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39 Defaults Ana Adams Juan Caballero La Guindalera Laura Madera Mar Gómez González

39 Defaults

Título:
39 Defaults

Autor:
Mar Gómez González

Lugar:
Teatro Guindalera

Elenco:
Ana Adams
Juan Caballero

Traducción:
Raquel y Mar Gómez González

Música:
Olivier Pontini

Dirección:
Laura Madera


Me pirro por los montajes llenos de diálogos que se prestan a desgranar las intenciones de sus personajes a base de conversaciones, esos montajes en los que el interés reside en todo aquello que cuentan, prevaleciendo sobre la acción; quizá sea porque a mi, personalmente, me gusta más escuchar que hablar; pero es algo que me apasiona, perderme en las palabras y en los gestos que las acompañan, en lo que se dice en voz alta y lo que se trasluce tras lo que se calla. Y eso, se puede encontrar en el interior de “39 Defaults”, un texto escrito en inglés por la española Mar Gómez González, que viene precedido de un gran éxito en Nueva York, y que ahora goza del beneplácito del público madrileño. Y todo ello gracias al acierto por parte de Juan Pastor y la Sala La Guindalera apostando por este montaje, agradeciéndole el haberlo rescatado de lo que parecía un paso más que fugaz por el Off más off del ambiente teatral madrileño.
Un texto que nos presenta un encuentro entre dos desconocidos en un apartamento, una conversación regada con vino, música jazz, libros, y que lo que comienza siendo una situación que aparentemente parece no tener más puntos en común que el coincidir en el mismo lugar e instante, acaba por presentarnos el compromiso, la disconformidad y la rebeldía como plato fuerte de este encuentro «fortuito». Que mientras juega con su prudencia y cordialidad, va girando a sus personajes, mostrándoles en su parte más oculta.
“39 Defaults” es un montaje raro en su normalidad, rompe con la estructura clásica del planteamiento, nudo y desenlace, diluyéndolos en un instante entre dos personas, vivido en tiempo real para el espectador. Un instante aparentemente anodino que va despojándose de capas y que nos descubre sus intenciones en el momento en el que la función nos ha empapado completamente. Una realidad que poco a poco deja asomar las orejas como quien no quiere la cosa y que nos hace plantearnos un sin fin de preguntas. ¿Qué es más importante? ¿luchar por lo que uno cree o que te vean hacerlo? ¿Es mejor el activismo visible o el que uno mismo adopta y adapta? Y como ellos mismos dicen, ¿hasta dónde estaríamos dispuestos a llegar por nuestros ideales?


Un montaje que gracias a la dirección de Laura Madera, nos descubre dos interpretaciones poseedoras de un realismo que, por desgracia, pocas veces vemos con la acertada naturalidad con la que Ana Adams y Juan Caballero trabajan sus personajes. Unas interpretaciones desprovistas de artificios y llenas de solidez, que optan por aquello del «menos es más».

En esta función he asistido a dos aspectos que me gustaría reseñar. El primero es el descubrimiento de una estupenda actriz como Ana Adams, que nos gana con su forma de mostrar la profundidad de un ser humano que, a simple vista, parece pasar por allí sin más y que una vez presentado nos abre un maravilloso abanico de preguntas que plantearnos a nosotros mismos. Sencilla, refrescante y efectiva interpretación la de esta actriz.
Y el otro aspecto a reseñar es que en «39 Defaults» asistimos al comienzo de la madurez interpretativa de Juan Caballero, actor al que he tenido la fortuna de poder seguir muy de cerca en los últimos tiempos, que siempre ha sido resolutivo en sus trabajos, y que a base de lanzarse a cuanta piscina se ha encontrado en el camino, ha ido enriqueciéndose para ahora, con todo ese bagaje, ser capaz de mostrarnos la solvencia de la que disfrutamos en este montaje. Arriesga, tiene peso en escena y sabe jugar con generosidad.
Dos interpretaciones que a través de pequeños matices, muy bien explorados por los actores y estupendamente aprovechados por Laura Madera, logran calar hondo y poner un sin fin de cuestiones sobre la mesa.
Señores, el debate está servido tras esta función absolutamente recomendable y que, en su aparente «calma chicha», nos llena el espíritu de rebeldía y reflexión. La actualidad puesta sobre el escenario tal cual es.
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Duet For One Juan Pastor La Guindalera María Pastor Teatro Tom Kempinski

