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Alda Lozano Antonio Sansano Jorge Kent Lorena Benito Lucientes Pilar G. Almansa Rakel Camacho Rebeca Matellán Teatro del Arte Teresa Vallejo

Lucientes

Título:
Lucientes

Autor:
Pilar G. Almansa

Lugar:
Teatro del Arte

Elenco:
Jorge Kent
Teresa Vallejo
Rebeca Matellán
Lorena Benito
Antonio Sansano
Alda Lozano

Espacio Escénico:
Marta Cofrade

Vestuario:
Gabriela Roade

Iluminación:
M. Kenzo

Música:
Marcel Mihok

Dirección:
Rakel Camacho

Poder hablar de Lucientes como función es algo complejo y seguramente hasta injusto, ir al Teatro del Arte a ver este montaje es vivir una experiencia con los cinco sentidos. 
Es adentrarse en la cabeza del pintor y nadar dentro de su psique, dejándonos pringar con el sudor, la sangre, el semen, las lágrimas, las babas, los besos… mirar de frente una España caótica, folclórica, ocre, vamos la España de toda la vida, esa que a veces nos da hasta un poco de vergüenza ajena, pero a la que nos entregamos con entusiasmo en cuanto nos descuidamos; llena de chascarrillo, de cánticos, violencia, baile, alegría,pasión y risas… con sabor a jamón y vino… Vamos, todo muy de la tierra, arrancado de nuestras entrañas patrias, pero de la de todos, de la de los que se emocionan cuando se grita «¡Viva España!», como de la de los que sienten rechazo ante semejante grito. Es lo que hay, nos guste o no.
No hay una historia en sí, es más bien un viaje a través del caos de la mente del Goya más alucinado, donde una amalgama de seres y situaciones se entremezclan entre sí, que a veces gritan a la vez, otras se paran a escuchar, se descojonan entre ellos, corren, saltan, se retuercen, se soban, bailan y trazan un paralelismo entre el pasado y el presente, mostrando la rabia que vomitamos a borbotones la boca de todos los españoles.
Rakel Camacho nos presenta una propuesta desbocada que crece y crece, que cuenta con un elenco que se deja literalmente la piel en escena. Un trabajo nada fácil de sacar adelante y que, sin embargo, acaba por atrapar.
Cuando acudí a ver la función y aquello comenzó, no sabía dónde mirar, a dónde atender, se me superponían todas las acciones que tenían lugar en el escenario, intentaba descrifrar cuanto simbolismo se me ponía por delante. La fiereza del Goya del comienzo, interpretado por un explendido Jorge Kent, me asustaba, era casi como ese «Gran Cabrón» de una de sus pinturas negras, un animal demoníaco escapado de su jaula, rodeado de un séquito de brujas en un aquelarre.
Es cierto que la historia se me escapaba de las manos, demasiadas sensaciones que atrapar, digerir y asimilar en poco tiempo, no sabía muy bien si las proyecciones eran una introducción al nuevo cuadro que se representaba en escena o al revés. Quizá lo que menos me interesó fueron las puntualizaciones históricas en plan «En tal fecha sucedió tal cosa…» porque tampoco aportan nada novedoso al montaje que no podamos leer en cualquier libro, sin embargo en otros momentos, cosas que podrían ser algo más interesantes, se dan por sabidas y nos dejan con las ganas. O quizá yo me perdí buscando donde agarrarme ante tanta información…
Un trabajo actoral absolutamente orgánico, de mano de unos artistas que apuestan con absoluta entrega por lo que hacen y que es terriblemente fascinante; ese aire asalvajado, tan sexual, esa locura instalada en la escena que llegó a arrancar aullidos a parte del público, es la esencia de este montaje. Interpretan, cantan, follan, bailan, beben… y todos igual de entregados. De repente uno se da cuenta que han acabado por mezclarte el 15-M con La Manola, que la Iglesia arrima cebolleta con el Torero, que te cantan un pasodoble o te rapean a base de cánticos y consignas o hacen una especie de medley con canciones protesta, resulta delirante, apetecible y desconcertante.
El feísmo, la suciedad, los olores que flotan en el ambiente lo invaden todo y de alguna manera te hacen sentir borracho, y cuando uno se da cuenta, está participando activamente de esa verbena.
Quizá la protesta social, con sus paralelismos, está cogida por los pelos y, a mi particularmente, me tira para atrás. No me gusta que me aleccionen, me hace ponerme a la defensiva, aunque esté de acuerdo con lo que cuentan, es algo que particularmente no me gusta… pero es tan apabullante todo lo que se ve en escena, que lo aceptas como parte de este campo de batalla teatral en el que se convierte la cabeza y el universo Goyesco que se han sacado de la manga tanto Rakel Camacho como Pilar G. Almansa. ¡Ojo! que «Lucientes» también da resaca, tanto exceso escénico después pasa factura y uno tarda en asimilar lo que ha visto y colocarlo en el lugar que le corresponde. Pero confieso que pasan los días y, ciertamente, cuanto más la pienso, más interesante resulta lo que vi.
La música en directo es una pasada, bravo por Marcel Mihok, el vestuario de Gabriela Roade parece improvisado y, sin embargo, es un conjunto de pequeños detalles que cuentan tanto como la propia función, interesantísimo. Yo me quedaba con alguna pieza encantado.
Una función a la que hay que acudir con la mente despejada y bien desprejuiciada, bueno, o con un par de vinitos y entregarse al delirio con alegría, pero alegría bien española, eso sí. Una bacanal escénica en toda regla.
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La Esclusa Maica Barroso Michel Azama Sylvie Nys Teatro Teatro del Arte

