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Periodo de Reflexión

Ya he repetido hasta el hartazgo que entrar en La Casa de la Portera es como traspasar un portal a otra dimensión, uno entra en cualquiera de sus salas y sabe que le va a tocar de una manera que no puede vivir en otros espacios, da igual que sean mundos inventados o la más cotidiana de las situaciones, y es así como nos adentramos en «Periodo de Reflexión», un golpe de Teatro Documental escrito por Sergio Martínez Vila y dirigida por Camilo Vásquez que dejará noqueado al que se atreva a asomarse por allí.cartel_pdr

Todo comienza con Joy (Mikeka N’Shimbi), una inmigrante ilegal procedente del Congo que apenas si sabe español. Una mujer que se encuentra en las dependencias de una comisaria cualquiera donde tiene un encuentro con una policía (Carolina Clemente) que no está preparada, ni psíquica y ni profesionalmente para enfrentarse con un caso como el de esta mujer.

A Joy la obligan a prostituirse en un «puticlub» de mala muerte, donde la trata de mujeres es la moneda de cambio, ella apenas puede comunicarse y no comprende que le esté sucediendo esto tan solo por ser mujer… Un caso terrible que se da la mano con el de otras tres mujeres con las que convivió, la Madame del antro en cuestión (Marta Malone), una rumana ya entrada en años que instruye con toda crudeza a sus «putas», las cuales tienen que cumplir con una deuda que los hombres con los que han tenido la desgracia de cruzarse las obligan a pagar.

Junto a ellas nos encontramos a Gabi (Viridiana Moreno), una muchacha latina que mantiene una farsa aprovechando la distancia que la separa de su familia, vistiéndolo todo de rosa y de proyectos irrealizables, y Nerea (Fabia Castro) la única española, una joven perdida en una espiral de drogadicción, que la ha dejado a merced de los hombres que ven en ella una forma fácil de hacer dinero. Un pelele humano que a pesar de su corta vida, ya se encuentra en una vía muerta.

Unas historias terriblemente duras, mostradas sin ningún tipo de amabilidad. Cinco mujeres solas, desamparadas y sin esperanza que se resquebrajan ante nuestra mirada. Cinco historias que en nuestro día a día pasan absolutamente desapercibidas, pero que están ahí, más próximas a nosotros de lo que pensamos y, seguramente, de lo que quisiéramos.periodo-de-reflexic3b3n_t8a6844

Es escalofriante y absolutamente desasosegante el retrato que Sergio Martínez Vila y Camilo Vásquez muestran. Son historias a las que uno quisiera volver la cabeza y no mirar, ignorando su existencia, pero que en «Periodo de Reflexión» te obligan a conocer sosteniéndote la cara y escupiéndotelas a bocajarro. En ningún momento uno permanece cómodamente sentado en su silla relajado y ajeno a cuanto sucede en escena; uno escucha, contempla, sostiene la mirada a las actrices y nota como se le revuelven el alma y las tripas al conocer estas situaciones tan tristemente habituales. Como bien dicen en un momento de la función, nunca más podré volver a mirar esos «puticlubs» de carretera con la indiferencia de antes…

Hay momentos atroces, como ese en el que la Madame nos presenta a sus chicas, hablando con ese desapasionamiento que da el repetir lo mismo una vez tras otra, como un triste mercado de carne; o la historia de Nerea dicha directamente a los ojos del espectador, yo fui objeto de su monólogo en la función a la que asistí… Quien la ha visto sabe de lo que hablo. O esa tristísima conversación telefónica de Gabi, donde uno se da cuenta de que no hay lugar para ella; o la impotencia de Joy intentando expresarse ante esa policía hastiada y sobrepasada…

Las cinco actrices están soberbias, se han embarcado en este proyecto tan poco amable con una verdad y una honestidad tan aplastante que no me explico cómo pueden soportar marcarse dos funciones seguidas cada miércoles.periodo-de-reflexic3b3n_t8a6938

Hay tanto dolor y crudeza en todo lo que transmiten y cómo lo dicen, que da pudor sostenerles la mirada. Cinco interpretaciones contundentes que dejan nuestro alma vibrando de desasosiego. Escribo esta crónica sobre la función y aún hoy me invade una amarga tristeza recordándolas.

Una nueva ocasión para declararme absoluto admirador de este tipo de teatro tan descarnado y tan necesario. Quizá nosotros no podamos hacer nada, no esté en nuestras manos poner remedio a ciertas situaciones en las vidas de los demás, o quizá sí, pero eso no quita para permitirnos vivir en la indiferencia y el desconocimiento. Hay muchas vidas por ahí fuera que merecen ser escuchadas para evitar que caigan en el olvido, y por eso mismo hay que aplaudir y agradecer la existencia de «Periodo de Reflexión».

Título: Periodo de Reflexión Autor: Sergio Martínez Vila Idea y Dirección: Camilo Vásquez Elenco: Carolina Clemente, Mikeka N’Shimbi, Marta Malone, Viridiana Moreno y Fabia Castro Vestuario: Guadalupe Valero Escenografía: Alfonso Díez Lugar: La Casa de la Portera

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Eterno Creón

La semana pasada realicé uno de esos ejercicios que tanto me gustan y que pocas veces logro realizar, entregarme a ciegas a un montaje. Desconocía «La Tebaida» de Jean Racine de la que bebe Manuel De para poner en escena este «Eterno Creón», eterno-creon-cartel_(1)1426001155_bigy decidí no leer nada, dejarme llevar y ver qué sucedía. Tan solo sabía cual era su reparto, motivo más que suficiente para despertar mi curiosidad.

