Categorías
Sin categoría

Idiota

Comienza la temporada teatral y con ella se abren las puertas del Pavón Teatro Kamikaze, un proyecto que todos los amantes del teatro de la capital recibimos con el entusiasmo y el cariño que producen las buenas noticias de nuestro entorno más cercano, y es que así es cómo ellos: Israel Elejalde, Miguel del Arco, Aitor Tejada y Jordi Buxó,  hacen que se les sienta.

Ya en la presentación, que tuvo lugar allá por Julio, se nos anunció que el primer montaje que podríamos ver sobre las renovadas tablas del Teatro Pavón iba a ser «Idiota», texto escrito por Jordi Casanovas, que correría con la dirección de Israel Elejalde y sería protagonizado por Gonzalo de Castro y Elisabet Gelabert. Y bien, han pasado los meses y hemos llegado a ese momento tan esperado por todos, que las puertas del Pavón Teatro Kamikaze se abran al público. ¡Y qué alegría da! ¡Qué ambiente festivo se respira en ese punto de la Calle Embajadores! Qué sensación de estar entre amigos todo el tiempo, que maravilloso es sentir que un Gran Teatro tiene ese aroma de cercanía, que sí que el Teatro es un templo, pero es tan necesario esto que se siente a las puertas del Pavón, el que cuando uno se acerque a su umbral se contagie la alegría y el amor, amor por lo que se está a punto de celebrar, que se sienta la fiesta del teatro. No sé si por ser las previas al estreno, por la novedad, porque fue el primer llenazo de su existencia o porqué, pero ver a las cabezas visibles del proyecto arrimando el hombro en la puerta, cortando entradas, vendiendo libros o dando la bienvenida al público, ya te dice en la posición en la que se encuentran, el grado de mimo al que quieren someter esta aventura ¿Quién no se va a entregar ante tanta ilusión?

Pero bueno, a lo que vamos, que me pierdo en esta conjunción entre Kamikazes y Pavón que ya sabéis como me tira.

«Idiota» nos presenta a Carlos, un tipo cualquiera que se ofrece voluntario, a cambio de una buena remuneración, para ser sometido a un test con el que se medirá su grado de inteligencia, o de estupidez. Al llegar es atendido por una doctora alemana que le explica en qué consistirá la prueba. Todo comienza y lo que aparentemente iba a ser un sencillo test, sin más intención que dar respuesta a unas preguntas, dará paso a un cruel ejercicio que pondrá a Carlos al límite, obligándole a tomar decisiones que jamás hubiera pensado tener que tomar y a enfrentarse a situaciones que dependerán de su determinación.

Jordi Casanovas arranca «Idiota» en clave de comedia, haciendo que el espectador identifique en su protagonista al tipo de al lado, a su compañero de trabajo, a algún amigo, a su cuñado, a… cualquiera menos a sí mismo, y es que nosotros siempre nos consideramos un paso por delante de ese «mindundi». Hasta que la comedia pasa de ser un juego entretenido a tomar tintes perversos, haciendo que sin darnos cuenta, entre risas, entremos a formar parte de él; de pronto la duda empieza a invadirnos, el tiempo apremia no solo al protagonista, a nosotros también; aunque estamos en silencio sentados en nuestra butaca, hemos pasado a estar sometidos a juicio y surge la duda: «¿Realmente seré tan idiota como él?» Y ¡Zas! ese es justo el momento en el que nos hemos colado dentro de la función. Y comenzamos a vivir la historia de su protagonista desde otro ángulo, empatizando con el «mindundi» que, por supuesto, ha dejado de serlo para convertirse en víctima de un juego macabro del que deseamos que pueda salir ileso.

Así arranca esta historia que habla de los límites a los que estamos dispuestos a llegar, nuestra ambición y el precio a pagar por ello. Israel Elejalde convierte «Idiota» en un juego siniestro y enrevesado, de atmósfera opresora, – Brillantes la escenografía de Eduardo Moreno, la iluminación del Maestro Juanjo Llorens y la música de Arnau Vila– desde el que se nos lanza a toda velocidad por un entramado lleno de giros y curvas que pasa de divertida atracción de feria a reflexión descarnada.

Con «Sótano» de Benet i Jornet ya nos dejó claro Israel Elejalde su gusto por la perversidad del hombre cotidiano y aquí se aprovecha de la comedia para explorar más a fondo ese aspecto que reside en todos nosotros y que, la prueba está en los aplausos finales, compartimos con él. Una función poseedora de un afinadísimo ritmo que se desliza entre las butacas a golpe de carcajada para de repente agarrarnos del mentón y mirarnos desafiante a los ojos, haciendo nuestra la tensión de su protagonista.

Es complicado hablar de los trabajos de Gonzalo de Castro y Elisabet Gelabert sin descubrir demasiado, tan sólo diré que me gustó el viaje que realizan a través de lo imprevisto de las circunstancias. Un cara a cara equilibrado que si bien al comienzo se me hizo excesivamente elevado en el tono de la comedia, enseguida toma tierra y hacen de ello su punto fuerte a la hora de enganchar con el espectador.

«Idiota» se revela como un de los grandes montajes de la temporada, conjugando la maestría de Jordi Casanovas que nos brinda un texto mordaz, repleto de lecturas y reflexiones, con la dirección de Israel Elejalde que confirma lo que ya intuimos los que vimos su anterior trabajo: Aquí, aparte de a magnífico actor, huele a fabuloso, y muy estimulante, director.

¡No os quedéis con las ganas e ir al Pavón Teatro Kamikaze a comprobar cuán idiotas sois realmente!