La Esclusa


Título:

La Esclusa

Autor:
Michel Azama

Versión:
Ángeles Muñoz

Lugar:
Teatro del Arte

Elenco:
Maica Barroso

Dirección:
Sylvie Nys


La Esclusa, dirigida por Sylvie Nys, nos sitúa en los momentos previos a la puesta en libertad de una mujer que ha pasado 16 años en la cárcel por el asesinato de su marido. El momento en el que se encuentra a solas, tras un largo cautiverio, a escasos metros de recuperar su vida; esa vida que ha aprendido a vivir sin ella y que ahora la tiene que volver a aceptar, aunque reservándole una amarga bienvenida, lo primero que debe hacer es acudir al entierro de su madre.
Todo transcurre en una especie de limbo, físico y mental, que es esta esclusa que separa el infierno del cielo o el cielo del infierno (siempre queda la duda), desde donde hace un vertiginoso recorrido por momentos, flashes, que se agolpan en la mente de esta reclusa, preparándola para reemprender un camino que ha quedado en suspenso. El dolor de haber perdido la juventud, la infancia de sus hijos, encerrada, convirtiéndose en un paréntesis para el resto de la humanidad… Supongo que así es la mente de esta mujer a la que retrata, un cúmulo de pensamientos y sentimientos que saltan de un instante a otro de su vida, empachándola de recuerdos para no permitirse un instante de realidad, pues eso ya vendrá por si solo en el momento que supere la esclusa. Todos estos recuerdos atropellados dan a entender que los sentimientos de la reclusa han quedado anestesiados por el trauma de vivir encerrada o que se niega a sentir y permitirse un momento de debilidad que le haría caer al abismo de la desesperación.
Una texto escrito por Michel Azama que resulta más interesante después de visto, macerado en la mente del espectador, que en el momento que es contando; La Esclusa es un recorrido de típicos retazos de instantes carcelarios. 
Me resultó un texto antipático y corto en contenido que a la hora de mostrar el interior de su protagonista se queda en algo demasiado manido. Viéndolo no encontré ningún lugar en común con esta mujer asesina, donde poder llegar a justificar y empatizar con su padecer, a pesar de los intentos por parte de la directora de ofrecer momentos poéticos como la coreografía con la canción de Bebe, desde donde identificar su factor humano o la transformación de la presa en ciudadana de a pie a través del vestuario.
Maica Barroso realiza un trabajo intenso y muy bien ejecutado, desde las tripas, sin tapujos, que nos entrega una interpretación pura, defendiendo un texto complicado de defender. Se entrega a ofrecer un esforzado trabajo de acercamiento desde el mismo momento en el que la escena ilumina su cuerpo tirado en el suelo hasta que la luz de la libertad la deslumbra. Lástima que la historia no la acompañe.
Lo positivo que me llevo de lo que vi fue que una vez pasados los días, en mi cabeza, el montaje toma unos tintes mas interesantes de desgranar, y apetecibles de discutir en una buena charla, que cuando lo presencié; aunque esto debería ser complemento de un montaje que se disfruta y no de una justificación para uno que no me llegó a convencer.
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Ángeles Casting Creep Doriam Sojo El Burdel A Escena En Un Entreacto Radio Fede Rey Israel Criado Jaime Reynolds Teatro del Arte

