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En Un Entreacto Radio – La familia como eje central

Despedimos mayo desde En Un Entreacto con un programa en el que la familia es la pieza fundamental. Familias muy diferentes, pero familias al fin y al cabo, que inspiran y alimentan el imaginario de nuestros invitados de esta quincena. Por un lado vamos a recibir la visita de la compañía La Dalia Negra que nos presenta una versión muy particular sobre el clásico de Mihura “Maribel y la Extraña Familia”, que podrá verse próximamente en la Sala AZarte, y también contaremos con La Belloch Teatro, con quienes hablaremos sobre “Verano en Diciembre” que actualmente podemos ver en el Teatro Galileo.

¡Bienvenidos a En Un Entreacto Radio!

GETAFERADIO · La Familia eje central de En Un Entreacto Radio
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Vientos de Levante

Siempre recuerdo la primera vez que vi un atardecer en el mar, casualmente fue en Cádiz, como en «Vientos de Levante». Recuerdo estar sentado en la arena de la playa, expectante, cegado por el brillo del sol, un brillo que no deslumbraba, que permitía mirar, de hecho me era imposible dejar de hacerlo. Estaba sorprendido por la velocidad con la que se movía el sol estando a punto de perderse tras el horizonte. Recuerdo la suave calidez de esos últimos rayos, como una caricia, y cuando eso pasa uno se deja, alza la barbilla levemente como intentando recibir más de aquello; cuando atardece parece que las olas suenan diferentes, más sosegadas, juguetonas, incluso el mar parece más denso por sus movimientos. Y todo se calma, como gesto de respeto por ese sol que se va y que desearíamos retenerlo por un rato más. Son apenas unos minutos en los que el resto deja de importar… ¿será esa la esencia de la felicidad? ¿de la vida?. Tras vivir aquel momento único, confesé muy bajito a mis amigos, con algo de pudor, que aquel fue mi primer atardecer. Mi cara debía decir muchas cosas con esa revelación porque un abrazo lleno de silencio, firme, pero repleto de cariño, me envolvió anudándome de emoción la garganta.

Y todo esto viene a colación porque esa sensación la recuperé cuando salí de ver «Vientos de Levante» de la La Belloch Teatro. Una mezcla de gusto por la vida y, quizá, dulce nostalgia.

Carolina África nos cuenta la historia de seres que se encuentran, se roban besos, seres doloridos que se ríen de pavadas, que se enamoran, seres a los que la vida se lo pone jodido, muy  jodido, y que se tienen que despedir sin querer hacerlo… Las crisis, los miedos, las ganas de ilusionarse, el coraje de vivir y el empeño para que cada segundo merezca la pena. Seres que miran la cordura sin saber de qué lado de la membrana viven, a veces conscientes y otras invadidos por una marejada desatada que no les deja ver el lado del que están. Y todos ellos frágiles, tanto que hasta el propio viento, según sople, puede destruirles o hacerles vibrar. ¿No nos pasa un poco eso a todos? y Carolina África con este texto, con este montaje, capta en crudo esa magia que nos da la vida, poniéndole piel y nombre, huyendo de artificios efectistas que no le hacen falta. La propia Carolina África, Paola Ceballos, Pilar Manso, Jorge Mayor y Jorge Kent nos llevan con suavidad a lugares que nos rozan y que nos duelen, nos llevan de la mano para recuperar esos instantes inapreciables de los que están hechos nuestros días, con su puntito naif, sencillo y cotidiano que se agradece tanto. Juegan las vidas de sus personajes desde un lugar tan bello y sincero, con una ternura tan viva, que es inevitable no amarles y quedártelos bien amarrados al corazón.

Un montaje de La Belloch Teatro que te va ganando por momentos, que te hace mirar y apreciar desde un lugar muy íntimo, que se disfruta y se sufre a corazón abierto, que te hace ansiar amar con un poquito más de fuerza y que cuando acaba necesitas reposarlo un ratito en silencio, dejando que la emoción se te desparrame agusto por los ojos para luego abrazar y sonreír con más intensidad. Un poco como aquel primer amanecer que os contaba, único.

¿Nunca habéis suspirado tan fuerte que os ha dolido muy adentro del pecho y luego os habéis dado cuenta lo aliviados que os habéis quedado? pues así se vive «Vientos de Levante».

Señores programadores: ¿Qué hacéis que no os estáis dando de tortas por tenerla en vuestras salas?