La historia habla de Etéocles y Polinice, hijos de Edipo, que tras su muerte deben repartirse el tiempo de reinado, tal como desea el padre fallecido, pero esto lleva al enfrentamiento entre los dos hermanos, ya que los dos quieren conservar la corona más tiempo del estipulado.  

Yocasta, madre de ambos, es quien media entre ellos sin demasiado éxito, luchando por lograr el entendimiento entre ambos hijos ya que tras las sombras se esconde Creón, tío de ambos, que permanece a la espera de que ambos hermanos se destruyen para ser quien acabe finalmente poseyendo la corona.

Un montaje que habla del odio, de la ambición y de la terrible corrupción que no entiende de lazos familiares, cosa que a ojos del espectador lo hace todo mucho más terrible. Un montaje lleno de desgarradora actualidad, que se mezcla en el tiempo dejándonos en un limbo temporal, en el que las proyecciones de desastres bélicos, enfrentamientos deportivos y tragedias familiares vienen vestidas con túnicas y trajes de chaqueta.

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Foto Simona Cheli

Esta no es una propuesta sencilla, el espectador debe llegar a ella con todos los sentidos bien despiertos, porque corre el riesgo de poder quedar descolgado o sentirse apabullado ante la espiral de acontecimientos. La historia central no tiene demasiada dificultad, de hecho el director ha optado por centrarse en el suceso principal, deshaciéndose de subtramas, para desarrollarla con más dedicación, aunque eso no quita para que la forma que tiene Manuel De de contar, se despliegue con una alta complejidad no apta para todos los públicos… Cosa que estoy seguro no pretende.

Todo un ejercicio escénico enriquecido con proyecciones, músicas que redondean atmósferas y situaciones, y que de alguna manera me sugieren sabores del teatro alternativo de otros tiempos, en el que no se miraba tanto la pulcritud de la propuesta, si no lograr la contundencia y la denuncia a través de los elementos y del trabajo actoral, creando momentos llenos de dureza y de imágenes poderosas.

Foto Simona Cheli
Foto Simona Cheli

Las interpretaciones, como suele pasar en cualquier estreno, aún son delicadas de someter a juicio, todos sabemos que los cimientos se van asentando a lo largo de las funciones, se van limando imperfecciones, y sobretodo si hablamos de la complejidad con la que tienen que batallar en «Eterno Creón». Pero Jesús Calvo, Iván Ugalde y Manuel Domínguez, se arriesgan y dan cuanto tienen en escena. Eso sí, Carmen Mayordomo se queda con el cetro, ella sigue demostrándonos que es la reina de la entrega, su interpretación es lo más visceral que uno pueda echarse a la cara en el teatro actual y apuesta por enfrentarse al riesgo saltando sin red y sabiendo aterrizar de pie.

Manuel De ha sabido rodearse de un equipo dispuesto, y en sintonía, que da cuerpo a ese universo arriesgado que es «Eterno Creón». Un bocado de realidad que no resulta en absoluto lejano a nosotros.

Título: Eterno Creón Autor: Manuel De (Basado en «La Tebaida» de Jean RacineDirección: Manuel De  Elenco: Carmen Mayordomo, Jesús Calvo, Iván Ugalde y Manuel Domínguez Iluminación: Jesús Antón Espacio Sonoro: Letal Delirios Audiovisuales: Manuel De Escenografía: Carmen Pérez-Luco Lugar: Nave 73

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Alma

Unos elementos escénicos naturalistas se reparten en un espacio imaginario que no puede dejar de recordar al Dogville de Lars Von Trier. Las luces de la sala se apagan y un relampagueo de imágenes nos acercan a lo que se nos viene encima; viendo aquello pensé en Bergman, pero también en Buñuel, incluso en Lorca, y en Pasolini, y el corazón se me encogió al descubrir que la voz de Jim Morrison era el colchón poético sobre el que todo ello reposaba y de repente… Electra se queda muda… Fascinante y enigmático, ¿verdad? Pues así es como arranca «Alma», la adaptación escénica que Arturo Turón ha tenido la osadía de realizar de «Persona» de Bergman. Y no utilizo el término osadía como falta de respeto o de vergüenza, si no como jugada arriesgada o peligrosa, ya que el director se expone a ser juzgado y comparado, y eso es lo que me apasiona de su labor, porque yo no creo que Arturo quiera compararse, si no que lo utiliza como vehículo para expresarse.ALMACARTELBAJA(1)

Que nadie vaya a ver esta función pensando en encontrarse algo sencillo, pensado para agradar a cualquier tipo de paladar. Más de uno y de dos no pasarán por el aro, eso está más que claro, pero yo, que soy el espectador con el turno de palabra, puedo decir que aún paladeo con gusto la propuesta. Sí, quizá en algún momento peque de densa, no vamos a negarlo, pero yo la degusté con placer y cierta fascinación. Me gusta recoger el guante de ciertos retos teatrales y entregarme a ellos, al igual que aplaudo el intento por explorar y beber de cuanto referente nos agite por dentro.

Los problemas internos, mentales, psíquicos, de los actores y actrices, siempre son un tema recurrente. Son personas que se exponen y fuerzan sentimientos, corriendo el riesgo de quebrarse, incluso hartarse o querer dejar de ser quienes son, al darse cuenta de la farsa que viven día sí y día también, y no solo sobre las tablas. Pero también hay que mirar a todos aquellos seres anónimos que tienen necesidad de ser escuchados, de expiar sus pensamientos a base de darles voz, de sentirse vivos a golpe de exceso de verborrea. De ahí surgen tanto Elisabeth, actriz que en plena representación deja de hablar por decisión propia, y Alma, joven enfermera que la cuida en su retiro voluntario, y que decide abrirse a ella, confesándole inocentemente sus más íntimos secretos, hasta el momento en el que Elisabeth, desde su mutismo envenena esa inocencia, llevándola a enfrentarse con sus propias dudas y demonios.

