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Goodbye España

cartel goodbye españaMantener viva la memoria es importante, es necesario. No deberíamos dejarnos llevar por ese impulso tan «español» que es la desidia y permitir enterrar según qué capítulos de nuestra historia. Tan sólo hay que procurar no caer en lo mismo de siempre y conseguir aportar una mirada diferente, personal, para evitar los consabidos comentarios del tipo «Otra de la Guerra Civil». En esta ocasión es Diágoras Producciones quien ha querido aportar su granito de arena a través del musical «Goodbye España», que en la versión original firmada por Judith Johson y K S Lewkowicz lleva por título «Goodbye Barcelona», pero que para evitar confusiones, politizaciones inexistentes y polémicas varias relacionadas con nacionalismos y gentes de pensamiento enrevesado, han preferido modificar el título y abarcar con él un acontecimiento que no sólo ocurrió en un punto concreto de nuestra geografía, si no que nos afectó a todos como país.

«Goodbye España» trata sobre aquellos que vieron en nuestra Guerra Civil un motivo por el cual luchar aun siendo extranjeros. Habla de los Brigadistas Internacionales, centrándose en un caso particular, y al parecer real, de un muchacho que creyó ver en nuestra guerra un motivo para luchar por la libertad, un muchacho que halló la guerra y el amor en el mismo lugar, y de su madre, quien al no recibir noticias sobre su hijo, decide emprender su búsqueda alistándose como enfermera, y encontrando en este conflicto bélico una segunda oportunidad en su vida. Una historia que habla de los valores personales, del amor y la libertad.

«Goodbye España» es un musical que lejos de querer medirse con las grandes producciones, acaricia la posibilidad de acercarse al sentir del público anteponiendo la historia a los efectos y las grandes escenografías. Un gesto que se agradece. Aunque las condiciones de la maldita mutiprogramación no son las ideales y hace que las buenas intenciones a veces queden mermadas, restando calidad a las producciones que no son «Cabeza de cartel». Pero vayamos por partes…

«Goodbye España» está dirigida artísticamente por Daniel Acebes, también dentro del elenco, y musicalmente por Txema Cariñena, quien se encuentra al frente de cuatro músicos estupendos que interpretan en directo las canciones del espectáculo.

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La propuesta enfrenta al elenco, que cuenta con un reparto que mezcla artistas que vienen del teatro de texto, encarando el desafío de trabajar por primera vez en un musical, con artistas de gran bagaje dentro del género, a la desnudez escénica; Diágoras Producciones apuesta por sus ya famosos cubos como único elemento escénico, siendo el reparto el pilar en el que se sostiene el montaje e invitando al espectador a realizar un ejercicio de imaginación, que quizá con la distancia que da el Teatro Infanta Isabel reste efectismo, sobretodo si añadimos el dichoso problema con la iluminación en los teatros con multiprogramación. Es imposible que se logre dar cuerpo e identidad a una producción si se trabaja sobre las luces del espectáculo principal del teatro y no con un diseño propio. Así están las cosas y así toca remar con ellas.

Pero bueno, hablando de aspectos que atañen únicamente a la compañía, hay que decir que la función cuenta un equipo dispuesto, con arrojo y ese puntito de locura e inconsciencia necesarias para querer levantar un musical de esta calidad y magnitud -no olvidemos que hablamos del circuito Off- aún a sabiendas de lo que está pasando con las grandes productoras del género, que de unos meses a esta parte parece que hacen aguas por todos lados.

Este musical tiene una partitura compleja, que Txema Cariñena trata con muchísima sensibilidad, logrando que los números corales brillen vocalmente, a pesar de la sonorización de la sala -de nuevo la precariedad- y haciendo de los tópicos españoles y británicos una historia que apetece escuchar. Quizá, si ponemos en la balanza la parte cantada y la parte hablada, aún quede camino para hallar el equilibrio. Dramáticamente se sobrevuela con excesiva ligereza aspectos de la función a los que habría que tratar con más atención para lograr guiar las emociones del espectador hacia el destino deseado.

Es justo destacar actuaciones como las de Daniel Busquier o Íñigo Asiain, o voces como la de Lourdes Zamalloa, como La Pasionaria, el propio Busquier o Chus Herranz. Insistiendo en la calidad vocal del conjunto, que logran dar un grado épico y emocionado a la partitura.

Una ración de funciones previas le hubiera venido de perlas para limar aspectos que aún quedan pendientes de ajustar, pero en el Off ¿quién puede permitirse semejante lujo? Aquí el artista tiene que ser un poco torero y recibir el día del estreno «A Puerta Gayola» y utilizar el devenir de las funciones para ir dando forma al espectáculo. A nosotros nos corresponde valorar merecidamente el que se haya asumido este riesgo y prestarle atención.

FICHA:

Título: Goodbye España Libreto: Judith Johnson Música y Letras: K S Lewkowicz Adaptación: Daniel Acebes y Gabriel García Elenco: Danie Busquier, Jazmín Abuin, Lourdes Zamalloa, Chus Herranz, Daniel Acebes, Íñigo Asiain, Emilio Verdejo, Adrián de Vicente, Cruz Galiana, Juliette de Laura y Perceval Vellosillo Dirección Artística: Daniel Acebes Dirección Musical: Txema Cariñena Músicos: Txema Cariñena (Piano), Elena Ortega (Guitarra), Belén Zanetti (Violín) y Carlos Márquez/Íñigo García (Percusión) Iluminación: Juanjo Hernández Bellot Vestuario: Dani Maya Escenografía: Diágoras Producciones Diseño Cartel: José Ponce de León Producción: Diágoras Producciones Lugar: Teatro Infanta Isabel

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Juanita Calamidad

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Alejandra López, Ana López Segovia y Rocío Marín bajo la batuta de Antonio Álamo, o lo que es lo mismo: Chirigóticas, nos traen en esta ocasión su nuevo espectáculo «Juanita Calamidad», en el que nos hablan de esta mujer que vive la vida, bueno, casi mejor dicho, se «bebe la vida» como si no hubiera un mañana.

