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Enrique VIII

Título:
Enrique VIII

Lugar:
Teatros del Canal

Autor:
William Shakespeare

Versión:
José Padilla

Elenco:
Fernando Gil (Enrique VIII)
Elena González (Catalina de Aragón)
Jesús Fuente (Wolsey)
Alejandro Saá (Gardiner)
Daniel Moreno (Chambelán)
Rodrigo Arribas (Northfolk)
Jesús Teyssiere (Cranmer)
Bruno Ciordia (Suffolk)
Alejandra Mayo (Beatriz)
Oscar de la Fuente (Sands/Intendente)
Andrés Bernal (Sands/Intendente)
Julio Hidalgo (Buckingham/Campello)
Sara Moraleda (Ana Bolena)
Asier Tartás (Figurante 1)
Andrés Bernal/Diego Santos (Figurante 2)
Juan Manuel Artero (Organista)

Adjunto Dirección:
Rafael Díez Labín

Dirección:
Ernesto Arias


De un tiempo a esta parte tenía muy abandonado el teatro clásico, había cogido algo de miedo a ver un montaje en verso; no es que no me guste, todo lo contrario, pero es que los últimos montajes que había visto me habían dejado bastante frío y me negaba a seguir sintiendo eso cuando he disfrutado tanto del verso. Seguramente haya dejado pasar puestas en escena muy buenas, pero poco a poco estoy volviendo a hacer las paces con el género y en un mes ya he visto dos montajes que me están haciendo querer ver mas.
A través de twitter he seguido los pasos que ha ido dando este montaje de Enrique VIII que ahora se está representando en los Teatros del Canal, hasta llegar a las Olimpiadas Culturales de Londres 2012 y su puesta de largo en The Globe Theater. Me parece algo tan sumamente especial para cualquier persona que se dedique al teatro… Imaginaos, poder tener la oportunidad de representar una obra de Shakespeare en el mismo escenario donde se representó por primera vez y en las mismas condiciones en las que se representaban en aquella época. 
¡Qué cúmulo de sensaciones!
Así que, con estos antecedentes, cómo iba a dejar escapar la oportunidad de ver lo que Rakatá, a través de Fundación Siglo de Oro, nos trae. Y ya no solo por todo lo que os he contado, si no por la oportunidad de ver un texto nunca antes representado en España y que además ha sido sacado adelante gracias al «Crowfunding«, una nueva forma de financiar la producción de teatro, cine, danza a través de pequeños aportes de pymes, particulares y algunas empresas que creo, con los tiempos tan oscuros que se nos vienen y el escaso apoyo por parte de las instituciones hacia la cultura, seguramente estará mas que presente de ahora en adelante.
Ojalá que, como ha pasado con este Enrique VIII, lo que haga la adversidad sea agudizar el ingenio y que podamos disfrutar de producciones mucho mas arriesgadas y ricas, que no estén sujetas a las condiciones impuestas que muchas veces ahogan a la cultura.
La función nos sitúa en el momento en el que Enrique VIII estaba separándose de la que fue su esposa hasta ese momento, Catalina de Aragón, y su posterior matrimonio con Ana Bolena. Las injustas acusaciones y presiones a las que Catalina fue sometida y las intrigas, montajes y manipulaciones que había en la corte.

Un montaje sencillo, sin grandes decorados, con los elementos justos para sacar adelante la función. Por lo que he visto en los vídeos del Globe, creo que han intentando respetar lo máximo posible todos esos elementos tal cual estaban cuando representaron allí.
La compañia ha querido rodearse de público, dejando que unos pocos puedan permanecer sentados en gradas en los laterales del escenario, obteniendo una visión completamente diferente a la que se suele estar acostumbrado. Una perspectiva curiosa para el público, aunque en algunos momentos un tanto incómoda para seguir los movimientos de los actores en escena.

