos que nuestros sueños están destinados a otros: ¿Por qué la vida me trata así? ¿Qué he hecho yo para merecer esto? ¿Por qué todas las cosas buenas les pasan a los demás? Sole es el equivalente humano al Coyote que en vez de utilizar artilugios marca ACME, se sirve de Ebay y cuanta tecnología se encuentre a su alcance… ¿Lo malo? Que ya sabemos cómo funcionan los trastos en manos del Coyote, ¿no? Un personaje potente, políticamente incorrecto, rastrero, sucio y desesperado, con el que acabamos por identificamos precisamente por ser así, porque todos en alguna ocasión nos hemos entregado a esa misma mezquindad con la que Sole actúa, o al menos hemos querido hacerlo.

Úrsula Gutiérrez es la encargada de asumir el reto de soportar sobre sus espaldas un monólogo como el escrito por Carlos Crespo, en el que el personaje se mueve en diferentes planos, manteniendo su soliloquio a la vez que finge escenas con otros personajes y se comunica a través de su PC. Úrsula entra en la función algo titubeante, insisto en lo que ya he dicho muchas veces: Lo de hacer una sola función a la semana no ayuda, y eso se traduce en que el texto no termina de fluir con la naturalidad que debería, pero poco a poco se envalentona y tira con el personaje, ganándose nuestro favor, y es que todos nos sentimos que somos los antagonistas en la vida, como ella.

Sole es un bombón de personaje, que se puede permitir muchas licencias y cuanto más al límite lo colocan, más atractivo resulta. A mí el cuerpo me pedía que Natalia Mateo hubiera querido rizar el rizo y, ya que Sole se mete en el fango hasta las cejas, se la hubiera llevado aún más al terreno de lo soez y lo escatológico como subrayado a esa amargura coplera tan acertada. Creo que el final hubiera sido una catarsis magistral. Solo es una opinión, pero creo que Sole da para ello.

«Sole Sola» es un divertido paseo por ese lado ruin de la vida, es como quitarse el corsé y respirar profundamente nuestro fracaso a golpe de carcajada.

FICHA:

Título: Sole Sola Autor: Carlos Crespo Dirección: Natalia Mateo Elenco: Úrsula Gutiérrez Escenografía: Javier Cala Maquillaje y peluquería: Chus Reyes y Virginia Hernández Producción: Edu Díaz Lugar: Teatro Lara (Sala Lola Membrives)

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Orquesta Benidorm

Me gusta cuando las compañías se ponen el mundo por montera y deciden ofrecer lo que realmente sienten que es la esencia de sus tripas. Cuando van a por todas y se plantan frente al público para decirle: “Señoras y señores esto es lo que hay”. Así es como debería ser siempre y así es como se presenta la compañía Mea Vulva, Mea Máxima Vulva con su espectáculo «Orquesta Benidorm», haciendo un estupendo trabajo de personalidad; sacando pecho y diciendo: Orquesta Benidorm es lo que a nosotros nos sale de los mismísimos que ustedes vean en este rato, luego ustedes ya dirán si mereció la pena, si coincidimos en gustos o si merecemos ser olvidados, pero ahora son nuestros…».

“Orquesta Benidorm” es la historia de cómo Paulino Mesa, ganador del Festival de la canción de Benidorm del año 1975, condena a toda su estirpe a seguir sus pasos trabajando en una orquesta de verano de tres al cuarto; unos pasos marcados con el lodo del fracaso y sobrellevados a golpe de sonrisa con destello de desilusión. Un buen día Paulino desaparece, dejando a sus cuatro hijos, cada uno de una madre distinta, al frente de la Orquesta: Un agujero negro de cartón piedra y deudas. Cuatro juguetes rotos a los que les toca cargar con una mochila repleta de los pedazos de un sueño resquebrajado que no les pertenece y que les obligará a tomar las riendas de sus propias vidas.