A Juanita lo único que le importa es pasarlo bien, disfrutar cada segundo, que la resaca sea cortita y lanzarse de nuevo a la calle a gozarlo plenamente. Lo de las responsabilidades y demás historietas que van con el proceso de maduración se la trae al fresco, hasta que un buen día tiene un encuentro inesperado que hace que se replantee su estilo de vida. Un encuentro que abre las compuertas de instintos y llamadas propias de la edad a las que hasta el momento había hecho caso omiso, pero… ¿quién se resiste a una última noche de farra? Una última noche al más puro estilo «Juanita», en la que de nuevo vuelve a cerrar los bares y en la que incluso acaba dando con sus huesos en el calabozo, cambiando su vida para siempre.

«Juanita Calamidad» es un canto a la libertad individual, al tan sobado Carpe Diem. Es ese es enorme mordisco que todos ansiamos darle a la vida; son esas ganas de quemar todas nuestras naves en cualquier gesto que hagamos, que cada noche sea épica, pero además es ese temor a avanzar en la vida; un temor que siempre negaremos ante los demás adoptando nuestra pose más desafiante. Juanita es un canto a la femineidad en su estado más radical, con sus decisiones y sus contradicciones. Un homenaje divertido y muy canalla. Una explosión de  cachondeo a la que apetece unirse desde el mismo comienzo de la función y que no cesa hasta esa traca final.juanita-calamidad-chirigoticas

Nunca hasta este momento había visto a las Chirigóticas en directo. Siempre había escuchado hablar de ellas, las había visto en vídeos que andan colgados por ahí, pero ha tenido que ser siguiendo la estela de nuestra querida Rocío Marín, quien desde hace poco ha comenzado a formar parte de la compañía y que en estos momentos comparte personajes con Teresa Quintero, que no había surgido la ocasión. Oportunidad que ya os digo a todos que no deberíais dejar pasar. La mezcla de talento que se reúne dentro de esta compañía es tremendo y la calidad con la que hacen algo que parece que realmente están tomándose a «guasa» es impresionante. Hay tanto cuidado y amor en este espectáculo que es imposible no rendirse ante ellas.

Todo es tan disfrutable en «Juanita Calamidad» que es lo mismo dejarse llevar por el inmenso poderío escénico de Ana López Segovia, que parece un tren a toda máquina por el escenario, que Alejandra López mutando entre ese par de bombonazos que tiene por personajes o Rocío Marín demostrando con solvencia una vez más que es una actriz todoterreno; el caso es que las tres se bastan y se sobran para marcarse un espectáculo como este donde ellas son el motor y la fuente de energía de cuanto sucede; si hay que enfangarse en una situación y entregarse a ella sin vergüenza, ellas lo hacen y además te lo rematan con una magnífica frase lapidaria, haciéndote soltar una sonora carcajada para, sin darte cuenta, encontrarte inmerso en un nuevo cuadro; que hay que saltar del texto a la canción a capella, ellas te lo hacen sin pestañear y con una sonrisa cómplice, así ¡sin más! como si aquello fuera lo más sencillo del mundo. Y es que las Chirigóticas y «Juanita Calamidad» rezuman arte por los cuatro costados.

¡Todo un viaje de antología!

 

Título: Juanita Calamidad Dramaturgia y Dirección: Antonio Álamo Elenco: Alejandra López, Ana López Segovia, Rocío Marín y Teresa Quintero Música: Marc Álvarez Letras: Ana López Segovia Coreografía: Paloma Díaz Iluminación: Miguel Ángel Camacho Vestuario: Miguel Ángel Millán Escenografía: Curt Allen Ayte. de dirección: Paloma Díaz Lugar: Teatros Luchana

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Mensaje Día Mundial del Teatro

Llega de nuevo el día 27 de Marzo, Día Mundial de Teatro, y como cada año, una figura destacada de las Artes Escénicas es la encargada de plasmar en palabras el sentir actual en el ámbito teatral. Este año el encargo ha recaído sobre la figura de Anatoli Vassiliev, director de teatro ruso:

MENSAJE DEL DÍA MUNDIAL DEL TEATRO 2016

«¿Necesitamos al teatro?

Esa es la pregunta que miles de profesionales decepcionados del teatro y millones de personas que están cansados de él se preguntan.

¿Qué necesitamos del teatro?

En estos años en que la escena es tan insignificante, en comparación con las plazas de las ciudades y los tierras de los países, donde se están jugando las tragedias auténticas de la vida real.

¿Qué pasa con el teatro?

Galerías y palcos chapadas en oro en las salas de teatro, sillones de terciopelo, alas sucias en escenarios, bien pulidas voces de los actores, – o viceversa, algo que puede tener un aspecto aparentemente diferentes: cajas negras, manchadas de barro y sangre, con un montón de cuerpos desnudos rabiosos en el interior -.

¿Qué es capaz de decirnos?

¡Todo!

El teatro nos lo puede decir todo.

Como los dioses habitan en el cielo, o cómo los presos languidecen en cuevas olvidadas bajo tierra, o cómo la pasión nos pueden elevar, o cómo el amor nos puede arruinar, o cómo nadie necesita una buena persona en este mundo, o como reina el engaño, o cómo la gente vive en apartamentos, mientras los niños se marchitan en campos de refugiados, o las formas en que todos tienen que volver de nuevo al desierto, o cómo día tras día nos vemos obligados a desprendernos de nuestras personas queridas, – el teatro puede decirlo todo.

El teatro siempre ha sido y seguirá siendo siempre.

Y ahora, en estos últimos cincuenta o setenta años, es particularmente necesario. Porque si usted lanza un vistazo a todas las artes públicas, se puede ver de inmediato lo que sólo el teatro nos da, una palabra de boca en boca, una mirada de ojo a ojo, un gesto de mano en mano, o de cuerpo a cuerpo. No se necesita ningún intermediario para trabajar entre los seres humanos, que constituya el lado más transparente de la luz, que no pertenezca a ningún sur o norte o este u oeste, oh no, es la esencia de la propia luz, que brilla en todos los rincones del mundo, inmediatamente reconocible por cualquier persona, ya sea hostil o amigable hacia ella.

