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Perra Vida

Si todo sigue como está, creo que esta temporada El Pavón Teatro Kamikaze se va a quedar con muchos de nuestros momentos teatrales. No hace ni dos semanas que andábamos conociendo su primer espectáculo y ya nos hemos vuelto a acercar a conocer lo que se cuece en el espacio que han habilitado en su ambigú. Este teatro es como una especie de Matrioska donde cada rincón es presumiblemente un nuevo lugar donde poder representar una historia y ellos están dispuestos a aprovecharse de esto.

Y como ya nos anunciaron, El Pavón no sólo va a dar cabida al repertorio Kamikaze, también se abre para dar visibilidad a la dramaturgia contemporánea de nuestro país. Ahí está Jordi Casanovas desde el pasado día 8 y ahora es el turno de José Padilla, que nos trae «Perra Vida»; texto perteneciente a la iniciativa Teatros Ejemplares creado para rendir homenaje en el 4º Centenario de la publicación de las Novelas Ejemplares de Cervantes, iniciativa que se ha puesto en marcha con autores argentinos y españoles, que en breve saldrá publicada. «Perra Vida» está inspirada concretamente en «El Casamiento Engañoso» y tras haberla estrenado este verano en el Festival ClasicOff de la sala Nave 73 y ser el Montaje Ganador del Almagro Off 2016, llega por muy poquitas fechas al Pavón.

La historia nos sitúa en un bar de carretera cualquiera, perdido de la mano de Dios, donde Campuzano y Peralta, dos amigos ex-legionarios, se encuentran tras haberse perdido la pista años atrás. Peralta ahora es comercial y Campuzano es un vagabundo que ha perdido el sentido de la realidad y dice hablar con los perros. En ese mismo lugar conoceremos a Lorenzo y a Estefanía, él es el dueño del bar, un chico joven, guapo, engreído, pero con el mundo por descubrir y ella, la nueva camarera, una joven bella, descarada y con un pasado confuso. Dos historias con más lazos en común de lo que en principio parecen tener.

«Perra Vida» nos habla de quien todo tuvo y todo perdió, de quien creyó en el amor y se encontró con el pozo ciego de la vida, esa misma que nos quieren vender con envoltorio de final feliz y que no es más que una sucesión de malas pasadas sin moraleja que la justifique. José Padilla juega a mezclarse con Cervantes, a juntar sus escrituras, intercambiar ideas, actualizarlas y volver a dejarlas en su sitio para llegar a la conclusión de que la historia está tan vigente ahora como cuando se creó hace cuatro siglos. Tan llena de polvo, de olores acres y ambientes viciados como entonces -Como ahora-. Todo ello muy al estilo del autor, de Padilla me refiero, con situaciones que desembocan en comedia de puñetazo en las costillas, de esas en las que caemos demasiado tarde en la cuenta de que la carcajada que acabamos de soltar nos va a salir cara. En «Perra Vida» nos presenta personajes pasados de vueltas, entrañablemente esperpénticos, que son golpeados por la situación, que les descubre sus auténticas miserias y les hace comprender que su destino no es otro que el ser barridos bajo el serrín del suelo junto al polvo y los escupitajos.

Sus cuatro actores, Diego Toucedo, Nerea Moreno, Samuel Viyuela González y Elisabet Altube, hacen un bello juego interpretativo con aromas a Siglo de Oro, una combinación sorprendente, muy bien resuelta, divertida a veces, conmovedora otras, que se agradece y se disfruta. Es cierto que es un código extraño para contemplar con la cercanía del ambigú, pero enseguida se entra en la propuesta, sin reparos.

Una función llena de decadencia oscura e inmisericorde. Que te deja en la boca el reseco de los malos sueños.

Hay que dar las gracias a las salas y teatros que apuestan por programar ejercicios de doble salto mortal como es «Perra Vida», pero queremos -y es necesario- un Padilla haciendo temporada en Madrid ya.

FICHA:

Título: Perra Vida (Versión libre de «El Casamiento Engañoso» de Miguel de Cervantes) Texto y Dirección: José Padilla Elenco: Diego Toucedo, Nerea Moreno, Samuel Viyuela González y Elisabet Altube Diseño de Luces: Pau Fullana Escenografía: Eduardo Moreno Creación Sonora y Composición Musical: Alberto Granados Vestuario: Sandra Espinosa Lugar: El Pavón Teatro Kamikaze

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El Burlador de Sevilla

El Teatro Español abre temporada con esta producción de “El Burlador de Sevilla” dirigida por Darío Facal, desmontando esquemas y dando pistas de por dónde van a ir los tiros de su programación. Personalmente me parece maravilloso el espíritu renovador con el que se han lanzado a romper con el encorsetamiento del Teatro Español y dejar de llevar los montajes más radicales, hablando de propuesta, al Matadero y los más convencionales al Español; hay que hacer que el público se mueva y descubra que el Teatro Español no sólo es un espacio escénico, si no una filosofía actualizada de por dónde debe seguir desarrollándose el teatro. Esperemos que no solo sea pintar de colorines las polillas que se lo estaban comiendo. 

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Foto Sergio Parra

Tengo cierto apego a “El Burlador de Sevilla”, hace ya un puñado de años tuve la fabulosa oportunidad de poder hurgar en sus entrañas y conocer lo fogoso y bello de sus versos en primera persona, sabiendo que chorrean deseo y sexualidad por los cuatro costados, así que tener la ocasión de ver ahora una nueva puesta en escena que promete ser transgresora y mostrar la verdadera naturaleza del Burlador me apetecía especialmente. Las ganas y la curiosidad no faltaban.

