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Historias de Usera

Las historias están a pie de calle, allá donde el mundo real respira, en mercados, en parques, en bares. La vida transcurre entre apretujones de autobús, patios interiores y esperas de turno en la charcutería: «¿Quién da la vez?». Ahí reside el germen de todo. Quizá sea por eso que «Historias de Usera» llega al espectador con la proximidad de un susurro de nuestra propia realidad.

Yo también estoy vinculado de alguna manera a Usera, mis primeros recuerdos, o los de mi familia, tienen que ver con el barrio; desde un accidente de coche que tuvo mí madre en sus calles cuando estaba embarazada de mi, pasando por los aperitivos de fin de semana en La Peña Soriana, que me pidieran ser padrino de bodas en un pub de la calle Rafaela Ybarra o que mi madre y todas mis tías se casaran en la iglesia de los Capuchinos… e incluso que la única vez que me dieron frase en una serie de TV, que jamás emitieron, fue porque me eligieron en una agencia de actores que estaba cerquita del Metro de Usera. Así que ya veis que un pedacito de mí también está vinculado a este barrio.

Volviendo a «Historias de Usera», como ya todo el mundo sabe, fue creado como despedida-homenaje a los vecinos del barrio que acogieron por 5 años la Sala Kubik Fabrik. Un espectáculo que muchos nos quedamos sin poder ver porque las entradas volaron y que, precisamente por su enorme acogida, ha recalado con una segunda vida en el Matadero, dándonos así una nueva oportunidad de poder vivir la experiencia que supone viajar a través de la memoria de los vecinos de este barrio.

Un montaje que lleva las voces de varios creadores, tal como ya sucedió en el 2013 cuando se lanzó al App «Storywalker» con la que uno podía escuchar las historias, ficcionadas, del barrio mientras caminaba por sus calles. Miguel Del Arco, Alfredo Sanzol, José Padilla, Denise Despeyroux, Alberto Olmos y Alberto Sánchez-Cabezudo son los responsables de dar forma, bajo la batuta de Fernando Sánchez-Cabezudo, a estos relatos que conforman «Historias de Usera», que dentro de su individualidad hacen un retrato compacto y cercano, de la vida de sus gentes, una caricia que baila entre la nostalgia y el cariño, que muestra la lucha tras los sueños rotos y el gusto por las pequeñas cosas que ofrece la vida. Haciéndonos entender que Usera no es solo un barrio, es un estilo de vida con el cualquiera de nosotros podemos sentirnos identificados.

Y si las palabras de los dramaturgos mencionados hacen del día a día de Usera la oportunidad de vivir este suspiro de realismo mágico, el resto del equipo son la clave para que podamos sentirlo a flor de piel:  Esa bellísima escenografía de Alessio Meloni, las luces de David Picazo o la música de Sandra Vicente y Mariano García, que condensan magníficamente, en un mismo espacio, la poética y el aroma a barrio. O la hermosura que significa escuchar y tener en escena a Pilar Gómez, el gusto tan personal que deja la interpretación de Juan Antonio Lumbreras, el divertido magnetismo entre el manga y la realidad de Huichi Chiu, la generosidad en las pinceladas de Jesús Barranco y lo que hace Inma Cuevas que, con permiso de sus compañeros, no tiene adjetivos suficientes para ser calificado. Sin olvidar, por supuesto, el maravilloso trabajo y empeño de los Vecinos (Así con V mayúscula) que dan cuerpo a la función: Iván Jiménez, Juan Ramón Saco, Juan Antonio Rodríguez, Mª Teresa Parado (May), Chucho Montes y Luis Ureña. Profesionales del teatro y vecinos del barrio que se convierten en un conglomerado de miradas llenas de historia, de brillos de añoranza y de esperanza de futuro. Un trabajo hecho desde el cariño y la más pura honestidad hacia un barrio y una sala que se han dado tanto mutuamente.

¿En qué lugar uno es capaz de ver vampiros chinos, mujeres liándose a adoquinazos con el tranvía, conversaciones entre butacas de teatro que acaban en acuarios sobre los tejados de Usera; señoras a las que la vida se les pasa en un suspiro de amor de juventud, ver cómo la lluvia madrileña se convierte en las lágrimas de La Narcisa por un ¿imaginado? hijo torero, los pasados placeres furtivos, y trágicos, de un sereno o que un «puto gordo» robe el bombo a una estrella del rock y que además esté aderezado con pasos de baile de boleros que derriban cuartas paredes y tristes poemas de borracho de barrio que deposita la hermosura del amor en el cuello de una botella? Pues tan sólo uniéndose a un corrillo vecinal de un barrio que, de tan castizo, se haya globalizado como es el caso de «Historias de Usera».

