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Castigo Ejemplar Yeah Iñigo Guardamino La Trastienda Natalia Díaz Rodrígo Sáenz de Heredia

Castigo Ejemplar Yeah

Título:
Castigo Ejemplar Yeah

Autor:
Íñigo Guardamino

Elenco:
Natalia Díaz
Rodrigo Sáenz de Heredia

Iluminación;
Pedro Guerrero

Escenografía/Espacio Sonoro:
María José Pazos

Coreografía/Ayte. Dirección:
Crismar López

Dirección:
Íñigo Guardamino

Como espectador me gusta que me propongan retos, que me pongan a prueba y ver hasta dónde puedo llegar, y eso me ha sucedido con el teatro de Íñigo Guardamino. El primer encuentro fue “Vacaciones en la Inopia” y el encontronazo fue confuso, no logré entrar en lo que proponía, pero lejos de hacerme huir de su trabajo, lo que consiguió fue dejar un poso de curiosidad en mi retina de espectador provocando que acuda a ver “Castigo Ejemplar Yeah”, la nueva experiencia teatral que nos trae a La Trastienda.
Una pareja se cuela en el despacho del director del internado donde estudia su hijo, con el objeto de robar el expediente de este, temiendo que sea expulsado a causa de algún incidente del que no llegamos a conocer los hechos. Esto es el detonante que destapa la caja de los truenos, descubriendo aspectos desconocidos de su hijo, bueno… y no solo de él…
Esta vez Íñigo Guardamino ha optado por proponer una línea argumental más sencilla, escondiendo su universo particular en un envoltorio aparentemente más mundano, pero que al desenvolverlo nos estalla en las narices, como un paquete bomba, salpicándonos de ese surrealismo y humor cáustico del que hace gala este dramaturgo.
La élite de los colegios privados, el poder de la iglesia en la sociedad, el desgaste y la decepción en las relaciones de pareja, primogénitos venidos a pequeños dictadores… son temas que uno puede encontrar tan solo rascando la superficie de las primeras capas de esta función, pero Guardamino no se queda en la superficie e invita a meter la mano hasta el codo en cada una de las fisuras, de las heridas, que se van abriendo para que nos empapemos hasta las cejas de todo lo que de ellas supura.
Yo personalmente me lo pasé en grande y si no hubiera sido por lo expuesto que se encuentra uno en este tipo de salas, hubiera soltado un buen número de risotadas y carcajadas, pero por timidez y temor a molestar más de la cuenta a los actores, fui moderado en mis reacciones. Quizá el ritmo en algunos momentos decelere, tambaleándose la aparente solidez del discurso, y puede que aún haya ciertas asperezas que limar, pero confieso que conecté del todo con el negrísimo humor y la crítica tan ácida e incisiva que gasta el autor en esta función; ese ir y venir entre finas puntadas y trazos gruesos y escatológicos me divierten una barbaridad, le dan un color absolutamente propio a lo que se nos cuenta; el humor de “Castigo Ejemplar Yeah” me gusta tanto como esos golpes surrealistas que guarda la historia, girando bruscamente y lanzándose por inesperados terraplenes por los que baja a lo más turbio del ser humano, y que te dejan el cuerpo sin saber por dónde tirar, si tomártelo a guasa o reflexionar sobre la gravedad de lo que expone. 
Ni qué decir tiene que esto no sería posible sin dos actores que estuvieran en sintonía con esta forma bruta de mirar nuestra ¿futura? Sociedad, ellos son Rodrigo Sáenz de Heredia y Natalia Díaz, que se lanzan desprejuiciados a convertir en carne y hueso ese torbellino de peculiar denuncia. Grandes y valientes, nos regalan este viaje enloquecido, destructor, divertidamente pesimista, de esta pareja que vive en un “quiero y no puedo” que los devora.
A Rodrigo Sáenz de Heredia le pude ver tres días antes en otro montaje y ya dije cuánto me gusta su forma de trabajar, tiene esa forma de interpretar que crees cuanto propone, da igual en distancias largas o cortas, y después está NataliaDíaz, ella es de esos descubrimientos que hace que uno se sienta afortunado de poder disfrutar, y ya digo desde aquí que ojalá sea por muchas más veces. 
En fin, que os recomiendo que os dejéis caer por La Trastienda y viajéis al Universo-Guardamino porque estoy seguro que en él encontraréis muchos puntos en común, y no todos amables, con el vuestro particular. Y porque también mola reírse de lo políticamente incorrecto, ¡yeah!
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Antonio C. Quiroga Fael García Liturgia de un asesinato Marian Arahuetes Mon Ceballos Rodrígo Sáenz de Heredia Teatro Galileo Verónica Fernández

Liturgia De Un Asesinato

Título:
Liturgia de un Asesinata

Autor:
Verónica Fernández

Lugar:
Teatro Galileo

Elenco:
Marian Arahuetes
Mon Ceballos
Fael García
Rodrígo Sáenz de Heredia

Escenografía:
Mariona Julbe

Vestuario:
Mónica Teijeiro

Iluminación:
Daniel Checa

Sonido:
Mar Navarro

Dirección:
Antonio C. Guijosa


La semana pasada acudí a ver “Liturgia de un Asesinato” de Verónica Fernández al Teatro Galileo.
Un aparente suicidio, una familia bajo sospecha, que comparten heridas abiertas a pesar de sus diferencias ideológicas, y un policía demasiado involucrado, son las claves de esta historia dirigida por Antonio C. Guijosa que nos sitúa en un franquismo tardío, que se va desmoronando, pero donde los venenos del régimen aún colean peligrosos.

Una camada de cachorros que devoran a su progenitor y que, sin embargo, sienten el frío e interesado vacío de su ausencia; cachorros que entre ellos se lanzan dentelladas, pero donde el poder de la sangre se impone, haciéndose cruelmente palpable.
Un juego al engaño, como un «Cluedo» sobre las tablas, con un texto que nos plantea diferentes hipótesis que giran dependiendo del ángulo desde el que se mira; una exposición de  intereses que hacen posible cualquiera de ellas en el momento de ser planteadas.
Hoy en día es raro, a no ser en los teatro nacionales o más comerciales, los montajes con una escenografía que no sea minimalistas, incluso a veces inexistente, sin embargo en “Liturgia de un Asesinato” se presentan con una puesta en escena como esta, que incluso recuerda un set de rodaje. Una puesta en escena y una estética que me recordó al estilo de los Estudio 1. Todo tiene ese aire apagado, incluso algo rancio, donde casi se huele el polvo del tiempo y que, sin embargo, tan estupendamente le sienta a la propuesta. Casi como si mirásemos una foto descolorida.

Mon Ceballos, con su Manuel Requejo, es un fantástico «Poirot pre-transición», que gracias a esa turbiedad y conflicto moral al que se enfrenta, logra una acertada dimensión.
Me entusiasmaron las interpretaciones de Fael García y Rodrigo Sáenz de Heredia, creo que su manera de jugar el texto, la sobriedad con la que se enfrentan a estos dos extremos de una misma familia, es perfecta para esta propuesta, además de regalarnos, junto a Mon, el placer de escuchar esas fantásticas voces, con esas dicciones y ese gusto por dar importancia a cada una de las palabras de este texto. 
Quizá Marian Arahuetes se encuentra algo más forzada en su personaje, cuesta entrar en su propuesta, aunque finalmente acabes por comprarla. Los tres, Fael, Rodrigo y Marian, forman un triángulo fraternal que funciona, en sintonía y muy creíble.
Incluso es interesante ver lo que sucede con ellos, con los cuatro actores, cuando están en la penumbra de la acción, el trabajo interpretativo se mantiene y dan continuidad para cuando entran en foco.
Hay momentos intensos, inteligentes, a veces melodramáticos, que me entretuvieron y me interesaron, tanto en lo que a interpretación como en lo que cuenta, y cómo lo cuentan.
Quizá llegue un momento que todo suena un tanto reiterativo, pero lo remontan con ese final que explota tan cruel como inesperado.
No sé si es por el estilo con cierto aroma decadente de la dirección de Antonio C. Quiroga, esa forma de exponer la situación que me hace recordar como decía más arriba a esos Estudio 1 o porque ahora se opta por una velocidad de planteamiento que hace de esta forma de contar algo diferente, que hizo que acabara por disfrutarlo tanto. A veces solo hay que dejarse llevar y deleitarse con el viaje.

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