Un juego de espejos donde ambas mujeres se mostrarán desde lados opuestos que terminarán por tocarse y fusionarse.

Andrea Dueso se enfrenta al reto de dar cuerpo a esta función como única voz, y atrapar al espectador con un personaje como Alma, que tiene tanto que contar y del que en momentos nos apiadamos y enternecemos, y del que en otros acabamos por hastiarnos. Nos muestra su inocencia sin filtros y eso no siempre sabemos recibirlo con agrado y comprensión. Y ahí radica la complejidad de su cometido, mantener ese equilibrio de manera interesante para el espectador,  hasta llegar al momento en el que todo se rompe, donde toda esa luz es ensombrecida, dando paso al reverso que cualquier persona portamos y del que no somos conscientes hasta que no nos vemos a través de los ojos de otro. Perturbador.

Y ahí está Rocío Muñoz-Cobo y la difícil tarea de lograr crear un personaje como Elisabeth, que desde el silencio y la escucha logre destilar tantas sensaciones, que transmita el hartazgo y esa extraña fascinación hacia los demás, hacia esa necesidad que tenemos todos de «regalarnos» a los extraños. Qué forma de mirar, de opinar sin hablar, de apoyar y subrayar cuanto Andrea dice… Su Elisabeth es ese gato cruelmente juguetón que observa sin compasión a un esperanzado ratón que acabará entre sus fauces , pero… ¿finalmente eso será así? Ahí lo dejo para no destripar nada a quien vaya a verla.

Impresionante la magnifica elección de actrices, la conexión y la simbiosis que se genera entre ambas mujeres. 

El caso es que ambas actrices, junto a la coreógrafa y bailarina Cristina Massón, y al gran equipo que dan forma a «Alma», tejen un poema teatral, lleno de belleza, de contrastes y similitudes, que uno se lleva a casa y que, aún pasados los días, uno lo nota que sigue latiendo. Es desasosegante, terriblemente fría, cruel, y por eso mismo creo que es fascinante.

«Alma» es de esas funciones de largo recorrido que, si se la deja crecer, conseguirá tener un poso tan potente que apetecerá revisitarla unas cuantas veces, además de ir descubrir y desgranando todos esos detalles que Arturo Turón esconde dentro de ella.

Título: Alma Autor: Arturo Turón (Basado en «Persona» de Ingmar Bergman) Lugar: Nave 73 Elenco: Rocío Muñoz-Cobo, Andrea Dueso y Cristina Masson Escenografía: Juan Divasson Iluminación: Jon Corcuera Espacio Visual: Sergio Lardiez Vestuario: Ana López Dirección: Arturo Turón

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En Un Entreacto Radio – Programa 31

Nos adentamos en una nueva quincena llena de En Un Entreacto Radio, y no podíamos hacerlo de mejor manera que ampliando nuestra familia Entreactera. ¡Y de qué manera!

En este programa tuvimos el inmenso privilegio de poder visitar «La Piedra Oscura» de la mano de su director, Pablo Messiez. Un regalo poder, por fin, charlar con él y que lo hiciéramos sobre esta función que está llamada a ser un Clásico Contemporáneo -los que la habéis visto sabéis a lo que me refiero- pero no solo eso, es que además la entrevista la pudimos hacer desde las mismas tablas donde esta joya parida por la mente del gran Alberto Conejero cobra vida cada noche, el Teatro María Guerrero.

Y además, como la cosa va de clásicos, esta quincena recibimos en nuestro estudio de GetafeVOZ a parte de la Compañía Si O Si Teatro que en estos momentos está poniendo en escena desde Nave 73, «Un Cuento De Invierno» de W. Shakespeare. Un montaje que respira aromas de corrala, de cómicos de la legua y las nuevas tecnologías, ¿que cómo es eso? Pues tan solo tenéis que escuchar a Rocío Marín, Carlos Martinez-Abarca y Carlos Lorenzo, para saber a lo que nos referimos.

También tuvimos un pequeño recuerdo para la desaparecida Amparo Baró y dimos un paseo por la cartelera de la capital.

¡Bienvenidos a En Un Entreacto Radio!

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El Plan

La semana pasada tuve la ocasión de poder asistir a una de las representaciones de «El Plan», función escrita y dirigida por Ignasi Vidal que se está representando en La Pensión de las Pulgas.

La función nos habla de tres amigos que han quedado para realizar un plan, pero debido a la avería del coche en el que se tenían que mover, se ven obligados a esperar en casa de uno de ellos. Durante esa espera aflorarán aspectos de su amistad que provocarán un giro absolutamente inesperado en sus vidas.

Una historia que habla de la amistad, del desempleo, de la desesperación de quien se sabe en una vía muerta. De cómo cuando la soga aprieta sin piedad, podemos llegar a tomar decisiones que nunca nos hubiéramos planteado.cartel-el-plan

«El Plan» es un texto inteligentísimo, Ignasi Vidal tiene muy claro por dónde quiere llevarnos y no duda en utilizar todas las armas que tiene a su alcance para conseguirlo. Un texto que deja que te confíes, que te identifiques y empatices, para abofetearte con ganas.

Posee unas líneas de diálogo que, de tan bien escritas, parecen improvisadas; llenas de una realidad tan palpable que es imposible no posicionarte de su lado, tan cotidianas como «destroyer«.

