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A la Luna

Ir con un niño por primera vez al teatro es algo mágico y si es con esta función de Voilà Producciones ¡pues aún mejor! A La Luna es un hermosísimo encuentro entre la crudeza de la realidad y un maravilloso mundo donde todo aún es posible… “Todo es posible” ¿Por qué no? Un mensaje lanzado desde la pureza infantil que nos invita a la reflexión ante el desencanto adulto.

A La Luna habla de lo importante que es saber hacer más sencillo el descubrimiento de la vida -Una responsabilidad que muchas veces pasamos por alto- Y de lo necesario que es, por complicado que resulte, añadirle fantasía, poesía e ilusión.

El montaje es una delicia. Qué forma de jugar la de Esther Díaz de Mera haciendo fácil lo complejo, sincronizándose con las proyecciones y logrando que todos, tanto niños como adultos, nos contagiásemos de las ganas y el empeño de viajar a la luna de Tara y sus gansos. Absolutamente brillante el uso del Space Oddity de Bowie en ese viaje por el hiperespacio de cartón, a mi fue lo que terminó de arrebatarme el corazón.

Una función que recomiendo a todo el mundo porque el nudo en la garganta que A La Luna provoca en el adulto, se convierte en ojos de fascinación en los más pequeños y eso es impagable.

(Texto perteneciente a Teatro Madrid)

Ficha del espectáculo:

Dirección: Cynthia Miranda Reparto: Esther Díaz de Mera Idea original: Daniel García Rodríguez y Cynthia Miranda Dramaturgia: Daniel García Rodríguez y Cynthia Miranda Voces: Víctor Manuel Coso y Juan Pedro Schwartz Escenografía: Elisa Cano Rodríguez y Yeray González Decorados: Hipérbole Decorados Audiovisuales: Daniel García Rodríguez Vestuario: Elisa Cano Rodríguez y Yeray González Música original: Oscar Botello Producción: Voilà Producciones

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Teatro

Lo Posible

La mordacidad con la que Neil Labute retrata el comportamiento humano se ha encontrado con un buen aliado en la mirada de José Manuel Carrasco que, escogiendo por título Lo Posible, ha ideado un espectáculo acorde a dos actrices con ganas de “liarda parda”: Noemí Climent y Rut Santamaría. Prueba de ello es ese comienzo, micrófono en boca, que advierte de cómo son las cosas cuando nos adentramos en sus dominios. ¡Macarrismo grado máximo!

Dos piezas, Buenas Suerte (en persa) y Lo Posible, –Sin duda la última es mi favorita– que sin tener aparentemente nada en común demuestran poseer articulaciones compartidas. Las dos hablan de cómo nos comportamos ante los demás, la incesante competitividad a la que estamos sometidos y la supervivencia más rastrera. Una acción-reacción de lo más humano que, por poco que nos guste, nos retrata con certeza. No nos gustan las miserias propias, pero nos divierte cuando las vemos identificadas en el de enfrente, de ahí que las risas estén garantizadas con esta inyección del humor “chungo” de Labute.

Quizá me hubiera gustado encontrar un trazo más definido en la personalidad de cada personaje que marcara la diferencia entre una historia y otra, pero aun así lo pasé en grande sintiéndome intimidado con el reflejo que nos devuelve la propuesta de José Manuel Carrasco.

(Texto perteneciente a Teatro Madrid)

Ficha del espectáculo:

Dirección: José Manuel Carrasco Reparto: Noemi Climent y Rut Santamaría Autor: Neil Labute Traducción y Adaptación: José Manuel Carrasco y Rut Santamaría Escenografía: Edu Parrilla Vestuario: Claudia Perez Esteban Música: Partenika y Marta Sánchez Quintet Diseño gráfico: Julia Yago Fotografía: María La Cartelera y Anita Alvarado Producción: Bronte Producciones

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Teatro

Gross Indecency

Gross Indecency pone sobre el escenario los tres juicios a los que fue sometido Oscar Wilde, un desafortunado suceso que deja a un lado al autor para descubrir al hombre que habitaba tras él. Moisés Kaufman realiza una labor de ensamblaje entre notas, fragmentos de declaraciones, líneas sacadas de biografías y citas del propio autor, para dar forma a la dramaturgia de esta propuesta de teatro documental versionada para la ocasión por David DeGea y Grabriel Olivares, actor perteneciente al elenco y director de la función, respectivamente.

Gabriel Olivares realiza una delicada labor de orfebrería para poner en escena Gross Indecency, engarzando cada uno de los elementos con una exquisitez y una complejidad fascinantes. Quizá el resultado final pueda resultar un tanto barroco, pero ¿por qué no? Le sienta a las mil maravillas. La potencia visual, el ritmo extenuante, la fluidez del transcurso de los acontecimientos y la agilidad de ese fabuloso elenco que de 10 intérpretes hacen uno solo, son esenciales para lograr el nivel de embelesamiento en el que se mantiene al público en las dos horas y veinte minutos, sin entreacto, que dura el espectáculo.

