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Ana Vayón CDN Gustavo Galindo Haz Clic Aquí Inma Cuevas José Padilla Nerea Moreno Pablo Béjar Teatro María Guerrero

Haz Clic Aquí

Título:
Haz Clic Aquí

Autor:
José Padilla

Lugar:
Teatro María Guerrero
Sala de La Princesa

Elenco:
Pablo Béjar
Inma Cuevas
Gustavo Galindo
Nerea Moreno
Ana Vayón

Escenografía:
Mónica Boromello

Vestuario.
Almudena Rodríguez Huertas

Iluminación:
David Hortelano

Dirección:
José Padilla 

Yo vivo enredado entre las redes sociales, he creado un micro-universo en el que desenvolverme y poder exponer cuanto escribo, un lugar donde poder llegar a cuanta más gente mejor, por eso al ver «Haz Clic Aquí» no he podido por menos que sentir escalofríos por la espalda. Yo soy parte de ese mundo del que habla y, sinceramente, es bastante inquietante comprobar la repercusión que se puede llegar a tener sin pretenderlo.
Las redes sociales tienen su parte buena y su parte mala, todo se potencia, las cosas son más sencillas de obtener, todo crece exponencialmente, con lo cual, si es bueno, puede llegar a ser grandioso, pero si es malo, puede ser absolutamente demoledor. Y lo peor de todo es que aún no somos del todo conscientes de ello, y lo que nosotros pensamos como un bien común puede convertirse en un arma arrojadiza entregada a la masa, incluso puede ser devastador para la vida de los demás. Y de ahí parte esta «Haz Clic Aquí», escrita por José Padilla, primer montaje dirigido en solitario por el dramaturgo tinerfeño, en el que basándose en un hecho real, nos habla de la historia de un joven abogado que presencia desde la ventana de su casa una pelea entre adolescentes, esa pelea va más allá de ser una simple rencilla y decide grabarlo para ayudar al agredido, cuando le ofrece la posibilidad de tener la grabación como prueba contra sus agresores, el joven reusa el ofrecimiento de muy malas maneras, esto es interpretado por el abogado como miedo, así que decide ayudarle por su cuenta, colgando el vídeo en internet para poder identificar a los «culpables». Fuera de cualquier pronóstico, el vídeo comienza a hacerse muy popular en las redes sociales, hasta el punto de convertirse en viral. Metiendo en una espiral de problemas a todos los afectados, a los agresores, a sus familias, al agredido e incluso al propio abogado que lo grabó y a su pareja, periodista que quiere llegar al fondo de la cuestión. Una historia que plantea muchas cuestiones sobre el momento de exposición tan descontrolado en el que vivimos.
Este montaje nace de la creación conjunta del propio autor junto al equipo artístico, a través de una premisa pactada y una serie de trabajos de improvisación que fueron desarrollando el grueso de la historia, forjando el tronco de lo que ahora podemos ver en la Sala de La Princesa del Teatro María Guerrero de Madrid.
Un trabajo lleno de actualidad, que juega con los estereotipos, los rompe, los vuelve a unir y los recoloca a lo largo de la función, ofreciéndonos varios puntos de vista diferentes sobre la misma historia, inmiscuyéndose en las vidas de estos personajes que de la noche a la mañana se ven expuestos y juzgados por una masa desinformada, hambrienta de polémicas y dispuesta a juzgar sin demasiadas contemplaciones. Una función que plantea muchas cuestiones, y que invita a polemizar y meditar sobre el cariz que está tomando este momento que nos está tocando vivir, la velocidad con la que se propaga la información, contrastada o no, la facilidad con la que nos atrevemos a juzgar y condenar.

Una puesta en escena polivalente con una escenografía de Mónica Boromello, que cuenta más de lo que aparenta, una música y un espacio sonoro acertado, que ya es un rasgo identificable en el autor, y unas interpretaciones comprometidas hasta el fondo con la historia. Quizá la velocidad de las réplicas en según qué momentos juegan a desnaturalizar la propuesta y genera cierto distanciamiento en el espectador, pienso, y es solo una opinión más, que hay momentos de la función que deberían tomarse con más calma para darles el peso que les corresponde, cosa que no quita para aplaudir las interpretaciones de todo el elenco, Pablo Béjar, Ana Vayón, Gustavo Galindo, Nerea Moreno e Inma Cuevas, última en incorporarse a esta producción. Que bailan entre personajes, que hilan la historia mostrando toda la gama de visiones, mostrándolos desde el meollo de la cuestión y en su vida personal, ajena a polémicas, con sus dramas privados, rompiendo estereotipos, desdramatizándolos y ofreciéndonos seres de carne y hueso que son un claro reflejo de nuestra sociedad.

Un montaje divertido, incisivo, dinámico y muy contundente que, como ya nos tiene acostumbrados José Padilla, sirve la oportunidad de discusión post-función en bandeja. Y que nos hará dudar un instante antes de volver a marcar un «Me Gusta», marcar un Tweet como Favorito o Retwittearlo… Un nuevo acierto de este autor que no deja de crecer y de sorprendernos con un teatro lleno de crítica, frescura y mucha actualidad.
Y que desde aquí le deseamos todos los éxitos con su inminente estreno en Moscú con este mismo título en el mismísimo Teatro del Arte.

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Antonio Rojano Ascensión y Caída de Mónica Seles La Casa de la Portera Nerea Moreno Rocío Marín Teatro Víctor Velasco

Ascensión y Caída de Mónica Seles

Título:
Ascensión y Caída de Mónica Seles

Autor:
Antonio Rojano

Lugar:
La Casa de la Portera

Elenco:
Rocío Marín 
Nerea Moreno

Espacio Sonoro:
David García

Dirección:
Víctor Velasco

Al entrar en La Casa de la Portera, como suele ser habitual, nos encontramos en un lugar que a pesar de sernos tan familiar, vuelve a darnos la sensación de un espacio en el que nunca habíamos estado. Esta vez se convierte en un espacio donde las luces ocultan lo que las sombras nos cuentan; así es «Ascensión y Caída de Mónica Seles», el nuevo montaje que podemos ver los lunes en La Casa de la Portera. Un texto escrito por Antonio Rojano y dirigido por Víctor Velasco.
De nuevo se da un giro de tuerca a sus habitaciones, trasladándonos a un particular limbo donde habitan unos personajes que aguardan el momento de saltar a primera línea y ejecutar su juego. Una historia contada a golpe de set que nos hace cambiar de campo para ver una historia que nos mueve a través del tiempo, de un presente desconcertante a un pasado embaucador, y que nos convierte en insectos ante trampas de luces cálidas y brillantes, donde creemos haber encontrado nuestra panacea personal y que no son más que nuestra perdición, de la que es tan complicado huir.
El tenis, las peluquerías clandestinas de extrarradio, las pijas que ansían ser Blancanieves cuando en realidad son meras brujas caprichosas, las víctimas incautas que se dejan hipnotizar por palabras huecas acompañadas de coletillas pegajosas como «cariño«, «querida» «amor«, «niña«… Los fantasmas dolidos que claman venganza o la crisis económica… todo ello se nos junta en esta historia que contiene un cóctel de interesantes ingredientes que al ser agitados quizá se entremezclan en exceso haciendo que nos cueste saborearlos.

Nerea Moreno y Rocío Marín ejecutan un atrevido trabajo, muy medido y sujeto a la original, por momentos, puesta en escena.
Ambas actrices están plenamente al servicio de la historia y pelean por llevar a buen término la función con unas interpretaciones entregadas que, a veces, revolotean zigzagueantes ante el exceso generalizado, y no del todo canalizado, de la dirección. Hay situaciones, información, ideas a las que dar cuerpo, simbolismos, simbologías que dan la sensación de encontrarnos ante una sobresaturación de asuntos que tratar.
Entre ellas se generan curiosas situaciones, dibujos que dan un muy acertado tono a la historia. La ricachona racista arrodillada ante un barreño, o ese botellón improvisado de anís y polvorones, situaciones envenedamente castizas, casi casposas y algo «almodovarianas» que hablan por si solas, pero que se acaban por diluir en un final de trazo confuso e indefinido. Es como si la traca, en vez de reservarse para el final, hubiera estallado en el comienzo.
Me gustan las historias de intereses creados que guardan giros, las historias que nos esconden sorpresas en cada recodo por el que nos hace pasar; las mezclas de géneros, poder pasar de la comedia al suspense, del drama al terror y regresar a todos ellos, me gustan los diálogos ocurrentes, escritos con gracia, que compliquen la trama, y Antonio Rojano nos ofrece todo esto en «Ascensión y Caída de Mónica Seles», pero creo que va perdiendo sabor según se va resolviendo el puzle.
La función tiene un comienzo interesante, que atrapa en su misterioso propósito, pero que hacia la mitad da la sensación de estar sobrevolándola por encima sin que deje que nos posemos sobre ningún aspecto concreto y dejando la sensación de algo ya visto.
Es complicado aunar en un mismo camino la justificación del paralelismo que pretende denunciar y la resolución de la trama. Ciertamente es una pena salir con la idea de que han acabado por precipitar la resolución de la historia sin llegar a encontrar ese punto de originalidad que rompa con todo y abra una nueva brecha por la que querer mirar.
Aunque para gustos… ya se sabe…
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