Es un auténtico placer que la dureza de cuanto se plantea, el acido sentido del humor, la mala hostia y el cabreo que se gastan los personajes y, a la vez, la amistad que se profesan, sea tan cercana porque nos hace verlo con ojos «no teatrales», quiero decir, con nuestra propia mirada, no la del acomodado espectador que solemos ser.

Estos tres tíos cabreados con la vida y que sobreviven ante toda la mierda que les rodea, son reales, están vivos. Ellos son el momento que nos ha tocado vivir, la crudeza de nuestra sociedad puesta en el pellejo de unos tipos perdidos y desesperanzados.

Javier Navares, David Arnaiz y Chema del Barco no podían transmitir más hiperrealismo en sus interpretaciones. Me creo todo lo que dicen, lo que hacen, veo en ellos a los colegas de mi barrio, a esos tipos desencantados que me rodean, que sobreviven ante la situación que les ha tocado porque se tienen entre ellos. Son un reflejo sin filtros de nuestra realidad y es raro verlo con tal tino sobre las tablas.

Compro cuanto me quieran vender porque traspasan ese línea que, como espectador, pocas veces te planteas, si lo que estás viendo está siendo improvisado en ese instante o es parte de la función; tanto si fuera una cosa como si es la otra, hay que aplaudir con ganas a este equipazo que han formado entre actores y director por la absoluta honestidad que nos hacen respirar viéndoles trabajar. No es una función que uno vea sentado cómodamente, ni si quiera cuando las risas hacen acto de presencia.

Hay muchas funciones que pretenden ser retratos generacionales, y «El Plan» creo que es de los que más se ajustan; no sé si es por la edad, la cercanía de lo que plantea o porqué, pero Igansi Vidal ha dado de lleno en la diana.

Si tuviera que definir esta función diría que es «Una putada», por cuanto plantea y cómo lo hace, pero rematadamente bien hecha.

Título: El plan Autor: Ignasi Vidal Lugar: La Pensión de las Pulgas Elenco: Javier Navares, David Arnaiz y Chema del Barco Iluminación, Escenografía y Sonido: Sergio Gracia y Enrique Villaluenga Ayudante Dirección: Esther Santos Tello Dirección: Ignasi Vidal 

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Constelaciones

Una historia de amor puede crear infinitos caminos, puede ir por diferentes derroteros, puede ser la más bella o la más desastrosa de las historias, incluso puedo no ser. Todo depende del momento, la circunstancia; esa casualidad que haga que todo estalle y se convierta en lo inesperado.

«Constelaciones», texto escrito por Nick Payne, es el punto inicial de todas esas historias que pudieron ser y no fueron o todas esas historias que parecía que no iban a poder ser y finalmente fueron.cartel-a41

En esta función uno transita entre universos paralelos y lo que puede ser un cruce de miradas casual e inocuo, puede convertirse en la más bella historia de amor, en el destino de nuestras vidas.

¿Os imagináis el sin fin de posibilidades que se nos abren por delante en nuestras vidas? Y de todas ellas nosotros escogemos una, tan solo una con la que vivir, pero ¿y si pudiéramos observar lo que hubiera podido ser de nosotros si hubiéramos escogido, voluntaria o involuntariamente, otra opción? Pues eso es «Constelaciones», y más te vale haberte abrochado bien el cinturón de seguridad de tu butaca porque el viaje se vuelve de vértigo.

Todo comienza con un intento por chuparse el codo propio y las consecuencias cósmicas que eso conlleva… Dos personajes, tan solo dos, que se desdoblan y se reinventan a cada latido, que van y vienen, que encuentran diferentes pliegues en el espacio-tiempo y viven y reviven una y cien veces su historia de amor, cada una de una manera distinta, pero todas igual de probables. Una gozada de texto que nos hace reír, que expresa todo un caleidoscopio de sentimientos humanos, alegría, desenfado, desilusión, sorpresa, tristeza, dolor… pero sobretodo y por encima de todo AMOR. Y todo ello con la sencillez de una escenografía mínima que varía a golpe de luz.

No creo que haya nadie que asista a esta función y no se vea reflejado en ella… es más, y que no ansíe poder tener la oportunidad de volver a tirar los dados, aunque solo sea por curiosidad, y ver qué otra opción se nos  hubiera podido poner por delante en el camino. Es como esos libros de «Elige tu propia aventura», que leíamos de pequeños, hecho teatro.

Un delicioso enjambre de «Y si fueras…» dirigido por Fernando Soto con una precisión y un sentido del ritmo maravillosos. Algo hay en la función que deja entrever que en este equipo todos son actores, aunque en estos momentos ostenten el rol de director y ayudante del mismo; la delicadeza y la minuciosidad con la que se lleva a cabo la puesta en escena lo deja patente.

Esta historia podía haberse convertido en un pegote, en una paja mental bien grande y, sin embargo, es un camino en el que el «Más difícil todavía» sucede a cada línea de diálogo, y eso es gracias a lo inmensos que están sus dos protagonistas, Inma Cuevas y Fran Calvo. Juegan las situaciones con un nivel de cercanía tan potente que nos conquistan desde la primera mirada que comparten entre ellos. Un trabajo complejo el de estos dos actores que hacen un tándem inmejorable, pendientes todo el tiempo uno del otro, de los gestos, de las palabras, de las miradas; con unas coreografías repletas de marcas invisibles para el espectador y, sin embargo, esenciales para vertebrar este montaje.

Fran e Inma, Inma y Fran, se transforman en dos funambulistas que convierten el arte de la repeteción en algo fascinante de contemplar y digno de aplaudir.