En Un Entreacto Radio – Programa 9

Hace una semana tuvimos nuestro programa Nº 9 de En Un Entreacto Radio desde el estudio de GetafeVOZ donde, como siempre, hicimos un repaso a la cartelera madrileña, tuvimos nuestro punto crítico y opinamos sobre «Autostop» de Carlos Be.

En el estudio hicimos una mezcla con los invitados, tuvimos a Doriam Sojo gestor de El Burdel a Escena, que tiene actualmente en cartel «Casting» y «Creep», dos historias con ese tipo de teatro que juega con los actores y los espectadores, poniéndoles muy cerca unos de otros; y también tuvimos a Fede Rey y Jaime Reynolds, que vinieron acompañados de Israel Criado, director de su inminente estreno de «Ángeles», que tendrá lugar en el Teatro del Arte, sala de la que también nos hablaron ya que ellos son la parte mas visible de la misma. Entre todos analizamos el actual panorama de las salas que habitan el Off Madrileño.

Una entrevista/charla que dio para mucho, para tratar temas espinosos y para echarnos mas de una risa, y es que con estos invitados, ¡no hay quien pueda!

Una tarde muy divertida que, si te la perdiste o quieres volver a recordarla, te la recuperamos desde aquí.

Como siempre, estáis invitados a opinar y a participar. ¡Bienvenidos a En Un Entreacto Radio!

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Carles Cuevas Carmen Pardo Daniel Acebes Diagoras Producciones El Secreto de las Mujeres Emilio Verdejo Fredeswinda Gijón Marta Arteta Nayra Petrini Pablo Cabrera Teatro del Arte Yann Charpentier

El Secreto de las Mujeres

Título:

El Secreto de las Mujeres

Lugar:
Teatro del Arte

Versión:
Daniel Acebes

Múscia y Letras:
Yann Charpentier
Emilio Verdejo

Elenco:
Daniel Acebes
Fredeswinda Gijón
Marta Arteta
Carles Cuevas
Pablo Cabrera
Nayra Petrini

Vestuario:
Daniel Maya

Coreógrafa:
Nayra Petrini

Escenografía:                                                       Producción:
Diágoras Producciones                                       Diágoras Proyectos Artísticos, S.L.

Dirección Musical:                                                Dirección:
Emilio Verdejo                                                   Carmen Pardo
                                                                          Daniel Acebes


En una época en la que estamos apunto de vivir en la capital una avalancha de musicales «Jukebox» y «requetereposiciones» imagino que generado por la crisis y el maldito 21% matataquillas y cierrateatros, nadie se atreve a embarcarse en la aventura de renovar los títulos que podemos ver; así que cuando uno sabe que se va a estrenar una comedia musical de cosecha propia, no puede por menos que sentirse atraído y tener la tentación de acercarse a verla. Un poco de savia nueva es muy de agradecer.
«El Secreto de las Mujeres» es una comedia musical, que no un musical, codirigido por Carmen Pardo y Daniel Acebes, que llega al Teatro del Arte con la sana intención de hacernos pasar un rato muy divertido. Una comedia ligera, llena de color, con un texto que juega con el surrealismo, la esquizofrenia y la realidad distorsionada, al borde de la misoginia, de un personaje profundamente trastocado por haber vivido el exceso de un entorno femenino.
La función viene de la mano de la valiente y ecléctica Diagoras Producciones, de quien ya hemos podido disfrutar otros montajes y siempre con un resultado mas que notable; y que esta vez se ha embarcado en la difícil tarea de crear un musical desde cero.

