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En Un Entreacto Radio – La Teatropedia y Addio del Passato

Arrancamos el mes de Abril con una nueva dosis de teatro desde En Un Entreacto Radio. En esta ocasión vamos a celebrar el 15º Aniversario de la compañía Teatro DeFondo descubriendo su último montaje: “La Teatropedia” que actualmente ocupa los domingos de Nave 73 y charlaremos sobre “Addio del Passato”, función escrita por el periodista Julio Bravo que actualmente podemos ver en el Teatro Fernán Gómez. Dos propuestas totalmente diferentes que os recomendamos que no os perdáis.

GETAFERADIO · “La Teatropedia” y “Addio Del Passato” protagonistas de En Un Entreacto Radio
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Otelo

A mi me pasa todo lo contrario que a otros que parece que les molesta cuando los clásicos mutan y se salen de su idea original. Creo, es una opinión como otra cualquiera, que esa idea primigenia debe tomársela como el germen de cuanto pueda llegar a suceder en cada acercamiento al texto y de ahí dejar brotar un nuevo tallo. Encorsetarse en lo «ya visto», «ya hecho» o «ya contado» es un error, además de aburrido. Nunca se sabe si este nuevo acercamiento va a ser el acertado, pero de eso va esto, ¿no? De atreverse e intentar encontrar la belleza por el camino.

Algo así sucede con este «Otelo». La compañía agarra el texto de Shakespeare y lo giran como si fuera un cubo de Rubik, rompiendo la homogeneidad de sus colores, mezclándolos para lograr nuevas combinaciones escondidas, aunque no sean perfectas, y de esa manera descifrar o intepretar entre sus líneas cuanto mensaje haya podido dejar su autor a los intrépidos que quieran seguir buceando entre sus capas. Volver a dejar el cubo como estaba no debería ser el objetivo final, si no entretenerse en descubrir sus infinitas formas.

Paco Montes hace su propia versión, una aproximación curiosa que aprovecha la historia del Moro de Venecia para trenzarla con cantos por los refugiados y contra la violencia de género. Una vez más comprobamos que en los clásicos habita mucho de nuestra actualidad. Este Otelo dirigido por el propio Paco Montes junto a Lucas Smint viene con ganas de jugársela en cada cuadro, coqueteando entre el concepto clásico del montaje y la performance, con vídeo proyecciones estupendas, momentos musicales desenfadados y mucho arrojo. Un espectáculo que comienza como una «rave«, te planta a Manu Chao mientras los protagonistas, casi personajes manga, vuelan haciendo formaciones como cazas militares, que coquetean con el «sado» o que muestran a Desdémona tomando el sol en la playa mientras conversa con Otelo que practica running, ya hacen que a mí me ganen por la curiosidad.

Es cierto que no todo son aciertos, que hay cosas resueltas con prisa y se me quedan con cierto regusto amateur. Estoy convencido que esas mismas ideas con un par de vueltas y un paso más en el atrevimiento -Al equipo se le intuye más que predispuesto- hubieran hecho volar a este «Otelo» mucho más alto. La prueba está en la frescura y  la originalidad que derrochan. Con eso y la forma que tienen de sorprendernos por las ocurrencias que se sacan de la chistera, las nuevas lecturas y la justicia poética con la que reinventan el destino de esta función, ya hacen que el viaje merezca la pena. Es divertido estar sentado esperando ver qué va a ser lo siguiente, que nueva idea surgirá o cómo resolverán el siguiente cuadro.

El elenco al completo se lanza de cabeza a defender esta propuesta, su entrega y convicción son contagiosas, algo primordial para que todos entremos y, aunque el resultado es algo irregular – Juegan y se les disfruta, pero a veces se les resbala el texto y se pierden enfatizando más de la cuenta-, no deja de ser un estupendo entretenimiento. Con permiso de la compañía, sin duda alguna el que se lleva la función de calle es Antonio Alcalde, es imposible apartar los ojos de su Yago. Es tan sumamente perverso que resulta irresistible. Maneja las energías como le da la gana, el tempo de la función lo controla él, respira las frases y sus réplicas, las paladea y se deja empapar de cuanto sucede en escena e incluso se da el gustazo de entretenerse en mirarnos uno a uno, convirtiéndonos irremediablemente en cómplices de sus manipulaciones y, según va sucediéndose la acción, él va creciendo y convirtiéndose en el astro alrededor del que todos giran. Algunos, como el imponente Iván Calderón, fantástica pareja junto a Yaldá Peñas, o María Herrero, saben dejarse calar y consiguen brillar a su lado, haciendo que la partitura suene empastada y apetecible.