¡Gracias Kubik! ¡Gracias Usera!… ¡Por la vida!

FICHA:

Título: Historias de Usera Dramaturgia: Miguel Del Arco, Alfredo Sanzol, José Padilla, Denise Despeyroux, Alberto Olmos y Alberto Sánchez-Cabezudo Elenco: Inma Cuevas/Alicia Rodríguez, José Troncoso/Juan Antonio Lumbreras, Pilar Gómez, Jesús Barranco/Luis Moreno, Huichi Chiu, Iván Jiménez, Juan Ramón Saco, Juan Antonio Rodríguez, Mª Teresa Parado (May), Chucho Montes y Luis Ureña Escenografía: Alessio Meloni Iluminación: David Picazo Vestuario: Paola de Diego Música Original: Sandra Vicente y Mariano García Lugar: Naves del Español – Matadero (Sala Fernando Arrabal)

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Perra Vida

Si todo sigue como está, creo que esta temporada El Pavón Teatro Kamikaze se va a quedar con muchos de nuestros momentos teatrales. No hace ni dos semanas que andábamos conociendo su primer espectáculo y ya nos hemos vuelto a acercar a conocer lo que se cuece en el espacio que han habilitado en su ambigú. Este teatro es como una especie de Matrioska donde cada rincón es presumiblemente un nuevo lugar donde poder representar una historia y ellos están dispuestos a aprovecharse de esto.

Y como ya nos anunciaron, El Pavón no sólo va a dar cabida al repertorio Kamikaze, también se abre para dar visibilidad a la dramaturgia contemporánea de nuestro país. Ahí está Jordi Casanovas desde el pasado día 8 y ahora es el turno de José Padilla, que nos trae «Perra Vida»; texto perteneciente a la iniciativa Teatros Ejemplares creado para rendir homenaje en el 4º Centenario de la publicación de las Novelas Ejemplares de Cervantes, iniciativa que se ha puesto en marcha con autores argentinos y españoles, que en breve saldrá publicada. «Perra Vida» está inspirada concretamente en «El Casamiento Engañoso» y tras haberla estrenado este verano en el Festival ClasicOff de la sala Nave 73 y ser el Montaje Ganador del Almagro Off 2016, llega por muy poquitas fechas al Pavón.

La historia nos sitúa en un bar de carretera cualquiera, perdido de la mano de Dios, donde Campuzano y Peralta, dos amigos ex-legionarios, se encuentran tras haberse perdido la pista años atrás. Peralta ahora es comercial y Campuzano es un vagabundo que ha perdido el sentido de la realidad y dice hablar con los perros. En ese mismo lugar conoceremos a Lorenzo y a Estefanía, él es el dueño del bar, un chico joven, guapo, engreído, pero con el mundo por descubrir y ella, la nueva camarera, una joven bella, descarada y con un pasado confuso. Dos historias con más lazos en común de lo que en principio parecen tener.

«Perra Vida» nos habla de quien todo tuvo y todo perdió, de quien creyó en el amor y se encontró con el pozo ciego de la vida, esa misma que nos quieren vender con envoltorio de final feliz y que no es más que una sucesión de malas pasadas sin moraleja que la justifique. José Padilla juega a mezclarse con Cervantes, a juntar sus escrituras, intercambiar ideas, actualizarlas y volver a dejarlas en su sitio para llegar a la conclusión de que la historia está tan vigente ahora como cuando se creó hace cuatro siglos. Tan llena de polvo, de olores acres y ambientes viciados como entonces -Como ahora-. Todo ello muy al estilo del autor, de Padilla me refiero, con situaciones que desembocan en comedia de puñetazo en las costillas, de esas en las que caemos demasiado tarde en la cuenta de que la carcajada que acabamos de soltar nos va a salir cara. En «Perra Vida» nos presenta personajes pasados de vueltas, entrañablemente esperpénticos, que son golpeados por la situación, que les descubre sus auténticas miserias y les hace comprender que su destino no es otro que el ser barridos bajo el serrín del suelo junto al polvo y los escupitajos.

Sus cuatro actores, Diego Toucedo, Nerea Moreno, Samuel Viyuela González y Elisabet Altube, hacen un bello juego interpretativo con aromas a Siglo de Oro, una combinación sorprendente, muy bien resuelta, divertida a veces, conmovedora otras, que se agradece y se disfruta. Es cierto que es un código extraño para contemplar con la cercanía del ambigú, pero enseguida se entra en la propuesta, sin reparos.

