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En Un Entreacto Radio – Especial Teatro Español

Hoy se nos abren las puertas de uno de los templos teatrales más emblemáticos a nivel nacional. Hoy En Un Entreacto Radio vuelve a sacar los micros de Getafe Radio a la calle, concretamente al Número 25 de la Calle Príncipe: Al Teatro Español. Hoy Carme Portaceli, actual directora, nos recibirá para charlar con nosotros, contarnos sobre la nueva etapa que ha emprendido este espacio, no exento de polémicas.

Además conoceremos de cerca lo que se cuece en sus salas a través de las compañías que actualmente se encuentran representando allí. Hablaremos con los equipo de “Furiosa Escandinavia” y “Ushuaia”.

¡Bienvenidos a En Un Entreacto Radio!

GETAFERADIO · Especial En Un Entreacto Radio en el Teatro Español
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Ushuaia

Cada vez tengo más claro que el hecho teatral debe, sin excepción, inundarse de poesía. «Ushuaia», texto escrito por Alberto Conejero, la derrocha a borbotones. Con ella volvemos a viajar a través del imaginario de su autor que nos invita a adentrarnos en lo más profundo del bosque para susurrarnos historias de amor y culpa, ofreciéndose para descubrirs, ante el que quiera saber mirar, que bajo una primera capa que es la historia de una guerra no tan lejana y mil veces narrada, explora nuevamente el alma del ser humano, su conflicto íntimo, convirtiendo Ushuaia en un instante de redención de un alma gastada y extenuada de silencio.

El texto, de los primeros que descubrí de su autor, ha ido transformándose y evolucionando a lo largo de sus ediciones y ahora, en el Teatro Español, nos encontramos con su versión más madura, repleta de referencias y líneas de diálogo merecedoras de ser tatuadas en la memoria. Donde la intimidad del viaje interno de su protagonista, Mateo, prevalece sobre los acontecimientos históricos que son la excusa para mostrarnos el purgatorio voluntario por el que transita este corazón agonizante de culpa y desamor.

Mateo hace mucho tiempo que huyó de la vida, aislándose del mundo real, un lugar del que no se siente merecedor; por ello recala en Ushuaia, allí donde encuentra refugio y a la vez exilio de cuanto ama y detesta. Comienza a quedarse ciego y eso hace que el acecho de su pasado adquiera mayor nitidez, esa ballena blanca armada de una paciencia feroz, que aguarda a que llegue el momento en el que él mismo, rendido, se entregue definitivamente a las aguas de la memoria para hundirse en ellas hasta perderse en la sima más profunda de la que se siente merecedor.

La poética del montaje no solo habita en el texto de Alberto Conejero, el mismo cartel diseñado por Javier Naval ya contiene en una sola imagen toda la poesía que habita en el montaje dirigido Julián Fuentes Reta, quien también ha sabido reflejarla en su particular puesta en escena. La producción no ha escatimado en medios y han transformado el escenario del Español, gracias a la magia de la escenografía de Alessio Meloni y la iluminación de Joseph Mercurio, en ese fabuloso bosque de Ushuaia que enreda entre sus ramas la realidad y los ecos del pasado. El tema del cubo como elemento divisorio entre los dos mundos que conviven en la función me genera cierto conflicto, me parece muy acertado en según qué momentos, pero en otros me resulta excesivamente obvio y reiterativo.

No puedo hablar de las carencias o fallos de la puesta en escena, vi una previa y es lógico que haya desajustes en el montaje, siempre los hay, ya sabemos que se van subsanando con el transcurrir de las primeras funciones -El edificio necesita tiempo para aposentarse en sus cimientos- para eso están esas funciones. Eso sí, no puedo dejar de declararme férreo enemigo de los micrófonos en el teatro. En muy pocas ocasiones doy mi brazo a torcer y los tolero –Véase musicales, grandes aforos o espacios abiertos- pero en Ushuaia creo que son un elemento distorsionador que les juega a la contra, creo que condiciona las interpretaciones y la manera en la que el espectador percibe el fabuloso texto. Supongo que el motivo del uso de los micrófonos es el acertadísimo espacio sonoro creado por Iñaki Rubio, que es un protagonista más de la función y debe tener su presencia, pero no sé si hasta ese punto. ¿No sería mejor percibirlo y no tanto evidenciarlo? Yo al menos prefiero sentir su presencia, que de cuerpo y enfatice, a escuchar cada trino de pájaro que hayan incluido. En fin, es una elección como otra cualquiera que hay que respetar, pero los micros en teatro… ¡Ay!