Una función absolutamente disparatada, donde las situaciones están sacadas de quicio, pobladas de personajes estereotipados y llevados mas allá del límite, a los que identificamos con claridad, hecho que provoca que soltemos mas de una carcajada.
Al comienzo es cierto que asusta oír el tipo de barbaridades que sueltan por la boca los personajes, pero enseguida uno comprende y entra en el juego de la exageración y la caricatura que nos propone el texto, haciendo que te olvides de todos los prejuicios, dejándote llevar por ese universo tan particular al que nos invitan a viajar.
Una obra llena de colorido y de muy buena energía, donde además de contar con un divertido texto, también cuentan con canciones creadas por Yann Charpentier y Emilio Verdejo, quien también se encarga de la dirección musical.
Canciones que sirven como pinceladas para las escenas, que son absolutamente pegadizas (Han pasado dos días desde que vi la función y aún saltan solas en mi cabeza), pero que en algunos momentos resultan prescindibles, pues no aportan demasiado, incluso frenan el ritmo de la historia. Otras, sin embargo, dan dimensión acertadamente a los personajes y a sus «taras» psicológicas, pero sin duda, frente al texto, es la parte donde se nota que el montaje aún cojea.
Antes de entrar en este tema, advierto que la función la vi el día del estreno y la valoración es un tanto subjetiva pues los nervios no son los mejores compañeros. Aún hay que hacer reajustes que, estoy convencido, harán que todo vaya a mejor con el transcurrir de las funciones, pero en la función del estreno faltó contundencia en el sonido. En un musical o en una comedia musical, las canciones deben dar brillo y aquí, el sonido de la sala era excesivamente opaco, haciendo que cayera el nivel conseguido, desluciendo la labor de los actores que incluso se les notaba tímidos a la hora de entrar en los coros y de ejecutar las coreografías creadas por Nayra Petrini, supongo que por la imposibilidad de escuchar con claridad. Aunque no todo es culpa del volumen de la música, falta en general potencia vocal y eso si que debe tener una solución urgente porque, al cantar sin micrófonos, cuando los problemas de sonido se hayan solventado, puede ser todo un impedimento para la buena marcha del espectáculo.

Salvando este tema, los seis actores hacen un muy buen trabajo. Es una gozada ver como se dejan la piel en escena, como consiguen que la función tenga un ritmo endiablado y los 90 minutos de espectáculo vuelen. Crean unos personajes con tanta personalidad, a pesar de ser absolutamente caricaturestos, que uno no sabe con cual quedarse.
Daniel Acebes hace un auténtico tour de force, a penas si sale de escena, canta, baila, salta y se desquicia a escasos centímetros del público y sin dar un solo síntoma de desfallecimiento, todo lo contrario, parece como si se retroalimentara de ese esfuerzo que conlleva llevar el peso de la función sobre sus espaldas. Dibuja un personaje lleno de tics que perduran y aumentan durante la función y logra que hagamos con sumo placer el viaje a través de la mente de su personaje.
Fredeswinda Gijón nos ofrece un ramillete de personajes adorablemente sobreactuados que me dejaron boquiabierto y que van a hacer las delicias de todos los que asistan a ver la función, tan llenos de vida, de detalles, tan disfrutables… que estás deseando que vuelva a aparecer en escena.
Pablo Cabrera siempre ha demostrado la solvencia como actor que tiene, da lo mismo lo que le echen. Lo resuelve todo con tanto gusto y demostrando un peso escénico tan grande, que es imposible no disfrutar viéndole trabajar. Y en esta función vuelve a suceder, y además hay que añadir que es todo un descubrimiento escucharle cantar.
Nayra Petrini, que además de ser la responsable de las coreografías del montaje, nos ofrece una especie de «Campanilla» gamberra y juguetona que se pasa la función revoloteando por la escena, haciendo algo muy bonito que es el subrayar el trabajo de sus compañeros sin robar foco y haciendo una composición muy entrañable de un personaje que es una delicia mirar.
Carles Cuevas es otro intérprete que como Fredeswinda, nos trae uno de esos personajes con los que te quedes al final de la función, que te conquista nada mas aparecer en escena y te apetece seguir viéndole; él opta por jugar con la contención exagerada de su personaje, que lucha por no dejar salir toda la potencia, si no que la dosifica sabiamente para que lo disfrutemos de principio a fin.
Marta Arteta es de esas actrices que uno no sabe muy bien porqué, pero según pisa el escenario presiente que nos va a dar algo mas de lo que en principio aparenta, y así es, tiene una gran energía que maneja con gracia y que nos lleva desde el comedimiento a la exageración sin demostrar esfuerzo alguno. Juega con ganas sobre el escenario y el resultado como contrapunto a la locura del personaje de Daniel es perfecto.

