Categorías
Bruno Ciordia Fran Calvo Jano Sanvicente La Pensión de las Pulgas LaCanoa Teatro Stephen Belbel TAPE Teatro Yolanda Vega

TAPE

Título:
TAPE

Autor:
Stephen Belber

Lugar:
La Pensión de las Pulgas

Elenco:
Jano Sanvicente (Vincent)
Fran Calvo (Jon)
Yolanda Vega (Amy)

Vestuario:
Moon Vives

Espacio Escénico:
Oscar Merino

Traducción:
Yolanda Vega

Dirección:
Bruno Ciordia

El pasado viernes, mientras las calles del centro de Madrid se encontraban colapsadas de señoras y señores que acudían a las procesiones de Semana Santa, un pequeño grupo de almas teatreras fuimos convocadas en La Pensión de las Pulgas para el estreno de “TAPE” función de Stephen Belbel y llevada a escena por LaCanoa Teatro.
Sabía de la existencia de la película y estuve tentado de verla antes de asistir a la función, pero pensándomelo mejor, preferí tener mi primer contacto con el montaje que ha dirigido Bruno Ciordia. Otorgándole a Vincent, Jon y Amy, los personajes de la función, los rostros de Jano Sanvicente, Fran Calvo y Yolanda Vega. Y por supuesto para llegar completamente «virgen» a verla, que eso me pasa en muy pocas ocasiones y es una sensación que me encanta disfrutar siempre que puedo.

La función transcurre en la habitación de un motel, en la que se hospeda Vincent, de una ciudad en la que se celebra un festival de cine; él es un «don nadie» amigo de la juventud de Jon, que actualmente es director de cine y que se encuentra en esa misma ciudad para presentar su película.  Vincent le cita en la habitación con la intención de resolver un asunto que quedó pendiente diez años atrás; asunto este en el que también se encuentra involucrada Amy, antigua amiga de ambos, que casualmente vive en esa misma ciudad. Dando como fruto un reencuentro de viejos amigos que destapará un suceso al que, aparentemente, durante estos años no le han prestado mayor atención y que, sin embargo, les mantiene a los tres anclados en el pasado.
Bajo esta premisa uno ya se frota las manos deseoso por ver qué es eso que remueve los fangos del pasado de estos tres personajes.

Lo que uno no espera es que la función arranque con el ritmo con la que arranca… No sé qué es lo que hicieron cuando se representó en la Kubik Fabrik, ni que harán cuando se represente, en un futuro próximo, en el Teatro Lara, con este inicio de función; lo que sí sé es que es suficiente para después correr a ocupar asiento en la siguiente sala, donde se encuentra la habitación y ver qué pasó «después de»
Este montaje sabe utilizar con una sabia mesura los espacios que brinda la Pensión y el desconcierto de los asistentes para sumergirnos como parte activa del prólogo que abre la función y pasar posteriormente a ocupar nuestro rol de anónimo voyeur que siempre nos ofrece este espacio.

Un montaje fantásticamente dirigido por Bruno Ciordia, que nos lanza un texto picado, de acciones sin pausa y gran ritmo; que no deja ocasión para recolocar las ideas, tal como le sucede a Jon en el encuentro con Vincent, haciéndonos entrar en su mismo juego, descubriendo los giros al mismo tiempo que los propios personajes. Atractivo que nos mantiene en vilo durante toda la función y que nos absorbe en una espiral de situaciones que van tomando intensidad y velocidad, hasta que nos encontremos con un frenazo en seco.
Un cúmulo de asuntos no resueltos que nos hacen descubrir unos seres con algo clavado en su interior, como un siniestro síndrome de Peter Pan que no les permite avanzar con libertad. Viejos pliegues que han intentado ocultar, pero que, como la basura que uno barre bajo la alfombra, siempre acaba por aparecer.

Jano Sanvicente nos ofrece un perdedor de una hiperactividad extrema, que en ocasiones nos produce repulsión y que en otras nos lleva a empatizar con su torpeza. Imprimiéndole un extraño carisma que, a veces asusta y otras enternece. Difícil asunto el de mantener tan arriba el ritmo de este personaje que Jano resuelve con soltura.
Fran Calvo ofrece una seguridad a su personaje que poco a poco va dejando ver, y casi oír, cómo se resquebraja. Es un placer la forma en la que hace fluir el texto; con la intención precisa y el giro apropiado para que ni una sola de las líneas de diálogo quede vacía. Lo mismo le pasa a Yolanda Vega que, además tiene la cualidad de hacer que el espectador pueda apreciar la limpieza y la claridad de su interpretación. Con esto no digo que los dos actores masculinos no la tengan, pero en ellos el juego es el contrario, es la turbiedad, la suciedad que va en aumento según se van restando capas.

