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Agustí Villaronga Blanca Portillo CDN Colm Tóibín El Testamento de María Teatro Valle Inclán

El Testamento de María

Título:
El Testamento de María

Autor:
Colm Tóibín

Lugar:
Teatro Valle-Inclán
Sala Francisco Nieva

Elenco:
Blanca Portillo

Escenografía:
Frederic Amat

Iluminación:
Josep María Civit

Vestuario:
Mercè Paloma

Dirección:
Agustí Villaronga

Los temas religiosos en teatro me dan cierta pereza, para qué nos vamos a engañar. Ahora, si me dices que en un mismo montaje me vas a poner en escena a Blanca Portillo y en la dirección a Agustí Villaronga, que además es su primera incursión en el teatro, pues como que me dejo de miramientos y corro a la taquilla a comprarme mis entradas, porque eso yo no me lo pierdo.
Por suerte o por desgracia, no soy demasiado religioso y cuando le da a algún autor por desvariar sobre el tema y salirse un poco de lo ortodoxo o de lo ya contado, pues no sufro revolviéndome en la butaca, la verdad. De hecho me hace gracia ver cómo algún autor se salta todo a la torera y le da por plantearse un «Y si…» y de ahí comenzar a explorar otros caminos porque él lo vale, que para eso es el autor y el que se inventa lo que quiere contar.
A «El Testamento de María» escrita por Colm Tóibín, le pasa un poco eso, se olvida de la Santísima Trinidad, de los Ángeles Anunciadores y demás parafernalia bíblica y nos planta a una María mujer, que nada sabe sobre el Dios del que habla su hijo; una señora de su casa, que no comprende qué ha visto su hijo en todos esos desarrapados que le siguen allá donde vaya y que vienen con tanta gravedad a su casa a charlar con él, ni qué le pasa a Jesús que cambia tanto cuando está con ellos, y que tampoco entiende que genere tanto revuelo allá por donde va, si sólo es su hijo… Vamos, los mismos sentimientos que tiene cualquier madre cuando su hijo anda en compañía «sospechosa», ¿no? Lo malo es que, en el caso de Jesús, la cosa llega demasiado lejos, lo atrapan y sucede todo lo que ya conocemos. 
Aquí vemos a una María que desde su retiro en Éfeso, tras sufrir la muerte de Jesús y verse obligada a huir, habla a los seguidores de su hijo sobre lo que vivió con él, lo que padeció, lo que se percibía a su alrededor cuando murió… pero ella sabe que no es eso lo que ellos quieren oír, ellos quieren que «dibuje» la realidad, que hable sobre las enseñanzas, las palabras sabias y grandilocuentes con las que Jesús se dirigía a ellos y que ella no aprobaba… Una mujer que sufre el tremendo dolor de haber sobrevivido a su amado esposo y a su hijo, y decepcionada consigo misma, por no haber sabido ejercer su poder como madre y frenar todo aquello, o al menos haber tenido el valor de haber estado con él hasta el último momento, como ellos se empeñan en contar que sucedió… 
La mujer de «El Testamento de María» es una mujer que pone en duda que toda la obra y milagros de su hijo fueran tal y como los conocemos, ¿no serían todo trucos efectistas para lograr un propósito? Y esto, lógicamente, en algunos sectores del público no gusta…  Que se olviden de la figura de la Virgen para hacer de María una mujer sencilla y sin ningún tipo de cercanía al Dios del que habla su hijo, es más, la dibujan adorando la imagen de una diosa «pagana» como es Artemisa, pues es un tanto difícil de digerir según para quien… Aunque confieso que a mi me hizo gracia entregarme a ese planteamiento del «Y si…» que comento, y desde ese punto, el de no juzgar el giro «extraño» de una  figura tan reconocida, la historia no pinta nada mal, qué queréis que os diga. ¿Qué hay que hacer un ejercicio de abstracción muy grande? Bueno, pues para eso está el teatro, para llevarte por lugares inesperados ¿Por qué no explorar un planteamiento en el que las cosas no son tal y como nos las han querido hacer creer? Pues por ahí creo yo que anda todo esto o por lo menos así me lo he tomado.
La estupenda labor de Blanca Portillo asumiendo el personaje es la que hace que uno pase por el aro y se deje llevar. La Portillo tiene armas suficientes para afrontar este reto y resolverlo con toda la soltura que ya le sabemos, quizá el ir y venir por la escena es un poco excesivo, el continuo cambio de ropajes -que por otro lado es maravilloso- la actividad imparable: Ahora recojo la mesa, ahora limpio la silla, ahora salgo, ahora entro, me pongo, me quito… resta emoción al texto, por supuesto hay momentos absolutamente maravillosos como el momento de la revelación en el pozo tan lleno de magia y que acerca tanto las imagenes de mujer y divinidad, o la evocación al marido, la tensión en la boda o el duro trago de huir tras la crucifixión… y precisamente todos ellos son momentos en los que la función frena la acción, favoreciendo la emoción que emana del texto.
El viaje emocional de María está perfectamente conseguido y lo hacemos sin rechistar, de hecho me quedo con ganas de saber más y esto es gracias tanto al texto como a la potencia y la fisicidad de La Portillo, como por la estupenda ambientación creada con la iluminación y el espacio sonoro.
La escenografía es tal como ellos la denominan, un retablo de la memoria, donde todo está milimétricamente calculado y coreografiado para que los elementos justos estén a mano en el momento apropiado, da casi la sensación que la actriz estira el brazo o se para y son los elementos los que acuden a ella.
Una versión «extraoficial» de cómo fue esta mujer de la que tanto se ha hablado y especulado, y que ahora juegan a poner en su boca el relato en primera persona de cómo sucedió todo. Así sin más. Y creo que es la mejor forma para poder entrar en una función que no creo que esté hecha para escandalizar, pienso que eso ya está más que superado, pero que propone una serie de pensamientos y sentimientos que, quizá por tener una imagen tan mitificada de María, nunca habíamos permitido identificarlos en su persona y puedan escocer.