Y necesitamos al teatro que permanece siempre diferente, necesitamos teatro de muchos tipos diferentes.

Aún así, creo que entre todas las formas y formas de teatro posibles, sus formas arcaicas ahora resultan ser la mayoría en la demanda.

Teatro de las formas rituales, no hay que oponerse artificialmente a las de las naciones «civilizadas».

La Cultura secular está siendo cada vez más castrada, la llamada «información cultural» sustituye gradualmente y empuja a entidades simples, casi como nuestra esperanza de que con el tiempo se acabe el día.

Pero puedo verlo claramente ahora: el teatro está abriendo sus puertas ampliamente. Entrada gratuita para todos y para todo el mundo.

Al diablo con aparatos y equipos – sólo tienen que ir al teatro, ocupar filas enteras en el patio de butacas y en las galerías, escuchar la palabra y mirar las imágenes vivir!

– Es el teatro que está delante de usted, no se descuide y no se pierda la oportunidad de participar en él, tal vez la oportunidad más preciosa que tenemos en nuestras vidas vanas y apresuradas.

Necesitamos cada tipo de teatro.

Sólo hay un teatro que seguramente no es necesitado por nadie, me refiero a un escenario de juegos políticos, un teatro de políticas «ratoneras», un teatro de políticos, un teatro inútil de la política.

Lo que sin duda no necesitamos es un teatro de terror cotidiano – ya sea individual o colectivo, lo que no necesitamos es el teatro de cadáveres y sangre en las calles y plazas, en las capitales o en las provincias, un teatro falso de los enfrentamientos entre religiones o grupos étnicos …»

Traducción: Jorge Crespi

¡Feliz Día Mundial del Teatro para todos!

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La Distancia

«La Distancia» es la primera producción de Bacantes Teatro, nombre que lleva tras de sí cuatro artistas con necesidades y ansias por plasmar en escena su propia mirada al teatro. Ellas son: Caterina Muñoz, Teresa Rivera, Luz Valdenebro y Estefanía de los Santos. Y para esta primera ocasión han querido contar con Pablo Messiez, quien se ha encargado de la dirección y de la dramaturgia, inspirándose en «Distancia de Rescate», libro firmado por Samanta Schweblin, origen de todo.

la-distancia-cartelAmanda agoniza en la sala de un hospital. De repente la urgencia -con voz de niño-adulto- apremia para poder llegar al origen de todo, lograr hallar el punto exacto donde todo desembocó en este último instante y saber dónde se encuentra su hija Nina.

Esa es la premisa desde la que arranca la función… Bueno, la verdad es que no sé si denominarla como tal, porque más que una función la experiencia que se vive desde la butaca del Teatro Galileo podría ser una agonía, una pesadilla, un instante alucinado de un estado febril… y, sin embargo, somos conscientes de que se habla de una realidad totalmente palpable. «La Distancia» es un peligroso secreto que se respira a cada bocanada de aire fresco. Un viaje a través de lugares confortables empapados de un realismo mágico envenenado. Un tránsito lleno de acciones desesperadas, de madres aterradas, de madres perdidas, desconcertadas, e hijos con almas errantes, en tránsito hacia la salvación. Víctimas y testigos consentidores en este intercambio de roles entre las luces y las sombras.

Es muy difícil que con la separación que otorga un patio de butacas se llegue a generar en el espectador la incomodidad y la angustia de ese instante que apremia, que nos importe tener que llegar a tiempo al lugar donde se nos quiere llevar; conseguir que nuestros cuerpos se retuerzan impacientes, deseosos por conocer, manteniendo viva la necesidad de querer mirar, de asombrarnos a cada nueva pincelada y que cada trazo que se nos ofrezca nos acelere el pulso. Y eso lo tiene «La Distancia».

Vi la crudeza y la aberración de un informativo, vi los grandes terrenos del noreste argentino, vi la épica del realismo mágico latino, vi a David Lynch, y además vi un sabor auténtico, ese pellizco del Messiez que sabe qué cuerdas tocar, el que con astucia sabe encontrar siempre el dónde y el cómo. Y todo esto se ve gracias a ese compendio de cuadros solapados, de puertas dimensionales que es la escenografía de Elisa Sanz o la fascinante iluminación de Paloma Parra y al alma y la carne de María Morales, Fernando Delgado, Luz Valdenebro y Estefanía de los Santos que logran ese estado casi paranormal de dejarse desaparecer para que Amanda, David, Carla, Nina o la Mujer de la Casa Verde nos introduzcan en esta espiral de pesadilla con una facilidad que emociona encontrar porque ellos cuatro son portadores de esa mágica, y tan difícil de hallar, paz que nos hace ser conscientes de que no hay necesidad de preocuparse por malos pespuntes en las actuaciones, o descubrir marcas de dobleces, porque no las hay, la continuidad entre el elenco y los personajes es fruto de un mismo tejido. distancia4

Pienso en «La Distancia», ahora que han pasado los días, y evoco el recuerdo del color verde que invade toda la escena, el verde del césped fresco, de la sensación de afabilidad, de la esperanza de una solución desesperada y al hacerlo, aún siento esa caricia cercenadora que abre la piel con el filo de la brizna de hierba, como una cuchilla, infectándolo todo… porque este también es el verde del veneno, de la ponzoña latente, que aguarda amenazante en cada rincón de esta función. La hermosura y la poesía hacen que el incauto relaje sus defensas, aumentando la distancia de rescate y sea contaminado por esta flor venenosa que es «La Distancia».