Gross Indecency convierte el escenario de la Sala Jardiel Poncela del Fernán Gómez en un ser vivo que respira y se transforma frente a nuestros ojos, desplegándose y floreciendo a golpe de amarga emoción.

(Texto perteneciente a Teatro Madrid)

Ficha del espectáculo:

Dirección: Gabriel Olivares Reparto: Javier Martín, David DeGea, Eduard Alejandre, César Camino, Alex Cueva, Guillermo San Juan, David Garcia Palencia, Andrés Acevedo, Asier Iturriaga, Alejandro Pantany, Carmen Flores Sandoval Idea original: Moisés Kaufman Adaptación: Gabriel Olivares y David DeGea Ayudante de dirección: Venci Kostov Escenografía: Felype de Lima Iluminación: Carlos Alzueta Sonido: Ricardo Rey Vestuario: Felype de Lima Producción: TeatroLab Madrid y El Reló.

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Comment Te Dire Adieu Gorka Lasaosa María Asensio Nuria Deulofeu Roc Esquius Sala AZarte Sergi Manel Alonso Teatro

Comment Te Dire Adieu

Título:
Comment Te Dire Adieu

Autor:
Sergi Manel Alonso

Lugar:
Sala AZarte

Elenco:
Gorka Lasaosa (Francesc)
María Asensio (Lola)
Nuria Deulofeu (Mónica)
Roc Esquius (Andreu)

Dirección:
Sergi Manel Alonso

Vivo en el extrarradio de Madrid y toda mi vida la he compartido con la gente que arranca su día a día en las marquesinas de los autobuses que los lleva a su trabajo, con esa gente de mirada perdida, que quizá piensa en una quiniela ganadora, en aspirar a un pedacito de felicidad que no esté hipotecada, de sueños alimentados con el regusto del desencanto. 
Convivo con amas de casa que charlan en los rellanos de las escaleras, y que en su casa piensan en un destino más amable; con tenderos que fuman parlanchines a las puertas de sus establecimientos y que resoplan entre cuentas que no les salen, con bares de barrio sustentados por los cuatro parroquianos de siempre, que dejan pasar el día lánguidamente, anhelando un destino algo más luminoso. Es gente que cuando sueña a lo grande siente vértigo y se conforma con un sueño más pequeñito, que quepa en el cuenco de su mano y suspiran por ello. Eso sí, dentro de esa vida con tintes grisáceos, no falta la alegría y nunca faltará en cualquier patio de luces el sonido de alguien cantando a grito pelado pensando que nadie le oye, besando el boleto de la lotería e intentando cruzar los dedos de los pies dentro de los zapatos para que no se note mucho la superstición, o el motivo más liviano para brindar con un botellín y sentirse dueño de su porvenir. Yo vivo en ese barrio, así que seguramente me pase igual…
Por eso, cuando me encontré con estos cuatro personajes que habitan dentro de «Comment Te Dire Adieu», función escrita y dirigida por el jovencísimo Sergi Manel Alonso, yo ya sintiese que los conocía.
Lola (María Asensio) trabaja en el bar de Francesc (Gorka Lasaosa) , vive una vida convencional, sin más aspiración que la de ser feliz junto a su novio, quien la hace más bien poco caso, aunque ella se conforma…
Andreu (Roc Esquius) , cliente del bar, ama a Lola en secreto, no sabe cómo hacérselo notar, es un don nadie y él lo sabe, por eso no se atreve, y se conforma con ir a desayunar todas las mañanas al bar en el que trabaja Lola
Franscesc, el dueño del bar, es un tipo desencantado de la vida, nada le satisface, vive en un enfado permanente, lanzando su frustración a bocajarro a cuantos le rodean, pensando que son unos ignorantes que se dejan vencer por el amor, ese destello de felicidad que luego nos hunde más profundamente en nuestras miserias… Hasta que un día se le cruza Mónica (Nuria Deulofeu), que aparentemente se come la vida por los pies, y hace que  se tambaleen los cimientos desencantados de Francesc, y los dos inician un tramo de sus caminos juntos,  poniéndose a prueba, viendo cuán difícil es mirarse frente a frente y hablar de los sentimientos sin tapujos, ser capaz de remontar sus taras sentimentales y personales, y romper con ellas…
Una comedia con tintes agridulces, que no es más que el día a día de cuatro «cualquieras» en cualquier punto del planeta. Cuatro seres que ansían secretamente ser un poquito más felices, que les da pudor mostrarlo frente a los demás o que sencillamente son incapaces. Cuatro personajes que tienen eso que anhelan al alcance de la mano, y que deben vencer su cobardía para lograr verlo. ¿Lo conseguirán? Pues es que esto es la vida…
La verdad es que al comienzo no lograba entrar en esta propuesta, las butacas de AZarte tampoco ayudan, pero me conquistaron con esa mezcla de referencias, «Los Paraguas de Cherburgo» (a mi me pasó como a Lola), Raphael o Bakara, o con los momentos de revelación metafísica provocados por croissants y muffins. Me gustó que la historia evolucionara por sí misma, rápida, concreta, sencilla, sin dar sesudos rodeos por la trama, ayudando a que situemos a sus personajes en nuestra propia realidad. 
Me pareció un acierto que Sergi Manel Alonso colocara pequeños guiños a lo largo de la función, golosinas para diferentes públicos y que jugase a crear un lenguaje en algunos casos, casi cinematográfico, con medios casi mínimos. Y esa música que se le queda a uno pegada aún pasados los días…
Los cuatro actores (María Asensio, Roc Esquius, Gorka Lasaosa y Nuria Deulofeu) trabajan con cercanía, juegan estupendamente los momentos de hiperrealismo y las ensoñaciones. Y convierten los destinos de cada uno de ellos en algo que podríamos ver en cualquiera de nosotros en cualquier momento. La sencillez de su propuesta genera empatía y cariño según avanza la historia y hacen que acabemos por comprender el porqué de sus destinos. Quizá están algo extraños en este espacio, y con todo nos dan grandes momentos como la borrachera de Francesc y Andreu, los pequeños destellos de libertad privada que se regala Lola o el desenlace de la historia de Francesc y Mónica.
Su humor, sus expresiones, sus réplicas tienen inevitablemente aroma catalán, lógico por la procedencia de la compañía; y no sé porqué me da que al estar en Madrid intentan suavizar un poco su acento… Quizá me equivoque, pero si es así, espero que se olviden, que lo dejen fluir con naturalidad porque les dará más sabor y frescura a sus interpretaciones y el público se lo agradecerá, estoy seguro.
Una bonita comedia-dramática que habla del amor, de cómo se lo toma cada uno y de cómo a veces somos nosotros los dueños de lo que nos puede suceder… Tan sólo tenemos que estar abiertos a que nos suceda.
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Antonio Rojano Ascensión y Caída de Mónica Seles La Casa de la Portera Nerea Moreno Rocío Marín Teatro Víctor Velasco