Una oportunidad de conocer a una compañía arriesgada y con muy buenas ideas que llevar a escena.

FICHA:

Título: Otelo Versión: Paco Montes (Sobre el texto de W. Shakespeare) Dirección: Paco Montes y Lucas Smint Elenco: Iván Calderón, Yaldá Peñas, Antonio Alcalde, María Herrero, Iñaki Díez y Óscar Varela Escenografía: José Helguera Iluminación: Luz E.T. Audiovisual: Raquel Rodríguez Espacio Sonoro: Un, Dos, Probando Vestuario: Pablo Porcel Ayudante de Dirección: Teresa Gago Espacio: La Puerta Estrecha

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En Un Entreacto Radio – Especial Teatro Español

Hoy se nos abren las puertas de uno de los templos teatrales más emblemáticos a nivel nacional. Hoy En Un Entreacto Radio vuelve a sacar los micros de Getafe Radio a la calle, concretamente al Número 25 de la Calle Príncipe: Al Teatro Español. Hoy Carme Portaceli, actual directora, nos recibirá para charlar con nosotros, contarnos sobre la nueva etapa que ha emprendido este espacio, no exento de polémicas.

Además conoceremos de cerca lo que se cuece en sus salas a través de las compañías que actualmente se encuentran representando allí. Hablaremos con los equipo de “Furiosa Escandinavia” y “Ushuaia”.

¡Bienvenidos a En Un Entreacto Radio!

GETAFERADIO · Especial En Un Entreacto Radio en el Teatro Español
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Ushuaia

Cada vez tengo más claro que el hecho teatral debe, sin excepción, inundarse de poesía. «Ushuaia», texto escrito por Alberto Conejero, la derrocha a borbotones. Con ella volvemos a viajar a través del imaginario de su autor que nos invita a adentrarnos en lo más profundo del bosque para susurrarnos historias de amor y culpa, ofreciéndose para descubrirs, ante el que quiera saber mirar, que bajo una primera capa que es la historia de una guerra no tan lejana y mil veces narrada, explora nuevamente el alma del ser humano, su conflicto íntimo, convirtiendo Ushuaia en un instante de redención de un alma gastada y extenuada de silencio.

El texto, de los primeros que descubrí de su autor, ha ido transformándose y evolucionando a lo largo de sus ediciones y ahora, en el Teatro Español, nos encontramos con su versión más madura, repleta de referencias y líneas de diálogo merecedoras de ser tatuadas en la memoria. Donde la intimidad del viaje interno de su protagonista, Mateo, prevalece sobre los acontecimientos históricos que son la excusa para mostrarnos el purgatorio voluntario por el que transita este corazón agonizante de culpa y desamor.

Mateo hace mucho tiempo que huyó de la vida, aislándose del mundo real, un lugar del que no se siente merecedor; por ello recala en Ushuaia, allí donde encuentra refugio y a la vez exilio de cuanto ama y detesta. Comienza a quedarse ciego y eso hace que el acecho de su pasado adquiera mayor nitidez, esa ballena blanca armada de una paciencia feroz, que aguarda a que llegue el momento en el que él mismo, rendido, se entregue definitivamente a las aguas de la memoria para hundirse en ellas hasta perderse en la sima más profunda de la que se siente merecedor.

La poética del montaje no solo habita en el texto de Alberto Conejero, el mismo cartel diseñado por Javier Naval ya contiene en una sola imagen toda la poesía que habita en el montaje dirigido Julián Fuentes Reta, quien también ha sabido reflejarla en su particular puesta en escena. La producción no ha escatimado en medios y han transformado el escenario del Español, gracias a la magia de la escenografía de Alessio Meloni y la iluminación de Joseph Mercurio, en ese fabuloso bosque de Ushuaia que enreda entre sus ramas la realidad y los ecos del pasado. El tema del cubo como elemento divisorio entre los dos mundos que conviven en la función me genera cierto conflicto, me parece muy acertado en según qué momentos, pero en otros me resulta excesivamente obvio y reiterativo.

No puedo hablar de las carencias o fallos de la puesta en escena, vi una previa y es lógico que haya desajustes en el montaje, siempre los hay, ya sabemos que se van subsanando con el transcurrir de las primeras funciones -El edificio necesita tiempo para aposentarse en sus cimientos- para eso están esas funciones. Eso sí, no puedo dejar de declararme férreo enemigo de los micrófonos en el teatro. En muy pocas ocasiones doy mi brazo a torcer y los tolero –Véase musicales, grandes aforos o espacios abiertos- pero en Ushuaia creo que son un elemento distorsionador que les juega a la contra, creo que condiciona las interpretaciones y la manera en la que el espectador percibe el fabuloso texto. Supongo que el motivo del uso de los micrófonos es el acertadísimo espacio sonoro creado por Iñaki Rubio, que es un protagonista más de la función y debe tener su presencia, pero no sé si hasta ese punto. ¿No sería mejor percibirlo y no tanto evidenciarlo? Yo al menos prefiero sentir su presencia, que de cuerpo y enfatice, a escuchar cada trino de pájaro que hayan incluido. En fin, es una elección como otra cualquiera que hay que respetar, pero los micros en teatro… ¡Ay!

En cuanto al elenco, me gustó encontrarme a un José Coronado entregado a un personaje muy diferente a lo que nos tiene acostumbrados. Este giro me recordó al que ya hizo en cine con «No Habrá Paz Para Los Malvados». Se agradece muchísimo que un actor arriesgue y trate de encontrar, a estas alturas de su carrera, nuevos registros a los que entregarse. Muchos deberían aplicarse el cuento, incluso algunos que no tienen una carrera tan dilatada.

Ángela Villar aporta la luz necesaria para que Ushuaia no se pierda en la densidad, la responsable del elemento más terrenal, el último nexo que le queda a Mateo con la realidad. Ángela aporta fragilidad, incluso humor, quizá tendría que confiar más para redondear esa estupenda Nina que estoy convencido logrará encontrar pasados los nervios de los primeros días.

Olivia Delcán posee el porte perfecto para dar vida a Rosa, ese animal desvalido que parece hacerse añicos y que, sin embargo, es quien más claro tiene su cometido. Habría que aflojar el hieratismo para dejar florecer, nunca mejor dicho, a esta mujer clave para entender completamente las fuerzas que mueven Ushuaia.

Y llegamos a lo que hace Daniel Jumillas en escena: Este actor tiene una energía tan positiva y generosa, juega tan a favor del montaje, da tanto significado a cuánto dice y hace en escena que no solo enriquece al Matthäuss creado por Conejero, sino que además tiene la virtud extra de ser capaz de levantar las escenas con su presencia, algo de lo que sus compañeros saben empaparse, dejándose arrastrar para que el conjunto adquiera el brillo que Ushuaia requiere.

Sin desvelar nada concreto, que para hacer crítica no es necesario reventar la función al lector, diré que los momentos que más disfruté y me emocionaron fueron  ese “paso a dos” con los teléfonos entre Nina y Matthäuss, o el encuentro definitivo entre Mateo, Rosa y Matthäuss, absolutamente conmovedor, o la poesía del instante en el que la «ballena blanca» se pierde en las profundidades arrastrándolo todo o la llegada definitiva de las sombras y la redención.

Ushuaia es una función y un texto a los que volver para seguir sumergiéndonos y descubriendo la fuerza de sus palabras.