En general los seis logran que disfrutemos en escena. Realizan un trabajo enorme y muy divertido y que con el pasar de las funciones creo que van a lograr que este montaje brille en todos sus aspectos.
Carmen Pardo y todo su equipo afrontan este reto con mucha valentía, explorando nuevos caminos por los que antes no habían transitado y eso es muy placentero de encontrar para los que amamos el teatro. No todos los profesionales apuestan por un riesgo como el de esta producción en los tiempos que corren y yo espero y deseo que esa apuesta haya sido por un caballo ganador.
No dejéis de pasaros este verano por el Teatro del Arte y ver «El Secreto de las Mujeres» porque os prometo que os lo vais a pasar en grande, os vais a olvidar de las preocupaciones y saldréis con muy buen sabor de boca.
Y a todos los que visitéis Madrid este verano. No solo en la Gran Vía se hace teatro, investigad y descubrid estos pequeños bombones que nos tienen preparados en el resto de salas porque merece la pena descubrirlos y disfrutarlos.

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Carolina Román En Construcción Nelson Dante Teatro Teatro del Arte Tristán Ulloa

En Construcción

Título:
En Construcción

Lugar:
Teatro del Arte

Autores:
Carolina Román
Nelson Dante

Elenco:
Nelson Dante (Pablo)
Carolina Román (Sole)

Escenografía:
Alexandra Alonso-Santócildes

Iluminación:
Eduardo Alonso Chacón

Sonido:
David Cubero

Música:
Julio de la Rosa

Dirección:
Tristán Ulloa

He dado mil vueltas a la forma en la que quería contaros mi opinión sobre “En Construcción”, que he borrado y reescrito la crónica un montón de veces. Pienso que es una función tan especial que se merece que las palabras reflejen, en la medida que me sea posible, la belleza de esta joya que todos deberíamos disfrutar en el Teatro del Arte. No sé si llegaré a conseguirlo, pero eso es un aliciente mas para que vayáis vosotros mismos a descubrirla.
Nelson Dante y Carolina Román han creado un texto y unas interpretaciones que nos hacen sentir una cercanía tan sincera, tan llena de lugares comunes, que uno no sabe si llorar, reír o hacer todo a la vez para poder liberar el nudo en la garganta que se forma desde el mismo momento que pasas a formar parte de la gran aventura de sus vidas, y es que es casi imposible no sentirse cómplice de Pablo y de Sole. Su historia son filamentos de alma que se enredan con nosotros, son experiencias que uno siente similares a las propias. Destilan una inocencia tan pura que es inevitable no amarles y desearles que la vida les sonría y les trate con cariño porque, al fin y al cabo, ellos tan solo desean ver cumplido el proyecto de futuro que emprenden al huir del famoso Corralito argentino, que mas allá de arruinarles, les regala la fuerza suficiente para lanzarse a descubrir qué les tiene preparado el destino. 
A veces los sinsabores y los palos mas amargos son la clave para salir a flote.
El desarraigo, el amor, el miedo, la ilusión, la complicidad brillan en el alma de estos dos personajes que deciden saltar al vacío apretándose fuerte de la mano y enfrentándose unidos a lo desconocido. Que se toman la vida sin grandes aspavientos; regalándonos una lección, mostrando sin pretenderlo, que la vida hay que bebérsela a sorbitos, tal como viene, pero luchando por aquello que nos ilumina el alma; intentando sacar de todo ello el motivo por el que seguir adelante. Un canto a la vida, al amor en todas sus versiones.
Nelson Dante y Carolina Román dibujan una realidad tan tangible que a veces nos sobrepasa, llegando tan hondo que nos hacen perder la noción de estar viendo un espectáculo teatral, prueba de ello fue el sonoro suspiro que se le escapó a uno de los espectadores en la función en la que estuve, cuando Soletoma la decisión clave de la función; me puso los pelos de punta pensar en lo embebido que estaba en la función ese espectador como para que su alma se expresara tan abierta e involuntariamente… es tal la pureza y la verdad que se vive durante la función que uno sabe que Sole y Pablo son dos personas, que no personajes, con los que seguramente nos vamos a cruzar en cualquier esquina de nuestras vidas, o incluso ¿quién nos dice que no seamos nosotros mismos? Porque como bien dicen ellos, esta es una historia de ida y vuelta…
Qué bello es este espectáculo que ha dirigido con una mano tan delicada Tristán Ulloa, crítico con la vida y con las situaciones que nos tocan vivir, pero con la medida justa como para que uno salga de ver la función pensado en lo necesaria que es y reafirmándose en lo poderoso y bello que es el teatro que a veces mas allá de hablarnos de fantasías nos habla de las ilusiones. Y eso, en estos momentos es tan terriblemente necesario…
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Alex Larumbe Óscar Merino Cómete un mordisco Charo Santamaría Chemi Moreno Eulogio Penas Seijas Francisco Lidón Laura Ordás Lucía Barrado Raquel Mesa Teatro Teatro del Arte