«Constelaciones» es una historia que sabe a esa miel que tanto tiene que ver con sus personajes, pero que además nos aguijonea con el dolor del destino. No se la pierdan.

Título: Constelaciones Autor: Nick Payne Lugar: Teatro Lara Elenco: Inma Cuevas y Fran Calvo Escenografía e Iluminación: The Blue Stage Family Ayudante Dirección: Daniel Gallardo Dirección: Fernando Soto

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La Piedra Oscura

la-piedra-oscura-wpcf_300x427Lo admito, me es completamente imposible poder escribir sobre “La Piedra Oscura” y lograr mantener la compostura mientras hablo de la función. Podría decir que lo siento, pero no es cierto. Creo que esto que me está sucediendo y que me impide escribir una crónica como siempre, es algo tan bello como el impulso de querer aplaudir en pie cuando una función te ha llegado bien adentro. Así que he decidido convertir esta crónica, si esto es posible, en un aplauso desgranado en palabras.

Aplaudo el placer de haber podido ver a Pablo Messiez y a Alberto Conejero fundidos en un mismo montaje. Antes de “La Piedra Oscura” entre uno y otro, cada uno por su lado, ya me habían hecho viajar a sitios en mi interior que me da pudor explorar y que, sin embargo, ellos logran alcanzar como si nada. Conejero y Messiez pertenecen a ese tipo de teatro que me gusta que me acaricie, aunque a la vez me escueza. Y es que duele, no se puede negar que ver «La Piedra Oscura» duele. Duele la historia que contiene, las palabras que se dicen en voz alta, y las que no son capaces de brotar, las que se quiebran en la garganta, todas ellas duelen; y también duele la memoria, el recuerdo, las miradas, la desesperación… La vida. ¡Y eso es una belleza!

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Foto de Marcos G Punto

Aplaudo con lágrimas en los ojos la forma de transmitir el desconsuelo, la tristeza, el miedo que se siente “viviendo” junto a Rafael ese último intento desesperado por trascender. La comunión entre estos dos desconocidos que son Rapun y Sebastián, luchando por vencer el terrible desasosiego que provoca pensar que uno puede marcharse de esta vida cayendo en el olvido y sin cumplir nuestro cometido, sea cual sea… 

Hay frases dichas en esta función que aún resuenan en mi interior y que atenazan, emocionada, la garganta:

Tuve tanto miedo. Pero te encontré. Ahora alguien sabe quién fui-

-Nadie puede desaparecer del todo, ¿verdad?-

De hecho, aún no he sido capaz de poder hablar con nadie de la función sin sentir que las lágrimas volvían a mis ojos, que la voz se me quebraba y que incluso se apoderaba de mi una especie de vergüenza al poner en palabras lo que sé que se me ha quedado clavado en el corazón.

Aplaudo todo el amor que hay dentro de esta función. Un amor que nos emociona, que nos rompe, que nos hace acabar temblorosos. 

El mismo amor que Rafael siente por Federico, el poeta, el dramaturgo, y también la persona; el amor apasionado que Sebastián comienza a comprender que no debe temer ni sufrir; el amor por preservar la memoria y el recuerdo. El mismo que Alberto Conejero ha volcado creando este texto que, para mi, ha nacido llamado a ser un clásico contemporáneo. El amor que Messiez ha puesto para darle cuerpo, con esa forma de ver, de mostrar y pellizcar, y con el que Daniel Grao y Nacho Sánchez se han entregado abiertos en canal. Y el de Elisa Sanz creando semejante espacio y Ana Villa colando el mar y la lluvia en el María Guerrero y Paloma Parra haciéndonos mirar… ¡Qué viaje tan gozoso! ¡Tan bello! ¡Tan doloroso!

Foto de Marcos G Punto
Foto de Marcos G Punto

Aplaudo a Daniel Grao y a Nacho Sánchez por entregarse y ser la carne, la sangre, las lágrimas, las miradas, los susurros, los gritos, los silencios, de Rafael y Sebastián y de tantas otras ausencias que de alguna manera, y gracias a «La Piedra Oscura», han dejado de ser anónimas; porque ahora, y gracias a ellos, son una realidad que resuena en las almas emocionadas de cuantos hemos podido compartir esta función.

¡Qué injusta es la vida por habernos arrebatado la “La Piedra Oscura” de Lorca, y qué maravillosa es a la vez por habernos regalado la de Conejero… y la de Messiez, y la de Grao, y la de Sánchez, y la de…!

Y ahora aplaudo en pie, desde aquí y a golpe de crónica o lo que sea esto que ha salido, y no paro de hacerlo desde el día que la vi, pues aunque parezca mentira ese mismo día que viví la función no fui capaz. La emoción me pudo. A mí, si me hubieran dejado, ni siquiera hubiera aplaudido al finalizar, a mi lo que el cuerpo me pedía era quedarme allí sentado y llorar, llorar la función como se merece, y después dejar que se disolviera ese nudo que no me dejó gritar los «Bravos» que se me agolparon en la garganta, que se me pasara el temblor de piernas que me impidió levantarme, para después sí, desgañitarme gritando y dejándome las manos aplaudiendo puesto en pie, tal como hago en este momento, pues no se merece menos.

¡Buf! Y después dicen que porqué amo el teatro…

Título: La Piedra Oscura Autor: Alberto Conejero Lugar: Teatro María Guerrero Elenco: Daniel Grao y Nacho Sánchez Escenografía y Vestuario: Elisa Sanz Iluminación: Paloma Parra Espacio Sonoro: Ana Villa Dirección: Pablo Messiez

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Don Juan Tenorio

Que el teatro quiera renovar, revisitar o darle la vuelta a los clásicos me produce un cosquilleo muy excitante.