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Ana Vayón CDN Gustavo Galindo Haz Clic Aquí Inma Cuevas José Padilla Nerea Moreno Pablo Béjar Teatro María Guerrero

Haz Clic Aquí

Título:
Haz Clic Aquí

Autor:
José Padilla

Lugar:
Teatro María Guerrero
Sala de La Princesa

Elenco:
Pablo Béjar
Inma Cuevas
Gustavo Galindo
Nerea Moreno
Ana Vayón

Escenografía:
Mónica Boromello

Vestuario.
Almudena Rodríguez Huertas

Iluminación:
David Hortelano

Dirección:
José Padilla 

Yo vivo enredado entre las redes sociales, he creado un micro-universo en el que desenvolverme y poder exponer cuanto escribo, un lugar donde poder llegar a cuanta más gente mejor, por eso al ver «Haz Clic Aquí» no he podido por menos que sentir escalofríos por la espalda. Yo soy parte de ese mundo del que habla y, sinceramente, es bastante inquietante comprobar la repercusión que se puede llegar a tener sin pretenderlo.
Las redes sociales tienen su parte buena y su parte mala, todo se potencia, las cosas son más sencillas de obtener, todo crece exponencialmente, con lo cual, si es bueno, puede llegar a ser grandioso, pero si es malo, puede ser absolutamente demoledor. Y lo peor de todo es que aún no somos del todo conscientes de ello, y lo que nosotros pensamos como un bien común puede convertirse en un arma arrojadiza entregada a la masa, incluso puede ser devastador para la vida de los demás. Y de ahí parte esta «Haz Clic Aquí», escrita por José Padilla, primer montaje dirigido en solitario por el dramaturgo tinerfeño, en el que basándose en un hecho real, nos habla de la historia de un joven abogado que presencia desde la ventana de su casa una pelea entre adolescentes, esa pelea va más allá de ser una simple rencilla y decide grabarlo para ayudar al agredido, cuando le ofrece la posibilidad de tener la grabación como prueba contra sus agresores, el joven reusa el ofrecimiento de muy malas maneras, esto es interpretado por el abogado como miedo, así que decide ayudarle por su cuenta, colgando el vídeo en internet para poder identificar a los «culpables». Fuera de cualquier pronóstico, el vídeo comienza a hacerse muy popular en las redes sociales, hasta el punto de convertirse en viral. Metiendo en una espiral de problemas a todos los afectados, a los agresores, a sus familias, al agredido e incluso al propio abogado que lo grabó y a su pareja, periodista que quiere llegar al fondo de la cuestión. Una historia que plantea muchas cuestiones sobre el momento de exposición tan descontrolado en el que vivimos.
Este montaje nace de la creación conjunta del propio autor junto al equipo artístico, a través de una premisa pactada y una serie de trabajos de improvisación que fueron desarrollando el grueso de la historia, forjando el tronco de lo que ahora podemos ver en la Sala de La Princesa del Teatro María Guerrero de Madrid.
Un trabajo lleno de actualidad, que juega con los estereotipos, los rompe, los vuelve a unir y los recoloca a lo largo de la función, ofreciéndonos varios puntos de vista diferentes sobre la misma historia, inmiscuyéndose en las vidas de estos personajes que de la noche a la mañana se ven expuestos y juzgados por una masa desinformada, hambrienta de polémicas y dispuesta a juzgar sin demasiadas contemplaciones. Una función que plantea muchas cuestiones, y que invita a polemizar y meditar sobre el cariz que está tomando este momento que nos está tocando vivir, la velocidad con la que se propaga la información, contrastada o no, la facilidad con la que nos atrevemos a juzgar y condenar.