FICHA:

Título: Ushuaia Autor: Alberto Conejero Dirección: Julián Fuentes Reta Elenco: José Coronado, Ángela Villar, Daniel Jumillas y Olivia Delcán Escenografía: Alessio Meloni Iluminación: Joseph Mercurio Vestuario: Berta Grasset Audiovisuales: Néstor Lizalde Música y espacio sonoro: Iñaki Rubio Ayudante de dirección: Jorge Muriel Espacio: Teatro Español

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En Un Entreacto Radio- Yayo Cáceres, Sara Pérez, Íñigo Asiaín y Juan Ortega

En esta primera quincena de Marzo os hemos querido traer algunas de las propuestas que os esperan en los teatros. Por eso hemos querido que en este nuevo En Un Enteacto Radio vengan a visitarnos Sara Pérez, Íñigo Asiaín y Juan Ortega para presentarnos “Venecia” y “La Verdad de los Domingos” que actualmente podemos ver en el Teatro del Arte y Teatro Galileo respectivamente. Y además contaremos con Yayo Cáceres, que acaba de dirigir “Comedia Multimedia”, estrenada en los Teatros Luchana.

¡Bienvenidos a En Un Entreacto Radio!

GETAFERADIO · “Comedia Multimedia” “Venecia” y “La Verdad de los Domingos” visitan En Un Entreacto Radio
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En Un Entreacto Radio – Benamate y Sed

Regresamos una nueva quincena desde En Un Enteacto Radio para acercaros la actualidad teatral desde los micros de Getafe Radio. Nuevamente hacemos el programa desde nuestro estudio y lo hacemos dando voz a dos espectáculos que habitan en las salas de la capital. Por un lado hablaremos de “Margarita, o el lenguaje de los signos” de la compañía Benamate con Jesús Amate y Aisha Wizuete y sobre “SED” de Alejandro Butrón, una impactante historia que nos presentarán su director: César Barló, Sauce Ena y Mariano Rochman, actor y productor de la función.

¡Bienvenidos a En Un Entreacto Radio!

GETAFERADIO · GetafeRadio – Nueva quincena teatral desde En Un Entreacto Radio
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En Un Entreacto Radio – Especial Teatro Lara

En Un Enteacto Radio vuelve una quincena más para traer la actualidad teatral a todos nuestros oyentes de Getafe Radio. En esta ocasión hemos querido salir a la calle y acercarnos a conocer de cerca la vida en el Teatro Lara. Uno de los teatros más emblemáticos de la ciudad de Madrid. Conoceremos a su equipo y charlaremos con algunas de las compañías que allí están representandos sus montajes: “Demasiado al Este es el Oeste”, “Rulos” o “SINGLES”

¡Bienvenidos a En Un Entreacto Radio!

GETAFERADIO · En Un Entreacto especial Teatro Lara
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En Un Entreacto Radio – Viaja a 3442 Kms de lo más cercano

En Un Enteacto Radio regresa con el primer programa del 2017. Un programa repleto de propuestas teatrales que seguro te llamarán la atención. Haremos un viaje por dos montajes que versan sobre los reencuentros y los proyectos de vida. Por un lado hablaremos con Rosel Murillo Lechuga y Lucía Esteso sobre “Perdóname cuando me haya ido” que podemos ver en el Teatro del Arte y por con otro con Patricia Benedicto y Antonio Lafuente sobre “Moscú 3442 Kms” que se reestrena en febrero en Nave 73.

¡Bienvenidos a En Un Entreacto Radio!

GETAFERADIO · GetafeRadio – En Un Entreacto viaja 3442 kms hacia lo más cercano.
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La Cocina

Un amasijo de hierros y fogones. «La Bestia» se despereza y comienza a confundir el frío metal, el calor del fuego y la carne de los hombres y de las mujeres que, arrastrados por una vida que les apremia, sobreviven como remeros en Galeras. «La Bestia» ruge, lanza bocanadas febriles mientras se pone en marcha, la tensión va en aumento. Una olla a presión. Se alimenta de los sueños y los anhelos, devora la humanidad, dejando las almas raquíticas, enquistando los sentimientos que quedan para luego, ¿para cuándo? Sin apenas tiempo para mirarse, reconocerse en los demás, más allá de los instintos primarios. La pasión como válvula de escape. Gritos, golpes, carreras, sudor y después: Nada. Tan sólo el silencio, la extenuación sudorosa, el sabor de la adrenalina en la boca, la satisfacción de seguir respirando. ¿Para qué? Para tener la certeza de que se sigue soñando y, de momento, sentirse vivo. Mientras «La Bestia» respire, la vida continúa. Mientras la vida continúa, «La Bestia» seguirá devorándonos.