Duet For One

Título:

Duet For One

Autor:
Tom Kempinski

Lugar:
Teatro Guindalera

Elenco:
María Pastor (Stephanie Abraham)
Juan Pastor (Dr. Feldman)

Iluminación:
Sergio Balsera

Vestuario y Ambientación:
Teresa Valentín-Gamazo

Ayudante de Dirección:
José Bustos

Dirección:
Juan Pastor

El Teatro Guindalera cumple 10 años y lo celebra por todo lo alto, con un director y una actriz que tienen mas sabor a guindas que el propio licor que allí nos sirven. Una sala que ha luchado contra viento y marea para permanecer y poder ofrecer con muy buen gusto un repertorio de calidad; con grandes profesionales que han dado vida textos de dramaturgos que brillan por si solos y que para algunos de nosotros han abierto una nueva dimensión a lo que entendemos por teatro. 
Una sala que sigue luchando, que quizá ha llegado un tanto magullada por el maltrato generalizado al que se está sometiendo a la cultura y a las salas pequeñas en particular, pero que se ha hecho con el cariño y la admiración de todos los que amamos el teatro y que sigue en su empeño por querer ofrecernos una elegancia y una excelencia que no todos consiguen.
La función con la que celebran esta primera década de existencia es «Duet For One» de Tom Kempinski, montaje dirigido por Juan Pastor que interpreta junto a su hija, María Pastor
La historia nos presenta a Stephanie Abraham, una importante violonchelista a la que le han diagnosticado esclerósis múltiple, teniendo que abandonar su profesión; acude «obligada» por su marido, un director y compositor de fama mundial, a la consulta del Dr. Feldman, el psiquiatra que luchará con la paciente por conseguir tratar la depresión que le ha provocado la enfermedad. 
Seis encuentros entre psiquiatra y violonchelista son el hilo de esta historia en la que, mas allá del horror que ya es padecer la propia enfermedad, descubrimos que el verdadero dolor reside en verse alejado e impedido de poder hacer aquello para lo que se ha nacido. 
Llena de un humor sarcástico y corrosivo, causado por el poso de profunda tristeza que genera contemplar el vacio que queda cuando nos es arrebatada la esencia de nuestra vida, la historia nos postra ante la rabia y la frustación de saber que jamás podremos volver a hacer aquello que tanto amamos.
Es un texto lleno de pensamientos profundos que nos atenazan el alma y que dichos en voz alta toman una dimensión aún mas descorazonadora. Un texto que Juan Pastor ha querido llevar a las tablas de la Guindalera para hacernos reflexionar de cómo puede ser un mundo sin arte, y que es absolutamente aplicable a la situación tan debastadora que nos ha tocado en suerte.
María Pastor vuelve a regalarnos una interpretación llena de todos esos destellos de vida de la que rodea sus personajes. Una mujer que, desde esa furia que causa la impotencia, arranca de sus entrañas el dolor que la carcome por dentro y nos obliga a acercarnos a ese sentimiento claustrofóbico de vivir lúcido, pero impedidos por un cuerpo que no nos responde. No es necesario que haga excesivos esfuerzos por mostrarnos una fase deteriorada de la enfermedad para transmitirnos su sufrir. Hay algo en el brillo de sus ojos que le da significado a todo e impacta percibirlo desde la distancia que da la cuarta pared.
Sin embargo, me da cierto pudor decir esto, pero Juan Pastor no me convenció. Creo que la dirección a María es fabulosa y consigue sacar de ella momentos que atenazan el alma, como cuando Stephanie, por fin se rompe, logrando un momento profundamente doloroso, pero a él, como Dr. Feldman, le sentí en gran parte de la función fuera de escena, como si estuviera pasando texto, dando la réplica a la actriz; sin mostrar excesiva intención en lo que decía. Supongo que tiene que ser complicado dirigir una función de tan solo dos personajes y que uno de ellos sea tuyo, pero lo que eso me provocó fue que disfrutara de la función desde la distancia; no llegando a colarme dentro. Había cierta frialdad en la propuesta que me mantuvo demasiado alejado, demasiado consciente de estar sentado en una butaca. Quizá fueran los nervios de ser una de las primeras funciones con público… 
Con esto no quiero disuadir a nadie de que vaya a ver la función porque considero que es un muy buen trabajo, pero es que de ciertos profesionales pido y espero listones muy altos. 
Aún así la propuesta me pareció interesante y salí feliz de poder volver a gozar de la interpretación de María Pastor.
¡Larga vida a La Guindalera!
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Amaya Curieses Irene Curieses Jaume Policarpo La Guindalera Todos Mienten