Cómete un mordisco

Título:

Cómete un mordisco

Lugar:
Teatro del Arte

Autor:
Óscar Merino
Eulogio Penas Seijas

Elenco:
Alex Larumbe (Pan Bendito)
Chemi Moreno (Capitán Sarasate)
Francisco Lidón (Stolichnaya)
Lucía Barrado (La Negra)
Laura Ordás (Mara)

Vestuario:
Lua Testa

Iluminación:
Pau Ferrer

Escenografía:
Alberto Desiles

Dirección:
Charo Santamaría y Raquel Mesa

Cuando te llaman con la ilusión de querer mostrarte un trabajo, uno no puede resistirse. Todos los que de alguna manera nos hemos ido involucrando con el teatro sabemos que el fin de todo es poder mostrar el resultado final al público y yo, como público que soy, si se me reclama procuro responder y ser partícipe.
En esta ocasión la función era «Cómete un mordisco» de Óscar MerinoEulogio Penas Seijas. No conocía la obra, la verdad, pero la curiosidad por el extraño título y que en ella se encontraran Alex Larumbe y Lucía Barrado, a los que había visto hace poco en «La Indagación» de Efímero Teatro, ya me dieron motivos para acudir a la llamada.
La historia es una especie de esperpento actual, donde unos personajes marginales y con muy poco que perder, intentan sacar «tajada» de la vida jugando sus cartas lo mejor que pueden. Pan Bendito, La Negra y Stolichnaya quieren montar una empresa dedicada a la extorsión y a los sicarios, para ello necesitan que alguien les ayude a dar los primeros pasos en este negocio, contratando al Capitán Sarasate, un argentino «experto» en el tema. Entre las lecciones que reciben hay una «clase práctica» en la que deben simular un secuestro, con una víctima falsa, para poner en práctica todo lo enseñado. Cosas del destino hacen que acaben por confundirse y secuestrar a una empresaria real, Mara Vergara, víctima que provocará que aprendan la lección mas importante de todas…
En esta función nos encontramos con unos personajes que avanzan por la vida a base de tropezones, creyéndose lo que no son; como bien los define la compañía «unos corderos con piel de lobo» que serán golpeados con toda la contundencia que la realidad posee.
Esta negrísima tragicomedia nos deja carcajearnos de los personajes y de las situaciones absurdas que viven, para congelarnos la sonrisa mostrándonos la verdad que todos nos imaginábamos pero, que contagiados de la inocencia que destilan los personajes bajo esa pose de fiereza, habíamos desechado. Una visión terrible y pesimista que nos recuerda cual es nuestra posición en la cadena alimenticia y la imposibilidad de que esto varíe.
Charo Santamaría y Raquel Mesa nos presentan unos personajes llenos de una poética urbana que, dentro de su tosquedad y aspereza, nos muestran una ternura que los redime de todo el mal que están por hacer. 
Son personajes llenos de ambiciones, de ganas de luchar por salir del agujero en el que se encuentran, pero que pecan de inocencia y de necesidad, personajes que nunca han sido tenidos en cuenta y buscan quien les escuche, sin reparar en las consecuencias de ser escuchados por la persona incorrecta.
Poco a  poco nos van desgranando sus sueños y su inocencia; sueños que quizá a nosotros nos suenen absurdos, pero que son el motor que les mueve y que alimenta sus esperanzas de una vida mejor, de  comerse el mundo. Son fieras que se mueven por el instinto de supervivencia y que buscan una luz que les despoje de tanta miseria. Víctimas de una sociedad que engaña y manipula, que nos hace creer que luchamos por lo que queremos y que sin embargo llena nuestro camino de espejismos que nos confunden y nos desvían del objetivo, redireccionándonos hacía donde ellos deciden.
Alex Larumbe, Chemi Moreno, Francisco Lidón, Lucía Barrado y Laura Ordás, nos ofrecen unas composiciones muy bien trabajadas, donde lo orgánico da sentido a las palabras y dan cuerpo y personalidad a personajes tan esperpénticos como los de esta obra.
Hay momentos en la función en lo que las situaciones están tan llevadas al límite que corren el riesgo de caer en lo ridículo y el descontrol y que, sin embargo, salvan con holgura. Propuesta muy interesante que nos lleva por el camino de la comedia, donde todos nos sentimos relajados a pesar de lo que nos cuentan, para conseguir ese golpe de gracia final lleno de una fría realidad.
Me encanta ver el riesgo que asumen algunos actores en escena, cómo se entregan a sus personajes y a las propuestas; como este que hacen Alex Larumbe y Lucía Barrado después de la sobriedad de «La Indagación», demostrando una solvencia actoral digna de ser seguida de cerca. Por supuesto, sin menospreciar el trabajo de sus compañeros, de los que también destaco la labor en todo momento de Laura Ordás, la «fisicidad» de Francisco Lidón y la energía de Chemi Moreno.