Julio Vargas y Paco Mora han decidido caminar por el lado más esperpéntico para hablarnos de una historia de triste desesperanza, la de unos seres que andan perdidos en un mundo que no les quiere. Un mundo al que ellos se enfrentan mostrando una amplia sonrisa que maquilla su desencanto y su desgracia y que, sin embargo, nos parece terriblemente divertido. Tanto como cuando éramos niños y lo que nos hacía reir era ver el fracaso del payaso y su ridículo empeño por salir airoso de situaciones que le venían grandes, tanto como sus propios zapatos. Pues en «Orquesta Benidorm» sucede exactamente lo mismo.

Unos actores enormes, Marta Escurín, Isabel Arenal, Julio Vargas y Paco Mora, generosos y entregados, con un magnífico sentido de la comedia más burra, dan vida a unos personajes brillantes, entrañablemente repulsivos, que se mueven entre lo ridículo y lo grotesco, que sorprenden, que asquean, a los que se comprende en su desesperanza y que por eso mismo resultan adorables. Una función con un inicio absolutamente delicioso, brillante en sus momentos más casposos, pero que trastabilla peligrosamente en los momentos que exigen más peso dramático. El patetismo del número del ventrílocuo, las conexiones del pasado, el enfrentamiento entre hermanos y su posterior reencuentro emocional son momentos rotundos que hubieran sido redondos con una mirada externa, menos implicada en la escena y que aportara mayor visión de conjunto. La desilusión, el pasado que pesa tanto sobre el presente de sus personajes, está, pero falta perfilarlo para hacer de este espectáculo un bofetada que quizá pudiera resultar una genialidad.

«Orquesta Benidorm» es un bello planteamiento de carcajada y desilusión, con curiosas y agradecidas referencias de aroma lorquiano y “El Público”. De lenguaje cabaretero, a veces guiñolesco y otras melodramático, en el que no resulta difícil verse reflejado, y de clara moraleja: Hagamos lo que realmente nos divierta, al fin y al cabo, quizá la vida solo sea lo que nos está sucediendo en este instante.

Y bien, ¡eso mismo es lo que esta Compañía hace!

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Pedro y el Capitán

No son muchos los montajes que logran aguantar el tipo temporada tras temporada y menos si nos centramos en el circuito Off de la ciudad. Un circuito atragantado de multiprogramación y raquítico de público, que se busca, que intenta inventarse una vez tras otra, que remueve fórmulas y que sobrevive a bocanadas, pero que ahí sigue, ofreciendo destellos de creatividad -No siempre- y que se alimenta de sus propias ganas. En fin, no estoy descubriendo nada a nadie, todos sabemos cómo es la situación, pero aún somos unos cuantos los que le tenemos fe, para bien o para mal, y aunque lo veamos maltrecho, seguimos creyendo en él.

Uno de esos montajes que sobreviven y con una salud envidiable es «Pedro y el Capitán» de Mario Benedetti, producción de El Hangar que va a cumplir su tercera temporada en la cartelera del Off madrileño. Un montaje que ha logrado cierta visibilidad gracias al boca a boca, a un público fiel y a un buen puñado de críticas que lo han mantenido vivo, hasta el punto de dar el salto del Off de La Latina al Off del Teatro Lara, que cada vez apunta más a ser una especie de Ciudad de Oz para las compañías que viven en el lado más alternativo de la capital.

«Pedro y el Capitán» pertenece a esos textos que han alcanzado la universalidad y que por desgracia podríamos identificar con cualquier dictadura que se nos venga a la cabeza. Sus dos personajes, tan perfectamente perfilados, sufren una transformación que les hace enfrentarse a sus miedos y convicciones, que habla del sacrificio, de la libertad, de la traición y de la cobardía, y son un caramelo – A veces envenenado- para quien les da vida y un desafío actoral enorme. Sus largos parlamentos son una dura prueba interpretativa y de dirección. La crudeza del duelo al que se enfrentan con esta historia exige una entrega llena de generosidad para llegar a calar y estremecer con su mensaje.