En cuanto al elenco, me gustó encontrarme a un José Coronado entregado a un personaje muy diferente a lo que nos tiene acostumbrados. Este giro me recordó al que ya hizo en cine con «No Habrá Paz Para Los Malvados». Se agradece muchísimo que un actor arriesgue y trate de encontrar, a estas alturas de su carrera, nuevos registros a los que entregarse. Muchos deberían aplicarse el cuento, incluso algunos que no tienen una carrera tan dilatada.

Ángela Villar aporta la luz necesaria para que Ushuaia no se pierda en la densidad, la responsable del elemento más terrenal, el último nexo que le queda a Mateo con la realidad. Ángela aporta fragilidad, incluso humor, quizá tendría que confiar más para redondear esa estupenda Nina que estoy convencido logrará encontrar pasados los nervios de los primeros días.

Olivia Delcán posee el porte perfecto para dar vida a Rosa, ese animal desvalido que parece hacerse añicos y que, sin embargo, es quien más claro tiene su cometido. Habría que aflojar el hieratismo para dejar florecer, nunca mejor dicho, a esta mujer clave para entender completamente las fuerzas que mueven Ushuaia.

Y llegamos a lo que hace Daniel Jumillas en escena: Este actor tiene una energía tan positiva y generosa, juega tan a favor del montaje, da tanto significado a cuánto dice y hace en escena que no solo enriquece al Matthäuss creado por Conejero, sino que además tiene la virtud extra de ser capaz de levantar las escenas con su presencia, algo de lo que sus compañeros saben empaparse, dejándose arrastrar para que el conjunto adquiera el brillo que Ushuaia requiere.

Sin desvelar nada concreto, que para hacer crítica no es necesario reventar la función al lector, diré que los momentos que más disfruté y me emocionaron fueron  ese “paso a dos” con los teléfonos entre Nina y Matthäuss, o el encuentro definitivo entre Mateo, Rosa y Matthäuss, absolutamente conmovedor, o la poesía del instante en el que la «ballena blanca» se pierde en las profundidades arrastrándolo todo o la llegada definitiva de las sombras y la redención.

Ushuaia es una función y un texto a los que volver para seguir sumergiéndonos y descubriendo la fuerza de sus palabras.

FICHA:

Título: Ushuaia Autor: Alberto Conejero Dirección: Julián Fuentes Reta Elenco: José Coronado, Ángela Villar, Daniel Jumillas y Olivia Delcán Escenografía: Alessio Meloni Iluminación: Joseph Mercurio Vestuario: Berta Grasset Audiovisuales: Néstor Lizalde Música y espacio sonoro: Iñaki Rubio Ayudante de dirección: Jorge Muriel Espacio: Teatro Español

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El Burlador de Sevilla

El Teatro Español abre temporada con esta producción de “El Burlador de Sevilla” dirigida por Darío Facal, desmontando esquemas y dando pistas de por dónde van a ir los tiros de su programación. Personalmente me parece maravilloso el espíritu renovador con el que se han lanzado a romper con el encorsetamiento del Teatro Español y dejar de llevar los montajes más radicales, hablando de propuesta, al Matadero y los más convencionales al Español; hay que hacer que el público se mueva y descubra que el Teatro Español no sólo es un espacio escénico, si no una filosofía actualizada de por dónde debe seguir desarrollándose el teatro. Esperemos que no solo sea pintar de colorines las polillas que se lo estaban comiendo. 

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Foto Sergio Parra

Tengo cierto apego a “El Burlador de Sevilla”, hace ya un puñado de años tuve la fabulosa oportunidad de poder hurgar en sus entrañas y conocer lo fogoso y bello de sus versos en primera persona, sabiendo que chorrean deseo y sexualidad por los cuatro costados, así que tener la ocasión de ver ahora una nueva puesta en escena que promete ser transgresora y mostrar la verdadera naturaleza del Burlador me apetecía especialmente. Las ganas y la curiosidad no faltaban.

El Burlador es un ser temerario, que no siente respeto por nada ni por nadie y que se mueve a golpe de entrepierna. Buscando retos e intentando el “más difícil todavía” con cada una de sus conquistas. Es un depredador con un hambre voraz que se lanza sobre sus víctimas con ansias de poseerlas, y a la vez caprichoso como un niño que lo quiere todo y, una vez conseguido, no le interesa nada.

Don Juan no es ese hombre que encandila y hace el amor, es ese “empotrador” con el que tod@s fantasean y al que ansían entregarse… sin reparar en las consecuencias. Un tipo de verbo fácil y bragueta floja. Es todo lo que nos pone cachondos y no nos atrevemos a confesar. Visto así, es lógico que nos lo muestren con la carnalidad y el sexo a flor de piel, todo un acierto.