FICHA:

Título: Idiota Autor: Jordi Casanovas Director: Israel Elejalde Elenco: Gonzalo de Castro y Elisabet Gelabert Escenografía: Eduardo Moreno Iluminación: Juanjo Llorens Sonido: Sandra Vicente Música Original: Arnau Vila Vestuario: Ana López Lugar: Pavón Teatro Kamikaze

Categorías
Sin categoría

Hamlet

Hemos podido ver versiones de “Hamlet” de todos los colores y sabores, unas más acertadas que otras, unas más arriesgadas, otras más convencionales, algunas emocionantes y otras insufribles ¿Qué tendrá este texto que nos atrapa y nos permite tantas lecturas? Supongo que es la grandeza de cuanto contiene.

Foto Ceferino López
Foto Ceferino López

Ahora, en el cuarto centenario de la muerte de su autor: William Shakespeare, Miguel Del Arco ha querido poner sobre las tablas del Teatro de la Comedia su visión más Kamikaze, y nunca mejor dicho pues se ha lanzado a ofrecernos una propuesta que ha provocado ríos de tinta, tanto para bien como para mal, y eso, sea cual sea la opinión y las sensaciones que genere, es señal de que las ganas por el riesgo y por la búsqueda siguen latentes en esta compañía que se atreve con lo que le echen.

Aquí nos encontramos a un Hamlet situado en una atemporalidad que mezcla duelos a espada, pistolas, bases de ritmos y expresiones como: “Guapérrima” -por poner un ejemplo que no desvele demasiado- que abren un sinfín de posibilidades y de probabilidades, haciendo que todo lo que uno espera, y un poco más, sea lo que sucede en este montaje en el que Miguel del Arco ha jugado a romper estructuras y a mezclar líneas temporales, adentrándonos en la historia que todos conocemos con ojos nuevos para poco a poco focalizar la trama y acabar con la emoción que esta historia guarda en su interior.

Del Arco dibuja lo que Shakespeare escribió. Se adentra en la cabeza del Príncipe para contarnos los hechos previos a la tragedia sin su estructura convencional, si no como Hamlet los podría haber recordado en los instantes previos a ese «The rest is silence»; permitiéndose licencias y saltos que a los más puristas pueden tirar para atrás y dar cerrojazo a la posibilidad de adentrarse en la propuesta, pero que descubren que esta historia nos puede atrapar también desde otros lugares.

Foto Ceferino López
Foto Ceferino López

Una escenografía que es una delicia articulada, una especie de Cubo de Rubik envenenado que, desde un mismo espacio, nos hace volar a través de los múltiples colores que ofrece este balcón con vistas a Elsinor y la tragedia que acecha a sus habitantes. Un dormitorio y sus cuatro paredes se abren a un sin fin de espacios que sorprenden, envuelven y siempre resultan efectivos. Las proyecciones, las luces y las sombras, o los movimientos escénicos suman personalidad a esta producción.

Israel Elejalde se hace y se deshace en el juego macabro y sufriente de un trabajo que personalmente creo lo lanza hacia el firmamento. Quiero más de esta bestia parda que desaparece en el interior de Hamlet para desgarrarse las tripas y servirnos un personaje al que mirar y sentir como si fuera nuestra primera vez.

Ángela Cremonte tiene un reto especialmente complicado con su Ofelia y la visión que Del Arco ha querido otorgarle. En ocasiones baila en el filo de lo esperpéntico – ¿Desde cuando la locura tiene una medida lógica? – y, más allá de lo mucho o poco que uno comulgue con la propuesta de dirección, no se le puede negar que ante el riesgo que conlleva, el trabajo que se marca es de una entrega absoluta y del que sale airosa. Particularmente soy amante de las “idas de olla” que se marca Miguel del Arco y se las aplaudo con entusiasmo. ¿Por qué no? De lo que se trata es de jugar, ¡pues juguemos!

Un placer ver a Jorge Kent formando parte de los Kamikaze, cualquiera de los cuatro personajes que le han sido encomendados tiene identidad propia, variando sus energías a placer y jugándolos con gusto, su presencia es una suma constante.

José Luis Martínez, al comienzo no entré del todo en su propuesta, pero poco a poco, según fue tomando forma su Polonio  me resultó más atractivo. Aunque lo de los acentos de los enterradores sí que no lo comprendí.

Foto Ceferino López
Foto Ceferino López

Con Daniel Freire tuve momentos encontrados, por un lado me gustó la dualidad fraternal, es un acierto y la aprovecha, pero por otro le vi excesivamente forzado. Una duda: ¿Por qué siendo argentino le sale un acento tan “imitado”? ¿es nota de dirección?.

Ana Wagener es una Gertrudis medida, en ocasiones algo errante, gana según avanza la función, pero quizá se me quedó algo insípida.

A Cristóbal Suárez no se le ve cómodo con en los papeles que le han tocado en suerte, no termina de cuajarlos. Al menos nos queda el poder disfrutar de él en el tramo final de la función, donde se deshace de esa incomodidad y nos regala un duelo absolutamente trepidante junto a Elejalde, pena no encontrar más destellos suyos como ese durante la función.

En definitiva, este es un «Hamlet» con un par de narices, vibrante, que ha venido a mostrarse desde otro lado, que no quiere quedarse en lo de siempre, que arriesga y apuesta fuerte, que busca una identidad propia y que, para mí, la tiene bastante clara.

¡Viva el riesgo y el deseo de jugar y descubrir!

Título: Hamlet Autor: William Shakespeare Versión y Dirección: Miguel Del Arco Elenco: Israel Elejalde, Ángela Cremonte, Cristóbal Suárez, José Luis Martínez, Daniel Freire, Jorge Kent y Ana Wagener Escenografía: Eduardo Moreno Iluminación: Juanjo Llorens Música Original: Arnau Vila Vídeo: Joan Rodón Vestuario: Ana López Lugar: Teatro de la Comedia.

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar