Título:
Ascensión y Caída de Mónica Seles
Autor:
Antonio Rojano
Lugar:
La Casa de la Portera
Elenco:
Rocío Marín
Nerea Moreno
Espacio Sonoro:
David García
Dirección:
Víctor Velasco
De nuevo se da un giro de tuerca a sus habitaciones, trasladándonos a un particular limbo donde habitan unos personajes que aguardan el momento de saltar a primera línea y ejecutar su juego. Una historia contada a golpe de set que nos hace cambiar de campo para ver una historia que nos mueve a través del tiempo, de un presente desconcertante a un pasado embaucador, y que nos convierte en insectos ante trampas de luces cálidas y brillantes, donde creemos haber encontrado nuestra panacea personal y que no son más que nuestra perdición, de la que es tan complicado huir.
Ambas actrices están plenamente al servicio de la historia y pelean por llevar a buen término la función con unas interpretaciones entregadas que, a veces, revolotean zigzagueantes ante el exceso generalizado, y no del todo canalizado, de la dirección. Hay situaciones, información, ideas a las que dar cuerpo, simbolismos, simbologías que dan la sensación de encontrarnos ante una sobresaturación de asuntos que tratar.
Entre ellas se generan curiosas situaciones, dibujos que dan un muy acertado tono a la historia. La ricachona racista arrodillada ante un barreño, o ese botellón improvisado de anís y polvorones, situaciones envenedamente castizas, casi casposas y algo «almodovarianas» que hablan por si solas, pero que se acaban por diluir en un final de trazo confuso e indefinido. Es como si la traca, en vez de reservarse para el final, hubiera estallado en el comienzo.
La función tiene un comienzo interesante, que atrapa en su misterioso propósito, pero que hacia la mitad da la sensación de estar sobrevolándola por encima sin que deje que nos posemos sobre ningún aspecto concreto y dejando la sensación de algo ya visto.
Es complicado aunar en un mismo camino la justificación del paralelismo que pretende denunciar y la resolución de la trama. Ciertamente es una pena salir con la idea de que han acabado por precipitar la resolución de la historia sin llegar a encontrar ese punto de originalidad que rompa con todo y abra una nueva brecha por la que querer mirar.
Aunque para gustos… ya se sabe…