Me gusta que lo retuerzan y rebusquen entre sus pliegues para aportar algo nuevo o al menos un punto de vista diferente, y si quien me lo promete es Blanca Portillo, yo corro a por mi entrada sin pensármelo ni un segundo. Y gracias a eso he podido ver este «Don Juan Tenorio». 10377617_598257443628884_5794190237591044996_n

Una propuesta que se nos vende como la versión en la que Juan Mayorga, y la visión renovadora de Blanca Portillo, revelarán la verdadera identidad de Don Juan; dejando a un lado esa imagen de galán seductor que el paso del tiempo ha ido dando a este hombre pendenciero, canalla y egoísta que salió de la pluma de José Zorrilla.

Mayorga y Portillo se han propuesto recordarnos, sin aplicar velos ni filtros, la verdadera identidad de este personaje del teatro clásico español que se ha ido diluyendo en una inmerecida fama de seductor y romántico, mostrándonos -pido disculpas por el trazo grueso de la descripción- quién es en realidad Juan Tenorio, en esta versión los “Dones” y las “Doñas” han quedado fuera; un tiparraco follapavas, egoísta, con un alto grado de maldad, que no ha superado el furor hormonal de la adolescencia y que sigue reaccionando desmesuradamente ante la frase “No tienes huevos a…”,  y que sigue emborrachándose con los colegas, presumiendo de ser quien la tiene más grande y apostando con ellos a ver cuántas mujeres es capaz de tirarse, y que cuando todo se le va de las manos, y aún cagado de miedo y con todas las de perder, sigue poniéndose “gallito”, pero que pasado por el verso de José Zorrilla siempre queda mucho más vistoso para todos los públicos.

Bueno, pues tampoco creo que haya sido para tanto, la verdad. Si es cierto que se le ha intentado dar un toque diferente, que se ha pretendido meterle un aire macarra a la función, pero… para mi la cosa se ha quedado en más intención que resultado. Me explico.

Esta  función es un vehículo teatral al que le cuesta pasar de 0 a 100. Creo que tiene un comienzo poco atractivo, está muy bien lo de las sombras que revolotean por la escena como esos fantasmas que rodean a Don Juan, pero la languidez con la que ellos se mueven es la misma con la que se retrata todo ese primer cuadro en la Hostería del Laurel. Se supone que ya desde este momento el tono de la función debe quedar patente, es ahí donde se gesta todo, desde donde arranca este desafío y sus posteriores consecuencias, donde la potencia debe hacernos vibrar por todo lo que se nos cuenta que puede surgir después de este primer encuentro, pero la presentación de los personajes es lenta, cansina, poco atractiva, de hecho la historia no comienza a tomar cuerpo hasta que irrumpen en escena los personajes femeninos. La función toma un cariz mucho más interesante en el momento en el que Inés de Ulloa y Brígida aparecen en escena, ellas oxigenan y dan un brío mucho más interesante al conjunto, aportando peso y contenido, y arrancando de esa cadencia tan aburrida al Tenorio y todo su séquito de matones; aunque el derroche de originalidad en la caracterización de ellas me despistó, sobretodo en Ana de Pantoja y Lucía, no entendí muy bien la propuesta, cosa que no evitó poder disfrutarlas, todo sea dicho.

Un problema muy grande que hace que la función vaya y venga en su ritmo son esas transiciones eternas, con esas canciones que frenan la atmósfera lograda; cuando uno ve salir a la cantante una vez tras otra, no puede evitar resoplar y pensar en todo lo que queda por delante y en cuántas canciones más quedarán por ser escuchadas… Una lástima porque creo que los elementos escénicos son acertados y bien aprovechados, generando diferentes espacios, pero al tener que ser movidos al ritmo de la música, a uno se le quitan las ganas de apreciarlo.

También creo que si se hace un montaje donde hay enfrentamientos y peleas, se debería montar con una lucha escénica que fuera creíble, a mi personalmente eso de «hacer que…» me parece algo horrendo que me saca de todo, y aquí no hay quien se crea ni una sola de las peleas. Eso sí, mucha gente ha criticado las muertes de Gonzalo de Ulloa y Luís Mejía en plan Gran Guiñol y yo las aplaudo con ganas, fue un ramalazo de lo que realmente esperaba.

A nivel actoral, no tengo nada que criticar, todo lo contrario, creo que es un estupendo elenco, salvo alguna inexplicable excepción, que juega la propuesta que les han puesto sobre la mesa. José Luis García-Pérez, Ariana Martínez, Beatriz Argüello, Miguel Hermoso, Juanma Lara, a la cabeza de este estupendo cartel, son el motivo por el que recomendaría ver la función. Arriesgan, se exponen y crean momentos interesantes e incluso bellos. Lo único que me «rechina» es la presencia permanente e innecesaria de, Miguel, ese personaje que en un momento se pone a “rapear” y que a penas si vuelve a abrir la boca, pero que permanece en escena prácticamente el 100% de la función; no logré comprender el sentido de esta incorporación, después me dijeron que simbolizaba la inocencia, pero francamente, a mi me parece que no aporta nada a la historia. Cuestión de gustos, como siempre…

Pienso que hubiera podido llegar a disfrutar más de esta función si no hubiera sufrido la sobreexposición mediática a la que nos han sometido para vender un montaje que se vendía solo.

