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Dani Muriel Juan Carlos Rubio Kiti Manver Las Heridas del Viento Teatro Teatro Lara

Las Heridas del Viento

Título:
Las Heridas Del Viento

Autor:
Juan Carlos Rubio

Lugar:
Teatro Lara

Elenco:
Kiti Manver
Dani Muriel

Diseño de Luces:
José Manuel Guerra

Vestuario:
Félix Ramiro

Ayudante de Dirección:
Chus Martínez

Dirección:
Juan Carlos Rubio

Supongo que ya todo el mundo habrá hablado de «Las Heridas del Viento» y poco quedará por contar sobre esta función escrita y dirigida por Juan Carlos Rubio que arrasa allá donde se programa, pero no puedo dejar pasar la ocasión de exteriorizar todo eso que me lleva bullendo por dentro desde que la vi.
La función nos cuenta como David, un joven que acaba de perder a su padre, descubre mientras recoge sus pertenencias, unas apasionadas cartas de amor de otro hombre dirigidas a su padre. El mundo de David se tambalea y la duda sobre lo que creía conocer comienza a sobrevolar su cabeza, así que toma la decisión de visitar al autor de dichas cartas.
No cuento más porque creo que quien aún no la haya visto, debería descubrirla según la vaya viviendo, pienso que es la manera más pura y bella de ir desgranando esta pieza que tantas cosas nos puede llegar a remover. 
Así que, si no la has visto y tienes pensando hacerlo, cosa que deberías, deja de leerme y regresa por aquí tras la función, que yo te espero.

Uno asiste a esta obra con el morbillo de ver a Kiti Manver interpretar a un hombre… y al poco de comenzar la función piensa «¿Perdón? ¿En serio es Kiti Manver quien está en escena?» Desde luego que yo no vi resquicio de ella hasta el momento de los saludos, el resto del tiempo vi a un señor entrado en años, que habla con un gato ausente, llevando con amarga dignidad la elección de su vida y temeroso de sus propios sentimientos al saberse con tiempo suficiente de volver a perderse en el interior de algún corazón ajeno.

Es muy complejo poner en orden las palabras, los pensamientos y las sensaciones para expresar todo lo que uno recibe de esta obra.
El texto de Juan Carlos Rubio es una belleza que habla sin pelos en la lengua, lleno de frases temerarias, de las que te miran desafiantes a los ojos, que se enfrentan de cara a las circunstancia.
Un texto capaz de escarbar en los corazones de cuantos acuden a ver la función, tanto por la empatía que se genera con los dos personajes que interpretan Kiti Manver o Dani Muriel como con el propio padre ausente. Genera tal impacto de sensaciones el ser consciente de que se comparten lugares comunes con estos personajes, que deseas que, en uno de sus múltiples momentos de cercanía con el público, claven sus ojos en ti y te hablen y con la fuerza de la mirada, hacerles entender que les entiendes y abrazarles con una medio sonrisa de comprensión y en ocasiones, de triste identificación.
 Son dos personajes que se rajan la piel para mostrar ante nosotros la carne viva del sufrimiento, con toda la amargura posible, sin medias tintas, descubriéndose ante sus miedos y vomitando todo eso que ha permanecido escondido durante tanto tiempo.
Es doloroso pensar en la soledad en la que se han sumergido y que, de alguna manera, has podido llegar a compartir.

Les escuchaba hablar y no sentí ganas de juzgarles, ni de tomar partido por uno de ellos, tan solo quería escuchar lo que tenían que contar y ofrecer mi corazón para que sus almas maltrechas reposaran por un momento, sintiendo la paz que se derrama en ese fugaz instante en el que los labios dejan, al fin, escapar esa verdad que llevaba tanto tiempo lacerándoles el alma.
Dos extraños encontrándose, que se retuercen y se resisten ante la posibilidad de verse expuestos, pero que acaban por encontrar el consuelo de sentirse escuchados, compartiendo ese doloroso nexo de unión que tantas cosas les negó con su silencio.