Una puesta en escena polivalente con una escenografía de Mónica Boromello, que cuenta más de lo que aparenta, una música y un espacio sonoro acertado, que ya es un rasgo identificable en el autor, y unas interpretaciones comprometidas hasta el fondo con la historia. Quizá la velocidad de las réplicas en según qué momentos juegan a desnaturalizar la propuesta y genera cierto distanciamiento en el espectador, pienso, y es solo una opinión más, que hay momentos de la función que deberían tomarse con más calma para darles el peso que les corresponde, cosa que no quita para aplaudir las interpretaciones de todo el elenco, Pablo Béjar, Ana Vayón, Gustavo Galindo, Nerea Moreno e Inma Cuevas, última en incorporarse a esta producción. Que bailan entre personajes, que hilan la historia mostrando toda la gama de visiones, mostrándolos desde el meollo de la cuestión y en su vida personal, ajena a polémicas, con sus dramas privados, rompiendo estereotipos, desdramatizándolos y ofreciéndonos seres de carne y hueso que son un claro reflejo de nuestra sociedad.

Un montaje divertido, incisivo, dinámico y muy contundente que, como ya nos tiene acostumbrados José Padilla, sirve la oportunidad de discusión post-función en bandeja. Y que nos hará dudar un instante antes de volver a marcar un «Me Gusta», marcar un Tweet como Favorito o Retwittearlo… Un nuevo acierto de este autor que no deja de crecer y de sorprendernos con un teatro lleno de crítica, frescura y mucha actualidad.
Y que desde aquí le deseamos todos los éxitos con su inminente estreno en Moscú con este mismo título en el mismísimo Teatro del Arte.

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Amparo Fernández Andrés Herrera Antonio Gil Camila Viyuela Carol López CDN El Viaje A Ninguna Parte Fernán Gómez José A. Navarro Miguel Rellán Olivia Molina Tamar Novas Teatro Valle Inclán

El Viaje A Ninguna Parte

Título:
El Viaje A Ninguna Parte

Autor:
Fernando Fernán Gómez (Versión Ignacio del Moral)

Lugar:
Teatro Valle-Inclán

Elenco:
Amparo Fernández (Julia Iniesta)
Antonio Gil (Carlos Galván)
Andrés Herrera (Maldonado/Solís)
Olivia Molina (Juanita Plaza)
José Ángel Navarro (Ceferino/Varios)
Tamar Novas (Carlitos Galván)
Miguel Rellán (Arturo Galván)
Camila Viyuela (Rosa del Valle)
Carlos Montalvo/Ángel Ruiz (Voces en Off)

Escenografía:
Max Glaenzel

Iluminación:
Juan Gómez-Conejero

Vestuario:
Myriam Ibáñez

Ayudante de Dirección:
Anna Rodríguez Costa/Claudio Tobo

Dirección:
Carol López

No voy a negar la alegría que me dio saber que el CDN preparaba una versión de «El Viaje A Ninguna Parte» del inmenso Fernando Fernán Gómez, y a la vez el pánico que me produjo pensar en qué sería lo que iban a hacer teniendo como referente ese clásico del cine español y estandarte de cualquier cómico que se precie de serlo.
Quedé a la espera, hambriento, y el pasado miércoles asistí a la función en el Teatro Valle-Inclán, me senté en mi butaca dispuesto a dejarme envolver por la magia de revivir a la Compañía Iniesta-Galván, llevando su teatro de repertorio por los polvorientos caminos de la España de posguerra.
Es muy difícil abstraerse del original e intentar adaptarse a las nuevas caras sin caer en las comparaciones, pero como ya dije en la crónica sobre «Amantes«, por mi parte, no sería justo para los profesionales que se suben a las tablas para darle vida.
Ignacio del Moral, autor de esta versión teatral, comenta en el programa de mano, que se ha inspirado en la novela, tratando de olvidar la película y el peso que conlleva tenerla de precedente. Y es de agradecer que se intente realizar una revisión del original sin adaptar a las tablas lo que ya vimos en la pantalla… Aunque a veces, inevitablemente, se les escapen «ramalazos».
Conociendo de antemano los personajes, eché en falta una pizca de esa atmósfera de inocencia que destilaban en la película (Lo siento, soy consciente de lo que he dicho y sé que las comparaciones son odiosas, pero se me ha escapado). Ese vivir asimilando las desavenencias que les surgen a través del camino y vivirlas junto a ellos, la ternura de sus pequeños grandes instantes; quizá los saltos en el tiempo, el exceso de fragmentación en las escenas, hicieron que conectara intermitentemente con los personajes. En ocasiones las escenas se suceden con un ritmo algo irregular y no da tiempo a paladear la historia como se merece. Me apetecía saborear un poco más de esos encuentros entre Carlitos y Rosa, o entre la santísima trinidad de los Galván (Abuelo, padre e hijo), por poner un par de ejemplos, ¡porque madera actoral, en esta función, tienen de sobra!
Aunque también es cierto que, cuando la función encara su recta final, esos problemas de conexión se solucionan y uno acaba por sentir la realidad de estos seres frágiles que han optado por vivir el sueño de sus vidas y hacerlo cueste lo que cueste, aunque eso suponga no saber exactamente dónde viven, a dónde pertenecen… Esta troupe con esos dilemas y esas luchas que aún hoy se siguen batallando en el regazo de la cultura…
Uno ve la función y no puede evitar encontrar tantos similitudes con la actualidad, que da la sensación que a veces los actores/personajes han parado la función y están hablándonos directamnte a nosotros, que acabarán por sentarse al borde del escenario para charlar de todo lo que acontece en estos momentos. ¡Qué sabio era Fernando Fernán-Gómez!
Es inevitable que la emoción acabe floreciendo y un nudo se agarre a nuestra garganta cuando ese Carlos anciano acaba caminando junto a los ecos de su recuerdo, continuando su viaje a ninguna parte.