“El Burlador de Sevilla” que nos encontramos en esta ocasión comienza echando toda la carne en el asador, diciéndole al público directamente a la cara lo que va a encontrarse, con arrojo y desvergüenza, sin dejarse nada en la recamara, pero que poco a poco se ahoga en su ansia de parecer, más que ser, transgresor.

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Foto Sergio Parra

Quizá el público de mirada más “clásica” pueda removerse incómodo en su butaca, pero quien ha escarbado un poquito más a fondo, todo lo que ve en “El Burlador de Sevilla” es cierto que le sonará a teatro transgresor… pero de otro tiempo. Yo lo veo como es una especie de gamberrada para que los de más rancio opinar se lleven las manos a la cabeza al escuchar los versos de Tirso de Molina a la vez que ven tetas, pollas y guitarras eléctricas. ¡Desde cuándo esto en el Teatro Español!

Tiene un comienzo prometedor, arriesgado, contundente. Valientes Alex García y Marta Nieto rompiendo el hielo de esa manera, que se fastidia en el momento que vemos que hablarán durante toda la función por micrófonos ¡con cable! ¿Por qué? Supongo que tendrá su motivo, yo no lo vi. Es molesto para el espectador, imposible que nadie crea nada, y complicado de trabajar para el actor, además de impedir la correcta comprensión del verso; si alguien no vocaliza, cosa que sucede con más de un@, y le das un micro, lo único que consigues es que el farfullar se oiga más alto, pero no lo mejora.

Me da tristeza escuchar parlamentos tan bellos como el monólogo de Tisbea convertido en una cantinela repetitiva y sin intención, pena de Manuela Vellés.

¿Y por qué se pasa de corrido una escena como la muerte del Comendador? Eduardo Velasco es un fantástico Comendador y robarle un momento como ese por adornarlo de supuesto efectismo es injusto.

De las cosas que salvo del montaje, sería curiosamente con Manuela Vellés, la escena más bella del montaje, por su verdad y complicidad, que al fin traspasa al público, es la que comparten Tisbea y La Duquesa Isabela a su llegada a España. Un disfrute.

Algunos momentos que alcanzan una plasticidad hermosísima, como cuando todos los personajes están iluminados por cerillas, y las mujeres seducidas por Don Juan bailan el verso, o la trenza de Ana de Ulloa y el instante que la rodea (¡Gracias, Pablo!), lástima que no tengan una continuidad a través de toda la puesta en escena.

También me quedo con la condena de Don Juan, ese final resulta poderoso, aunque acabe sucio con el empeño de escandalizar tontamente mezclando carnalidad con parafernalia eclesiástica del atrezzo.

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Foto Sergio Parra

O esos guiños a la filosofía de morir joven y dejar un bonito cadáver, al que el director hace mención en el programa de mano. En uno de los números musicales se puede intuir, creo que de boca de Agus Ruiz, ¡maravilloso Catalinón!, un fragmento de The End de The Doors: «The blue bus is calling us»…

Perlas que me dediqué a rebuscar entre proyecciones facilonas, momentos musicales excesivamente largos e insustanciales, a excepción del de la boda, o ese batiburrillo de actores que hacen tan desigual el resultado final.

Podría haber sido un montaje de los que dan qué hablar por mucho tiempo, el camino estaba, pero finalmente ha resultado un gatillazo, no de Don Juan que Tirso de Molina, si es que fue él, ya se ocupó de darle el lugar que se merece, si no de su director que se mira a si mismo entre efectismo y pierde por el camino el trabajo de una compañía que podría habernos dejado boquiabiertos con este montaje.

Pero animo a todo el mundo a que vaya y juzgue, es interesante la intentona por abrir la puerta a otros espectáculos en el Teatro Español. Aplaudo la idea.

Por cierto, mensaje para las señoronas de peluquería y visón que van invitadas, sus móviles también tienen que apagarse al comienzo de la función, gracias.

Título: El Burlador de Sevilla Autor: Tirso de Molina Director: Darío Facal Elenco: Alex García, Agus Ruíz, Marta Nieto, Emilio Gavira, Eduardo Velasco, Luis Hostalot, Rebeca Sala, Rafa Delgado, Manuela Vellés, David Ordinas, Alejandro Onieva, Diego Toucedo y  Judith Diakhate Lugar: Teatro Español Espacio Sonoro: Álvaro Delgado Vestuario: Ana López Cobos Iluminación: Manolo Ramirez Espacio Escénico: Thomas Schultz

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El Año Del Pensamiento Mágico

Al teatro se va a que te remuevan cosas por dentro, si no, sirve de poco. Al menos esa es mi visión. Me es lo mismo un vodevil que me anime el espíritu o una tragedia que me desgarre, pero yo quiero que me sucedan cosas por dentro, que me planteen preguntas, que se me incite a buscar respuestas, que me haga salir diferente a como cuando entré. Puede que sean expresiones demasiado sobadas, que suenen a frase hecha, pero así image-00012-726x1024es como yo lo veo. Por eso, cuando «El Año del Pensamiento Mágico» se cruzó en mi camino gracias a la gente de la Guindalera, no lo dudé ni un instante. Al conocer la historia algo me decía que aquí iba a encontrar una buena dosis de eso que busco.