Una función llena de decadencia oscura e inmisericorde. Que te deja en la boca el reseco de los malos sueños.

Hay que dar las gracias a las salas y teatros que apuestan por programar ejercicios de doble salto mortal como es «Perra Vida», pero queremos -y es necesario- un Padilla haciendo temporada en Madrid ya.

FICHA:

Título: Perra Vida (Versión libre de «El Casamiento Engañoso» de Miguel de Cervantes) Texto y Dirección: José Padilla Elenco: Diego Toucedo, Nerea Moreno, Samuel Viyuela González y Elisabet Altube Diseño de Luces: Pau Fullana Escenografía: Eduardo Moreno Creación Sonora y Composición Musical: Alberto Granados Vestuario: Sandra Espinosa Lugar: El Pavón Teatro Kamikaze

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Como Si No Hubiera Un Mañana

«You must remember this/A kiss is still a kiss/A sigh is just a sigh/The fundamental things apply/As time goes by»

Resuena en el silencio de un mundo que ha dejado de ser. Los pocos seres humanos que quedan buscan la esencia de sus vidas como único asidero a la cordura. El vértigo de los primeros besos, la necesidad de amar y sentirse amado, diferencias aparte, o echar un vistazo más allá de nosotros antes de entregarnos desesperadamente al vacío. Así es como se nos presenta «Como Si No Hubiera Un Mañana – Historias de Amor en el Fin del Mundo» un espectáculo conformado por tres historias distintas, escritas por tres autores diferentes, Fran Secunza, Pablo Vara y José Padilla, dirigidos por Andrés Dwyer en las que el nexo de unión son el amor y el fin del mundo tal y como lo conocemos.Como-si-no-hubiera-un-mañana

Tres historias independientes, con personajes propios y tres estilos bien diferenciados que nos hablan de lo mismo. El Amor.

Sé que no debería, y lucho por evitarlo, pero muchas veces me dejo llevar por los prejuicios: «¿Una historia de amor?» «No, gracias, no quiero una función A lo Sandra Bullock«… ¡Error! Qué manía tengo de prejuzgar sin saber… y pensar que he estado a punto de perdérmela…

Uno entra en esta función con suavidad, a través de sus personajes, de las palabras. Los actores juegan con cuatro elementos y no les hace falta más -No hay a penas escenografía y la iluminación escasea, pero ¿qué queréis? ¡Si el mundo ha sido destruido!- Su buena ejecución y nuestra mirada hacen el resto, pero no la mirada de los ojos con la que vemos humo, focos y cuatro escaleras tiradas en el suelo, si no esa otra mirada, más íntima, la interior, la que normalmente nos da pudor, esa es la que es seducida por «Como Si No Hubiera Un Mañana».

Con qué sencillez nos hacen entrar en el juego, hablándonos de nuestras primeras veces, de sensaciones compartidas, haciéndonos ser conscientes de que muchas veces hablamos por no callar, que es más fácil quejarse ante la adversidad que saber apreciar lo bueno que se esconde tras ella, o aprender a mirar más allá de nosotros y sonreír, y amar… sobretodo amar. Escuchas a los personajes que desfilan por la función, que se muestran y piensas: «Es que yo también soy un poco así» Y una sonrisa se dibuja en tu cara, dejándote llevar agarrado de su mano.

Precioso trabajo el de Juan Blanco, Joe Manjón y Sara Martínez. No hay aspavientos, postureos, ni artificiosidades que ensucien. Ellos son sus historias, quienes hacen que nos enamorarnos de los habitantes de cada una de ellas, ellos y sus autores, que desde diferentes estilos, los ponen a prueba, tensando la cuerda y llevándoles a situaciones límite, para romper complejos y mostrar la materia de la que realmente están hechos. Da igual si es desde un cobertizo, escondidos de la amenaza externa, que conversando con un desconocido y su revólver, o encaramados en lo alto de los restos de la Torre Eiffel, el sentimiento es compartido.

Me entusiasma encontrar montajes aparentemente pequeños escondidos entre la maraña teatral en la que nos vemos inmersos. Pequeñas joyas en forma de producciones modestas que sorprenden y dejan tan buen sabor de boca como esta.

Título: Como Si No Hubiera Un Mañana (Historias de amor en el fin del mundo) Autor: Fran Secunza, Pablo Vara y José Padilla Lugar: Nave 73 Elenco: Juan Blanco, Joe Manjón y Sara Martínez Producción: Paraninfo58 Dirección: Andrés Dwyer

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