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Humpday

¿Qué pasa si un día, después de un buen tiempo sin veros, aparece tu mejor amigo y descubres que el tío ha hecho todo lo que habíais planeado juntos, mientras tú te has ido acomodando a una vida más convencional? ¿Y si te plantea salir de copas un día entre semana como la cosa más loca y dejas a tu novia plantada ccartel-finalon la mesa puesta? ¿y si te inflas a chupitos con él? ¿y si te plantea filmaros haciendo una peli porno-gay como expresión artística para participar en un festival de porno-casero a pesar de vuestra heterosexualidad?

Pues eso es «Humpday», la versión teatral que ha dirigido Raquel Pérez. Una comedia gamberra, llena de situaciones tan divertidas como comprometidas y salpicadas con dosis de nostalgia. Desconozco cómo es la película de Lynn Shelton en la que se ha basado Raquel Pérez, quizá algún día la vea, o quizá no. De momento me quedo con el regusto agridulce y, no voy a negarlo, ciertamente morbosillo que deja esta pieza que podemos ver en La Pensión de las Pulgas.

Sí, me lo pasé en grande. Me divirtieron sus diálogos, con todas esas pedradas de mala baba escondidas entre tanto cachondeo; su ritmo juguetón, sus situaciones tan reales como hilarantes, esa mezcla entre sitcom y comedia generacional, que provocaron que me pusieron un tanto «ñoño» y también un poco cachondo. Todos esos encontronazos en pareja, esas confesiones entre amigos -de las de tragar saliva para poder contar en intimidad-, las excusas baratas para justificar hacer lo que se sale de la norma, la atracción por lo que se encuentra fuera de nuestra zona de confort, una pizca del “No hay lugar como el hogar”. Y esa eterna pregunta que nos corroe a todos por dentro: “¿Y si…?”

Raquel Pérez, que es muy lista y sabe por dónde se anda y lo que queremos, ha sabido mezclar los ingredientes justos para que esta hifotos-humpday_4storia resulte un cóctel tan apetecible para la vista como para el gusto. Siendo el ingrediente principal un maravilloso trío de actores que hacen de la cercanía con el espectador un maridaje perfecto, haciéndonos vivir su historia en primer plano, incluso rompiendo la fina membrana que es la peculiar cuarta pared de La Pensión, y que sin darnos cuenta nos cuela dentro; pero lo mejor de todo es el poder desgranar cada una de sus intenciones a dos palmos de distancia, tanto y tan cerca como para que, a veces, acabemos reclinándonos en nuestro asiento intentando ver, dentro de la función, un poquito más de lo que realmente está al alcance de nuestra vista; como cuando vemos una película e inconscientemente nos dejamos escurrir en el sofá con la intención de ver lo que está fuera de plano, más allá del borde de la pantalla.

Andrés Gertrudix, Concha Delgado y Javier Ruíz de Somavía conforman un trío delirante, cercano, absolutamente real y tan posible que se nos escapa la carcajada nerviosa. Puede que no veamos nada que no hayamos visto ya, pero la forma de llevarlo a escena nos embelesa, nos engancha y renueva el gustillo de descubrir nuestro lado más “voyeur”.

Un divertimento que, aunque no tiene más pretensiones que las de entretener, viene con resaca final; la misma que queda reflejada en los ojos de Hugo antes del oscuro.

Título: Humpday Autor: Raquel Pérez (Basada en la película «Humpday» de Lynn Shelton) Dirección: Raquel Pérez Elenco: Andrés Gertrudix, Concha Delgado y Javier Ruíz de Somavía Música: Joe Crepúsculo Espacio Escénico: Alberto Puraenvidia Ayudante de Dirección: Raul Prados Lugar: La Pensión de las Pulgas

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Manténgase a la Espera

Hace poco, y tras muchos intentos fallidos, me acerqué al Teatro Lara a conocer uno de los ya reconocidos en las redes sociales como #MartesAbsurdos. Fui a ver “Manténgase a la Espera” una de las múltiples propuestas que actualmente tienen en cartel Los Absurdos Teatro

En «Manténgase a la Espera» se nos muestra una relación de pareja como la de cualquier hijo de vecino, con sus manías, sus costumbres, sus roces (de todo tipo), sus roles y un objetivo en común, darse de baja de la línea telefónica… Algo nada sencillo, y menos para esta pareja y su curiosa circunstancia.cartel-web

Con este planteamiento nos lanzamos de cabeza, a 200 km/h, por una montaña rusa de caída libre y repleta de loopings. Porque la propuesta de Los Absurdos es una comedia de estilo amable, pero con un ritmo trepidante, y cuando digo trepidante no es un calificativo puesto porque sí, no. Es que cuando esta compañía sale a escena se acaban los momentos de respiro.

Los Absurdos, como buena compañía que intenta sobrevivir en la jungla escénica en la que se ha convertido la cartelera madrileña, optan por guisárselo y comérselo solitos, creándose una identidad propia con la que poder asomar la cabeza entre la multitud, escarbando y retorciendo situaciones cotidianas para lograr un retrato de nuestras vidas y lograr que hasta lo más caricaturesco nos sea identificable.

