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Entreactos Irene Arcos La Casa de la Portera María Inés González Miguel Ángel Cárcano Sara Martín Teatro

Entreactos

Título:
Entreactos

Autor:
María Inés González
Miguel Ángel Cárcano

Lugar:
La Casa de la Portera

Elenco:
Irene Arcos (Elena)
Sara Martín (Julia)

Escenografía:
Alberto Puraenvidia

Dirección:
Miguel Ángel Cárcano

Antes de anoche estuve en casa de unas amigas… o al menos esa es la sensación con la que vi «Entreactos» de María Inés González y Miguel Ángel Cárcano, que se representa todos los viernes en La Casa de la Portera (Sí, de nuevo estuve allí).
«Entreactos» cuenta la relación entre Julia y Elena a lo largo de 10 años. Instantes recogidos que hablan de los diferentes estados por los que transcurre la vida de cualquier pareja; que sea una pareja de mujeres es irrelevante, el transitar que cuentan es el de cualquiera de nosotros, más allá de nuestras inclinaciones sexuales. El texto no se mete en este tipo de jardines, ni hace sobreesfuerzos para «normalizar» ningún aspecto de sus vidas. Son dos seres que se conocen, se enamoran y deciden emprender un proyecto de futuro, punto. De hecho, creo que ya le estoy dedicando más líneas de las necesarias a este aspecto de la función.
Es inevitable sentirse identificado con ellas, con esos instantes que nacen y laten en un mismo lugar, esos entreactos que transcurren en el sofá de Elena
María Inés González y Miguel Ángel Cárcano logran recrear las sensaciones que todos hemos vivido en algún momento de nuestras vidas en pareja.
Cárcano, como director de la función, logra que nos entreguemos al juego de revivir con estas dos mujeres la excitación del primer momento, ese primer beso, los primeros pasos como pareja, los proyectos de futuro, conocer la manías del otro…y también cómo todo esto deviene en rutina. 
A esto hay que añadirle los aspectos individuales, las ambiciones personales, las frustraciones, que de alguna manera acaban por influir en el crecimiento más o menos sano de una relación. Nuestros temores, los sueños, las esperanzas que a veces nos avergüenza exteriorizas hasta con nuestra pareja.
Irene Arcos y Sara Martín hacen con su interpretación tan sincera y cercana que todos seamos un poco Elena y Julia, que sus besos nos sepan también a nosotros, que sus sonrisas las hagamos nuestras y que sus lágrimas nos empapen por dentro. Logran que nos sintamos plenamente identificados con su día a día. 
Es cierto que hay momentos en los que me faltó cierta evolución en los personajes para acabar por llegar a ver esos 10 años de viaje en los que transcurren los «Entreactos«, que no sólo fueran referencias del texto, pero por lo demás sentí la cercanía hacia ellas como para querer involucrarme en su propuesta.
Ver a Irene Arcos y Sara Martín representándonos estos diferentes instantes de la vida de Julia y Elena transmite esa sensación de que todo lo que sucede es fruto del momento, hay algo en sus miradas, en sus gestos, en su forma de hablar que hace que todo fluya con un aire de casualidad que apetece y que se agradece.
Hay mucha belleza dentro de esta historia llena de cotidianidad; es cierto que quizá es más de lo mismo, la historia de una pareja sin más, sin grandes conflictos, sin dramas devastadores o emociones desmedidas, pero puede que su atractivo resida precisamente en eso, en que sus vidas sean tan similares a las nuestras. En ver una función que habla de nosotros. Donde no hay malos ni hay buenos, donde a veces los sueños se cumplen a medias o donde uno acaba en un punto en el que no se hubiera querido encontrar, pero que asume y lo lleva como puede.
Salí de la función feliz, con una inyección de vitalidad. Es cierto que el regusto que se me quedó fue agridulce, pero como soy un tipo optimista, salí pensando en positivo. Queriendo a Elena y a Julia, como si fueran mis contradicciones interiores. Apeteciéndome seguir amando mi día a día y disfrutando de mis Entreactos personales.
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Antonio Muñoz de Mesa Iván Villanueva La Pensión de las Pulgas La Visita Olga Margallo Rosa Mariscal Teatro Uroc Teatro

La Visita

Título:
La Visita

Autor:
Antonio Muñoz de Mesa

Lugar:
La Pensión de las Pulgas

Elenco:
Iván Villanueva (Padre Lucio)
Rosa Mariscal (Esther)

Producción:
Olga Margallo
Uroc Teatro

Dirección:
Antonio Muñoz de Mesa

Y mira que sigo acudiendo con asiduidad a La Pensión de las Pulgas, creo que ya tengo hecho el pleno de programación para este mes, y aun así sigo sorprendiéndome de lo que me puedo llegar a encontrar.
El pasado sábado fui a ver “La Visita” que ya ha cumplido ocho meses de éxito en La Casa de la Portera y ahora comienza nuevo periplo en La Pensión de las Pulgas.
Después de tanto tiempo en cartel, seguro que no voy a aportar nada nuevo a lo que ya se ha dicho sobre este montaje escrito y dirigido por Antonio Muñoz de Mesa y que viene de la mano de la siempre eficiente Uroc Teatro, pero no puedo dejar pasar la ocasión de alabarla.

Un texto sobresaliente, inteligente, engarzado con exquisitez, que contiene tanto esperándonos escondido entre sus líneas que no solo debería verse, si no que habría que leerlo y releerlo, para deleitarse y escandalizarse una y otra vez con todo lo que guarda. Sus personajes no se andan con medias tintas, afrontan con ojos retadores el tema principal de la función, con el descaro de quien se sabe dominante en una situación tan espinosa como esta.