El simple hecho de que comiencen la función saludando al público para después vestirse encima al personaje, a mi, que soy espectador al que le gustan los pequeños detalles, ya me predispone a querer disfrutarlo. Esa sensación de ver una compañía que viene a contarnos algo al público, me hace respirar un ambiente distinto. Se que enseguida me meteré en la historia, pero ahora lo que cuenta es que para el actor estoy ahí, sintiendo que la presencia de ambos es importante para los dos, rompiendo la frialdad del primer momento.

La obra, dirigida por Ernesto Arias, tiene un ritmo muy ágil, respetando silencios, pausas, pero impregnándolo todo de una energía muy viva.
Los actores vibran a cada verso gracias a la adaptación de José Padilla. Reaccionan y respirar al servicio de la función. A mi me tuvieron atento en todo momento a cuanto acontecía en escena, creo que me pasé mas de la mitad de la dos horas que dura la función echado hacia adelante en mi butaca, procurando que no se me escapara nada. Disfruté muchísimo sintiendo que me llegaban todas y cada una de las palabras, de las intenciones, de las miradas. Es un placer ver un trabajo tan bien hecho y que atrape de esta manera.
Los actores están de sobresaliente, hay algún caso que quizá quede algo rezagado del resto, pero no empaña el conjunto. Se nota el oficio y la pasión por mostrar un trabajo hecho con cariño y respeto.
Hay grandes momentos que no puedo dejar de mencionar, como ese final de Jesús Fuente como Wolsey, que deja sin palabras; demostrando que cualquier personaje de Shakespeare, por muy retorcido que pueda llegar a ser, está hecho de carne y hueso, llenándolo de debilidad humana. O cualquiera de las intervenciones de Elena González como Catalina de Aragón, un bombón para cualquier actriz, en el que Elena se regodea y nos regala unos momentos impagables, de poner los pelos de punta. Una actriz cargada de energía que nos la suelta a bocajarro, dejándonos aturdidos con tanto sentimiento. Te indignas, peleas y sufres con ella, está inmensa. Alejandra Mayo, una lección de como permanecer en segundo plano dentro de la trama y sin embargo demostrar su valía haciendo que el público sonría y sufra cuando ella lo hace; me entusiasmó, al igual que Rodrigo Arribas, Jesús Teyssiere, Alejandro Saá o Fernando Gil, por poner algunos ejemplos. Con esto no quiero hacer de menos a nadie de la compañía porque, repito, disfruté muchísimo de sus interpretaciones que son toda una lección de cómo debería ser el teatro clásico.

Además que como regalo extra, cuando fuimos a ver la función resultó ser el día en el que la compañía tenía encuentro con el público, donde pudimos enterarnos de muchas mas detalles del montaje, de su forma de trabajar, de anécdotas…
Esto es algo que el espectador medio desconoce y que puede ser interesante para despertar la curiosidad y hacer que el público se sienta mas involucrado con el mundo del teatro. En estos encuentros uno trata de tú a tú con todo el equipo y el intercambio de impresiones es muy interesante y enriquecedor.

La verdad que no me importaría volver a verla, saborearla de nuevo ahora que la conozco y descubrir cosas nuevas que seguramente con el primer visionado uno se pierde.
Creo que es uno de los imprescindibles de esta temporada, quien vaya a verlo va a poder disfrutar de un gran montaje que, además, sorprenderá por lo actual de todo lo que cuenta.

Un gran reencuentro con el teatro clásico que me ha vuelto a hacer disfrutar y además a lo grande.


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Daniel Acebes Diagoras Producciones Festival Teatro Antigua Mina Hector Vesga Hermosa Fea Lope de Vega Pablo Cabrera Raquel Alonso Susana Garrote Teatro Teatro Clásico

La Hermosa Fea

Título:
La Hermosa Fea

Lugar:
Festival de Teatro La Antigua Mina

Autor:
Lope de Vega

Elenco:
Daniel Acebes (Octavio/Gobernador)
Pablo Cabrera (Ricardo)
Hector Vesga (Julio)
Susana Garrote (Estela)
Raquel Alonso (Celia)

Producción:
Diagoras Proyectos Artísticos, S.L.

