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Alma Andrea Dueso Arturo Turón Bergman Cristina Masson Nave 73 Rocío Muñoz-Cobo

Alma

Título:
Alma

Autor:
Arturo Turón 
(Basado en «Persona» de Ingmar Bergman)

Lugar:
Nave 73

Elenco:
Rocío Muñoz-Cobo
Andrea Dueso
Cristina Masson

Escenografía:
Juan Divasson

Iluminación:
Jon Corcuera

Espacio Visual:
Sergio Lardiez

Vestuario:
Ana López

Dirección:
Arturo Turón

Unos elementos escénicos naturalistas se reparte en un espacio imaginario que no puede dejar de recordar al Dogville de Lars Von Trier. Las luces de la sala se apagan y un relampagueo de imágenes nos acercan a lo que se nos viene encima; viendo aquello pensé en Bergman, pero también en Buñuel, incluso en Lorca, y en Pasolini, y el corazón se me encogió al descubrir que la voz de Jim Morrison era el colchón poético sobre el que todo ello reposaba y de repente… Electra se queda muda… Fascinante y enigmático, ¿verdad? Pues así es como arranca «Alma», la adaptación escénica que Arturo Turón ha tenido la osadía de realizar de «Persona» de Bergman. Y no utilizo el término osadía como falta de respeto o de vergüenza, si no como jugada arriesgada o peligrosa, ya que el director se expone a ser juzgado y comparado, y eso es lo que me apasiona de su labor, porque yo no creo que Arturo quiera compararse, si no que lo utiliza como vehículo para expresarse.

Que nadie vaya a ver esta función pensando en encontrarse algo sencillo, pensado para agradar a cualquier tipo de paladar. Más de uno y de dos no pasarán por el aro, eso está más que claro, pero yo, que soy el espectador con el turno de palabra, puedo decir que aún paladeo con gusto la propuesta. Sí, quizá en algún momento peque de densa, no vamos a negarlo, pero yo la degusté con placer y cierta fascinación. Me gusta recoger el guante de ciertos retos teatrales y entregarme a ellos, al igual que aplaudo el intento por explorar y beber de cuanto referente nos agite por dentro.

Los problemas internos, mentales, psíquicos, de los actores y actrices, siempre son un tema recurrente. Son personas que se exponen y fuerzan sentimientos, corriendo el riesgo de quebrarse, incluso hartarse o querer dejar de ser quienes son, al darse cuenta de la farsa que viven día sí y día también, y no solo sobre las tablas. Pero también hay que mirar a todos aquellos seres anónimos que tienen necesidad de ser escuchados, de expiar sus pensamientos a base de darles voz, de sentirse vivos a golpe de exceso de verborrea. De ahí surgen tanto Elisabeth, actriz que en plena representación deja de hablar por decisión propia, y Alma, joven enfermera que la cuida en su retiro voluntario, y que decide abrirse a ella, confesándole inocentemente sus más íntimos secretos, hasta el momento en el que Elisabeth, desde su mutismo envenena esa inocencia, llevándola a enfrentarse con sus propias dudas y demonios.
Un juego de espejos donde ambas mujeres se mostrarán desde lados opuestos que terminarán por tocarse y fusionarse.

Andrea Dueso se enfrenta al reto de dar cuerpo a esta función como única voz, y atrapar al espectador con un personaje como Alma, que tiene tanto que contar y del que en momentos nos apiadamos y enternecemos, y del que en otros acabamos por hastiarnos. Nos muestra su inocencia sin filtros y eso no siempre sabemos recibirlo con agrado y comprensión. Y ahí radica la complejidad de su cometido, mantener ese equilibrio de manera interesante para el espectador,  hasta llegar al momento en el que todo se rompe, donde toda esa luz es ensombrecida, dando paso al reverso que cualquier persona portamos y del que no somos conscientes hasta que no nos vemos a través de los ojos de otro. Perturbador.

