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Los Buitres (O La Muerte de los Amantes)

Supongo que todos tenemos nuestras preferencias en cuanto a espacios teatrales y yo tengo uno que, si me leéis de vez en cuando, sabéis que me tiene enganchado y que conste que me ha dado tantas alegrías como disgustos, todo hay que decirlo, pero es que La Pensión de las Pulgas, al igual que pasó antes con su predecesora La Casa de la Portera, tiene ese «qué se yo» que me hace volar. Y «Los Buitres» de Carles Harillo Magnet, la función de la que os voy a hablar en esta crónica, viene precisamente de haber compartido piso la temporada pasada con La Portera (¡Ay!) y es claro ejemplo de porqué me gusta tanto este espacio.los-buitres-cartel

En «Los Buitres» asistimos a la cena del décimo aniversario de una pareja que ha perdido por el camino cualquier atisbo del amor que podían haberse profesado en algún tiempo remoto.

Encerrados en su propia casa, conviven estos dos seres que han ido macerando un odio desmedido hacia cuanto les rodea, incluso hacia ellos mismos. Un odio espeso, enfermizo, que se ha apoderado de sus almas y que disfrutan escupiéndoselo uno al otro; bilis provocada por su propia existencia que vomitan en forma de palabras, de gritos, de reproches, de lamentos y que sacan a relucir con todo su esplendor en el momento en el que hace acto de presencia un Amigo del pasado, visita que desentierra miedos y secretos que son llevados hasta sus últimas consecuencias.

Carles Harillo Magnet ha creado esta pieza asfixiante, tóxica, que hace las delicias de cuantos adoramos encontrarnos ambientes enfermizos y personajes cargados de ponzoña. Una especie de comedia putrefacta encerrada en un juego macabro que acontece en un tiempo indeterminado en el que se mezcla el romanticismo-decadente con un lenguaje ciertamente macarra. Que te hace reír y sentir náuseas al mismo tiempo. Con un texto incisivo, que se divierte en su sadismo insano, que quizá se gusta demasiado en alguno de sus monólogos, pero que juega con nosotros como un niño siniestro que nos tienta y nos convence para que seamos cómplices de su fechoría.

A destacar la estética con la que se nos vende, esa cartelería y fotos promocionales deliciosamente cuidadas y tenebrosas, que se ve traducida en la dirección artística de Pier Paolo Álvaro que logra sorprendernos al transformar la habitación en la que transcurre la función, y que los que acudimos a La Pensión de las Pulgas conocemos hasta el hartazgo, para convertirla en un espacio renovado que te transporta al universo de novela gótica de «Los Buitres» nada más pisarla. Y lo mismo sucede con el vestuario que es una exquisitez. Tan cuidado, tan bien escogida la gama de colores, las texturas… Es tan placerentero ver un trabajo semejante en un espacio tan limitado, y que muchas veces obviamos, que podría escribir una crónica sólo sobre esto. cggdqqowyaa6v2b

Carles Harillo Magnet ha creado unos personajes para «Los Buitres» potentes y tremendamente atractivos, tanto para el imaginario del espectador como para admirar el trabajo de los actores que los interpretan; a mí me hicieron pensar en el retorcimiento de Martha y George, el matrimonio de «¿Quién Teme a Virginia Woolf?» llevado a la enésima potencia o en una versión absolutamente feroz del Sombrerero Loco y la Liebre de «Alicia en el País de las Maravillas» que, sentados a su mesa, esperan a una Alicia, en la piel del Amigo, enterrada hasta la cintura en arenas movedizas y a merced de estos dos caníbales de almas.

El único «pero» que le pongo es el tema del movimiento escénico, hay lugares que pasan demasiado tiempo mirando la espalda de los personajes, perdiéndose intenciones, miradas y gestos que, por las reacciones del resto del público, son merecedoras de ser vistas. Si podéis, evitad los asientos de la pared del espejo.

Mario Zorrilla creo que es una de las presencias más apabullantes con las que me he encontrado en escena, entre la voz, que es un auténtico rugido, y esa mirada que paraliza, me tenía sobrecogido, y si le añadimos a una Carmen Mayordomo absolutamente entregada, disfrutando como una niña chapoteando en un charco de lodo, nos encontramos con una pareja tan repugnante como atractiva, rezuman demencia y amenaza, tanto en sus susurros como en sus alaridos, en sus enfrentamientos cara a cara como en sus caricias envenenadas

Duro trabajo el de Xabier Murúa entrando en escena tras el alarde de poderío de sus compañeros, confieso que a mí al comienzo no me logró atrapar, sin embargo acabó por arrancarme del lado oscuro y transitar con ganas su recorrido, evolucionando con giros ambiguos, haciéndonos dudar y a la vez logrando transmitir su desesperación y acabando por sufrir los zarpazos a los que le someten. Y Josi Cortés que, aunque breve, es la encargada de darnos a descubrir quiénes son estos seres carroñeros que habitan la función. Un acierto de reparto.

