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Antigona Berta Ojea Carlos Dorrego David Kammenos Jean Anouilh Matadero Najwa Nimri Nico Romero Ramón Garu Rubén Ochandiano Sergio Mur Teatro Toni Acosta

Antígona

Título:
Antigona

Lugar:
Naves del Español – Matadero

Autor:
Jean Anouilh

Elenco:
David Kammenos
Najwa Nimri
Berta Ojea
Toni Acosta
Sergio Mur
Rubén Ochandiano
Nico Romero
Ramón Grau (Piano)

Iluminación:
Juan Gómez-Cornejo

Espacio Escénico:
Shiloh Garrel

Vestuario:
Berta Grasset e Iratxe Sanz

Versión y Dirección:
Rubén Ochandiano
Carlos Dorrego

Hasta ahora, acudir al Matadero siempre ha sido sinónimo de ver montajes que se salen de lo corriente; confieso que eso me estimula y me encanta. A veces han sido mas acertados y otras menos, pero saber que la función que uno va a ver no es lo que uno tiene en la mente, apetece.
Así sucede con esta «Antígona» dirigida y adaptada por Rubén Ochandiano y Carlos Dorrego, que desde que vi ese diseño de cartel realizado por Iago Martínez ya despertó mi curiosidad.
¡Qué espacio tan increíble el de la Sala 1 de Las Naves del Matadero! Con tantas posibilidades y a la vez tan amenazador en su inmensidad. Un espacio que invita a que los creadores derrochen imaginación en sus propuestas. Un espacio que con «Antígona» está muy bien jugado. 
Aunque me siguen molestando los micrófonos y lo siento, sé que en espacios tan enormes son necesarios, pero me despistan mucho y en ocasiones me sacan de la función.
Me llamó mucho la atención lo actual del texto, como las palabras escritas por Jean Anouilh siguen tan alarmantemente vigentes. Casi parecía que estuvieran escritas y encajadas a propósito en el montaje. Tan llenas de significado en estos tiempos que corren y  muy bien aprovechadas por Ochandiano y Dorrego, que las utilizan como látigo castigador ante una actualidad tan putrefacta como el cadáver de Polinice
Un texto que, aún sin haber visto Antígonas anteriores, el espectador va a poder saborear con todo el sentimiento que el libreto guarda dentro.
Me encanta la poética utilizada en el montaje, cómo se han dibujado los personajes y como los han absorbido cada uno de los actores, cómo se ha creado una atemporalidad acorde con lo que se muestra y con la denuncia ante el estancamiento en el que nos sumimos la sociedad y los seres humanos  (¡cómo!) . Una poética a veces dulce y otras rematadamente grosera, pero siempre apropiada.
Una serie de personajes ricos en matices y tan bien dibujados que resultan hipnóticos tanto en conjunto como por separado y que llenan su universo de detalles que ayudan a que «Antígona» sea siempre una, pero tenga múltiples lecturas. 
Si tengo que poner un «pero» a algo de este montaje es a esos sobretítulos del final, creo los espectadores somos conscientes durante toda la función de los paralelismos y no veo necesario ese subrayado a algo que ha estado en nuestras mentes durante todo el tiempo que dura la representación. Cuestión de gustos. 
Al igual que esos saludos finales tan distantes… ¿Por qué? ¿No es mejor, cuando la función finaliza, tener al público mas próximo y poder sentir su aprobación o su rechazo desde mas cerca? ¿Por qué el actor queda mas distante de su público que los propios personajes? Supongo que es cuestión de estética y a lo mejor es una nimiedad, pero para mi los saludos finales son tan importantes como el resto de la función y me dicen mucho.
La verdad que no sabía que era la primera vez que Najwa Nimri se subía a un escenario para hacer teatro; dibuja una Antígona llena de presencia y de fuerza que a mi me parece que resuelve perfectamente. Nunca he escuchado un «Over The Rainbow» tan cargado de rabia y tan roto. Tan lleno de significado que, en momentos, llega a estremecer.
Es un gusto poder descubrir la cantidad de matices que Rubén Ochandiano regala a su personaje. Lo enriquece tanto que no hay problema a la hora de entrar en el juego de verle como Creón. Se nota que lo disfruta, que lo paladea y que le apetece.
Muy agradado con la interpretación de Toni Acosta que compone un personaje perdido en la duermevela de la madrugada y en los vapores del alcohol, haciéndola parecer ligera y anodina, para que así, sin que lo esperemos, nos golpee con el peso de sus intervenciones. Disfruté mucho de su enorme presencia en escena.
David Kammenos nos habla por boca del autor, Anouilh. Casi todo el tiempo en francés y adoptando el rol de moderno juglar, nos seduce hablando y cantándonos a los ojos (¿Quién no se entrega escuchándole cantar con esa voz?), para llevarnos de la mano por la función, entrando y saliendo de ella a su antojo. Un acierto.
Creo que Nico Romero está impresionante. Da tanto miedo como que un Rottweiler te lama la cara, aparentemente todo está bien, pero sabes que a la voz de su amo va a arrancarte la cara a mordiscos, sin contemplaciones. Gran idea la de retratar/denunciar la postura de los cuerpos de seguridad de esta manera.
Breves, pero mas que interesantes intervenciones las de Berta Ojea y Sergio Mur, imprescindibles para entender el sentido del conjunto de «Freaks» que componen la foto de este reino y de los que uno se queda con ganas de disfrutar mas.
A mi particularmente me ha gustado mucho la propuesta de esta Antígona y recomendaría que se fuera a ver. Es una función acorde al momento que vivimos e incluso oportuna y necesaria. Un retrato cruel con mensaje de fortaleza y libertad. Un grito de rebeldía ante la desesperanza.
Podría estar escribiendo largo y tendido, hablando tanto de lo que me ha dicho el montaje en si como el libreto, pero lo mejor es que cada uno saque sus conclusiones y después disfrute de un buen debate; si alguien puede acudir el 28 de Febrero a ver el encuentro con el público, que no se lo pierda porque promete ser mas que interesante escuchar de primera mano los entresijos de esta producción.
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Alicia Rubio Cuatro estaciones y un dia M.A. Cárcano Mª Inés González Sara Martín Sergio Mur Teatro Teatro Lara

Cuatro Estaciones y Un Día

Título:
Cuatro Estaciones y Un Día

Lugar:
Teatro Lara

Autor:
María Inés González
Miguel Ángel Cárcano

Elenco:
Sergio Mur (Manuel)
Alicia Rubio (Marta)
Sara Martín (Pilar)

Dirección:
Miguel Ángel Cárcano

Hay veces que las obras nos eligen a nosotros, en ocasiones se nos plantan ellas solas en la mano y no hay que dejarlas escapar… Me gusta pensar que hay un «porqué» para que esto sea así y acepto el desafío con alegría e intriga.
Sí, habéis adivinado que esto es lo que me ha sucedido con «Cuatro Estaciones y Un Día», un buen amigo no pudo ir a ver la función de ayer y tuvo la gentileza de pasarme las entradas… ¡Gracias!
Había leído sobre la obra y me llamaba la atención, pero como uno no da para ver toda la cartelera, pues estaba resignado a dejarla pasar y mira tú por donde…
La función nos sitúa en una habitación de hotel en la que a lo largo de un año tendrán lugar varios encuentros. En ella asistimos a las rupturas y reconciliaciones de Manuel con Marta, su novia, y con Pilar, su amante, ante su imposibilidad de elegir entre una de las dos.
Desde el comienzo el espectador siente simpatía por los personajes, gracias a que Miguel Ángel Cárcano no los juzga y nos presenta los tres puntos de vista como válidos. Tanto Manuel, como Marta o Pilar tienen su momento para argumentar su postura y hacer que el público entienda «su lado».
La función me resultó toda una sorpresa. Una trama mas compleja de lo que a simple vista uno pueda esperar, pero que los autores (María Inés González y, el director, Miguel A. Cárcano) nos la ofrecen con un gusto a comedia que es de agradecer, sin entrar en grandes explicaciones. Haciendo que la historia fluya sola, sin aleccionar ni forzar un punto de vista. Creando una trama que, de puro «rocambolesca», hasta puede ser posible porque… que tire la primera piedra quien no se haya sentido en algún momento un poco «Manuel», incluso sería divertido que existiera una nueva función que nos cuente lo que es la vida de los tres personajes tras finalizar estas cuatro primeras estaciones ¡Ahí lanzo un guante!
Los tres actores transmiten una tranquilidad en escena que hace que el espectador se sienta cómodo, que queramos escuchar todo lo que quieran contarnos. Hacen un trabajo sencillo, muy medido y que, sin embargo, ofrece una espontaneidad que me conquistó desde el principio.
Iba a decir que ellas me gustaron algo mas que él, pero no es cierto. Tanto Alicia Rubio, que desde su primera intervención me ganó, como Sara Martín, tienen en sus manos dos personajes afrontados de una manera mas naturalista, perfecto para dar el contrapunto a su compañero, pero a Sergio Mur le ha tocado componer un personaje mas arriesgado. Por el tipo de personalidad que tiene su «Manuel«, él tiene que lanzarse mas a la piscina, arriesgar y forzar un personaje del que todos vamos a estar pendientes a sus acciones y reacciones, resolviéndolo con mucho acierto. Los tres se complementan y se entienden a la perfección, y desde la butaca eso se agradece enormemente.
Como ya me ha pasado en mas de una ocasión, he llegado por los pelos a ver esta obra y todo lo que os he contado no sé si os va a servir mas que como mero entretenimiento para conocer otro de los montajes que han pasado por la cartelera de Madrid, porque si no me equivoco, creo que las funciones en el Teatro Lara finalizaron ayer mismo… Una pena porque de vez en cuando apetece dejar los dramatismos y las profundidades de lado y sentarte a ver algo que sea amable y sencillo, que te provoque la risa y que salgas con la sensación de haberte entretenido sin mas, con una historia llena de planteamientos que puedes debatir fuera de la sala, pero con simpatía.
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