Título: La Distancia Dramaturgia y Dirección: Pablo Messiez Elenco: María Morales, Fernando Delgado, Luz Valdenebro, Estefanía de los Santos Ayte. Dirección: Teresa Rivera Escenografía y Vestuario: Elisa Sanz Iluminación: Paloma Parra Producción: Bacantes Teatro Lugar: Teatro Galileo

 

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Hamlet

Hemos podido ver versiones de “Hamlet” de todos los colores y sabores, unas más acertadas que otras, unas más arriesgadas, otras más convencionales, algunas emocionantes y otras insufribles ¿Qué tendrá este texto que nos atrapa y nos permite tantas lecturas? Supongo que es la grandeza de cuanto contiene.

Foto Ceferino López
Foto Ceferino López

Ahora, en el cuarto centenario de la muerte de su autor: William Shakespeare, Miguel Del Arco ha querido poner sobre las tablas del Teatro de la Comedia su visión más Kamikaze, y nunca mejor dicho pues se ha lanzado a ofrecernos una propuesta que ha provocado ríos de tinta, tanto para bien como para mal, y eso, sea cual sea la opinión y las sensaciones que genere, es señal de que las ganas por el riesgo y por la búsqueda siguen latentes en esta compañía que se atreve con lo que le echen.

Aquí nos encontramos a un Hamlet situado en una atemporalidad que mezcla duelos a espada, pistolas, bases de ritmos y expresiones como: “Guapérrima” -por poner un ejemplo que no desvele demasiado- que abren un sinfín de posibilidades y de probabilidades, haciendo que todo lo que uno espera, y un poco más, sea lo que sucede en este montaje en el que Miguel del Arco ha jugado a romper estructuras y a mezclar líneas temporales, adentrándonos en la historia que todos conocemos con ojos nuevos para poco a poco focalizar la trama y acabar con la emoción que esta historia guarda en su interior.

Del Arco dibuja lo que Shakespeare escribió. Se adentra en la cabeza del Príncipe para contarnos los hechos previos a la tragedia sin su estructura convencional, si no como Hamlet los podría haber recordado en los instantes previos a ese «The rest is silence»; permitiéndose licencias y saltos que a los más puristas pueden tirar para atrás y dar cerrojazo a la posibilidad de adentrarse en la propuesta, pero que descubren que esta historia nos puede atrapar también desde otros lugares.

Foto Ceferino López
Foto Ceferino López

Una escenografía que es una delicia articulada, una especie de Cubo de Rubik envenenado que, desde un mismo espacio, nos hace volar a través de los múltiples colores que ofrece este balcón con vistas a Elsinor y la tragedia que acecha a sus habitantes. Un dormitorio y sus cuatro paredes se abren a un sin fin de espacios que sorprenden, envuelven y siempre resultan efectivos. Las proyecciones, las luces y las sombras, o los movimientos escénicos suman personalidad a esta producción.

Israel Elejalde se hace y se deshace en el juego macabro y sufriente de un trabajo que personalmente creo lo lanza hacia el firmamento. Quiero más de esta bestia parda que desaparece en el interior de Hamlet para desgarrarse las tripas y servirnos un personaje al que mirar y sentir como si fuera nuestra primera vez.

Ángela Cremonte tiene un reto especialmente complicado con su Ofelia y la visión que Del Arco ha querido otorgarle. En ocasiones baila en el filo de lo esperpéntico – ¿Desde cuando la locura tiene una medida lógica? – y, más allá de lo mucho o poco que uno comulgue con la propuesta de dirección, no se le puede negar que ante el riesgo que conlleva, el trabajo que se marca es de una entrega absoluta y del que sale airosa. Particularmente soy amante de las “idas de olla” que se marca Miguel del Arco y se las aplaudo con entusiasmo. ¿Por qué no? De lo que se trata es de jugar, ¡pues juguemos!

Un placer ver a Jorge Kent formando parte de los Kamikaze, cualquiera de los cuatro personajes que le han sido encomendados tiene identidad propia, variando sus energías a placer y jugándolos con gusto, su presencia es una suma constante.

José Luis Martínez, al comienzo no entré del todo en su propuesta, pero poco a poco, según fue tomando forma su Polonio  me resultó más atractivo. Aunque lo de los acentos de los enterradores sí que no lo comprendí.

Foto Ceferino López
Foto Ceferino López

Con Daniel Freire tuve momentos encontrados, por un lado me gustó la dualidad fraternal, es un acierto y la aprovecha, pero por otro le vi excesivamente forzado. Una duda: ¿Por qué siendo argentino le sale un acento tan “imitado”? ¿es nota de dirección?.

Ana Wagener es una Gertrudis medida, en ocasiones algo errante, gana según avanza la función, pero quizá se me quedó algo insípida.

A Cristóbal Suárez no se le ve cómodo con en los papeles que le han tocado en suerte, no termina de cuajarlos. Al menos nos queda el poder disfrutar de él en el tramo final de la función, donde se deshace de esa incomodidad y nos regala un duelo absolutamente trepidante junto a Elejalde, pena no encontrar más destellos suyos como ese durante la función.

En definitiva, este es un «Hamlet» con un par de narices, vibrante, que ha venido a mostrarse desde otro lado, que no quiere quedarse en lo de siempre, que arriesga y apuesta fuerte, que busca una identidad propia y que, para mí, la tiene bastante clara.

¡Viva el riesgo y el deseo de jugar y descubrir!

Título: Hamlet Autor: William Shakespeare Versión y Dirección: Miguel Del Arco Elenco: Israel Elejalde, Ángela Cremonte, Cristóbal Suárez, José Luis Martínez, Daniel Freire, Jorge Kent y Ana Wagener Escenografía: Eduardo Moreno Iluminación: Juanjo Llorens Música Original: Arnau Vila Vídeo: Joan Rodón Vestuario: Ana López Lugar: Teatro de la Comedia.

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Los Amores Diversos

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Foto Manolo Pavón

Hace unos días tuvimos la suerte de poder asistir al pre-estreno de «Los Amores Diversos» última creación sobre las tablas de Fernando J. López. Y una vez más sentimos el orgullo y la fortuna de poder compartir época con un ramillete de dramaturgos como el que nos ha tocado en suerte, autores que aman el eclecticismo a la hora de mostrar, que se arriesgan y exploran posibilidades a la hora de contar sus historias; escritores que aceptan el desafío de los géneros dramáticos y disfrutan sorprendiéndonos a cada nueva creación. Uno de esos casos es Fernando J. López que en cada nuevo texto que nos brinda opta por plasmar una visión diferente a la que ya nos tenía acostumbrados.