Hay que estar muy loco o muy seguro para embarcarse en un macro-proyecto como es «La Cocina» de Arnold Wesker. Imagino que Sergio Peris-Mencheta cuenta con buenas dosis de ambas para sacar adelante un espectáculo como este, de trazas mastodónticas. Una máquina de precisión descomunal con un engranaje, entre lo humano y lo técnico, prácticamente perfecto. Digo «prácticamente» porque quizá lo que más flojee de este espectáculo es el texto, que no la palabra. Tal como Peris-Mencheta nos presenta el montaje, lo que interesa es lo físico, lo humano, el ver cómo los actores son capaces de crear ese enjambre que revienta de matices individuales, de pequeños detalles que darían para ver la función casi 26 veces, una dedicada a cada uno de los intérpretes.

El ritmo de la primera parte es trepidante, uno contempla cómo el escenario se llena de vida -Magnífica la asesoría de movimiento y clown de Chevy Muraday y Néstor Muzo- de historias a medio contar, de encuentros, de enfrentamientos, de mil acentos y hace similitudes entre la Inglaterra de los años 50, ahí es donde todo sucede, con nuestros días. -Hay que ver lo mal que se nos da avanzar y lo que nos esforzamos en involucionar- Razas, culturas, costumbres, se rozan, friccionan y se contonean; vidas condenadas a colaborar y entenderse aunque no siempre a comprenderse. El caso es que cuando te quieres dar cuenta, estás atrapado dentro de la vorágine; contemplando con perplejidad y con la boca abierta que la locura en escena es algo que está sucediendo de verdad, llenándolo todo de sorpresas y pequeñas golosinas que hay que saber descubrir, dependiendo de la grada donde te haya tocado, y que cuando frena, logran que el tiempo se detenga en seco con un murmullo de asombro. Ahí es cuando uno se acuerda que debe respirar.

Otra cosa es cuando la tempestad da paso a la calma y el texto cobra más peso. De repente los ritmos cambian, los tempos se estiran y las escenas se prolongan (para mi gusto en exceso), Wesker da muchas vueltas para al final sólo contar fragmentos de vidas, nunca llega a cerrar las tramas. Quizá, y digo «quizá» porque tan sólo es mi apreciación, si se condensara y recortara, calarían más profundamente e hilarían con más firmeza, aumentando la empatía con los personajes y haciendo de la excitación del inicio un estupendo contrapunto a las emociones que deberían desprender esos anhelos y esos sueños del después, del instante humano que «La Bestia» permite antes de rugir de nuevo.

Aunque de desigual resultado, hay papeles que no dan para mucho más y otros que se quedan por el camino, el trabajo actoral en líneas generales es fantástico. Lo que no se puede negar es que todos se dejan el pellejo en escena, todos pelean a una y eso se deja ver en la prodigiosa partitura rebosante de ritmo y vida que llevan a cabo. El trabajo con los acentos es, en algunos casos, una delicia y la gestual es asombrosa, logran la magia en el espectador, haciéndonos ver cómo manejan la comida, cómo lo elaboran y cómo lo cocinan sin tenerla físicamente presente, ¡hasta se huele!

Es complicado repasar las interpretaciones, pero sin duda me quedo con la pasión y la potencia de Xabier Murua que se roba la función, a pesar de lo coral, con su macho Alfa y la tensión que genera junto a Víctor Duplá, que logran los momentos más potentes de esta olla a presión, o el pinche repleto de energía de Ricardo Gómez, el trabajo con sus acentos es para enmarcar; también me pareció fabuloso el trabajo constante de los reposteros, la encargada de las verduras o el Segundo de Cocina: Javivi Gil, Mario Tardón, Paloma Porcel y  Patxi Freytez respectivamente.