Una función tremendamente venenosa, una pesadilla de esas que nos hacen gritar en la noche, pero que al despertar nos deja con ganas de haber seguido explorando. Quien tenga ganas de perturbación y mal rollo que se asome a «Los Buitres» que van a disfrutar de lo lindo.

Título: Los Buitres (O La Muerte de los Amantes) Autor: Carles Harillo Magnet Lugar: La Pensión de las Pulgas Elenco: Mario Zorrilla, Carmen Mayordomo, Xabier Murúa y Josi Cortés Dirección Artística/Vestuario: Pier Paolo Álvaro Espacio Sonoro: Boby Lauren Maquillaje y Peluquería: Yuraima Morcillo Dirección: Carles Harillo Magnet

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Tres

¿A quién no se le ha pasado por la cabeza volver a juntarse con sus compañeros de instituto? A todos nos queda un rescoldo al que nos aferramos estúpidamente de aquellos ¿maravillosos? años en los que nos imaginábamos de mayores compartiendo nuestras vidas con ellos -Algunos incluso se han quedado colgados de esa idea- y el que diga que no, miente, y si no miente, seguro que al menos siente el incontrolable morbazo de saber qué será de ellos y cómo estarán nuestros «más mejores amigos» de aquella época y de los que no hemos vuelto a saber nada… ¿Nada? ¡Benditas redes sociales que nos abren grietas por las que saciar nuestra nada inocente curiosidad!Tres-con-distribuidor

No es que tenga mucho que ver, ¿o sí? con el argumento de la función, pero me sirve para introduciros en esta crónica sobre «Tres» de Juan Carlos Rubio en el Teatro Lara que nos habla de tres amigas del instituto que, pasados los años, se vuelven a encontrar. Cada una ha tomado un rumbo diferente en la vida y, sin embargo, sus caminos vuelven a confluir, ¿Cosas del destino? Bueno, si al empeño de una de ellas por provocar este encuentro se le puede llamar destino, pues sí… El caso es que las tres se vuelven a juntar y tras varias copas, y alguna confesión, se les va la cabeza y deciden quedarse embarazadas a la vez ¡y del mismo hombre! (No estoy spolieando nada, no hay más que ver el cartel), pero las cosas no van a ser ni tan sencillas, ni el camino será tan idílico como se las prometían… Así nos ponen las cosas Quino Falero y Juan Carlos Rubio, quien le ha dado un par de brochazos al texto para adaptarlo a las nuevas edades de su elenco.

Una comedia que desde su aparente blancura muestra las miserias de sus protagonistas, eso sí, sólo la dósis justa para que nos arranque unas cuantas risotadas de mala baba, que a ninguno nos falta, pero para que la cosa resulte inofensiva.

El texto juega con esterotipos muy identificables para que el público enseguida enganche con ellas y sienta cercanía y comparta los motivos por los que toman la decisión de embarcarse en semejante delirio. La soledad y la inseguridad son dos terrores comunes en todos y eso une mucho, ya sea en el tú a tú de nuestro día a día como en el que se genera de escenario a patio de butacas.

La velocidad de la réplica, ocurrente y afilada, es el plato fuerte de este montaje que además vuela entre el histrionismos y el mariconerío enloquecido… ¡No pongáis cara de asombro! No me lo podéis negar: Unas descerebradas como estas tres amigas y un chulazo encerrados en la misma casa, (Yo os confieso que me las pido a todas ellas como amigas para petardear y a él… ¡Aisss!) El morbazo, la comedia y las peleas de gatas están servidas. ¿Se puede pedir algo más para pasar un rato divertido? Pues sí, también hay algún girillo en el argumento, algo previsible, que lo hace todo un poco más delirante si cabe y eso siempre se agradece; aunque ese final quizá me resultó excesivamente obvio. Cosa que no enturbia unos trabajos francamente divertidos de todo su reparto.tres

Me gusta ver este cambio de registro en Carmen Mayordomo que, si ya es toda una Drama-Queen de los escenarios, no se le puede negar la soltura con la que maneja la comedia, y es que esa cadencia que le da a su personaje, y la gravedad de su voz, son ingredientes perfectos para arrancarnos unas buenas carcajadas.

Natalie Pinot, aunque al comienzo me costó entrar en su código, acabé por comprarla por completo, incluidas sus extensiones. ¡No se puede ser más bruta y petarda!

Y la estupenda Eva Higueras, que creo es la que mejor lleva la progresión de su personaje, desde la inocencia de su comienzo hasta esa «otra» mujer que se nos va desvelando.