Confieso que he tenido sentimientos encontrados con la propuesta de Blanca Vega y Tomás Sznaiderman. Creo que apuestan por un montaje sencillo, apoyado en el trabajo actoral y en la honestidad, pero por momentos se dejan tentar por el melodrama y se les va de las manos, edulcorando el estremecimiento y distanciándolo del espectador. Este texto tiene que arrugarte el corazón y eso no pasa. Sin embargo, he “disfrutado”, si es que se puede utilizar este término en este caso, con el trabajo de Antonio Aguilar y José Emilio Vera, por cómo se arriesgan, porque se entregan, por el esfuerzo de sacar adelante el texto íntegro de Benedetti, y enfrentarse a la complejidad de giros, expresiones y acentos que no son propios y darles verdad. Sí, es cierto que a veces el resultado no llega a ser del todo convincente, pero otras es realmente brillante. Es fantástico notar el entendimiento entre ellos, esas energías que fluyen en sintonía y ver cómo dan naturalidad al horror que late en sus acciones.

Aplaudo que se opte por la crudeza, que sea sucia, que los cuajarones de sangre pringuen, que salpiquen al público, que el dolor lata en nuestra retina y que, con el paso de los cuadros, lo suframos junto a Pedro, que se apodere de nosotros ese sentimiento de victoria amarga cuando su debilidad física se convierta en una especie de revelación, entre mística y redentora, y lo transforme inevitablemente en invencible ante los ojos de su verdugo. Un golpe maestro.

Me gusta que a pesar de la amargura y la aspereza  que se queda en la boca tras el oscuro final, “Pedro y el Capitán” sea un canto a la verdadera libertad.

FICHA:

Título: Pedro y El Capitán Autor: Mario Benedetti Dirección: Blanca Vega y Tomás Sznaiderman Elenco: Antonio Aguilar y José Emilio Vera Iluminación: Francisco Dávila Producción: El Hangar, Círculo Teatro Lugar: Teatro Lara

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Las Hermanas Rivas

Cuando era niño siempre pasaba por delante de una papelería donde vendían prensa que tenían expuesta en el escaparate, era inevitable pararme y pegar mi nariz al cristal para mirarla con detenimiento, desde los periódicos hasta las revistas, e incluso las colecciones por fascículos, pero había una publicación que me llamaba poderosamente la atención, imagino que por sus portadas sensacionalistas y sus titulares truculentos, las miraba con la excitación de lo prohibido, con profunda curiosidad, algo así como tocar con un palo un bicho muerto y ver qué sucedía. Esa publicación era «El Caso», todos sabéis el tipo de prensa que era este periódico y el caldo de cultivo que podía llegar a ser para un niño y su, aún por desarrollar, insana imaginación.165570_logo_900x500_claim

Esto os lo cuento porque al ver «Las Hermanas Rivas» y pensarla mientras me marchaba a casa, apareció en mi memoria este recuerdo de aquel escaparate y las portadas de «El Caso», y es que esta historia podía ser perfectamente una de las protagonistas de sus titulares.

La historia nos presenta a dos hermanas que viven en un pueblo cualquiera donde la vida resbala en una sucesión de minutos, de horas, de días exactamente iguales, sin mayor emoción que la de aguardar el momento de la telenovela o acudir a visitar la tumba de los padres, llevarles flores envueltas en papel y comer con las tías solteronas; donde la única forma de sacudirse la monotonía es comprarse unos zapatos y salir a beber hasta no poder sostenerse sobre ellos. Hasta que una de las hermanas, en una de esas salidas, conoce al Potro Estrella, un boxeador que vive por y para este deporte y que desata el furor uterino de estas dos mujeres que al verse atraídas por el mismo «zángano» llegan a la conclusión de que lo mejor para mantener la paz en el hogar es compartirlo, por turnos, y que ninguna quede desplazada, a lo que él no pone objeción alguna ¡obvio! ¡Si es el sueño de todo machorro que se precie!, que le dejen hacer lo que más le gusta, en este caso entrenar y boxear, y tener un polvo fácil siempre que se le antoje; pero como es de prever, los celos, los resquemores, las envidias, no tardan en hacer acto de presencia y provocan que la historia acabe por irse por derroteros llenos de pensamientos turbios que llevan a decisiones drásticas. Tanto como para ser protagonistas de esos titulares de los que hablaba más arriba.