Ascensión y Caída de Mónica Seles

Título:
Ascensión y Caída de Mónica Seles

Autor:
Antonio Rojano

Lugar:
La Casa de la Portera

Elenco:
Rocío Marín 
Nerea Moreno

Espacio Sonoro:
David García

Dirección:
Víctor Velasco

Al entrar en La Casa de la Portera, como suele ser habitual, nos encontramos en un lugar que a pesar de sernos tan familiar, vuelve a darnos la sensación de un espacio en el que nunca habíamos estado. Esta vez se convierte en un espacio donde las luces ocultan lo que las sombras nos cuentan; así es «Ascensión y Caída de Mónica Seles», el nuevo montaje que podemos ver los lunes en La Casa de la Portera. Un texto escrito por Antonio Rojano y dirigido por Víctor Velasco.
De nuevo se da un giro de tuerca a sus habitaciones, trasladándonos a un particular limbo donde habitan unos personajes que aguardan el momento de saltar a primera línea y ejecutar su juego. Una historia contada a golpe de set que nos hace cambiar de campo para ver una historia que nos mueve a través del tiempo, de un presente desconcertante a un pasado embaucador, y que nos convierte en insectos ante trampas de luces cálidas y brillantes, donde creemos haber encontrado nuestra panacea personal y que no son más que nuestra perdición, de la que es tan complicado huir.
El tenis, las peluquerías clandestinas de extrarradio, las pijas que ansían ser Blancanieves cuando en realidad son meras brujas caprichosas, las víctimas incautas que se dejan hipnotizar por palabras huecas acompañadas de coletillas pegajosas como «cariño«, «querida» «amor«, «niña«… Los fantasmas dolidos que claman venganza o la crisis económica… todo ello se nos junta en esta historia que contiene un cóctel de interesantes ingredientes que al ser agitados quizá se entremezclan en exceso haciendo que nos cueste saborearlos.