«Los Amores Diversos» nos presenta a Ariadna, quien acude al despacho de su padre, que acaba de fallecer, en busca de unos versos que poder leer en su memoria. Al penetrar en ese microuniverso, su vida y la de su familia se desvelan con la crudeza de una realidad que ha latido maquillada con secretos y agazapada entre silencios forzosamente cómplices. «Los Amores Diversos» es una incursión en lo más hondo del sentir personal y familiar, que rompe con las penumbras interiores y abre las ventanas al creer en uno mismo y llegar a ser quienes siempre hemos querido ser. Nos habla de la pluralidad en el amor, de sus infinitos significados. Un canto a la libertad que no siempre es amable, que posee su lado descarnado y que su autor lo ha salpimentado con un bello homenaje a la literatura.

Una función que nos hace pensar en nosotros mismos, en nuestro sentir personal, en las cadenas que son determinantes en nuestro desarrollo personal y cuán lejos o cerca nos sitúan de nuestras metas. Nos habla del amor, de la visión que cada uno tiene sobre este sentimiento, de esa diversidad que da título a la función y que refleja sus múltiples existencias: Desde el engaño, el egoísmo, el secreto, la sexualidad, la pureza, el arte… El amor flota en el aire, pero no siempre huele a rosas… pero «Los Amores Diversos» no nos habla desde el despecho o el desencanto, todo lo contrario, nos habla desde la esperanza y la libertad de poder elegir, de la cantidad de caminos que se nos abren a cada nueva forma de amor que nos encontramos en nuestras vidas, de sus múltiples mutaciones.

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Foto Manolo Pavón

El montaje cuenta con un equipo que es ya habitual entre las obras de este autor. Ahí está Quino Falero que asume la dirección, aceptando el reto con este cambio de registro, y Rocío Vidal que abandona las sombras de las ayudantías, para ponerse sobre el escenario y dar vida a esta Ariadna que se rebela ante el mundo y ante si misma. Un trabajo tremendamente arriesgado con el que Rocío despliega su personalidad como actriz y que nos va a dar grandes momentos. Una apuesta cargada de sentimiento y belleza.

Una puesta en escena de Mónica Boromello que transmite esa energía latente que aguardan entre sus páginas, repletas de secretos, los libros que esperan a ser leídos, que junto a un espacio sonoro, de nuevo Mariano Marín dando en el clavo, dan forma y personalidad al cuerpo de «Los Amores Diversos».

Es una propuesta arriesgada que acaba de nacer y aún titubea, que ya tiene destellos de íntima belleza. Es cierto que no se pueden emitir juicios prematuros, estamos ante un preestreno donde todo puede variar y hay que mirarlo con amor y muchísimo respeto, como merece el esfuerzo que conlleva toda creación para que crezca con salud, aunque creo que el montaje aún está algo tímido, quizá temeroso en mostrarse tal cual es. Me explico: Cuando estamos en soledad nos olvidamos de quién somos ante el resto y podemos dar rienda suelta a quienes realmente somos, y a Ariadna en el texto le pasa exactamente esto, olvida las ceremonias y deja la contención a un lado para de una vez «Cantar las cuarenta» a su padre, dando paso a la rabia, con una finísima ironía, y desvelando el enfado que ha generado en su interior tanto secreto; sin olvidar la poética ni los juegos de palabras en las conversaciones con su padre ausente, todo lo contrario: potenciándolos; pero desde un lugar en el que los velos, por fin, se descorren y muestran aquello que, hasta ese momento, había sido imposible arrancar del interior de Ariadna. Y en la función esto está poco enfatizado, haciendo que ese hartazgo, la revolución interna que explota y hace que encuentre la luz al final de este laberinto, queden tímidos. Como si a la dirección le diera miedo dejar que el personaje se rompiera y mostrara su verdadero dolor, cuando a nosotros lo que nos pide el cuerpo es eso, dejar de mirar la belleza de la composición y «ver» lo que realmente sucede en ese despacho, lo que se revuelve dentro de ella y que seamos arrasados por la revelación junto a ella. Esta función pide a gritos que el dolor de Ariadna nos duela tanto como a ella.

El texto es contundente y está lleno de rabia y deliciosa poesía, vibra en cada una de sus líneas; y esto no es fácil transformarlo en carne y alma sobre la escena, pero estoy convencido que cuando la función comience a caminar y los miedos se disipen, lo van a lograr, haciendo de ello una delicatesen que se paladee con gusto.

«Los Amores Diversos» es más que estimulante salto hacia un plano más allá en la obra de Fernando J. López que nos lo descubre renovado y maduro.

Siempre es un privilegio poder asistir al momento en el que un texto abandona el regazo de su autor para entregársenos a nosotros, al público.

FICHA:

Título: Los Amores Diversos Autor: Fernando J. López Elenco: Rocío Vidal Escenografía y Vestuario: Mónica Boromello Espacio Sonoro: Mariano Marín Dirección: Quino Falero Lugar: Teatro Lara

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(Des)de Los Escombros

La vida se nos llena de consejos, de formas ajenas de verla, de resolverla, quizá de afrontarla ¡Como si la vida tuviera unas instrucciones para ser vivida!

Crecemos y nos cuentan, y como nosotros no sabemos muy bien por dónde debemos tirar, nos aferramos a todo eso que nos relatan creyéndolo a pies juntillas y luego llega la decepción. Es cierto que la intención no es mala, que quien nos suele aconsejar es porque nos quiere bien, pero cada uno debemos vivir nuestras propias experiencias, con sus batacazos personales, con sus disgustos, con sus inseguridades, con nuestra propia manera de ser feliz que quizá no es la que funcione para el resto.