Ellos hacen un humor que agradezco, que me hace sentir cómodo. Sacan esa vena gansa, llena de cachondeo y despreocupación de cuando uno está a gusto. Tan pronto rezuman mala baba como caen en el más puro estilo naif, haciendo que todo se empape de una energía muy apetecible. Algo muy difícil de conseguir porque toda esa aparente locura que les rodea, que parece que se va a ir de madre en cualquier momento, en realidad es una partitura absolutamente medida, donde cada respiración va en el lugar que le corresponde, ni un poquito antes ni un poquito después, donde las palabras tienen un tempo en el que el pisarse, el solaparse, está justificado y medido a conciencia, para provocar el efecto deseado. Y esto es gracias a los textos y dirección de Alfonso Mendiguchía y el compromiso de todo el equipo.

Alfonso Mendiguchía, Patricia Estremera y Jorge Gonzalo son una maravillosa máquina de precisión, pero no es eso lo que más me gusta, lo que más me gusta es que no se olvidan que lo que hay que hacer en escena es JUGAR, y ellos lo hacen, desprejuiciados, con ganas. Juegan de una manera tan sencilla y desprovista de complejos como cuando éramos pequeños y nos metíamos tan de lleno en las historias que no existía el sentio del ridículo ni dudábamos que aquello era una ficción, y así es como logran que nos metamos de lleno en su ilusión. Cantan, ríen, bailan, se meten mano, parlotean a la velocidad de la luz, nos plantean situaciones tan inverosímiles que podrían ser verdad y con ello hacen que todo se llene de un espíritu de diversión enorme y apetecible. Es como poder tirarse a una piscina de bolas sin que nadie te diga que ya estás mayor para eso. «Manténgase a la Espera» es como acudir a un espectáculo infantil para adultos.2015060519055963403

Quizá, y para que no parezca que estoy dorándoles la píldora gratuitamente, diría que los momentos musicales flojean en cuanto a coreografía. Si en esos momentos de transición y surrealismo se lanzaran y fueran un poco más allá, elaborándolas un poco más, buscándoles el brillo, sería el complemento perfecto para hacer de este espectáculo algo absolutamente burbujeante.

Y con esto no quiero desmerecer la propuesta porque contiene tantas dosis de diversión, de originalidad, de valentía y compromiso, que no puedo por menos que recomendaros que os acerquéis por el Lara a conocer uno de esos #MartesAbsurdos y os entreguéis de lleno a ellos y la maravillosa luz que irradian.

Título: Manténgase a la Espera Autor: Alfonso Mendiguchía Lugar: Teatro Lara Elenco: Patricia Estremera, Alfonso Mendiguchía y Jorge Gonzalo Escenografía: Joanmi Reig y Alfonso Mendiguchía Vestuario y Atrezzo: Patricia Estremera Producción: Los Absurdos Teatro Dirección: Alfonso Mendiguchía

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¡Gracias por tanto! (Despedida de GetafeVOZ)

En Un Entreacto RadioHace dos años los amigos de GetafeVoz nos invitaron a formar parte de su familia; nosotros, que somos unos osados, no nos lo pensamos dos veces y allí que nos plantamos.

Con el apoyo de algún amigo periodista, que siempre nos miró de igual a igual, y que ahora queremos como nuestro hermano mayor radiofónico, ¡Gracias eternas, Jesús Ortega!, aprendimos a tener una identidad propia, y gracias a la serenidad de José Luis Sánchez de GetafeVoz, que siempre nos vio capaces de más y mejor, nos atrevimos a mostrarnos.

Primero comenzamos Ariel Boissiere y yo, sin saber si íbamos a ser capaces de levantar más de un programa, luego se nos unió César López y nos convertimos en un trío radiofónico a prueba de bombas. No sabíamos hacer radio, y aún hoy nos queda todo por aprender, pero fuimos cogiéndole el “tranquillo” sobre la marcha, divirtiéndonos, eqivocándonos y disfrutando del camino, con el susto metido en el cuerpo lunes sí y lunes también, y la garganta seca cada vez que la luz roja nos lanzaba al vacío, pero sintiéndonos felices y siempre arropados desde el otro lado ¡Ay, cuánto significáis para nosotros, Entreacteros!11252483_10207105880024144_2217165947883996880_n

Han sido dos años de mucho trabajo, de un esfuerzo inmenso por intentar aprender y dar lo mejor de nosotros, de ofrecer calidad desde nuestro “amateurismo galopante”, intentando transmitir con nuestra voz el cariño que tenemos por el Teatro y por todos y cada uno de sus habitantes. Todos nos habéis regalado vuestra presencia, un instante de vuestro tiempo, nos habéis regalado vuestra sonrisa y un cariño que nunca hubiéramos pensado recibir. Y, amigos, ¡ha sido tan placentero!

En Un Entreacto Radio se ha convertido en un capítulo a enmarcar en la aventura de nuestras vidas y ahora se acaba, GetafeVoz termina su andadura radiofónica, y nosotros tenemos que decir “Adiós”.