«Las Hermanas Rivas» muestra lo que el ser humano es capaz de hacer ante el pánico por la soledad o lo irracional del comportamiento ante el deseo. Somos capaces de romper el orden establecido para adentrarnos allá donde sabemos que no debemos ir y, cuando estamos dentro, sacar el instinto más primario desbocado por la angustia para intentar recuperar lo que teníamos y que sabemos perdido. Algo que puede resultar realmente aterrador en sus consecuencias.

Un historia creada por Adriana Roffi y Mariano Rochman que resulta atractiva en su oscuridad y apetecible en la sexualidad que rezuma, pero que cojea en sus razonamientos y resoluciones. No sé si porque el texto tiene aspectos algo endebles o porque la dirección no ha sabido plasmar sobre las tablas el posible potencial que reside en el texto, haciendo que los personajes tengan una trayectoria excesivamente lineal. No llegué a ver la evolución que justificara la decisión de semejante desenlace.

Los actores, dentro de la limitación a la que les somete la dirección, que les marca una dirección, pero no una evolución, defienden la historia con solvencia.

Creo que Luciana Drago y Regina Ferrando poseían las armas para darnos un reflejo mucho más espeluznante del que presenciamos. No era necesario ese sobreesfuerzo provocando la comedia para subrayar quienes son y cómo viven, menos casi siempre es más. Eso sí, me encantaron los momentos ante el televisor, reflejo de cómo la cotidianidad va siendo trastocada, al igual que la cocina casera y los canturreos que la acompañan. Destellos de por dónde tendría que haberse enfocado esta historia.

Mariano Rochman como el Potro nos ofrece una buena interpretación, un ser básico, primario, absolutamente posible, pero, volviendo al tema de dirección, transmite tanta candidez que no se llega a comprender el porqué de la decisión final.

Me dio la sensación de que podía haber visto un espectáculo mucho más potente de lo que acabé por ver. La materia prima estaba, pero el camino, para mi gusto, no era el adecuado.

Titulo: Las Hermanas Rivas Autor: Adrianna Roffi y Mariano Rochman Dirección: Adriana Roffi Elenco: Luciana Drago, Mariano Rochman y Regina Ferrando Vestuario: Lucía López y Yolanda Leal Iluminación: Martín Egido Lugar: Teatro Lara

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Tres

¿A quién no se le ha pasado por la cabeza volver a juntarse con sus compañeros de instituto? A todos nos queda un rescoldo al que nos aferramos estúpidamente de aquellos ¿maravillosos? años en los que nos imaginábamos de mayores compartiendo nuestras vidas con ellos -Algunos incluso se han quedado colgados de esa idea- y el que diga que no, miente, y si no miente, seguro que al menos siente el incontrolable morbazo de saber qué será de ellos y cómo estarán nuestros «más mejores amigos» de aquella época y de los que no hemos vuelto a saber nada… ¿Nada? ¡Benditas redes sociales que nos abren grietas por las que saciar nuestra nada inocente curiosidad!Tres-con-distribuidor

No es que tenga mucho que ver, ¿o sí? con el argumento de la función, pero me sirve para introduciros en esta crónica sobre «Tres» de Juan Carlos Rubio en el Teatro Lara que nos habla de tres amigas del instituto que, pasados los años, se vuelven a encontrar. Cada una ha tomado un rumbo diferente en la vida y, sin embargo, sus caminos vuelven a confluir, ¿Cosas del destino? Bueno, si al empeño de una de ellas por provocar este encuentro se le puede llamar destino, pues sí… El caso es que las tres se vuelven a juntar y tras varias copas, y alguna confesión, se les va la cabeza y deciden quedarse embarazadas a la vez ¡y del mismo hombre! (No estoy spolieando nada, no hay más que ver el cartel), pero las cosas no van a ser ni tan sencillas, ni el camino será tan idílico como se las prometían… Así nos ponen las cosas Quino Falero y Juan Carlos Rubio, quien le ha dado un par de brochazos al texto para adaptarlo a las nuevas edades de su elenco.