Tanto se ha hablado del asunto del cambio, de la genitalidad de la función y el «desenmascaramiento» de este clásico, que cuando uno se encuentra con el montaje, no puede evitar pensar que aquello no es para tanto, que de hecho se han podido ver montajes en los que el Don Juan ya ha sido retratado con más acierto en su maldad y egoísmo. Tan solo hay que mirar hacia La Cebada. A buen entendedor…

Título: Don Juan Tenorio Autor: José Zorrilla (Versión Juan Mayorga) Lugar: Teatro Pavón Elenco: José Luis García-Perez, Luciano Federico Marcos, Eduardo Velasco, Daniel Martorell, Juanma Lara, Francisco Olmo, Alfonso Begara, Alfredo Noval, Miguel Hermoso, Raquel Varela, Marta Guerras, Beatriz Argüello, Rosa Manteiga, Ariana Martínez, Eva Martín Asesor de verso: Vicente Fuentes Maquillaje: Helena Cuevas Música original y espacio sonoro: Pablo Salinas Coreografía:  Verónica Cendoya Vestuario: Marco Hernández Iluminación: Pedro Yagüe Dirección y espacio escénico: Blanca Portillo

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La Isla De Los Esclavos

Ya había tenido la ocasión, y porqué no decirlo, fortuna, de haber podido disfrutar de «La Hostería de la Posta» y «Los Desvaríos del Veraneo», montajes de la Compañía Venezia Teatro, así que con esas dos funciones como garantía, no he querido dejar pasar «La Isla de los Esclavos», espectáculo que realmente ocupa el segundo lugar, cronológicamente hablando, en la vida de la compañía.

Entre Goldoni y Goldoni, Venezia Teatro juega con un Marivaux. Una propuesta diferente, que se desmarca de sus hermanas en un ejercicio de estética y género completamente diferente y que viene a plantearnos cuestiones tales como el compromiso que conlleva la libertad o el abuso del poder, y que dicho así, parece poca cosa, pero que sin embargo da para una larga reflexión tras la función.esclavos

La historia nos cuenta como Eufrasina e Ifícrates, junto a sus dos criados Cleantis y Arlequín, sufren un naufragio y van a parar a la Isla de los Esclavos, lugar donde los amos pasan a ser los sirvientes de los que antes estuvieron a su servicio. En esa isla habita Trivelín, quien les da un corto plazo para que cada uno de ellos asuma el rol del otro, nombre incluido, y logren entender y perdonar el comportamiento pasado de su antigua vida en Atenas.

Como digo, es una propuesta que da un giro tanto en el lenguaje escénico como en el género; José Gómez, en este montaje opta por la estética preciosista del blanco sobre negro, diferenciando así los status sociales por colores y ofreciéndonos toda una gama de tonos grises a la que optar dentro de la libertad que se nos ofrece. Un suelo como tablero de ajedrez circular, ¡bellísima y fascinante creación! por la que los personajes se mueven en esta pugna por hallar los valores personales y sociales. La historia aparentemente quiere aleccionar al espectador a la vez que a sus protagonistas, haciendo que todos reacciones en ese final en el que tanto personajes como espectadores nos rebelamos y posicionamos, tomando verdadero partido en lo que acabamos de vivir. ¿Buscamos ser poderosos? ¿Estamos preparados para sentirnos libres y gestionar esa libertad como es debido?  ¿Sabemos perdonar? Son solo una pincelada de las cuestiones que se nos plantean desde esta propuesta.

Los Venezianos se arriesgan y salen airosos de un texto que cambia de género por momentos, que supone un reto interpretativo, que tan pronto te hace reír como reflexionar sobre si estamos riéndonos de lo debido o incluso en contra de nuestra forma de pensar, que es complejo en su ejecución y que a primera vista incluso podría no atraer por, como digo mas arriba, ese tufillo aleccionador que desprende, pero del que sabiamente se desprenden con un solo manotazo.

Un juego escénico brillante, enérgico y bien interpretado. Los cinco componentes del elenco están a la altura y son altamente disfrutables, y esto que digo que suena ciertamente prosaico, es algo que a mi juicio es sumamente importante para llevar a buen puerto una función. Tanto Ana Mayo, Borja Luna y Antonio Lafuente, miembros estables de la compañía, como Iris Díaz y Javier Lago son una más que apetecible materia prima con la que José Gómez logra aportar una particular luz este montaje. Ana arrasa con su personalidad, Borja aporta la vitalidad y energía, Antonio el peso escénico, Iris el sentimiento y Javier la sobriedad. Y si a eso se le suma la cuidada escenografía y vestuario de Sara Roma, pues nos encontramos ante un montaje de esos que hay que explorar.

Me aventuro a decir que Venezia Teatro es una compañía que ya tiene un estilo propio muy recomendable; que a través de sus tres montajes han ido desarrollando un gusto exquisito por el teatro que ponen sobre las tablas, y no solo hablo en lo que a estética se refiere, que son impecables, lo digo porque además se les nota oficio, mamado de todos esos trabajos externos que desempeñan y que inteligentemente plasman en estos otros más personales en los que se embarcan; y algo muy importante, las ganas,  esas que hacen de un montaje, por humilde que sea, algo grande, vibrante y de calidad, que falta nos hace y agradecemos; y esto que digo se ve en la luz que cada uno de ellos desprende tanto como compañía como individualmente, en la generosidad que poseen en cada una de sus propuestas, en cómo saben transmitirlo desde el escenario y en la entrega con la que se exponen.

Un teatro bello, comprometido y con contenido.