«(Des)de Los Escombros» texto escrito y dirigido por María Prado, es un canto a la libertad de vivir la vida como se nos presenta, dejando de lado cualquier flecha indicativa del camino establecido. Ella no habla de rebeldía, ella cree que debemos escuchar cuanto tengan que decirnos los que ya han vivido el tramo de camino por el que transitamos, pero nos dice que tomemos el trocito que creamos que nos sea útil y decidamos por nosotros mismos; nunca dos vidas van a salir iguales.

La propuesta planteada desde CuartoyMitad Teatro hace añicos el cuento de la Lechera, lo desparrama y, con esas piezas, construye su posible historia. Cada pedazo que antes era parte de un «todo», ahora es una nueva forma individual que se abre a nuevas e infinitas posibilidades.

Aquí todo está hecho de pedacitos: Los que hay tirados por la escena, los del corazón de Janis Joplin, los de las historias que se cuentan…Incluso las actrices, que se visten trocitos de pieles para mostrarnos las vidas que fueron, las que son y las que puede que sean.

María Prado ha hecho un ejercicio de deconstrucción vital junto a sus tres actrices, logrando una puesta en escena que dice tanto como ellas mismas; que se transforma y reinventa para cobijar la historia que en ese momento es contada. Ellas, Luna Pareces, Aranza Coello e Irene Maquieira, comprometidas hasta la médula, respiran positivismo, que no buenismo, en cada uno de sus fragmentos. Tres mujeres que irradian fuerza, que se derriten en sentimiento, que se entregan con pasión y son capaces de tocarnos a través de su trabajo. ¡Extenuante! De una entrega absoluta, que habla a través de sus bocas, pero que también lo hace desde sus cuerpos, porque la organicidad de este montaje es tan importante y potente como la propia palabra. Ellas miran con ternura, con miedo, con esperanza, con decisión, se dejan moldear por las historias, juegan la escena ¡Qué importante es esto! Haciéndola y deshaciéndola; se la llevan a su terreno y con ella nos dibujan  el instante por el que quieren hacernos mirar con bellísima nitidez.

La vida no es como nos la han contado y debemos estar atentos a esto, hay que sonreír, estar prevenidos a sus cambios constantes y si se rompe, aprovechemos los pedazos que nos quedan para hacernos una que nos guste más.

Es bonito salir de una función con un pedacito de nosotros transformado y yo creo que «(Des)de Los Escombros» logra esto.

Título: (Des)de Los Escombros Dramaturgia: María Prado Elenco: Aranza Coello, Luna Paredes e Irene Maquieira. Escenografía: Lucía de Retes, Fernando de Retes y María Prado Iluminación: Juanjo de los Ríos Espacio Sonoro: Irene Maquieira y Elena Davidson Producción: CuartoyMitad Teatro Dirección: María Prado Lugar: Nave 73

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No Hay Mejor Defensa Que Un Buen Tinte

Es raro que en teatro se den secuelas, normalmente una obra comienza y termina y el destino de los personajes tras la bajada de telón es cuestión de la imaginación del espectador.

Foto Félix Ruíz

Podemos ver y recuperar mil y una versiones del mismo texto, pero eso de saber qué más pudo suceder con los personajes, se da poco. Sin embargo, Juanma F. Pina, que ha sido muy listo y ha sabido hacia dónde enfocar la dirección de su teatro, ha rascado en el rocambolesco destino de Fer, uno de los personajes de «Lavar, Marcar y Enterrar», y encontrar las posibilidades escénicas de sus nuevas andanzas en «No Hay Mejor Defensa Que Un Buen Tinte». La nueva producción de Montgomery Entertainment que se lanza de nuevo a los escenarios para meternos otra vez en la Peluquería CortaCabeza y enredarnos en una nueva locura de ritmo y trama delirantes.

Juanma F. Pina deja los espacios escénicos habituales para volver a los orígenes, allí donde se gestó todo lo que hoy define su teatro, retomando la historia que hace un par de años le dio tantas alegrías en su hábitat natural, la peluquería, y sumergirnos de nuevo en la vida de Fer, quien tras los acontecimientos pasados decide tomar las riendas del negocio y montar una nueva sede de Corta Cabeza, aunque su mano para encontrar empleados de «cordura delicada» provoca que se tropiece con Martha, una mentirosa compulsiva, y con Gustavo, ex peluquero canino, quienes traerán nuevos quebraderos de cabeza a la vida de este hombre que no logra encontrar la tranquilidad.

Foto Félix Ruíz

Una nueva petardada de los Montgomery llena de locura y color, juguetona en su estructura y en sus diálogos, que nos atrapa por el simple hecho de no tener más pretensiones que las de divertir a los que nos colamos en su interior.

Tan sólo hay que acomodarse y dejarse llevar, que nos muestren las gamberradas que se han dedicado a colocar por todo el camino y que logran que nos revolvamos expectantes en nuestros asientos, deseosos de seguir encontrándonos más dosis de esperpento y sorprendiéndonos con cada nueva ocurrencia, locuras tan identificables en el teatro de este autor que se mueven entre lo naif y lo macabro.

Acertadísimo el ritmo, el desquiciamiento de las situaciones y la resolución de cada gag; quizá el final es un tanto atropellado, dándole un remate algo precipitado a la trama, pero el resultado es chispeante. Incluso atreviéndome a decir que supera a la primera parte.

Una comedia que es una auténtica golosina teatral.

Pero esto no solo se consigue con un texto y una dirección adecuados, esto se logra gracias a un elenco que no puede jugar más a favor del montaje:

Foto Félix Ruíz

Mario Alberto Díez, quien logra una estupenda evolución en su personaje, nexo de unión entre la secuela y su predecesora.

Carmen Navarro: es maravilloso lo que hace esta mujer, cómo se mueve por la comedia, el estupendo tono que regala a cada una de sus intervenciones, entregando tanta fluidez y generosidad con su trabajo. ¡Qué cómica tan grande!