Una comedia que desde su aparente blancura muestra las miserias de sus protagonistas, eso sí, sólo la dósis justa para que nos arranque unas cuantas risotadas de mala baba, que a ninguno nos falta, pero para que la cosa resulte inofensiva.

El texto juega con esterotipos muy identificables para que el público enseguida enganche con ellas y sienta cercanía y comparta los motivos por los que toman la decisión de embarcarse en semejante delirio. La soledad y la inseguridad son dos terrores comunes en todos y eso une mucho, ya sea en el tú a tú de nuestro día a día como en el que se genera de escenario a patio de butacas.

La velocidad de la réplica, ocurrente y afilada, es el plato fuerte de este montaje que además vuela entre el histrionismos y el mariconerío enloquecido… ¡No pongáis cara de asombro! No me lo podéis negar: Unas descerebradas como estas tres amigas y un chulazo encerrados en la misma casa, (Yo os confieso que me las pido a todas ellas como amigas para petardear y a él… ¡Aisss!) El morbazo, la comedia y las peleas de gatas están servidas. ¿Se puede pedir algo más para pasar un rato divertido? Pues sí, también hay algún girillo en el argumento, algo previsible, que lo hace todo un poco más delirante si cabe y eso siempre se agradece; aunque ese final quizá me resultó excesivamente obvio. Cosa que no enturbia unos trabajos francamente divertidos de todo su reparto.tres

Me gusta ver este cambio de registro en Carmen Mayordomo que, si ya es toda una Drama-Queen de los escenarios, no se le puede negar la soltura con la que maneja la comedia, y es que esa cadencia que le da a su personaje, y la gravedad de su voz, son ingredientes perfectos para arrancarnos unas buenas carcajadas.

Natalie Pinot, aunque al comienzo me costó entrar en su código, acabé por comprarla por completo, incluidas sus extensiones. ¡No se puede ser más bruta y petarda!

Y la estupenda Eva Higueras, que creo es la que mejor lleva la progresión de su personaje, desde la inocencia de su comienzo hasta esa «otra» mujer que se nos va desvelando.

José Sospedra quizá se lleve la parte menos agradecida de la función, no por él si no por el papel que le ha tocado defender, pero está a la altura de sus compañeras y tiene que confiar en ello, tan sólo tiene que relajarse un poquito más y disfrutar la función.

Quino Falero tiene una fantástica mano para la comedia y de nuevo demuestra que sabe cómo hacer para que estos cuatro actores saquen todo el jugo a la función, y aunque aún están encontrándose en escena, ya se adivina un horizonte chispeante.

Una comedia que si bien no viene a descubrirnos nada nuevo, si que nos divierte y nos hace salir con un buen sabor de boca y cargados de buen rollo del teatro, y eso, visto lo visto, no es poco.

Título: Tres Autor: Juan Carlos Rubio Lugar: Teatro Lara Elenco: Eva Higueras, Carmen Mayordomo, Natalie Pinot y José Sospedra Ayudante Dirección: Fernando Miranda Dirección: Quino Falero

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Manténgase a la Espera

Hace poco, y tras muchos intentos fallidos, me acerqué al Teatro Lara a conocer uno de los ya reconocidos en las redes sociales como #MartesAbsurdos. Fui a ver “Manténgase a la Espera” una de las múltiples propuestas que actualmente tienen en cartel Los Absurdos Teatro