Me ha encantado comprobar el enorme crecimiento de Dani Muriel como actor, el peso de su presencia, la perfecta réplica a su compañera de reparto, el manejo tan agradable y seguro del texto, la implicación que provoca en el espectador. Confieso que hasta este momento no era un actor al que prestara excesiva atención, sin embargo, viendo el trabajo que hace en «Las Heridas del Viento», me apetece ver más de él. Se ha sabido sacudir todo esos ticks y ademanes que ensucian una buena interpretación y se ha quedado con la esencia. Me gusta sentir en escena a un actor que pisa, y lo hace de verdad; que mira, y clava los ojos; que lanza su energía con potencia, y aquí, Dani, es así.

Me derrito de amor y admiración por lo que Kiti Manver hace en esta función.
Que una actriz de su calibre logre desaparecer tras su personaje con semejante generosidad, es algo maravilloso y que lo haga a dos palmos de nosotros es sublime. Me siento un orgulloso privilegiado por ser testigo de cómo acepta el reto, arriesga, y lo supera con tanta grandiosidad. Creo que su personaje en esta función es de los que seguramente queden anclados en la historia, y si en algún momento, pasados los años, se vuelve a montar esta función, supondrá todo un desafío para la siguiente actriz o actor que lo interprete porque siempre quedará lo que ella ha hecho con él.

Juan Carlos Rubio ha dirigido su texto con una sensibilidad y un acierto enormes, demostrando una vez más que no es necesario un montaje aparatoso para que a uno le deslumbren.
Que logren pellizcarte el alma como Juan Carlos, Kiti y Dani lo hacen, es una de las experiencias más gratificante que se pueden vivir como espectador.

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3 Segundos Agustín Jiménez Carles Harnillo Carlos Be Emilio Williams Fanny Gautier Festival La Alternativa Isabel Prinz Jesús Ortega Juan Caballero Juan Carlos Rubio Mentxu Romero Sala Triángulo

Tres Segundos

Título:
Tres Segundos

Lugar:
Sala Triángulo

Autores:
Juan Carlos Rubio
Emilio Williams
Carlos Be
Carles Harillo
Jesús Ortega

Elenco:
Isabel Prinz
Fanny Gautier
Mentxu Romero
Juan Caballero
Miguel Ángel Calvo
Josi Cortes
Agustín Jímenez (Voz en Off)

Música:
Juan Antonio Simarro

Asesor de Movimiento:
Alberto Arcos

Vestuario:
Guadalupe Valero

Dramaturgia y Dirección:
Jesús Ortega

El pasado Jueves, mientras estaba viendo la función «Tres Segundos» de Jesús Ortega en la Sala Triángulo, me sentí transportado; volví a recuperar sensaciones de mi niñez, cuando mi padre se paseaba por la casa con su transistor escuchando a Manolo Molés, a mi abuela hablándonos del consultorio de Elena Francis, el «Carrusel Deportivo» en el coche, de regreso a casa tras un domingo en la Sierra madrileña o de cuando mi madre nos daba de desayunar los fines de semana y nos ponía la radio para que escucháramos el programa en directo de «El Gran Musical» con todas esas actuaciones y esos locutores que me hacían sentir la emoción que se vivía tras los altavoces de mi casa… Cuando se apagaron las luces de la sala y comenzó la «rentransmisión» de la obra, vinieron de nuevo todas esas sensaciones de golpe.

«Tres Segundos» es una propuesta diferente e interesante de poder presenciar. Una propuesta en la que se mezcla el costumbrismo madrileño con la modernidad de los textos, todo ello hilvanado con un toque de melancolía venido de la voz de Agustín Jiménez.
Recuperar la fórmula del Radio-teatro y que además no solo lo puedas escuchar a través de las ondas, si no que puedas estar ahí y poder ver al actor preparado, marcando la entrada y representando una lectura dramatizada, es algo que aunque a simple vista parezca algo insustancial, tiene su interés y aplaudo la idea que ha tenido Jesús Ortega de llevarlo a escena. Nadie mejor que él para hacerlo, que sabe perfectamente de lo que habla. Es un complejo trabajo actoral que requiere de un gran esfuerzo, ya que como se supone que lo estamos escuchando, el cuerpo no debe «contar» demasiadas cosas, haciendo que la herramienta mas poderosa sea la voz. Una voz que nos debe transmitir todas las sensaciones que la historia requiera.