Todos Mienten

Título:

Todos Mienten

Lugar:
Sala Guindalera

Autora Versión:
Amaya Curieses
Basado en «La Muerte de Pitia» de
Friedrich Dürrenmatt

Elenco:
Amaya Curieses (Paniquis, La Pitonisa)
Irene Curieses (Paniquis Joven)

Escenografía:
Juan Sanz
Miguel Ángel Coso

Vestuario:
Almudena Rodríguez Huertas

Videoescena:
Bruno Praena

Dirección:
Jaume Policarpo


«Todos Mienten» es un montaje que encierra un hermoso motivo por el que no podía perdérmelo, y ese motivo no es otro que poder ver una vez mas sobre un escenario a Amaya Curieses, una de las personas que mas ha influido en mi vida teatral; una de esas personas que por cosas del destino se planta en tu camino y te lleva por sitios por los que no tenía pensado transitar y que han acabado por influir y convertirme en lo que soy.
Ella es una de las principales culpables de que adore el verso, valore el maravilloso y sacrificado trabajo del actor y que venere los teatros como los templos que son. Algún día, cuando retome aquellas crónicas que  escribía hace tiempo, homenajeando los momentos mas «teatreros» de mi vida, os hablaré de ella con detenimiento. Pero como os decía, ella es el principal motivo por el que el pasado viernes pisé de nuevo La Sala La Guindalera.

Esta función podríamos decir que es una deconstrucción en toda regla del mito de Edipo. Un texto adaptado por la propia actriz basado en «La Muerte de Pitia» de Friedrich Dürrenmatt; donde entre coqueteos con diferentes lenguajes teatrales, vamos descubriendo una visión diferente de lo que supuso el paso del mero «chisme» a lo que después acabó por convertirse en una de las historias mas recordadas de la antigüedad.
La principal protagonista de esta historia es la adivina Paniquis que por quitarse de en medio a otro de esos pesados que venían a consultarle insustancialidades de la vida, se le ocurrió vaticinarle que mataría a su padre y se casaría con su madre ¿de qué nos suena esto? y la lió muy, pero que muy gorda…
A través de diferentes momentos de la vida de la pitonisa vemos a los personajes que se vieron afectados por aquella «improvisación» suya; cada uno aporta su visión y su versión de lo acontecido ante los ojos asombrados y , por qué no, divertidos de la adivina que no da crédito, casi hasta el momento de su muerte, de que ella fuera el desencadenante de toda esa historia.

Hay un problema con los que vamos tanto al teatro y es que a veces asistimos con una idea prefijada de lo que nos vamos a encontrar en el espectáculo y somos nosotros mismos los que nos ponemos obstáculos a la hora de darnos a la propuesta e impidiendo entrar en el juego desde un primer momento. Algo así me pasó a mi que, acostumbrado a ver a Amaya Curieses en textos de los grandes autores del Siglo de Oro, esperaba encontrarme con una propuesta mas «convencional»…
Si vais a verla, que espero que sí, procurad ir con la mente abierta, dispuestos a dejaros llevar porque lo que Jaume Policarpo nos ofrece es mucho mas interesante que una función que se tome a si misma en serio.
Es una función llena de humor, a veces inocentón y otras veces lleno de un corrosivo sarcasmo, que juega rompiendo la temporalidad y la época en la que habitan los personajes para encontrar un nexo de unión con el público de la sala.
Tan solo dos actrices en escena, Amaya e Irene Curieses, que comparten personaje; unas veces solapadas, otras fragmentadas e incluso interpretando al resto de personajes implicados en la historia. Dos caras de una misma moneda que se enfrentan, se complementan y que ofrecen una interpretación sólida, llena de una energía cálida que te hace disfrutar de lo que se está viendo. Me encanta ver la compenetración con la que juegan en escena, su trabajo corporal, sus voces cambiantes, sus saltos de género… Incluso en algún momento se me asemejaron a un par de «juglares» o cuentacuentos que revolotean por la escena intentando captar toda nuestra atención transformándose en todos los personajes que sean necesarios para atraparnos con su historia.

Quizá no sea una función fácil, los constantes juegos cambiantes con el lenguaje teatral y el texto hacen que uno no se permita un momento de relax en la butaca. Hay mucha información que, en un principio, puede parecer abrumadora; pero enseguida uno se da cuenta que lo que se nos propone es una madeja que debemos ir desenrrollando poco a poco, al ritmo que «Las Curieses» nos dictan. Además ¿quién dijo que la función tuviera que ser sencilla? Cuando uno oye un «cotilleo», no tiene toda la información desde un primer momento. Primero conoce el hecho, que está lleno de interrogantes, y después, poco a poco, va descubriendo los motivos, las razones y las explicaciones que llevan a aclarar el acontecido… o no… nunca se sabe en una función que se titula «Todos Mienten»

La escenografía nos sitúa en el interior de la cueva que Paniquis habita, no del todo contenta con ello, pero resignada ya que pertenece a su destino de «adivina», y que no pierde ocasión de criticar por su decoración. Nosotros vemos en ella el paso del tiempo a través del agujero que da al exterior, que a la vez actúa como el ojo que todo lo ve. Muy interesante la videocreación y el juego con el agua.
Existe un punto dentro de esta obra que no quiero dejar pasar, el trabajo de máscaras y marionetas que desfilan en el montaje, habitantes indispensables que cuentan la historia envolviéndola de un halo de ensueño o de irrealidad muy bello e incluso inquietante y  que aplaudo con ganas pues aportan un dinamismo y una magia esencial para el montaje.
La función aún está dando sus primeros pasos y esto se nota en el tempo de algunos gags, aún un poco toscos, pero que con el paso de las representaciones, estoy convencido que funcionarán con toda fluidez y aportarán momentos muy divertidos y que sorprenderá encontrárselos dentro de esta temática.

Si os apetece encontrar una propuesta diferente ante un tema que todos conocemos, podéis acercaros por La Guindalera y descubrir este trabajo lleno de poesía y humor que la compañía de Amaya Cuireses os ofrece. Propuesta por otro lado muy valiente, de una actriz que después de toda una carrera dedicada al Teatro Clásico decide afrontar nuevos retos y arriesgar por sacar a la luz una nueva faceta. Una demostración de que los actores viven una constante regeneración que, con su generosidad, consiguen que los espectadores no perdamos la capacidad de sorprendernos aunque vayamos pensando que sabemos lo que nos vamos a encontrar.

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Brian Friel Bruno Lastra El Fantástico Francis Hardy Felipe Andrés Juan Pastor La Guindalera María Pastor Teatro

El Fantástico Francis Hardy, Curandero

Título:

El Fantástico Francis Hardy, Curandero

Lugar:
Teatro La Guindalera

Autor:
Brian Friel

Elenco:
Bruno Lastra (Francis Hardy)
María Pastor (Grace)
Felipe Andrés (Teddy)