Nerea Moreno y Rocío Marín ejecutan un atrevido trabajo, muy medido y sujeto a la original, por momentos, puesta en escena.
Ambas actrices están plenamente al servicio de la historia y pelean por llevar a buen término la función con unas interpretaciones entregadas que, a veces, revolotean zigzagueantes ante el exceso generalizado, y no del todo canalizado, de la dirección. Hay situaciones, información, ideas a las que dar cuerpo, simbolismos, simbologías que dan la sensación de encontrarnos ante una sobresaturación de asuntos que tratar.
Entre ellas se generan curiosas situaciones, dibujos que dan un muy acertado tono a la historia. La ricachona racista arrodillada ante un barreño, o ese botellón improvisado de anís y polvorones, situaciones envenedamente castizas, casi casposas y algo «almodovarianas» que hablan por si solas, pero que se acaban por diluir en un final de trazo confuso e indefinido. Es como si la traca, en vez de reservarse para el final, hubiera estallado en el comienzo.
Me gustan las historias de intereses creados que guardan giros, las historias que nos esconden sorpresas en cada recodo por el que nos hace pasar; las mezclas de géneros, poder pasar de la comedia al suspense, del drama al terror y regresar a todos ellos, me gustan los diálogos ocurrentes, escritos con gracia, que compliquen la trama, y Antonio Rojano nos ofrece todo esto en «Ascensión y Caída de Mónica Seles», pero creo que va perdiendo sabor según se va resolviendo el puzle.
La función tiene un comienzo interesante, que atrapa en su misterioso propósito, pero que hacia la mitad da la sensación de estar sobrevolándola por encima sin que deje que nos posemos sobre ningún aspecto concreto y dejando la sensación de algo ya visto.
Es complicado aunar en un mismo camino la justificación del paralelismo que pretende denunciar y la resolución de la trama. Ciertamente es una pena salir con la idea de que han acabado por precipitar la resolución de la historia sin llegar a encontrar ese punto de originalidad que rompa con todo y abra una nueva brecha por la que querer mirar.
Aunque para gustos… ya se sabe…
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Abel Zamora David Matarín La Casa de la Portera Marta Belenguer Mentxu Romero Nuria Herrero Pequeños Dramas Sobre Arena Azul Raúl Prieto Teatro

Pequeños Dramas Sobre Arena Azul

Título:
Pequeños Dramas Sobre Arena Azul

Autor:
Abel Zamora

Lugar:
La Casa de la Portera

Elenco:
David Matarín
Mentxu Romero
Raúl Prieto
Marta Belenguer
Nuria Herrero
Abel Zamora

Vestuario:
Puri Peláez

Maquillaje:
Ana Lahoz

Dirección:
Abel Zamora

Esta semana parece que me estoy marcando un especial sobre el teatro de Abel Zamora, cosas que pasan cuando un autor tiene en cartel dos funciones estrenadas en menos de una semana… Bueno, «Pequeños Dramas Sobre Arena Azul», la función de la que voy a hablar, es un re-estreno porque ya estuvo programada a comienzos de año en el mismo espacio, en La Casa de la Portera; por cierto, adoro el título, con esa mezcla entre poética abstracción y escatología mundana.
Había oído comentarios sobre este montaje, pero todo el mundo se ha guardado de hablarme con claridad sobre de qué iba, y aún así había algo en los comentarios de la gente, en lo que no contaban sobre la función, que me llamaba poderosamente la atención, así que no he querido dejar pasar más tiempo y entrar en «La Portera» a curiosear sobre esta «Comedia Triste».
Creo que va a ser complicado contar sin desvelar, pero voy a hacer un esfuerzo para que quien vaya a verla cuente con el factor sorpresa, que creo hace que la experiencia sea aún más gratificante.
En esta función el autor, que también dirige e interpreta uno de los papeles, vuelve a traernos a escena la cotidianidad de la familia. Una cotidianidad que ciertamente no esperamos, pero que al fin y al cabo es el día a día de estos personajes con los que nos topamos, los cuales viven sus días llenos de «normalidad», con sus perezosas tardes anhelantes de emociones, hasta que el drama entra por la puerta para instalarse en sus vidas, un drama en el que nosotros reparamos raramente y que a penas damos importancia, y que sin embargo a ellos les desbarata sus planes de futuro.
Abel Zamora da luz ante nuestros ojos a la invisibilidad de una historia de amor, de amistad, de malas pasadas, que sucede próxima y que nunca somos capeces de ver… hasta ahora, que ya os digo yo que lo miraréis con otros ojos y con la que no podréis dejar de sentir un pellizco de culpabilidad. Una historia que nos provoca la risa por la desconcertante cercanía y la inevitables empatía que sufrimos con esos seres que habitan «Pequeños Dramas Sobre Arena Azul». Quizá es ley de vida, pero por ello la realidad no deja de ser terrible, ¿verdad?
No puedo más que quitarme el sombrero ante la valentía de los actores que se han prestado a esta propuesta, porque no por curiosa deja de ser arriesgada; de hecho me encantaría saber qué pasó por sus cabezas cuando les ofrecieron hacer esta función. 
Cinco actores que se prestan a semejante montaje dan a entender que la confianza que tienen en Abel Zamora es plena. David Matarín, Mentxu Romero, Raúl Prieto, Marta Belenguer y Nuria Herrero, ofrecen una interpretaciones divertidamente dramáticas, llenándolas de verdad, atreviéndose a jugar con todas las consecuencias al juego que se les plantea, que no es moco de pavo, que perfectamente les podría haber salido el tiro por la culata y haber hecho el más grande de los ridículos, y sin embargo ellos lo han defendido y ahí están, haciéndonos pasar un rato tremendamente divertido. Yo los veo como auténticos dibujos animados que han traspasado la dimensión que les separa de nosotros y que se han hecho carne y hueso. Ya desde ahí podéis entregaros a la locura que nos ofrecen con sus personalidades deslenguadas, brutas, primarias, sin malicia, tremendamente tiernas y hasta en el más desagradable de los casos, adorables. 
Unas composiciones tan trágicas que acaban por tocarse por el otro extremo, como un perro intentando morderse la cola, provocando más de una carcajada al contemplar su pesar. Y a la vez transmitiendo un desgarro enternecedor en sus «pequeños» dramas, que después de habernos reído, nos damos cuenta que no son tan risibles, si no que son merecedores de un abrazo que les transmita calidez y consuelo.
Insisto en expresar mi admiración por la mano que tiene este autor para crear personajes sacados de los rincones mas insospechados de nuestro día a día, y ofrecernoslos sin filtros, y que nosotros compremos la idea sin prejuicios. 
¿Qué es lo que se toma Abel Zamora cuando escribe? Pues no lo sé, pero desde luego que yo se lo daría a más de uno. No puedo pasármelo mejor con su teatro y viendo el morro que le echan los actores que trabajan con él.
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Carles Harillo Emilio Williams Fanny Gautier Javier Ruíz de Somavía Mónica Regueiro Rodrigo Poisón Smartphones Teatro Teatro Lara