Un montaje diferente que apuesta por un lenguaje y una sensibilidad «a pie de calle» para hablar, desde un espejo deformante, del miedo y la angustia que sentimos todos ante la posibilidad de quedar atrapados en el fango impuesto.
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A.Domínguez C.Andrés Orellana C.Martos de la Vega Charo Amador David Alonso Efímero Teatro J.Aranguren La Indagación Lucía Barrado Lucía de la Fuente Mamen Camacho P.Aijón Teatro del Arte Weiss

La Indagación

Título:
La Indagación

Lugar:
Teatro del Arte

Autor:
Peter Weiss

Elenco:
Pedro Aijón
David Alonso
Carolina Andrés Orellana
Juanjo Aranguren
Lucía Barrado
Mamen Camacho
Lucía de la Fuente Gallego
Carlos Martos de la Vega
Alex Domínguez

Creación Sonora Original:           Vestuario:           Escenografía:            Iluminación:
Mariano García                          Sofia Nieto         Mónica Teijeiro       Miguel A. Camacho

Producción:                                Dramaturgia y dirección:
Efímero Teatro                          Charo Amador

El Jueves Efímero Teatro me dio la oportunidad de poder asistir al estreno de «La Indagación» de Peter Weiss en el Teatro del Arte. Una noche llena de primeras veces. Primera vez que asisto a Teatro del Arte, antiguo Teatro de Cámara que vuelve con nueva identidad y lavado de cara. Mi primer textro de Peter Weiss; y la primera vez que veo en escena a la gente de Efímero Teatro. 
Aunque parezca una bobada, estas cosas a mi me gusta tomármelas como pequeños regalos que me da este blog, es maravillosa la sensación de que se abran posibilidades de seguir descubriendo y extraer sentimientos y aprendizajes de esos descubrimientos.

«La Indagación» es una dramatización de los procesos judiciales que tuvieron lugar en Frankfurt entre los años 1963 y 1965 contra los oficiales Nazis y los responsables de los campos de Auschwitz; dividida en ocho cantos que exponen sin ningún tipo de edulcorante todas las experiencias vividas por todas aquellas víctimas que sobrevivieron a esa barbarie.