Traducción:
Manuel Benito

Ambientación y Vestuario:
Teresa Valentín-Gamazo

Iluminación y Espacio Escénico:
Juan Pastor

Producción:
Teresa Valentín-Gamazo

Dirección:
Juan Pastor

Esta semana está siendo una semana muy prolífica en cuanto a teatro se refiere. Para cuando estéis leyendo esta crónica ya habré visto alguna que otra función mas e incluso habré vivido alguna experiencia teatral fuera del patio de butacas que ya os contaré mas adelante, y eso que solo han pasado tres o cuatro días desde que vi «El Fantástico Francis Hardy, Curandero» en el Teatro La Guindalera… ¡Me encanta este bullir de actividad!
La anterior vez que estuvieron con esta función en La Guindalera no pude ir, mucha gente me la recomendó y quedé pendiente, pero hizo falta que pasara el tiempo, que saliera de cartel y que otros proyectos llenaran las vidas del equipo artístico, para que yo conociera un poquito mas a Felipe y me volviera a hablar sobre la función y ya no quisiera dejar pasar la oportunidad de verla.
Aunque tenga mis dudas sobre el «Crowfunding», a veces es necesario para que puedan llevarse a escena montajes que de otra manera nunca verían la luz, y este es el caso de «El Fantástico Francis…», gracias a las aportaciones económicas del equipo artístico y de una serie de espectadores, finalmente se ha podido poner en pie y además con este maravilloso resultado que ha hecho que vuelva a programarse una vez mas en este 2013. Se nota cuando hay hambre de teatro y no ganas de lucrarse sin mas.
«El Fantástico Francis Hardy, Curandero» de Brian Friel cuenta una sola historia a tres voces, o quizá también podríamos decir que cuenta tres historias de una misma vida… El caso es que reúne a tres personajes en diferente espacio y momento para contarnos el mismo acontecimiento, pero cada uno desde su percepción.
Los tres hablan sobre una misma vida, la de Francis Hardy, de como irrumpió en las suyas para que jamás volvieran a ser lo mismo.
Son tres personajes que, llevados de la mano de Juan Pastor, se asoman a escena para hablarnos directamente a los ojos, exponiéndonos sus pareceres sobre los hechos que acontecieron; haciendo que, según van sucediéndose los soliloquios, el espectador se plantee si lo que nos exponen es realidad o ficción, y es que lo que para unos supone «su» realidad, para otros tiene cierta sensación a engaño o a distorsión de la verdad.
Este texto de Brian Friel es una gran reflexión en voz alta sobre como afectamos y nos afecta la vida de otros. Lo que para uno es su propia vida, para otro es la renuncia a la suya o una posibilidad para redireccionarla; lo que para uno son frivolidades, para otro son punzadas de dolor o pactos de silencio. Lo que para uno son motivos para continuar viviendo, para otros significa un paso mas hacia la muerte.
Ver esta función es una experiencia llena de sensaciones y sentimientos que se van destapando con cada intervención, como una muñeca rusa. Uno queda hipnotizado con los aspavientos de charlatán de Frank, pero no puede evitar escucharle como el que está a punto de ver como un mentiroso cae presa de su propio engaño. Produciendo una mezcla de tristeza y desprecio hacia este ser que ha sido engullido por su propia luz, y que ha sido incapaz de reparar en las consecuencias que esto acarrea para aquellos que se han entregado a él y se sacrifican por acompañarle en su viaje.

Quedé fascinado con el trabajo tan complicado que realizan los tres actores. Tres personajes que jamás se cruzan en escena y que sin embargo nos embarcan en su odisea, atrapándonos poco a poco en su red para ya no soltarnos. Bruno Lastra consigue que veamos a ese «fantástico» Francis Hardy con su impostación y sus ademanes de charlatán de tres al cuarto, llegando a repudiarlo y a compadecerlo a partes iguales. Felipe Andrés nos regala un Teddy con aire de comediante crepuscular, testigo de primera mano de una tragedia que él maquilla con medias sonrisas, reflexiones aparentemente vanales, pero llenas de sabiduría, haciéndonos comprender que dentro de su comicidad se paladea un regusto amargo. Un personaje al que Felipe le regala esa distinción y cercanía que se disfruta enormemente. Pero Felipe y Bruno me van a permitir decir que la joya absoluta de este montaje es sin duda alguna María Pastor, una actriz que se nos ofrece en carne viva, haciendo que uno pase todo su soliloquio con el alma en vilo, sufriendo con ella, padeciendo su desconsuelo, y que aunque suene a masoquismo, gocé su sufrimiento como pocas veces he gozado de una actriz en el escenario. Creo que María hace una de las actuaciones mas brillantes que he visto en mucho tiempo. La entrega que hace esta actriz en escena es digna de las grandes damas del teatro, llenando su personaje de pequeños matices, gestos, miradas, exclamaciones, tan maravillosas y llenas de significado, que me dejó sin respiración. Esta Grace es un cúmulo de pequeñas sorpresas actorales que me hacen sentir feliz de haber descubierto.

Aunque hay momentos que el texto se hace dificil de seguir y uno no puede evitar tener que esforzarse, creo que debe ser visto para poder gozar de estas grandes actuaciones que el equipo de La Guindalera nos vuelve a brindar.

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