En «Manténgase a la Espera» se nos muestra una relación de pareja como la de cualquier hijo de vecino, con sus manías, sus costumbres, sus roces (de todo tipo), sus roles y un objetivo en común, darse de baja de la línea telefónica… Algo nada sencillo, y menos para esta pareja y su curiosa circunstancia.cartel-web

Con este planteamiento nos lanzamos de cabeza, a 200 km/h, por una montaña rusa de caída libre y repleta de loopings. Porque la propuesta de Los Absurdos es una comedia de estilo amable, pero con un ritmo trepidante, y cuando digo trepidante no es un calificativo puesto porque sí, no. Es que cuando esta compañía sale a escena se acaban los momentos de respiro.

Los Absurdos, como buena compañía que intenta sobrevivir en la jungla escénica en la que se ha convertido la cartelera madrileña, optan por guisárselo y comérselo solitos, creándose una identidad propia con la que poder asomar la cabeza entre la multitud, escarbando y retorciendo situaciones cotidianas para lograr un retrato de nuestras vidas y lograr que hasta lo más caricaturesco nos sea identificable.

Ellos hacen un humor que agradezco, que me hace sentir cómodo. Sacan esa vena gansa, llena de cachondeo y despreocupación de cuando uno está a gusto. Tan pronto rezuman mala baba como caen en el más puro estilo naif, haciendo que todo se empape de una energía muy apetecible. Algo muy difícil de conseguir porque toda esa aparente locura que les rodea, que parece que se va a ir de madre en cualquier momento, en realidad es una partitura absolutamente medida, donde cada respiración va en el lugar que le corresponde, ni un poquito antes ni un poquito después, donde las palabras tienen un tempo en el que el pisarse, el solaparse, está justificado y medido a conciencia, para provocar el efecto deseado. Y esto es gracias a los textos y dirección de Alfonso Mendiguchía y el compromiso de todo el equipo.

Alfonso Mendiguchía, Patricia Estremera y Jorge Gonzalo son una maravillosa máquina de precisión, pero no es eso lo que más me gusta, lo que más me gusta es que no se olvidan que lo que hay que hacer en escena es JUGAR, y ellos lo hacen, desprejuiciados, con ganas. Juegan de una manera tan sencilla y desprovista de complejos como cuando éramos pequeños y nos metíamos tan de lleno en las historias que no existía el sentio del ridículo ni dudábamos que aquello era una ficción, y así es como logran que nos metamos de lleno en su ilusión. Cantan, ríen, bailan, se meten mano, parlotean a la velocidad de la luz, nos plantean situaciones tan inverosímiles que podrían ser verdad y con ello hacen que todo se llene de un espíritu de diversión enorme y apetecible. Es como poder tirarse a una piscina de bolas sin que nadie te diga que ya estás mayor para eso. «Manténgase a la Espera» es como acudir a un espectáculo infantil para adultos.2015060519055963403

Quizá, y para que no parezca que estoy dorándoles la píldora gratuitamente, diría que los momentos musicales flojean en cuanto a coreografía. Si en esos momentos de transición y surrealismo se lanzaran y fueran un poco más allá, elaborándolas un poco más, buscándoles el brillo, sería el complemento perfecto para hacer de este espectáculo algo absolutamente burbujeante.

Y con esto no quiero desmerecer la propuesta porque contiene tantas dosis de diversión, de originalidad, de valentía y compromiso, que no puedo por menos que recomendaros que os acerquéis por el Lara a conocer uno de esos #MartesAbsurdos y os entreguéis de lleno a ellos y la maravillosa luz que irradian.

Título: Manténgase a la Espera Autor: Alfonso Mendiguchía Lugar: Teatro Lara Elenco: Patricia Estremera, Alfonso Mendiguchía y Jorge Gonzalo Escenografía: Joanmi Reig y Alfonso Mendiguchía Vestuario y Atrezzo: Patricia Estremera Producción: Los Absurdos Teatro Dirección: Alfonso Mendiguchía

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