Categorías
Sin categoría

Los Amores Diversos

682375_db2f8bed6e4548bd865cadbb00c1fb87
Foto Manolo Pavón

Hace unos días tuvimos la suerte de poder asistir al pre-estreno de «Los Amores Diversos» última creación sobre las tablas de Fernando J. López. Y una vez más sentimos el orgullo y la fortuna de poder compartir época con un ramillete de dramaturgos como el que nos ha tocado en suerte, autores que aman el eclecticismo a la hora de mostrar, que se arriesgan y exploran posibilidades a la hora de contar sus historias; escritores que aceptan el desafío de los géneros dramáticos y disfrutan sorprendiéndonos a cada nueva creación. Uno de esos casos es Fernando J. López que en cada nuevo texto que nos brinda opta por plasmar una visión diferente a la que ya nos tenía acostumbrados.

«Los Amores Diversos» nos presenta a Ariadna, quien acude al despacho de su padre, que acaba de fallecer, en busca de unos versos que poder leer en su memoria. Al penetrar en ese microuniverso, su vida y la de su familia se desvelan con la crudeza de una realidad que ha latido maquillada con secretos y agazapada entre silencios forzosamente cómplices. «Los Amores Diversos» es una incursión en lo más hondo del sentir personal y familiar, que rompe con las penumbras interiores y abre las ventanas al creer en uno mismo y llegar a ser quienes siempre hemos querido ser. Nos habla de la pluralidad en el amor, de sus infinitos significados. Un canto a la libertad que no siempre es amable, que posee su lado descarnado y que su autor lo ha salpimentado con un bello homenaje a la literatura.

Una función que nos hace pensar en nosotros mismos, en nuestro sentir personal, en las cadenas que son determinantes en nuestro desarrollo personal y cuán lejos o cerca nos sitúan de nuestras metas. Nos habla del amor, de la visión que cada uno tiene sobre este sentimiento, de esa diversidad que da título a la función y que refleja sus múltiples existencias: Desde el engaño, el egoísmo, el secreto, la sexualidad, la pureza, el arte… El amor flota en el aire, pero no siempre huele a rosas… pero «Los Amores Diversos» no nos habla desde el despecho o el desencanto, todo lo contrario, nos habla desde la esperanza y la libertad de poder elegir, de la cantidad de caminos que se nos abren a cada nueva forma de amor que nos encontramos en nuestras vidas, de sus múltiples mutaciones.

amores diversos 1
Foto Manolo Pavón

El montaje cuenta con un equipo que es ya habitual entre las obras de este autor. Ahí está Quino Falero que asume la dirección, aceptando el reto con este cambio de registro, y Rocío Vidal que abandona las sombras de las ayudantías, para ponerse sobre el escenario y dar vida a esta Ariadna que se rebela ante el mundo y ante si misma. Un trabajo tremendamente arriesgado con el que Rocío despliega su personalidad como actriz y que nos va a dar grandes momentos. Una apuesta cargada de sentimiento y belleza.

Una puesta en escena de Mónica Boromello que transmite esa energía latente que aguardan entre sus páginas, repletas de secretos, los libros que esperan a ser leídos, que junto a un espacio sonoro, de nuevo Mariano Marín dando en el clavo, dan forma y personalidad al cuerpo de «Los Amores Diversos».

Es una propuesta arriesgada que acaba de nacer y aún titubea, que ya tiene destellos de íntima belleza. Es cierto que no se pueden emitir juicios prematuros, estamos ante un preestreno donde todo puede variar y hay que mirarlo con amor y muchísimo respeto, como merece el esfuerzo que conlleva toda creación para que crezca con salud, aunque creo que el montaje aún está algo tímido, quizá temeroso en mostrarse tal cual es. Me explico: Cuando estamos en soledad nos olvidamos de quién somos ante el resto y podemos dar rienda suelta a quienes realmente somos, y a Ariadna en el texto le pasa exactamente esto, olvida las ceremonias y deja la contención a un lado para de una vez «Cantar las cuarenta» a su padre, dando paso a la rabia, con una finísima ironía, y desvelando el enfado que ha generado en su interior tanto secreto; sin olvidar la poética ni los juegos de palabras en las conversaciones con su padre ausente, todo lo contrario: potenciándolos; pero desde un lugar en el que los velos, por fin, se descorren y muestran aquello que, hasta ese momento, había sido imposible arrancar del interior de Ariadna. Y en la función esto está poco enfatizado, haciendo que ese hartazgo, la revolución interna que explota y hace que encuentre la luz al final de este laberinto, queden tímidos. Como si a la dirección le diera miedo dejar que el personaje se rompiera y mostrara su verdadero dolor, cuando a nosotros lo que nos pide el cuerpo es eso, dejar de mirar la belleza de la composición y «ver» lo que realmente sucede en ese despacho, lo que se revuelve dentro de ella y que seamos arrasados por la revelación junto a ella. Esta función pide a gritos que el dolor de Ariadna nos duela tanto como a ella.

