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Estefanía de los Santos Las Plantas Pablo Messiez Sala Mirador Teatro

Las Plantas


Título:
Las Plantas

Autor:
Pablo Messiez

Lugar:
Sala Mirador

Elenco:
Estefanía de los Santos

Ayudante de Dirección:
Alicia Calot

Dirección:
Pablo Messiez

«Las Plantas» era una asignatura que tenía pendiente ya desde su estreno. Me habían hablado y recomendado que fuera a verla una y mil veces, pero las circunstancias no me lo han permitido hasta ahora que en la Sala Mirador han creado este «Mes Messiez», un ciclo dedicado que estaba deseando que llegara desde que, al comienzo de temporada, lo anunciaron.
El universo de Pablo Messiez es un lugar al que hay que dejarse llevar, no es ni más ni menos que ese lugar privado que todos portamos en nuestro interior y que nos cuesta exteriorizar porque lo sabemos delicado y cualquier atisbo de sonrisa burlona o mofa lo va a herir profundamente, sin embargo, él ha conseguido que el suyo salga sin sonrojo alguno, fuerte y decidido, gracias a ese lirismo cotidiano tan palpable y que es inevitable hacerlo nuestro por un instante.

Me gusta entregarme al teatro de Pablo Messiez limpio, en plan lienzo en blanco y dejar que dibuje en él, ¡y vaya si lo hace!

La yema de los dedos teatrales de Messiez tienen el don de saber rozar levemente la epidermis del alma y provocar que esta se abra, se expanda y se exponga. Es como esas imágenes de los documentales que muestran una flor a cámara súper rápida, que pasa en cuestión de segundos de ser un capullo a abrirse de par en par y mostrar los hermosos pétalos que estaban creciendo en su interior, pues algo así es lo que nos sucede cuando uno se sumerge en el mundo de los sentimientos de este autor y director argentino. Y si pensáis que estoy exagerando, es porque no habéis visto ninguna de sus obras.
Este símil tan «florido» y cargado de cierta cursilería (no he podido contenerme, el cuerpo me lo pedía) me viene estupendamente para entrar a hablar de la última función que he podido descubrir de Pablo Messiez, «Las Plantas».
Un monólogo interpretado por Estefanía de los Santos en el que su personaje, una mujer que vive con la sola compañía de sus plantas, les va contando las cosas que tiene en su interior, esas reflexiones que normalmente nos hacemos a notros mismos y que jamás seríamos capaces de expresar a otra persona. Y así transcurre la función, con ella hablando sobre lo más íntimo de su yo.
Entrar en una sala pequeña de La Mirador, ser recibido por el propio Messiez, que te dedica un saludo y una leve sonrisa, un espacio sin luces artificiales, tan solo la luz del mediodía que entra por la ventana, un sofá, el cuerpo de una actriz dormida, desnuda, y esas plantas que son testigo mudo, pero directo, de cuanto sucede. Así es el montaje.
Y una selección de músicas que arañan el alma con rabia y que sacan a tirones el sentimiento de su escondrijo.
Y las palabras… esas reflexiones que son tan íntimas, tan internas y tan ciertas y certeras, que nos emocionan hasta el borde de las lágrimas, que recibimos entre sonrisas cómplices y aplausos.
Y, sobre todas las cosas, Estefanía de los Santos, que se nos entrega abierta en canal, con una potencia, una verdad y un sentimiento que en ocasiones nos corta la respiración, ella habla y parece que improvisa, hace suyas las palabras, las baila, las desgarra, se lacera con ellas, nos golpea, las riega y crecen, las sube al cielo y las vomita, se baja con ellas a los infiernos y nos mira buscando comprensión, otras nos clava los ojos y nos desafía a discutirle lo que dice, pero siempre nos deja la sensación de un abrazo, y eso es tan bello…
Y no nos olvidemos de Nina Simone… ¡momento magistral!

Pasados los días sigo pensando en «Las Plantas», y creo que las palabras de Messiez tienen el don de habitar en un punto concreto y muy especial de nuestro ser, poseen una verdad descomunal, pero con un halo de irrealidad maravilloso, pues nacen en ese espacio del razonamiento que parece una duermevela; es como cuando te despiertas al alba, sin haber dormido demasiado, pero sintiendo tu mente más lúcida que nunca, y los pensamientos brotan con la claridad que entra por la ventana. Es ese momento en el que crees encontrar cuál es la razón de porqué tu vida es como es, e incluso crees hallar el camino para enderezarla… y justo en ese instante, se apodera de nuevo de ti el sueño, cierras los ojos, con la paz meciéndote el alma, y sobresaltado los abres, consciente de que si te duermes, perderás ese instante logrado, pero ya es demasiado tarde, se ha marchado; así que te desperezas resignado, te levantas con la sensación agridulce de saber que por un momento tocaste con tus dedos eso que tanto ansiabas y que se ha esfumado en un parpadeo, pero consolándote porque ya sabes que existe y que puede volver, motivo suficiente para continuar con tu vida.

Lo sé, lo sé, esto se me ha ido de las manos, pero sentía la necesidad de expresarlo. No me culpen a mi, son las cosas que me provoca transitar por los caminos a los que me invita Pablo Messiez.

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Alain Hernández Betsy Túrnez El Rey Tuerto Marc Crehuet Mili Esparbé Ruth Llopis Sala Mirador Teatro Xesc Cabot

El Rey Tuerto

Título:
El Rey Tuerto
Autor:
Marc Crehuet
Lugar:
Sala Mirador
Elenco:
Xesc Cabot
Miki Esparbé
Alain Hernández
Ruth Llopis
Betsy Túrnez
Vestuario:
Mar Muñoz
Mar Guixé
Escenografía:
Pablo Sánchez
Dirección:
Marc Crehuet
De vez en cuando vienen oleadas de teatro desde otras provincias  que yo aplaudo curioso por descubrir, sobretodo sabiendo que desde Barcelona, por ejemplo, vienen propuestas y montajes de una calidad y un compromiso realmente destacables. ¡Queremos mas!
¿Qué puedo decir de «El Rey Tuerto»? Pues que no es una de esas oleadas… ¡Es un auténtico tsunami teatral! ¡Para qué me voy a andar con rodeos! Si lo que quiero es recomendarlo con todas mis ganas y que nadie se pierda este montaje que me ha enloquecido.
El tema ya parte de una premisa jugosa. Un antidisturbios revienta un ojo a un manifestante y, casualidades de la vida, acaban por coincidir en una cena «íntima», pues son las correspondientes parejas de dos amigas… Desde ese momento lo políticamente correcto se queda a un lado, la tensión se intensifica y la comedia mas salvaje se desata.
No hay un solo momento en toda la función en el que el ritmo decaiga. 
El dedo en la llaga permanece constantemente hurgando, rascando e incluso profundizando, y cuando creemos que se ha llegado al summum de la historia, aún quedan un par de vueltas mas que nos hace llevarnos las manos a la cabeza sorprendidos y encantados de que aquello no tenga freno.
Un texto de Marc Crehuet que nos desarma, que nos hace ser conscientes de que, por mucho que lo intentemos, no tenemos respuestas para tanta cuestión que se nos plantea en el día a día. Un libreto que hace que nos miremos en este espejo ¿deformante? que son sus personajes y nos riamos de nosotros mismos. Que nos abofetea obligándonos a mirar como esa fortaleza ideológica que nos hemos creado nosotros mismos con las manipulaciones y los engaños de otros, es un tembloroso castillo de naipes a punto de ser derribado por el primero que pase y sepa como soplarnos.
Un montaje dirigido con total precisión por el propio Marc Crehuet, que tiene en su elenco a cinco magníficos actores que crean unos personajes en los que no podemos dejar de vernos identificados a pesar de lo esperpéntico que nos puedan resultar. Donde no hay «buenos» y «malos», tan solo víctimas; de otros, de la sociedad, de nosotros mismos… que nos muestran, aunque nos resistamos a creerlo, cuán frágiles somos a golpe de un humor negrísimo.
Xesc Cabot, Miki Esparbé, Alain Hernández, Ruth Llopis y Betsy Túrnez. Están sencillamente soberbios. Realizan un trabajo desprejuiciado y muy comprometido que aplaudo a rabiar. Es fascinante esa perfecta combinación de teatro social, salpicada con destellos de clown, y comedia ligera, e incluso me atrevería a decir, romántica, mezclada con un sentido del humor brutalmente ácido. Sensacional la manera que tienen de lograr sacarnos risas de momentos espeluznantes, como seguidamente nos congelan esa risa para ser testigos de las consecuencias de sus acciones, para de esa manera hacer que acabemos estallando nuevamente en carcajadas sorprendiéndonos a nosotros mismos.
¡Sencillamente apoteósico!
¿Lo peor de esta función? Que tan solo estén programados en Madrid dos fines de semana… una pena porque estoy convencido que si diera tiempo a que el boca a boca funcionara, iban a reventar la Sala Mirador, que es donde actualmente se representa, tras los cuatro días que estuvo este verano en el Teatro Lara. De verdad, si estáis leyendo esto y no habéis ido, ni lo dudéis.
Nos hace mucha falta mas teatro así y que nos demos de tortas por ir a verlo.
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