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Carles Cuevas Carmen Pardo Daniel Acebes Diagoras Producciones El Secreto de las Mujeres Emilio Verdejo Fredeswinda Gijón Marta Arteta Nayra Petrini Pablo Cabrera Teatro del Arte Yann Charpentier

El Secreto de las Mujeres

Título:

El Secreto de las Mujeres

Lugar:
Teatro del Arte

Versión:
Daniel Acebes

Múscia y Letras:
Yann Charpentier
Emilio Verdejo

Elenco:
Daniel Acebes
Fredeswinda Gijón
Marta Arteta
Carles Cuevas
Pablo Cabrera
Nayra Petrini

Vestuario:
Daniel Maya

Coreógrafa:
Nayra Petrini

Escenografía:                                                       Producción:
Diágoras Producciones                                       Diágoras Proyectos Artísticos, S.L.

Dirección Musical:                                                Dirección:
Emilio Verdejo                                                   Carmen Pardo
                                                                          Daniel Acebes


En una época en la que estamos apunto de vivir en la capital una avalancha de musicales «Jukebox» y «requetereposiciones» imagino que generado por la crisis y el maldito 21% matataquillas y cierrateatros, nadie se atreve a embarcarse en la aventura de renovar los títulos que podemos ver; así que cuando uno sabe que se va a estrenar una comedia musical de cosecha propia, no puede por menos que sentirse atraído y tener la tentación de acercarse a verla. Un poco de savia nueva es muy de agradecer.
«El Secreto de las Mujeres» es una comedia musical, que no un musical, codirigido por Carmen Pardo y Daniel Acebes, que llega al Teatro del Arte con la sana intención de hacernos pasar un rato muy divertido. Una comedia ligera, llena de color, con un texto que juega con el surrealismo, la esquizofrenia y la realidad distorsionada, al borde de la misoginia, de un personaje profundamente trastocado por haber vivido el exceso de un entorno femenino.
La función viene de la mano de la valiente y ecléctica Diagoras Producciones, de quien ya hemos podido disfrutar otros montajes y siempre con un resultado mas que notable; y que esta vez se ha embarcado en la difícil tarea de crear un musical desde cero.

Una función absolutamente disparatada, donde las situaciones están sacadas de quicio, pobladas de personajes estereotipados y llevados mas allá del límite, a los que identificamos con claridad, hecho que provoca que soltemos mas de una carcajada.
Al comienzo es cierto que asusta oír el tipo de barbaridades que sueltan por la boca los personajes, pero enseguida uno comprende y entra en el juego de la exageración y la caricatura que nos propone el texto, haciendo que te olvides de todos los prejuicios, dejándote llevar por ese universo tan particular al que nos invitan a viajar.
Una obra llena de colorido y de muy buena energía, donde además de contar con un divertido texto, también cuentan con canciones creadas por Yann Charpentier y Emilio Verdejo, quien también se encarga de la dirección musical.
Canciones que sirven como pinceladas para las escenas, que son absolutamente pegadizas (Han pasado dos días desde que vi la función y aún saltan solas en mi cabeza), pero que en algunos momentos resultan prescindibles, pues no aportan demasiado, incluso frenan el ritmo de la historia. Otras, sin embargo, dan dimensión acertadamente a los personajes y a sus «taras» psicológicas, pero sin duda, frente al texto, es la parte donde se nota que el montaje aún cojea.
Antes de entrar en este tema, advierto que la función la vi el día del estreno y la valoración es un tanto subjetiva pues los nervios no son los mejores compañeros. Aún hay que hacer reajustes que, estoy convencido, harán que todo vaya a mejor con el transcurrir de las funciones, pero en la función del estreno faltó contundencia en el sonido. En un musical o en una comedia musical, las canciones deben dar brillo y aquí, el sonido de la sala era excesivamente opaco, haciendo que cayera el nivel conseguido, desluciendo la labor de los actores que incluso se les notaba tímidos a la hora de entrar en los coros y de ejecutar las coreografías creadas por Nayra Petrini, supongo que por la imposibilidad de escuchar con claridad. Aunque no todo es culpa del volumen de la música, falta en general potencia vocal y eso si que debe tener una solución urgente porque, al cantar sin micrófonos, cuando los problemas de sonido se hayan solventado, puede ser todo un impedimento para la buena marcha del espectáculo.

Salvando este tema, los seis actores hacen un muy buen trabajo. Es una gozada ver como se dejan la piel en escena, como consiguen que la función tenga un ritmo endiablado y los 90 minutos de espectáculo vuelen. Crean unos personajes con tanta personalidad, a pesar de ser absolutamente caricaturestos, que uno no sabe con cual quedarse.
Daniel Acebes hace un auténtico tour de force, a penas si sale de escena, canta, baila, salta y se desquicia a escasos centímetros del público y sin dar un solo síntoma de desfallecimiento, todo lo contrario, parece como si se retroalimentara de ese esfuerzo que conlleva llevar el peso de la función sobre sus espaldas. Dibuja un personaje lleno de tics que perduran y aumentan durante la función y logra que hagamos con sumo placer el viaje a través de la mente de su personaje.
Fredeswinda Gijón nos ofrece un ramillete de personajes adorablemente sobreactuados que me dejaron boquiabierto y que van a hacer las delicias de todos los que asistan a ver la función, tan llenos de vida, de detalles, tan disfrutables… que estás deseando que vuelva a aparecer en escena.
Pablo Cabrera siempre ha demostrado la solvencia como actor que tiene, da lo mismo lo que le echen. Lo resuelve todo con tanto gusto y demostrando un peso escénico tan grande, que es imposible no disfrutar viéndole trabajar. Y en esta función vuelve a suceder, y además hay que añadir que es todo un descubrimiento escucharle cantar.
Nayra Petrini, que además de ser la responsable de las coreografías del montaje, nos ofrece una especie de «Campanilla» gamberra y juguetona que se pasa la función revoloteando por la escena, haciendo algo muy bonito que es el subrayar el trabajo de sus compañeros sin robar foco y haciendo una composición muy entrañable de un personaje que es una delicia mirar.
Carles Cuevas es otro intérprete que como Fredeswinda, nos trae uno de esos personajes con los que te quedes al final de la función, que te conquista nada mas aparecer en escena y te apetece seguir viéndole; él opta por jugar con la contención exagerada de su personaje, que lucha por no dejar salir toda la potencia, si no que la dosifica sabiamente para que lo disfrutemos de principio a fin.
Marta Arteta es de esas actrices que uno no sabe muy bien porqué, pero según pisa el escenario presiente que nos va a dar algo mas de lo que en principio aparenta, y así es, tiene una gran energía que maneja con gracia y que nos lleva desde el comedimiento a la exageración sin demostrar esfuerzo alguno. Juega con ganas sobre el escenario y el resultado como contrapunto a la locura del personaje de Daniel es perfecto.

En general los seis logran que disfrutemos en escena. Realizan un trabajo enorme y muy divertido y que con el pasar de las funciones creo que van a lograr que este montaje brille en todos sus aspectos.
Carmen Pardo y todo su equipo afrontan este reto con mucha valentía, explorando nuevos caminos por los que antes no habían transitado y eso es muy placentero de encontrar para los que amamos el teatro. No todos los profesionales apuestan por un riesgo como el de esta producción en los tiempos que corren y yo espero y deseo que esa apuesta haya sido por un caballo ganador.
No dejéis de pasaros este verano por el Teatro del Arte y ver «El Secreto de las Mujeres» porque os prometo que os lo vais a pasar en grande, os vais a olvidar de las preocupaciones y saldréis con muy buen sabor de boca.
Y a todos los que visitéis Madrid este verano. No solo en la Gran Vía se hace teatro, investigad y descubrid estos pequeños bombones que nos tienen preparados en el resto de salas porque merece la pena descubrirlos y disfrutarlos.

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Carmen Pardo Cuarteto Daniel Acebes Diagoras Producciones Garaje Lumiere Heiner Müller Susana Garrote Teatro

Cuarteto

Título:
Cuarteto

Lugar:
Garaje Lumiere

Autor:
Heiner Muller

Elenco:
Susana Garrote (Merteuil)
Daniel Acebes (Valmont)

Producción:
Diagoras Proyectos Artísticos

Dirección:
Carmen Pardo





No hace mucho fuí a ver «La Hermosa Fea» donde Daniel Acebes estaba en el reparto. Tras la función estuvimos charlando y me comentó que al día siguiente estrenaba un nuevo montaje, «Cuarteto» de Heiner Müller y me quedé con la copla. Hace poco tiempo Daniel comentó por las redes sociales que lo traía a Madrid, a la sala Garaje Lumiere, así que, decidido a no dejar pasar la ocasión, fui a verlo. La obra me gustó bastante, pero también es cierto que se me escaparon varios aspectos de la misma y Dani se ofreció a despejarme todas mis dudas… ya aproveché y me empapé bien de cómo surgió esta nueva propuesta de Diagoras Proyectos Artísticos.
Para el que no lo sepa, la función tiene como habitantes a dos de los personajes principales de «Las Amistades Peligrosas», habla de sus relaciones, de sus pasados, sus conquistas, sus derrotas y de sus ambiciones.
Daniel me comentaba que decidió hacer esta función porque el cuerpo le pedía arriesgar, salir un poco de la línea de teatro que estaba realizando y atreverse a dar un paso diferente, darse el gusto de poder apostar por otro tipo de propuesta después de 10 años como productora. Poder mantener los montajes que lleva actualmente y además tener este que tanto le apetecía afrontar como actor. Además de lo que les supone «abandonar» temporalmente los teatros convencionales para entrar y explorar el mundo de las salas mas pequeñas e intentar llegar a un público diferente al que suelen tener.
Hablando de porqué este texto y de cómo se lo había planteado, me decía que este texto siempre ha sido encarado desde una lectura completamente diferente a la que el autor ha pretendido, de hecho no hace muchos días en el muro de Diagoras Producciones se publicaba esto: 
«La primera impresión que uno tiene de «CUARTETO» es que se trata de una obra muy negra, muy desagradable, muy irreverente, muy revulsiva, pero al mismo tiempo Müller ha insistido, como Chejov, en que sus obras son cómicas. Él se quejaba de que los directores se las tomaban demasiado en serio en cuanto a la concepción. escénica.»

Y esto es precisamente lo que define qué movió a Daniel, junto a Carmen Pardo, directora de la función, y Susana Garrote, compañera de reparto, para montar esta obra. Han intentado acercarnos una visión de este montaje de una forma mas sencilla, intentando no caer en la «sesudez» e incluso arrancar al público alguna risa. Evidentemente, dentro de lo que el propio texto les ofrecía.

Ahora bien, os cuento lo que fue la obra para mi, que también es un poco de lo que se trata cuando escribo la crónica de una función.

Confieso que cometí un error grave. Uno, como espectador, no debería ir al teatro con una idea preconcebida de lo que va a ver porque lo que se hace a si mismo es condenarse a no disfrutar. 
Si uno no conoce el texto, como era el caso, lo mejor es ir con la mente abierta, dispuesto a que le cuenten y le lleven por donde la compañía quiera… Lo sé, así dicho, suena hasta bien, pero es complicado de hacer y creo que cuanto mas teatro se ve, mas difícil es llegar a este estado de «hoja en blanco» para el espectador… Y yo, que a veces soy un tanto «pedantillo» e intento ser el mas rápido de la platea en sacar lecturas de lo que veo, me puse la trampa a mi mismo, así que, viendo la coreografía del comienzo de la función, la fastidié. En vez de mirar y dejar que me explicaran, yo di ordenes a mi cabeza de que aquello era una cosa completamente diferente a lo que realmente era… ¿qué sucedió? que apenas atendí al primer monólogo de Susana Garrote, no es que no la escuchara, si no que me forzaba a entender lo que yo quería, no lo que ella me contaba… una verdadera lástima porque ella está realmente bien y no supe apreciar el esfuerzo que supone para una actriz comenzar con todas las pilas desde el minuto uno de función.
 Pero bueno, el error no duró demasiado y lograron su propósito. Enseguida dejé de resistirme e hicieron que me rindiera a su propuesta, de lo que me alegro profundamente porque resultó ser una función con algunos momentos que fueron realmente interesantes. El texto es intenso, cuenta TODO, y al actor le deja libres dos caminos, o escenificar todo lo que cuenta con la palabra, o jugar a «vestir» con movimientos lo que dicen los personajes. 
Creo que este montaje, el de Diagoras, acertó escogiendo la segunda opción, pues la crudeza de lo que cuenta en bastantes momentos, resultaría excesivamente soez si se representara tal cual narran los propios personajes… Es cierto que en otros montajes quizá sería igual de válido, pero aquí, con la propuesta que nos traen, lo vi innecesario y es un punto a su favor. Sería muy fácil vender un montaje del que todo el mundo hablara porque prácticamente «follan» en escena y estoy seguro que todos iríamos de cabeza, movidos por el morbo y la curiosidad, pero Carmen Pastor apuesta por acariciarnos con cierta sutileza y que veamos algo mas allá que la propia carne, a pesar del alto contenido sexual de la función…

Daniel me comentó que la puesta en escena es muy simplista precisamente por el mismo motivo que han utilizado la sutiliza en sus interpretaciones, para no aturullar al espectador con mensajes innecesarios. Y a pesar de tener un espacio diáfano, consiguen perfectamente transmitir el encierro en el que se encuentran. Hacen que nos sintamos atrapados con ellos, «obligados» a mirar como terminará todo, aún sabiendo que no será agradable para uno de ellos…

Tanto Daniel como Susana se nota que se lo pasan bien interpretando a estos personajes, lanzándose sin miedo a encarnar a estos dos «monstruos» de la seducción acabados, que lo único que les queda es atormentar al otro, e intentar disfrazar ese patetismo en el que han caído, con un juego de intercambio de roles perverso y descarnado. Yo me lo pasé realmente bien viendo como espectador sus juegos de seducción, la transformación en otros personajes y sus entradas y salidas en los roles. Divertido, intenso y muy curioso.

Tras el lapsus inicial, puedo decir que me lo pasé bien y me resultó un trabajo muy interesante. Eso sí, no hagáis como yo, dejaros llevar desde el primer momento e intentad disfrutar su propuesta.

Desde aquí doy las gracias a Daniel por prestarse a charlar conmigo, aclararme las dudas que tenía y poder intercambiar impresiones sobre la función y otros muchos aspectos. 
¡Qué bien que haya profesionales abiertos a entablar diálogo con el público!
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