Que se hable del problema de la pederastia en la iglesia de una forma tan directa y con ese tufo tan retorcido y mercantilista, pero tan real, hace que sea inevitable que se nos pongan los pelos de punta. Se nos lanza la trama a la cara con una cotidianidad tan repugnante, que es inevitable quedar en shock. Confieso que no soy muy “escandalizable”, que incluso disfruto cuando las historias que me cuentan me hacen entrar en una línea de pensamiento incomoda, pero “La Visita” me provocó momentos en los que tuve que echarme las manos a la boca como gesto bloqueador de exclamaciones en voz alta, incluso sentí el impulso de ponerme en pie de la tensión que me generó la forma en la que se cuenta todo. Porque la virtud de esta función es esa, el “cómo” lo cuenta, porque por desgracia, con tanta sobredosis informativa, uno acaba por inmunizarse ante cualquier tipo de drama, pero cuando se muestra esa brutal realidad en la que nos recuerdan que no somos más que meras transacciones, es imposible no escandalizarse y, sobretodo, sentir asco y temor.

Es apasionante, si se puede utilizar ese calificativo para semejante situación, seguir el transcurso de esta función donde presenciamos el brutal choque de trenes entre La Iglesia y las aseguradoras; plagada de giros sorprendentes, escondidos en unas líneas de diálogo tan vibrantes y brillantes. Esta función derrocha una astuta inteligencia que logra atrapar aunque el tema nos provoque tanto rechazo. 

Y si el texto es soberbio, las interpretaciones de Iván Villanueva y Rosa Mariscal son sobresalientes. 

Terrible la naturalidad con la que afrontan la situación; la cretina sinceridad con la que el Padre Lucio habla de esa velada realidad y los conflictos morales de Esther como madre y agente de seguros. Dan una dimensión escalofriante a estos dos personajes que juegan a una doble moral y de términos ambiguos que resulta repulsivo. El pulso que mantienen durante toda la función es formidable, logran un tempo aparentemente sosegado donde la tensión es muchas veces tan insoportable que hacen que el público no deje de removerse incómodo en sus asientos y provocar carcajadas en situaciones detestables; tanto es así que uno no puede dejar de mirar al resto de espectadores para comprobar que también han caído en esa terrible risa y así calmar la conciencia. 

“La Visita” es un viaje por un campo de minas que asusta, repugna y enfada, por ofrecernos una terrible y desalentadora realidad de la que somos conscientes y de la que nos sabemos meras piezas de ajedrez que se mueven a su entero antojo; y por la que os recomiendo que os dejéis provocar.

Una fantástica muestra de lo grande que es la generación de dramaturgos y el teatro tan extraordinario que tenemos la fortuna de ver crecer.

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Ahora Empiezan Las Vacaciones El Pelícano Juan Codina La Casa de la Portera Lola Casamayor Luis Luque Paco Bezerra Raúl Tejón Raquel Pérez Strindberg Teatro

Ahora Empiezan Las Vacaciones

Título:
Ahora Empiezan Las Vacaciones

Autor:
Paco Bezerra
(Versión de «El Pelícano» de Strindberg)

Lugar:
La Casa de la Portera

Elenco:
Lola Casamayor
Juan Codina
Raquel Pérez
Raúl Tejón

Producción:
Teatro Portátil y La Casa de la Portera

Ayudante de Dirección:
Eduardo del Olmo

Dirección:
Luis Luque

Yo sé que vais a comenzar a pensar, si no lo habéis hecho ya, que en el momento que entro en La Casa de la Portera pierdo toda objetividad y me entrego a la locura de ensalzar todo lo que veo allí, pero es que si no os habéis dejado caer por semejante lugar, no sabéis lo que se despierta dentro de uno cuando vive las cosas que se fraguan allí…
Han tenido que pasar cuatro temporadas para que vaya a ver «Ahora Empiezan Las Vacaciones»… No tengo excusa, lo sé, y ahora, después de verla, yo mismo pienso que no sé en qué andaba pensando para no haberlo hecho antes y haber venido devotamente en peregrinación a cada una de sus reposiciones.
Esta es una versión de Paco Bezerra inspirada en «El Pelícano» de August Strindberg, la idea parte de un dicho según el cual, si el pelícano hembra ve que sus crías están sufriendo por pasar hambre, es capaz de abrirse el pecho con su propio pico para alimentarlas de su sangre. Con esta premisa parte la historia de esta familia que vive encerrada en una atmósfera insana, conviviendo con secretos soterrados que les mantienen en un limbo enfermizo, en el que han aprendido a vivir masticando silenciosamente sus miserias.
Este texto es pura hiel. Desde el mismo momento que comienza la función se nota lo agrio del ambiente, el espesor y la turbiedad del aire, que lo hacen casi irrespirable. 
Luis Luque dirige una descarnada pieza en la que florecen los instintos primarios del ser humano como animal que es. La madre pare a sus hijos, los mantiene el tiempo justo para que sobrevivan por si solos (y casi ni eso), pero en el momento que esos hijos ya se valen por ellos mismos, sobran, son estorbos, e incluso se convierten en rivales para esta posesiva mantis religiosa. El problema surge cuando a ese instinto animal se le añade la codicia y la conciencia humanas, y lo que en principio sonaba a pura ley de vida, se convierte en un enfermo comportamiento de desarraigo de esta mujer con el corazón hueco, cegada por el latido de la ambición, tan ciega que cuando el depredador, volviendo al simil animal, ronda su territorio, ella es incapaz de verlo, convirtiéndose en otro estúpido eslabón de la cadena alimentaria.
Durante todo la función hay una sensación profunda de dolor por parte de esos hijos que piden a gritos unas migajas de amor; que han sufrido el más brutal de los desprecios, unos seres a los que se les ha intentado asfixiar el ansia de cariño, que jamás han conocido el calor de un abrazo. Dos seres desvalidos que no tienen hueco dentro de esta vida y a los que se lo han hecho saber de la manera más cruel.
Vi la función absolutamente sobrecogido, aterrorizado con las situaciones que se iban sucediendo en este salón rojo de La Casa de la Portera. Hubo un punto en el que se me hizo un nudo en la garganta que se iba apretando más y más, y acabé por sentirme tan pequeño y arrinconado que a cada movimiento amenazador por parte de los personajes, no podía evitar saltar en mi sitio, temiendo colarme dentro de la función y que ellos acabaran por posar sus ojos en mi.
Es abrumador el sentimiento de desasosiego que Luis Luque consigue provocarnos, es tan doloroso que cuando se aproxima el final, uno casi siente felicidad por el paso hacia la liberación que van a dar estos dos hermanos… Demoledor.
Lola Casamayor está soberbia como La Madre, un personaje profundamente odioso, rastrero, que asquea más y más a cada segundo que pasa y que pone los pelos de punta. Es un placer verla interpretar a tan poquita distancia y disfrutar de todas sus reacciones, de esa mirada que supura rabia.
Raúl Tejón es terrorífico. La frialdad de sus parlamentos, esos movimientos pausados, llenos de amenaza, esas explosiones de rabia… Es un placer, escalofriante, descubrir nuevos aspectos en su forma de interpretar.
Juan Codina y Raquel Pérez son seres de otro planeta, lo que estos dos actores son capaces de transmitir, la evolución que sufren se aprecia hasta en su degradación física, es absolutamente maravilloso; parece que han nacido para interpretar a estos dos hermanos. Pocas veces he sufrido junto a un personaje como lo he hecho con ellos, casi sentía mi mano apretando las suyas en ese fabuloso final.
Los cuatros actores junto a su director hacen un trabajo magistral. Lo que consiguieron provocarme con sus interpretaciones a nivel sensorial es tan grande que no se merecen más que elogios desmedidos por mi parte y aplausos, muchos aplausos. Nunca había sentido el poder tan brutal de colarme dentro de un espectáculo de la manera que lo han conseguido ellos.
Si vosotros sois como yo, que os habéis dejado estar y aún no habéis vivido este «Ahora Empiezan Las Vacaciones», no lo dejéis pasar por más tiempo. Aún estáis a tiempo de vivir una de las mejores funciones que he podido ver en muchísimo tiempo.
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Cristina Soria David Tortosa Jorge Monje Laura Molpeceres Maggie Civantos Sala AZarte Teatro Un Balcón Con Vistas