Dirección:
Juan Manuel Casero



Desconocía por completo la existencia del «Festival de Teatro de La Antigua Mina» y gracias al interés que tenía por ver «La Hermosa Fea» de Lope de Vega he descubierto un lugar a tener en cuenta para las siguientes ediciones. Una tarde, charlando con Pablo Cabrera, uno de los actores de este montaje, le pregunté que cuando iban a traer la función a Madrid; me dijo que lo mas cerca que iban a estar esta temporada era en este festival. Habló del emplazamiento, de lo curioso del lugar y de representar allí; así que despertó mi curiosidad y me acerqué a Zarzalejo para disfrutar de obra y entorno.
La verdad que es curioso llegar a lo alto de La Cruz Verde y descubrir un teatro en medio de la naturaleza. Que un camino de farolillos te acompañe hacia las gradas en mitad de la noche, bajo las estrellas, con el sonido de los grillos de fondo, ya te predispone para que al menos comiences la función receptivo y con ganas de magia…
En «La Hermosa Fea» Lope de Vega nos cuenta, en  tono de comedia, los enredos que el príncipe Ricardo provoca para que la duquesa Estela repare en él y se enamore. Su estrategia es ofenderla diciendo que es fea para luego hacerse pasar por otra persona y conseguir que la duquesa se enamore perdidamente del príncipe sin saber que es él, claro que la duquesa también tiene sus propios planes… ¿Quién se saldrá con la suya?
La función trata un tema que hoy en día sigue tan vigente como cuando el autor escribió la obra; el culto a la belleza y la vanidad del ser humano. Todos queremos ser admirados y halagados por los demás, pero en el momento que nos vemos ofendidos por un mal comentario, por pequeño que este sea, nuestro orgullo se revuelve, no aceptamos la crítica y lo que buscamos es contraatacar para vengar la ofensa.
Con un mínimo de escenografía y el marco de la mina, Juan Manuel Casero, director de la función, nos hace  disfrutar de los actores «a pelo». Es decir, ellos solos frente al texto; consiguiendo que nos sumerjamos fácilmente en la comedia y degustemos el verso de una manera sencilla y fluida. Haciendo que lo complicado del verso se vea fácil y divertido.
Los cinco actores están muy bien. Divertidos, comunicativos y, aunque el lugar les obliga a cambiar entradas y salidas del montaje original, muy resolutivos. Susana Garrote, Pablo Cabrera, Daniel Acebes, Raquel Alonso y Hector Vesga nos ofrecen cerca de una hora y media de comedia amable que aconsejo tanto a los amantes del verso como a cualquiera que tenga curiosidad por acercarse al teatro clásico.
Algo que me gustaría destacar a nivel particular es que los actores no utilizan micrófonos. Quizá a alguien le  parezca una tontería que haga esta reseña, pero es una cosa que cada vez escasea mas en los teatros y es algo que me molesta bastante. Llamadme purista si queréis, pero cuando un actor se forma, le enseñan dicción, proyección de voz, vocalización… y muchas veces nos encontramos con que algunos de los que se suben al escenario, no tienen ni idea de qué es eso y creo que es algo terrible para cualquier montaje. Aunque también es cierto que a veces el que proyecta la construcción del recinto es el que no tiene ni idea de como debe ser un teatro y construye naves industriales con una acústica nula… Así que cuando vas a ver una obra en la que los actores utilizan tan estupendamente bien su instrumento, como es el caso, uno se siente feliz de estar ahí y poder disfrutarlo.
Acaban de finalizar temporada, creo que de momento no hay fechas previstas, pero os dejo el enlace de la productora por si queréis consultar en un futuro Diagoras Producciones 
Si en algún momento oís hablar de esta obra cerca de vuestra localidad, no dejéis escapar la ocasión y acercaos a verla, no os va a defraudar.
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Amaya Curieses Destellos Emmanuel Cea Fernado Salvá Javier García Jorge Mayor Juan Carlos Herranz Nicolas SIrito Pablo Cabrera Pepe Maya Teatro Teatro Clásico Teatro Federico García Lorca Zampanó