Fran Arráez: Él es el derroche de locura que hace que el espectáculo sea un bombazo, una caja de sorpresas; cada vez que su personaje sale de escena y regresa sabemos que traerá consigo un nuevo giro que lo hará todo un poco más delirante si cabe.

Tres cómicos que se entienden, que se comunican y que se divierten como niños, tanto que traspasan. Es un placer que logren engañarnos, creando la ilusión de la improvisación en un espectáculo que está medido al milímetro y donde todo tiene su razón de ser.

Qué bien sienta encontrarse con espectáculos tratados con la sencillez y la honestidad con las que trabaja esta compañía. Es refrescante ver que se hace teatro como el que se nos presenta en «No Hay Mejor Defensa Que Un Buen Tinte», lleno de ligereza y divertimento; pero es mejor aún cuando transmiten la seriedad y el compromiso con el que ellos lo trabajan. Ojalá mantengan este camino porque creo que es un teatro que, a pesar de ser injustamente infravalorado, sigue siendo muy necesario.

Un viaje por el Túnel de la Risa que al llegar a su final te apetece pedir una vuelta extra.

Título: No Hay Mejor Defensa Que Un Buen Tinte Autor: Juanma F. Pina Elenco: Mario Alberto Díez, Carmen Navarro y Fran Arráez Dirección: Juanma F. Pina Peluquería y Maquillaje: CortaCabeza Sonido: Pablo Cuesta Dirección de Arte: Juan Camblor Producción: Montgomery Entertainment Lugar: Peluquería CortaCabeza

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Danzad Malditos

Siempre los finales felices, siempre las sonrisa y el sentimiento «sanote» de pensar que todo marcha a las mil maravillas, que todos llegaremos si le ponemos empeño…¡MENTIRA! Por cada vencedor hay un puñado de almas desilusionadas, de perdedores ¿y qué pasa con ellos? Con quienes no lo consiguen. Los que se quedan en el camino. Los que quedan con la mirada perdida cuando no son los elegidos.

Foto Dominic Valvo

A mi me interesa mucho más saber qué sucede con esos que han perdido, que estaban dispuestos a dejarse el alma por lograr un momento de gloria, por ínfima que nos parezca; conocer el fuego helado que se les come por dentro. Yo quiero ver las tripas revueltas de quienes pelean con uñas y dientes y que ven una y otra vez que son los otros, y no ellos, los que se llevan la gloria. Quiero entrar en el vacío del desconsuelo de quien se ha hecho jirones el alma y ha acabado mordiendo el polvo. Quiero saber cómo suena el grito descarnado que normalmente se pierde entre los ecos de aplausos y vítores para el vencedor.

Es fascinante descubrir cómo puede haber tanta belleza entre las miserias de esos seres que aprietan los dientes con fuerza, conteniendo la rabia, que están dispuestos a sacrificar su lado humano para lograr su propósito; que fuerzan la carne y los huesos hasta la extenuación para alivio de sus almas. Que intentan impedir que el desaliento les devore las entrañas y seguir; chillando, llorando, sangrando, pero siempre tirando hacia adelante, hasta lograr su meta o acabar golpeando el suelo con la boca y, desde allí, ver pasar la sonrisa del vencedor pisando la dignidad que aún les queda.

Por eso mismo salí seducido por «Danzad Malditos». Un espectáculo que te agarra por las tripas y tira de ti, provocando una mezcla entre fascinación y repugnancia. Que genera esa inconfesable excitación que nos produce contemplar el sufrimiento ajeno.

Un circo de almas que luchan desesperadas hasta la extenuación.

Es imposible no verse como uno más entre ellos y a la vez aliviado de que por esta vez nos toque verlo sentados desde la butaca.

No podía ser otro más que Alberto Velasco quien se pusiera al frente de semejante reto. Nadie como él puede sacar tanta hermosura de una propuesta como esta y lograr que la degradación del ser humano y la derrota, alcancen cotas de atracción y belleza tan altas como las que logra él, exprimiendo hasta el último aliento de las almas de un elenco sublime.

Si hay un «pero» en este espectáculo es la dramaturgia de Félix Estaire, que comenzó despertando en mi la seducción de adivinar al individuo que se esconde tras esa amalgama de almas vibrantes, pero que se pierde según avanza la función. Sí, es bella la poética de cuanto dice, pero acaba devorada por la potente contundencia del resto de elementos que conforman el espectáculo y que ya hablan por sí solos. Quizá el azar de la propuesta, el que todo esté abierto a múltiples posibilidades, hace que sea el elemento peor parado a mi forma de sentir el espectáculo.

La escenografía de Alessio Meloni nos grita la angustia desde ese espacio que naufraga bajo el polvo, la iluminación de David Picazo transmite el desnudo desasosiego que suele quedar oculto a nuestra vista y la música de Mariano Marín nos crea un nudo desesperado en el estómago de continua agonía. Brillantísima e inolvidable puesta en escena.

Foto Dominic Valvo

Y ellos: Guillermo Barrientos, Carmen del Conte, Karmen Garay, José Luis Ferrer, Rubén Frías, Ignacio Mateos, Nuria López, Sara Parbole, Txabi Pérez, Rulo Pardo, Sam Slade, Ana Telenti y Verónica Ronda. Estoy enamorado de su trabajo, de cuanto me transmitieron, la pasión, el dolor, la pena, la rabia. Aplaudo la valentía y el arrojo con el que se han dado a este espectáculo con un nivel de exigencia tan descomunal.

Es tan gratificante ver artistas, tan diferentes entre ellos, arrojando sus almas a la arena y entregarse con la desnudez, la potencia y la valentía que demuestran, que me hicieron salir emocionado, feliz; pensando que el empeño merece la pena y que tenemos un teatro realmente vivo, que respira y vibra pasión.

Aplaudo con entusiasmo el arrojo de todos esos artistas que un día decidieron apostar por ellos mismos, creer en la labor de equipo y sacar adelante, desde las entrañas, un espectáculo que muy pocas veces se puede ver en nuestro teatro y que quizá abra las puertas a un lenguaje poco explorado. Aplaudo que se haya creído en ellos y que no haya muerto en el Frinje.

«Danzad Malditos» es ese grito desgarrado de quien no ceja en la lucha, un homenaje a los perdedores que no se dan por vencidos y que nos ha conquistado.

Título: Danzad Malditos. Dirección: Alberto Velasco. Dramaturgia: Félix Estaire. Elenco:  Guillermo Barrientos, Carmen del Conte, Karmen Garay, José Luis Ferrer, Rubén Frías, Ignacio Mateos, Nuria López, Sara Parbole, Txabi Pérez, Rulo Pardo, Sam Slade, Ana Telenti, Verónica Ronda y Alberto Frías. Coreografía: Alberto Velasco. Escenografía: Alessio Meloni Vestuario: Sara Sánchez de la Morena. Iluminación: David Picazo. Música Original: Mariano Marín. Lugar: Naves del Español – Matadero (Teatro Español)

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Worksoap – Copia de una copia

No es sencillo arriesgarse. Da miedo sacar los pies del tiesto y abandonar la zona de confort para explorar nuevos caminos, pero es que lo interesante está ahí ¡Lo demás ya está más que trillado!

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Foto Helena de Llanos

Nadie repara en quien se pierde entre la multitud, anónimo y camuflado, vistiendo y asintiendo igual que el resto. Por supuesto que los batacazos son más sonados y el estruendo de una lágrima que cae fuera de ese círculo de seguridad, que nos mantiene engañosamente reconfortados, llama tanto la atención que hace que todos se giren para ser testigos y asientan con un arqueo de ceja: «Si ya sabía yo…»

Esta ida de cabeza tan grande que me marco como reflexión de comienzo de crónica refleja tanto el sentido de la existencia que me transmite la compañía Almaviva Teatro como su apuesta por su último montaje «Worksoap – Copia de una copia». Una compañía que gusta de la intensidad y que pelea por diferenciarse y jugar con las capas que envuelven todo para finalmente quedarse con la mínima expresión y convertirlo en la clave de su filosofía de trabajo.

Foto Helena de Llanos

A César Barló, capitán de esta embarcación, no le va eso de ir por aguas tranquilas para llegar a un puerto donde brindar con su tripulación, a él lo que le va es lanzarse al ojo del huracán, al centro de la tormenta, y desde allí liarse a carcajadas, abrazado a esos otros locos que se han enrolado en su aventura y gozar del viaje sin saber si el final del camino está en ese puerto donde emborracharse o en el fondo del mar, ¡qué mas da!. Quizá los que miramos desde fuera quedemos un tanto estupefactos, sin saber si aplaudirles ansiosos por unirnos a esa locura o marcharnos reflexivos a casa, pero lo que no se le puede negar que los convencionalismos le sobran y se los sacude de encima a golpe de teatro de resistencia.

Él no cree en que lo que se «es» en el comienzo, sea lo que deba quedar; a él lo que realmente le excita es contemplar la evolución del embrión, dejarle solo en medio de la escena aprendiendo a respirar y que, aunque a veces parezca que le falte el aliento y no se vaya a recuperar, permitirle que se desarrolle mientras suda sangre si hace falta, para que al fin logre ponerse a caminar.

Esta vez la apuesta vuelve a ser de esas de fuerza bruta, inspirándose en «El Club de la Lucha», tanto en el texto de Chuck Palahniuk como en la película de David Fincher, a la que acude en varias ocasiones a lo largo de la función, poniendo en pie una propuesta que habla de la identidad del individuo frente a la aplastante despersonalización de la masa; del desdoblamiento de cada uno de nosotros, de la ruptura con lo establecido, del enfrentamiento con nuestro yo más primario, ese que vive en lo más hondo de nosotros y que intentamos retener, tratando de ignorarlo y ver si así impedimos que respire el aire que respiramos nosotros, sabiendo que en el momento que lo haga no querrá volver a las profundidades de donde salió.

Olvidaos de las peleas y la violencia explícita de su predecesor cinematográfico, aquí no tienen lugar, aunque confieso que un poquito más de explicitud hubiera sido una bocanada de aire fresco que le hubiera sentado de maravilla. La dramaturgia de César Barló se basa en el personaje principal, en su dualidad, apoyándose en ese hombre que convive confundiendo los mundos interior y exterior, que se destruye para reconstruirse en aquello que ya era y que no sabía, revelándose contra si mismo y contra un sistema que le fuerza a aceptar ser parte de la sumisión «borreguil» de la masa global.

Foto Helena de Llanos

Un experimento vivo que crece y evoluciona a golpe de función, soportado por dos actores entregados al sobreesfuerzo exigido por la dirección y que lo transforman de manera sobresaliente en un ejercicio fascinante en ocasiones y desquiciado en otras. José Gonçalo Pais y Sergio Torres son dos torrentes de energía desbocada, que juegan a intercambiarse roles, a introducirse en la piel del otro, a robarse el aliento y cargar contra la dificultad que atañe el hacer accesible un propuesta que quizá da por sabidos ciertos pasajes claves y que, en algún momento, se para en exceso en otros que pecan de irrelevantes, pero que ha sabido extraer la esencia de una historia que resulta extrañamente fascinante y ciertamente perturbadora. Con momentos en los que el trabajo actoral es casi un extraño intercambio de almas.

Una puesta en escena que juega con la performance, la pantomima y el laboratorio actoral, que arriesga sin prejuicios, que rezuma mucho sentido del humor y es menos tremendista de lo que aparenta, aunque quizá en algunos momentos se guste en exceso y olvide que la están mirando.

Almaviva Teatro destila personalidad y afianza su identidad con este montaje, ¡por eso nos gusta!

Título: Worksoap – Copia de una copia. Dramaturgia: César Barló (A partir de El Club de la Lucha de Chuck Pahniuk) Elenco: José Gonçalo Pais y Sergio Torres. Espacio y Vestuario: Rosa M. Sánchez. Dirección: César Barló. Lugar: La Puerta Estrecha.

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