Un Balcón Con Vistas

Titulo:
Un Balcón con Vistas

Autor:
Laura Molpeceres

Lugar:
Sala AZarte

Elenco:
Maggie Civantes
Jorge Monje
David Tortosa
Cristina Soria

Escenografía:
Irene Herrarte
Alfonso Díez

Iluminación:
Aitor Delgado

Dirección:
Laura Molpeceres


Cuando vemos una comedia, por lo general, caemos en hacer una valoración excesivamente ligera. Supongo que eso es debido a que cuando uno se ríe, lo pasa bien y no tiene que pedirle a su corazón que se encoja de sufrimiento, parece que no lo aprecia igual… Una injusticia en toda regla en la que todos hemos caído en más de una ocasión.
Pero voy a bajarme de la pedantería analítica para contaros qué es lo que uno se puede encontrar en “Un Balcón Con Vistas”.
Es una función que nace con el sencillo propósito de divertir al espectador, con un ritmo enloquecido desde el comienzo hasta el final, perfectamente bien llevado por sus protagonistas, donde los actores se enredan entre ellos, juegan y hacen de esta comedia, una locura de 60 minutos sin un momento para respirar, convirtiéndola en una especie de loca atracción de feria, que sube, baja, gira bruscamente, y que cuando uno cree que ha tocado techo, encuentra un nuevo giro con el que sorprender.
Tiene cierto aire a sitcom, con unos personajes entrañables. Más allá del carácter de cada uno de ellos, todos tienen ese punto amable que hace que no sepas por quien decantarte, en unos momentos eres afín a uno y al momento te encuentras dándole la razón al que es contrario.
Con unos diálogos escritos por Laura Molpeceres, que también es la responsable de la dirección, ágiles, inteligentes, que se retuercen por si solos y se desenrollan como un matasuegras o como una pedorreta burlona; con unas situaciones que surgen tan espontáneas que uno no sabe si está viendo al actor improvisar o lo que está viendo es fruto del libreto. Vemos enloquecer a los personajes, tropezarse, atropellarse, dibujar situaciones paralelas a la acción que, posteriormente, cobrarán protagonismo en la trama principal, miradas, gestos, todo está perfectamente medido.
Maggie Civantos, David Tortosa, Cristina Soria y Jorge Monje funcionan como una fantástica maquinaria bien engrasada, están sincronizados, y demuestran ser auténticos “cartoons” encerrados en cuerpos de carne y hueso, que salen a escena a jugar, con ganas de divertirse, y lograr que pasemos un magnífico rato de carcajadas y locura. 
Un trabajo agotador, detallista y muy bien tratado, en el que se intuyen esas «antenitas» que deben tener los actores que trabajan al servicio de la función, para enriquecerla con sus acciones y alimentarla con todo lo que suceda a su alrededor.
Hacer comedia no es nada sencillo y, sin embargo, ellos logran convencernos de que sí lo es; saben llevar el tempo con soltura, los gags duran lo justo para disfrutarlos y querer que vengan más y logran que salgamos con la sonrisa puesta.

Creo que las pretensiones de este juguete cómico no son otras que las de lograr que el espectador se deje llevar por la historia, se ría con ganas y disfrute de un agradable rato de entretenimiento.
Ahora han parado las representaciones por unos días, pero en breve prometen volver a mostrarnos lo que hay tras ese balcón con vistas, así que estad atentos porque, si tenéis ganas de echaros una buena comedia a los ojos, ellos tienen entre manos lo que estáis buscando.