Diecinueve. Proceso Contra Un Rey Felón

Título:
Diecinueve. Proceso Contra Un Rey Felón

Lugar:
Teatro Federico García Lorca

Autor:
Eduardo Fernández-Fournier

Elenco:
Juan Carlos Hernanz
Javier García
Pablo Cabrera
Jorge Mayor
Emmanuel Cea
Nicolas Sirito

Dirección:
Fernando Salvá





Desde que estuve estudiando teatro clásico con Amaya Curieses y Pepe Maya fundadores de Zampanó Teatro, no he vuelto a pisar el Festival de Teatro Clásico de Getafe. De esto debe hacer la friolera de 10 años… He estado muy desconectado de los eventos teatrales de mi ciudad durante mucho tiempo (mea culpa), aunque también he de decir que la ciudad tampoco es que se vuelque demasiado en hacer conocer este festival (Esto ya sucedía antes, no creáis. Hablo por experiencia); de hecho antes de escribir esta crónica me puse en contacto con la Concejalía de Cultura para que me facilitaran cualquier tipo de información sobre la programación de este año y darle, de forma desinteresada, algo de difusión a través de este blog y de la página que tengo en facebook, y la única respuesta que he obtenido por su parte ha sido el silencio… Así, mal vamos… 
Pero bueno, uno se considera amante del teatro, procura ver el máximo de montajes posibles, estar al tanto de todo lo que se cuece e intenta conocer y apoyar a los profesionales que se dejan la piel para sacar adelante los proyectos que con tanta ilusión ponen en pie.
Ayer, Teatro Destellos ofreció el estreno absoluto de este texto de Eduardo Fernández-Fournier, que intenta someter a juicio, mas allá de la historia, a Fernando VII cuando se declaró en contra de la Constitución de 1812. En la función nos encontramos con que el público es quien tiene que decidir si acusar al Deseado de haber cometido un Acto de Felonía o no. Es decir, si traicionó al pueblo o no. Los personajes nos trasladan a diferentes momentos de la vida del monarca, como cuando fue recluido por Napoleón, imponiendo a su hermano como soberano de España; o cuando Fernando VII intenta, a través de varias cartas, convencer a Napoleón de que es su aliado para recuperar el trono perdido, de como enfrentó a los miembros de su Corte o como accedió a que las tropas francesas entraran en territorio español cargando contra el pueblo.
La propuesta es muy original, aunque quizá peque de un exceso de datos y de por sentado que todo el acude a ver la función es conocedor de los hechos. Sabemos que es un hecho histórico y que lo que cuenta es sabido, mas o menos, por todos; pero hay tal cantidad de datos, nombres y fechas, que en algún momento uno se siente un tanto abrumado. Quizá si se optara por algo mas de sencillez, el ritmo de la función sería mas ágil… Aunque confieso que me sometí divertido al juego de creerme jurado «activo» y escuchar atentamente a las dos partes, atendiendo a la exposición de los hechos como si de mi decisión estuviera pendiente la condena del monarca.
Fernado Salvá nos propone un montaje en cierto modo «atemporal», sin mucho detalle que marque una época concreta, con módulos que los propios actores mueven para llevarnos a diferentes momentos y lugares. 
También utilizan proyecciones que nos indican el momento en el que nos encontramos, o como pruebas de la acusación. Proyecciones que son las protagonistas del momento mas crudo de la representación cuando se enumeran los diferentes crímenes de guerra, reflejados con grabados de Goya. Momento realmente espeluznante. 
Además, se nos ofrece un retrato  de un Fernando VII como prácticamente un pelele, sujeto a las decisiones de los demás, menospreciado por todos y en ocasiones zarandeado, literalmente, por el escenario como si de un elemento decorativo se tratara. Un Rey encorsetado en protocolos, impasible y acomplejado, que hastiado por todo este proceso, da la sensación que quiere que le dejen en paz, olvidado en la historia. No puedo evitar encontrar muchos paralelismos entre la función y el momento político actual… 
