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El Pequeño Poni

Normalmente nuestros padres nos quieren, nos protegen -a su manera, pero lo hacen- de todos esos agentes externos que se nos cruzan por la vida y nos golpean con agresividad. Allí están ellos para intentar hacérnoslo más sencillo – a su manera, pero lo hacen-, para impedir que las piedras del camino se nos metan en los zapatos y, si se cuelan, ahí están ellos para ayudarnos a sacárnoslas de una buena sacudida. Lo malo es que a veces la piedra nos golpea precisamente con esa sacudida, porque las cosas hechas a «nuestra manera», con toda la buena fe, no es «La Manera», pero… ¿cuál es? ¿cuál es la forma correcta de hacer las cosas?

Paco Bezerra vuelve concartel-el-pequeno-poni «El Pequeño Poni» a colarse en las heridas de lo común y corriente -Allí donde las cosas suceden en crudo- y se entretiene en rascarle las costras, abriendo heridas y dejando que sangren, sin prisa, que se derramen a la vista de todos. Y ahí está Luis Luque -tanto monta monta tanto- que con su mirada llena de lirismo y amabilidad, parece que viene a curarnos y taponar la hemorragia provocada por Bezerra; erróneo pensamiento que se diluye en el instante en el que caemos en la cuenta de que, con la suavidad de sus manos, lo que anda haciendo es crear la belleza de cauces por los que dejar que fluya y conseguir que todo se empape de ese rojo escozor.

En el caso de «El Pequeño Poni» la hemorragia galopa a paso de caballitos de colores chillones y purpurina, aparentando ser más inofensiva y, en ocasiones, risueña, una manera cualquiera de engatusarnos para lograr que metamos la cabeza en ese saco de prejuicios, acoso y sobreprotección que es la historia de Luismi, Irene y Jaime. Una historia que nos invita a la reflexión sobre el tipo de sociedad que estamos creando entre todos, donde la libertad del individuo está supeditada a la aprobación de la mayoría y expuesta al escarnio irracional de los demás. Una mirada desde el lado adulto a una situación en la que se encuentran cada vez más niños y niñas: El acoso escolar. Un disección sobre la protección mal entendida, el miedo y la peligrosa incapacidad que tienen los adultos para volver a calzarse los zapatos de un niño. Una excusa perfecta para salir de la función con nuestra propia mochila cargada de cuestiones que plantearnos a nosotros mismos.

Toda esa contundente realidad que Bezerra rasga con sus diálogos, se complementa con el lirismo que respiramos gracias a la delicadeza de la puesta en escena de Luque y su equipo. Las paredes de ese hogar-bunquer que Mónica Boromello ha imaginado para dar cuerpo a «El Pequeño Poni», se descubre como un espacio confinado que acumula el drama de esta familia y que tan sólo logra liberarse- acertadísima videocreación de Álvaro Luna–  hacia el universo que se dibuja ante nosotros cuando las consecuencias son irreversibles. Constelaciones que nos señalan directamente a nuestros propios prejuicios y culpabilidades como un grito sordo.

Y por supuesto: María Adánez y Roberto Enríquez que ponen alma y carne a la lucha de estos padres que libran tan durísima batalla contra la hostilidad del mundo exterior y sus propias brechas internas. Gran trabajo en el que vuelvo a disfrutar de la solidez actoral de Roberto Enríquez, que se marca un maravilloso viaje emocional y una María Adánez a la que he descubierto, teatralmente hablando, de manera algo tardía – Desde «Insolación»– y de la que, sin duda, destaco y aplaudo ese momento catártico en el que su personaje, Irene, se rompe confesando la verdadera naturaleza de sus sentimientos con un monólogo donde el blanco y el negro explotan en un millón de tonalidades grises que desestabiliza la balanza en la que el público estaba posicionado hasta ese momento.

Quizá el comienzo de la función peca en exceso de diálogos que pretenden vendernos la imagen de una cotidianidad idealizada, como de anuncio, forzando en exceso la artificiosidad de la relación entre Irene y Jaime, pero en el momento que el conflicto se convierte en un hecho tangible, la función despega y centra su energía en Luismi, personaje invisible a nuestros ojos que es el verdadero eje de la historia.

Dadas las estúpidas circunstancias que por desgracia nos toca vivir en esta sociedad egoísta y temerosa de lo diferente, creo que «El Pequeño Poni» es un instrumento absolutamente necesario para subir a los escenarios, pero no a cualquier escenario, si no a un escenario «comercial» como es el Teatro Bellas Artes, donde el público habitual no está acostumbrado a que le lancen este tipo de cuestiones a sus regazos acomodados. Quizá despierte conciencias y consciencias, quizá toque sensibilidades inesperadas, quizá su exposición haga que niños como Michael Morones o Grayson Bruce, víctimas del bullying a los que va dedica esta función, o cualquier Luismi anónimo que nos esté chillando desde su silencio, logren evitar semejante infierno porque esta función haya podido abrir algunos ojos.