El próximo día 15 de Junio será la última ocasión que tendremos de juntarnos en nuestro pequeño rinconcito, no sabemos si será un punto y aparte o será algo definitivo, pero queremos terminar nuestra andadura celebrando el habernos conocido con un programa especial dedicado a todos los que habéis estado, de la manera que sea, junto a nosotros en esta maravillosa locura, porque ya formáis parte de la familia Entreactera.

Somos positivos en nuestra despedida y en nosotros está la intención de volver a resurgir de alguna manera -Si ya nos inventamos a nosotros mismos una vez ¿por qué no hacerlo de nuevo?- Pero ahora toca hacer las maletas y despedirnos de la casa que nos abrió sus puertas y que nos hizo capaces de “Ser”. GetafeVoz nos dio precisamente eso, voz, y gracias a ellos han venido un sinfín de momentos inolvidables, de amigos, de grandes instantes y de mucho amor compartido por la pasión que nos hace ser quienes somos: El Teatro.

Nos emociona pensar en lo poquito que teníamos cuando comenzamos y cuánto nos llevamos.P1330073

Nos marchamos con una sonrisa inmensa, con el alma repleta de alegría y emocionados por tanto cariño. La garganta se nos hace un nudo y con un hilito de voz, pero con todo nuestro amor, os queremos decir: ¡GRACIAS POR TANTO!

Ojalá volvamos a encontrarnos en el camino para hablar de “Nuestras Cosas Favoritas”. Ojalá volvamos a sentir el vértigo de la luz roja que nos hace saltar al vacío. Ojalá podamos volver a decir eso de: ¡Bienvenidos a En Un Entreacto Radio!

                                              José Antonio Alba.

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De Mutuo Desacuerdo

Sergio, preadolescente de «casi» 9 años, ha dicho «Puta» en el colegio y este hecho aparentemente insignificante es el detonante para que Ignacio y Sandra se den cuenta que, aunque separados, van a tener que seguir compartiendo momentos de sus vidas por mucho que esto les incomode. Tener un hijo viviendo en primera línea una crisis matrimonial no es moco de pavo, algo que lleva a estos padres a analizar el lugar en el que se han posicionado, incluso encabezonado, para sobrellevar lo mejor que pueden este «trago«. Y esto solo es el comienzo de «De Mutuo Desacuerdo».demutuodesacuerdo-cartel-770x1089

El teatro de Fernando J. López tiene la cualidad de abrirnos las ventanas de la cotidianidad para que miremos a través de ellas con la expectación de lo extraordinario. Por eso, cuando nos habla de los problemas familiares como lo hace en “De Mutuo Desacuerdo”, o como ya lo hizo en “Cuando Fuímos Dos”, nos sentimos tremendamente identificados. Él habla sin filtros sobre el tema que más nos interesa y que a la vez más nos incomoda, nosotros mismos; y lo escuchamos morbosos y temerosos por cuanto pueda conocer desde esa exposición a la que nos sometemos ante el ojo ajeno y que uno internamente pocas veces se mira.

“De Mutuo Desacuerdo” denuncia las relaciones basadas en el reproche, el difícil equilibrio entre la persona y el progenitor, la mala costumbre de culpar de nuestros defectos a los demás, la invisibilidad a la que quedan relegados los hijos cuando las parejas se destruyen, o lo que es peor, cuando se convierten, ante el ciego egoísmo, en armas arrojadizas de las encarnizadas guerras de pareja.

El ritmo de la función, la agilidad de las réplicas, las referencias que lleva escondidas a modo de juego o la sencillez del diálogo, hacen de esta propuesta  un caldo apto para todos los públicos, para aquellos que buscan un humor blanco donde reírse de situaciones claramente identificables sin rascar demasiado y para aquellos que saben que este autor no da puntada sin hilo y que tras la blancura con la que puede estar maquillada la situación, se encuentra un lienzo ocurrente y ciertamente mordaz donde Fernando pinta con tonos de comedia el costumbrismo pasado de rosca.

La historia no deja de ser terriblemente dura. A estas alturas quien más o quien menos ha vivido una situación similar en sus propias carnes o en las de alguien cercano, y sabe que no es plato que se digiera con facilidad el momento que toca vivir a Sandra e Ignacio y mucho menos a Sergio, el hijo de ambos, tan presente y tan significativamente invisible. Sin embargo el infalible Quino Falero, no hay director que pueda entender mejor el universo de este autor, hace que la carcajada eclipse la problemática, sabemos que está ahí, pero la coloca bajo un prisma de amabilidad y cierta caricatura, endulzándola de tal manera que cuando esa risa pasa, se descubre ante nosotros todo el incómodo trasfondo, por lo cercano, que realmente se nos plantea.

Por supuesto, mucho tienen que ver en el resultado final esos dos pilares en los que se apoya la función, Toni Acosta e Iñaki Miramón, que se entienden y se complementan en escena de tal manera que aunque todo parece que puede venirse abajo, por el grado de desquiciamiento que toma el tono de la función en algunos momentos, no hay nada que quede en manos de la improvisación. Son divertidos, ocurrentes, tienen chispa y se ganan al público según se hace la luz en escena. Son dos animales escénicos que se alimentan de comedia, una garantía de éxito para la producción. Es mucho tiempo el que han trabajado juntos y eso se nota.

Quizá me faltó un puntito más de cercanía en las formas de estos dos personajes para lograr una empatía plena, aunque no sé si ciertamente esto es algo repochable pues puede que esa deshumanización en forma de «cartoon» enloquecido que adoptan en ciertos momentos, sea la manera en la que nos ven los demás a través de sus ojos.

La sal de la comedia echada en ciertas heridas hace que todo escueza un poco más y esto Fernando J. López y Quino Falero lo saben y en «De Mutuo Desacuerdo» lo ponen en práctica con mucho acierto. Una comedia social muy disfrutable, con un mensaje contundente, que golpea conciencias a base de carcajadas, y que recomendaría que vieran más de uno y más de dos.

Título: De Mutuo Desacuerdo Autor: Fernando J. López Lugar: Teatro Bellas Artes Elenco: Toni Acosta y Iñaki Miramón Iluminación: José Manuel Guerra Escenografía y Vestuario: Mónica Boromello Música: Mariano Marín Dirección: Quino Falero

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El Año Del Pensamiento Mágico

Al teatro se va a que te remuevan cosas por dentro, si no, sirve de poco. Al menos esa es mi visión. Me es lo mismo un vodevil que me anime el espíritu o una tragedia que me desgarre, pero yo quiero que me sucedan cosas por dentro, que me planteen preguntas, que se me incite a buscar respuestas, que me haga salir diferente a como cuando entré. Puede que sean expresiones demasiado sobadas, que suenen a frase hecha, pero así image-00012-726x1024es como yo lo veo. Por eso, cuando «El Año del Pensamiento Mágico» se cruzó en mi camino gracias a la gente de la Guindalera, no lo dudé ni un instante. Al conocer la historia algo me decía que aquí iba a encontrar una buena dosis de eso que busco.

Jeannine Mestre es Joan Didion, la propia autora del texto con el que ganó el National Book Award en 2005, que nos convoca en la Sala Margarita Xirgú del Teatro Español para hablarnos del proceso por el que ella misma pasó al perder a su marido y a su hija. Una expiación voluntaria, de íntima confesión; un recorrido por las incongruencias de sus actos en la desesperación y el deseo por encontrar sentido a algo tan devastador. Una narración del sufrimiento y el intento de asimilación ante un trance semejante. Y de un amor profundo.

A simple vista puede parecer una especie de panfleto de autoayuda. Que esta señora salga ahí a narrar los acontecimientos que rodearon la muerte de sus seres queridos realmente da lo mismo; cualquier otro podría haber salido igualmente y contar su caso, el suyo como el de cualquier otro no tiene nada de extraordinario, pero es que ahí es donde radica la extraña belleza de este acto teatral. La intensa identificación con lo narrado.

Es lo mismo el estrato social al que se pertenezca, la época, el país, a todos nos toca pasar por ahí sí o sí y esa caricia nos escuece en el alma porque cuando ella habla de su marido, de su hija, a cada uno de nosotros nos visitan los rostros de los nuestros y en sus acciones, su desquiciamiento, sus razonamientos salidos de madre, inconfesos, nos vemos totalmente reflejados.

Podría decirse que todo está tratado con tanta exquisitez, elegancia y una mordacidad tan medida, que podría inundar el montaje de frialdad, las maneras de alta sociedad, la cuidada  y pulcra sencillez en el atuendo, hacen que de alguna manera sea así, pero posiblemente esa frialdad y esa pulcritud en el análisis de cuanto sucede nos lleva a encontrar precisamente el lugar más íntimamente doloroso de nosotros mismos. Ese lugar donde encontramos las ilógicas razones por las que seguimos atando a nuestras vidas a aquellos que se han marchado para siempre, haciendo que esa pretendida frialdad, no confundir con desapasionamiento porque pasión hay mucha, se desmaquille dejando ver el desconsuelo y resignación ante la muerte, eso hecho para el que no existe razón que nos reconforte.

Sentarse a escuchar a Jeannine Mestre mientras te mira a los ojos y te cuenta, con esa dicción perfecta, con esa forma de modular, de jugar y paladear el texto, se convierte en un acto de una belleza ciertamente gozosa. Hay algo en ella un aroma a elegancia, que hace de «El Año del Pensamiento Mágico» una delicatessen que se recibe con sumo gusto, por mucho que pueda escocer.

Ella fluye en escena con distinción, dibujando esa compostura a la que se le derrama el desconsuelo por todos lados, y que recoge con elegancia, pausadamente, acariciándolo con pinceladas de humor y una media sonrisa, pero sin miedos, mirándonos directamente a los ojos, sabiendo que nadie en la sala está libre de sentir lo que a ella le está sucediendo.

Juan Pastor dirige con su habitual maestría este espectáculo sobrio, desprovistos de estridencias, que acaricia el alma del espectador como un inesperado bálsamo ante ese eterno y reverberante «¿Por qué?» que no deja de resonar dentro de nosotros.

La elección del texto vuelve a reafirmar el gusto que tiene la familia de la Guindalera por aquellas historias repletas de una deliciosa cercanía y que parece que se les van acumulando en su seno, porque ahora, además de ofrecernos esa cercanía desde el Teatro Guindalera, nos la han querido regalar desde el mismísimo Teatro Español.

Dejen que «El Año del Pensamiento Mágico» les invada.

Título: El Año Del Pensamiento Mágico Autor: Joan Didion Dirección: Juan Pastor Elenco: Jeannine Mestre Iluminación: Sergio Balsera Espacio Escénico: Juan Pastor Vestuario: Teresa Valentín-Gamazo Producción: Guindalera Teatro, S.L. Ayudante de Dirección: José Bustos Lugar: Teatro Español (Sala Margarita Xirgú)

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Quiero Una Alegría

No sé si será un paso obligado, una especie de evolución natural de quienes nos dedicamos a esto, ya sea de manera profesional o como afición, pero parece que quien se mira en el espejo del teatro acaba por colarse dentro, o al menos eso es lo que ha sucedido con Jesús Ortega, que a base de hablarnos desde Efecto Escecartel-QUA-pantallana, de mirar y vivir el teatro con pasión, ha dejado de ver los toros desde la barrera y ha saltado al ruedo. Es cierto que no es su primera vez, ya lo cató con “Tres Segundos”, pero debe ser que se quedó con ganas de más y esta vez, en vez de torear “a la limón” con otros autores, se ha liado la manta a la cabeza y ha gritado eso de “¡Dejadme solo!” y se ha lanzado primero a escribir y posteriormente a dirigir «Quiero Una Alegría», así, en plan torero.

Una mujer que se ve obligada a emigrar fuera de su país, sin hablar el idioma, para trabajar en algo que no es lo que hubiera deseado. Una esposa que vive rodeada de casualidades que no soporta y que toma la decisión de vivir la vida como ella elige. Una secretaria que ve se recompone al ver cómo la vida le regala sonrisas para robárselas a dentelladas. Un hombre que está harto de ser víctima de las personas tóxicas de su entorno laboral. Son los cuatro personajes que nos hablan desde el escenario y que necesitan y reclaman a gritos esa “alegría” que les corresponde. Una porción de tarta que todos creemos merecer.

“Quiero Una Alegría” tiene cierta conexión con la anterior propuesta de su autor, pero no os voy a decir nada para que seáis vosotros quienes descubráis el qué y el cómo, un guiño cómplice para aquellos espectadores que vieron su primer trabajo. Eso sí, si no lo llegasteis a ver, no os preocupéis que “las Alegrías” que propone Jesús Ortega son un espectáculo totalmente individual e igualmente disfrutables para los que llegan de nuevas.

El ambiente laboral individual y global, los compañeros, la vida en pareja, la rutina, la falta de ambición son algunos de los aspectos a los que nos acercamos en estos cuatro monólogos interpretados por Rocío García Cano, Mayte Atarés, Merche Segura y Miguel Ángel Calvo que ponen voz y rostro a los cuatro personajes que conforman esta amalgama de anhelos, frustraciones y desencuentros con las que se nos golpea a base de risas perversas.

A Jesús le ha salido una criatura llena de humor con muy mala “follá” y de regusto malsano, casi corrosivo. Las risas de esta función abofetean al espectador incauto que lo confunde con un juguete cómico de carácter afable y costumbrista, una especie de vendetta de pincelada muy actual, que aborda temas con los que todos los que somos “curritos” nos identificamos y, aunque no lo confesemos, fantaseamos.

Ahora hay que dejar que este bebé recién nacido, y que apunta maneras, coja el peso adecuado, aprenda a caminar por sí solo y comience a conquistar con sus morisquetas de mirada torva a todo aquel que se deje caer por la Sala TU.

Título: Quiero Una Alegría Dramaturgia y Dirección: Jesús Ortega Elenco: Rocío García Cano, Mayte Atarés, Merche Segura y Miguel Ángel Calvo Vestuario: Guadalupe Valero Espacio Sonoro: Jesús Ortega Producción: Efecto Teatro Lugar: Sala TU

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La Hermosa Jarifa

Llevaba tiempo esperando la llegada de este espectáculo a Madrid, las redes sociales son un vehículo maravilloso para generar expectativas y despertar la curiosidad, y yo, como buen curioso, me entrego de lleno siempre que me es posible, aunque algunas veces quisiera que, por curioso, me sucediese como al gato del refrán. En el caso de «La Hermosa Jarifa» no fLa-hermosa-jarifa-1ue así. La historia deja de lado los celos, los agravios y cuanto conflicto puramente emocional pudiera uno pensar que se va a encontrar en este tipo de teatro. «La Hermosa Jarifa» aboga por la sencillez en su trama. Todos sus personajes basan sus principios en la honestidad, situándola incluso por encima del honor y del amor. Dicho así podría sonar poco atrayente, sin embargo, la función está salpimentada con un maravilloso sentido del humor gracias a esos personajes que rompen con la entereza de sus protagonistas y acaban por atraparnos.

Quizá la historia y el conflicto de «La Hermosa Jarifa» puedan pecar en su sencillez, pero como ellos mismos cuentan en el programa de mano, esta función a lo que nos invita es a «divertir maravillando«; dicho esto, uno solo tiene que sentarse en su butaca y disfrutar.

La forma en la que la historia es contada provoca que el espectador quede prendado de cuanto sucede en escena. Borja Rodríguez ha optado por hacer todo un alarde en la puesta en escena, casi una filigrana teatral; El vestuario de Gabriela Salaberri y la iluminación del infalible Juanjo Llorens son una absoluta belleza que engrandecen la producción. Incluso me atrevería a decir que con este espectáculo el director ha querido hacer un homenaje a las artes escénicas al completo, pues en «La Hermosa Jarifa» uno encuentra danza, canto, música en directo, interpretación, títeres o teatro de sombras; disciplinas que se mezclan con un gusto exquisito, ofreciéndonos un espectáculo mágico, como un cuento susurrado antes de dormir.La-hermosa-jarifa-6

La función contiene un sentido estético delicado, lleno de belleza, que luce gracias a las interpretaciones y la entrega de todo su elenco, que juegan al más puro estilo de las compañías de saltimbanquis, todos participan de las canciones, de los bailes, de las actuaciones, transmitiendo un apetecible aroma a corrala.

Un ejercicio actoral milimétricamente calculado, los movimientos, las coreografías, el ritmo del texto, todo es armónico en el montaje y, sinceramente, es gozoso encontrarse con un trabajo semejante. Tanto que no me explico como ha sido programado tan pocos días en Madrid.

Daniel Holguín y Sara Rivero son una pareja escénica perfecta, sus Abindarráez y Jarifa, tienen la dosis apropiada de carácter y ternura para no resultar almíbar puro, aunque no se puede negar que en el momento que están frente a Rodrigo de Narváez, estupendo Fernando Huesca, de tan honestos que son, llegan a rozar la pesadez.

Antonio Gil y Carles Cuevas son dos maravillosos bufones que se meten al público en el bolsillo. Divertidos, juguetones, pícaros, encantadores. Fantástico contrapunto.

Inés León es la emoción hecha cantLa-hermosa-jarifa-5o, ¡qué barbaridad!, qué forma de transmitir. Qué placer cada vez que su voz inundaba el Pavón. Lo mismo que encontrarse con Cristina Arias y Francis Guerrero dibujando con su presencia el sentir de cada momento.

Sin olvidar a esos músicos en directo que además de acompañar las canciones, vestían y ambientaban con sus instrumentos cada cuadro de la función.

Un espectáculo hecho con mimo y plenamente disfrutable, que merece quedarse una temporada más larga que esos insuficientes cuatro días en cartel.

Título: La Hermosa Jarifa Autor: Borja Rodríguez (A partir de la Historia del abencerraje y la hermosa Jarifa de Antonio Villegas) Dirección: Borja Rodríguez Elenco: Daniel Holguín, Sara Rivero, Fernando Huesca, Antonio Gil, Carles Cuevas, Inés León, Cristina Arias y Francis Guerrero Músicos:  Alberto Centella, Raúl Mannola, Javier Valdunciel y Miguel Gasco Vestuario: Gabriela Salaberri Iluminación: Juanjo Llorens Escenografía: Ricardo Sánchez Cuerda Dirección Musical: Alberto Pérez Centella Coreografía y Movimiento: Nuria Castejón Lucha Escénica: Pedro Almagro Voz y Verso: Pepa Pedroche Lugar: Teatro Pavón

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No Se Puede Mirar

¿Cómo hace uno para hablar de una función que bebe del teatro del absurdo? Supongo que de la misma forma que uno se enfrenta a ella como espectador: Limpiando la mente de referencias, de juicios, entregándose a ella con ganas de jugar y abiertos a cuanto se nos proponga. Y ¿sabéis? es tan apetecible hacer algo así…cartel_nosepuedemirar_a3

La Compañía Benamate nos ofrece la posibilidad de viajar desde «No Se Puede Mirar» a través de tres historias y un monólogo escritos por Jesús Amate, quien además dirige esta locura. Tres historias y un monólogo cargados de humor, entrañable a ratos, de cinismo otros y tremendamente divertida en su conjunto.

La primera historia que nos lanzan es «El Imbécil». Un tipo (Diego Lescano) rescata de una muerte segura a una bella joven (Marika Pérez). ¿Su acción ha sido la correcta? ¿Ella se sentirá agradecida? ¿Cómo continuarán sus vidas después de este encuentro?. Una pieza con la que el espectador entra de lleno en el explosivo universo de la función. Diálogos ágiles, mordiscos llenos de culpabilidad por hacer lo que uno piensa que debe hacer y que no siempre es lo que debería ser. Un primer contacto lleno de giros al que asistimos parpadeando perplejos y que nos atrapa movidos por la curiosidad que nos despierta la agresividad activo/pasiva de sus personajes.

«El Conferenciante» es Juan Carlos Alonso, quien se nos planta delante sin ganas de hablar de lo que ha venido a hablar y que nos regala el primer momento de interacción con el público. Él nos enseña a hacer el amor de una manera diferente ¿para qué necesitamos el contacto físico si podemos hacer el amor tan sólo con la mirada? Una mirada nos puede dar todo lo que necesitamos, sin reparar en géneros, condiciones ni prejuicios. Sin embargo, ¿quién puede vivir sin sentir un abrazo? A mí personalmente esta pieza me conquistó por su ternura y el sabor tan descorazonador a soledad que transmite. Tal fue el sentimiento que me transmitió que por un momento olvidé dónde me encontraba y estuve a punto de levantarme para abrazar al actor cuando este lo pidió.

Después vino «Homologada», un desquiciante cuadro en el que Marika Pérez pone a prueba a Alfonso Gómez, y al público en general. En este cuadro nos plantean una historia en la que más de uno se ha visto implicado. Me refiero a aquella en la que nuestras acciones, por más que estén desprovistas de cualquier mala intención, son interpretadas de la peor manera por aquellos que creen poseer la verdad absoluta, llevándonos a caer precisamente donde no queríamos.

Divertidísima pieza en la que Marika Pérez hace un auténtico despliegue de talento jugando y exprimiendo al máximo el diálogo escrito por Jesús Amate, con el acertado y cómico contrapunto de Alfonso Gómez.

Y finalmente llegamos a «Limbo», escena interpretada a tres bandas por Alfonso Gómez, Juan Carlos Alonso y Diego Lescano. Quienes nos regalan esa traca final con la que acabar por todo lo alto un espectáculo como este. Tres personajes que esperan. Tres personajes obsesivos. La vida sana, el (des)aprovechamiento de nuestro tiempo, los deseos inalcanzables y el arraigo incondicional son los motores con los que se mueven ¿sólo ellos? y que nos hacen revolvernos en nuestra butaca, divertidos, absurdamente identificados y sabiéndonos parte de este entramado.

Un espectáculo que fue vencedor en el pasado Talent Madrid 2014 y que un  año después acabamos de descubrir.

Feliz descubrimiento que hace que pongamos en nuestra punto de mira el trabajo de esta compañía que con ese espíritu chispeante, lleno de buenísima energía y de ese universo que bebe del clown, de los Hermanos Marx y de los maestros del Teatro del Absurdo, nos ha ganado.

Porque de todo aquello que pensemos que es absurdo podemos encontrar una conexión con nuestra propia realidad… y es que ¿quién nos ha dicho que a ojos de los demás no somos tal y como nosotros vemos a estos personajes?

Título: No Se Puede Mirar Autor y Dirección: Jesús Amate Elenco: Juan Carlos Alonso, Alfonso Gómez, Marika Pérez y Diego Lescano Producción: Compañía Benamate Lugar: Teatro Off La Latina

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Un Hueco

Un joven ha fallecido, y como es tradición en los pueblos, todo el mundo se reúne para velar el cuerpo. Cada cual por sus motivos: Respeto, pésame, amistad, interés, curiosidad, hambre… Entre toda esta gente se encuentran los tres mejores amigos del chico, atrincherados en una habitación contigua a donde se encuentra su amigo de cuerpo presente. Hugo, que se marchó del pueblo hace tiempo, necesita tomarse un momento antes de enfrentarse a la situación. Un reencuentro que escuece.

Esta es la premisa desde la que parte “Un Hueco”, función escrita por los argentinos Patricio Aramburu, Nahuel Cano, Alejandro Hener y Juan Pablo Gómez como creación colectiva para montar un espectáculo en espacios no convencionales, que ha cosechado un gran éxito de crítica y público en Argentina, y que la Compañía La Mirilla ha adaptado para el público español. Una adaptación de regusto amargo, acertadamente localista, con un contrapunto de humor agridulce y momentos delirantes que nos enganchan, aunque quizá la resolución de la trama nos deje con sensación de faena no rematada al quedar inconclusos algunos aspectos presentados durante la función. Optimized-Señoras_A3

La dirección por parte de Pablo Osuna logra que la aparente nimiedad de los acontecimientos nos interesen gracias a un ritmo in crescendo que nos despierta curiosidad, junto al complejo, por la naturalidad que exige, trabajo de los tres actores, José Gómez, Jesús Gago y Alejandro de Santos, que nos lo encontramos lleno de pequeños matices y una cuidada evolución, que con el paso de las funciones estoy seguro tomará el peso que requiere -Ya sabemos la dificultad que conlleva la proximidad con el público-, junto a una camaradería que convence y traspasa, y el aprovechamiento de cada rincón del espacio donde transcurre la función (En este caso la escuela de pintura Laocoonte), impregnando al espectador de esa atmósfera particular desde el mismo instante en el que el compra su entrada.