Jeannine Mestre es Joan Didion, la propia autora del texto con el que ganó el National Book Award en 2005, que nos convoca en la Sala Margarita Xirgú del Teatro Español para hablarnos del proceso por el que ella misma pasó al perder a su marido y a su hija. Una expiación voluntaria, de íntima confesión; un recorrido por las incongruencias de sus actos en la desesperación y el deseo por encontrar sentido a algo tan devastador. Una narración del sufrimiento y el intento de asimilación ante un trance semejante. Y de un amor profundo.

A simple vista puede parecer una especie de panfleto de autoayuda. Que esta señora salga ahí a narrar los acontecimientos que rodearon la muerte de sus seres queridos realmente da lo mismo; cualquier otro podría haber salido igualmente y contar su caso, el suyo como el de cualquier otro no tiene nada de extraordinario, pero es que ahí es donde radica la extraña belleza de este acto teatral. La intensa identificación con lo narrado.

Es lo mismo el estrato social al que se pertenezca, la época, el país, a todos nos toca pasar por ahí sí o sí y esa caricia nos escuece en el alma porque cuando ella habla de su marido, de su hija, a cada uno de nosotros nos visitan los rostros de los nuestros y en sus acciones, su desquiciamiento, sus razonamientos salidos de madre, inconfesos, nos vemos totalmente reflejados.

Podría decirse que todo está tratado con tanta exquisitez, elegancia y una mordacidad tan medida, que podría inundar el montaje de frialdad, las maneras de alta sociedad, la cuidada  y pulcra sencillez en el atuendo, hacen que de alguna manera sea así, pero posiblemente esa frialdad y esa pulcritud en el análisis de cuanto sucede nos lleva a encontrar precisamente el lugar más íntimamente doloroso de nosotros mismos. Ese lugar donde encontramos las ilógicas razones por las que seguimos atando a nuestras vidas a aquellos que se han marchado para siempre, haciendo que esa pretendida frialdad, no confundir con desapasionamiento porque pasión hay mucha, se desmaquille dejando ver el desconsuelo y resignación ante la muerte, eso hecho para el que no existe razón que nos reconforte.

Sentarse a escuchar a Jeannine Mestre mientras te mira a los ojos y te cuenta, con esa dicción perfecta, con esa forma de modular, de jugar y paladear el texto, se convierte en un acto de una belleza ciertamente gozosa. Hay algo en ella un aroma a elegancia, que hace de «El Año del Pensamiento Mágico» una delicatessen que se recibe con sumo gusto, por mucho que pueda escocer.

Ella fluye en escena con distinción, dibujando esa compostura a la que se le derrama el desconsuelo por todos lados, y que recoge con elegancia, pausadamente, acariciándolo con pinceladas de humor y una media sonrisa, pero sin miedos, mirándonos directamente a los ojos, sabiendo que nadie en la sala está libre de sentir lo que a ella le está sucediendo.

Juan Pastor dirige con su habitual maestría este espectáculo sobrio, desprovistos de estridencias, que acaricia el alma del espectador como un inesperado bálsamo ante ese eterno y reverberante «¿Por qué?» que no deja de resonar dentro de nosotros.

La elección del texto vuelve a reafirmar el gusto que tiene la familia de la Guindalera por aquellas historias repletas de una deliciosa cercanía y que parece que se les van acumulando en su seno, porque ahora, además de ofrecernos esa cercanía desde el Teatro Guindalera, nos la han querido regalar desde el mismísimo Teatro Español.

Dejen que «El Año del Pensamiento Mágico» les invada.

Título: El Año Del Pensamiento Mágico Autor: Joan Didion Dirección: Juan Pastor Elenco: Jeannine Mestre Iluminación: Sergio Balsera Espacio Escénico: Juan Pastor Vestuario: Teresa Valentín-Gamazo Producción: Guindalera Teatro, S.L. Ayudante de Dirección: José Bustos Lugar: Teatro Español (Sala Margarita Xirgú)

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