Título:
Mejor Historia Que La Nuestra
Autor:
Lucía Carballal
Lugar:
Teatro Lara
Elenco:
Mamen Camacho (Maite)
Antonio De Cos (Roberto)
Chema Muñoz (Luis)
Paloma Zavala (Paula)
Espacio Escénico:
Francesco Carril
Espacio Sonoro:
Eduardo Castro
Iluminación:
Pablo Seoane
Vestuario:
Laura Renau
Dirección:
Francesco Carril
Un padre enfermo de cáncer decide abandonar el tratamiento de quimioterapia al que se está sometiendo para poder morir en paz, pasando los últimos días de su vida con cierta calidad y en compañía de su hija, quien regresa del extranjero para estar con él en estos últimos instantes y buscar una reconciliación entre ambos. La historia nos habla de esos últimos días entre padre e hija, unos momentos en los que las heridas se reabren para intentar ser sanadas de dentro hacia fuera, aunque escueza.
La historia a parte de contar con el padre y la hija, tiene otros dos personajes, el novio de ella y la chica que cuida al padre, pudiendo contemplar de esta manera cuatro costados diferentes de la misma historia. Una interesante combinación entre lo que hacemos, lo que queremos hacer y lo que debemos hacer. Una propuesta que plantea varios debates que, como sucede con las historias bien contadas, acaban por durar aún terminada la función.
«Mejor Historia Que La Nuestra» nos regala momentos memorables como el juego con la bola del mundo o el monólogo a través del interfono. Pequeñas delicias que uno contempla y disfruta agradecido. Al igual que el detalle en el vestuario y la escenografía que intentan hacer un mismo todo entre escengrafía, personajes y actores en esta propuesta.
El trabajo vocal y físico de Chema Muñoz me pareció una maravilla, lo sentí cercano, real, con una carga dramática conmovedora, jugando con un amplísimo abanico de matices que me llegaron a estremecer por sentirlos tan reales, además de percibir con absoluta claridad a través de sus gestos la personalidad de su personaje, aunque si es cierto que no es la que se le quiere dibujar en esa primera escena. ¿Donde ha quedado ese borracho agresivo? Puede que en su momento lo fuera, pero no creo que afecte en exceso a lo que nos cuentan después. Ni si quiera cuando se enfrentan a la botella de whisky.
Una esforzada Mamen Camachotiene la compleja tarea de trabajar el dolor de haber sido un cero a la izquierda, una sombra alimentada de la vida de los demás y que ahora debe demostrar que se vale por si misma. Mamen logra transmitir esa debilidad, la desesperación de una personaje que se revuelve por dejar de ser ese ser infravalorado y que está aterrado por ese final inminente.
Una bonita función que contiene un texto interesante, quizá con algunos flecos que rematar, pero que sobretodo recomiendo porque cuenta con algunas bellas interpretaciones llenas de honestidad y maravillosa, aunque dolorosa, cercanía.