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Alfonso Torregrosa Carlos Be Carlos López David González Dorian Francisco Dávila Javier Prieto Jorge Cabrera La Pensión de las Pulgas Oscar Wilde Teatro The Zombie Company

Dorian

Titulo:
Dorian

Autor:
Carlos Be
(Basada en «El Retrato de Dorian Gray» de Oscar Wilde)

Lugar:
La Pensión de las Pulgas

Elenco:
Jorge Cabrera
Francisco Dávila
David González
Carlos López
Javier Prieto
Alfonso Torregrosa

Entrenamiento Actoral:
Fran Arráez

Vestuario:                                            Maquillaje:                             Peluquería:
José Martret y Juan Pablo Pérez       Vanessa HD Makeup            Peinate Tú

Espacio Escénico:                               Música:                                   Producción:
Alberto Puraenvidia                          Algora y Dani Campos           Sara Luesma

Ayudante de Dirección:
Pablo Martínez Bravo

Dirección:
Carlos Be

El martes pasado volví a traspasar el umbral a otra dimensión, esa en la que habita The Zombie Company. Una dimensión a la que me gusta viajar de vez en cuando porque hace que se desperecen en mi interior esos instintos que normalmente uno contiene, por aquello de ser socialmente aceptado.
En La Pensión de las Pulgas “La Zombie” abre un portal espacio-temporal desde el que uno puede estar simultáneamente a comienzos del siglo XXI o finales del XIX y en Madrid, Praga, Nueva York y Bogotá a la vez. Y todo para redescubrir, con los ojos de Carlos Be, un clásico como “El Retrato de Dorian Gary” de Oscar Wilde. Una visión que respeta la esencia del original, pero del que destierra todo elemento fantástico para mostrar una sordidez que en el 1890 quedó astutamente maquillada por la mano de Wilde y que ahora, en el 2014, se muestra tal cual podría haber sido, directamente de la mano de Be.
 
Una historia que supura sordidez, deseo, sexo y muerte; que se deja contemplar impúdica, y nos provoca ciertas reticencias al mirarla, como cuando uno no sabe si dar el paso que traspasa ciertos límites no permitidos del placer.
«Dorian» es la marca de la perdición. Bajo esa apariencia de joven deseable, provocador, dispuesto a conceder un momento de morboso descontrol al pobre mortal, se esconde la turbiedad y lo enfermizo del ser humano. Los personajes que habitan esta pieza son víctimas de esa maldición de fría e inocente mirada azul que es Dorian.
Dorian sufre, es consciente de ser un virus que destruye cuanto (¿ama?) desea, pero se siente cada vez más atraído por la oscuridad y la sordidez, el sadismo de quien se sabe poseedor de poder e insoportablemente superior, y desde ahí contempla, atormentado a veces, encandilado otras, la destrucción que genera y de la que siempre sale impune. Adoptando la imagen de una especie de encarnación vampírica e inmortal.
¿Por qué nadie huye? ¿Por qué no escapan? ¿Por qué se empeñan en seguir atados a él hasta que es demasiado tarde? Porque él es reflejo de nuestros más oscuros deseos y nadie puede separarse de algo que se lleva dentro, aunque sea el mismo infierno.
 
Un texto de ingeniosos diálogos, con una complejidad y una poética al más puro estilo de sus autores (Wilde y Be). Un texto que juega y se pasea por espacios y tiempos indeterminados, y que genera un ambiente decadente y (per)turbador que empapa al espectador hasta que este se siente parte involucrada; lástima que a veces es interrumpido por un exceso de cambios entre habitaciones que afectan el fluir de la función. Es cierto que las atmósferas son las apropiadas y están brillantemente logradas, pero estas rupturas hacen que cueste volver a enganchar con la historia y es que, a veces, son tan breves que uno no llega a “reengancharse” cuando se encuentra con que hay que volver a cambiar. El juego al que se presta La Pensión de las Pulgas es un arma de doble filo con el que hay que tener cuidado para no «matar» el ritmo.

Si algo hay que aplaudir a The Zombie Company es la generosidad y disposición de sus actores para darse tanto como el montaje y su director exijan, y no es poco. Siempre son interpretaciones arriesgadas, difíciles de poner en pie sin un verdadero compromiso, y que no son trabajo que “cualquier” actor quiera, o sea capaz de, llevar a cabo.

Ahí tenemos a este maravilloso elenco en el que la mayoría dobla o incluso triplica personajes, masculinos y femeninos, y lo hacen con grandeza. Uno sale de ver la función realmente satisfecho del trabajo realizado por Jorge Cabrera, Francisco Dávila, David González, Carlos López, Javier Prieto y Alfonso Torregrosa, y los menciono así, sin diferenciar ni individualizar personajes para que la sorpresa se mantenga al ver la función. Tan solo decir que ponen toda la carne en el asador y se entregan a realizar un trabajo muy bien ejecutado y muy serio. Perfectas composiciones que hacen que la esencia de lo que escribió Oscar Wilde permanezca en ellos, son deseables en algunos cosas, detestables en otros, luminosos y extrañamente entrañables. Carlos Be los dirige con inteligencia, ofreciendo momentos y apariciones estelares, ahí están Sibyl, Victoria, Agata… Sus canciones… La ambigüedad en sus acciones… Que nos deje con la miel en los labios… Que nos haga sentir repugnancia, que en ocasiones sugiera en vez de mostrar…
La contundencia que adquirirán con el paso de las funciones puede llegar a ser sobrecogedora, estoy seguro de ello.

Esta versión es una pieza que juega con nosotros, nos excita, que se cuela en nuestros pantalones, nos roza con sus labios, que jadea en nuestros oídos, que nos atrae con un innegable morbo vicioso que, aunque nos hace sentir sucios, nos da placer experimentar, y que acaba por arrastrarnos hacía el terreno más repulsivo y enfermizo del deseo, aquel en el que acaban condenándose estos personajes. Provocando que salgamos masticando un regusto amargo que no nos es del todo ajeno.