Smartphones

Título:
Smartphones

Autor:
Emilio Williams

Lugar:
Teatro Lara

Elenco:
Fanny Gautier (Amelia)
Rodrigo Poison (Bernabé)
Mónica Regueiro (Chantal)
Javier Ruíz de Somavía (Dagoberto)

Diseño Vestuario:
Miriam Jarillo

Iluminación y Sonido:
Sergio Guivernau

Escenografía:
Elena C. Galindo

Dirección:
Carles Harillo Magnet

Fíjate las alturas de la semana en la que nos encontramos y yo aún sin publicar nada sobre «Smartphones»… Y no es por pereza, de verdad. Realmente llevo todo este tiempo dándole vueltas a qué es lo que vi y cómo contarlo.
¿Qué es Smartphones? ¿Una sátira? ¿Un vodevil? ¿Una denuncia? ¿Una farsa? ¿Una tomadura de pelo? ¿Un simple divertimento? Pues después de mucho pensarlo, creo que tiene un poco de todo esto y muchas otras cosas más, todas pasadas por el tamiz del Teatro del Absurdo.
Vayamos por partes, la historia que nos cuentan escrita por Emilio Williams, fue todo un éxito en su lectura dramatizada allá por el 2011 en el Parnasillo del Teatro Español, parte de una premisa muy clara. Cuatro amigos se reunen en casa de un quinto ausente que los ha citado a todos en su casa, pero que parece que no llega nunca (¿a qué nos suena?) Van sabiendo de él a través de las actualizaciones en su perfil en Facebook, por ambiguos tweets y llamadas sin a penas cobertura, pero nunca obtienen una respuesta clara. Mientras tanto vamos descubriendo sus relaciones, quienes son y qué hacen allí.
Una historia en la que los personajes no se despegan de sus teléfonos en ningún momento, y que más que mirarse a los ojos y reconocerse, saben de la existencia del otro por las fotos de perfil que tienen colgadas en las redes sociales. Un texto que se mofa, que nos acusa y que descarga sobre nosotros una clara denuncia a esta situación cada vez más absurdamente palpable que estamos viviendo con el tema de los teléfonos móviles.
La historia dirigida por Carles Harillo Magnet e interpretada por Fanny Gautier, Mónica Regueito, Rodrigo Poisón y Javier Ruíz de Somavía es una locura de entradas, salidas, líneas de diálogo a veces afiladas, otras muy brutas y a veces tontorronas, de desconexiones, de cortes, de vueltas a lo mismo, de momentos delirantes, de otros incomprensibles, y porqué no decirlo, algunos soporíferos, que al terminar me dejó practicamente igual que al comienzo.
Es cierto que dentro de ese caos e incomprensión sentí cierta fascinación por lo que estaba viendo en escena, me despetaba curiosidad ver hacia dónde se dirigía todo, pero vamos que también puedo sentir fascinación por ver el funcionamiento de una lámpara de lava, los revoloteos de una bolsa de plástico que se lleva el viento o buscar figuras en el gotelé de la pared, pero ¿qué me aporta realmente?… pues eso.
El conjunto de la puesta en escena me pareció correcta, interesante. Aunque tanta mención durante la función a las referencias en las que se inspira me suenan a justificación… 
De las interpretaciones no puedo mas que decir cosas positivas, los cuatro están estupendos, no se les puede quitar el mérito, tienen un acertadísimo tono de comedia, resultan juguetones dentro del lenguaje del absurdo y caen bien. De hecho si recomendase la función, sería para que vieran su trabajo. Pero la dirección aún tiene que afinar todas esas entradas, salidas, pulir los diálogos para que resulten aún más picados, para que el ritmo no decaiga, porque si encima de que la propuesta que estamos viendo es un tanto «especial», si se deja que nos distraigamos, se corre el riesgo de perder espectadores que comiencen a hacer la lista de la compra mentalmente, si no a abandonar la sala, como ya pasó el día del estreno.
No es una propuesta que me haya conquistado, la verdad. Me gusta el teatro del absurdo, pero en esta función hay cosas que me parecieron un tanto abusivas, incluso tramposas; me dio la sensación que llegados a ciertos puntos, se sacan de la manga cortes, quiebros, rupturas, que situaban a los personajes en otro lado para no resolver conflictos. No sé si están dentro del texto, si son propuestas del director o de dónde han salido, pero yo, como espectador, tenía cierta sensación de que me estaban tomando el pelo… Con cierta gracia, que mis carcajadas me eché, no le vamos a quitar el mérito.
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Arturo Turón Confesiones A Alá María Hervás Teatro Teatro Lara