Ya digo que el mayor handicap que le encuentro a «La Cocina» es precisamente el texto, que se extiende excesivamente para lo que pretende contar. Sin embargo la puesta en escena y la labor actoral son de 10. Quizá lo descomunal, tanto del espacio como del libreto, se comen lo íntimo y es por eso que salí fascinado, apabullado, encantado de haber podido verla, pero no emocionado.

Por cierto, todo mi apoyo a los trabajadores que están dejándose la piel en los escenarios del CDN porque, sin faltar a una sola de las representaciones, están demostrando su profesionalidad levantando el telón todos los días sin cobrar por su trabajo. Es de vergüenza que esto esté pasando, y más en los teatros públicos.

FICHA:

Título: La Cocina Autor: Arnold Wesker Dirección: Sergio Peris-Mencheta Elenco: Silvia Abascal, Roberto Álvarez, Fátima Baeza, Aitor Beltrán, Almudena Cid, Víctor Duplá, Patxi Freytez, Javivi Gil Valle, José Emilio Gimeno, Ricardo Gómez, Pepe Lorente, Óscar Martínez, Natalia Mateo, Xabier Murua, Diana Palazón, Paloma Porcel, Ignacio Rengel Lucena, Xenia Reguant, Nacho Rubio, Alejo Sauras, Marta Solaz, Romans Suárez-Pazos, Mario Tardón, Javier Tolosa, Carmen del Valle y Luis Zahera Escenografía: Curt Allen Wilmer Iluminación: Valentín Álvarez Vestuario: Elda Noriega Espacio Sonoro: Pablo Martín  Jones y Héctor García Movimiento: Chevy Muraday Clown: Néstor Muzo Voz: Óscar Martínez Ayudante de Dirección: Víctor Pedreira Fotos: marcosGpunto Lugar: Teatro Valle-Inclán

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#Malditos16

Madrid tiene la suerte de que, después de tres años de gira, #Malditos16 de Nando López regrese a sus escenarios y volver a enfrentarnos de nuevo al vértigo de la adolescencia, a su lado más oscuro y doloroso.

Tras ver la función, uno se marcha a casa pensando en ella, en ese cuarto cerrado de nuestra vida que muchos hemos dejado medio olvidado ¿involuntariamente? y que, gracias a esta función dirigida por Quino Falero, volvemos a permitir que sus puertas se entreabran para dejar pasar algo de luz. ¿Volvería a mis 16? Pues la verdad que no lo sé, creo que he querido borrar lo más traumático y me asusta escarbar ahí, pero quizá haya que hacerlo para saber comprender mejor quiénes somos y quiénes nos rodean; y, quizá lo más importante, tenerlo bien presente para utilizarlo como experiencia para quien lo pudiera necesitar…

La mirada de frente que ofrece #Malditos16 es terriblemente necesaria y nos recuerda que no hay que volver a lo de siempre, a las excusas como «Son cosas de la edad» para sacudirnos los problemas de los adolescentes, ya sea por miedo o por indiferencia. No somos conscientes que, sin quererlo, condenamos al silencio, cargamos de culpabilidad a quienes no se lo merecen, incluso manejamos involuntariamente sentencias de muerte.

¿Suena tremendista? Quizá, pero es que la adolescencia es así, se alimenta de eso, lo que pasa que ya no queremos acordarnos de ello y ahí es donde erramos fatídicamente. Y ahí es donde el trabajo de toda la compañía, con Nando y Quino a la cabeza de un reparto conformado por David Tortosa, Rocío Vidal, Guillermo de los Santos, Manuel Moya, Juan de Vera, Andrea Dueso y Paula Muñoz, adquiere su mayor importancia, dando un paso al frente con compromiso y valentía, implicándose en poner en pie esta función, instándonos a reflexionar y provocando que queramos saber ser un poquito mejores.

Hay que mirar un poco más a nuestro alrededor e intentar pararnos a observar, comprender y detectar; a leer en los ojos y dejar la pasividad del «todos hemos pasado por eso» y tratar de tender una mano de la forma que mejor sepamos. ¿A quién no le hizo falta alguien así alguna vez? Pues sepamos ser eso que alguna vez necesitamos.

Texto publicado en Teatro Madrid

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