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Alba Valldaura Iaia.Memoria histórica Nave 73 Teatro

Iaia. Memoria Histórica

Título:
Iaia. Memoria Histórica

Lugar:
Nave73

Elenco:
Alba Valldaura

Escenografía:
Jordi Viñas
Alba Valldaura

Iluminación:
Joan Grané

Sonido:
Arnau Vidal

Dirección:
Alba Valldaura

Me está resutando complicadísimo poder plasmar en palabras todo lo que «Iaia. Memoria Histórica» despertó en mi el día que tuve la suerte de poder verla.
Uno piensa que cuanto mas le gusta algo, más sencillo le resulta escribir sobre ello, pero es todo lo contrario… Quieres plasmar con tal exactitud lo que te sucedió por dentro que no encuentras las palabras apropiadas que le hagan justicia. Intentaré hacerlo lo mejor que pueda.

«Iaia. Memoria Histórica» no es una función de teatro al uso, es visitar a esta señora catalana de 96 años, y sentarse a escuchar cuanto quiera decir, sin más, dejando que sus recuerdos afloren, y aprender de cuanto nos quiera enseñar.
Un viaje de ida y vuelta a través de la memoria española del siglo XX, pero sin grandes filigranas ni aspavientos. Desde la perspectiva de una persona que lo único que hizo fue vivir dicha época y que cuenta cómo fue aquello, cómo era su familia, su marido, ella misma… una historia que nos habla de la alegría de vivir, que no se olvida ni magnifica los aspectos mas oscuros, simplemente los asume y los encaja en su transitar; que habla de la guerra civil, aportándole la visión de quien le tocó aprender a compaginar su día a día con ese terrible momento histórico. 
Como bien dice Iaia: «En la vida hay que pasar página, pero antes hay que leérsela».
 
Todo ello utilizando varios lenguajes teatrales que se entremezclan y fluyen con absoluta naturalidad, con tal sutileza en el tratamiento de todos los temas que toca, tal delicadeza, que hace que nos sobrecojan aún mas y sabiendo contarnos la crudeza de una época amarga, incluso con un sentido del humor exquisito.
Ver a Alba Valldaura en escena interpretando esta Iaia, es presenciar la magia en primera persona. Casi me atrevería a decir que tiene algo de sobrenatural el trabajo que hace esta actriz. 
Maneja su fisicidad de tal manera que es capaz de mutar de edad a voluntad sin que uno, aún mirándola fijamente, sea capaz decir en qué momento se ha producido la transformación, en qué momento se borran las sombras de la vejez para dar paso a la luminosidad de una muchacha a punto de casarse, o todo lo contrario, como los años consumen un cuerpo y una voz en cuestión de segundos y a ojos del espectador. Y que se atreve a rizar el rizo con ese momento final en el que una sola actriz es capaz de hacernos ver a dos personas ocupando el mismo espacio, a pesar de estar presenciando un monólogo. 
Su composición de personaje es de los que uno ve una única vez en la vida y hace que, por ese mismo motivo, nos sintamos privilegiados. 
Un trabajo hecho desde la sencillez, con poquísimo elementos en los que apoyarse, para levantar una historia que, aunque parezca mínima, es enorme. 
Quizá el texto no sea el más brillante, ni el mas conmovedor, pero Alba lo convierte en un pequeño golpe de genialidad que nadie debería perderse. Sin lugar a dudas, la mejor interpretación femenina desde hace mucho tiempo.
Una función que nos dice que la vida no es solo una «cosa», que es una madeja de situaciones teñida de todos los colores que hay que saber apreciar, porque continúa hacia adelante sin darnos un respiro y hay que saber vivirla. 
Una función que nos muestra cómo es posible que la cotidianidad, nuestro día a día, esté lleno de poesía y belleza, incluso en los momentos duros.  Y que tiene la capacidad de tocar una tecla única y especial dentro de nosotros, y que nos hace salir sintiéndonos diferentes. 
Una absoluta belleza.
 
Me atrevo a decir que es obligatorio ir a visitar a la Iaia, antes de que se marche.
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Concha Velasco Hécuba José Carlos Plaza José Pedro Carrión Juan Mayorga María Isasi Pilar Bayona Teatro Teatro Español

Hécuba

Título:
Hécuba

Autor:
Eurípides

Versión:
Juan Mayorga

Lugar:
Teatro Español

Elenco:
Concha Velasco
José Pedro Carrión
Juan Gea
Pilar Bayona
María Isasi
Alberto Iglesias
Luis Rallo
Alberto Berzal
Denise Perdikidis
Marta d la Aldea
Zaira Montes
Alberto Yuste
Sergio Castellanos

Escenografía:                                    Iluminación:                           Vestuario:
José Carlos Plaza                            Toño Camacho                      Pedro Moreno

Música y Espacio Sonoro:                Caracterización:                      Maquillaje y Peluquería:
Mariano Díaz                                  Juan Pedro Hernández          Gema Solanilla