Confesiones A Alá

Título:

Confesiones A Alá

Autor:
Arturo Turón (Basado en el libro
de Saphia Azzeddine)

Lugar:
Teatro Lara

Elenco:
María Hervás

Iluminación y Ambientación:
Jon Corcuera

Figurinista:
Ana López Cobos

Escenografía:
Beatriz López y Eduardo Basanta

Sonido:
Esteban Ruíz

Dirección:
Arturo Turón

«Confesiones a Alá» ha regresado a la cartelera madrileña. Tras su paso por el Teatro del Arte, ahora va a hacer del hall del Teatro Lara su nueva casa.
Una función que tuvo un gran éxito, que dentro de la profesión se valoró muchísimo y que incluso hizo que estuvieran nomidados a los últimos premios Valle-Inclán, todo un logro para una función nacida del Off Madrileño.

Jbara es una muchacha bella, no lo sabe, y cuando llegue a ser consciente de ello, muchos ya se habrán aprovechado de ella… De momento es una joven de a penas 16 años que vive en las montañas del Magreb con su familia. 
Llena de inocencia e ignorancia, nos deja adentrarnos en su historia, esa que hará que conozcamos en primera persona como una niña malhablada y descarada nos cuenta su día a día, su teoría de cómo saber si uno sigue siendo virgen, su anhelo por descubrir cómo es un autobús por dentro, la curiosidad por esa gente que quiere fotografiarse con ella y su pueblo por el simple hecho de ser pobres, que nos habla sin rubor de los escarceos sexuales, inconscientemente consentidos, que tiene con gente de su aldea… hasta el momento en el que queda embarazada, y es repudiada por su familia; obligándola a descubrir que todo ese mundo de curiosos interrogantes que siempre le había llamado la atención, no es tan maravilloso como parecía en su imaginación. Teniendo que enfrentarse a la crudeza de una mujer que aprende a base de golpes, de remordimientos,  de fantasmas, de sometimiento, incluso que llega a rozar el poder con sus dedos, pero que siendo mujer en la sociedad en la que vive, estará destinada a hacer lo que el hombre de turno tenga que decir.
Veremos la evolución de esta mujer que se crece ante la adversidad, que respira hondo y sacando fuerzas de flaqueza logra sobrevivir, llevando como único compañero y confidente a un silencioso Alá, presente en todo momento y justificación perfecta para entender y aceptar todo lo que le sucede en la vida.

Esta es la propuesta que Arturo Turón nos ofrece con una dirección sensibilizada con el tema y una versión inspirada en el original de Saphia Azzeddine que, aunque ya contaba con su propia adaptación teatral, él ha preferido realizar la suya para acercarnos al mundo de Jbara
Un texto lleno de encanto, de inocencia, de una candidez emocionante y a veces desasosegante. Con mucho sentido del humor, a veces un tanto naif, que habla sin trabas sobre los aspectos más desagradables del viaje de la protagonista, mostrándonos el interior de estas mujeres que al mundo occidental se nos presentan como incógnitas. 
María Hervás se expone a través de un trabajo arriesgado, desprendiéndose de prejuicios, transformándose, sosteniendo a esta Jbara que supone un paso adelante en su carrera y que la sitúa en una liga mucho más potente, aunque en momentos es complicado de sostener, pero que acaba por llevarlo a buen término. No hay que olvidar que son más de 90 minutos de intenso monólogo en el que la actriz nos muestra a una mujer que sufre una evolución tremenda, y bastante explícita, tanto en lo físico como en lo psíquico, un recital interpretativo que merece la pena.