En «Tres Segundos» se nos ofrece la oportunidad de adentrarnos en una comunidad de vecinos de un edificio del centro de Madrid, de esos en los que actualmente se mezclan habitantes de los de toda la vida con nuevos inquilinos que aportan su «sal» a la vida de la vecindad. Unas vidas que de puertas a fuera imaginamos de una manera y que muy posiblemente de puertas para adentro sean totalmente diferentes, pero eso es algo que debéis averiguar por vosotros mismos cuando visitéis este programa de radio-teatro que en Mayo estará en la programación de la sala y que ahora hemos podido presenciar unos pocos con motivo del Festival La Alternativa que está teniendo lugar en la capital.

La función se compone de cinco historias de cinco autores diferentes, Carles Harnillo«El Síndrome Spears», Emilio Williams «La Biografía de… Delawere!», Carlos Be«696», Jesús Ortega«Remitec» y Juan Carlos Rubio «Un Cuento de Hadas». Todas ellas unidas a través de la narración de Agustín Jiménez y la música de Juan Antonio Simarro. Cinco textos con cierto toque de comedia amarga que a mi me divirtió.
Unos textos funcionan mejor que otros, unos actores son mas conscientes que otros del tipo de fórmula que están ofreciendo, pero el conjunto es interesante de ver, tan solo le falta un puntito de cuerpo y ensayo… cosas de los estrenos que son totalmente solucionables.

Uno de mis momentos favoritos dentro de la función, sin spoilear nada, es el texto de Carlos Be, que está lleno de una ironía agudísima y una mala leche lanzada con todo descaro, muy propia para el momento que vivimos y que a mi me hizo pasármelo en grande. Tanto Mentxu Romero como Juan Caballero se divierten representándolo y eso se nota. También es cierto que es el único de los textos que cuenta con dos actores, y el apoyo entre ellos hace que todo tenga un ritmo mucho mas dinámico; pero para voces que realmente te hacen creer que estás dentro de un programa radiofónico son las de Isabel Prinz y Fanny Gautier, que con esas modulaciones, esas intenciones, se respiraba el ambiente perfecto del radio-teatro. En mas de una ocasión cerré los ojos, me limité a escucharlas, y me sentí sintonizando lo que buscaba.
También me gustó el desquiciamiento en el texto de Emilio Williams, pero confieso que me quedé con ganas de mas de lo que ofrece el final de su texto.
Y como administrativo que soy en mi vida al otro lado del espejo, no pude dejar de sentirme identificado con lo que cuenta «Remitec» de Jesús Ortega… Quién no haya tenido esos pensamientos, que tire la primera piedra.

No puedo terminar esta crónica sin dejar de comentar algo que, aunque sé que me voy a meter en donde no me llaman, quisiera expresar.
Sé que esta es la propuesta del director, a mi me gustó y la respeto e incluso la aplaudo, pero pensando ya en casa sobre la función, caí en la cuenta que a mi había algo que me faltaba en la función para hacerla mas redonda… La presencia física de ese narrador que une las historias. Quizá hubiera habido mas ambiente radiofónico si cabe y su punto de vista hubiera conectado mas con el público; pero ya digo que solo es una apreciación mía que quería dejar caer con todo el respeto hacia la propuesta y el trabajo realizado, y sin intención alguna mas que plasmar en palabras el pensamiento que me surgió.
 
Un bonito homenaje a la radio que retoma un camino que, ojalá, se explote mas a menudo como género teatral porque da para contar muchas mas cosas. Estad atentos porque en Mayo podréis disfrutarlo.

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Algueró Antonio Gala Concha Velasco Jardiel Poncela José Zorrilla Juan Carlos Rubio Pou Sondheim Teatro Teatro La Latina Xavier Mestres

Yo lo que quiero es bailar

Título:
Yo lo que quiero es bailar

Lugar:
Teatro La Latina

Elenco:
Concha Velasco
Xavier Mestres (Piano y vocal)
Tomás Alcaide (Violín, teclado y vocal)
Roger Conesa (Saxo, batería y vocal)
Xavi Sánchez (Contrabajo y vocal)
Salvador Vidal (Voz en off)