Ayudante de Dirección:
Jorge Torres

Dirección:
José Carlos Plaza

Después de mucha carretera, cosa rara en los tiempos que corren, llega al Teatro Español esta versión de «Hécuba» de Eurípides, dirigida por José Carlos Plaza y estrenada en el pasado Festival de Teatro Clásico de Mérida.
Una nueva excusa para salir corriendo a ver a Concha Velasco sobre las tablas que, menos mal, dijo con la boca chica aquello de que se iba a retirar.
Esta vez lo que se nos presenta es una tragedia griega hecha con todos los elementos de las mismas, sin adpataciones a los tiempos modernos, ni más monsegar por el estilo; esta vez se presenta el montaje tal cual, con una versión realizada por el gran Juan Mayorga, y eso ya es garantía para saber que lo que se va a ver, como mínimo, está hecho con todo el cuidado y mimo del mundo.
Un montaje que visto en el Teatro Romano de Mérida tuvo que ser espectacular, grandioso, y que en el Teatro Español, aunque en un espacio mas reducido, no desluce en absoluto. Y es que ese teatro engrandece cuanto reposa sobre sus tablas, calidades artísticas, en algunos casos, a parte. 
Una escenografía ideada por el propio director, José Carlos Plaza que nos transporta al universo de esta Hécuba destruida por las desgracias que le ha deparado y le sigue deparando el destino. La ambientación, las caracterizaciones, todo juega a favor de un montaje que está hecho para abstraernos de nuestro mundo y, con la magia de la imaginación, viajar hasta esa Troya devastada por los griegos. (siempre y cuando cierta alcaldesa maleducada no se niegue a apagar su móvil durante la función y mostrar su rostro iluminado en la oscuridad de la sala, sin respeto alguno por espectadores y profesionales que comparten espacio con ella…)
Un comienzo bello, con ese doloroso coro anunciando la entrada en escena de la destronada Hécuba, hace que esperemos algo grande, las expectativas así nos lo exigen; un coro que me convencía y me estaba agradando desempeñando su labor dentro de la tragedia, al igual que la música de Mariano Díaz, hasta ese momento culmen en el que los tambores dan paso a una instrumentalización más moderna que rompe todo lo creado y, para mi gusto, tira por tierra la emoción y la ambientación lograda. Y es que más allá de lo esperado, esta función tiene momentos algo irregulares, la mezcla de los diferentes tipos de interpretación que muestran los miembros del elenco hace que haya muchos baches que sortear para entregarse a la historia. No hay un código general que abarque tanto estilo interpretativo diferente y a veces hay que hacer un doble esfuerzo por creer y comprender lo que nos cuentan. Aunque para la segunda mitad de función la cosa se calma, paradójicamente con lo que se vive en esos momentos de la función, y uno logra disfrutar de un desenlace mas que digno.
Hay interpretaciones que son pura declamación, voces maravillosas para la escena, que son lecciones de teatro vivas, pero que a mi personalmente no me transmiten emoción alguna. Siempre con todo el respeto y admiración, pero es un tipo de interpretación que no me llega nada, la veo, la aprecio, pero no me convence. Veo a José Pedro Carrión o a Juan Gea y me quedo con la sensación de que hay mucho más dentro de ellos de lo que realmente nos están dando, creo que José Carlos Plaza les deja hacer lo que ya saben, apostando sobre seguro, sin molestarse en encontrar nuevos recodos en sus interpretaciones que sumen al montaje; las cuales, como las de todo actor, respeto profundamente, más allá de compartirlas o no.
Sin embargo hay actuaciones como la de María Isasi que, desde la sencillez, me transmitieron la esencia de su personaje, o esa Pilar Bayona, presencia tan necesaria durante la función, que apenas tiene líneas de diálogo y demuestra una calidad interpretativa magnífica. También Alberto Berzal y Alberto Iglesias realizan una labor interesante, que aporta emoción e intensidad a la producción.
Y como no, Concha Velasco que crece y crece a cada montaje, actriz que se expande, que se hace grande por momentos y que logra llevar la batuta de esta tragedia con toda la dignidad de una Gran Dama del Teatro, cosa que es, y con una generosidad a nivel interpretativo que la magnifica aún mas. Eso sí, de vez en cuando se le escapan ramalazos de «La Velasco» asomándose tras su Hécuba ofreciendo algún guiño innecesario, remarcador de intenciones; algo perdonable para alguien que le echa tantos «ovarios» a su carrera y que, a sus 74 años, aún se arriesga y se planta esta tragedia griega por montera, aprobando con nota. 
Que Concha siga amenazando con retirarse, sin cumplirlo ¡por supuesto!, porque nos está haciendo disfrutar de una actriz que es a cada función más inmensa que su propio nombre.
«Hécuba» es una función que hay que ver, sobretodo por seguir descubriendo a una Concha Velasco que no deja de arriesgar, crecer y ofrecer aspectos nuevos en su carrera, y por ver un montaje con tintes grandiosos y clásicos que de vez en cuando son necesarios para no olvidar las raices del teatro universal. 
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Amantes Álvaro del Amo CDN Marc Clotet Marta Belaustegui Natalia Sánchez Teatro Teatro Valle Inclán Vicente Aranda

Amantes



Título:

Amantes

Autor:
Álvaro del Amo
(Basado en un guión de 
Carlos Pérez Merinero,
Vicente Aranda y Álvaro del Amo)

Lugar:
Teatro Valle Inclán (Sala Francisco Nieva)

Elenco:
Marta Belaustegui (Luisa)
Marc Clotet (Paco)
Natalia Sánchez (Trini)

Escenografía:
Paco Azorín

Iluminación:
Nicolás Fitschel

Espacio Sonoro:
Mariano García

Ayudante de Dirección:
César Barló

Dirección:
Álvaro del Amo

“Amantes” es de esas películas que guardé en el recuerdo de mi adolescencia por la turbación que me causó cuando la vi, allá por el 1991, recuerdo esas escenas cargadas de erotismo y sexualidad; y el dolor y la tristeza infinita que me provocó ese terrible desenlace, que hizo que no me atreviera a volver a verla nunca más. Las palabras de la Trini de Maribel Verdú me produjeron tanta congoja que he temido volver a escucharlas hasta el día de hoy. A lo mejor soy un exagerado, pero son los efectos del recuerdo.