Una puesta en escena que apuesta por la simplicidad en los espacios, de la que destaca esa estupenda música; la sencilla, pero eficaz, iluminación y unas proyecciones que apoyan la historia de esta mujer. Lástima que quede algo deslucida a causa del espacio tan reducido y, admitámoslo, limitado del hall del Lara. Las entradas y salidas de los actores, la acústica, la incomodidad para los espectadores que estén más allá de la 2ª fila… Quizá haya que hacer algunos ajustes para adaptar este montaje y que pueda lucir con el brillo que Arturo Turón lo ideó; en esta función cada elemento suma y sería una pena que tuvieran que hacer ciertos sacrificios por las carencias que ofrece el lugar.
¡Ojo! Que el hall del Lara para mi tiene su encanto, pero hay algunas propuestas que ciertamente sufren siendo programadas en él. Esperemos que el nuevo espacio que está por surgir del Lara juegue a favor de lo que allí se programe.
Pero de lo que estamos hablando es de “Confesiones a Alá” y creo que es una función con una enorme sensibilidad y cercanía, que gracias a la adaptación de Arturo Turón se convierte en un maravilloso reto para cualquier actriz, y que en este caso es María Hervás la que lo acepta poniendo toda la carne en el asador.

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Alfonso Casas Amores Minúsculos Iñaki Nieto Los Zurdos Nave 73 Teatro

Amores Minúsculos

Título:

Amores Minúsculos

Autor:
Iñaki Nieto (Basado en el comic de Alfonso Casas)

Lugar:
Nave 73

Elenco:

DESEO                              PASIÓN
Guillermo Barrientos      Álvaro Cea
Pablo Castañón                Álvaro Puertas
Elena Alférez                    Celia Arias
Mariona Tena                   Miriam Juanes
Héctor González               Ramón San Román
José Asunción                   Javier Martínez

Escenografía:
BATAVIA, Elvira Ruíz

Iluminación:
Javiér Hernández

Música:
Juan Hernando

Producción:
Los Zurdos (Iñaki Nieto, Edu Díaz y Diego Rebollo)

Dirección:
Iñaki Nieto

Ha llegado a nuestra cartelera «Amores Minúculos», un nuevo montaje que ofrece un retrato generacional, al más puro estilo de «Los Miércoles No Existen» (es inevitable hacer comparaciones), es decir, un elenco juvenil, caras conocidas, con una historia cercana y dos repartos diferentes que nos cuentan la misma historia.
En esta ocasión todo sucede en un espacio de tiempo mucho más corto, con una línea argumental más sencilla y directa, donde la media de edad ha bajado, y donde se nos habla de esos jóvenes a punto de llegar a la treintena que se plantean si eso del «Amor» es algo que pasa o que hay que buscarlo.
Basada en el comic de Alfonso Casas que lleva el mismo nombre, «Amores Minúsculos», dirigida y adaptada por Iñaki Nieto; habla de esos instantes en los que sentimos como alguien irrumpe inesperadamente en nuestras vidas volviéndonos el corazón del revés. El instante justo en el que se enciende la chispa que no sabemos si acabará por ser un simple fogonazo cegador o será el inicio de esa gran historia de amor que todos esperamos.
Como ya decía, en esta función se pueden ver con dos repartos diferentes, a los que han llamado «Deseo» y «Pasión«, y de los que, habiendo visto ambos elencos, puedo decir que hay diferencias bastantes notables entre uno y otro. Quizá no sea correcto comparar, cada trabajo está enfocado desde una perspectiva diferente, las químicas y las personas no son las mismas, pero yo como espectador he encontrado mis preferencias.
Hay que partir de la base de que la historia es bastanta tópica, no hay que ir con la idea de ver la obra definitiva que dibuje a toda una generación, ni mucho menos, simplemente hay que ir con ganas de ver un divertimento que contiene elementos juguetones, desenfadados y con algún giro tramposillo. Eso sí, tiene algunos agujeros en el libreto que deberían ser subsanados para redonderla un poco más. Y no me vale la excusa de que está así en el comic. Creo que ya que se realiza una adaptación, hay que intentar mejorar las carencias del original, ¿no?
El primer elenco que vi fue «Pasión«, un reparto que tiene sus luces y sus sombras. 
Comenzó la función con un volumen muy flojo y excasa proyección, yo me encontraba sentado en la penúltima fila de una abarrotadísima grada de Nave 73, y apenás si escuché el primer monólogo de Álvaro Cea, pero no solo le pasaba a él, era la tónica general del reparto, al igual que algún personaje excesivamente parco en reacciones y en expresividad, las intepretaciones con sobredosis de televisión hacen mucho daño en teatro. 
Hay excepciones como Celia Arias, que destaca por su energía, capaz de levantar escenas ella sola. O Javier Martínez y Álvaro Puertas que dan algo de poso y madurez a sus personajes. 
En general la función no estaba del todo asentada, el ritmo tenía excesivos altibajos y salí con la sensación de que las emociones que pretendían generarme con la historia, venían provocadas realmente por la música, acertadísima en cada momento, de Juan Hernando y no por el trabajo actoral. Creo que es un reparto al que aún le queda trabajo por hacer, que pasa por encima muchos matices que están en el texto y al que la dirección debería pulir intenciones. Sus personajes están excesivamente estereotipados como para llegar a empatizar con lo que les sucede.
Después he visto «Deseo«, un reparto que desde el mismo comienzo sale a escena con ganas de comerse lo que le pongan por delante y demuestran un peso que llama gratamente la atención, interesa. Y eso que fui con desconfianza.
El texto lo tienen mucho más interiorizado, saben de lo que están hablando, lo que te quieren contar. Es un elenco mucho más potente, donde se ve que el engranaje encaja. De él quiero destacar el maravilloso trabajo que hace Elena Alférez que no para de crecer durante toda la función, un auténtico placer ver como hace evolucionar a su personaje. Sin desmerecer al resto de actores, que dibujan unos personajes mucho más interesantes, más naturales, en los que se ve con claridad cuales son las relaciones entre unos y otros, transmitiendo una realidad en sus situaciones que, aún conociendo la historia y sabiendo los giros, consiguieron que saliera emocionado y divertido. Un trabajo muy recomendable de ver para todo aquel que tenga ganas de pasar un rato agradable.
Habría que ver que sale de mezclar un elenco y otro.
Un «pero» que pongo a la función en general es el empeño en acercar la acción tanto a la primera fila. Tan solo es una apreciación mía y el director tendrá sus razones para haber decidido hacerlo así, pero creo que Nave 73 posee un espacio escénico enorme y resulta incomodísimo tener al actor tan cerca cuando no es teatro de proximidad. Si la acción transcurriera metro y medio más atrás, sería perfecto. El espectador de la primera fila no se sentiría invadido y los que lo ven desde atrás no tendrían que estar esquivando cabezas para ver lo que sucede.
«Amores Minúsculos», si saben sacar partido de lo que tienen entre manos, podría estar llamada a ser una de esas obras que perduran en cartelera meses y meses, pero hay que cuidar algunos aspectos y pulir ciertas carencias que pueden hacer que se quede en un fogonazo.
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Alicia Rodríguez Borja Roces El Umbral de Primavera Encrucijada o nihil novum sub sole Néstor Villazón Teatro