FICHA:

Autor: El Pequeño Poni Autor: Paco Bezerra Dirección: Luis Luque Elenco: María Adánez y Roberto Enríquez Escenografía: Mónica Boromello Iluminación: Juan Gómez-Cornejo Videoescena: Álvaro Luna Música: Luis Miguel Cobo Vestuario: Almudena Rodríguez

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El Señor Ye Ama Los Dragones

A estas alturas del partido, cuando a penas si queda una semana de representaciones, aún salgo yo a contar mis impresiones sobre «El Señor Ye Ama A Los Dragones»ElSeñorYe_cartelA4

Me consuelo a mí mismo diciéndome eso de que nunca es tarde… Pero es que este mes de Abril ha sido un mes relax para En Un Entreacto, eso sí, no iba a dejar escapar la ocasión de ver esta función escrita por Paco Bezerra y dirigida por Luis Luque y comentarlo… ¡Estaría tonto! Y es que, después de haber visto el anterior trabajo del tándem Bezerra-Luque, ¿quién se resiste a sumergirse en alguno de sus mundos? Sabemos que no tienen nada de inofensivos, que vienen con los colmillos bien afilados, pero no importa si sabemos que son ellos quienes nos muerden. (¡Ahí queda eso!)

La historia nos sitúa en una gran ciudad en la que algo extraño está sucediendo, una niebla de procedencia desconocida se ha apoderado de las calles, sumiéndolo todo en la oscuridad; algo que llena de temor a los habitantes de un edificio colmena que, como bien describe la propia función, tiene a la clase más desfavorecida, lo obreros, viviendo en el sótano junto a los trasteros, y a la Reina residiendo en el ático, desde donde lo domina todo. Una distancia que no solo es física, y que no siempre es superior por encontrarse en lo más alto. Una distancia que Magdalena, la todopoderosa presidenta de la comunidad, se ve obligada a romper en el momento en el que observa una sombra misteriosa recorriendo «sus» dominios de manera sospechosa, viéndose obligada a relacionarse con quien jamás hubiera deseado.

Entrar en la Sala Max Aub del Matadero es ser engullido de golpe por el universo de la función. ¡Qué maravilla de puesta en escena! La escenografía es una delicia de Mónica Boromello que junto a la iluminación diseñada por Felipe Ramos y las proyecciones de Álvaro Luna, hacen que realicemos el viaje de ida y vuelta del infierno al paraíso o viceversa, dependiendo para quién, con absoluta fascinación.

Bezerra y Luque han creado un entramado que supura una muy disfrutable y bien traida mala hostia. Gloria Muñoz y Lola Casamayor son dos auténticas bestias pardas de la escena que dibujan un par de personajes absolutamente despreciables, pero que nos hacen gozar con su aire de villanas «malas malosas». Nos reímos con ellas, de sus hijoputeces, porque sabemos que en nuestras propias comunidades de vecinos existen perras como ellas escondidas tras las mirillas, y es por eso mismo que contemplamos con gusto cómo el destino se las traga y vuelve a vomitarlas de nuevo, eructándolas a la cara.

Aplaudo el grado tan mamarracho que alcanzan algunos momentos, el humor chusco que se emplea para abofetear conciencias, y la ternura con la que lo combinan y lo potencian gracias a Chen Lu y Huichi Chiu, haciendo que soltemos unas risotadas que acabarán por sernos aplastadas en la cara con la aparente inocencia de una tarta de merengue, pero que dejan ese dolor punzante latiéndonos en la cara y que no queremos que nadie nos note.

Un bocado envenenado contra los prejuicios, lleno de un sarcasmo refrescante que deja con ganas de más… ¡De mucho más!

¡Qué satisfacción comprobar cómo hay artistas de la talla de Paco Bezerra y Luis Luque a los que les sobra genio como para llenar grandes escenarios o espacios no convencionales y que su arte no pierda un ápice de calidad!

Ya iba siendo hora que se les pusiera al alcance del gran público.

Título: El Señor Ye Ama Los Dragones Autor: Paco Bezerra Dirección: Luis Luque Elenco: Gloria Muñoz, Lola Casamayor, Chen Lu y Huichi Chiu Escenografía: Mónica Boromello Diseño de Luces: Felipe Ramos Diseño de Vestuario: Elisa Sanz Diseño De Videoescena: Álvaro Luna Lugar: Matadero. Naves del Español

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