Autor:
Pablo Messiez
Lugar:
Sala Mirador
Elenco:
Estefanía de los Santos
Ayudante de Dirección:
Alicia Calot
Dirección:
Pablo Messiez
Me gusta entregarme al teatro de Pablo Messiez limpio, en plan lienzo en blanco y dejar que dibuje en él, ¡y vaya si lo hace!
Y una selección de músicas que arañan el alma con rabia y que sacan a tirones el sentimiento de su escondrijo.
Y las palabras… esas reflexiones que son tan íntimas, tan internas y tan ciertas y certeras, que nos emocionan hasta el borde de las lágrimas, que recibimos entre sonrisas cómplices y aplausos.
Y, sobre todas las cosas, Estefanía de los Santos, que se nos entrega abierta en canal, con una potencia, una verdad y un sentimiento que en ocasiones nos corta la respiración, ella habla y parece que improvisa, hace suyas las palabras, las baila, las desgarra, se lacera con ellas, nos golpea, las riega y crecen, las sube al cielo y las vomita, se baja con ellas a los infiernos y nos mira buscando comprensión, otras nos clava los ojos y nos desafía a discutirle lo que dice, pero siempre nos deja la sensación de un abrazo, y eso es tan bello…
Y no nos olvidemos de Nina Simone… ¡momento magistral!
Pasados los días sigo pensando en «Las Plantas», y creo que las palabras de Messiez tienen el don de habitar en un punto concreto y muy especial de nuestro ser, poseen una verdad descomunal, pero con un halo de irrealidad maravilloso, pues nacen en ese espacio del razonamiento que parece una duermevela; es como cuando te despiertas al alba, sin haber dormido demasiado, pero sintiendo tu mente más lúcida que nunca, y los pensamientos brotan con la claridad que entra por la ventana. Es ese momento en el que crees encontrar cuál es la razón de porqué tu vida es como es, e incluso crees hallar el camino para enderezarla… y justo en ese instante, se apodera de nuevo de ti el sueño, cierras los ojos, con la paz meciéndote el alma, y sobresaltado los abres, consciente de que si te duermes, perderás ese instante logrado, pero ya es demasiado tarde, se ha marchado; así que te desperezas resignado, te levantas con la sensación agridulce de saber que por un momento tocaste con tus dedos eso que tanto ansiabas y que se ha esfumado en un parpadeo, pero consolándote porque ya sabes que existe y que puede volver, motivo suficiente para continuar con tu vida.
Lo sé, lo sé, esto se me ha ido de las manos, pero sentía la necesidad de expresarlo. No me culpen a mi, son las cosas que me provoca transitar por los caminos a los que me invita Pablo Messiez.