Siento cierta fascinación por esas historias en las que aparentemente no sucede nada, donde uno se asoma a un instante de la vida de los personajes, pero no uno en el que los acontecimientos sean extraordinarios, si no esos instantes que son consecuencia de los acontecimientos vividos, y eso es lo que “Un Hueco” retrata, y a lo que nosotros asistimos como testigos invisibles: El instante en el que los tres amigos intentan digerir cuanto les ha sucedido, asumiéndolo y compartiéndolo, a pesar de sus diferencias. Ese momento en el que los amigos bajan los escudos sociales y se muestran tal cual son, sabiéndose en la intimidad, mostrando que bajo esas actitudes rudas, masculinas, seguras, en realidad se encuentran aturdidos, temerosos, perdidos, ahogados… Como realmente somos.

Una puesta en escena  diferente y compleja que nada en los terrenos de lo personal y que nos descubre una apuesta actoral digna de ser vista.

Título: Un Hueco Autor: Patricio Aramburu, Nahuel Cano, Alejandro Hener y Juan Pablo Gómez (Adaptación de Cía. La Mirilla) Director: Pablo Osuna Elenco: Jesús Gago, José Gómez y Alejandro de Santos Vestuario: Mar Corral García Ayudante de Dirección: Rodrigo Adrados Lugar: Escuela Laocoonte

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El Señor Ye Ama Los Dragones

A estas alturas del partido, cuando a penas si queda una semana de representaciones, aún salgo yo a contar mis impresiones sobre «El Señor Ye Ama A Los Dragones»ElSeñorYe_cartelA4

Me consuelo a mí mismo diciéndome eso de que nunca es tarde… Pero es que este mes de Abril ha sido un mes relax para En Un Entreacto, eso sí, no iba a dejar escapar la ocasión de ver esta función escrita por Paco Bezerra y dirigida por Luis Luque y comentarlo… ¡Estaría tonto! Y es que, después de haber visto el anterior trabajo del tándem Bezerra-Luque, ¿quién se resiste a sumergirse en alguno de sus mundos? Sabemos que no tienen nada de inofensivos, que vienen con los colmillos bien afilados, pero no importa si sabemos que son ellos quienes nos muerden. (¡Ahí queda eso!)

La historia nos sitúa en una gran ciudad en la que algo extraño está sucediendo, una niebla de procedencia desconocida se ha apoderado de las calles, sumiéndolo todo en la oscuridad; algo que llena de temor a los habitantes de un edificio colmena que, como bien describe la propia función, tiene a la clase más desfavorecida, lo obreros, viviendo en el sótano junto a los trasteros, y a la Reina residiendo en el ático, desde donde lo domina todo. Una distancia que no solo es física, y que no siempre es superior por encontrarse en lo más alto. Una distancia que Magdalena, la todopoderosa presidenta de la comunidad, se ve obligada a romper en el momento en el que observa una sombra misteriosa recorriendo «sus» dominios de manera sospechosa, viéndose obligada a relacionarse con quien jamás hubiera deseado.

Entrar en la Sala Max Aub del Matadero es ser engullido de golpe por el universo de la función. ¡Qué maravilla de puesta en escena! La escenografía es una delicia de Mónica Boromello que junto a la iluminación diseñada por Felipe Ramos y las proyecciones de Álvaro Luna, hacen que realicemos el viaje de ida y vuelta del infierno al paraíso o viceversa, dependiendo para quién, con absoluta fascinación.

Bezerra y Luque han creado un entramado que supura una muy disfrutable y bien traida mala hostia. Gloria Muñoz y Lola Casamayor son dos auténticas bestias pardas de la escena que dibujan un par de personajes absolutamente despreciables, pero que nos hacen gozar con su aire de villanas «malas malosas». Nos reímos con ellas, de sus hijoputeces, porque sabemos que en nuestras propias comunidades de vecinos existen perras como ellas escondidas tras las mirillas, y es por eso mismo que contemplamos con gusto cómo el destino se las traga y vuelve a vomitarlas de nuevo, eructándolas a la cara.

Aplaudo el grado tan mamarracho que alcanzan algunos momentos, el humor chusco que se emplea para abofetear conciencias, y la ternura con la que lo combinan y lo potencian gracias a Chen Lu y Huichi Chiu, haciendo que soltemos unas risotadas que acabarán por sernos aplastadas en la cara con la aparente inocencia de una tarta de merengue, pero que dejan ese dolor punzante latiéndonos en la cara y que no queremos que nadie nos note.

Un bocado envenenado contra los prejuicios, lleno de un sarcasmo refrescante que deja con ganas de más… ¡De mucho más!

¡Qué satisfacción comprobar cómo hay artistas de la talla de Paco Bezerra y Luis Luque a los que les sobra genio como para llenar grandes escenarios o espacios no convencionales y que su arte no pierda un ápice de calidad!

Ya iba siendo hora que se les pusiera al alcance del gran público.

Título: El Señor Ye Ama Los Dragones Autor: Paco Bezerra Dirección: Luis Luque Elenco: Gloria Muñoz, Lola Casamayor, Chen Lu y Huichi Chiu Escenografía: Mónica Boromello Diseño de Luces: Felipe Ramos Diseño de Vestuario: Elisa Sanz Diseño De Videoescena: Álvaro Luna Lugar: Matadero. Naves del Español

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