José Sospedra quizá se lleve la parte menos agradecida de la función, no por él si no por el papel que le ha tocado defender, pero está a la altura de sus compañeras y tiene que confiar en ello, tan sólo tiene que relajarse un poquito más y disfrutar la función.

Quino Falero tiene una fantástica mano para la comedia y de nuevo demuestra que sabe cómo hacer para que estos cuatro actores saquen todo el jugo a la función, y aunque aún están encontrándose en escena, ya se adivina un horizonte chispeante.

Una comedia que si bien no viene a descubrirnos nada nuevo, si que nos divierte y nos hace salir con un buen sabor de boca y cargados de buen rollo del teatro, y eso, visto lo visto, no es poco.

Título: Tres Autor: Juan Carlos Rubio Lugar: Teatro Lara Elenco: Eva Higueras, Carmen Mayordomo, Natalie Pinot y José Sospedra Ayudante Dirección: Fernando Miranda Dirección: Quino Falero

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Eterno Creón

La semana pasada realicé uno de esos ejercicios que tanto me gustan y que pocas veces logro realizar, entregarme a ciegas a un montaje. Desconocía «La Tebaida» de Jean Racine de la que bebe Manuel De para poner en escena este «Eterno Creón», eterno-creon-cartel_(1)1426001155_bigy decidí no leer nada, dejarme llevar y ver qué sucedía. Tan solo sabía cual era su reparto, motivo más que suficiente para despertar mi curiosidad.

La historia habla de Etéocles y Polinice, hijos de Edipo, que tras su muerte deben repartirse el tiempo de reinado, tal como desea el padre fallecido, pero esto lleva al enfrentamiento entre los dos hermanos, ya que los dos quieren conservar la corona más tiempo del estipulado.  

Yocasta, madre de ambos, es quien media entre ellos sin demasiado éxito, luchando por lograr el entendimiento entre ambos hijos ya que tras las sombras se esconde Creón, tío de ambos, que permanece a la espera de que ambos hermanos se destruyen para ser quien acabe finalmente poseyendo la corona.

Un montaje que habla del odio, de la ambición y de la terrible corrupción que no entiende de lazos familiares, cosa que a ojos del espectador lo hace todo mucho más terrible. Un montaje lleno de desgarradora actualidad, que se mezcla en el tiempo dejándonos en un limbo temporal, en el que las proyecciones de desastres bélicos, enfrentamientos deportivos y tragedias familiares vienen vestidas con túnicas y trajes de chaqueta.

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Foto Simona Cheli

Esta no es una propuesta sencilla, el espectador debe llegar a ella con todos los sentidos bien despiertos, porque corre el riesgo de poder quedar descolgado o sentirse apabullado ante la espiral de acontecimientos. La historia central no tiene demasiada dificultad, de hecho el director ha optado por centrarse en el suceso principal, deshaciéndose de subtramas, para desarrollarla con más dedicación, aunque eso no quita para que la forma que tiene Manuel De de contar, se despliegue con una alta complejidad no apta para todos los públicos… Cosa que estoy seguro no pretende.

Todo un ejercicio escénico enriquecido con proyecciones, músicas que redondean atmósferas y situaciones, y que de alguna manera me sugieren sabores del teatro alternativo de otros tiempos, en el que no se miraba tanto la pulcritud de la propuesta, si no lograr la contundencia y la denuncia a través de los elementos y del trabajo actoral, creando momentos llenos de dureza y de imágenes poderosas.

Foto Simona Cheli
Foto Simona Cheli

Las interpretaciones, como suele pasar en cualquier estreno, aún son delicadas de someter a juicio, todos sabemos que los cimientos se van asentando a lo largo de las funciones, se van limando imperfecciones, y sobretodo si hablamos de la complejidad con la que tienen que batallar en «Eterno Creón». Pero Jesús Calvo, Iván Ugalde y Manuel Domínguez, se arriesgan y dan cuanto tienen en escena. Eso sí, Carmen Mayordomo se queda con el cetro, ella sigue demostrándonos que es la reina de la entrega, su interpretación es lo más visceral que uno pueda echarse a la cara en el teatro actual y apuesta por enfrentarse al riesgo saltando sin red y sabiendo aterrizar de pie.

Manuel De ha sabido rodearse de un equipo dispuesto, y en sintonía, que da cuerpo a ese universo arriesgado que es «Eterno Creón». Un bocado de realidad que no resulta en absoluto lejano a nosotros.

Título: Eterno Creón Autor: Manuel De (Basado en «La Tebaida» de Jean RacineDirección: Manuel De  Elenco: Carmen Mayordomo, Jesús Calvo, Iván Ugalde y Manuel Domínguez Iluminación: Jesús Antón Espacio Sonoro: Letal Delirios Audiovisuales: Manuel De Escenografía: Carmen Pérez-Luco Lugar: Nave 73

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