Título: La Isla de los Esclavos Autor: Pierre de Marivaux Lugar: Nave 73 Elenco: Iris Díaz, Antonio Lafuente, Javier Lago, Borja Luna y Ana Mayo. Esecenografía y Vestuario: Sara Roma Iluminación: Marta Cofrade Dirección: José Gómez

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Elegy

La memoria es caprichosa no tiene una forma lineal de recordar las cosas, va, viene, vuelve a retroceder, enlaza lo que aparentemente no tiene relación y provoca que nuevos recuerdos broten en los momentos más inesperados, y así sucede con Elegy. Una historia contada en fragmentos, como los de los corazones rotos desde los que emanan estos recuerdos. Corazones rotos por el amor, por la soledad, por el rechazo, por la pérdida… pero también contada desde las sonrisas, la inocencia, las miradas cómplices, las caricias y los besos, que también habitan en esos mismos fragmentos.elegy_web2

Una historia que nace de la rebeldía de una mano izquierda que lucha por tener su propia identidad y que crece hasta convertirse en la inmensidad de toda una población.

Elegy es la historia de multitud de voces que habitan en la clandestinidad, de cuerpos amontonados, del eco de los abrazos, de la incomprensión, de la diferencia, del castigo por amar, pero a la vez de la lucha por no olvidar, de una huida hacia adelante por preservar un recuerdo y la voz con la que poderlo contar.

Un texto escrito por Douglas Rintoul basado en las entrevistas que tuvo el fotoperiodista Bradley Secker con refugiados iraquíes homosexuales que se ven obligados a huir a Siria por la persecución a la que son sometidos en su propio país. Un golpe al recuerdo en forma de monólogo, dirigido por Carlos Alonso Callero  e interpretado por Andrés Requejo, que destapa el dolor de quien tiene que exiliarse por las creencias y la incomprensión de un pueblo.

Este montaje es un canto al amor, que comienza con esa primera vez que un niño descubre que la palabra «amistad» se queda pequeña para la inmensidad que siente dentro del pecho hacia su amigo y que no puede definir con palabras, pero que, sin embargo, puede demostrar con tan solo un roce o una mirada cómplice… Ese amor viaja, imperturbable, en el tiempo, pero el destino querrá colocarles en el sitio menos adecuado para expresarlo abiertamente y les llevará a sufrir una persecución que vendrá dada de la mano con la tragedia y el exilio.

Todo esto contado así puede sonar excesivamente tremendo, y desde luego que el tema da para ello, pero que sin embargo, tanto Carlos Alonso Callero como Andrés Requejo, ayudados por todo ese equipo que les acompaña en este viaje, han preferido romper con la oscuridad en su lenguaje y afrontar el drama desde la luz, provocando la sonrisa cómplice del espectador, fórmula perfecta para calar hondo en cada uno de nosotros y descubrirnos que, además del exilio y de la pérdida, de lo que realmente se habla es de la esencia de la vida, de ese sentir que no se apaga y que es mucho más fuerte que cualquier persecución o vejación o tortura que se pueda infligir a un cuerpo, la que los amantes sienten; esa que permanece más allá de la vida y la muerte y que queda absolutamente patente en estos personajes sin nombre que habitan en el interior de Elegy, de estos seres poseedores únicamente de una inicial como identidad porque deben permanecer ocultos por seguridad, o porque realmente no son solo un individuo, si no la voz de una inmensidad a la que se le pretende obligar a sentir como los prejuicios imponen.

El maravilloso y delicado trabajo que ejecuta Andrés Requejo es digno de alabanza, aún le queda camino para alcanzar la redondez, son pocas las funciones, pero ya hay tanta belleza en lo que ofrece, transmite tanto sentir, tanta verdad y honestidad en dosis tan cuidadas que, cuando posa sus ojos en nosotros, entendemos todo la carga de esta historia; es más, desde el mismo momento que, dándonos la espalda, comienza a contar a través de esa mano izquierda, que dice tantas cosas y que parece tener vida más allá de su dueño, ya nos tiene entregados.

Como dije en otra publicación sobre esta misma función, Andrés dibuja el texto en cuerpo y palabra,  tan importante es lo que nos cuenta a viva voz, como lo que nos muestra a través de sus movimientos, ¡qué belleza!, viajando junto a él a todos esos lugares desde los que nos desgrana la historia. Una silla es su único elemento, y creedme, no es necesario más, porque nosotros veremos todo lo que Requejo nos quiera mostrar e iremos allá donde nos quiera llevar.

Los saltos en el tiempo, de la inocencia de la niñez, en ese río donde comienza todo, a esa sala de interrogatorios llena de palabras tergiversadas, o desde ese otro río que es sinónimo y antónimo, dependiendo de su orilla, pues le entrega libertad, soledad, esperanza y desarraigo a partes iguales, a esa plaza donde el dolor y la muerte convierten en eternidad el amor de esos amigos, contienen un grito de libertad y de vida tan sobrecogedor que incluso ahora, mientras os lo estoy contando, el sentimiento atenaza la garganta recordándolo.

En Elegy bella es la interpretación, bella la propuesta escénica, el movimiento, la música, bella es la puta tragedia que arroja y bello es el amor que dibuja. Y todo es debido a que está contada desde una realidad llena de denuncia y desgarradora brutalidad, pero rebosante de un poético sentimiento de amor por vivir la vida fieles a nosotros, luchando por nuestra identidad, como esa mano izquierda.

Título: Elegy Autor: Douglas Rintoul Lugar: Nave 73 Elenco: Andrés Requejo Espacio Sonoro y Música Original: David Good Movimiento Escénico: Fredeswinda Gijón Iluminación: Marta Cofrade Escenografía: Matías Cabia Dirección: Carlos Alonso Callero

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