Este trabajo que nos propone Charo Amador, directora del montaje, toca diferentes lenguajes teatrales, los mezcla y los separa a su antojo, acercándonos un mosaico de personas del pasado para hablarnos de una forma descarnada, sin velos, sobre uno de los peores episodios de nuestra historia mas actual.
Los actores nos hablan desde el escenario, utilizan la voz para remarcar el dolor de las experiencias y para cuando la voz se ahoga, pero quedan muchas cosas mas que decir, utilizan el movimiento; dibujando con él lo que el texto de Weiss es incapaz de decir porque es imposible transformarlo en palabras.
Es un texto muy duro de representar. No hay a penas una dramatización, por así decirlo, de lo que se cuenta. Son testimonios dichos sin aspavientos, sin ademanes de ningún tipo. Y que sin embargo calan hondo. No sé si es por el hecho de saberlos reales o porque simplemente uno no puede creer que nadie haya podido experimentar algo así… pero el texto es una sucesión de visiones a cada cual mas dolorosa y angustiosa. Ahora mismo intento recordar algún momento en el que haya podido sentir tanta repulsión viendo una obra de teatro y no logro encontrarla; hubo momentos que casi me sentí enfermo de escuchar, daban ganas de taparse los oídos y dejar aquello, pero por otro lado era imposible no dejarse arrastrar y atender a todo lo que se cuenta, la curiosidad es infinita y a veces vergonzosamente sorprendente. Las gradas se llenaron de una tensión casi palpable, a penas si había sonido de respiraciones, y es que creo que casi todos estábamos sobrecogidos por la propuesta.
A todo esto lo enmarca un sonido, unas luces y una escenografía muy acordes con lo que se cuenta, aportando pinceladas que nos ayudan a rememorar y sentir la crudeza y el dolor vividos. La frialdad, la soledad, la injusticia, la muerte… son palpables con todo realismo.
El reparto me sorprendió muy gratamente, bastante equilibrado. En el momento que la función comenzó, mi primer pensamiento fue «¡Qué gusto de voces!», aplaudo una dicción tan buena y una  proyección tan cuidada y es que es un placer poder disfrutar de un texto con tanta claridad y tan bien trabajado. Además de la complejidad de sus extensos y sangrantes parlamentos. 
Mucha energía y compromiso, y algunas interpretaciones muy brillantes como las conseguidas por David Alonso y Carlos Martos de la Vega, que me sorprendieron con esa capacidad de transformación en escena y que confieso que consiguieron aterrorizarme con alguno de sus personajes o Mamen Camacho que consigue momentos desgarradores y de erizar el alma… No quiero que se piense que los demás hacen una labor «menor» en la función, todos ellos aportan una humanidad (para bien y para mal) a los personajes de Weiss que hacen que merezca la pena vivir la experiencia y poder disfrutar del conjunto. Cinco actores y cuatro actrices que se lanzan de cabeza, comprometidos con lo que hacen y que abordan un trabajo arriesgado, pero bien ejecutado. Dos hornadas de alumnos de la RESAD que ojalá no dejemos de ver en los escenarios porque creo que tienen mucho que ofrecernos.
Y llegado a este punto, voy a decir mis tres «peros», el primero es mas para la sala que para la función. Esa segunda fila a la misma altura que la primera, es muy incómoda para poder ver… Creo que deberían encontrarle una solución para futuros montajes, espectador incómodo es espectador que no atiende como se debería, y es una pena que la culpa de eso la tenga una butaca y no lo bien o mal ejecutado que esté el montaje.
El segundo «pero» es quizá la edad de algunos personajes y la de los actores, quizá juegue un poco en su contra para darle mas veracidad, aunque este es un «pero» dicho con la boca chica porque sus interpretaciones no tienen pega alguna.
Y el último es para el texto, que llegando al final cae un poco en la repetición de momentos, haciéndose algo largo.
Por lo demás, yo recomendaría con entusiasmo el ver esta obra y escuchar todo lo que en ella se dice y sobretodo como se dice. 
Un montaje muy duro, pero hecho con mucho gusto y con compromiso, donde se notan las ganas de hacer teatro y de encontrar nuevos lenguajes que mostrar a quien quiera ver.
Hay momentos en los que uno debe ser golpeado con la crudeza del ser humano y empaparse de la historia para intentar de la forma que sea, no caer de nuevo en los mismos errores.
Están poquitos días, no dejéis pasar la ocasión.
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