Una preciosa escenografía, cambiante, simplista; ¿excesivamente abierta? no estoy seguro, los campos de Castilla son así, con lo que tampoco es una idea descabellada mostrar la enormidad del escenario del Valle- Inclán como si fuera un inabarcable cielo que se pierde entre matojos y tierras áridas. La verdad que es un placer cuando hay presupuesto y se utiliza a favor del espectáculo. La iluminación, la escenografía, los efectos… Todo juega en pro de la producción otorgándole una gran belleza visual.
Los momentos de ensueño, las mezclas de realidad y ficción, los recuerdos rozando con los dedos una verdad que no es nada justa con Carlos Galván, están muy bien zurcidos, con poesía llena de ternura, con un humor y una picaresca muy agradecida, nacida de la dirección de Carol López; aunque también es cierto que me hubiera gustado un poco más de riesgo, un ir «más allá» en la adaptación teatral para culminarla como la maravillosa historia de los Iniesta-Galván se merece.

Como comento un poco más arriba, creo que en esta función hay madera actoral suficiente como para sacar adelante este montaje. No digo nada que no se sepa al leer los nombres del elenco.
Creo que Antonio Gil lleva con solvencia y dignidad el peso de la historia. Al igual que aplaudo la titánica tarea de Miguel Rellán, enfrentándose a un personaje que permanece en el imaginario de todos los que hemos amado al Arturo Galván fílmico, y que trata con tanto amor y respeto. Preciosa y triste escena la que nos regala Rellán tras el paso de Arturo por la experiencia con el cine… Al igual que el tragicómico Carlitos Galván que nos propone Tamar Novas, divertido, contundente en su sinceridad e inocentemente cruel, desencadenante del devenir de esta compañía. Amparo Fernández derrocha ternura. Creo que Olivia Molina se enfreta aquí a su mejor papel, convenciendo con su Juanita; pero con el permiso de ambas, el descubrimiento personal de esta función es el de Camila Viyuela, que entrega una energía y una luz muy especial a las tablas del Valle-Inclán, ¡me encantó!
Y no quiero dejarme fuera a Andrés Herrera y a José Ángel Navarro que cuentan con la labor de hacernos ver a un amplio abanico de personajes que se cruzan y conviven con la maravillosa compañía Iniesta-Galván.

Creo que esta es una buena función para descubrir el teatro, tiene los ingredientes apropiados para enganchar al espectador primerizo.
Y, a pesar de creer que es una versión algo precipitada y en ocasiones fragmentada, es necesaria para recuperar la memoria de lo que es el arte de amar esta profesión, que a muchos se les está olvidando esa parte de entrega y respeto que, realmente, es la esencia de todo esto.
Y es que, insisto, ¡qué sabio fue, y siempre será, Fernando Fernán Gómez!

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Amantes Álvaro del Amo CDN Marc Clotet Marta Belaustegui Natalia Sánchez Teatro Teatro Valle Inclán Vicente Aranda

Amantes



Título:

Amantes

Autor:
Álvaro del Amo
(Basado en un guión de 
Carlos Pérez Merinero,
Vicente Aranda y Álvaro del Amo)

Lugar:
Teatro Valle Inclán (Sala Francisco Nieva)

Elenco:
Marta Belaustegui (Luisa)
Marc Clotet (Paco)
Natalia Sánchez (Trini)

Escenografía:
Paco Azorín

Iluminación:
Nicolás Fitschel

Espacio Sonoro:
Mariano García

Ayudante de Dirección:
César Barló

Dirección:
Álvaro del Amo

“Amantes” es de esas películas que guardé en el recuerdo de mi adolescencia por la turbación que me causó cuando la vi, allá por el 1991, recuerdo esas escenas cargadas de erotismo y sexualidad; y el dolor y la tristeza infinita que me provocó ese terrible desenlace, que hizo que no me atreviera a volver a verla nunca más. Las palabras de la Trini de Maribel Verdú me produjeron tanta congoja que he temido volver a escucharlas hasta el día de hoy. A lo mejor soy un exagerado, pero son los efectos del recuerdo.

Ver programada una versión teatral de esta película hizo que me decidiera a aceptar el desafío de volver a pasar por el trance de revivir ese final, incluso pensando que en teatro, en vivo, me iba a impresionar mucho mas… y eso es lo malo, que uno ya va con las expectativas muy altas y con alguna que otra reticencia con el reparto.
Confieso que cuando vi el reparto al que se le había hecho el encargo de poner en pie la versión teatral de este clásico del cine español, tuve mis prejuicios. Es complicado quitarse de la cabeza esas maravillosas interpretaciones de Maribel Verdú y Victoria Abril, o ese Jorge Sanz fruto de mis más íntimos y húmedos deseos de la época.
 Ahora el turno de poner en pie «Amantes» es de Álvaro del Amo que, muy sabiamente (aunque no tan acertado en algún caso), ha jugado a romper con lo que ya habíamos visto en la película de Vicente Aranda.
La premisa es la misma, una pareja, Paco y Trini, planea un futuro en común tras la finalización del servicio militar de él, hasta que se cruza por medio Luisa, la casera que aloja a Paco, a quien introduce en una espiral de estafas y sexo, destrozando la idílica armonía de la pareja.
Lástima que el adaptación teatral peque de estar excesivamente fragmentada, con diálogos poco creibles en boca del actor, quien lucha por conseguir convencernos sin lograrlo en muchas ocasiones. 
Situaciones excesivamente esquemáticas que, más allá de recrear lo que ya contaba la historia, puesto en escena, no llegan a provocar emoción ni dejan salir la tragedia que porta con la contundencia que merece.

La propuesta de Álvaro del Amopelea por diferenciarse tanto de la película, que se deja por el camino toda la esencia de la historia, las relaciones descarnadas, la sexualidad, los celos, las tensiones, el drama… todo queda en medias tintas, provocando que sea irremediable que el espectador acabe por anhelar la película de Aranda. Y es que en la película había secuencias memorables que uno, como espectador, desea no ver repetidas, pero sí reinventadas al lenguaje teatral y, sin embargo, en muchos casos se opta por obviarlas, dejando la historia en algo ciertamente poco interesante. ¿Dónde está esa viuda negra? ¿Dónde está ese sexo perturbador y excitante? ¿Dónde están esas escenas en las que saltaban chispas entre los personajes? Y no, ese final que tanto temía y deseaba volver a revivir hecho teatro, tampoco está.
Me gustó la propuesta escénica de Paco Azorín que divide los ambientes y a la vez los entremezcla, que los une y los separa, atrayendo a todos los personajes hacia el mismo punto, donde no pueden evitar encontrarse, unas veces tan solo en pensamientos, en sueños, y otras, las más devastadoras, en persona. Acertada propuesta que se desmarca del original, aportando un aire de originalidad y teatralidad que resulta interesante y que funciona por momentos.
Si hablamos de los actores debo decir que decidí no hacer comparaciones, sería muy injusto por mi parte, y muy desagradecido e irrespetuoso con los profesionales que intentan poner en pie esta propuesta. Pero hablando del trabajo visto, creo que Marta Belaustegui no da con el tono adecuado para Luisa, su personaje queda desdibujado, poco definido y sin la intensidad que justifique el desarrollo de la historia, aunque creo que esto está causado más por la floja adaptación, difícil de defender, que por su labor actoral, y la química sexual entre ella y Marc Clotet es francamente nula. 
No me creo que, Paco, sea capaz de hacer los sacrificios que hace por esta Luisa.
A Marc Clotet se le nota la diferencia cuando trabaja con una u otra actriz. Se deja llevar en exceso por las energías de cada una de ellas, dejando la suya en segundo plano, creando unos desniveles interpretativos muy acusados en su personaje; quedando en unas escenas muy velado, con Marta Belaustegui, pero creando otros momentos destacables, con Natalia Sánchez. Aunque hacia el final es cierto que se crece.
Eso sí, y me vais a perdonar la licencia, ¡no se puede ser más bello! Y entiendo perfectamente que cualquiera de estas dos mujeres perdiera los papeles por un ser como él, y aún más con la maravillosa iluminación de Nicolás Fitschel que parece diseñada para ensalzar las virtudes físicas de este actor.
La sorpresa de la función, sin lugar a dudas, es Natalia Sánchez, una actriz a la que fui a ver con todos mis prejuicios y que me los arrancó de un manotazo nada más comenzar la función. Si el resto del montaje no llegó a convencerme, ella me entusiasmó; compré su propuesta y salí encantado de haberla descubierto como una actriz llena de matices y con mucho que ofrecer. Me interesó y me conmovió. Si por algo merece la pena ver la función, es por ella.
No sé si era necesario adaptar al teatro este clásico del cine español, pero creo que la adaptación no ha sido todo lo acertada que uno hubiera deseado. Y estos «Amantes» no brillan en el escenario tanto como brillaron en la pantalla. Quedándose lejos de estar a la altura del original.

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CDN Colomé Conesa Espert Gerardo Vera Lahoz Loba María Guerrero Mestre Teatro Valverde

La Loba

Título:
La Loba

Lugar:
Teatro María Guerrero

Autor:
Lillian Hellman

Versión:
Ernesto Caballero

Reparto:
Hector Colomé (Benjamin Hubbard)
Carmen Conesa (Alexandra Hiddens)
Nuria Espert (Regina Hiddens)
Ricardo Joven (Oscar Hubbard)
Paco Lahoz (William Marshall)
Markos Marín (Leo Hubbard)
Jeannine Mestre (Birdie Hubbard)
Victor Valverde (James Hiddens)
Ileana Wilson (Addie)

Dirección:
Gerardo Vera

Antes de marcharme unos días de vacaciones, no podía dejar escapar dos obras que están actualmente en cartel. “De Ratones y Hombres” de Miguel del Arco, de la que os hablaré en breve y “La Loba”de Gerardo Vera.

Son funciones de las que he escuchado hablar tanto, de ver tantas imágenes, de saber tanto sobre ellas, que sin darme cuenta me he creado una necesidad imperiosa por verlas.
El aliciente de “La Loba”, que es la obra que nos ocupa esta crónica, era volver a ver una función dirigida por Gerardo Vera. Después de ver “Agosto”, no podía ser de otra manera. Y sobretodo poder ver a Nuria Espert por primera vez sobre un escenario. Considero que no hay que dejar escapar la oportunidad de ver a los/las grandes de la escena española, disfrutar en vivo de su arte y tratar de aprender lo máximo posible.
“La Loba” de Lilliam Hellman. Ambientada en el sur de Estados Unidos, en el 1900. Cuenta la historia de tres hermanos sin escrúpulos que traman la forma de conseguir el capital suficiente para asociarse con un empresario que quiere montar una fábrica en la ciudad. Al precio que sea. Habla de cómo la ambición desmedida pudre todo aquello que toca, de cómo el ser humano es capaz de traicionar, pisotear y destrozar el alma de los que le rodean en beneficio propio. Nos habla de hasta donde podemos llegar en el momento que la codicia nos ciega. De lo voraz que se vuelve el hombre frente a los suyos cuando se siente amenazado y desplazado. Y, porque no, de los sueños mas íntimos que habitan en cada uno de nosotros.
Impresionante la tela de araña que llegan a tejer los personajes para poder salirse con la suya. Las artimañas y el daño que pueden generar en los suyos sin remordimiento alguno ante el ansia de poder.
Una escenografía limpia, luminosa y muy bien ambientada, hace todavía mas patente la suciedad que poseen interiormente los personajes.
Una historia llena de giros y traiciones. Interesante en su planteamiento, pero que sin embargo queda todo tan a la vista a la hora de ser contada, que no hay sorpresa en lo que nos muestra. El público es conocedor en todo momento de lo que va a acontecer y se limita a observar como los personajes van cayendo en la trampa urdida.
La función es como una partida de cartas con los naipes puestos sobre la mesa. La mano que nos ha tocado en suerte es interesante y con muchas posibilidades de ser ganadora, pero que al ser mostrada de una manera tan alevosa hace que perdamos el interés y no sintamos ninguna emoción.
Sin imperfecciones reseñables y un resultado impecable, y que sin embargo resulta lejana, distante. Quizá sea mi apreciación personal, pero no sentí que traspasara la cuarta pared, todo se quedaba en el escenario.

El reparto al completo están bien, mas que correctos. De hecho, ahora, pensado en lo que quiero escribir y analizando uno a uno a cada uno de los intérpretes pienso que han hecho una muy buena labor, pero algo debe pasar para que tan buenas interpretaciones no me hayan calado.

Nuria Espert consigue ofrecernos un personaje detestable. Ambicioso y lleno de frialdad que hace aborrecerla. Es como si la maldad quisiera, literalmente, brotar de ella en algunos momentos de la función. La Espert es teatro en estado puro, sé que suena a frase hecha, pero es algo innegable. Todo lo que hace está mas que justificado, hay matices en cada acción, en cada frase; nada lo deja a merced del azar. Aunque confieso que hubo ciertos aspectos que se me escaparon en su manera de encarnar a esta Loba humana.

Carmen Conesa y Victor Valverde me gustaron mucho, quizá sea la empatía con sus personajes. Mas humanos que el resto de la familia Hubbard. Algo de amabilidad dentro de tanta maldad hace que sea un golpe de aire fresco tener de dos interpretaciones tan naturlistas.

Si La Espert representa a la Loba, Hector Colomé, Ricardo Joven y Markos Marín interpretan tres hienas que desde el comienzo dejan patente lo despreciable que es su existencia. Despiadados y descarnados, son tres víctimas al servicio de los planes de su hermana/tía. Exudan una violencia a penas contenida que asusta. Son tres catetos bien vestidos que reaccionan descontrolados ante la visión de poder.

No dejo sin mencionar a Paco Lahoz y a Ileana Wilson, dos personajes claves para el desarrollo de la trama. Agentes externos que tienen la verdadera visión de lo que se cuece dentro de la guarida.

Pero si tuviera que quedarme con uno de ellos sería sin duda con Jeannine Mestre y su Birddie. Llena de esa inocencia casi infantiloide que esconde tanto sufrimiento y amargura, tanto sentimiento arrancado a puñetazos de su alma. La advertencia viva de lo que puede llegar a convertirse de nuevo la historia de la familia. No sé si es su manera de decir el texto, de moverse por escena, pero algo hipnótico había en su manera de hacer que arrastraba mi mirada allá donde se encontrara.

Como ya he dicho, no puedo decir que algo fallara, pero salí indiferente hacia lo que me contaron y eso, como amante del teatro, me deja un regusto amargo porque creo que el teatro está para provocar reacciones y lo peor que puede pasar es precisamente que esto no ocurra. Para bien o para mal.  
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Agosto Baró Borrachero CDN Garbisu Gerardo Vera Irene Escolar Machi Sanchís Teatro Valle Inclán

Agosto (Condado de Osage)

Título:  
Agosto (Condado de Osage)

Lugar:
Teatro Valle-Inclán

Autor:  
Tracy Letts

Reparto:
Amparo Baró (Violet Weston)
Sonsoles Benedicto (Mattie Fae Aiken)
Alicia Borrachero (Ivy Weston)
Irene Escolar (Jean Fordham)
Gabriel Garbisu (Steve Heidebrecht)
Antonio Gil (Bill Fordham)
Carmen Machi (Barbara Fordham)
Markos Marín (Charles Aiken Junior)
Miguel Palenzuela (Beverly Weston)
Chema Ruiz (Deon Gilbeau)
Clara Sanchís (Karen Weston)
Marina Seresesky (Johnna Monevata)
Abel Vitón (Charlie Aiken)

Dirección:
Gerardo Vera

Esta crónica tendría que estar escrita desde hace mas de un mes, cuando tenía mis entradas compradas, pero la gripe también hace estragos entre los actores y a comienzos de Enero se tuvieron que suspender algunas funciones…  Algo que me hizo temer que me quedaría sin poder verla, ya que se habían agotado prácticamente todas las entradas antes del estreno del día 7 de Diciembre. Al final, lo que tenía que haber durado hasta el domingo 19, para suerte de unos cuantos se prolongó hasta ayer día 22 de Febrero. Seguro que ha supuesto un esfuerzo extra tanto para el equipo artístico y técnico como para el CDN, y desde aquí les doy las gracias porque finalmente he tenido el privilegio de presenciar algo que creo será comentado durante mucho tiempo.
«Agosto» nos cuenta la historia de una familia americana que se desmorona. Una familia obligada a reunirse tras la repentina desaparición del padre (Miguel Palenzuela). Reunión que hace aflorar el resentimiento y el amor mal aprendido de todos los integrantes de esta familia que vaga desamparada por la vida. Una familia que se sostiene sobre los hombros de una madre (Amparo Baró) enferma y adicta a las pastillas. Harta, dolorida y asqueada de todo, guarda mil secretos que le escuecen por dentro y que alivia haciendo blanco de su ira sobre sus tres hijas (Carmen Machi, Clara Sanchís y Alicia Borrachero). Las cuales a su vez son portadoras de sus propias miserias y que intentan crear su particular felicidad, la cual siempre queda infectada por esa madre asfixiante que, incluso en la distancia, tiende sus sogas sobre ellas. Una madre que al final sabemos que solo demanda la porción de amor que nunca le dieron y que, anestesiada de cariño, tampoco sabe dar a los que le rodean.
La obra, última pieza dirigida por Gerardo Vera al frente del CDN, es una dolorosa visión de las tripas de una familia que no sabe amar y que cuando ve florecer el amor, lo aplasta porque no sabe como mantenerlo vivo. Un texto de Tracy Letts y versionado por Luis García Montero, lleno de dolor, amargura y un humor corrosivo que me tuvo fascinado desde el comienzo hasta ese dasasosegante final. 
Hubo momentos que no supe si reír, llorar, hacer las dos cosas a la vez o como tomarme las situaciones que se planteaban en el escenario porque todo aquello de lo que nos reíamos, además con ganas, era realmente algo que destrozaba los corazones de los personajes. Pocos momentos hay en la representación que te den un respiro y los que hay vienen anunciando un golpe mas duro que el anterior. Como digo, la función está llena de momentos cómicos que, a mi personalmente, me hacían doler por dentro, pero de los que era imposible no reírse porque, al igual que cuando uno sufre la pérdida de un ser querido no puede sostener el duelo de contínuo, al espectador le sucede con estos personajes lo mismo, y aunque compartimos el sentimiento con ellos, se necesita aliviar esa tensión de alguna manera, y este texto sabe como manejarlo. El texto está lleno de diálogos brillantes, monólogos desgarradores y silencios que desesperan de todo el sentimiento que contienen. Y si a eso añadimos un reparto que se entrega con el alma abierta a la función, poco mas se puede pedir.
¡Qué grande es Amparo Baró! No tengo forma de expresar todo lo que pude gozar viéndola en escena, que cantidad de sentimientos me removió por dentro con su Violet. Qué generosidad por su parte el volver a los escenarios de esta forma, dando una lección de humanidad sobre las tablas… Me hizo sentir un privilegiado por dejarme mirar dentro de su alma de actriz.
Por supuesto que todo el reparto es maravilloso, no hay uno solo de todos ellos que se quede rezagado. Todos tienen grandes momentos que saben aprovechar al máximo y de los que no perdí detalle, eso es algo que también engrandece al libreto, que regale a todos los personajes su momento de gloria. Es maravilloso. 
Carmen Machi está espléndida, no puedo dejar de disfrutar la verdad con la que afronta su trabajo, su forma de moverse por escena, la forma de hacer suyas las frases. El brillo emocionado en sus ojos. Todo, absolutamente todo es una verdad palpable.  
Alicia Borrachero me enamoró con su hija/hermana asfixiada por la vida y tan cruelmente golpeada al final de la función. Hay tanto amor en lo que hace, en lo que dice, en sus caricias, que aún me emociona el visualizarla.
Clara Sanchís me tuvo hipnotizado todo el tiempo de su monólogo inicial, imposible dejar de observar un personaje tan lleno de matices.
Irene Escolar compone un personaje tan real, tan cercano a la vida que hay fuera de las puertas del teatro, que a veces parecía que no estaba diciendo un texto aprendido… Se nota lo que ha mamado…
Sonsoles Benedicto da un recital de dolores silenciosos y frases hirientes que hacen que comprendas lo injusto de su personaje.
Marina Seresesky tiene el agente externo de toda esta odisea, quien aparentemente ajena al dolor, acaba por ser una presencia indispensable para esta familia. Su forma de escuchar y reaccionar ante los otros personajes es maravillosa.
Antonio Gil ofrece un recital de contención brutal, me pareció complicadísimo hacer ver al espectador la culpabilidad y la «misericordia» hacía su despechada y desprotegida esposa, bajo una capa de aparente naturalidad pensando que, lo suyo en ese momento, no es importante.
Grandes momentos también los ofrecidos por Gabriel Garbisu seduciendo a la menor, Markos Marín intentando confesar y no pudiendo por el bien de su amada, Abel Vitón enfrentándose a su mujer tras 38 años intentando, sin éxito, aplacar el dolor de ella. Chema Ruiz dejándose seducir por la mayor de las hijas en un momento de debilidad humana como es el que se siente con el abandono. o Miguel Palenzuela en ese precioso momento siendo escuchado por su recién contratada sirvienta Y es que ellos, los hombres, son el contrapunto; la lucha del amor, en todas sus variantes y con todos sus defectos, frente a las mujeres de la familia, impedidas de todo afecto por el manto asfixiante de la madre.
Una función que vibra con la magia de los actores. Maravilloso momento el de las tres hermanas hablando sobre ellas y sus vidas, se podía haber parado en ese momento el mundo que yo no me hubiera enterado. Todo mi ser estaba en ellas, en lo que contaban, en como se reían, se miraban, se decían… 
Al igual que los enfrentamientos entre los personajes de Baró y Machi, una auténtica montaña rusa de escenas que me dejaron sin aliento. 
Después de ver la función tuve un pensamiento. Había salido tan fascinado por lo que había prensenciado, que ahora que coqueteo con la posibilidad de volver a subirme a las tablas, pensé lo feliz que sería subiéndome a un escenario y poder conseguir hacer sentir al espectador una milésima parte de lo que estos maravillosos actores me han hecho sentir a mi con esta obra. Qué bien ver un trabajo tan bien hecho.
Dentro de un tiempo diré «Yo vi Agosto» y aún habrá algo dentro de mi que se acelerará de pensar que así fue…
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