Y ahí está Rocío Muñoz-Cobo y la difícil tarea de lograr crear un personaje como Elisabeth, que desde el silencio y la escucha logre destilar tantas sensaciones, que transmita el hartazgo y esa extraña fascinación hacia los demás, hacia esa necesidad que tenemos todos de «regalarnos» a los extraños. Qué forma de mirar, de opinar sin hablar, de apoyar y subrayar cuanto Andrea dice… Su Elisabeth es ese gato cruelmente juguetón que observa sin compasión a un esperanzado ratón que acabará entre sus fauces , pero… ¿finalmente eso será así? Ahí lo dejo para no destripar nada a quien vaya a verla.
Impresionante la magnifica elección de actrices, la conexión y la simbiosis que se genera entre ambas mujeres. 

El caso es que ambas actrices, junto a la coreógrafa y bailarina Cristina Massón, y al gran equipo que dan forma a «Alma», tejen un poema teatral, lleno de belleza, de contrastes y similitudes, que uno se lleva a casa y que, aún pasados los días, uno lo nota que sigue latiendo. Es desasosegante, terriblemente fría, cruel, y por eso mismo creo que es fascinante.
«Alma» es de esas funciones de largo recorrido que, si se la deja crecer, conseguirá tener un poso tan potente que apetecerá revisitarla unas cuantas veces, además de ir descubrir y desgranando todos esos detalles que Arturo Turón esconde dentro de ella.

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En Un Entreacto Radio – Programa Número 20

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Llegamos al final de nuestra 1ª Temporada de En Un Entreacto Radio. Nos marchamos de vacaciones para recargar pilas y regresar con fuerzas renovadas allá por el mes de Septiembre.
Ha sido una maravillosa temporada en la que hemos encontrado un buen puñado de amigos entre todos los «Entreacteros» que ya forman parte de esta familia.
¡Gracias por hacernos sentir tan arropados!
En este último programa nos hemos saltado el guión y hemos contado con unas visitas en el estudio de GetafeVOZ muy especiales para nosotros. Unos compañeros de butaca con los que nos apetecía compartir el repaso de temporada. Ellos son Jesús Ortega del programa Efecto Escena, Miguel Pérez Valiente del blog Glosas Teatrales, David García actor y autor del blog Desde El Patio y Jesús Melones, 50% de la web teatral Tragycom.
Con ellos hemos hablado de lo que más y lo que menos nos ha gustado de la temporada, hemos debatido sobre todos esos montajes que nos han marcado, para bien o para mal, y además nos han lanzado unas cuantas recomendaciones para que no nos falte el teatro dentro de nuestro verano.
Por supuesto que hemos tenido nuestra sección de cartelera, no podía faltar, pero esta vez la hemos pasado junto a Arturo Turón, autor de la versión española de «Confesiones a Alá», quien también la dirige y quien nos ha contado detalles de este montaje que actualmente se puede ver en el hall del Teatro Lara.
No debéis perderos este programa con tanto contenido, tan divertido e interesante. Esto si que ha sido acabar por todo lo alto.
Nos marchamos de vacaciones con muy buen sabor de boca y orgullosos de esta aventura que no ha hecho más que esperar.
Espero que descanséis y que en Septiembre os apetezca seguir acompañándonos. Nosotros seguiremos por aquí.
¡Bienvenidos a En Un Entreacto Radio!
¡Felices Vacaciones!
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Arturo Turón Confesiones A Alá María Hervás Teatro Teatro Lara

Confesiones A Alá

Título:

Confesiones A Alá

Autor:
Arturo Turón (Basado en el libro
de Saphia Azzeddine)

Lugar:
Teatro Lara

Elenco:
María Hervás

Iluminación y Ambientación:
Jon Corcuera

Figurinista:
Ana López Cobos

Escenografía:
Beatriz López y Eduardo Basanta

Sonido:
Esteban Ruíz

Dirección:
Arturo Turón

«Confesiones a Alá» ha regresado a la cartelera madrileña. Tras su paso por el Teatro del Arte, ahora va a hacer del hall del Teatro Lara su nueva casa.
Una función que tuvo un gran éxito, que dentro de la profesión se valoró muchísimo y que incluso hizo que estuvieran nomidados a los últimos premios Valle-Inclán, todo un logro para una función nacida del Off Madrileño.

Jbara es una muchacha bella, no lo sabe, y cuando llegue a ser consciente de ello, muchos ya se habrán aprovechado de ella… De momento es una joven de a penas 16 años que vive en las montañas del Magreb con su familia. 
Llena de inocencia e ignorancia, nos deja adentrarnos en su historia, esa que hará que conozcamos en primera persona como una niña malhablada y descarada nos cuenta su día a día, su teoría de cómo saber si uno sigue siendo virgen, su anhelo por descubrir cómo es un autobús por dentro, la curiosidad por esa gente que quiere fotografiarse con ella y su pueblo por el simple hecho de ser pobres, que nos habla sin rubor de los escarceos sexuales, inconscientemente consentidos, que tiene con gente de su aldea… hasta el momento en el que queda embarazada, y es repudiada por su familia; obligándola a descubrir que todo ese mundo de curiosos interrogantes que siempre le había llamado la atención, no es tan maravilloso como parecía en su imaginación. Teniendo que enfrentarse a la crudeza de una mujer que aprende a base de golpes, de remordimientos,  de fantasmas, de sometimiento, incluso que llega a rozar el poder con sus dedos, pero que siendo mujer en la sociedad en la que vive, estará destinada a hacer lo que el hombre de turno tenga que decir.
Veremos la evolución de esta mujer que se crece ante la adversidad, que respira hondo y sacando fuerzas de flaqueza logra sobrevivir, llevando como único compañero y confidente a un silencioso Alá, presente en todo momento y justificación perfecta para entender y aceptar todo lo que le sucede en la vida.

Esta es la propuesta que Arturo Turón nos ofrece con una dirección sensibilizada con el tema y una versión inspirada en el original de Saphia Azzeddine que, aunque ya contaba con su propia adaptación teatral, él ha preferido realizar la suya para acercarnos al mundo de Jbara
Un texto lleno de encanto, de inocencia, de una candidez emocionante y a veces desasosegante. Con mucho sentido del humor, a veces un tanto naif, que habla sin trabas sobre los aspectos más desagradables del viaje de la protagonista, mostrándonos el interior de estas mujeres que al mundo occidental se nos presentan como incógnitas. 
María Hervás se expone a través de un trabajo arriesgado, desprendiéndose de prejuicios, transformándose, sosteniendo a esta Jbara que supone un paso adelante en su carrera y que la sitúa en una liga mucho más potente, aunque en momentos es complicado de sostener, pero que acaba por llevarlo a buen término. No hay que olvidar que son más de 90 minutos de intenso monólogo en el que la actriz nos muestra a una mujer que sufre una evolución tremenda, y bastante explícita, tanto en lo físico como en lo psíquico, un recital interpretativo que merece la pena.

Una puesta en escena que apuesta por la simplicidad en los espacios, de la que destaca esa estupenda música; la sencilla, pero eficaz, iluminación y unas proyecciones que apoyan la historia de esta mujer. Lástima que quede algo deslucida a causa del espacio tan reducido y, admitámoslo, limitado del hall del Lara. Las entradas y salidas de los actores, la acústica, la incomodidad para los espectadores que estén más allá de la 2ª fila… Quizá haya que hacer algunos ajustes para adaptar este montaje y que pueda lucir con el brillo que Arturo Turón lo ideó; en esta función cada elemento suma y sería una pena que tuvieran que hacer ciertos sacrificios por las carencias que ofrece el lugar.
¡Ojo! Que el hall del Lara para mi tiene su encanto, pero hay algunas propuestas que ciertamente sufren siendo programadas en él. Esperemos que el nuevo espacio que está por surgir del Lara juegue a favor de lo que allí se programe.
Pero de lo que estamos hablando es de “Confesiones a Alá” y creo que es una función con una enorme sensibilidad y cercanía, que gracias a la adaptación de Arturo Turón se convierte en un maravilloso reto para cualquier actriz, y que en este caso es María Hervás la que lo acepta poniendo toda la carne en el asador.

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