FICHA:

Título: Vientos de Levante Texto y Dirección: Carolina África Elenco:  Carolina África, Paola Ceballos, Jorge Kent, Pilar Manso y Jorge Mayor Iluminación: LUZ E.T. Escenografía: Almudena Mestre Espacio Sonoro: Nacho Bilbao Vestuario: Carmen Mestre Ayudante de Dirección: Laura Cortón Producción: La Belloch Teatro Lugar: Teatro Galileo

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La Verdad de los Domingos

«La Verdad de los Domingos» nació por un encargo del actor Óscar Piñero a su amigo Juan Bey para montar un microteatro en México DF. Lo que no sabían ambos es que esa pequeña pieza crecería y se expandiría de la manera que lo hizo. Llegando a convertirse en una pieza imprescindible que acabaría por representarse en todas las sucursales que Microteatro tiene por el país. Era inevitable que ese texto, tarde o temprano, tuviera un efecto boomerang y regresara a las manos de su creador, pero esta vez transformado en un reto para su «yo» actor: Ser el encargado de dar vida a su protagonista en España. ¡No hay nada como plantarle un buen desafío a un artista que disfruta de serlo!

La propuesta nos sitúa en la presentación de un libro:  «La Resistencia de los Globos». Nosotros como público, nos convertimos en los seguidores y curiosos que acudimos a dicha presentación. Héctor Sinisterra, el autor, comienza con la presentación, pero su objetivo es otro, lo que verdaderamente quiere es aprovechar ese momento en el que tiene captada la atención de todos los asistentes para hablar de lo que realmente le importa: «La Verdad de los Domingos». Un libro que su editorial no quiere publicar por las ampollas que puede llegar a levantar, un libro que habla sin tapujos de nuestras mentiras, de cómo nosotros mismos nos enfrentamos a nuestra propia realidad a golpe de mentira, pero no sólo mentiras hacia los demás, si no esas otras que son aún más graves, las que nos decimos a nosotros mismos.

A partir del momento en el que se nos abre este planteamiento, Juan Bey saca su metralleta dialéctica y comienza a lanzar ráfagas de verdades dichas a la cara, no olvidemos que nosotros somos público que acude a la presentación del libro, es decir: Parte activa del espectáculo; con lo que todo lo que se dice, se nos dice mirándonos directamente a los ojos y planteándonos preguntas que esperan nuestra respuesta. Eso sí, nada de tensiones o nervios, que aquí todo está hecho para ser disfrutado, con un sentido del humor del que todos somos partícipes y que celebramos a golpe de carcaja; alimento del que su protagonista se nutre, haciendo que el espectáculo crezca y adquiera cada vez mayor contundencia.

Un texto francamente divertido e inteligente, que va y viene con un sentido del humor cáustico, socarrón y reflexivo. Nada de lo que dice es casual, tiene su porqué y conviene no tomárselo a la ligera porque momentos después lo retomará y nos lo lanzará a la cara. Entre la dirección de Sara Pérez y el trabajo de Juan Bey, el espectáculo adquiere el ritmo adecuado, delirante por momentos, reflexivo otros y con un puntito de ese amargor que llevan las verdades dichas a la cara, y es que Bey mete caña de la buena a la audiencia con algo tan sencillo como es llamar a los cosas por su nombre, no importa lo mucho que eso llegue a incomodarnos -¡ahí reside la gracia!- Es cosa nuestra si entramos creyéndonos tan «sinceros» con nosotros mismos y acabamos descubriéndonos unos mojigatos de tres al cuarto.

Podría haberse caído en un simple monólogo tipo Stand-Up si no fuera por su planteamiento, por la dirección de Sara Pérez y por ese lugar en el que nos acaba situando.

Aplaudo el estupendo trabajo de Juan Bey, un tío que sale a escena dispuesto, que se pringa en lo que cuenta, que tiene la valentía de mirarnos directamente a los ojos y desafía a sostenerle la mirada, no de una manera agresiva e incómoda, pero sí retadora. Tiene una energía muy poderosa y la maneja con desparpajo. Tiene encanto, tiene magnetismo y genera atracción, y esa es su arma para que nos demos a él con tanta entrega. Absolutamente fascinado con la línea por la que transita, sus giros y el lugar en el que concluye, dándole el peso que merece al conjunto.

La verdad está ahí, queramos o no, lo que pasa que nos cuesta mirarla de frente y ese temor es el que aprovecha esta función para soltarnos unas cuantas bofetadas bien dadas, yéndonos a casa con ellas puestas -¡y encima agradecidos!-

No deberíais quedaros sin conocer «La Verdad de los Domingos».