Ver programada una versión teatral de esta película hizo que me decidiera a aceptar el desafío de volver a pasar por el trance de revivir ese final, incluso pensando que en teatro, en vivo, me iba a impresionar mucho mas… y eso es lo malo, que uno ya va con las expectativas muy altas y con alguna que otra reticencia con el reparto.
Confieso que cuando vi el reparto al que se le había hecho el encargo de poner en pie la versión teatral de este clásico del cine español, tuve mis prejuicios. Es complicado quitarse de la cabeza esas maravillosas interpretaciones de Maribel Verdú y Victoria Abril, o ese Jorge Sanz fruto de mis más íntimos y húmedos deseos de la época.
 Ahora el turno de poner en pie «Amantes» es de Álvaro del Amo que, muy sabiamente (aunque no tan acertado en algún caso), ha jugado a romper con lo que ya habíamos visto en la película de Vicente Aranda.
La premisa es la misma, una pareja, Paco y Trini, planea un futuro en común tras la finalización del servicio militar de él, hasta que se cruza por medio Luisa, la casera que aloja a Paco, a quien introduce en una espiral de estafas y sexo, destrozando la idílica armonía de la pareja.
Lástima que el adaptación teatral peque de estar excesivamente fragmentada, con diálogos poco creibles en boca del actor, quien lucha por conseguir convencernos sin lograrlo en muchas ocasiones. 
Situaciones excesivamente esquemáticas que, más allá de recrear lo que ya contaba la historia, puesto en escena, no llegan a provocar emoción ni dejan salir la tragedia que porta con la contundencia que merece.

La propuesta de Álvaro del Amopelea por diferenciarse tanto de la película, que se deja por el camino toda la esencia de la historia, las relaciones descarnadas, la sexualidad, los celos, las tensiones, el drama… todo queda en medias tintas, provocando que sea irremediable que el espectador acabe por anhelar la película de Aranda. Y es que en la película había secuencias memorables que uno, como espectador, desea no ver repetidas, pero sí reinventadas al lenguaje teatral y, sin embargo, en muchos casos se opta por obviarlas, dejando la historia en algo ciertamente poco interesante. ¿Dónde está esa viuda negra? ¿Dónde está ese sexo perturbador y excitante? ¿Dónde están esas escenas en las que saltaban chispas entre los personajes? Y no, ese final que tanto temía y deseaba volver a revivir hecho teatro, tampoco está.
Me gustó la propuesta escénica de Paco Azorín que divide los ambientes y a la vez los entremezcla, que los une y los separa, atrayendo a todos los personajes hacia el mismo punto, donde no pueden evitar encontrarse, unas veces tan solo en pensamientos, en sueños, y otras, las más devastadoras, en persona. Acertada propuesta que se desmarca del original, aportando un aire de originalidad y teatralidad que resulta interesante y que funciona por momentos.
Si hablamos de los actores debo decir que decidí no hacer comparaciones, sería muy injusto por mi parte, y muy desagradecido e irrespetuoso con los profesionales que intentan poner en pie esta propuesta. Pero hablando del trabajo visto, creo que Marta Belaustegui no da con el tono adecuado para Luisa, su personaje queda desdibujado, poco definido y sin la intensidad que justifique el desarrollo de la historia, aunque creo que esto está causado más por la floja adaptación, difícil de defender, que por su labor actoral, y la química sexual entre ella y Marc Clotet es francamente nula. 
No me creo que, Paco, sea capaz de hacer los sacrificios que hace por esta Luisa.
A Marc Clotet se le nota la diferencia cuando trabaja con una u otra actriz. Se deja llevar en exceso por las energías de cada una de ellas, dejando la suya en segundo plano, creando unos desniveles interpretativos muy acusados en su personaje; quedando en unas escenas muy velado, con Marta Belaustegui, pero creando otros momentos destacables, con Natalia Sánchez. Aunque hacia el final es cierto que se crece.
Eso sí, y me vais a perdonar la licencia, ¡no se puede ser más bello! Y entiendo perfectamente que cualquiera de estas dos mujeres perdiera los papeles por un ser como él, y aún más con la maravillosa iluminación de Nicolás Fitschel que parece diseñada para ensalzar las virtudes físicas de este actor.
La sorpresa de la función, sin lugar a dudas, es Natalia Sánchez, una actriz a la que fui a ver con todos mis prejuicios y que me los arrancó de un manotazo nada más comenzar la función. Si el resto del montaje no llegó a convencerme, ella me entusiasmó; compré su propuesta y salí encantado de haberla descubierto como una actriz llena de matices y con mucho que ofrecer. Me interesó y me conmovió. Si por algo merece la pena ver la función, es por ella.
No sé si era necesario adaptar al teatro este clásico del cine español, pero creo que la adaptación no ha sido todo lo acertada que uno hubiera deseado. Y estos «Amantes» no brillan en el escenario tanto como brillaron en la pantalla. Quedándose lejos de estar a la altura del original.

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La Esclusa Maica Barroso Michel Azama Sylvie Nys Teatro Teatro del Arte

La Esclusa


Título:

La Esclusa

Autor:
Michel Azama

Versión:
Ángeles Muñoz

Lugar:
Teatro del Arte

Elenco:
Maica Barroso

Dirección:
Sylvie Nys


La Esclusa, dirigida por Sylvie Nys, nos sitúa en los momentos previos a la puesta en libertad de una mujer que ha pasado 16 años en la cárcel por el asesinato de su marido. El momento en el que se encuentra a solas, tras un largo cautiverio, a escasos metros de recuperar su vida; esa vida que ha aprendido a vivir sin ella y que ahora la tiene que volver a aceptar, aunque reservándole una amarga bienvenida, lo primero que debe hacer es acudir al entierro de su madre.
Todo transcurre en una especie de limbo, físico y mental, que es esta esclusa que separa el infierno del cielo o el cielo del infierno (siempre queda la duda), desde donde hace un vertiginoso recorrido por momentos, flashes, que se agolpan en la mente de esta reclusa, preparándola para reemprender un camino que ha quedado en suspenso. El dolor de haber perdido la juventud, la infancia de sus hijos, encerrada, convirtiéndose en un paréntesis para el resto de la humanidad… Supongo que así es la mente de esta mujer a la que retrata, un cúmulo de pensamientos y sentimientos que saltan de un instante a otro de su vida, empachándola de recuerdos para no permitirse un instante de realidad, pues eso ya vendrá por si solo en el momento que supere la esclusa. Todos estos recuerdos atropellados dan a entender que los sentimientos de la reclusa han quedado anestesiados por el trauma de vivir encerrada o que se niega a sentir y permitirse un momento de debilidad que le haría caer al abismo de la desesperación.
Una texto escrito por Michel Azama que resulta más interesante después de visto, macerado en la mente del espectador, que en el momento que es contando; La Esclusa es un recorrido de típicos retazos de instantes carcelarios. 
Me resultó un texto antipático y corto en contenido que a la hora de mostrar el interior de su protagonista se queda en algo demasiado manido. Viéndolo no encontré ningún lugar en común con esta mujer asesina, donde poder llegar a justificar y empatizar con su padecer, a pesar de los intentos por parte de la directora de ofrecer momentos poéticos como la coreografía con la canción de Bebe, desde donde identificar su factor humano o la transformación de la presa en ciudadana de a pie a través del vestuario.
Maica Barroso realiza un trabajo intenso y muy bien ejecutado, desde las tripas, sin tapujos, que nos entrega una interpretación pura, defendiendo un texto complicado de defender. Se entrega a ofrecer un esforzado trabajo de acercamiento desde el mismo momento en el que la escena ilumina su cuerpo tirado en el suelo hasta que la luz de la libertad la deslumbra. Lástima que la historia no la acompañe.
Lo positivo que me llevo de lo que vi fue que una vez pasados los días, en mi cabeza, el montaje toma unos tintes mas interesantes de desgranar, y apetecibles de discutir en una buena charla, que cuando lo presencié; aunque esto debería ser complemento de un montaje que se disfruta y no de una justificación para uno que no me llegó a convencer.
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Alfonso Mendiguchía Alfpache Producciones Chema Moro Patricia Estremera Sala TU Teatro Tierra de Nadie

Tierra De Nadie

Título:

Tierra de Nadie

Autor:
Alfonso Mendiguchía

Lugar:
Sala TÚ

Elenco:
Patricia Estremera (Rita Hervaz)

Voces en off: 
Manuel Pavón, David Tortosa, 
Reme Gómez, Luz Valdenebro y Fran Perea

Asesor de Movimiento:
Alberto Velasco

Producción:
Alfpache Producciones

Ayudante de Dirección:
Chema Moro

Dirección:
Alfonso Mendiguchía

Desde En Un Entreacto intento siempre dar a conocer pequeñas piezas que habitan en las salas del Off de Madrid, que quien me lea (si es que hay alguien ahí), sienta curiosidad o al menos sepa de la existencia de estas alternativas al teatro mas comercial. Ofreciendo desde aquí una ventanita desde la que poder asomarse para que les vea todo aquel que quiera mirar.
Propuestas que viven con la ilusión de llegar a ser conocidas por el público. Que conllevan una cantidad de trabajo y de sacrificios, que muchas veces no llegamos a valorar simplemente por el desconicimiento del gran público.
«Tierra de Nadie» es una de esas propuestas que luchan por asomar la cabeza. 
Hacia la primera mitad del 2013 Alfpache Producciones lanzó un teaser con el que llamar la atención de programadores y ahora, en el mes de Enero, han conseguido verla nacer para un escenario, el de la Sala TÚ que le ha brindado la oportunidad de dar sus primeros cuatro pasitos.
Una historia escrita por Alfonso Mendiguchía y protagonizada por Patricia Estremera, llena de ilusión, de sueños y de superación e incluso de sinsabores y desilusión. Quizá podríamos decir que es una función que habla sobre la maduración.
Nos habla de Margarita, bueno, de Rita, una chica que decide liarse la manta a la cabeza y pelear por su sueño, el de ser actriz. Abandonar la comodidad de un hogar y una familia para probar suerte en la gran ciudad.
A modo de monólogo, Rita nos habla, saltando en el tiempo (y en el escenario) de sus ansias de sacarle todo el jugo a la vida; yendo y viniendo entre recuerdos y situaciones, nos adentramos en su universo particular, donde Rita Hayworth tiene un protagonismo especial, como modelo de lo que nuestra (Marga)Rita quiere llegar a lograr. A lo largo de la función la vemos tropezarse, levantarse, sonreír, luchar, cantar, bailar, volver a caer, amar, pelear y siempre con el brillo en los ojos de la pasión por la vida. 
Lo que en algún momento de la función puede parecer una vida llena de puertas cerradas, es un canto a la vida, a la lucha por nuestros sueños, a la firme convicción de que cada uno debemos crearnos nuestra propia aventura.
Una escenografía que es el portal de entrada al mundo de Rita y que de alguna manera me recordó, por su estructura inclinada, a las Torres Puerta Europa de Madrid; desde donde ella contempla el mundo como si de una funambulista se tratara, igual que su admirado Le Petit Philippe, toda una metáfora que resume su filosofía de vida.
El texto, aunque a veces es excesivamente explicativo, posee una belleza que refleja la cotidianidad de una manera positiva y luminosa que hace que uno salga contagiado de la energía de su protagonista. Con ganas de vivir la vida con todo lo que nos traiga.
Es cierto que tiene un comienzo un tanto confuso, que cuesta engancharse al ritmo de Rita, pero Patricia Estremera enseguida te gana, mirando directamente a los ojos del espectador, haciendo que empaticemos con sus circunstancias. La personalidad de su personaje es un tornado de pasión que quizá aturulla un poco, pero también es cierto que así son las personas que viven con la firme convicción de que hay que comerse la vida a bocados.
Ardua tarea la de que tiene Patricia Estremera, mantener durante toda la función un ritmo tan alto, revoloteando por diferentes momentos y cambiando de estado de ánimo a golpe de foco, a lo largo de hora y poquito que dura «Tierra de Nadie».
Una pequeña golosina a la que nos invitan Alfpache Producciones y que hemos saboreado con gusto y mucho cariño porque sabemos el trabajo que ha llevado lograr ponerlo en escena y que esperamos y les deseamos que sean las primeras de muchas mas.
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