El elenco está muy bien, dan mucho dinamismo a la historia y es un placer escuchar un texto bien dicho y proyectado.
Pablo Cabrera está muy convincente como Fernando VII, sin salir a penas de escena, hace un gran trabajo actoral componiendo un personaje difícil de mantener durante todo el tiempo y que, sin embargo, el lo logra.
Jorge Mayor como Napoleón, muy suelto en escena y con mucha energía, ofreciéndonos una gran escena junto con Nicolás Sirito, donde se masca la tensión entre superior y súbdito y no sé sabe quien ejerce mas presión sobre el otro.
Emmanuel Cea nos ofrece un cambio de registro muy interesante entre los dos personajes que le toca interpretar tanto vocal como gestualmente hablando.
Al igual que se complementan muy bien Juan Carlos Hernanz y Javier García como Presidente del Tribunal y Abogado Defensor, que son los encargado de hacer que el público tome partido por un bando o por otro.
La función merece la pena ser vista y resulta interesante e incluso podría decirse que es muy instructiva. No todo el mundo conoce este momento de la historia y esta es una muy buena manera de hacerlo. Lástima que el público escaseara tanto… Claro que el partido de España – Francia de la Eurocopa no ayudó mucho.
Dejando a parte la obra, de la que ya digo que disfruté mucho, quiero hacer ciertos apuntes a los espectadores. Ayer, supongo que había mucho familiar y amigo del autor, director, actores, etc… y fueron a apoyar a su gente, aunque la función les diera un poco lo mismo, pero otros pagamos nuestra entrada y sufrimos en nuestras carnes el que hubiera gente en las butacas que, en otra situación, no se les hubiera ocurrido ir al teatro. 
Lo que voy a decir a continuación, no solo es por las molestias que sufrí ayer, si no un dato a tener en cuenta en general por todo aquel que vaya al teatro.
– Absténganse de ir al teatro con bebés, por favor. Ni el niño está cómodo, ni permite que los espectadores de su alrededor puedan disfrutar de la obra por la que han pagado. Y si el niño molesta, haga el favor de salir de la sala, hace un flaco favor a los actores que están trabajando. Aunque usted no lo crea, ellos oyen los ruidos del público y les desconcentra.
– Si es conocedor de la historia, deje las explicaciones para el entreacto o para el final. Mientras usted se las da de cultivado, hace que su acompañante pierda el hilo argumental y a los demás espectadores a los que sus murmullos les molesta, les da lo mismo su inteligencia; pagan por ver lo que sucede en escena, no por escuchar sus «enseñanzas».
– Si va al teatro, olvídese del móvil. Apáguelo y déjese invadir por la historia que le están ofreciendo, no sabe lo maravilloso que es abstraerse del mundo real por un rato. Seguro que sus amigos entenderán que no conteste a sus mensajes al instante y los destellos de su pantalla no distraerán a sus compañeros de butaca.
Siento comenzar dando la charla a los organismos públicos y acabar dando la bronca a los espectadores, quizá soy mas pedantillo de lo que pienso… pero me parece que vamos cayendo en una falta de respeto tan grande, que hay que decirlo en voz alta.
Adoro el teatro y odio el maltrato al que se le somete por todos lados.

Aún así, por favor, no os quedéis con la sensación negativa de mis últimas palabras. La obra es digna de ser vista, de ser disfrutada. El trabajo de todo el equipo artístico y técnico es lo que quiero valorar, y eso lo hago muy positivamente.
¡Viva el teatro!

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