El texto es contundente y está lleno de rabia y deliciosa poesía, vibra en cada una de sus líneas; y esto no es fácil transformarlo en carne y alma sobre la escena, pero estoy convencido que cuando la función comience a caminar y los miedos se disipen, lo van a lograr, haciendo de ello una delicatesen que se paladee con gusto.

«Los Amores Diversos» es más que estimulante salto hacia un plano más allá en la obra de Fernando J. López que nos lo descubre renovado y maduro.

Siempre es un privilegio poder asistir al momento en el que un texto abandona el regazo de su autor para entregársenos a nosotros, al público.

FICHA:

Título: Los Amores Diversos Autor: Fernando J. López Elenco: Rocío Vidal Escenografía y Vestuario: Mónica Boromello Espacio Sonoro: Mariano Marín Dirección: Quino Falero Lugar: Teatro Lara

Categorías
Sin categoría

Tres

¿A quién no se le ha pasado por la cabeza volver a juntarse con sus compañeros de instituto? A todos nos queda un rescoldo al que nos aferramos estúpidamente de aquellos ¿maravillosos? años en los que nos imaginábamos de mayores compartiendo nuestras vidas con ellos -Algunos incluso se han quedado colgados de esa idea- y el que diga que no, miente, y si no miente, seguro que al menos siente el incontrolable morbazo de saber qué será de ellos y cómo estarán nuestros «más mejores amigos» de aquella época y de los que no hemos vuelto a saber nada… ¿Nada? ¡Benditas redes sociales que nos abren grietas por las que saciar nuestra nada inocente curiosidad!Tres-con-distribuidor

No es que tenga mucho que ver, ¿o sí? con el argumento de la función, pero me sirve para introduciros en esta crónica sobre «Tres» de Juan Carlos Rubio en el Teatro Lara que nos habla de tres amigas del instituto que, pasados los años, se vuelven a encontrar. Cada una ha tomado un rumbo diferente en la vida y, sin embargo, sus caminos vuelven a confluir, ¿Cosas del destino? Bueno, si al empeño de una de ellas por provocar este encuentro se le puede llamar destino, pues sí… El caso es que las tres se vuelven a juntar y tras varias copas, y alguna confesión, se les va la cabeza y deciden quedarse embarazadas a la vez ¡y del mismo hombre! (No estoy spolieando nada, no hay más que ver el cartel), pero las cosas no van a ser ni tan sencillas, ni el camino será tan idílico como se las prometían… Así nos ponen las cosas Quino Falero y Juan Carlos Rubio, quien le ha dado un par de brochazos al texto para adaptarlo a las nuevas edades de su elenco.

Una comedia que desde su aparente blancura muestra las miserias de sus protagonistas, eso sí, sólo la dósis justa para que nos arranque unas cuantas risotadas de mala baba, que a ninguno nos falta, pero para que la cosa resulte inofensiva.

El texto juega con esterotipos muy identificables para que el público enseguida enganche con ellas y sienta cercanía y comparta los motivos por los que toman la decisión de embarcarse en semejante delirio. La soledad y la inseguridad son dos terrores comunes en todos y eso une mucho, ya sea en el tú a tú de nuestro día a día como en el que se genera de escenario a patio de butacas.

La velocidad de la réplica, ocurrente y afilada, es el plato fuerte de este montaje que además vuela entre el histrionismos y el mariconerío enloquecido… ¡No pongáis cara de asombro! No me lo podéis negar: Unas descerebradas como estas tres amigas y un chulazo encerrados en la misma casa, (Yo os confieso que me las pido a todas ellas como amigas para petardear y a él… ¡Aisss!) El morbazo, la comedia y las peleas de gatas están servidas. ¿Se puede pedir algo más para pasar un rato divertido? Pues sí, también hay algún girillo en el argumento, algo previsible, que lo hace todo un poco más delirante si cabe y eso siempre se agradece; aunque ese final quizá me resultó excesivamente obvio. Cosa que no enturbia unos trabajos francamente divertidos de todo su reparto.tres

Me gusta ver este cambio de registro en Carmen Mayordomo que, si ya es toda una Drama-Queen de los escenarios, no se le puede negar la soltura con la que maneja la comedia, y es que esa cadencia que le da a su personaje, y la gravedad de su voz, son ingredientes perfectos para arrancarnos unas buenas carcajadas.

Natalie Pinot, aunque al comienzo me costó entrar en su código, acabé por comprarla por completo, incluidas sus extensiones. ¡No se puede ser más bruta y petarda!

Y la estupenda Eva Higueras, que creo es la que mejor lleva la progresión de su personaje, desde la inocencia de su comienzo hasta esa «otra» mujer que se nos va desvelando.

José Sospedra quizá se lleve la parte menos agradecida de la función, no por él si no por el papel que le ha tocado defender, pero está a la altura de sus compañeras y tiene que confiar en ello, tan sólo tiene que relajarse un poquito más y disfrutar la función.

Quino Falero tiene una fantástica mano para la comedia y de nuevo demuestra que sabe cómo hacer para que estos cuatro actores saquen todo el jugo a la función, y aunque aún están encontrándose en escena, ya se adivina un horizonte chispeante.