Texto:
Juan Carlos Rubio

Dirección Musical y arreglos:
Xavier Mestres

Dirección y dramaturgia:
José María Pou



Cuando la semana pasada mis amigos Alfonso y José Antonio nos ofrecieron la posibilidad de ir a ver este espectáculo (¡Gracias, gracias y mil gracias!), que está ahora en el Teatro de La Latina, no dudamos ni un segundo. Hay que resarcirse de todo ese tiempo que no hemos estado ahí como espectadores y beber de ella todo lo que podamos. Y es que debo reconocer que a Concha Velasco la he descubierto para el teatro bien tarde. La he admirado y la he disfrutado mucho en cine y televisión, pero en teatro… No, no es que me enterará hace poco que hiciera teatro, no; sé desde bien pequeño que ha sido y es una dama de la escena;  pero la primera vez que la pude ver en directo sobre las tablas fue cuando nos deleitó con esa Madame Rosa de «La Vida por Delante» y la verdad… ¡cómo me arrepiento no haberla visto mas! 

¡Cuántas cosas ha regalado esta mujer al teatro! El imaginario popular esta lleno de momentos suyos sobre los escenarios y que muchos, sin haberlos visto, también los reconocemos; «Mamá quiero ser artista», «Carmen, Carmen», «Yo me bajo en la próxima ¿y usted?» «Hello Dolly»… por decir algunas de las mas populares…
En este espectáculo que nos trae ahora, Concha nos habla de su vida y su trayectoria artística, de cuando era una niña en Valladolid hasta llegar a hablarnos de las cosas que hace con su nieto… No se deja nada por el camino, aunque sea una sola frase, una nota musical, un gesto o un guiño, incluye todo el amplio abanico de personajes que ha interpretado y habla de todos aquellos artistas con los que ha trabajado.
Quizá fuera el momento de que Concha se diera el gusto de hacerse un espectáculo a medida y gozarse a si misma en escena, a modo de las grandes estrellas internacionales. Un espectáculo donde recoger la esencia del talento desplegado durante toda una vida, ¿y quién podía ideárselo mejor que el grandísimo José María Pou? Nadie como él para saber cómo poner a Concha Velasco sobre el escenario, con mayúsculas, pero cercana como un roce. Ella sola, sin aditivos, sin mas acompañamiento que una banda de cuatro magníficos músicos dirigidos por Xavier Mestres que, de vez en cuando, le dan la réplica y un texto de Juan Carlos Rubio muy bien construido, lleno de fragmentos de Antonio Gala, Jardiel Poncela, Zorrilla… y salpicado de canciones de Algueró o Sondheim… ¡Qué sorpresa y qué bonito oir ese «I´m still here» o ese «Nothing»! Y con permiso de Concha… ¡Espectacular ese número acapella de los chicos de la banda!
No a todo el mundo le queda bien un espectáculo donde se pasa de un número musical a lo Broadway a ponerse unas gafas de cerca y urgar en su bolso para contarnos qué hay en él o recitarnos unos versos deliciosos de Jardiel Poncela y poner a caldo al mismísimo Dalí… O demostarnos como sabe reirse de si misma con la sana intención de humanizarse ante nosotros. No a todo el mundo le queda bien, no.
Lo que mas me gusta de este espectáculo, sin duda, es la cercanía con el espectador. Ella se pone ahí, a hablar, a contar, a cantar todo lo que le ha ido sucediendo y nosotros desde el comienzo pensamos que somos únicos para ella y la escuchamos atentamente, compartiendo todo lo que nos dice, riendo con ella, muchas veces a carcajadas, y emocionándonos cuando notamos ese brillo asomar en sus ojos, sabiendo que nos está contando cosas que a la persona que hay tras la actriz tienen que escocer, pero que como todo buen artista, sabe disimular escondiéndolo detrás de una pirueta o un mohín cómplice. ¡Es hermoso! 
Y qué bien sabe llevarnos para que después de hablarnos de tú a tú, se ponga las lentejuelas y se marque un número brillante de «Conchas» por toda La Latina y que lo disfrutemos no ya como la actriz a la que estamos viendo, si no como casi nuestra «amiga» Concha.
Yo creo que es un espectáculo admirable, maravilloso y cercano que nos muestra esa mujer valiente que es Concha, que ha vivido mucho, muy al límite y que ahora nos lo cuenta de frente, admitiendo errores y aciertos y saboreando todos ellos con el gusto de quien ha sido consciente de lo vivido, sabiendo hacer de ello un espectáculo tan cuidado y con tanto gusto como este «Yo lo que quiero es bailar»
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