FICHA:

Título: La Verdad de los Domingos Autor: Juan Bey Dirección: Sara Pérez Elenco: Juan Bey Producción: La Coja Producciones Lugar: Teatro Galileo

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La Distancia

«La Distancia» es la primera producción de Bacantes Teatro, nombre que lleva tras de sí cuatro artistas con necesidades y ansias por plasmar en escena su propia mirada al teatro. Ellas son: Caterina Muñoz, Teresa Rivera, Luz Valdenebro y Estefanía de los Santos. Y para esta primera ocasión han querido contar con Pablo Messiez, quien se ha encargado de la dirección y de la dramaturgia, inspirándose en «Distancia de Rescate», libro firmado por Samanta Schweblin, origen de todo.

la-distancia-cartelAmanda agoniza en la sala de un hospital. De repente la urgencia -con voz de niño-adulto- apremia para poder llegar al origen de todo, lograr hallar el punto exacto donde todo desembocó en este último instante y saber dónde se encuentra su hija Nina.

Esa es la premisa desde la que arranca la función… Bueno, la verdad es que no sé si denominarla como tal, porque más que una función la experiencia que se vive desde la butaca del Teatro Galileo podría ser una agonía, una pesadilla, un instante alucinado de un estado febril… y, sin embargo, somos conscientes de que se habla de una realidad totalmente palpable. «La Distancia» es un peligroso secreto que se respira a cada bocanada de aire fresco. Un viaje a través de lugares confortables empapados de un realismo mágico envenenado. Un tránsito lleno de acciones desesperadas, de madres aterradas, de madres perdidas, desconcertadas, e hijos con almas errantes, en tránsito hacia la salvación. Víctimas y testigos consentidores en este intercambio de roles entre las luces y las sombras.

Es muy difícil que con la separación que otorga un patio de butacas se llegue a generar en el espectador la incomodidad y la angustia de ese instante que apremia, que nos importe tener que llegar a tiempo al lugar donde se nos quiere llevar; conseguir que nuestros cuerpos se retuerzan impacientes, deseosos por conocer, manteniendo viva la necesidad de querer mirar, de asombrarnos a cada nueva pincelada y que cada trazo que se nos ofrezca nos acelere el pulso. Y eso lo tiene «La Distancia».

Vi la crudeza y la aberración de un informativo, vi los grandes terrenos del noreste argentino, vi la épica del realismo mágico latino, vi a David Lynch, y además vi un sabor auténtico, ese pellizco del Messiez que sabe qué cuerdas tocar, el que con astucia sabe encontrar siempre el dónde y el cómo. Y todo esto se ve gracias a ese compendio de cuadros solapados, de puertas dimensionales que es la escenografía de Elisa Sanz o la fascinante iluminación de Paloma Parra y al alma y la carne de María Morales, Fernando Delgado, Luz Valdenebro y Estefanía de los Santos que logran ese estado casi paranormal de dejarse desaparecer para que Amanda, David, Carla, Nina o la Mujer de la Casa Verde nos introduzcan en esta espiral de pesadilla con una facilidad que emociona encontrar porque ellos cuatro son portadores de esa mágica, y tan difícil de hallar, paz que nos hace ser conscientes de que no hay necesidad de preocuparse por malos pespuntes en las actuaciones, o descubrir marcas de dobleces, porque no las hay, la continuidad entre el elenco y los personajes es fruto de un mismo tejido. distancia4

Pienso en «La Distancia», ahora que han pasado los días, y evoco el recuerdo del color verde que invade toda la escena, el verde del césped fresco, de la sensación de afabilidad, de la esperanza de una solución desesperada y al hacerlo, aún siento esa caricia cercenadora que abre la piel con el filo de la brizna de hierba, como una cuchilla, infectándolo todo… porque este también es el verde del veneno, de la ponzoña latente, que aguarda amenazante en cada rincón de esta función. La hermosura y la poesía hacen que el incauto relaje sus defensas, aumentando la distancia de rescate y sea contaminado por esta flor venenosa que es «La Distancia».

Título: La Distancia Dramaturgia y Dirección: Pablo Messiez Elenco: María Morales, Fernando Delgado, Luz Valdenebro, Estefanía de los Santos Ayte. Dirección: Teresa Rivera Escenografía y Vestuario: Elisa Sanz Iluminación: Paloma Parra Producción: Bacantes Teatro Lugar: Teatro Galileo

 

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