El Burlador es un ser temerario, que no siente respeto por nada ni por nadie y que se mueve a golpe de entrepierna. Buscando retos e intentando el “más difícil todavía” con cada una de sus conquistas. Es un depredador con un hambre voraz que se lanza sobre sus víctimas con ansias de poseerlas, y a la vez caprichoso como un niño que lo quiere todo y, una vez conseguido, no le interesa nada.

Don Juan no es ese hombre que encandila y hace el amor, es ese “empotrador” con el que tod@s fantasean y al que ansían entregarse… sin reparar en las consecuencias. Un tipo de verbo fácil y bragueta floja. Es todo lo que nos pone cachondos y no nos atrevemos a confesar. Visto así, es lógico que nos lo muestren con la carnalidad y el sexo a flor de piel, todo un acierto.

“El Burlador de Sevilla” que nos encontramos en esta ocasión comienza echando toda la carne en el asador, diciéndole al público directamente a la cara lo que va a encontrarse, con arrojo y desvergüenza, sin dejarse nada en la recamara, pero que poco a poco se ahoga en su ansia de parecer, más que ser, transgresor.

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Foto Sergio Parra

Quizá el público de mirada más “clásica” pueda removerse incómodo en su butaca, pero quien ha escarbado un poquito más a fondo, todo lo que ve en “El Burlador de Sevilla” es cierto que le sonará a teatro transgresor… pero de otro tiempo. Yo lo veo como es una especie de gamberrada para que los de más rancio opinar se lleven las manos a la cabeza al escuchar los versos de Tirso de Molina a la vez que ven tetas, pollas y guitarras eléctricas. ¡Desde cuándo esto en el Teatro Español!

Tiene un comienzo prometedor, arriesgado, contundente. Valientes Alex García y Marta Nieto rompiendo el hielo de esa manera, que se fastidia en el momento que vemos que hablarán durante toda la función por micrófonos ¡con cable! ¿Por qué? Supongo que tendrá su motivo, yo no lo vi. Es molesto para el espectador, imposible que nadie crea nada, y complicado de trabajar para el actor, además de impedir la correcta comprensión del verso; si alguien no vocaliza, cosa que sucede con más de un@, y le das un micro, lo único que consigues es que el farfullar se oiga más alto, pero no lo mejora.

Me da tristeza escuchar parlamentos tan bellos como el monólogo de Tisbea convertido en una cantinela repetitiva y sin intención, pena de Manuela Vellés.

¿Y por qué se pasa de corrido una escena como la muerte del Comendador? Eduardo Velasco es un fantástico Comendador y robarle un momento como ese por adornarlo de supuesto efectismo es injusto.

De las cosas que salvo del montaje, sería curiosamente con Manuela Vellés, la escena más bella del montaje, por su verdad y complicidad, que al fin traspasa al público, es la que comparten Tisbea y La Duquesa Isabela a su llegada a España. Un disfrute.

Algunos momentos que alcanzan una plasticidad hermosísima, como cuando todos los personajes están iluminados por cerillas, y las mujeres seducidas por Don Juan bailan el verso, o la trenza de Ana de Ulloa y el instante que la rodea (¡Gracias, Pablo!), lástima que no tengan una continuidad a través de toda la puesta en escena.

También me quedo con la condena de Don Juan, ese final resulta poderoso, aunque acabe sucio con el empeño de escandalizar tontamente mezclando carnalidad con parafernalia eclesiástica del atrezzo.

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Foto Sergio Parra

O esos guiños a la filosofía de morir joven y dejar un bonito cadáver, al que el director hace mención en el programa de mano. En uno de los números musicales se puede intuir, creo que de boca de Agus Ruiz, ¡maravilloso Catalinón!, un fragmento de The End de The Doors: «The blue bus is calling us»…

Perlas que me dediqué a rebuscar entre proyecciones facilonas, momentos musicales excesivamente largos e insustanciales, a excepción del de la boda, o ese batiburrillo de actores que hacen tan desigual el resultado final.

Podría haber sido un montaje de los que dan qué hablar por mucho tiempo, el camino estaba, pero finalmente ha resultado un gatillazo, no de Don Juan que Tirso de Molina, si es que fue él, ya se ocupó de darle el lugar que se merece, si no de su director que se mira a si mismo entre efectismo y pierde por el camino el trabajo de una compañía que podría habernos dejado boquiabiertos con este montaje.

Pero animo a todo el mundo a que vaya y juzgue, es interesante la intentona por abrir la puerta a otros espectáculos en el Teatro Español. Aplaudo la idea.

Por cierto, mensaje para las señoronas de peluquería y visón que van invitadas, sus móviles también tienen que apagarse al comienzo de la función, gracias.

Título: El Burlador de Sevilla Autor: Tirso de Molina Director: Darío Facal Elenco: Alex García, Agus Ruíz, Marta Nieto, Emilio Gavira, Eduardo Velasco, Luis Hostalot, Rebeca Sala, Rafa Delgado, Manuela Vellés, David Ordinas, Alejandro Onieva, Diego Toucedo y  Judith Diakhate Lugar: Teatro Español Espacio Sonoro: Álvaro Delgado Vestuario: Ana López Cobos Iluminación: Manolo Ramirez Espacio Escénico: Thomas Schultz

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