Encrucijada o nihil novum sub sole

Título:

Encrucijada o nihil novum sub sole
Autor:
Borja Roces
Poemas Néstor Villazón
Lugar:
El Umbral de Primavera
Elenco:
Borja Roces
Alicia Rodríguez
Vesturario:
BlueBirds
Iluminación y Sonido:
Juanan Morales, Alberto Morales, J.Bustos y Andrei
Dirección:
Borja Roces 
 
«Encrucijada o Nihl Novum Sub Sole» es un espectáculo que mezcla el teatro físico, los poemas, las reflexiones en voz alta junto con un aire de performance. Un montaje que habla de la desesperación, el dolor (interno y externo), lo molesto que puede ser en ocasiones el «Buenismo», la creación, la angustia, el llanto… Es en definitiva un baúl donde introducir la mano y sacar cualquiera de sus ingredientes para contemplarlo, para dejar que se despliegue ante nosotros y que lo catemos. Lo malo es que cuando ya tienes todos esos ingredientes fuera del baúl, uno no sabe muy bien qué hacer con ellos, los contempla cada uno por separado y pueden resultar más o menos interesantes, pero si uno intenta encontrar el nexo que les de el sentido, no lo encuentra.
Hay ciertos momentos de la función que se utiliza una premeditada profundidad que a mi, como espectador, me provocó ir distanciándome poco a poco hasta llegar a un punto de no retorno. Uno entra dispuesto a dejarse empapar por la propuesta que Borja Roces, creador del espectáculo, ha querido mostrar; el problema es que el menú es tan extenso y variopinto que no se llegan a encontrar los elementos que puedan generar un buen maridaje. Solo en las ocasiones en las que intensidad se toma con humor o afloja, y nos deja ver algún sentimiento no coreografiado, es cuando uno encuentra el remanso donde le gustaría quedarse. Remanso del que se empeñan en sacarnos para intentar impresionar a golpe de efecto. Al finalizar la función, con el guiño de sus actores, uno se queda pensando si ellos se lo han tomado tan en serio como nosotros o todo es una cabriola para lanzarnos una burla o un mero divertimento.
El momento en el que Alicia Rodríguez más me gustó, fue cuando brilla con su monólogo del llanto, columpiándose entre la sonrisa llena de lágrimas y la oscura congoja, consiguiendo que el público deje escapar risas que poco a poco van apagándose a golpe de sentimiento para acabar dejándola volver a fluir. El resto está bien ejecutado, pero no con el resplandor alcanzado en este momento.
Borja Roces se arriesga, se tira a la piscina y eso es muy valorable, pero para mi, cuando realmente se le aprecia el trabajo es cuando afloja y deja que veamos el brillo que lleva dentro. Hay una transformación en él cuando lo que nos cuenta abandona los altos vuelos y da paso a algo más terrenal, cuando deja que su cara y su cuerpo exprese el interior. Hay un encanto especial que llama poderosamente la atención. Hubiera preferido más dosis de eso que de esa pretendida poética que me perdió en retóricas que a mi no acabaron por convencerme.

No todo teatro es para todos los públicos y hay veces que uno no encaja con lo que le muestran, pero para ello hay que verlo y descubrirlo.
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