Una comedia que si bien no viene a descubrirnos nada nuevo, si que nos divierte y nos hace salir con un buen sabor de boca y cargados de buen rollo del teatro, y eso, visto lo visto, no es poco.

Título: Tres Autor: Juan Carlos Rubio Lugar: Teatro Lara Elenco: Eva Higueras, Carmen Mayordomo, Natalie Pinot y José Sospedra Ayudante Dirección: Fernando Miranda Dirección: Quino Falero

Categorías
Sin categoría

De Mutuo Desacuerdo

Sergio, preadolescente de «casi» 9 años, ha dicho «Puta» en el colegio y este hecho aparentemente insignificante es el detonante para que Ignacio y Sandra se den cuenta que, aunque separados, van a tener que seguir compartiendo momentos de sus vidas por mucho que esto les incomode. Tener un hijo viviendo en primera línea una crisis matrimonial no es moco de pavo, algo que lleva a estos padres a analizar el lugar en el que se han posicionado, incluso encabezonado, para sobrellevar lo mejor que pueden este «trago«. Y esto solo es el comienzo de «De Mutuo Desacuerdo».demutuodesacuerdo-cartel-770x1089

El teatro de Fernando J. López tiene la cualidad de abrirnos las ventanas de la cotidianidad para que miremos a través de ellas con la expectación de lo extraordinario. Por eso, cuando nos habla de los problemas familiares como lo hace en “De Mutuo Desacuerdo”, o como ya lo hizo en “Cuando Fuímos Dos”, nos sentimos tremendamente identificados. Él habla sin filtros sobre el tema que más nos interesa y que a la vez más nos incomoda, nosotros mismos; y lo escuchamos morbosos y temerosos por cuanto pueda conocer desde esa exposición a la que nos sometemos ante el ojo ajeno y que uno internamente pocas veces se mira.

“De Mutuo Desacuerdo” denuncia las relaciones basadas en el reproche, el difícil equilibrio entre la persona y el progenitor, la mala costumbre de culpar de nuestros defectos a los demás, la invisibilidad a la que quedan relegados los hijos cuando las parejas se destruyen, o lo que es peor, cuando se convierten, ante el ciego egoísmo, en armas arrojadizas de las encarnizadas guerras de pareja.

El ritmo de la función, la agilidad de las réplicas, las referencias que lleva escondidas a modo de juego o la sencillez del diálogo, hacen de esta propuesta  un caldo apto para todos los públicos, para aquellos que buscan un humor blanco donde reírse de situaciones claramente identificables sin rascar demasiado y para aquellos que saben que este autor no da puntada sin hilo y que tras la blancura con la que puede estar maquillada la situación, se encuentra un lienzo ocurrente y ciertamente mordaz donde Fernando pinta con tonos de comedia el costumbrismo pasado de rosca.

La historia no deja de ser terriblemente dura. A estas alturas quien más o quien menos ha vivido una situación similar en sus propias carnes o en las de alguien cercano, y sabe que no es plato que se digiera con facilidad el momento que toca vivir a Sandra e Ignacio y mucho menos a Sergio, el hijo de ambos, tan presente y tan significativamente invisible. Sin embargo el infalible Quino Falero, no hay director que pueda entender mejor el universo de este autor, hace que la carcajada eclipse la problemática, sabemos que está ahí, pero la coloca bajo un prisma de amabilidad y cierta caricatura, endulzándola de tal manera que cuando esa risa pasa, se descubre ante nosotros todo el incómodo trasfondo, por lo cercano, que realmente se nos plantea.

Por supuesto, mucho tienen que ver en el resultado final esos dos pilares en los que se apoya la función, Toni Acosta e Iñaki Miramón, que se entienden y se complementan en escena de tal manera que aunque todo parece que puede venirse abajo, por el grado de desquiciamiento que toma el tono de la función en algunos momentos, no hay nada que quede en manos de la improvisación. Son divertidos, ocurrentes, tienen chispa y se ganan al público según se hace la luz en escena. Son dos animales escénicos que se alimentan de comedia, una garantía de éxito para la producción. Es mucho tiempo el que han trabajado juntos y eso se nota.

Quizá me faltó un puntito más de cercanía en las formas de estos dos personajes para lograr una empatía plena, aunque no sé si ciertamente esto es algo repochable pues puede que esa deshumanización en forma de «cartoon» enloquecido que adoptan en ciertos momentos, sea la manera en la que nos ven los demás a través de sus ojos.

La sal de la comedia echada en ciertas heridas hace que todo escueza un poco más y esto Fernando J. López y Quino Falero lo saben y en «De Mutuo Desacuerdo» lo ponen en práctica con mucho acierto. Una comedia social muy disfrutable, con un mensaje contundente, que golpea conciencias a base de carcajadas, y que recomendaría que vieran más de uno y más de dos.

Título: De Mutuo Desacuerdo Autor: Fernando J. López Lugar: Teatro Bellas Artes Elenco: Toni Acosta y Iñaki Miramón Iluminación: José Manuel Guerra Escenografía y Vestuario: Mónica Boromello Música: Mariano Marín Dirección: Quino Falero

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar