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Carles Harillo Emilio Williams Fanny Gautier Javier Ruíz de Somavía Mónica Regueiro Rodrigo Poisón Smartphones Teatro Teatro Lara

Smartphones

Título:
Smartphones

Autor:
Emilio Williams

Lugar:
Teatro Lara

Elenco:
Fanny Gautier (Amelia)
Rodrigo Poison (Bernabé)
Mónica Regueiro (Chantal)
Javier Ruíz de Somavía (Dagoberto)

Diseño Vestuario:
Miriam Jarillo

Iluminación y Sonido:
Sergio Guivernau

Escenografía:
Elena C. Galindo

Dirección:
Carles Harillo Magnet

Fíjate las alturas de la semana en la que nos encontramos y yo aún sin publicar nada sobre «Smartphones»… Y no es por pereza, de verdad. Realmente llevo todo este tiempo dándole vueltas a qué es lo que vi y cómo contarlo.
¿Qué es Smartphones? ¿Una sátira? ¿Un vodevil? ¿Una denuncia? ¿Una farsa? ¿Una tomadura de pelo? ¿Un simple divertimento? Pues después de mucho pensarlo, creo que tiene un poco de todo esto y muchas otras cosas más, todas pasadas por el tamiz del Teatro del Absurdo.
Vayamos por partes, la historia que nos cuentan escrita por Emilio Williams, fue todo un éxito en su lectura dramatizada allá por el 2011 en el Parnasillo del Teatro Español, parte de una premisa muy clara. Cuatro amigos se reunen en casa de un quinto ausente que los ha citado a todos en su casa, pero que parece que no llega nunca (¿a qué nos suena?) Van sabiendo de él a través de las actualizaciones en su perfil en Facebook, por ambiguos tweets y llamadas sin a penas cobertura, pero nunca obtienen una respuesta clara. Mientras tanto vamos descubriendo sus relaciones, quienes son y qué hacen allí.
Una historia en la que los personajes no se despegan de sus teléfonos en ningún momento, y que más que mirarse a los ojos y reconocerse, saben de la existencia del otro por las fotos de perfil que tienen colgadas en las redes sociales. Un texto que se mofa, que nos acusa y que descarga sobre nosotros una clara denuncia a esta situación cada vez más absurdamente palpable que estamos viviendo con el tema de los teléfonos móviles.
La historia dirigida por Carles Harillo Magnet e interpretada por Fanny Gautier, Mónica Regueito, Rodrigo Poisón y Javier Ruíz de Somavía es una locura de entradas, salidas, líneas de diálogo a veces afiladas, otras muy brutas y a veces tontorronas, de desconexiones, de cortes, de vueltas a lo mismo, de momentos delirantes, de otros incomprensibles, y porqué no decirlo, algunos soporíferos, que al terminar me dejó practicamente igual que al comienzo.
Es cierto que dentro de ese caos e incomprensión sentí cierta fascinación por lo que estaba viendo en escena, me despetaba curiosidad ver hacia dónde se dirigía todo, pero vamos que también puedo sentir fascinación por ver el funcionamiento de una lámpara de lava, los revoloteos de una bolsa de plástico que se lleva el viento o buscar figuras en el gotelé de la pared, pero ¿qué me aporta realmente?… pues eso.
El conjunto de la puesta en escena me pareció correcta, interesante. Aunque tanta mención durante la función a las referencias en las que se inspira me suenan a justificación… 
De las interpretaciones no puedo mas que decir cosas positivas, los cuatro están estupendos, no se les puede quitar el mérito, tienen un acertadísimo tono de comedia, resultan juguetones dentro del lenguaje del absurdo y caen bien. De hecho si recomendase la función, sería para que vieran su trabajo. Pero la dirección aún tiene que afinar todas esas entradas, salidas, pulir los diálogos para que resulten aún más picados, para que el ritmo no decaiga, porque si encima de que la propuesta que estamos viendo es un tanto «especial», si se deja que nos distraigamos, se corre el riesgo de perder espectadores que comiencen a hacer la lista de la compra mentalmente, si no a abandonar la sala, como ya pasó el día del estreno.
No es una propuesta que me haya conquistado, la verdad. Me gusta el teatro del absurdo, pero en esta función hay cosas que me parecieron un tanto abusivas, incluso tramposas; me dio la sensación que llegados a ciertos puntos, se sacan de la manga cortes, quiebros, rupturas, que situaban a los personajes en otro lado para no resolver conflictos. No sé si están dentro del texto, si son propuestas del director o de dónde han salido, pero yo, como espectador, tenía cierta sensación de que me estaban tomando el pelo… Con cierta gracia, que mis carcajadas me eché, no le vamos a quitar el mérito.
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Alberto Delgado Carles Magnet Daniel de Vicente Doriam Sojo Festival La Alternativa Luz de Paz Mónica Regueiro Sala Triángulo Silvia Vivó Teatro

Cordón Umbilical

Título:
Cordón Umbilical

Lugar:
Sala Triángulo

Autor:
Daniel de Vicente

Elenco:
Alberto Delgado (Javier)
Silvia Vivó (Laura)
Doriam Sojo (David)
Mónica Regueiro (Lucía)
Carles Magnet (Alberto)
Luz de Paz (Ana)

Música Original:
Pascal Gaigne

Escenografía:
Ana Garay

Iluminación:
José Manuel Guerra

Dirección:
Daniel de Vicente


Un año mas vuelve el Festival La Alternativa a Madrid, como viene siendo habitual desde el año 1989. Festival donde se da salida a propuestas  teatrales, de danza e incluso performance. Las salas que acogen estos espectáculos son la Sala Tú, La Casa de la Portera, Garaje Lumiere, Sala Tarambana, Bululú 2120 y Sala Triángulo que es donde se representan la mayoría de los montajes, como es el caso de «Cordón Umbilical» que ayer tuvo su estreno absoluto gracias al apoyo del Festival.
«Cordón Umbilical» está escrita por Daniel de Vicente, joven escritor que se ha lanzado de cabeza a dirigir su primer texto teatral. En el que trata el tema de las relaciones familiares. Tema que da mucho juego y que él nos muestra en un texto mas que interesante.
En este caso se nos sitúa, como punto de partida, en la celebración del 25º aniversario de bodas de los padres de Ana, que junto a su novio David, lo celebran entre brindis y discursos emotivos; hasta que Ana decide que es el momento de dar otra «buena» noticia… Momento en el que esta familia entra en un juego de claroscuros donde se dice mas con lo que se calla que con lo que se habla. Una maraña de relaciones entrecruzadas que atrapan a los personajes y que les hace obrar de manera muy diferente a lo que dicen.
El planteamiento y el texto están llenos de giros que nos hacen bailar entre la comedia y la tragedia, con unos diálogos inteligentes, en ocasiones chispeantes, y con mucho ritmo. Aunque llegando al final plantea ciertas lagunas que enturbian la resolución de algunas tramas. 
Hay momentos íntimos, dolorosos, ruines, divertidos, seductores… y todo destila un regusto a insatisfacción que, cada uno a su manera, los personajes luchan por sacudirse de encima; y que a mi me resultó muy atractivo.
No me gusta hablar mucho de lo que se ve en la función cuando se asiste al día del estreno porque los nervios no son buenos compañeros y la novedad no es el reflejo de lo que se podrá ir viendo según vayan apareciendo nuevas funciones. (Desde aquí felicito al equipo porque ya sé que después de su paso por La Alternativa tienen abierto un nuevo camino que les supondrá un trampolín en su camino), pero creo que es justo comentar sobre lo que se está viendo en estos momentos, que al fin y al cabo es lo que uno se va a encontrar estos días cuando visiten la Sala Triángulo.
La escenografía me gustó, me pareció sencilla y bastante elegante, con un tratamiento estudiado y bien desarrollado para las transiciones y la diferenciación entre los diferentes espacios; aunque algunos elementos del atrezzo deberían sustituirse por otros que estén mas acordes con el conjunto (Ese cenicero en la habitación del hotel y esos vasos de plástico en la cena entre los amigos, aunque son detalles mínimos, chirrían)
La interpretación de algún miembro del reparto cae en ciertas obviedades que desajustan el resultado final y hacen que me asalte la duda de saber si eso es debido a la dirección primeriza o es un tema mas actoral debido a, bajo mi punto de vista, algún error de casting. Lo siento, soy enemigo de esos momentos en los que los actores «hacen que» o montan el «teatrito» dentro de la propia función.
Quedé encantado con la interpretación de Mónica Regueiro que afronta su personaje con firmeza y con mucha naturalidad (muy de agradecer).
También me quedo con la química y la fluidez de algunos cuadros, donde se ve que los actores están cómodos y seguros, con un camino claro. Doriam Sojo y Carles Magnet, aunque haya que cuidar esos amaneramientos excesivamente forzados, tienen algunos de esos momentos, al igual que Alberto Delgado con la ya mencionada Mónica Regueiro.
El resultado es una comedia de enredo entretenida de ver, pero de la que me fui sintiendo que tiene mucho mas trasfondo del que aparenta y que se ha quedado pendiente de explorar. De todos modos, hay que darle espacio, que la función respire y ver cómo va creciendo después de estos primeros pasos.
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