Una función recomendable, con un texto inteligente, en ocasiones divertido, en otras tenso, que desde el comienzo juega con el espectador a mantenerle en vilo para acabar explotándonos en la cara.

Categorías
Bruno Ciordia Dennis Lumborg El Sol de York Mariano de Paco Un Buen Día

Un Buen Día

Título:
Un Buen Día

Autor:
Dennis Lumborg

Lugar:
El Sol de York

Elenco:
Bruno Ciordia

Escenografía:
Almudena López Villalba

Vestuario:
Gema Rabasco

Iluminación:
José Manuel Guerra

Espacio Sonoro:
Javier Almela

Dirección:
Mariano de Paco

Vivimos una época de mojigatería galopante, donde la doble moral campa a sus anchas y la opinión de todos trasciende en exceso; un arma peligrosa ya que corremos el riesgo de que la opinión más conservadora de un observador de nuestras vidas, acabe por ser tenida más en cuenta que la propia realidad, y eso es lo que “Un Buen Día” nos plantea.
Eddie nos habla de su familia con orgullo, mientras espera a que lleguen sus hijos, de los logros que ha conseguido a nivel personal, satisfecho con lo que ha construido, un hogar donde se apuesta por la claridad y la naturalidad para evitar que sus hijos crezcan bloqueados por los tabúes que la sociedad se empeña en imponer. Todo perfecto, ideal, hasta que la mirada de los demás convierten esa naturalidad en algo turbio y malsano… Esta es la premisa con la que parte “Un Buen Día”, exitoso texto escrito por Dennis Lumborg, que juega a mantenernos en la incertidumbre de si el protagonista es, o no, culpable de lo que se le acusa. Un texto que pone al espectador a prueba para que compruebe por si mismo si es de los que juzgan con ligereza o no.
Una buena propuesta pero que para mi gusto tiene un exceso de “buenrollismo” que más que acercarme a lo que cuenta, me distancia; todo es tan rematadamente simpático y dicharachero, que no encontré el enganche ni con Eddie ni con sus circunstancias. 
Hay un tufillo a “sitcom” yanqui que, para mi, juega a la contra, es como si de repente uno de los personajes masculinos de “Friends” fuera acusado de pederastia y no supiera asimilar el terrible problema que se le viene encima y siguiera soltando chistes y gracietas. 
Aunque es cierto que según va oscureciéndose el tono de la función, va adquiriendo peso e interés, creando dudas y planteando preguntas, incluso llega a incomodar; lo malo es que todo lo que va logrando acaba en nada al llegar a un desenlace que me resultó descafeinado y un tanto sin sustancia.
A pesar de lo que digo sobre la obra, Bruno Ciordia realiza un estupendo trabajo actoral, manteniendo durante la hora y media de monólogo, un personaje abrumado por los acontecimientos que reacciona como un niño asustado, regalándole un torrente de energía digna de ser apreciada, aunque como he dicho, el exceso de buenrrollimo me resulta forzado y me hizo no llegar a conectar con él. 
Si Mariano de Paco, director de la función, hubiera prescindido de todos esos amaneramientos y vocecillas de los personajes que entran y salen de la narración de Eddie, y no le viéramos bailotear como si no pasara nada en las transiciones, creo que la conexión hubiera funcionado mejor; las músicas y sus letras aportan el punto de acidez apropiado para percibir el tono que está queriéndose plantear y la labor del actor es suficiente como para conseguir introducirnos en los acontecimientos sin recurrir a la morisqueta facilona. De hecho, cuando los acontecimientos se enturbian, Bruno Ciordia adquiere una consistencia en escena más que notable, que apetece, provocando interés en lo que cuenta.
Un diez para esa escenografía cambiante, que se transforma ante nuestros ojos, como marco perfecto del angustioso viaje de pérdida de la inocencia por el que tiene que transitar este pobre padre de familia.
Quizá no haya sabido captar el ángulo desde el que se nos cuenta la historia y esto haya hecho perderme el atractivo de esta función que, planteando una situación muy dura desde una perspectiva algo blanda e inocentona, acaba por provocar un extenso debate tras la representación.
Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar